21/07/2010

El nuevo responsable del Secretariado jesuita para la Justicia Social y la Ecología

 

SJES gets a New Secretary

Francisco Javier Álvarez de los Mozos, known as Patxi Alvarez was born in 1967.

He joined the Loyola Province (LOY) of the Society of Jesus in 1991 and was ordained in 2000.

At present he is the coordinator of a Training course for lay people in Ignatian Spirituality and Jesuit mission. He is also the Assistant Director of Alboan, an NGO of the Loyola Province that works for the development and solidarity of the countries. He has been attached to the Social Apostolate for the last ten years, and during his regency he worked for two years in Cambodia with handicapped people and former refugees. As Asst. Director of Alboan he has also visited India a few times.

JESA wishes him All the Best in his ministry as the Secretary of SJES, Rome !

Jesuits in Social Action

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El Padre General ha nombrado al Padre Francisco Javier Álvarez de los Mozos, de la Provincia de Loyola, director del Secretariado jesuita para la Justicia Social y la Ecología. Sustituye al Padre Fernando Fernández Franco en los meses próximos.

Francisco Javier Álvarez de los Mozos, conocido como Patxi Alvarez, fue admitido en la provincia Loyola de la Compañía en 1991. Nacido en 1967, había cursado estudios de ingeniería de las telecommunicaciones, en la Universidad del País Vasco, antes de ingresar en la Compañía.

Entre 1977 y 1979 estuvo destinado como "maestrillo" en Camboya.

En 1999 volvió de Camboya, tras un periodo de dos años muy emotivos de magisterio al lado de personas discapacitadas y de refugiados y refugiadas. En la facultad teológica retomó los estudios eclesiásticos especializándose en el área de la Teología sistemática, en cuyo contexto realizó un trabajo en torno a las “Comunidades de solidaridad”, concepto pastoral que apareció en la Congregación General XXXIV (CG34). Fue ordenado sacerdote en el año 2000

Actualmente es el coordinador del Plan de Formación en su Provincia y Director Adjunto de Alboan, la ONG de los jesuitas para la cooperación con países en vía de desarrollo y de solidaridad con los pueblos.”

Patxi Álvarez, así se le conoce, se presenta a todos ustedes con sus propias palabras en los dos textos que reproducimos a continuación. El primero se refiere a sus experiencias de terreno. El segundo recoge su concepción de la investigación social al servicio del liderazgo apostólico:

"Éste es el único hilo conductor que voy a seguir en este artículo: qué lugar debe ocupar la investigación social en un cuerpo que ha hecho de la misión fe-justicia su último compromiso".

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Patxi Álvarez SJ, nuevo responsable del Secretariado jesuita para la Justicia Social y la Ecología se presenta

En 1999 regresé de Camboya a la Provincia de Loyola a la que pertenezco, después de un magisterio acompañando y sirviendo a personas discapacitadas y a antiguos refugiados. Aquel fue un tiempo de gracia: de confusión interior, al ver tanto dolor, y de consuelo al ser testigo de la esperanza de la gente y su ilusión por vivir. El equipo internacional que allí estábamos, y en el que convivíamos y trabajábamos religiosas, laicos y jesuitas, era nuestro hogar, un espacio donde sostenernos mutuamente y un lugar donde aprendíamos cada día a entregarnos con generosidad.

Regresé con el corazón cautivado y lleno de rostros. Aquellos dos años dejaron en mí una honda huella que configuró un deseo firme de ofrecer mi persona al servicio de los últimos. Retomé la teología, la licenciatura concretamente, en teología sistemática. El trabajo final se centró en las “comunidades de solidaridad”, un concepto que había aparecido en nuestra Congregación General 34 y que intuía que encerraba muchas posibilidades. Aquello me dio la oportunidad de entender mejor que el amor de Dios puede mostrarse hoy, de un modo particularmente bello y completo, en la práctica de la justicia y la solidaridad.

Después de la ordenación en el 2000, me destinaron a Alboan, una ONG de cooperación al desarrollo que colabora con instituciones de la Compañía en distintos países de Latinoamérica, de África y, en la India, en el Gujerat. Hasta hoy ha sido un ámbito donde dar cauce a ese deseo de servicio a los más pequeños.

Estos últimos años el sector social de nuestra Provincia ha experimentado un gran desarrollo. Los jesuitas éramos pocos, pero el apoyo de los provinciales ha sido decidido, y la colaboración de laicos entregados y convencidos, esencial. Hay varias comunidades que hoy acogen a inmigrantes y dos instituciones que les atienden. El trabajo ha sido muy consolador y nos ha permitido alcanzar una mayor conciencia de que el servicio de la fe y la promoción de la justicia se llaman y enriquecen mutuamente.

Durante cinco años colaboré en la planificación apostólica de la Provincia, como coordinador. Entonces pude poner en valor algo de lo aprendido en la ingeniería que estudié antes de la incorporación a la Compañía. Hemos crecido mucho en colaboración entre sectores apostólicos y entre laicos y jesuitas. Se ha fortalecido así ese “nosotros apostólico” que está al servicio de la misión.

Durante los próximos meses espero concluir una investigación sobre asociaciones de inmigrantes latinoamericanos en España, para incorporarme después al Secretariado.

Pido al Señor que este destino, que asumo con ilusión no exenta de temor, sea para mayor gloria suya y más vida de sus pequeños. Y a vosotros vuestra oración y apoyo. Muchas gracias por adelantado.

Patxi Álvarez SJ

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Fernando Franco SJ, Director Responsable
Uta Sievers, Redactora
Suguna Ramanathan, Redactora Asociada
Secretariado para la Justicia Social y la Ecología, Borgo S. Spirito 4, 00193 Roma, Italia
+39 06689 77380 (fax)

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Una investigación social al servicio del liderazgo apostólico
por Patxi Álvarez SJ

Introducción

La Misión de la Compañía hoy consiste en la defensa de la fe y la promoción de la justicia en diálogo con la cultura y con otras tradiciones religiosas. Se trata de una formulación atrevida y brillante, llena de promesas y a la que aún no hemos respondido con todas las posibilidades con que cuenta nuestro cuerpo apostólico.

Si la Compañía es misión, de tal manera que precisamente en función de la misión reciben su ubicación adecuada todas las demás componentes de la vida religiosa (comunidad, oración, coro, Eucaristía, pobreza, obediencia...), esta misma misión deberá ayudarnos a colocar en su puesto a la investigación social. Este es el único hilo conductor que voy a seguir en este artículo: qué lugar debe ocupar la investigación social en un cuerpo que ha hecho de la misión fe-justicia su último compromiso.

Daré los siguientes pasos: revisaré las fuentes ignacianas que motivan el apostolado intelectual que ha estado presente en nuestra tradición histórica; a continuación trataré de mostrar que la misión actual de la Compañía demanda un conocimiento riguroso y sapiencial de la realidad; mencionaré que este conocimiento debe estar al servicio del liderazgo apostólico; finalmente incluiré un modelo que podría vehicular las intuiciones que a lo largo del texto irán apareciendo.

