29/09/2008

Cervantes, Roope Eronen y Finlandia

Cervantes, Roope Eronen y Finlandia

Permalink 29.09.08 @ 23:30:00. Archivado en El Quijote, Pro amicitia universale, Didáctica, Educación, Pintura

Para un estudioso de la obra cervantina como yo es una feliz coincidencia el que los jóvenes editores de “Historiaens Press” me pidan este 29-09-2008 que escriba unas líneas para presentar la “obra adolescente” del joven Autor y Editor multimediático finlandés Roope Eronen.

Lo hago con sumo gusto, porque se me brinda así la ocasión de celebrar de la manera más digna posible el 461 aniversario del nacimiento de Cervantes, asociando esta celebración no solamente con el descubrimiento de la génesis de la obra de un Autor actual particularmente apreciado por la prometedora generación de Autores multimediáticos, sino también con el éxito evidente del modelo de educación finlandés, una de cuyas pruebas más evidentes es precisamente la obra de Roope Eronen.

Comenzaré por dedicar unas líneas a la memoria de Cervantes. Luego me ocuparé de los valores que encuentro en la “obra adolescente” del joven Autor y Editor multimediático finlandés Roope Eronen. Terminaré evocando una serie de valores del modelo de educación finlandés, que considero como la explicación sociogenética del éxito actual de los jóvenes Autores finlandeses.

Cervantes

Si el autor de la obra más universal de la literatura española viviese, cumpliría hoy 461 años: Miguel de Cervantes nació en Alcalá de Henares el 29 de septiembre de 1547. Su obra más conocida, llamada convencionalmente “El Quijote”, para abrazar los dos volúmenes con títulos y fechas de redacción diferentes, es considerada con razón por la crítica como la primera novela moderna. En los dos momentos de su publicación, separados por diez años de intensa creación literaria y modesta resignación humana, al contemplar la mezquindad de quienes menospreciaban su genio, Cervantes tenía 58 años al publicar su primer volumen del Quijote:“El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, y 68 años al dar a la luz el segundo: “El caballero Don Quijote de la Mancha”.

Es bueno saber, al tomar en las manos esta novela entrañable, que su Autor, cuyo primer volumen había sido plagiado por uno de sus peores detractores literarios e intensamente pirateado por diferentes editores, tanto españoles como extranjeros, dedicó la mayor parte de su segundo volumen a los temas de la verdad y de la autenticidad.

Roope Eronen

Conocí a Roope Eronen en el Palacio de Bellas Artes de Bruselas, con ocasión de una manifestación artística interdisciplinar, Näköuni / Vision Dream, organizada en el contexto de Europalia 2006, para celebrar la presidencia europea de Finlandia. Roope Eronen participaba en esta manifestación no solamente como dibujante y como músico, sino también como actor enmascarado, durante un espectáculo que entusiasmó hasta tal punto a los espectadores más pequeños, que estos se pusieron a actuar junto a él.

Esta manifestación en el “Bozar” de Bruselas fue la ocasión de apretar los lazos de amistad ya existentes entre el grupo interdisciplinar finlandés y su análogo belga, tres de cuyos miembros tuvieron la idea de pedir a Roope Eronen que les confiara su “obra adolescente” inédita, para darla a conocer en Bélgica. Fue el nacimiento de una nueva colección de “Historiaens Press”, que ya había publicado el Yearbook 2005 de Buffle.

Lo primero que impresiona en la “obra adolescente” de Roope Eronen es su precocidad: todas las obras presentadas están fechadas entre los trece y los dieciséis años de su Autor.
En segundo lugar impresiona la temática: la vida vs. la muerte; el bien vs. el mal; lo monstruoso vs. lo humano; lo verdadero vs. lo falso; la apariencia vs. la realidad; la soledad vs. la compañía; la fidelidad vs. la traición; etc.

Destaca entre los temas el de la gemelidad, al cual consagra Roope Eronen un Cómic de doce páginas, que le ofrecen la ocasión de emplear algunos de los mecanismos fundamentales de la tragedia, tal como los conocemos desde su modelización por Aristóteles en su Poética: separación (de los dos gemelos); revelación de un secreto (la existencia de Nicolás); búsqueda; reencuentro; reconocimiento; golpes de teatro, etc.

