28/06/2010

La alegría infinita de Díez-Alegría

Los días de duelo que compartimos a través del mundo los antiguos alumnos del padre José María Díez-Alegría, me brindan la ocasión de recordar mi deuda de reconocimiento por la orientación que tomó mi vida a causa de mi relación intelectual y académica con él.

Durante el año escolar 1959-60 tuve el privilegio de compartir muchos ratos de conversación con el padre José María Díez-Alegría, mi profesor de Ética en la Facultad filosófica complutense.

Explico las razones de este privilegio, tal como yo lo viví subjetivamente, con la seguridad de que cada uno de los antiguos alumnos del padre José María Díez-Alegría puede explicar el privilegio vivido en su caso propio. Lo mismo puedo decir de los muchos colegas y amigos que ha tenido durante toda su vida: el privilegio que les reservaba a todos y a cada uno derivaba de sus ilimitadas sencillez, bondad y generosidad. Estas virtudes suyas, compañeras inseparables de su excepcional inteligencia, las descubrimos muchos de sus discípulos de la facultad filosófica complutense tanto en sus clases como al lavar y secar los platos con él en la cocina de la comunidad jesuita.

Siguiendo una tradición ancestral de las facultades jesuitas, una de las disciplinas de cada curso del programa académico debía organizar el solemne acto público "mensualis". Éste acto consistía en la defensa de un importante conjunto de tesis por un estudiante-defensor, frente al ataque, lo más severo y formal posible de las tesis, en primer lugar por dos estudiantes-adversarios de la misma clase que el defensor, con facultad de atacar las tesis de su elección, y luego por los profesores de la facultad e invitados del exterior. La frecuencia de este acto solemne, a pesar de su nombre, no era de una vez al mes, sino de una vez al año.

Aquel año escolar 1959-60 la disciplina escogida para los cursos de licenciatura fue la Ética. El padre Díez-Alegría, responsable de la materia, me designó a mí como defensor de las tesis presentadas ya por él hasta ese momento del año. Nos encontrábamos hacia la mitad del año escolar. La preparación de mi defensa para el acto público, me ofreció la ocasión de trabajar en estrecha colaboración con él, motivando, estructurando, profundizando y argumentando las tesis a defender.

Recuerdo que al abordar la tesis sobre la propiedad privada me hizo observar el derecho que tenían los habitantes de las cuevas inhospitalarias, que había muy cerca de la facultad, de venir a ocupar las dependencias vacías de nuestro edificio... Su derecho de extrema necesidad era natural mientras que el nuestro era solamente positivo y limitado por el primero.

Imagino que me designó como defensor de sus tesis, preparando el paso siguiente de su atención por mi carrera académica como filósofo más bien que como electrónico -materia en que era conocida mi pasión tanto teórica como práctica-, puesto que unos meses después, recién obtenida mi licenciatura en filosofía, las autoridades de la provincia jesuita andaluza, informadas por mis profesores de la facultad complutense, me nombraron profesor de Ética y de Metafísica en el Seminario mayor de Córdoba, dependiente por aquél entonces de la Compañía.

Es muy posible que la investigación y la enseñanza de la electrónica me hubieran reservado una vida mucho más divertida y apacible que la de profesor de filosofía, que entre otras cosas me obligó a expatriarme y a asumir la dureza del exilio, pero siempre me ha consolado y servido de apoyo la reserva de infinita alegría que me procuraron mis maestros de Alcalá, entre los cuales destacaron para mí los padres Hellín, Caffarena y Díez-Alegría.

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José María Díez-Alegría ha sido al mismo tiempo valiente y sencillo, creyente y crítico, rebelde y fiel, cordial y contundente, afable y molesto, demoledor y constructivo, anti-institucional y eclesial, poeta e intelectual, humorista y comprometido, no marxista y "anti-anti-marxista", obediente y desobediente, intelectual y asequible, erudito y popular, maduro y enfant terrible, jesuita y jesuita (aunque sin papeles), y sobre todo y en una palabra, un hombre bueno.

