27/11/2006

Noiret y la simbiosis belga

 

Noiret y la simbiosis belga

Permalink 27.11.06 @ 15:19:00. Archivado en Hispanobelgas, Cine

Noiret comprendió y apoyó con toda la fuerza de su prestigio uno de los mayores secretos a voces del arte y de los artistas belgas: el surrealismo de su tradición artística y la simbiosis calculada de realismo y surrealismo de algunos de los mayores exponentes de su creación actual. Uno de los representantes de esta simbiosis es Philippe Blasband, autor del largometraje Un honnête commerçant ('Un honesto comerciante'). A este film se refería Noiret, durante el 59º Festival de Venecia, tras haber colaborado en su elaboración como intérprete con el joven ralizador belga Philippe Blasband y con los jóvenes actores Benoît Verhaert (en la foto) y Yolande Moreau: “Creo que lo que tiene de típicamente belga es el elemento surrealista. La historia es una simbiosis calculada de realismo y surrealismo. Es una característica que encuentro en todos los artistas belgas, sean directores, pintores o escultores".

Bélgica con fuerza en Venecia

El 26 agosto de 2002, Cine Europa, el portal cuadrilingüe del cine europeo (*), que acababa de nacer en la Red, anunciaba así la presentación del primer largometraje del cineasta belga Philippe Blasband en el 59º Festival de Venecia:

El primer largometraje de Philippe Blasband, Un honnête commerçant (Un honesto comerciante), se presentará a concurso en la sección Semana de la Crítica del 59º Festival de Venecia. Este “autorretrato de un pequeño mayorista de droga” reúne en el reparto nombres como Philippe Noiret, Yolande Moreau y Benoît Verhaert.

Foto: Yolande Moreau, autor e intérprete en 1982 del one-woman-show: "Sale affaire du sexe et du crime".

Producida por la sociedad belga Artémis Production y la luxemburguesa Samsa Film, la película Un honnête commerçant ha recibido apoyo financiero del Centro de Cine y Audiovisuales de la comunidad francesa Wallonie-Bruxelles, del Fondo Wallimage y de la RTBF, así como del Fondo Luxemburgués. Distribuida por Cinélibre, se estrenará en las pantallas belgas el próximo 11 de septiembre. El festival proyectará también las siguientes producciones belgas: Y.U.L., cortometraje de Comes Chahbazian producido por AJC y presentado en la sección “Nuevos Territorios” y el largometraje B comme Béjart de Marcel Schüpbach, fuera de concurso. Además, en la sección a concurso “Venecia 59” se presentará el segundo cortometraje de Michel Vereecken.

(t.l.)

26 agosto 2002

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El 1 de septiembre de 2002, en el mismo portal de Cine Europa, aparecía la siguiente entrevista:

Philippe Noiret
Un comerciante y su doble
por Valeria Chiari

Tras tres años de silencio vuelve Philippe Noiret al cine en la primera película del belga Blasband, Un hônnete commerçant, dando vida a un traficante de droga.

Presentada por vez primera en la Mostra, Un hônnete commerçant señala el debut como director del guionista belga Philippe Blasband, autor de Una relación privada. Se trata de una investigación policíaca con tintes de género negro, no sin cierta ironía y un sutil cinismo, que recuerda en parte Bajo sospecha de Claude Miller, aunque la distingue un espíritu de “realismo surrealista”. El interrogatorio de Hubert Verkamen, homónimo de un traficante de droga acusado de un brutal homicidio, termina por transformarse en un sofisticado juego entre las partes, durante el cual la realidad se transforma paradójicamente en ficción. Entre los protagonistas de esta coproducción belga-luxemburguesa, el gran Philippe Noiret en el papel del refinado vendedor y cruel hombre de negocios que cambiará la vida del infeliz recaudador fiscal Verkamen. Presente en Venecia para la proyección de la película, Noiret confirma su genio artístico ataviado con sombrero, puro y gafas oscuras.

Como en el caso de Un hônnete commerçant, película del debutante Philippe Blasband, en su carrera hay muchas primeras películas de jóvenes directores. ¿Es una casualidad o algo que usted prefiere?

“Sí, hay motivos. De hecho he trabajado en varias. La verdad es que es algo que me da mucha satisfacción. Me agrada pensar que no me he equivocado en todo en la vida y que todavía puedo suscitar un poco de interés entre los jóvenes”.

¿Qué lo animó a aceptar el papel que Blasband le propuso?