1. El apostolado intelectual en nuestra historia

La investigación social forma parte de un apostolado de raigambre en la Compañía, el apostolado intelectual, que ha constituido un campo apostólico fundamental de nuestra misión desde sus inicios1. Los jesuitas han cultivado muchos campos del saber y lo continuamos haciendo a día de hoy. Es parte de una larga tradición.

Fuentes ignacianas para el apostolado intelectual

En la vida de S. Ignacio no se aprecia un interés especial por el trabajo intelectual. Su gran preocupación tras la conversión en Loyola consistió en "ayudar a las almas". Comenzó a hacerlo así desde Manresa2. Una atención que mantuvo al llegar a Tierra Santa, donde quería quedarse, pero ayudando igualmente a las personas3. Es ésta igualmente la motivación a la que alude cuando se determina a estudiar4. Irá a Barcelona a estudiar sólo con ese fin de ayudar mejor a las ánimas.

El peregrino recorrió las universidades de Alcalá, Salamanca y finalmente París, donde alcanzó el título de "maestro en artes". Todos los primeros compañeros lo eran. Algunos llegaron a ser teólogos brillantes, como Laínez o Salmerón. Pero no Ignacio. Lo suyo siguió siendo aquello de "ayudar a las ánimas" y garantizar para la Compañía esta orientación de servicio a los demás, donde más falta hiciera.

¿De dónde surge, pues, ese deseo, ese afán de conocimiento que anima a la Compañía, a la primera y a la de nuestro tiempo? ¿Se trata sencillamente de que coincidió que aquellos primeros hombres pertenecían a la intelectualidad de su tiempo e inculcaron ese interés por la cultura a generaciones sucesivas?

En realidad, las fuentes de este anhelo profundo de conocimiento se encuentran en nuestro núcleo místico, en la experiencia de Ejercicios, si bien no se trata de algo obvio. El eje medular de la tradición ignaciana se sitúa en un encuentro personal con Dios que libera, compromete y envía. Se trata de experiencia directa de lo divino, siempre tan sorprendente, desbordante y subversiva. El Dios que protagoniza e inicia este encuentro no se halla fuera de esta realidad, sino que se sitúa en el mundo. Ése fue el mayor don que recibió Ignacio en el Cardoner: ver a Dios en el mundo y al mundo en Dios.

Esto justifica que surja un ávido interés por el mundo. Para descubrir a Dios no hace falta huir del mundo, sino sumergirse en él. Y la actitud en la que queda sumida esta perspectiva es oblativa, no meramente contemplativa, sino de involucración en la dinámica del amor. Gran parte del modo de proceder de la Compañía se explica desde esta intuición que Ignacio vivió en el Cardoner.

En los Ejercicios hay dos contemplaciones que mueven a este conocimiento del mundo: en primer lugar, la Contemplación de la Encarnación (EE 101 - 109). En ella se nos pide contemplar la redondez de la tierra, con sus gentes en situaciones tan diversas... Ignacio nos invita a descubrir en el interior de la humanidad una corriente de redención que solicita colaboración humana: se trata del "hagamos redención" de la Trinidad, que llama a la puerta de María pidiendo permiso para comenzar su obra de salvación. La actitud de contemplación del mundo que subyace aquí es activa, implicativa: viendo lo que hacen las personas de la Trinidad y cómo accede María a su solicitud, se nos convoca a hacer lo mismo.

En segundo lugar, tenemos la Contemplación para alcanzar amor (EE 230 - 237), donde Ignacio quiere que alcancemos "conocimiento interno de tanto bien recibido". En uno de los puntos nos habla de un Dios que habita en los elementos, en las plantas, en los animales y en los seres humanos (EE 235). Esto va a dar pie a una actitud más contemplativa, más pasivo-receptiva. Sin embargo, en esta misma Contemplación, Ignacio habla de un Dios que labora y trabaja por mí en todas las realidades de la creación (EE 236). Nuevamente nos remite a un saber que nos involucre en la acción.

En resumen, los Ejercicios nos disponen a un conocimiento del mundo, con una doble actitud, una más activa y otra más receptiva, si bien con una preeminencia de la primera sobre la segunda.

El apostolado intelectual en nuestra tradición histórica

Más allá de las fuentes ignacianas, el apostolado intelectual ha constituido una característica esencial de la Compañía de Jesús desde sus comienzos: en su versión teológica -de manera que asomarnos a lo divino ayudara a esclarecer lo humano- y en su versión antropológica -de modo que la mirada sobre lo humano favoreciera comprender lo divino-.

a) La investigación teológica: mirar lo divino para comprender lo humano

Tal vez la mayor tarea investigadora en la Compañía haya consistido precisamente en la investigación teológica: un ejercicio de redecir a Dios y de acercar las cosas de Dios al ser humano. Si el encuentro con Dios ocupa el lugar esencial de la tradición jesuítica, la teología está dirigida a posibilitar y ganar relieve en ese encuentro con Dios. Mirar lo divino para comprender lo humano.

Con frecuencia, se trata de una teología preparada para releer las realidades humanas desde la vida de Dios. Una teología de las realidades del mundo y por eso con frecuencia de frontera. No fríamente especulativa, sino vital, que procura la "ayuda de las ánimas" y tiende puentes con la cultura de su tiempo. No es raro que esa teología sea la mayor parte de las veces de vanguardia.

La teología de la que aquí hablamos es aquella preocupada por las consecuen­cias que "lo de Dios" tiene para la vida de las personas, y no tanto aquella centrada exclusivamente en contemplar el misterio divino, y embelesada en él, más olvidada de lo que entonces suceda con los seres humanos. Esta teología engarza preferente­mente con la Contemplación de la Encarnación. Es en el discurrir de nuestra historia concreta, en los acontecimientos de la vida, donde podemos descubrir los signos de la palabra trinitaria que a día de hoy sigue diciendo "hagamos redención".

b) Investigación científica y cultural: mirar lo humano para descubrir lo divino

Desde los primeros tiempos hubo jesuitas notables que se esforzaron por esclarecer aspectos de la realidad desde un punto de vista científico. Escrutando el universo desvelaban a Dios. En ocasiones su interés científico estaba primariamente al servicio de otros fines, como pudo ser el caso de Ricci en la China. Muchos de ellos nos han ayudado a comprender que la ciencia y la fe no luchan en competencia por un mismo espacio, sino que se complementan y enriquecen mutuamente. Estos hombres han tendido puentes entre la ciencia y la fe. Su tarea ha sido crucial para que hoy podamos ser ciudadanos modernos, al tiempo que creyentes. Nos han permitido comprender que el conocimiento científico no pone en jaque nuestra fe, sino que en la profundiza y madura.

A mi entender, más relevante en la historia de la Compañía que este campo de la ciencia, es el de los estudios culturales. Ha habido muchos jesuitas que, enamorados de Dios, se enamoraron de lo humano en culturas muy distintas5. No se trataba de grandes académicos, sino de hombres apasionados por la gente, aunque su contribución a la academia haya sido muy importante. El ser humano en su diversidad, riqueza, sencillez, hondura, fragilidad, sabiduría, les hablaba con nuevos trazos del Dios que buscaban con desvelo. Descubrieron en las personas con las que se encontraban al Espíritu de Dios que, desde la noche de los tiempos, habitaba en ellas. Y amando y desentrañando aquellas culturas, adoraron al Dios que habita en todo. De ahí las gramáticas, alfabetos, estudios etnográficos... Los ejemplos son numerosísimos y muestran cómo los jesuitas creyeron de verdad que "Dios habita en las criaturas" (EE 235). Hoy esa tradición continúa presente.