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La alegría infinita de Díez-Alegría
por Pedro Miguel lamet

Publicado en Junio 25th, 2010

Esta madrugada se nos ha ido a punto de cumplir los 99 años de edad José María Díez-Alegria, un hombre libre, un gran cristiano, un personaje singular y un referente de la Iglesia española del siglo XX. Tuve la suerte de escribir su biografía, lo que me permtió largas horas de sabrosa charla con aquel conversador genial y ameno que era y aprender de él grandes lecciones vivas de cristianismo. En ese libro, "Un jesuita sin papeles", está cuanto sé de él. Aquí, a vuelapluma, una síntesis de su personalidad:

Decía, el genio de nuestra Literatura Baltasar Gracián, jesuita que tuvo problemas con la censura que “No hay en el mundo señorío como la libertad de corazón”. Algo en que curiosamente viene a coincidir el Concilio Vaticano II, cuando define la conciencia como “ese núcleo más secreto y sagrado del hombre en que está a solas con su Dios y cuya voz resuena en la intimidad” para poder elegir.

Su peripecia humana se puede dividir en tres partes. Como de la Virgen María se habla de antes del parto, en el parto y después del parto, la vida de Díez-Alegría podemos hablar de alguna manera antes del libro, en el libro y después del libro. Y cuando me refiero al libro hablo de "Yo creo en la esperanza", la obra que provocó el famoso escándalo en 1973.

1. Antes del libro. Es el periodo que va de su nacimiento al momento en que Alegría sufre una operación que le hace sentirse en peligro de muerte. Dentro de este periodo otros tres: su infancia y juventud, su formación en la Compañía de Jesús y su etapa de profesor.

22 de octubre de 1911, nace en Gijón, lo que quiere decir que José María es asturiano, lo cual ya es decir mucho.

“Yo nací en un banco”. La sucursal del Banco de España en Gijón. Familia católica tradicional. Excelentes padres, sencillos, cultos y buenos. Cuatro hermanos. Manuel y Luis llegarían a ser tenientes generales. Calle Santa Elena. Instituto Jovellanos. Gerardo Diego y congregante mariano.

Excelente estudiante de Derecho en Madrid y joven católico de derechas. Después de unos Ejercicios siente la vocación más al seguimiento del Jesús del Evangelio que al sacerdocio como tal. Ingresa en la Compañía y cuando estaba en el noviciado de Aranjuez en 1931 se produce la quema de conventos. Exiliado a Bélgica estudia filosofía junto a su gran amigo José María de Llanos. Allí comienza su crisis de fe los 25 años a partir de la duda filosófica de si el hombre puede tener certezas absolutas. Descubre que la fe es una gracia.

En 1937, destinado como maestrillo al Colegio de Villafranca, donde falto de paz duda de si debe dejar la Compañía, pero decide esperar. La luz se producirá en Granada donde con la lectura de San Juan de la Cruz y el estudio de la teología recupera la paz. Los superiores le destinan a profesor de Filosofía. Viaja a Oña y Portugal para preparar su tesis sobre la Ley Natural en Luís de Molina y los maestros de la Universidad de Evora. Que defiende en Roma en la Gregoriana en 1946.

De regreso a España hará otro doctorado en Derecho civil y ejercerá como profesor en la facultad de filosofía de los jesuitas de Chamartín en Madrid. Será un profesor modelo, cercano, humano y humorista que irá descubriendo el sentido social de los Padres de la Iglesia y un rector diferente. Tanto que a los tres años de superior es destituido y enviado a completar estudios durante un semestre sabático en Alemania. Aires nuevos. A su vuelta el contacto con el P. Llanos y el Pozo del Tío Raimundo será un revulsivo importante en su evolución posterior. Comienza a pronunciar conferencias de contenido social osada para aquellos años de franquismo y a convertirle en un posconciliar antes del Concilio. Durante el Vaticano II tendrá aportaciones importantes sobre la libertad de conciencia y la no violencia. En 1961 destinado a Roma. Su postura ante la ley del divorcio y otros problemas de la Iglesia italiana crean escándalo.

2. El libro: En 1971 mientras daba una conferencia en Lisboa cae enfermo. Mielopatía por espondelosis vertical. Operado en Madrid y convencido de que puede morirse decide escribir un libro en el que exponer sin rodeos todo lo que piensa sobre la fe, la Iglesia, el celibato, el marxismo. etc. Se lo comunica al general P.Arrupe, haciendo de objeción de conciencia a la censura. Al final el libro aparece en España y se convierte en un escándalo internacional. En nuestro país el escándalo es doble por la situación política y por sus dos hermanos, jefe del Estado Mayor y de la Casa Militar de Franco. Destituido como profesor de la Universidad Groriana vuelve exclaustrado a Madrid y se aloja en el Pozo del Tío Raimundo.