“Por lo general suelo elegir atendiendo al guión, más que al papel. Y éste me gustó mucho desde el principio, por lo que no dudé en aceptar”.

Se trata de una magnífica película policíaca, en la que cada momento de la historia está perfectamente equilibrado. ¿Cree que es un producto típicamente belga o que en realidad presenta una dimensión más bien europea?

“Creo que lo que tiene de típicamente belga es el elemento surrealista. La historia es una simbiosis calculada de realismo y surrealismo. Es una característica que encuentro en todos los artistas belgas, sean directores, pintores o escultores”.

Un festival como éste es un escaparate promocional para muchas películas que no cuentan todavía con distribuidor. Los actores y directores se transforman en parte en una especie de promotores. ¿Qué se siente más, artista o empresario?

“De seguro, empresario no, algo que mi mujer lamenta mucho. Pero debo decir que tampoco soy un artista. Soy más bien un artesano, que se transforma en una especie de artista gracias al arte del director”.

Tras tres años de silencio, ¿Un hônnete commerçant marca su vuelta al cine o es sólo un paréntesis?

“En estos últimos años he trabajado mucho en teatro, pero este verano he vuelto a trabajar para el cine. Acabo de terminar el rodaje de Les côtelettes, dirigido por Bertrand Blier y en donde también actúa Michel Bouquet, y la semana próxima me iré a Montreal para empezar el rodaje de una película de Michel Boujenah”.

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(*) Cineuropa - Avenue Besme 84 – 1190 Bruxelles.
Tel: + 32 2 537 19 72 – Fax: + 32 2 539 40 44
cineuropa@cineuropa.org

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16:09 Écrit par SaGa Bardon dans Teatro | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : cine |  Facebook |

26/11/2006

Philippe Noiret, quelques souvenirs

 

Philippe Noiret, quelques souvenirs

Permalink 26.11.06 @ 19:47:00. Archivado en Hispanobelgas, Teatro, Cine

Philippe Noiret: quelques souvenirs de Benoît Verhaert.
par Alexandre von Sivers

Ce n'est pas à moi de retracer ici la carrière de Philippe Noiret, ni même d'évoquer le souvenir des films que j'ai vus, à commencer, bien sûr, par Alexandre le bienheureux. Toute la presse internationale parle aujourd'hui de ce grand acteur de cinéma, de théâtre, qui a tourné dans plus de 100 films, des grands et des médiocres, en modeste artisan, comme il le dit lui-même.

Il me suffira de noter deux choses.

La première est reliée à un souvenir personnel. Je devais avoir 13, 14 ans et j'ai consacré un argent de poche accumulé depuis quelque temps à l'achat de deux 33 tours contenant l'intégrale du Cid de Corneille, enregistré dans les années 50 au Palais de Chaillot ou dans la Cour d'honneur du Palais des Papes à Avignon. Mes proches (parents et professeurs) ont considéré que c'était une dépense inconsidérée. Moi pas. Au regard du nombre d'années écoulées depuis et des souvenirs précis que j'ai gardé de cette écoute, l'investissement me semble tout à fait rentable. La musique était de Michel Jarre, Jean Vilar jouait le Roi ; Gérard Philipe, don Rodrigue ; Sylvia Monfort, Chimène ; Georges Wilson, le Comte ; Jean Deschamps, don Diègue; et ... Philippe Noiret, don Sanche, un petit rôle, mais déjà, j’avais été sensible à cette voix. Si j'avais encore les disques, je les ré-écouterais aujourd'hui...

La deuxième est liée à mon actualité. Je joue en ce moment dans Le Visiteur d'Eric-Emmanuel Schmitt, en compagnie de Benoît Verhaert, acteur belge qui a tourné un rôle principal dans Un honnête commerçant, film de Philippe Blasband, avec Philippe Noiret.

Je retrouve mes camarades ce soir au théâtre. Nathalie Laroche et Benoît Verhaert ont tous deux tourné avec Philippe Noiret dans Un honnête commerçant. Benoît a tourné trois semaines avec Philippe Noiret et nous livre quelques souvenirs.

La première impression tout d'abord, ... impressionnante, comme il se doit. Blasband avait organisé une rencontre préalable entre ses deux acteurs, à Paris. Cela se passait dans un "restaurant de comédiens": Benoît ne se souvient plus du nom, ni même du quartier. Noiret parlait beaucoup, il était très drôle, chaleureux, convivial. Benoît articulait quelques mots. A la fin du repas, le garçon apporte un énorme cigare à Noiret, de la part d'un convive assis à une autre table : c'était Jacques Dutronc... Plus loin, on apercevait Michel Blanc : bonjours, serrements de mains, présentations. En sortant dans la rue, ils croisent Dave qui promenait son chien.