En resumen, podríamos afirmar que el apostolado intelectual de la Compañía, ya sea en su versión teológica, ya en su versión científica, ha estado orientado a tender puentes entre Dios y el ser humano.

2. Nuestra misión hoy demanda investigación social

Una vez visto que nuestra propia tradición ignaciana y jesuítica han demandado un serio trabajo intelectual e investigador, habría que ir un poco más allá: nuestra actual misión fe-justicia exige de forma aún más imperiosa un sólido apostolado intelectual más orientado hacia la investigación social.

Nuestra misión fe - justicia

Cuando en 1975 se llega a formular nuestra misión en clave de defensa de la fe y promoción de la justicia, se tiene muy presente que el mundo en el que nos hallamos se debate en una lucha dialéctica entre los afanes de liberación y poderosas dinámicas de exclusión6. De ahí que se hable precisamente de "promoción". Se precisa un compromiso activo, deliberado y sostenido contra las fuerzas que generan explotación. Estamos en una lucha. Esta misión implica un posicionamiento previo en favor de los pobres. No se puede separar esta misión de la opción preferencial por los pobres, es interior a esta opción.

Por otro lado, la opción por la justicia exige muchas cosas: posicionamientos públicos, utilización de medios de comunicación, cuentas claras, interlocuciones políticas e institucionales, mucha capacidad de innovación. Eso supone que no reclama sencillamente "lo de siempre", sino un magis. Es decir, la promoción de la justicia demanda elevar nuestros perfiles apostólicos, lo cual lleva consigo una renovación integral de nuestros ministerios para que se adecuen a esta misión7. Es esta necesidad de elevar nuestro perfil apostólico la que nos exige un conocimiento más adecuado de nuestro mundo, y en consecuencia, un análisis social más agudo. Más aún en tiempos de globalización compleja.

3. Precisamos síntesis sapienciales que orienten y motiven

La investigación social está abierta a la orientación apostólica, en particular cuando desvela los aspectos creativos y esperanzadores de la realidad, cuando denuncia las fuerzas que disgregan o excluyen, cuando propone nuevos modos de abordar las problemáticas sociales... En el fondo, cuando pretende ser agente de transformación e incidir en el ámbito público.

Una vez dicho esto, también debemos afirmar que necesitamos algo más que sólo investigación social. Es preciso ubicarla en un panorama más amplio. Ignacio viene en nuestra ayuda: precisamos más conocimiento interno que exhaustividad, más saber sintético que analítico, más implicación afectiva que desasimiento aséptico, más interdisciplinariedad que fragmentación8 y dosis muy importantes de discernimiento9.

Tenemos necesidad de síntesis sapienciales10 que den cuenta de nuestro mundo, que nos permitan hacernos cargo de él para encargarnos de él. Esas síntesis tienen que ver con aquel "conocimiento interno" que Ignacio nos solicita demandar en el Ejercicio de las dos banderas. Unas síntesis que nos proporcionen conocimiento interno, lucidez ante la realidad, para descubrir en ella las dinámicas de exclusión, extorsión y muerte, a fin de que las confrontemos; y para celebrar las corrientes de vida y liberación a fin de que nos comprometamos con ellas. Hablamos, por tanto, de síntesis sapienciales o conocimiento interno o ignaciano de la realidad, comoquiera que deseemos llamarlo, pues no contamos con un vocablo acuñado que designe esta realidad de la que estamos hablando.

La investigación social se debe situar al servicio de estas síntesis. Esto significa que es más necesaria que nunca, pues cuando no hay análisis hay invención, proyección pura: vemos lo que queremos. El conocimiento sapiencial debe ser riguroso, para aportar honestidad con lo real.

Estas síntesis que elaboren un conocimiento profundo de la realidad deberán:

- Contar con un rigor atento a una multiplicidad de perspectivas,

1. basándose sobre datos e investigaciones sólidas;

2. integrando en su análisis una multiplicidad de disciplinas;

- Ser realizadas en clima de discernimiento orante en común:

3. desvelando nuestros intereses ocultos y alianzas afectivas,

4. elaboradas desde la experiencia: en contacto con los pobres y con aquellas personas e instituciones sociales que trabajan en favor de ellos;

5. dejándose afectar por la realidad;

6. incorporando una lectura teológica;

- Incluir una orientación práctica que vehicule el compromiso y la implicación:

7. generando planteamientos y propuestas;

8. elaborando modos de divulgación razonada y creíble que favorezcan la formación permanente y alimenten nuestras motivaciones y afectos alentando nuestra fe;

9. catalizando una advocacy pública, al establecer una agenda con agentes sociales, eclesiales y políticos.

En general, podemos afirmar que carecemos de -o no contamos suficientemente con- los sujetos colectivos, o comunidades de discernimiento, capaces de llevar a cabo este trabajo. Precisaremos de metodologías nuevas y de maestros que orienten este trabajo. Hay mucho por hacer.

Si la investigación encuentra su ubicación adecuada al servicio de nuestra misión, esto llevará consigo que debe reunir algunas características. En primer lugar necesitará focalizarse en algunos campos sociales, en aquellos que son más relevantes hoy para el desarrollo de nuestra misión. En segundo lugar, esta investigación social deberá preguntarse en favor de quién y en favor de qué está11. En tercer lugar, y puesto que en todos los campos no podremos contar con personas preparadas, se necesitarán las aportaciones de otros muchos investigadores, pertenezcan o no a nuestras instituciones.

Los centros sociales también deberán jugar su papel en la elaboración de este conocimiento interno de la realidad social. Si las síntesis requieren discernimiento, éste se lleva a cabo de modo más adecuado cuando estamos en movimiento y en cercanía a la realidad. Las instituciones en contacto con las realidades sufrientes del mundo tendrán mucho que decirnos.

Ahora bien, ¿basta con las síntesis? No, éstas están encaminadas a orientar mejor nuestra respuesta a la misión.

4. Al servicio del liderazgo apostólico

Sólo un conocimiento interno de la realidad puede orientar nuestro liderazgo

Cuando carecemos de ese conocimiento interno, afectivo y discernido, del que surgen llamadas apostólicas, sólo hay gestión con sentido común. No hay asunción de riesgos, hay conservación; no hay fidelidad ni creatividad, más bien reproducción degenerativa; no hay identidad, sino dilución. Las síntesis iluminarán la realidad, motivarán nuestro compromiso y orientarán la acción.