3. Después del libro. Junto con Llanos se convierte en un referente de la lucha por las libertades y el compromiso con los más pobres. En 1975 termina su periodo de exclaustración y dadas las circunstancias decide abandonar la SJ. Pero Arrupe le ofrece vivir de por vida en casas de la Compañía.

Tras esta azarosa vida cabe hacerse dos preguntas. ¿Quién es realmente Alegría? Y ¿qué significado tiene su figura para el mundo de hoy?

El día que recibió la medalla del trabajo, entre su amigo el hermano Burguillos (que le prestó el traje de su cuñado para el evento) y el autor de este blog.

I. ¿Quién era Díez-Alegría?

1. Todos los amigos de Alegría coincidimos en que tratar con él era además de un placer relacionarse con una rara avis en los tiempos que vivimos. Frente a los clichés preestablecidos de intelectual petulante, “cura comunista” y enfant terrible, el padre Díez-Alegría es un hombre sencillo, que como buen profesor matiza con exquisitez académica y al que además ni los más finos inquisidores han conseguido hallarle ni la más mínima herejía o heterodoxia en sus escritos. Pero sobre todo que es un hombre de fe, que se ha identificado con los pobres y marginados del Evangelio de Jesús. Un creyente que yo diría paradigmático, catalizador de una forma de entender la fe en nuestro tiempo. Es incluso un hombre piadoso, devoto de María de Nazaret, a la que sigue rezando el rosario diariamente. Y sobre todo es un hombre de esperanza.

2. Humanamente hablando era un hombre cercano, excelente conversador, amigo de sus amigos y que nunca ha perdido el sentido del humor. Hoy más que nunca nos conviene no olvidar que el humor es una forma de amor, un sonreír entre lágrimas que permitió a Cervantes encumbrar un loco y a Charles Chaplin convertir en héroe a un vagabundo marginal.

3. Es un hombre de Iglesia, a la que quiere en su sentido más original de koinonía, comunidad que pretende seguir a Jesus, pero no infantilmente, sino como hijo adulto y crítico, purificándola de la ganga que arrastra por los siglos. Una Iglesia “semper reformandam”, una Iglesia madre y santa pero también “casta meretrix”, como la llamaban los antiguos, que necesita hijos rompedores y críticos como José María.

4. Es un profesor y un pedagogo, dimensión que han mantenido siempre, no sólo cuando enseñaba Ética y Ciencias Sociales, sino cuando escribe sus libros o incluso artículos en los periódicos. Ha sabido expresar claramente su pensamiento sin pelos en la lengua y sin miedo, pero al mismo tiempo con tolerancia, respetando el pluralismo y el modo de pensar de los demás, con rigor de pensamiento y coherencia absoluta entre lo que ha dicho y lo que ha puesto en práctica toda su vida.

5 Alegría era un gran jesuita. Quiero subrayar esto porque es verdad. Él está jurídicamente fuera de la Compañía de Jesús, como sabéis, pero ha seguido viviendo como tal. Con un concepto dinámico de su pertenencia, donde los hombres y el amor hacia ellos es algo más importante que la institución. Paradójicamente, el P.Arrupe, antagonista en un periodo muy a pesar de ambos, también ponía a la persona por encima de lo institucional. De aquí que me haya resultado apasionante seguir el obligado enfrentamiento entre ellos –como biógrafo de los dos-, cuando en el fondo estaban mucho más cerca de lo que parece.

6. Y por último Alegría fue un hombre que se adelantó a su tiempo. Por eso Alegría nunca ha dejado de ser joven, porque ha perforado siempre los acontecimientos hasta tocar lo más nuclear de la vida, aunque esto le costara aparecer como inconformista y revolucionario. Esa valentía le permitió convertirse en uno de esos hombres “bisagra” que contribuyeron a que las puertas de este país y más en concreto los creyentes se abrieran a la transición democrática. De mano del gran P. Llanos, del que el año pasado celebrabamos sus cincuenta años de su desembarco en el Pozo del Tío Raimundo.

