05/11/2009

Telenautas = telenavegantes con TV+Net

La telenavegación (TV+Net) es el arte, la acción y el efecto de navegar interactivamente con internet por las creaciones televisivas.

Según el grado de interactividad posible, la telenavegación se distanciará de más en más de la "televisión tonta", puramente pasiva, para acercarse lo más posible a la "convivialidad telecreativa" totalmente activa.

Foto: Televisión en Internet
Los programas de televisión más vistos en Internet.
El País, 05/11/2009.

El concepto de telenavegante es el heredero enriquecido del concepto de "lector in fabula". El escritor incapaz de recrear a sus lectores hasta hacerlos presentes en su obra como personajes activos, es comparable al autista incapaz de dialogar, debido a su incapacidad de considerar a sus semejantes como interlocutores.

La locución "lector in fabula" no se encuentra en Cervantes, pero el concepto sí. Su realización más concreta es la pléyade de personajes de la segunda parte de "El Quijote" (1615) que fueron lectores de la primera parte (1605).

El concepto de telenavegante es el heredero enriquecido del concepto de "lector in fabula", porque hace factible la "convivialidad telecreativa multimediática".

Mientras que el concepto Cervantino de 'lector in fabula' se mantenía en los límites de la relación diferida escritura-lectura papeloimpresa, el concepto de telenavegante se beneficia de la factibilidad real de la telecreación convivial, empleando todos los medios de comunicación actualmente a nuestro alcance. Recordemos, sin ser exhaustivos: los textos escritos; los diálogos; las teleconferencias; la mímica; el teatro; la fotografía; la cinematografía; la pintura; etc.

La "telerealidad", existente ya, es, a pesar de todos sus defectos, entre los cuales hay que destacar como el más importante su pansexualismo amoral y/o inmoral, una vaga evocación, muy alejada de la excelencia, de lo que será un día muy cercano, si los poderes fácticos lo permiten, la "convivialidad telecreativa multimediática" de la "telenavegación" y de sus autores-lectores "telenautas".

Alguno de mis lectores pensará que estoy promoviendo el casamiento de lo virtual con lo real.

Esta interpretación me gusta, pero debo confesar que ya estaba presente en la concepción de la Poética de Aristóteles, cuya realización convivial, todavía superviviente hoy en algunas de nuestras ciudades, es el Teatro; también está presente en la interactividad escritura-lectura de Cervantes, sobre todo en "El Quijote" y en la interacción pintura-participación de Velázquez, particulamente visible en "Las Meninas". Recordemos que estos dos últimos artistas, cada uno en sus disciplinas propias, eran acérrimos promotores del Teatro. La misma interpretación también está presente en toda la obra de Federico García Lorca, promotor hasta su propio martirio del Teatro Popular durante la primera mitad del siglo XX.

El casamiento de lo real con lo virtual, entendido lo virtual como el nivel de los valores que sostienen nuestra vida en su sentido transcendente, engendra en el ser humano que participa en él como agente y paciente la "catarsis" (1) o purificación tan deseada por toda nuestra cultura humanista.

En el plano del sentimiento esta experiencia se vive como el gozo de haber creado y de haber amado. Ambos gozos, profundamente regeneradores, alejan a quien disfruta de ellos de los sentimientos negativos de la destrucción y del odio, animándole a actuar mejor.

Esto es la Paz, tanto interior como exterior. En ella se funden la ética y la estética.

(1) catarsis.

(Del gr. κάθαρσις, purga, purificación).

1. f. Entre los antiguos griegos, purificación ritual de personas o cosas afectadas de alguna impureza.

2. f. Efecto que causa la tragedia en el espectador al suscitar y purificar la compasión, el temor u horror y otras emociones.

3. f. Purificación, liberación o transformación interior suscitados por una experiencia vital profunda.

4. f. Eliminación de recuerdos que perturban la conciencia o el equilibrio nervioso.

5. f. Biol. Expulsión espontánea o provocada de sustancias nocivas al organismo.

DRAE.

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27/08/2009

Tras concebir y parir, amamantar es amar

Tras concebir y parir, amamantar es amar

María del Mar Gallardo me dijo el 17 Enero 2009, 20:03:

Mi querido Salvador: Te confieso que en el momento tan apurado que vivimos, con la enorme presión de las crisis de todo tipo, tu serie de artículos sobre el amamantamiento me sienta como un licor milagroso, que despierta en mí los sentimientos más profundos de amor por la vida.

No es un secreto para ti, que conoces tan bien los recovecos del alma y del cuerpo femeninos, que el deseo de engendrar y de amamantar es de los más fuertes que hay en lo más profundo de nuestro ser. Personalmente puedo testimoniar de que ese deseo no solamente lo experimento, sino que estoy dispuesta a hacer los mayores sacrificios para saisfacerlo.