En tercer lugar llama la atención la variedad de técnicas formales empleadas por Roope Eronen en sus dibujos: el lápiz; el carboncillo; la tinta china; el rotulador; la acuarela; etc.
También impresionan la energía de los rasgos en la ejecución de los personajes y la rotundez en la elección de los puntos de vista compositivos.

Finlandia

Como profesor admiro que en Finlandia se utilicen todos los espacios de las escuelas, para que los niños trabajen en cualquier momento y sobre cualquier tema, y que las puertas de las clases permanezcan abiertas.

También admiro que las escuelas dispongan de talleres, donde los niños trabajan con todo tipo de materiales.

Los niños finlandeses aprenden la interdisciplinaridad desde muy pequeños, no confinándose nunca exclusivamente en una disciplina aislada, sino realizando actividades relacionadas con otras áreas.

En Finlandia se da mucha importancia a la creatividad de los niños en las artes plásticas. Es corriente el traducir obras literarias mediante dibujos, pinturas, móviles, etc.
Llama la atención de los visitantes españoles que en sus clases haya con frecuencia un piano que los profesores saben tocar, para acompañar los cantos frecuentes de los niños.

Los profesores de la enseñanza primaria son licenciados universitarios. Los padres de los niños colaboran estrechamente con los profesores, viviendo con ellos en la escuela la corresponsabilidad más plena. Los profesionales finlandeses consideran que una de las obligaciones ligadas a su profesión es la colaboración con las comunidades educativas de la enseñanza. Por eso es corriente encontrarlos animando sesiones de música, pintura, literatura, teatro, etc.

También llama la atención de los visitantes españoles la presencia de ordenadores en casi todos los espacios de los centros escolares, así como la utilidad que se les dan a los mismos. Los niños pueden en cualquier actividad ir a buscar información, para preparar o completar un trabajo.

Conclusión

La “obra adolescente” de Roope Eronen es una de las pruebas más claras del éxito evidente del modelo de educación finlandés.

Salvador GARCIA BARDON
Profesor emérito de la Universidad de Lovaina

11/05/2007

Dibujar a la plumilla como Doré

Dibujar a la plumilla como Doré

Permalink 11.05.07 @ 22:48:00. Archivado en El Quijote, Poética, Pintura

Mi vocación de dibujante a la plumilla se confunde con mi acceso al tintero escolar. Esta ceremonia solemnísima fue considerada por mí como la celebración de un acto iniciático que me permitía franquear la barrera de la desconfianza de los adultos, que me tenía confinado en los dominios del lapicero.

Como mis primeras lecturas se desarrollaban por las páginas de un Quijote ilustrado por Gustave Doré, siguiendo el imparable entusiasmo vallisoletano de mi padre, a la hora de la siesta andaluza, nunca dormida y siempre animada con nuestras francas risas castellano-cervantinas, uno de mis deseos más ardientes de aquella época era el imitar con mi pluma las excelentes ilustraciones de este autor.

Evocando este recuerdo, cae en mis manos la entrevista que el Faro diario hace al ilustrador Julián Redondo (Collado Villalba, 1954), icono en el arte de su localidad, con 40 años de carrera.

“No soy un bohemio, lo que sí soy es un desastre”

Un ejemplar del Quijote con grabados de Gustave Doré inoculó a los 12 años la pasión por el grabado y la plumilla en Julián Redondo (Collado Villalba, julio de 1954). Desde entonces, cientos de retratos, paisajes y escenas oníricas han salido de su estudio, sin mayores reconocimientos, “porque además no me gusta presentarme a concursos”. Aún así, en 1980 logró el Segundo Premio Nacional de Pintura Juvenil y con 19 años ganó el Villa de El Escorial con un espectacular óleo llamado El Sueño de Velázquez (1972), en homenaje a su admirado pintor sevillano. Aficionado en sus pocos ratos libres a los crucigramas y al bitter kas, Julián Redondo siempre fue alérgico a someterse al dominio público.

Imagen: Fin del gobierno de Sancho Panza. El Quijote de Gustave Doré. Grandes formatos.

¿Por qué es tan difícil entrevistarle?

Pues porque no tengo nada que decir, si es que lo que tengo que decir lo digo dibujando. No soy un orador.