Por todo ello escribir su biografia ha sido una gran experiencia, pues nadie puede negar que José María Díez-Alegría ha sido al mismo tiempo valiente y sencillo, creyente y crítico, rebelde y fiel, cordial y contundente, afable y molesto, demoledor y constructivo, anti-institucional y eclesial, poeta e intelectual, humorista y comprometido, no marxista y anti-anti-marxista, obediente y desobediente, intelectual y asequible, erudito y popular, maduro y enfant terrible, jesuita y jesuita (aunque sin papeles), y sobre todo y en una palabra, un hombre bueno

II. ¿Qué significado tiene la vida de Díez-Alegría en el momento que estamos viviendo en el mundo y en nuestro paìs?

1. En tiempos tumultuosos de crisis de valores y con la libertad muy diezmada por los condicionamientos económicos, mediáticos y sociopolíticos es defender que la libertad es un derecho de la persona que nos hace superar las ataduras de la economía de mercado, el consumo, la publicidad, el pensamiento único e incluso la propia religión.

2. En tiempos de enfrentamientos políticos partidistas, donde parece que lo único importante es el provecho de tal o cual partido, más que la justicia social; cuando ponemos nuestro bienestar por encima de la justicia, el hambre de los pobres, y nuestra sociedad del confort frente a los inmigrantes de las pateras, el éxito del mercado y las audiencia más que el respeto a la verdad y la honradez, necesitamos un baño de coherencia. Y eso es Alegría, coherencia con el mensaje troncal del Evangelio.

3. Cuando la guerra y la violencia deterioran la convivencia internacional en la medida en que todos sabemos, el pensamiento ético antiviolento de Díez-Alegría sigue siendo una bocanada de aire fresco.

4. Cuando nuestra Iglesia vive un poco a la defensiva y como refugiada en los castillos de la ortodoxia hacen falta hombres de frontera y diálogo que den credibilidad al cristianismo en esa tierra común y difícil donde agnósticos e increyentes encuentren al menos una mínima zona de diálogo.

5. Y (como se ha dicho), en un momento en que algunos parecen querer hacer resucitar las dos Españas, identificando de nuevo la fe y el compromiso social con la derecha o con la izquierda, vale la pena dar vueltas a la moviola para intentar regresar a los intentos de reconciliación y superación del clericalismo y el anticlericalismo de la transición, porque nadie tiene la exclusiva del Evangelio, el Espíritu sopla donde quiere y la Iglesia debe ser al mismo tiempo crítica, libre y alejada de todas las formas de poder.

6. Y sobre todo necesitamos ese optimismo, el talante de humor y el distanciamiento que Díez-Alegría aportó en tiempos de radicales enfrentamientos.

Quizás por eso uno de los textos bíblicos preferidos de José María es el que nos narra el momento en que Elías sube a la montaña en que Dios se había manifestado a Moisés. Allí se va a hacer presente el Dios de Abraham. Vino un huracán violento, pero no estaba Dios en el viento. Después vino un terremoto, pero Dios no estaba en el terremoto. Después un fuego, pero no estaba Dios en el fuego. Después del fuego se oyó una brisa tenue. Allí estaba Dios.

Yo veo a Alegría como una brisa tenue entre tanto huracán, fuego ira, dogmatismo y terremoto. Ni siquiera quiso ser enterrado, sino que dio su cuerpo a la Facultad de Medicina. Como si quisiera decirnos con ese gesto que ahora goza de la libertad y alegría infinitas sobre las que tanto predicó. Gracías por ser, José María. Ruega por nosotros a Dios, buen amigo.

Pedro Miguel Lamet
Publicado en Junio 25th, 2010.

“Yo siento que lo más supremo de lo humano es el verdadero amor”

“El cristianismo histórico es lo contrario de lo que fue Jesús.”

“Reafirmo que mi fe en la resurrección se refiere con toda rotundidad y con íntimo gozo a Jesús. Se refiere también con fuerza a los pobres y marginados injustamente oprimidos.”

J.M. Díez-Alegría

28.06.10 @ 12:30:00. Archivado en Sobre el autor, Europa, Universidades, Amistad Europea Universitaria, Hispanobelgas, España, Sociogenética, Ética, Religiones, Ecumenismo, Bélgica

05/09/2009

Javier y Masiá, el mismo deseo por trascender fronteras 2/2

Javier y Masiá, el mismo deseo por trascender fronteras 2/2

Uno de los aspectos más preocupantes de las crisis globales que padecemos, es que al sumarse unas a otras como ríos caudalosos al borde de un precipicio común, han producido una gigantesca catarata de desconfianza mundial, cuya violencia es imposible de contener mediante la afanosa construcción de una presa autoritaria común. Por mucho material que se acumule bajo el ímpetu de la catarata, sus aguas lo dispersarán, acrecentando con su peso añadido el peligro de la inercia propia de la catarata.