Habitualmente hay muchos conocimientos en nuestras instituciones sobre el espacio económico y legal en el que se desenvuelven. Conocen bien lo que en jerga empresarial se denomina "el negocio". Sin embargo, la misión a la que responden va mucho más allá de él: un colegio no trabaja meramente para educar, eso ya lo hace la educación pública, con más medios y al menos tan bien como nosotros. Un colegio de la Compañía trata de formar personas que deseen un mundo más justo, capaces de comprometerse en comunidades en este empeño, dispuestas a sacrifi­cios si son necesarios, que saben que la fe es un magnífico resorte de liberación integral del ser humano, para que algunas personas puedan descubrir esta fe como la fuente de sus vidas. Esa misión, como puede verse, pasa por el "negocio" de la educación, pero va mucho más allá del mismo. Sucede otro tanto con la universidad jesuítica, o con las ONGs, o... En la actualidad resulta crucial que todas nuestras instituciones respondan a la misión fe-justicia, porque en ello nos jugamos que en realidad sean instituciones jesuíticas. Pero al mismo tiempo, es muy difícil.

Porque esto significa que hoy los colegios deberían saber mucho sobre inmigración, integración, identidades cruzadas, sobre procesos de integración de la segunda generación; sobre globalización, sobre política mundial, sobre ciudadanía; sobre secularización, sobre socialización religiosa; sobre el papel que los medios y los estímulos tienen en la socialización primaria; sobre los modelos actuales de familia... Las ONGs deberían saber mucho más sobre los aspectos simbólicos y espirituales del desarrollo, sobre el ser humano y las culturas, sobre la relación entre religión y política, sobre fortalecimiento y liderazgo comunitario, formas alternativas de desarrollo económico, descentralización, ecología y tecnología... Y así podríamos seguir repasando otros campos apostólicos.

En definitiva, un conocimiento interno de nuestra realidad social, por limitado y pobre que pueda resultar, contribuirá a que nuestras instituciones puedan responder mejor a nuestra misión. En un momento como el actual, de tanta precariedad de jesuitas, si instituciones como las que regenta hoy la Compañía -grandes, dinámicas y creativas- no reciben esta ayuda, se abrirán su propio camino en la actividad que desarrollan. Pero a la larga, ¿podremos reconocerlas como jesuíticas?

Se precisa a nivel institucional

Las instituciones necesitan este conocimiento interno para poder tomar decisiones con valentía y con ciertas garantías. Porque las decisiones en favor de la justicia y de los pobres requieren un grado de clarividencia. Es ese conocimiento de calidad el que puede ubicar adecuadamente a nuestras instituciones y el que posibilite que el horizonte apostólico al que responden se eleve: con presencia pública, con advocacy, con interlocución con instituciones públicas y privadas y con ámbitos de Iglesia...

Se precisa a nivel provincial / sectorial

Este nivel es mucho más estratégico, pues los sectores y provincias tienen recursos de las que instituciones, por sí solas, carecen. Las síntesis posibilitarán que sectorial y provincialmente se puedan identificar nuevos retos, estudiar qué instituciones responderán mejor a ellos y demandarlo, incluso reflexionar si son necesarias nuevas iniciativas apostólicas, o si conviene abandonar otras.

Es obvio que la misión fe-justicia necesita interlocución política con instituciones eclesiales, con organizaciones sociales, relaciones con medios de comunicación, con financiadores... Más aún en una sociedad tan plural como la nuestra. Este tipo de relaciones es crucial. Este "conocimiento interno" discernido y consensuado será vital para tener una agenda propia en nuestras interlocuciones. Es aquí también donde se ve la importancia de que las síntesis a las que lleguemos estén orientadas a la acción e incluyan posturas, propuestas y recomendaciones. Si logramos hacer algo de esta tarea creceremos como cuerpo apostólico.

Se precisa a nivel de Compañía

También se precisa a nivel de Compañía. En tiempos pasados la reflexión de las instancias de gobierno de la Compañía han supuesto un fuerte aliento e impulso. Los Padres Arrupe y Kolvenbach han sido hombres que han ayudado muchísimo con su clarividencia, sabiduría y aportaciones. No hemos estado a su altura. Sin el apoyo de las instancias más altas del Gobierno de la Compañía y sus visiones sobre el mundo, sería muy difícil sostener nuestra misión en el conjunto de la Compañía, porque abundan en nuestro interior fuerzas disgregadoras.

5. Un posible modelo

El siguiente esbozo propone una organización posible de las diferentes piezas que hemos estado mencionando. Las tomamos primero individualmente y a continuación tratamos de incluirlas en un conjunto organizado.

La investigación social propiamente dicha

Hablamos de una investigación social llevada a cabo en universidades y algunos centros sociales. Algunos análisis necesariamente habrán de ser préstamos de otras disciplinas o procedentes de instituciones que no sean nuestras. Cuando la investigación esté realizada en nuestras instituciones deberá incluir algunos "acentos ignacianos": la explicitación de los presupuestos de los que se parte y la coherencia en el desarrollo; reconocimiento de las influencias y alianzas afectivas que subyacen; destacar en algún momento un "dejarse afectar". En estos casos, esta investigación debería considerar las experiencias realizadas en nuestros centros sociales y en instituciones de otros sectores. Es decir, la investigación social ignaciana debería incluir algunas características específicas.

La reflexión social de nuestros centros sociales

También nuestros centros sociales realizan su propia reflexión sobre la realidad. Aprenden de su experiencia, de las situaciones ante las que se encuentran y que meditan muchas veces de una forma sistemática, y en otras ocasiones, de modo más libre. También hacen uso de lecturas o aportaciones que reciben de algunos analistas sociales. Algunas características de esta reflexión de la experiencia es que es apasionada, a veces puede preferir el eslogan al rigor. Y si bien se centra en una única parcela de la realidad, ante ella su acercamiento es holístico, recogiendo una diversidad de perspectivas y disciplinas.

Conocimiento ignaciano de la realidad

El conocimiento ignaciano de la realidad debe partir de los dos elementos anteriores para alcanzar sus propias síntesis. Será realizado en una comunidad de discernimiento, en la que habrán de participar personas que realizan el análisis de la realidad y aquéllas que parten de las experiencias de los centros sociales.

Ya hemos señalado algunos cometidos de este conocimiento ignaciano: recoger análisis interdisciplinares; construirse también desde la experiencia; dejarse afectar por la realidad; incorporar una lectura teológica... También hemos indicado que necesitará de metodologías adecuadas y de maestros que dirijan los procesos de búsqueda.

Al servicio del liderazgo apostólico

Presentamos a continuación cómo quedaría un esquema final organizado con todos los elementos que hemos mencionado:

Un aspecto que debería quedar subrayado en el esquema: el conocimiento ignaciano debe ayudar a un mejor liderazgo apostólico. Esto significa que los ámbitos de liderazgo se han de sentir interpelados por las lecturas de la realidad que broten del conocimiento ignaciano. Si esto no sucede, el esquema se desinflaría pronto por no adquirirse compromisos. Así, el elemento tractor del proceso debe ser el ámbito de liderazgo apostólico. Es el que tiene la capacidad para organizar agendas, solicitar estudios y tomar decisiones a partir de ellos. Sin él el esquema no funciona.

Podríamos preguntarnos: ¿para qué tanto montaje? ¿No basta con un buen equipo de liderazgo apostólico, que conozca la realidad y tome decisiones? En realidad esto es cierto. Probablemente así se haya hecho durante mucho tiempo. Pero hoy este es un ideal inalcanzable. No hay personas que conozcan los estudios y las experiencias, sean capaces de valorar y discernir su importancia y después tengan la potestad de tomar decisiones sobre obras y personas. Pensar que esto es factible es ilusión. Sin embargo, esta reflexión sí da pie a pensar que habría personas que deberían estar en varios de estos ámbitos. Con ello se lograría empatar mucho más el engranaje.