Pero entenderá que la gente necesita conocer al artista que está detrás de los dibujos...

Sí, claro, pero superficialmente. Pocos saben quién hizo la catedral de Segovia, por ejemplo; pues esto es una cosa así. Soy tímido.

¿Cómo entró o quién hizo entrar la pintura en su vida?

Cuando era niño no había televisión, ni los juegos que hay ahora. Dibujaba en las tardes de invierno para entretenerme. Y no, no había antecedentes familiares.

Se le conoce por la plumilla, pero eso no fue siempre así. Sus inicios se asocian a otras técnicas...

Me encaminé a la plumilla porque me gusta la ilustración. He hecho y hago óleo, poco, pero algo hago. Pero es que en eso hay gente muy buena. Cuando vi la obra de Eduardo Naranjo, uno de los mejores pintores de España, que no muchos conocen, dije: “Si esto es adonde yo quería llegar”. Me desanimé y tiré a la plumilla. Además es más barata.

Ha dibujado Villalba sobre fotografías, pero en su carrera también hay un fuerte componente de imaginación, de creación propia...

Cuando rescato una fotografía antigua y quiero hacerla visible, la reproduzco fielmente, porque lo contrario sería traicionar a la gente. Pero luego tengo otras cosas mías, de las que me gustaría vivir, pero de las que no vendo nada (ríe).

¿Es dura la vida del artista?

Sí, hay pocos que viven de ello. Que yo conozca, sólo Soledad Fernández. Ahora tengo la suerte de trabajar para una empresa (Grupema) en la que dibujo, y eso es mucho mejor que andar por ahí pendiente del encargo.

¿Le hubiera venido mejor vivir en otra época, como en la de su admirado Velázquez?

Creo que no. Estamos en la mejor época. Y a mí en el fondo me ha ido bien. He estado casi 50 años malviviendo de lo que yo quería.

¿Siente que cuando entrega un encargo es como si se desprendiera de un hijo suyo?

Antes, sí. Ahora te alegra que se lleven al hijo tuyo, porque sabes que lo van a educar mejor que yo. Me gusta que se lo lleven y lo aprecien.

¿Lleva la cuenta de lo entregado?

No, para eso soy un desastre. Hay gente que me enseña dibujos de hace 20 años que no recuerdo.

¿Cuántas horas emplea de media en cada plumilla?

60 ó 70. Eso sí que lo apunto.

Acaba de dibujar varios parques de Villalba para su empresa que ha publicado el Ayuntamiento en un libro. ¿De qué manera ha cambiado eso su carrera?

Me ha venido Dios a ver con Grupema, gracias a gente como José López Aguado. Allí trabajo de dibujante, con proyectos no sólo de Villalba, sino para Toledo, Ciudad Real... Ahora, por ejemplo, estamos en El Paular. Son trabajos muy bonitos, de creación. Y como me pagan un sueldo, no tengo la preocupación de tener que vender, aunque en mis ratos libres sigo con los encargos.

¿Le gusta exponer?

Sí, pero me da un poco de miedo escénico. Y no me gusta aparentar. Me da miedo hasta que vea mucha gente esta entrevista.

¿Hubiese brillado más su trabajo en una ciudad más monumental que Villalba?

Como Villalba cambió tan deprisa, quise que la gente tuviera memoria, que se fijase más en los dibujos que en la fotografía. Ahora ya la gente mira más las fotos, pero hace 30 años estaban desperdigadas por ahí y quise recuperarlas. Yo creo que al contrario: si dibujas Segovia, es muy bonita, pero en cambio hay más competencia.

¿Para ser artista hay que ser bohemio? ¿Usted lo es?

No es necesario. Y yo me considero un desastre, no un bohemio.

Dibujar a la plumilla como Doré

Permalink 11.05.07 @ 22:48:00. Archivado en El Quijote, Poética, Pintura

Mi vocación de dibujante a la plumilla se confunde con mi acceso al tintero escolar. Esta ceremonia solemnísima fue considerada por mí como la celebración de un acto iniciático que me permitía franquear la barrera de la desconfianza de los adultos, que me tenía confinado en los dominios del lapicero.