La única manera de contener el ímpetu de esta catarata es el subir ríos arriba hasta las fuentes primitivas de los afluentes enloquecidos que constituyen el sistema arterial de la misma catarata.

Nuestros antepasados descubrieron, al afrontar situaciones parecidas a la que sufrimos nosotros, con nuestra catarata mundial de desconfiaza generalizada, que las fuentes primitivas de cada uno de los riachuelos y ríos que engendran los temibles afluentes que componen las incontenibles cataratas de la desconfianza, son las libertades de todos y de cada uno de los seres humanos aún no reunidos en una sociedad concertada.

Su remedio para el mal descubierto consistió en inventar una asociación social donde existiera un equilibrio estable entre el bien universal de todos sus componentes y el bien particular de cada uno de ellos.

Con el paso del tiempo los garantes de este equilibrio serían llamados universitarios, y la comunidad ejemplar que ellos mismos formarían, llamada a su vez Universidad, se regiría por dos principios fundamentales, a saber: en el polo de lo privado, el respeto de la libertad individual de cada uno, garantizado por el reconocimiento de la soberanía de su conciencia; y, en el polo universal, el encauzamiento hacia el bien común de todos y de cada uno de sus componentes libres, mediante el principio de la libertad académica. Este principio hace posible la cooperación espontánea y plena de las libertades individuales, garantizando a todos y a cada uno de los universitarios que el ejercicio de su propia libertad no será obstaculizado por el freno de ninguna autoridad impositiva, cualquiera que ella sea.

La tradición de estas reglas de funcionamiento ha llegado hasta nosotros articulada en los principios y valores claves de la cultura académica, principios y valores ampliamente recogidos en diversos documentos internacionales; en particular, todo lo relativo a la autonomía, responsabilidad social y libertad académica de las instituciones universitarias, tal como ha sido condensado por la Asociación Internacional de Universidades. Asimismo, estos principios y valores inspiran la Carta Magna de las Universidades Europeas, suscrita en Bolonia el año 1988.

En la Carta Magna de las Universidades Europeas, suscrita en Bolonia, se afirman los siguientes Principios fundamentales

1. La Universidad, en el seno de sociedades organizadas de forma diversa debido a las diferentes condiciones geográficas e históricas, es una institución autónoma que, de manera crítica, produce y transmite la cultura por medio de la investigación y la enseñanza.

Para abrirse a las necesidades del mundo contemporáneo, debe lograr, en su esfuerzo de investigación y enseñanza, una independencia moral y científica de todo poder político y económico.

2. En las Universidades, la actividad docente es indisociable de la actividad investigadora, a fin de que la enseñanza siga tanto la evolución de las necesidades como las exigencias de la sociedad y de los conocimientos científicos.

3. La libertad de investigación, de enseñanza y de formación son el principio fundamental de la vida de las Universidades; los poderes públicos y las Universidades, cada uno en su esfera de competencias, deben garantizar y promover el respeto a esta exigencia fundamental.

El rechazo de la intolerancia y el diálogo permanente hacen de la Universidad un lugar de encuentro privilegiado entre profesores, que tienen la capacidad de transmitir el saber y los medios de desarrollarlo mediante la investigación y la innovación, y estudiantes que tienen el derecho, la voluntad y la capacidad de enriquecerse con ello.

4. Depositaria de la tradición del humanismo europeo, pero con la constante preocupación de atender al saber universal, la Universidad, para asumir su misión, ignora toda frontera geográfica o política y afirma la necesidad imperiosa del conocimiento recíproco y de la interacción de las culturas.