En resumen, la investigación social constituye un elemento vital hacia las síntesis sapienciales sobre la realidad que hoy necesitamos para responder de forma adecuada a nuestra misión fe-justicia. En definitiva, un análisis social al servicio del liderazgo en nuestra misión por la fe y la justicia.

Fuente: Promotio justitiae

Notas:

1. CG 35, d.3, n. 39 (iii)

2. San Ignacio, Autobiografía, n. 26.

3. Ibid. n. 45.

4.Ibid. n. 50.

5.CG 34, d. 4, n. 10.

6. CG 32, d. 4, n.6.

7. CG 32, d. 4, nn. 9 y 76.

8. CG 34, d. 17, n. 10.

9. CG 32, d.4, n. 10.

10. Kolvenbach P. H., Selección de escritos (1991-2007), Conferencia en la Universidad de Santa Clara (6 de octubre de 2000), p. 305: "...lo que está en juego es... un diálogo interdisciplinar sostenido de investigación y reflexión, un continuo poner en común los conocimientos de todos. Su intención es asimilar las experiencias y las intuiciones de las diferentes disciplinas en 'una visión del conocimiento que, muy consciente de sus limitaciones, no se satisfaga con los fragmentos, sino que intente integrarlos dentro de una síntesis sabia y verdadera' de la realidad de nuestro mundo. Desgraciadamente muchos profesores no se sienten todavía, académica, humana y, me atrevería a decir, espiritualmente, preparados para un intercambio de tal envergadura".

11. Kolvenbach P. H., Selección de escritos (1991-2007), Conferencia en la Universidad de Santa Clara (6 de octubre de 2000), p. 305: "...todo el conocimiento que se adquiere en la universidad es valioso en sí mismo, pero es además un conocimiento que tiene que preguntarse a sí mismo, "en favor de quién y en favor de qué" está".

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21.07.10 @ 23:15:32. Archivado en Europa, Las Américas, Universidades, Religiones, Migraciones, Pro justitia et libertate, África, Asia, Oceanía

18/07/2010

De la noble rendición de Breda a la ignoble del Mundial

 

 

"La rendición de Breda" según Velázquez, detalle de SGB

Velázquez desarrolla el tema de la confrontación directa de vencedores y vencidos, en el acto simbólico de la rendición de Breda, sin vanagloria ni sangre. Los dos protagonistas, el general holandés y el general español, están en el centro de la escena y más parecen dialogar como amigos que como enemigos. Justino de Nassau aparece con las llaves de Breda en la mano y hace ademán de arrodillarse, lo cual es impedido por su contrincante, el general hispanoitaliano de Spinola, que pone una mano sobre su hombro y le impide humillarse.

Esta escenificación diplomático-militar, altamente simbólica de una opción deontológica, significa una ruptura inequívoca con la escenificación tradicional del héroe militar triunfante, que solía representarse erguido sobre el derrotado, humillándolo. Igualmente, por su calor humano, se aleja del hieratismo que dominaba los cuadros de batallas.

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Como rendición holandesa, preferimos la de Breda a la del Mundial.

Como europeos y como universalistas nos cuesta trabajo pasar de la admiración ante la noble rendición holandesa de Breda a la repugnancia ante la ignoble rendición del Mundial.

De Jong, pateando a Xabi Alonso, escenifica el juego sucio de los malos perdedores

Foto escogida por Johan Cruyff para su artículo crítico: De Jong patea brutalmente el pecho de Xabi Alonso en una jugada que sólo le valió la amarilla, ayer. REUTERS / David Gray

Johan Cruyff: "Ese estilo feo, ramplón, duro, hermético, poco vistoso, poco futbolístico (vale, es una manera de jugar y hasta de ganar, pero no la comparto), sí les sirvió a los holandeses para desquiciar a España. Si con eso se conformaban, vale, pero acabaron perdiendo. España, tras 20 minutos estupendos, en los que jugaron como equipo y, sobre todo, en los que con un solo delantero (Villa) parecían, como es costumbre en ellos, jugar con cinco atacantes, aceptó el cambio de golpes y entró en la provocación. Y España se partió. Sus líneas quedaron desconectadas. Todos estaban separados por diez metros o más. No se encontraban, no llegaban a la presión. Los sacaron de quicio. Y por un buen rato. Unos practicaban el antifútbol al considerar que era la única manera de sobrevivir y los otros, los favoritos, vivían en un escenario que les sonaba demasiado por detestable, por feo. Por eso se llegó al 0-0, porque los que querían no podían."

Fuente: Johan Cruyff:'El que más se lo merece'
www.elperiodico.com/es/noticias/deportes/20100712/cruyff-...

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Como rendición holandesa, preferimos la de Breda de 1625 a la del Mundial de 2010

1. "La rendición de Breda" como modelo deontológico

Para Velázquez, no sólo pintor real sino también diplomático y humanista, la rendición de Breda fue un acto de honor militar presidido por la cortesía entre los vencedores Españoles y los vencidos Holandeses. Justino de Nassau, general de los Holandeses, capituló el día 5 de junio de 1625. Fue una capitulación honrosa que el ejército español reconoció como tal.

Una copia del cuadro que representa este hecho histórico se encuentra en el interior de la Colegiata-Catedral o gran iglesia de Breda, llamada "Onze Lieve Vrouwe Kerk" = 'Église Notre-Dame'. El espléndido original de este cuadro, pintado por Velázquez entre 1634 y 1635, para la decoración del denominado Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, pertenece actualmente al museo del Prado.

Velázquez desarrolla el tema sin vanagloria ni sangre. Los dos protagonistas están en el centro de la escena y más parecen dialogar como amigos que como enemigos. Justino de Nassau aparece con las llaves de Breda en la mano y hace ademán de arrodillarse, lo cual es impedido por su contrincante que pone una mano sobre su hombro y le impide humillarse. En este sentido, es una ruptura con la tradicional representación del héroe militar, que solía representarse erguido sobre el derrotado, humillándolo. Igualmente se aleja del hieratismo que dominaba los cuadros de batallas.

Velázquez representa con realismo al general Spínola, al que conocía personalmente, pues habían viajado juntos a Italia en 1629. Un realismo semejante, con caracterización individual de los personajes secundarios, se aprecia en los rostros de los soldados, que están tratados como retratos

Asedio y rendición de Breda

"Felipe IV nombró como jefe supremo de la expedición a Breda al mejor estratega a su servicio conocido en aquella época, al aristócrata genovés Ambrosio de Spinola, que se puso al mando de 40.000 hombres más un buen número de generales españoles, como el marqués de Leganés y don Carlos Coloma, militares muy famosos.

La ciudad de Breda estaba defendida por Justino de Nassau, de la casa de Orange. El cerco y sitio a la ciudad fue una lección de estrategia militar. Algunos generales de otras naciones acudieron allí en calidad de lo que hoy se entiende como «agregado militar», para conocer y observar la táctica del gran Spinola. Lo principal era impedir que hasta el sitio llegaran refuerzos de víveres y municiones. Para ello se realizaron una serie de acciones secundarias; una de las que más éxito tuvo fue el anegar los terrenos inmediatos e impedir así el paso a la posible ayuda.