Como mis primeras lecturas se desarrollaban por las páginas de un Quijote ilustrado por Gustave Doré, siguiendo el imparable entusiasmo vallisoletano de mi padre, a la hora de la siesta andaluza, nunca dormida y siempre animada con nuestras francas risas castellano-cervantinas, uno de mis deseos más ardientes de aquella época era el imitar con mi pluma las excelentes ilustraciones de este autor.

Evocando este recuerdo, cae en mis manos la entrevista que el Faro diario hace al ilustrador Julián Redondo (Collado Villalba, 1954), icono en el arte de su localidad, con 40 años de carrera.

“No soy un bohemio, lo que sí soy es un desastre”

Un ejemplar del Quijote con grabados de Gustave Doré inoculó a los 12 años la pasión por el grabado y la plumilla en Julián Redondo (Collado Villalba, julio de 1954). Desde entonces, cientos de retratos, paisajes y escenas oníricas han salido de su estudio, sin mayores reconocimientos, “porque además no me gusta presentarme a concursos”. Aún así, en 1980 logró el Segundo Premio Nacional de Pintura Juvenil y con 19 años ganó el Villa de El Escorial con un espectacular óleo llamado El Sueño de Velázquez (1972), en homenaje a su admirado pintor sevillano. Aficionado en sus pocos ratos libres a los crucigramas y al bitter kas, Julián Redondo siempre fue alérgico a someterse al dominio público.

Imagen: Fin del gobierno de Sancho Panza. El Quijote de Gustave Doré. Grandes formatos.

¿Por qué es tan difícil entrevistarle?

Pues porque no tengo nada que decir, si es que lo que tengo que decir lo digo dibujando. No soy un orador.

Pero entenderá que la gente necesita conocer al artista que está detrás de los dibujos...

Sí, claro, pero superficialmente. Pocos saben quién hizo la catedral de Segovia, por ejemplo; pues esto es una cosa así. Soy tímido.

¿Cómo entró o quién hizo entrar la pintura en su vida?

Cuando era niño no había televisión, ni los juegos que hay ahora. Dibujaba en las tardes de invierno para entretenerme. Y no, no había antecedentes familiares.

Se le conoce por la plumilla, pero eso no fue siempre así. Sus inicios se asocian a otras técnicas...

Me encaminé a la plumilla porque me gusta la ilustración. He hecho y hago óleo, poco, pero algo hago. Pero es que en eso hay gente muy buena. Cuando vi la obra de Eduardo Naranjo, uno de los mejores pintores de España, que no muchos conocen, dije: “Si esto es adonde yo quería llegar”. Me desanimé y tiré a la plumilla. Además es más barata.

Ha dibujado Villalba sobre fotografías, pero en su carrera también hay un fuerte componente de imaginación, de creación propia...

Cuando rescato una fotografía antigua y quiero hacerla visible, la reproduzco fielmente, porque lo contrario sería traicionar a la gente. Pero luego tengo otras cosas mías, de las que me gustaría vivir, pero de las que no vendo nada (ríe).

¿Es dura la vida del artista?

Sí, hay pocos que viven de ello. Que yo conozca, sólo Soledad Fernández. Ahora tengo la suerte de trabajar para una empresa (Grupema) en la que dibujo, y eso es mucho mejor que andar por ahí pendiente del encargo.

¿Le hubiera venido mejor vivir en otra época, como en la de su admirado Velázquez?

Creo que no. Estamos en la mejor época. Y a mí en el fondo me ha ido bien. He estado casi 50 años malviviendo de lo que yo quería.

¿Siente que cuando entrega un encargo es como si se desprendiera de un hijo suyo?

Antes, sí. Ahora te alegra que se lleven al hijo tuyo, porque sabes que lo van a educar mejor que yo. Me gusta que se lo lleven y lo aprecien.

¿Lleva la cuenta de lo entregado?

No, para eso soy un desastre. Hay gente que me enseña dibujos de hace 20 años que no recuerdo.

¿Cuántas horas emplea de media en cada plumilla?

60 ó 70. Eso sí que lo apunto.

Acaba de dibujar varios parques de Villalba para su empresa que ha publicado el Ayuntamiento en un libro. ¿De qué manera ha cambiado eso su carrera?