Noiret avait dit à Benoît: "Venez donc me voir au théâtre ce soir, je vous invite. On prendra un verre au bar après, même si vous n'avez pas aimé la pièce." L'après-midi chacun vaque à ses occupations et le soir Benoît se rend seul au théâtre. Il avait mal calculé son coup, les trajets de métro à Paris sont plus longs qu'à Bruxelles. Il arrive au théâtre à la dernière minute, essoufflé, il a une place en plein centre, au deuxième rang. Après la représentation, il se rend compte qu'il n'a plus un sou en poche, or il veut absolument offrir un verre à Noiret, qui avait déjà payé le repas de midi. Il se met en quête d'un distributeur de billets, ne le trouve pas, change un peu d'argent belge dans une vague officine, revient en courant au théâtre et tombe sur Noiret qui était déjà sur le départ dans sa voiture. Noiret l'embarque, lui propose de prendre un dernier verre chez lui, mais Benoît, déjà estomaqué par tout ce qui venait de lui arriver, refuse : il ne se voit pas manger une tranche de saucisson avec un verre de vin dans la cuisine de Noiret.

Noiret était venu manger avec l'équipe, un jour avant sa première prestation. Le catering avait préparé ce jour-là des steaks d'autruche, issu d'un élevage... de Wallonie. Noiret apprécia les autruches, mais ne raffolait pas vraiment des journalistes et quand on venait l'interviewer, il esquivait adroitement les questions et se mettait à faire l'éloge des autruches wallones. Il nous a donné le mot et nous aussi, acteurs, réalisateur, chaque fois que nous croisions un journaliste, nous lui parlions de ces fameuses autruches.

Pendant le tournage, les relations furent très simples, d'égal à égal. Il se contentait de modérer les ardeurs de son jeune confrère. Au lieu de se précipiter à l'appel du premier assistant, il disait : "Attends! Les assistants sont toujours un peu nerveux, mais tu vois bien que l’équipe n’est pas encore prête." Il connaissait tous les signes avant-coureurs du tournage imminent et il se levait calmement, toujours à la dernière minute mais toujours en temps utile. "Viens, on peut y aller maintenant." Il connaissait parfaitement ses places, ainsi que la grosseur du plan. Il avait une sorte d'intuition du montage, faisant des mouvements dont il savait qu'ils seraient parfaitement raccordables. Il s'arrêtait même de jouer avant le "couper" quand il savait que la fin du plan ne serait pas utilisable : le moindre effort pour le maximum d'efficacité, cela désorientait un peu le jeune comédien, qui pensait que le jeu consistait à "se donner" au maximum.

En dehors de ces attitudes rassurantes, il se gardait bien de tout conseil et de toute appréciation. Il racontait que pendant le tournage des Grands Ducs avec ses compères Rochefort et Marielle, ils avaient projeté d'écrire un guide pour les jeunes comédiens, mais un petit guide pratique, sans aucune considération dramaturgico-idéologico-philosophico-psychologique. Ce projet n'a malheureusement jamais vu le jour.

Benoît raconte: « A aucun moment pendant le tournage il n'a marqué la différence entre son statut de vedette et le nôtre. Le seul privilège que lui (ou plutôt son agent) s'était arrogé c'était de pouvoir bénéficier d'un hôtel quatre étoiles, alors que nous n'en avions que trois. Sa seule exigence (ou plutôt celle de son métabolisme) était de manger à l'heure. Un jour le tournage se prolongeait et des journalistes l'attendaient. Quand on a crié "Pause", les journalistes se sont précipités vers lui, il leur a dit: « Maintenant, je mange », et les journalistes ont encore attendu une heure. Sur un autre tournage, on avait indiqué sur sa chaise: « Attention, entre midi et deux, il mord ».

