25/03/2010

Desbarajuste patrimonial con Yuste

Echar a los monjes de Yuste, para levantar un hotel de lujo, es un error gravísimo.

:: Cometiendo este error, "Patrimonio nacional" destruye el sentido más profundo del mensaje que este monumento vivo de la Historia Europea dirige a quienes lo visitan.

:: Reemplazando a los monjes por la clientela de un hotel de lujo, se cometería una de las profanaciones más provocadoras y más paradójicas de un gobierno que se pretende social y respetuoso de los valores religiosos. Los monjes son precisamente, con su vida de pobreza, oración, estudio, apostolado, trabajos manuales y hospitalidad, lo que queda de vida más auténtica del monasterio y de su retiro carolingio.

:: En el caso de Yuste, cuyo monasterio es sede reciente de una Academia Europea al servicio de los ideales más puros de Europa, se ofendería además torpe e irremediablemente tanto a sus ilustres Académicos, varios de ellos socialistas, como el espíritu mismo que inspiró la creación de esta Academia al amparo del venerable monasterio, cuya vida es indisociable de los monjes.

:: Se me ocurre que la única iniciativa turística compatible con la vida verdadera de este monasterio consistiría en ampliar la capacidad de recepción de su hostelería, respetando escrupulosamente las reglas de la orden de San Jerónimo, uno de cuyos objetivos consiste en brindar a los peregrinos que lo deseen unos días de convivencia monacal con los monjes, para beneficiarse de los bienes que este tipo de vida puede procurar a toda persona de buena voluntad, aunque sólo sea como referencia de valores muy distintos de los usuales.

Una constatación seguida de una pregunta, que aparecen estos días en los medios

La presión a la que Patrimonio viene sometiendo a los jerónimos del monasterio de Yuste recuerda la pesadilla que también viven en la actualidad los benedictinos del Valle de los Caídos

¿Esta es otra maniobra del Gobierno ZP por castigar a la Iglesia?

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Los vecinos hablan de "desamortización encubierta"

De la Vega echa a los monjes de Yuste para levantar un hotel de lujo.

Los seis jerónimos del monasterio se mudan al Parral, en Segovia

Susana Burgos, 23 de marzo de 2010 a las 16:12

La totalidad de los monjes jerónimos de España (o del mundo –si se quiere ver así–, puesto que esta orden histórica nunca ha rebasado nuestras fronteras) se concentra en la actualidad en el monasterio de Santa María del Parral, en Segovia. Hasta allí se trasladaban a finales de 2009 los seis jerónimos del monasterio cacereño de Yuste, hartos como estaban de soportar las presiones de Patrimonio Nacional.

El organismo dependiente de Vicepresidencia del Gobierno (María Teresa Fernández de la Vega) firmaba en 2004 un convenio con la orden, en virtud del cual aquél pasaba a gestionar el bello complejo arquitectónico que eligió el rey Carlos V para acabar sus días. A partir de ese momento, Patrimonio emprendió algunas actuaciones menores, como la mejora del estacionamiento de vehículos en los accesos al conjunto monumental. Poco más.

Pero, en los últimos meses, lo que han ido demostrando los acontecimientos es que la entidad que dirige Yago Pico de Coaña no pretende otra cosa que expulsar a los jerónimos del monasterio con el objetivo de convertirlo en un hotel de lujo, según las fuentes consultadas por La Gaceta. Más allá de los suculentos beneficios que la operación reportaría a las arcas públicas, el Gobierno pensó que no sería demasiado complicado librarse de los jerónimos. Mas ante la negativa de los monjes a abandonar el que es su hogar, los gestores de Patrimonio decidieron pasar a la acción. Lejos de ver respetadas las condiciones del convenio firmado en 2004, los religiosos han tenido que sufrir las molestias de una ampliación injustificada de las visitas turísticas. Más estancias abiertas al público y más horas, con el consiguiente perjuicio para la clausura y la tranquilidad de la comunidad.

Lo más grave, no obstante, llegó con el reciente inventario de los bienes de los jerónimos de Yuste que elaboró Patrimonio Nacional. En él, según ha podido saber este diario, el organismo se atribuía la propiedad de buena parte de lo adquirido por la orden a lo largo de los años.

LOS VECINOS

“Carlos V trajo a los jerónimos cuando vino al monasterio para morir. Es una pena que se hayan ido, aunque dicen que volverán en abril o mayo. Les echamos de menos”. En esos términos se expresa Pedro, un hostelero del municipio cacereño. Su opinión es compartida por el millar de habitantes de Cuacos de Yuste, aunque son los mayores los que más aprecian el papel de la orden. En cuanto a las intenciones de Patrimonio, nadie se moja, aunque “lo del hotel de cuatro o cinco estrellas lleva sonando desde hace tiempo”, comenta Miguel. Más de un lugareño evoca la traumática desamortización del masón Juan Álvarez de Mendizábal en el siglo XIX para decir que “parece que estamos ante otra desamortización; ésta encubierta y en pleno siglo XXI”.