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Un poco menos joven que Juan Masiá, no coincidí con él en la Facultad filosófica complutense S.J. (hoy integrada en la Universidad Comillas), que nos formó a ambos y a ambos nos orientó hacia la investigación y la enseñanza de la Ética, con un enrraizamiento muy fuerte tanto en la Metafísica y en la Antropología filosófica como en las disciplinas lingüísticas auxiliares. Ambos nos beneficiamos de las enseñanzas de una pléyade de grandes maestros, cuyo signo distintivo era el diálogo tanto con la gran tradición filosófica como con las corrientes más prometedoras de la filosofía y de la ciencia contemporáneas. Entre estas últimas destacaba la atención a la Semántica y a la Hermenéutica, materias que me valdrían una invitación como profesor en enero de 1973, siéndolo ya en Lovaina, para codirigir un Seminario en la Universidad Comillas con nuestro maestro complutense José Gómez Caffarena. Fue la circunstancia en que tuve el placer de conocer a Juan Masiá, que aquél mismo año sería ordenado sacerdote en Tokyo. Desde entonces he admirado la calidad y la cantidad de su trabajo universitario así como su excepcional itinerario fronterizo, que en más de una ocasión me ha hecho pensar en el de San Francisco Javier, figura emblemática del misionero universitario.

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Curriculum abreviado de Juan Masiá Clavel

1941 Nacido en Murcia, España

1958 Ingreso en la Compañía de Jesús

1965 Licenciatura en Filosofía

1966 Enviado a Japón

1970-1988: Profesor de Antropología filosófica en la Facultad de Letras de la Universidad Sophia (Tokyo)

1973 Ordenación sacerdotal en la Catedral de Tokyo

1975 Doctor en Filosofía por la Universidad de Comillas con una tesis sobre Unamuno.

1975 Profesor invitado de la Facultad de Letras de la Universidad de Osaka para cursos de doctorado en el Instituto de Japonología durante el semestre de otoño.

1978 Profesor de Propedéutica filosófica de la Moral Fundamental y de Bioética en la Facultad de Teología de la Universidad Sophia (Tokyo).

1980-1987 Profesor de Bioética en el Instituto de Ciencias de la Vida y en la Facultad de Teología de la misma Universidad.

Director del Departamento de Bioética en el Instituto de Ciencias de la Vida de la Universidad Sophia, de 1983 a 1988

Asesor teológico de la Asociación de Médicos Católicos de Japón, de 1983 a 1988

Profesor invitado en la Universidad de Sta.Catalina (en Hojo, Shikoku, Japón) para el curso intensivo del semestre de verano, sobre Bioética y Cultura, desde 1986

1988: Enviado desde la Universidad Sophia para colaborar con la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), como Profesor invitado. Dirige un seminario sobre la hermenéutica de P. Ricoeur en la Facultad de Filosofía y otro sobre la Culpabilidad en la Facultad de Teología.

1990: Profesor colaborador de Filosofía e invitado de Teología en la Universidad Comillas. Desde este año, encargado de la Antropología filosófica (sucediendo a A.Tornos)

1991: Profesor propio ordinario en la Facultad de Filosofía, U.P.Comillas. Docencia de Antropología filosófica y Cursos de Filosofía contemporánea en segundo y tercer ciclo. Dirección de dos tesis doctorales sobre la filosofía hermenéutica de P.Ricoeur. Dirección de seminarios para doctorandos sobre P.Ricoeur y M. de Unamuno

1998 Retorno a la Universidad Sophia como Profesor de Bioética en la Facultad de Teología y Director de la Cátedra de Bioética del Instituto de Ciencias de la Vida de la misma Universidad.

1998-2002 Asesor del Grupo de Estudio sobre Ética de la Vida de la Conferencia episcopal japonesa.

2004 Enviado a la Universidad de Comillas como Director de la Cátedra de Bioética y Profesor de Antropología filosófica en la Facultad de Filosofía.

2007 Profesor invitado de Bioética en la Facultad de Teología de la Universidad Sophia.

A partir del 2008, profesor invitado de Bioética en la Universidad Sto. Tomás de Osaka y en la Universidad Sta. Catalina, de Matsuyama.