« Sinon, il était très chaleureux, très courtois, attentif aux autres. Un jour, on avait tourné tous ses plans, il ne restait plus, pour achever la journée, qu'à tourner mes contrechamps. La production vint m'avertir que Monsieur Noiret était très fatigué ce jour-là et avait demandé la permission d'aller se reposer, au lieu, comme c’est l’usage, de rester près de la caméra pour me donner son regard et ses répliques. Il est venu lui-même s'excuser auprès de moi : « Cher ami, ce n'est vraiment pas le style de la maison, mais je me sens un peu fatigué aujourd'hui. Accepteriez-vous de tourner vos plans avec une doublure ? »

Alexandre von Sivers
Bruxelles, le 25 novembre 2006

19:59 Écrit par SaGa Bardon dans Teatro | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : cine |  Facebook |

20/09/2006

AvS sur le divan, par Thomas Ghysselinckx

 

AvS sur le divan, par Thomas Ghysselinckx

Permalink 20.09.06 @ 12:00:00. Archivado en Hispanobelgas, Teatro

Alexandre Von Sivers sur le divan. Il incarne un Freud en proie au doute dans Le Visiteur

Figure incontournable du théâtre belge, Alexandre Von Sivers prend aujourd’hui les traits du père de la psychanalyse dans la pièce d’Eric-Emmanuel Schmitt Le Visiteur. Un face-à-face improbable entre Sigmund Freud et Dieu sur fond de nazisme. Ça mérite analyse…

C’est la première fois que vous jouez une pièce de Schmitt, auteur français à succès installé à Bruxelles. Comment appréhendez-vous son écriture?:

Alexandre Von Sivers: C’est le théâtre le plus classique qui soit. Il obéit à la loi des 3 unités encore mieux que Racine. Unité de temps, de lieu et d’action. C’est vraiment 1 heure 19 de temps réel. Mais, ne nous y trompons pas: Samuel Beckett fait à ce titre aussi du théâtre classique car il respecte ces 3 unités. Beckett, à propos de Dieu dit: “Le salaud, il n’existe pas.“ Eric-Emmanuel Schmitt, lui, fait toute une pièce là-dessus. Il pose les questions fondamentales de tout homme: Dieu existe-t-il et, si c’est le cas, pourquoi le mal et la souffrance font-ils partie du monde. Il pose ces questions dans une structure dramatique haletante et passionnante. On a parfois l’impression d’être confronté à une pièce policière: l’inconnu est-il un fou ou Dieu lui-même?

Comment traite-t-il le sujet?

AvS: Il est allé puiser dans un événement historique et dramatique lié à l’histoire du nazisme. La pièce se passe le 22 avril 1938, peu après l’Anschluss. Cette nuit-là la fille de Freud a été interrogée par la Gestapo. L’auteur imagine l’angoisse du père confronté à l’intrusion d’un type venu dont on ne sait où et qui se prétend être Dieu. En même temps, un officier nazi l’informe qu’un fou s’est échappé: l’inconnu est donc peut-être un mythomane. On est assailli par le doute d’autant que la fille revient et surprend son père en train de dormir.

Il s’agit donc peut-être d’un rêve. Tout ça est très freudien…

AvS: Schmitt a l’habilité suprême avec 4 personnages d’opérer des rebondissements et des coups de théâtre qui permettent de maintenir le spectateur en haleine alors que les questions philosophiques sont assez difficilement traitables au théâtre.

FIGURE HISTORIQUE

Ce n’est pas la première fois qu’une pièce met en scène Sigmund Freud. Construire un personnage à partir d’une figure qui a marqué l’histoire implique-t-il une autre forme de préparation pour un acteur?

AvS: Dans ma carrière, j’ai également eu l’occasion d’interpréter le rôle d’Eischmann. Je pourrais aussi bien jouer Hitler. Le comédien, quand il est confronté à ce cas d’espèce, ne doit surtout pas penser qu’il joue un rôle historique: c’est un travail comme un autre, ni plus facile, ni plus difficile.

N’y a-t-il pas tout de même un devoir de précision plus grand à l’égard de quelqu’un dont on connaît l’histoire?

AvS: Non, on a un devoir de responsabilité égal à celui qu’on doit à un personnage imaginaire. On pourrait même envisager de ne pas être attentif à la ressemblance physique. Je me souviens d’un comédien jouant le rôle d’Hitler qui avait décidé de ne pas porter de moustache. Ici, le metteur en scène a voulu qu’on retrouve les traits distinctifs de Freud. Cela permet aux gens de projeter sur cette silhouette la connaissance qu’ils ont déjà préalablement du personnage: si je mets mes lunettes rondes, je me rapproche de cette figure connue, si je ne les mets pas j’y ressemble moins. Le public a parfois simplement besoin d’un signe. A partir de là, il adhère ou non. Mais attention! Le théâtre n’est pas le musée Grévin: il ne faut pas créer une ressemblance absolue. D’autant que le personnage de Freud n’est finalement qu’un prétexte pour exprimer toutes les idées contenues dans la pièce.