Las crónicas de la época cuentan que la defensa de Breda llegó a ser heroica, pero la guarnición tuvo que rendirse y levantar la bandera. Justino de Nassau capituló el día 5 de junio de 1625. Fue una capitulación honrosa que el ejército español reconoció como tal, admirando en su enemigo la valentía de los asediados. Por estas razones permitió que la guarnición saliera formada en orden militar, con sus banderas al frente. Los generales españoles dieron la orden de que los vencidos fueran rigurosamente respetados y tratados con dignidad. Las crónicas cuentan también el momento en que el general español Spinola esperaba fuera de las fortificaciones al general holandés Nassau. La entrevista fue un acto de cortesía, el enemigo fue tratado con caballerosidad, sin humillación. Este es el momento histórico que eligió Velázquez para pintar su cuadro."

Fuente: Wikipedia: "La rendición de Breda" según Velázquez.

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2.Vuelta al modelo deontológico de "La rendición de Breda"

No nos cabe ninguna duda de que la visión de Velázquez, gran amigo y conocedor tanto de los Países Bajos como de los protagonistas del episodio diplomático militar de su obra "La rendición de Breda", ha contribuido sociogenéticamente de manera extraordinaria al prestigio moral de la nación holandesa.

Tampoco nos cabe duda de que el espectáculo multimediático del comportamiento de la selección holandesa, en su confrontación con la selección española, durante la prueba suprema del Mundial de fútbol 2010, ha dañado peligrosa e injustamente la imagen moral de la nación holandesa actual.

Creemos que "La rendición de Breda" escenifica la grandeza de dos pueblos europeos en un momento muy difícil de su Historia, mientras que "La rendición holandesa del Mundial 2010" escenifica un gravísimo problema deontológico del fútbol mundial, que puede dañar gravemente, si la Fifa no lo supera con un solemne acto de reparación, las causas del universalismo moral y de la todavía frágil convivencia ciudadana europea.

A nuestro modesto entender de promotores de la deontología, muy preocupados por la evidente deriva moral del fútbol profesional globalmente comercializado, este acto de reparación debe ser organizado cuanto antes por las dos selecciones nacionales de fútbol, solicitadas y patrocinadas por la Fifa.

El acto consistiría en un encuentro amistoso de exhibición técnica y estética del modelo futbolístico ofrecido actualmente a la juventud como el más artístico. Este modelo de gran espectacularidad, conocido y practicado por ambas selecciones nacionales en sus mejores días de juego, parece ser el de la escuela holandesa, traído a España por el excelente ex entrenador holandés del Barça Johan Cruyff, discípulo y emblema de "la naranja mecánica". El mismo modelo ha sido enriquecido y socializado en Barcelona y en Madrid por los españoles Josep Guardiola, actual entrenador del Barça e incontestable heredero futbolístico directo de Johan Cruyff, como "jefe de orquesta" de su "Dream Team", y por Vicente del Bosque, figura emblemática de la humanización y valorización deontológica del modelo como seleccionador nacional.

Se han de tomar como testigos de esta reconciliación los espectadores del mundo entero, empleando los mismos medios multimediáticos que retransmitieron el partido final del Mundial 2010.

Es imprescindible que este encuentro de reparación tenga una escenografía explícita de reconciliación entre los futbolistas que se han visto confrontados en "momentos de enemistad". La mejor manera de subrayar esta escenografía, que podría culminar el acto, sería el acompañarla con piezas musicales de grandes autores tanto holandeses como españoles. Los dos himnos nacionales serían seguidos por el himno de la Unión Europea, cuyo autor es el alemán de origen flamenco Ludwig van Beethoven (1).

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(1) El 7 de mayo de 1824, diez años después de la Octava Sinfonía, Beethoven presenta en el Teatro de la Corte Imperial de Viena su Novena Sinfonía en RE Menor, Op. 125 -posteriormente conocida como “Coral”- cuyo cuarto y último movimiento concibió para ser interpretado por un coro y solistas, basándose en la "Oda a la Alegría", escrita por Friedrich von Schiller en 1785. Este cuarto movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven fue adoptado en 1985 como Himno de la Unión Europea (UE), siendo interpretado por primera vez de manera oficial el 29 de mayo de ese mismo año.

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18.07.10 @ 10:30:03. Archivado en Europa, España, Sociogenética, Convivencias europeas, Educación, Pro justitia et libertate, Geopolítica, África, Deportes

28/06/2010

La alegría infinita de Díez-Alegría

Los días de duelo que compartimos a través del mundo los antiguos alumnos del padre José María Díez-Alegría, me brindan la ocasión de recordar mi deuda de reconocimiento por la orientación que tomó mi vida a causa de mi relación intelectual y académica con él.

Durante el año escolar 1959-60 tuve el privilegio de compartir muchos ratos de conversación con el padre José María Díez-Alegría, mi profesor de Ética en la Facultad filosófica complutense.

Explico las razones de este privilegio, tal como yo lo viví subjetivamente, con la seguridad de que cada uno de los antiguos alumnos del padre José María Díez-Alegría puede explicar el privilegio vivido en su caso propio. Lo mismo puedo decir de los muchos colegas y amigos que ha tenido durante toda su vida: el privilegio que les reservaba a todos y a cada uno derivaba de sus ilimitadas sencillez, bondad y generosidad. Estas virtudes suyas, compañeras inseparables de su excepcional inteligencia, las descubrimos muchos de sus discípulos de la facultad filosófica complutense tanto en sus clases como al lavar y secar los platos con él en la cocina de la comunidad jesuita.

Siguiendo una tradición ancestral de las facultades jesuitas, una de las disciplinas de cada curso del programa académico debía organizar el solemne acto público "mensualis". Éste acto consistía en la defensa de un importante conjunto de tesis por un estudiante-defensor, frente al ataque, lo más severo y formal posible de las tesis, en primer lugar por dos estudiantes-adversarios de la misma clase que el defensor, con facultad de atacar las tesis de su elección, y luego por los profesores de la facultad e invitados del exterior. La frecuencia de este acto solemne, a pesar de su nombre, no era de una vez al mes, sino de una vez al año.

Aquel año escolar 1959-60 la disciplina escogida para los cursos de licenciatura fue la Ética. El padre Díez-Alegría, responsable de la materia, me designó a mí como defensor de las tesis presentadas ya por él hasta ese momento del año. Nos encontrábamos hacia la mitad del año escolar. La preparación de mi defensa para el acto público, me ofreció la ocasión de trabajar en estrecha colaboración con él, motivando, estructurando, profundizando y argumentando las tesis a defender.

Recuerdo que al abordar la tesis sobre la propiedad privada me hizo observar el derecho que tenían los habitantes de las cuevas inhospitalarias, que había muy cerca de la facultad, de venir a ocupar las dependencias vacías de nuestro edificio... Su derecho de extrema necesidad era natural mientras que el nuestro era solamente positivo y limitado por el primero.