MI ITINERARIO FRONTERIZO
por Juan Masiá

Construir puentes para la promoción de la vida, la justicia y la paz ha sido un tema central a lo largo de mi trayectoria vital, en el campo académico y en el de la evangelización. Lo ilustraré con la anécdota de un simposio sobre el valor de la vida y dignidad humanas, en Tokyo, hace seis años. El profesor que moderaba el diálogo había buscado en internet el curriculum de los participantes; el mío le desconcertó, porque le extrañaba encontrar en mi bibliografía escritos sobre temas que le parecían muy diversos. “Perdone, dijo, que le pregunte por qué ha cambiado tanto el foco de sus estudios a lo largo de su vida académica. En los años 70 presentaba usted la obra de Unamuno y la de Ricoeur en Japón. En el 83 se le conoce por sus publicaciones de bioética. Pero en el 85 escribe sobre ética y teología de la liberación. Recientemente veo que ha traducido clásicos budistas religiosos. ¿Con qué etiqueta quiere que le presentemos?”

La respuesta, como la de Unamuno, mitad broma y mitad enfado, habría sido: “Sin ninguna etiqueta, por favor, no me clasifiquen”. Tomando en serio la pregunta, los cuatro ejemplos aducidos por el moderador reflejan la preocupación central de mi trayectoria humana, académica y espiritual: vivir en la frontera, que es el título elegido pasra mi blog en Religión Digital.

El prefijo “Inter-“ sería la clave: Estar entre dos polos, viviendo la tension entre ambos, sin dejar de tender puentes, a pesar de las dificultades.

El prefijo “Inter-“ aparece en los cuatro temas siguientes, a que me he dedicado: La interpretación de textos, el diálogo interdisciplinar, la comunicación intercultural en favor de la justicia y la cooperación interreligiosa.

No es una mera enumeración de términos abstractos, sino algo que brota de la experiencia cotidiana de vivir entre dos culturas muy diferentes, confrontando a diario el problema de los malentendidos. Se vive la experiencia de tener que traducir, interpretar y deshacer equívocos, construyendo puentes de entendimiento y comprensión. Justamente porque abundan las malas interpretaciones, se percibe la urgencia de interpretar, poniendo en práctica el arte de leer y dialogar. De esto se ocupa la filosofía hermenéutica, al establecer diálogos entre textos y lecturas. Ahí está también la clave para los otros tres campos de dedicación mencionados: la bioética, la ética de la liberación y los encuentros interreligiosos.

Mis escritos en estos cuatro campos están muy relacionados entre sí. Todos tienen que ver con la tarea de construir puentes para promover tanto la vida como la paz. La hermenéutica construye puentes entre los respectivos contextos de autoría y de lectura. La bioética usa la metodología interdisciplinar para establecer puentes entre ciencias de la vida y valores vitales y humanos. A la ética de la liberación le preocupa la construcción del puente que globalice la justicia y salve el hiato entre la opresión y sus víctimas. En los encuentros interreligiosos buscamos superar todo exclusivismo o fanatismo fundamentalista para cooperar juntas las religiones en una misión común de pacificación interior y paz mundial justa, a partir de la esperanza y el sentido recibido desde un misterio último que ninguna de ellas monopoliza.

Se comprende así por qué elegí para mi última lección en la Universidad Pontificia Comillas, con motivo de mi jubilación, el texto titulado “Caminar, tender puentes y vivir en la frontera”, que reproduzco a continuación.

Elegí en aquella ocasión, para despedirme, tres textos bíblicos: 1. Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan (Lc 24, 35). 2. Según el Camino, que ellos llaman secta, doy culto al Dios de mis padres (Hechos 24, 14). 3. Y he aquí que yo estoy con vosotros/as todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28, 20).

El primer texto está tomado del camino de Emaús. Invita a encontrar a Jesús en el camino, en el pan y en la palabra; es decir, en la vida cotidiana, el compartir fraternal y el repartir justo, así como en la comunicación alegre y esperanzadora de su Buena Noticia.

En el segundo texto, Pablo opta por el Camino y rechaza las estrecheces del grupo exclusivista (“secta”) y de la institución inmovilista (“ellos”).

En el tercer texto convergen los diversos lenguajes sobre la presencia del Crucificado, Vivo para siempre. A la pregunta “¿Dónde está?” se responde de cinco maneras: A) Está arriba: es el lenguaje de la Ascensión en clave apocalíptica de victoria. (Lc 24, 51) B) Está a la derecha del Dios Padre/Madre: es el lenguaje escatológico de recapitulación definitiva. (cfr. Heb 10, 12-13). C) Está delante: es el lenguaje de la praxis y la cotidianidad. (Mc 16, 15). D) Está en todo: es el lenguaje místico-cósmico. (Ef 4, 10; Jn 20, 17). E) Está al lado: es el lenguaje de la comunidad en misión ad extra para tender puentes y vivir en la frontera. En este lenguaje se concentran los otros cuatro, es paradigma para pensar la iglesia, la comunidad y la misión. (Mt 28, 20).