Un prétexte sans doute, mais pas choisi au hasard car confronter Freud à un personnage qui prétend être Dieu ne peut que provoquer des étincelles. La science s’accommode en général assez mal de la foi…

AvS: Le personnage de Freud est très étrange car c’est un homme qui a inventé une science invérifiable. Habituellement, la démarche scientifique fonctionne en 2 étapes: il faut d’abord déterminer une hypothèse et ensuite la vérifier. Les idées de Freud sont très excitantes pour notre civilisation, mais rien n’est formellement prouvé puisque ces expériences se déroulent dans la solitude d’un cabinet face à une seule personne. Il a bâti ses théories sur les psychanalyses qu’il a faites et qu’on ne peut reproduire à l’identique. Il en pourtant tiré des conclusions générales aujourd’hui contestées. Le complexe d’Œdipe, par exemple, est une construction géniale, mais qu’est-ce qui prouve que ce mécanisme est universel.

IDENTIFICATION

Vous êtes-vous tout de même plongé ou replongé dans l’univers freudien avant d’aborder le rôle ou pas du tout?

AvS: La psychanalyse est un élément de notre civilisation qu’on ne peut ignorer aujourd’hui. J’ai lu L’introduction à la psychanalyse et L’interprétation des rêves il y a bien longtemps. Je ne suis pas en mesure de juger ce grand homme, mais j’ai également lu des livres qui remettent fortement en cause ses théories. Tout le monde a entendu parler du Livre noir de la psychanalyse et de L’anti-livre noir de la psychanalyse. Tout ce bruit autour de son œuvre est un signe de l’intérêt qu’on lui porte.

Vous êtes comédien, mais aussi titulaire d’un doctorat en droit. Avez-vous l’impression qu’il faut défendre un personnage comme on défendrait un accusé?

AvS: Absolument pas. On demande souvent aux comédiens s’ils s’identifient au personnage, s’ils entrent véritablement dans leur peau. C’est loin d’être mon cas. Je crois que le public fait 80% du travail et que c’est lui qui s’identifie au personnage ou aux idées exprimées. Nous ne sommes que des ingrédients d’une histoire dont le but peut être de provoquer des émotions, de réformer des mentalités, de lutter contre les inégalités sociales ou le racisme… Le théâtre ne peut en tout cas pas se limiter au pur divertissement. Sinon, il vaut mieux aller à Disneyland et se rendre sur les appareils de foire qui provoquent des sensations fortes. Je pense intimement qu’on vient au théâtre pour mieux réfléchir sur sa condition d’homme.

Vous vantez les mérites d’un théâtre qui aide à réfléchir, mais vous ne congédiez pas purement et simplement la comédie…

AvS: Je n’ai évidemment aucun mépris pour des formes de divertissement plus populaire. Le rire est un mécanisme extrêmement sérieux. Je pense même que les films pornographiques ont une utilité sociale afin de relancer la libido ou d’apprendre de nouvelles pratiques. Il ne faut tout de même pas s’en abreuver…

Le comédien agit-il alors comme un passeur entre un auteur et un auditeur?

AvS: C’est un véritable travail d’orfèvre. Le comédien comme le musicien doit suivre une partition faite d’un texte et d’éléments psychologiques. Mais il faut relativiser ce travail psychologique qui n’est pas fait pour que le comédien se sente mieux. Ce n’est d’ailleurs pas parce qu’on se sent bien dans un rôle qu’on est bon. Il arrive que le comédien aille très fort dans une émotion et que le metteur en scène lui dise: “Tu pleures et tu cries très bien et tu es parfaitement sincère, mais tu es complètement à côté de la question.“ Il y a un travail d’intelligence qui doit précéder celui de la sensibilité. On ne peut commencer à improviser que quand tout est fixé. Ca ne change pas la forme, mais une certaine humeur donnera un supplément d’âme qui rend les choses plus vivantes. Notre métier consiste en fait à faire semblant de ne pas faire exprès tout en étant très précis. C’est comme un trapéziste qui ne doit pas rater son saut d’un demi-millimètre. Il faut reconnaître tout de même que notre travail est moins dangereux même si on évolue sans filet depuis qu’il n’y a plus de souffleur.