Tengo la impresión de que si yo no amamantara, teniendo un bebé, me daría vergüenza de que mis pechos llamaran la atención sólo por otras razones, que evidentemente también comprendo. Pienso, por ejemplo, que si yo le gusto a un hombre porque mi pechos son bonitos y provocan su amor, me disgustaría que no acceptara que esos mismos pechos serían todavía más bonitos si él los viera como los de la futura madre de sus hijos, dipuesta a amamantarlos.

Como ves mi secreto es "un secreto a voces". Un beso por haberme dado la ocasión de expresarlo.

17 Enero 2009, 20:03

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En plena sintonía con estos sentimientos tan profundos y tan sinceros de mis Amigas más femeninas, yo he escrito sobre el mismo tema en más de una ocasión y en más de una lengua, no solamente como lingüista y filósofo, sino también como humanista:

Amamantar es amar al bebé que mama = Allaiter c'est aimer l'enfant qui tète.

La mamá que ama a su bebé, lo amamanta siempre que puede hacerlo. Esta facultad es para ella una obligación, un placer y un derecho que la sociedad tiene el deber de respetar escrupulosamente.

Ella sabe como nadie que la mejor manera de alimentarlo y amarlo es amamantarlo.

También sabe que para el bebé el mamar es la mejor manera de amar y sentirse amado, porque lo es siendo alimentado. Como un náufrago recuperado de la muerte segura que le acecha en todo momento, se abraza a los pechos de su madre con cuya leche y ternura se alimenta amando y sintiéndose amado.

Si para la madre amamantar es amar, para el bebé mamar es ser y sentirse amado.

La madre que pudiendo hacerlo no se decide a dar de mamar a su bebé, renuncia a descubrise a sí misma, privándose de la manera más concreta e incomprensible de la apasionante obligación materna de amamantar. Esta obligación es tan exigente como placentera y calificadora, al ser distintiva de la mujer como "mamá":

Amamantar, 1495 (mam-, 1220-50), der. de mama '1. tr. 'dar de mamar'.

Mama 'madre', S. XI. Del lat. MAMMA íd. y 'teta'. En esta última acepción es término científico tom. por via culta, ya a princ. S. XVIII. La pronunciación afrancesada mamá no se introdujo hasta el S. XVIII. (1)

Esta distinción, tan justamente cantada tanto por los artistas como por toda la familia humana, incluidas las mismas mujeres preocupadas por la belleza de sus pechos, no es solamente lingüística, sino que está hermosamente inscrita en la visible generosidad de los pechos femeninos, generosidad que permite a la mujer, distinguiéndose sexualmente del varón, el poder consagrarse por entero, después de concebir y parir, a la bella y apasionante tarea prioritaria de amar al amamantar.

La tarea de amamantar, comparada con cualquier otra, comparte con las de concebir y el parir el privilegio de ser exclusivamente femenina.

Es urgente que la familia humana redescubra la fuerza extrema de los argumentos de este noble feminismo, cuya energía visceral, tan actual como ancestral, garantiza la supervivencia y la continuidad de la especie, no desde hoy o desde ayer, sino desde que el ser humano es humano. Esto sucedió cuando los primeros homínidos tuvieron conciencia, en el corazón de África, de la fuerza vital de su autoconciencia, al servicio de su subsistencia como familia humana.

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Hoy os invito a descubrir, admirar y honrar conmigo, en plena sintonía con la argumentaicón feminista que precede:

El camino personal de Ileana Medina Hernández, autora del blogue Tenemos tetas ¡¡¡ Y sirven para amamantar !!!

Un camino personal...

Soy mujer, cubana de origen, nacionalizada española, periodista por formación, profesora de vocación, funcionaria del gobierno de Canarias por razones alimenticias, esposa, madre, hija, hermana, amiga... y seguramente muchas cosas más...

Ni con la carrera universitaria, ni con muchas lecturas, ni con ningún trabajo, ni con el amor sexual, ni con la psicología transpersonal, ni siquiera con el embarazo y el parto logré encontrarme con mi propia esencia interior.

Lo he logrado con la lactancia materna prolongada, con mi hija de 20 meses. Preguntándome tantos porqués, he encontrado un camino increíble de crecimiento personal...y una gran comprensión sobre mí misma, la femineidad, la crianza, y sobre todo, una visión más lúcida sobre lo que la sociedad de consumo hace contra las mujeres y los niños... o sea, contra sí misma.

Me gustaría compartirlo, por si acaso puede servir de inspiración a otras mujeres que ven cómo, a su pesar, han perdido la confianza en sí mismas y en sus cuerpos.

Gracias de nuevo, hija mía. Gracias.

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Gestar, parir, amamantar.
Por Ileana Medina Hernández

Las mujeres en el último siglo estamos demostrando que -si nos lo permiten y nos lo permitimos- podemos hacer igual de bien todo lo que hacen los hombres: hacer ciencia, dirigir empresas y gobiernos, viajar al cosmos, escalar montañas de 8 mil metros, pilotar aviones, escribir libros, dirigir orquestas, construir puentes... y hasta hacer la guerra.

Sin embargo, si nos preguntamos si queda alguna cosa que sólo un sexo pueda hacer, nos encontramos una sencilla respuesta: gestar, parir y amamantar. De momento, sólo las mujeres podemos.