La comunidad que camina, practicando el mensaje de Emaús, confronta tres tentaciones: A) Reducirse a ser una institución y vivir para mantener la institución. B) Convertirse, en el extremo opuesto, en secta, rechazando lo de fuera con exclusivismo e idolatrando a fundadores con culto a la personalidad. C) Mantener un equilibrio diplomático entre ambos extremos, sacrificando la honradez en aras del logro de cotas de poder, mediante el recurso a dobles estándares o dobles vidas, callar lo que se piensa y silenciar a quien se atreva a destapar el fraude.

Estas tentaciones se superan mediante la “cuarta vía”, mostrada en el citado texto de los Hechos: el Camino, la conversión, cambio y reforma continuos, la renuncia a instalarse en instituciones o encerrarse en sectas y el ánimo para conjugar mística y política, reconciliación y profecía.

Ignacio de Loyola lo captó bien. Quienes hemos heredado su pedagogía espiritual a través de los Ejercicios espirituales sentimos la vocación para vivir caminando, tendiendo puentes y haciendo equilibrios en la frontera. A veces habrá que hacer malabarismos de cuerda floja para estar en la frontera: entre la investigación y la divulgación, entre la investigación y la educación, entre estar presente en los medios y no dejarse manipular por ellos, entre la pastoral y la labor en tierras de marginación, entre la espiritualidad y la moral, entre Oriente y Occidente, entre Roma y Jerusalén, entre ciencias y creencias, entre la fidelidad y la creatividad, entre la pastoral ad intra, y la misión ad extra, entre sentirse iglesia y disentir “en” (no “de”) la iglesia….

Para vivir con optimismo y alegría bailando en esa cuerda floja nos anima la esperanza, “segura y sólida ancla del alma” (Heb. 6, 19 ; texto elegido, en 1973, para mi primera misa).

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Fuente japonesa: Vivir en la frontera

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24/06/2009

Anna et Vicente Ferrer, un pacte d’Amour

Anna et Vicente Ferrer, un pacte d’Amour

L’Amour entre Anna et Vicente est un des exemples les plus éloquents de la fertilité universelle de l’anthropologie conjugale.

La complémentarité essentielle de cette anthropologie, source irremplaçable de la sociabilité et de la créativité humaines, la rend indispensable dans les causes humanitaires, dépassant tout type de frontières.

En Inde, elle a eu le pouvoir de dépasser les frontières des castes, des religions, de la discrimination sexuelle, de la pauvreté, de la maladie, du handicap, de la solitude, de l’ignorance, etc.

Le moment du passage de Vicente, pendant qu’Anna pleure discrètement la mort de son mari tout en consolant avec sa force de caractère ceux qui pleurent pour la même raison qu’elle, est l’occasion de rendre hommage à l’Amour conjugal de cet homme et de cette femme qui, en couple amoureux, ont su faire autant de bien dans un des lieux les plus oubliés de la Terre.

Ana et ses enfants se consoleront en lisant ces mots, écrits par un des compagons jésuites de leur mari et père qui les admire comme couple, ces mots que si souvent Vicente a répétés à Anna : « Anna, sans toi il aurait été impossible d’entreprendre et de réussir ce que nous avons fait. Merci pour notre pacte d’amour, qui nous a donné ensemble une force supérieure à celle de chacun de nous si nous ne nous étions pas rencontrés et unis pour la vie ».

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Imagen: Anna Ferrer publica
Un pacto de amor.
Mi vida junto a Vicente Ferrer

La directora de Programas de la Fundación Vicente Ferrer en la India y esposa del fundador de esta ONG relata su vida en Anantapur. Un libro inédito que constituye el testimonio de 40 años de compromiso con las comunidades más discriminadas de la región y con Vicente Ferrer, uno de los personajes más relevantes de nuestro siglo.


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24.06.09 Archivado en Sobre el autor, Europa, Las Américas, Amistad Europea Universitaria, Semántica, Pragmática, España, Sociogenética, Antropología conyugal, Ética, Educación, Pro justitia et libertate, África, Asia, Oceanía