Imagino que me designó como defensor de sus tesis, preparando el paso siguiente de su atención por mi carrera académica como filósofo más bien que como electrónico -materia en que era conocida mi pasión tanto teórica como práctica-, puesto que unos meses después, recién obtenida mi licenciatura en filosofía, las autoridades de la provincia jesuita andaluza, informadas por mis profesores de la facultad complutense, me nombraron profesor de Ética y de Metafísica en el Seminario mayor de Córdoba, dependiente por aquél entonces de la Compañía.

Es muy posible que la investigación y la enseñanza de la electrónica me hubieran reservado una vida mucho más divertida y apacible que la de profesor de filosofía, que entre otras cosas me obligó a expatriarme y a asumir la dureza del exilio, pero siempre me ha consolado y servido de apoyo la reserva de infinita alegría que me procuraron mis maestros de Alcalá, entre los cuales destacaron para mí los padres Hellín, Caffarena y Díez-Alegría.

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José María Díez-Alegría ha sido al mismo tiempo valiente y sencillo, creyente y crítico, rebelde y fiel, cordial y contundente, afable y molesto, demoledor y constructivo, anti-institucional y eclesial, poeta e intelectual, humorista y comprometido, no marxista y "anti-anti-marxista", obediente y desobediente, intelectual y asequible, erudito y popular, maduro y enfant terrible, jesuita y jesuita (aunque sin papeles), y sobre todo y en una palabra, un hombre bueno.

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La alegría infinita de Díez-Alegría
por Pedro Miguel lamet

Publicado en Junio 25th, 2010

Esta madrugada se nos ha ido a punto de cumplir los 99 años de edad José María Díez-Alegria, un hombre libre, un gran cristiano, un personaje singular y un referente de la Iglesia española del siglo XX. Tuve la suerte de escribir su biografía, lo que me permtió largas horas de sabrosa charla con aquel conversador genial y ameno que era y aprender de él grandes lecciones vivas de cristianismo. En ese libro, "Un jesuita sin papeles", está cuanto sé de él. Aquí, a vuelapluma, una síntesis de su personalidad:

Decía, el genio de nuestra Literatura Baltasar Gracián, jesuita que tuvo problemas con la censura que “No hay en el mundo señorío como la libertad de corazón”. Algo en que curiosamente viene a coincidir el Concilio Vaticano II, cuando define la conciencia como “ese núcleo más secreto y sagrado del hombre en que está a solas con su Dios y cuya voz resuena en la intimidad” para poder elegir.

Su peripecia humana se puede dividir en tres partes. Como de la Virgen María se habla de antes del parto, en el parto y después del parto, la vida de Díez-Alegría podemos hablar de alguna manera antes del libro, en el libro y después del libro. Y cuando me refiero al libro hablo de "Yo creo en la esperanza", la obra que provocó el famoso escándalo en 1973.

1. Antes del libro. Es el periodo que va de su nacimiento al momento en que Alegría sufre una operación que le hace sentirse en peligro de muerte. Dentro de este periodo otros tres: su infancia y juventud, su formación en la Compañía de Jesús y su etapa de profesor.

22 de octubre de 1911, nace en Gijón, lo que quiere decir que José María es asturiano, lo cual ya es decir mucho.

“Yo nací en un banco”. La sucursal del Banco de España en Gijón. Familia católica tradicional. Excelentes padres, sencillos, cultos y buenos. Cuatro hermanos. Manuel y Luis llegarían a ser tenientes generales. Calle Santa Elena. Instituto Jovellanos. Gerardo Diego y congregante mariano.

Excelente estudiante de Derecho en Madrid y joven católico de derechas. Después de unos Ejercicios siente la vocación más al seguimiento del Jesús del Evangelio que al sacerdocio como tal. Ingresa en la Compañía y cuando estaba en el noviciado de Aranjuez en 1931 se produce la quema de conventos. Exiliado a Bélgica estudia filosofía junto a su gran amigo José María de Llanos. Allí comienza su crisis de fe los 25 años a partir de la duda filosófica de si el hombre puede tener certezas absolutas. Descubre que la fe es una gracia.

En 1937, destinado como maestrillo al Colegio de Villafranca, donde falto de paz duda de si debe dejar la Compañía, pero decide esperar. La luz se producirá en Granada donde con la lectura de San Juan de la Cruz y el estudio de la teología recupera la paz. Los superiores le destinan a profesor de Filosofía. Viaja a Oña y Portugal para preparar su tesis sobre la Ley Natural en Luís de Molina y los maestros de la Universidad de Evora. Que defiende en Roma en la Gregoriana en 1946.

De regreso a España hará otro doctorado en Derecho civil y ejercerá como profesor en la facultad de filosofía de los jesuitas de Chamartín en Madrid. Será un profesor modelo, cercano, humano y humorista que irá descubriendo el sentido social de los Padres de la Iglesia y un rector diferente. Tanto que a los tres años de superior es destituido y enviado a completar estudios durante un semestre sabático en Alemania. Aires nuevos. A su vuelta el contacto con el P. Llanos y el Pozo del Tío Raimundo será un revulsivo importante en su evolución posterior. Comienza a pronunciar conferencias de contenido social osada para aquellos años de franquismo y a convertirle en un posconciliar antes del Concilio. Durante el Vaticano II tendrá aportaciones importantes sobre la libertad de conciencia y la no violencia. En 1961 destinado a Roma. Su postura ante la ley del divorcio y otros problemas de la Iglesia italiana crean escándalo.

2. El libro: En 1971 mientras daba una conferencia en Lisboa cae enfermo. Mielopatía por espondelosis vertical. Operado en Madrid y convencido de que puede morirse decide escribir un libro en el que exponer sin rodeos todo lo que piensa sobre la fe, la Iglesia, el celibato, el marxismo. etc. Se lo comunica al general P.Arrupe, haciendo de objeción de conciencia a la censura. Al final el libro aparece en España y se convierte en un escándalo internacional. En nuestro país el escándalo es doble por la situación política y por sus dos hermanos, jefe del Estado Mayor y de la Casa Militar de Franco. Destituido como profesor de la Universidad Groriana vuelve exclaustrado a Madrid y se aloja en el Pozo del Tío Raimundo.

3. Después del libro. Junto con Llanos se convierte en un referente de la lucha por las libertades y el compromiso con los más pobres. En 1975 termina su periodo de exclaustración y dadas las circunstancias decide abandonar la SJ. Pero Arrupe le ofrece vivir de por vida en casas de la Compañía.

Tras esta azarosa vida cabe hacerse dos preguntas. ¿Quién es realmente Alegría? Y ¿qué significado tiene su figura para el mundo de hoy?

El día que recibió la medalla del trabajo, entre su amigo el hermano Burguillos (que le prestó el traje de su cuñado para el evento) y el autor de este blog.