Y "casualmente" esa pequeña diferencia es la que garantiza la supervivencia y la continuidad de la especie. (Cierto que no podemos hacerlo solas, pero el semen es abundante, ecológicamente barato y generalmente disponible; y el hecho de que necesitemos el apoyo del macho en todo el proceso, no nos quita la exclusividad del hecho biológico).

Parece increíble que casi todos los feminismos del siglo pasado -y los que siguen dominando hoy todas las instituciones públicas de "la igualdad"-hayan pasado por alto ese "pequeño detalle".

Imaginad un grupo de pequeños animales -o de extraterrestres-, que podáis observar desde lejos, desde fuera, como si los miráramos con un microscopio. En ese grupo de seres, resulta que sólo la mitad, en un momento de su vida, puede hincharse, hincharse e hincharse, hasta que su cuerpo se abre y da lugar a otro nuevo ser. ¿Qué pensarían los que no pueden hacerlo (e ignoran su papel en ese proceso)? ¿No se morirían de envidia? ¿No será que la envidia primera fue la envidia del útero, en lugar de la envidia falocéntrica que describió Freud?

Esa otra mitad que no se hincha, que tomó "conciencia" de su ser, pero ignoraba su papel en el proceso, o en última instancia no podía garantizar la legitimidad de su paternidad, aprovechando la superioridad de su fuerza física, decidió construir un sistema en el que lo valioso fuera todo lo que el macho podía construir, y en el que el parto y la lactancia fuera menospreciada: "parirás con dolor y tu marido te dominará".

¿Y si resultara que lo mejor, lo verdaderamente "mejor", lo que más felicidad y realización reporta, el verdadero poder, residiera en la capacidad de parir, amamantar y criar?

¿Si resultara que el verdadero feminismo no estuviera en hacernos "iguales" a los hombres, sino en aprender a reconocer que lo verdaderamente valioso, lo mágico, el gran milagro de la vida, es lo que podemos hacer con nuestros vientres y nuestros pechos?

¿Si el verdadero y mayor poder consistiera en criar hijos sanos y felices?

¿Si resultara que el verdadero cambio social estuviera en aprender a valorar la crianza y la maternidad como actos socialmente respetables, y como parte fundamental de la libertad de la mujer?

¿Si las mujeres, libres y conscientes, fuera de la dominación masculina, conocedoras de nuestro propio cuerpo, de nuestra sexualidad, de la importancia de los afectos y del mundo emocional... acabásemos descubriendo que el amor y el cuerpo maternos en la primera crianza es lo verdaderamente valioso, y lo que hace a la humanidad más libre, más feliz, más justa, más equitativa, más solidaria?

25 de agosto de 2009

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Fuente: Coromines, Joan: Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. 4ª edición, Madrid, 2008, Editorial Gredos.

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23/08/2009

La Tour d'Eben-Ezer

Création d'un artiste visionnaire, la Tour d'Eben-Ezer est avant tout un Symbole de Paix et d'Espérance. Je vous livre ici quelques souvenirs inoubliables de ma visite avec Michèle à ce haut lieu de l'architecture lyrique le 13.08.09. Le lyrisme de cette Tour représente à mes yeux un des cris les plus forts et les plus courageux du monde du travail européen, représenté par les tailleurs de pierre, pour refuser la sauvagerie de la guerre et chanter la culture de la Paix. En se passant du concours de l'architecture académique, Robert GARCET, tailleur de pierre, aidé par sa famille et par des collègues de sa profession, a levé cette tour qui est un signe d'exclamation pour la Paix à l'état pur. Avant de pénétrer dans la tour, le visiteur lit, gravé dans la pierre, la devise humaniste des révolutionnaires français qui donne à la Paix son contenu universel : « Liberté, égalité, fraternité ». -oOo-oOo-oOo-

D'un caractère insolite et inattendu, la Tour d'Eben-Ezer renferme une symbolique mûrement réfléchie, rien dans sa construction n'est laissé au hasard. Tels la tour de Babel, les Ziggourats ou encore les donjons du Moyen-Age, les tours ont toujours symbolisé le lien entre les hommes et les dieux. En effet, ces constructions fixent leur encrage dans les profondeurs de la terre et s'élèvent vers le ciel. Elles réalisent ainsi la liaison symbolique entre le Monde Souterrain, la Surface et le domaine des dieux. Par analogie, la Tour d'Eben-Ezer est le moyen donné aux hommes d'atteindre d'autres sphères par le biais de la connaissance. La tour d'Eben-Ezer représente l'Humanité telle que symbolisée dans la Bible par la Jérusalem Céleste, ville mythique de 12 000 stades de côté ( 2160 km). Disposant d'un espace autrement plus réduit, Robert GARCET conserva néanmoins cette proportion dans son œuvre; la Tour d'Eben-Ezer fait 12 mètres de côté. Marc GARCET, fils de Robert GARCET, dans Le musée du sylex:

www.musee-du-silex.be/