Me ha venido Dios a ver con Grupema, gracias a gente como José López Aguado. Allí trabajo de dibujante, con proyectos no sólo de Villalba, sino para Toledo, Ciudad Real... Ahora, por ejemplo, estamos en El Paular. Son trabajos muy bonitos, de creación. Y como me pagan un sueldo, no tengo la preocupación de tener que vender, aunque en mis ratos libres sigo con los encargos.

¿Le gusta exponer?

Sí, pero me da un poco de miedo escénico. Y no me gusta aparentar. Me da miedo hasta que vea mucha gente esta entrevista.

¿Hubiese brillado más su trabajo en una ciudad más monumental que Villalba?

Como Villalba cambió tan deprisa, quise que la gente tuviera memoria, que se fijase más en los dibujos que en la fotografía. Ahora ya la gente mira más las fotos, pero hace 30 años estaban desperdigadas por ahí y quise recuperarlas. Yo creo que al contrario: si dibujas Segovia, es muy bonita, pero en cambio hay más competencia.

¿Para ser artista hay que ser bohemio? ¿Usted lo es?

No es necesario. Y yo me considero un desastre, no un bohemio.

23:00 Écrit par SaGa Bardon dans El Quijote | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : poetica, dibujo |  Facebook |

10/05/2007

Gustave Doré, ilustrador de El Quijote

 

Gustave Doré, ilustrador de El Quijote

Permalink 10.05.07 @ 19:42:00. Archivado en El Quijote, Pintura

Gustave Doré es un ilustrador, dibujante, grabador, pintor y escultor francés, nacido en Estrasburgo el 6 de enero de 1832, día de los Reyes Magos, en el número 5 de la Nuée-Bleue (la Nube-Azul), y muerto el 23 de enero de 1883 en París, en su hotel particular de la calle de Saint Dominique (San Domingo).

Fue reconocido internacionalmente por sus contemporáneos. Aunque su éxito como ilustrador fue inmenso y su renombre mundial, sin embargo no conoció el mismo éxito con sus pinturas. Le sucedió con su pintura lo que a Cervantes con su poesía, que a pesar de sus otros grandes méritos, no era apreciado como pintor por sus coetáneos. Este mismo desdén afectó a sus acuarelas, que sólo tendrán un cierto éxito al final de su vida.

Gustave Doré dejó a su muerte una obra considerable. Henri Leblanc, en su Catálogo de la Obra completa de Gustave Doré, publicado en 1931, contabilizó 9850 ilustraciones, 68 títulos de música, 5 carteles, 51 litografías originales, 54 agauadas, 526 dibujos, 283 acuarelas, 133 pinturas, 45 esculturas…

Donde más brilló Doré fue en la ilustración de obras literarias. Sus ilustraciones del Rabelais, en 1854, fueron un éxito extraordinario. El año siguiente, ilustró con 425 dibujos y etiquetas los Cuentos Droláticos de Balzac. En 1861, ilustró el Infierno de Dante. Siguió así, ilustrando con una imaginación fértil, más de 120 obras, entre las cuales figuran algunas de las obras maestras de la literatura: Los cuentos de Perrault (1862), Don Quijote (1863), El Paraíso perdido (1866), La Biblia (1866), Las Fábulas de la Fontaine (1867), otras dos partes de La Divina comedia de Dante.

Imagen: Don Quijote, por Gustave Doré, 1863. Grandes formatos.

Algunos trazos de su carrera de artista

Con 5 años, dibuja todo lo que ve y todo lo que oye. A los 8 años, compone su primera historia visual (un viaje a los infiernos). La familia Doré se divide a propósito de su porvenir: el padre, politécnico, sueña con estudios brillantes para sus hijos; la madre está en adoración ante el ingenio naciente de su hijo. Se llega a un compromiso: Gustave irá al colegio Charlemagne y dibujará.

Hijo de un ingeniero de Puentes y Calzadas, comienza a dibujar sus primeras litografías a la edad de trece años. Un año más tarde, se publica su primer álbum : Los trabajos de Hércules. A los quince años, Gustave Doré es contratado como caricaturista en el Diario para reir de Charles Philipon. El mismo año, en 1848, debuta en el Salón con dos dibujos a la plumilla. En 1849, a la muerte de su padre, ya se le conoce, aunque sólo tiene dieciséis años. Vive entonces con su madre.