UTILITÉ SOCIALE

Vous ne prenez pas le théâtre à la légère: vous lui donnez même une très grande importance…

AvS: Je pense que le théâtre a une utilité sociale. Si je vais au restaurant ou que je vais voir une prostituée, je paye le service ou le plaisir qui m’est rendu. Je suis un consommateur. Le spectateur de théâtre est un consommateur bizarre car il ne paye qu’une infime partie de ce que coûte ce service étant donné que la place du spectateur est payée à environ 80% par des gens qui n’y vont jamais. C’est très particulier: ça s’appelle le service public.

Vous êtes un ardent défenseur de cette notion de service public?

AvS: Bien sûr car sans subside c'est-à-dire sans intervention du contribuable innocent, je ne pourrais pas vivre en tant que comédien. C’est assez paradoxal: je suis payé par un client qui ne sait pas qu’il me rend ce service.

Autre facette de votre personnalité: votre côté engagé. Vous êtes un militant acharné oeuvrant pour la défense du statut des comédiens. Considérez-vous comme un devoir le fait de mettre vos connaissances juridiques au service de la profession?

AvS: Ce n’est qu’un réflexe d’autodéfense, de pur égoïsme: je ne peux pas faire monter mes cachets tout seul. Il ne faut pas oublier que c’est un métier qui, par nature, est précaire car les arts du spectacle doivent représenter l’humanité tout entière et qu’on ne peut avoir le profil parfait pour tous les rôles. Les producteurs de spectacle doivent pouvoir puiser dans un réservoir de personnalités, de silhouettes.

Qu’est-ce qui vous a fait quitter le droit pour les planches?

AvS: J’ai toujours voulu faire du théâtre. A 12 ans j’ai pris cette décision, mais j’ai fait du droit pour rassurer mes parents. D’ailleurs, pendant mes études de droit, je faisais déjà du théâtre avec Armand Delcampe.

Le Visiteur a été mis en scène par un grand nom du théâtre français, Gildas Bourdet. Sa manière de travailler est-elle différente du modèle belge?

AvS: Il a une caractéristique qui me chipotais un peu au début parce qu’on n’en a pas l’habitude en Belgique: il avait par exemple l’exigence que l’on connaisse le texte à la première répétition. Je dois reconnaître que ça nous a fait gagner beaucoup de temps même si au début je me trouvais des tas de justifications rationnelles à ne pas étudier mécaniquement le texte avant les répétitions: j’avais peur de prendre un mauvais pli. C’était finalement plutôt une sorte d’échappatoire.

Votre nom ne sonne pas très belge. Vous avez des origines russes et êtes né en Pologne. Comment se fait-il que vous soyez installé en Belgique?

AvS: Je suis un vrai zinneke de Bruxelles. Nous sommes tous nés de la rencontre fortuite d’un spermatozoïde et d’un ovule. Les spermatozoïdes qui m’ont fait naître ont d’abord séjourné du côté de la Géorgie, puis sont passés par la Russie et les pays baltes avant d’aboutir à Bruxelles.

Vous croyez au hasard et non à la prédestination divine?

AvS: Je crois que les choses sont absolument fortuites et n’obéissent à aucun plan ni divin ni humain.

Pourtant, l’inconnu dans la pièce Le Visiteur se présente comme Dieu incarné. Quel est votre rapport à la foi?

AvS: Personnellement, je ne suis sûr de rien. Agnostique. Même si on ne sait pas ce qui nous attend après, je pense tout de même que la vie est belle. Même si nous ne trouvons pas d’explication au fait que nous soyons là, c’est un beau cadeau dont je m’étonne tous les jours.

Vous parliez de partition tout à l’heure. Vous êtes comédien, mais on vous a vu souvent jouer du piano en scène. Est-ce important pour un comédien d’avoir plusieurs cordes à son arc?

AvS: Pas fondamentalement, mais ça m’a servi à déduire mon piano à queue de ma déclaration fiscale.

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Cet entretien est publié aussi par le Magazine bimensuel Zone 02/

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Le Visiteur, les 24,25, 26 et 27 août, 21 heures, Château du Karreveld, rue de la Hoese 3, 1080 Bruxelles, 02/724.24.24, www.bruxellons.net Du 5 septembre au 28 octobre, 20 heures 30, Le Public, rue Braemt 64-70, 1210 Bruxelles, 0800/944.44, www.theatrelepublic.be

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