I. ¿Quién era Díez-Alegría?

1. Todos los amigos de Alegría coincidimos en que tratar con él era además de un placer relacionarse con una rara avis en los tiempos que vivimos. Frente a los clichés preestablecidos de intelectual petulante, “cura comunista” y enfant terrible, el padre Díez-Alegría es un hombre sencillo, que como buen profesor matiza con exquisitez académica y al que además ni los más finos inquisidores han conseguido hallarle ni la más mínima herejía o heterodoxia en sus escritos. Pero sobre todo que es un hombre de fe, que se ha identificado con los pobres y marginados del Evangelio de Jesús. Un creyente que yo diría paradigmático, catalizador de una forma de entender la fe en nuestro tiempo. Es incluso un hombre piadoso, devoto de María de Nazaret, a la que sigue rezando el rosario diariamente. Y sobre todo es un hombre de esperanza.

2. Humanamente hablando era un hombre cercano, excelente conversador, amigo de sus amigos y que nunca ha perdido el sentido del humor. Hoy más que nunca nos conviene no olvidar que el humor es una forma de amor, un sonreír entre lágrimas que permitió a Cervantes encumbrar un loco y a Charles Chaplin convertir en héroe a un vagabundo marginal.

3. Es un hombre de Iglesia, a la que quiere en su sentido más original de koinonía, comunidad que pretende seguir a Jesus, pero no infantilmente, sino como hijo adulto y crítico, purificándola de la ganga que arrastra por los siglos. Una Iglesia “semper reformandam”, una Iglesia madre y santa pero también “casta meretrix”, como la llamaban los antiguos, que necesita hijos rompedores y críticos como José María.

4. Es un profesor y un pedagogo, dimensión que han mantenido siempre, no sólo cuando enseñaba Ética y Ciencias Sociales, sino cuando escribe sus libros o incluso artículos en los periódicos. Ha sabido expresar claramente su pensamiento sin pelos en la lengua y sin miedo, pero al mismo tiempo con tolerancia, respetando el pluralismo y el modo de pensar de los demás, con rigor de pensamiento y coherencia absoluta entre lo que ha dicho y lo que ha puesto en práctica toda su vida.

5 Alegría era un gran jesuita. Quiero subrayar esto porque es verdad. Él está jurídicamente fuera de la Compañía de Jesús, como sabéis, pero ha seguido viviendo como tal. Con un concepto dinámico de su pertenencia, donde los hombres y el amor hacia ellos es algo más importante que la institución. Paradójicamente, el P.Arrupe, antagonista en un periodo muy a pesar de ambos, también ponía a la persona por encima de lo institucional. De aquí que me haya resultado apasionante seguir el obligado enfrentamiento entre ellos –como biógrafo de los dos-, cuando en el fondo estaban mucho más cerca de lo que parece.

6. Y por último Alegría fue un hombre que se adelantó a su tiempo. Por eso Alegría nunca ha dejado de ser joven, porque ha perforado siempre los acontecimientos hasta tocar lo más nuclear de la vida, aunque esto le costara aparecer como inconformista y revolucionario. Esa valentía le permitió convertirse en uno de esos hombres “bisagra” que contribuyeron a que las puertas de este país y más en concreto los creyentes se abrieran a la transición democrática. De mano del gran P. Llanos, del que el año pasado celebrabamos sus cincuenta años de su desembarco en el Pozo del Tío Raimundo.

Por todo ello escribir su biografia ha sido una gran experiencia, pues nadie puede negar que José María Díez-Alegría ha sido al mismo tiempo valiente y sencillo, creyente y crítico, rebelde y fiel, cordial y contundente, afable y molesto, demoledor y constructivo, anti-institucional y eclesial, poeta e intelectual, humorista y comprometido, no marxista y anti-anti-marxista, obediente y desobediente, intelectual y asequible, erudito y popular, maduro y enfant terrible, jesuita y jesuita (aunque sin papeles), y sobre todo y en una palabra, un hombre bueno

II. ¿Qué significado tiene la vida de Díez-Alegría en el momento que estamos viviendo en el mundo y en nuestro paìs?

1. En tiempos tumultuosos de crisis de valores y con la libertad muy diezmada por los condicionamientos económicos, mediáticos y sociopolíticos es defender que la libertad es un derecho de la persona que nos hace superar las ataduras de la economía de mercado, el consumo, la publicidad, el pensamiento único e incluso la propia religión.

2. En tiempos de enfrentamientos políticos partidistas, donde parece que lo único importante es el provecho de tal o cual partido, más que la justicia social; cuando ponemos nuestro bienestar por encima de la justicia, el hambre de los pobres, y nuestra sociedad del confort frente a los inmigrantes de las pateras, el éxito del mercado y las audiencia más que el respeto a la verdad y la honradez, necesitamos un baño de coherencia. Y eso es Alegría, coherencia con el mensaje troncal del Evangelio.

3. Cuando la guerra y la violencia deterioran la convivencia internacional en la medida en que todos sabemos, el pensamiento ético antiviolento de Díez-Alegría sigue siendo una bocanada de aire fresco.

4. Cuando nuestra Iglesia vive un poco a la defensiva y como refugiada en los castillos de la ortodoxia hacen falta hombres de frontera y diálogo que den credibilidad al cristianismo en esa tierra común y difícil donde agnósticos e increyentes encuentren al menos una mínima zona de diálogo.

5. Y (como se ha dicho), en un momento en que algunos parecen querer hacer resucitar las dos Españas, identificando de nuevo la fe y el compromiso social con la derecha o con la izquierda, vale la pena dar vueltas a la moviola para intentar regresar a los intentos de reconciliación y superación del clericalismo y el anticlericalismo de la transición, porque nadie tiene la exclusiva del Evangelio, el Espíritu sopla donde quiere y la Iglesia debe ser al mismo tiempo crítica, libre y alejada de todas las formas de poder.

6. Y sobre todo necesitamos ese optimismo, el talante de humor y el distanciamiento que Díez-Alegría aportó en tiempos de radicales enfrentamientos.

Quizás por eso uno de los textos bíblicos preferidos de José María es el que nos narra el momento en que Elías sube a la montaña en que Dios se había manifestado a Moisés. Allí se va a hacer presente el Dios de Abraham. Vino un huracán violento, pero no estaba Dios en el viento. Después vino un terremoto, pero Dios no estaba en el terremoto. Después un fuego, pero no estaba Dios en el fuego. Después del fuego se oyó una brisa tenue. Allí estaba Dios.

Yo veo a Alegría como una brisa tenue entre tanto huracán, fuego ira, dogmatismo y terremoto. Ni siquiera quiso ser enterrado, sino que dio su cuerpo a la Facultad de Medicina. Como si quisiera decirnos con ese gesto que ahora goza de la libertad y alegría infinitas sobre las que tanto predicó. Gracías por ser, José María. Ruega por nosotros a Dios, buen amigo.

Pedro Miguel Lamet
Publicado en Junio 25th, 2010.

“Yo siento que lo más supremo de lo humano es el verdadero amor”

“El cristianismo histórico es lo contrario de lo que fue Jesús.”

“Reafirmo que mi fe en la resurrección se refiere con toda rotundidad y con íntimo gozo a Jesús. Se refiere también con fuerza a los pobres y marginados injustamente oprimidos.”

J.M. Díez-Alegría

28.06.10 @ 12:30:00. Archivado en Sobre el autor, Europa, Universidades, Amistad Europea Universitaria, Hispanobelgas, España, Sociogenética, Ética, Religiones, Ecumenismo, Bélgica