Con 20 años, redescubre el grabado sobre madera y lo pone al gusto del día. Doré revoluciona la relación existente entre el artista y el grabador: ya no dibuja a lápiz, sino que produce su dibujo a la aguada ("à la gouache"), y pide al grabador que lo interprete, siendo fiel, no a los rasgos, sino al movimiento, a la luz, al sentido.

A partir de 1851, exponiendo al mismo tiempo sus telas, realiza algunas esculturas de temas religiosos y colabora en distintos estudios, entre los cuales el Diario para todos. En 1854, el editor José Bry publica una edición de las obras de Rabelais, ilustrada con un centenar de sus grabados. De 1861 a 1868, ilustra La Divina Comedia de Dante.

En 1868, Doré descubre Londres con motivo de la inauguración de una exposición que se le consagra. En 1869, la « Doré Galery » se traslada. Seguirá estando abierta durante 24 años y recibirá dos millones y medio de visitantes.

Abatido por las derrotas francesas contra Prusia y por los acontecimientos de la Comuna, Doré se instala en Londres, donde pasará todo el año 1871. Su madre muere en marzo de 1881. No se volverá a reponer. El 14 de enero de 1883, da a sus amigos una cena fabulosa. Sobre la mesa, hace poner rosas blancas y lilas blancos, como para una comida de luto. Al final de la comida, pronuncia una oración fúnebre. Muere 9 días más tarde, el 23 de enero de 1883, arrebatado por una crisis cardíaca.

Cada vez más reconocido, a la vez autodidacta y exuberante, Gustave Doré ilustró entre 1852 y 1883 más de ciento veinte volúmenes, que aparecieron no solamente en Francia, sino también en Inglaterra, en Alemania y en Rusia. Como consecuencia de estas publicaciones, Gustave Doré influyó muy pronto sobre numerosos ilustradores de toda Europa.

Con todo, según los críticos actuales, que difieren en esto de sus coetáneos, sus obras principales las realizó como pintor: El Enigma (hoy en el Museo de Orsay) y El Cristo que deja el pretor (1867-1872), un cuadro que mide 6 metros de alto y 9 metros de ancho. Este cuadro se restauró entre 1998 y 2003 en el Museo de arte moderno y contemporáneo de Estrasburgo, en una sala de gan altura, que le está dedicada.

Imagen: L'énigme (El enigma), de Gustave Doré. Grandes formatos.

En 1931, Henri Leblanc publicó un catálogo razonado, que contabiliza 9.850 ilustraciones, 68 títulos de música, 5 carteles, 51 litografías originales, 54 aguadas, 526 dibujos, 283 acuarelas, 133 pinturas y 45 esculturas.

El ilustrador de la literatura universal

Gustave Doré ilustró más de cien obras maestras de la literatura universal

· La Biblia : Traducción de Bourassé y Janvier, llamada también Biblia de Tours, 1843
· François Rabelais : Obras, 1851, 104 Ilustr.
· Condesa de Ségur : Nuevos cuentos de hadas, 1857, 20 viñ.
· Hippolyte Taine : Viaje a los Pirineos, 18581858
· Dante Alighieri : La Divina Comedia, 1861, 136 Ilustr. y El Infierno
· Gottfried August Bürger : Münchhausen, Frune, 1862, 158 Ilustr.
· Miguel de Cervantes : Don Quijote, 1863, 377 Ilustr.
· Sinbad el marinero, 1865
· Théophile Gautier : El Capitán Fracasse, 1866, 60 Ilustr.
· Victor Hugo : Los Trabajadores del mar, 1867, 22 Ilustr.
· Jean de la Fontaine : Fábulas, 1868, 248 Ilustr.
· Samuel Coleridge : The Rime of the Ancient Mariner, 1876
· Lord Byron : Obras.
· Charles Perrault : Cuentos (Barbe-Bleue, Cendrillon, Le Chat botté, Le Petit Chaperon rouge, Le Petit Poucet, Riquet à la houppe).

20:20 Écrit par SaGa Bardon dans El Quijote | Lien permanent | Commentaires (1) | Tags : pintura, dibujo |  Facebook |