LLUEVE SOBRE MOJADO

La presión a la que Patrimonio viene sometiendo a los jerónimos del monasterio de Yuste recuerda a la pesadilla que también viven en la actualidad los benedictinos del Valle de los Caídos. Como denunciaba La Gaceta el pasado 17 de marzo, la entidad que dirige Pico de Coaña se reafirma continuamente en su estrategia de hostigamiento a aquella comunidad, bajo cuya autoridad eclesiástica se encuentra la Basílica del complejo. El Gobierno le prometió al Padre Abad que abriría el templo a los fieles el día 1 de marzo y aún no lo ha hecho. Nunca, desde los terribles acontecimientos del 36, se había vulnerado en España la inviolabilidad de un lugar de culto.

Según otras fuentes, las monjas cistercienses de San Bernardo que habitan el monasterio de Santa María la Real de las Huelgas (Burgos) también están siendo víctimas de la maquiavélica estrategia de Patrimonio. Suma y sigue.

Fuente: Artículo publicado originalmente en La Gaceta.

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He aquí algunos de los vídeos consagrados a la estancia de Carlos V en Yuste. El monasterio de Yuste sirvió de residencia al emperador en los dos últimos años de su vida (1556-1558).


25.03.10

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01/02/2010

La causa del drama Haitiano

El terremoto no es la causa del multisecular drama haitiano, aunque sí la ocasión ineludible de la brusca escenificación actual de este drama como tragedia.

La auténtica causa del multisecular drama haitiano es la pobreza inmemorial del pueblo haitiano, cuya eficacia dramática acumulada ha convertido la tragedia natural del terremoto en un drama trágico de dimensiones planetarias.

La causa invariablemente cleptómana de esta pobreza acumulada es sucesivamente: protocolonial y protoesclavista española; hiperbólicamente esclavista, ecológicamente depredadora, colonial y postcolonial francesa; monárquica y republicana autóctona, al mismo tiempo iconoclasta y plagiaria de la colonial francesa; neocolonial estadounidense y dictatorial mulata de autocolonización neoesclavizadora.

Este drama no se limita a Haití, sino que se sirve de Haití como emblema del drama planetario que representa la relación histórica totalmente injusta entre las sociedades desarrolladas del modelo occidental, compulsivamente cleptómanas, y las sociedades subdesarrolladas del tercer mundo negroafricano y amerindio, víctimas habituales del saqueo inmisericorde por las autodenominadas sociedades desarrolladas del modelo occidental.

La causa de la multisecular pobreza haitiana como del tercer mundo hay que buscarla en sus orígenes sociogenéticos tanto recientes como más remotos.

El seísmo haitiano ha obligado a sicoanalizarse a quienes todavía se preocupan de los problemas de conciencia de este mundo mercantilista globalizado esquizofrénico en que vivimos:

Su mala conciencia aparece a la luz del autoanálisis crítico como la hija adulterina del error colectivo más antiguo de occidente, repetido por sus imitadores orientales y por los falsos liberadores autóctonos de los países del tercer mundo seudoindependizados. Este error colectivo consiste en profesar el materialismo so capa de espiritualismo, que resulta así adulterado y propagador de esquizofrenia colectiva.

Este mundo globalizado sabe ya, tras tomar conciencia de su historia colonialista, que él es sociogenéticamente el culpable principal de esta catástrofe, por haber explotado y después abandonado e incluso por explotar ahora para después abandonar tanto a Haití como a sus ancestros africanos y amerindios. Lo mismo hace con el cuarto mundo, que por el momento tirita de frío y de hambre en sus propias calles metropolitanas.

El colonialismo de siempre es ejercido ahora como neocolonialismo por los especuladores financieros y políticos de todo el mundo, disfrazados de filántropos.

Demasiados medios de comunicación prostituidos, que el neocolonialismo ha engendrado para servirle de sostén en su mascarada filantrópica, ponen a su servicio la técnica tradicional del colonialismo, ahora informatizada,

Una vez más, si no lo evitamos quienes disponemos de los medios informáticos para hacer oposición, se tratará de primero explotar, para luego abandonar, cuando la finanza o su hipócrita relato dejen de interesar al mundo esquizofrénico en el que vivimos los occidentales y los innumerables imitadores de nuestro esquizofrénico modelo colonial.

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25/01/2010

¿Qué será de Haití tras el terremoto?

Para comenzar, leeremos un testimonio en primera persona: Ramiro Pampols sj, Director adjunto de Fe y Alegría Haití, nos cuenta cómo vivió los minutos del terremoto y reflexiona sobre sus sentimientos en cuanto al futuro del país.

En segundo lugar ofreceremos un recuerdo histórico que puede alimentar la esperanza de los Haitianos y la nuestra en estos momentos de duelo compartido: Puerto Príncipe resucitará como resucitó Lisboa.

En tercer lugar afirmaremos que Haití será lo que tiene derecho a ser, si nuestra ayuda desinteresada global respeta el derecho local de este pueblo a existir dignamente como tal pueblo soberano.

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Una ciudad… Un País: Haití
por Ramiro Pampols sj.

Llevo cuatro años en Haití: del 2006 al 2010: dos en la frontera con República Dominicana, para acoger a los haitianos expulsados a centenares cada mes.

Este “trabajo” lo realiza el CESFRONT, una unidad militar especializada en controlar la frontera.

Los dos últimos años he vivido en la capital, como director adjunto de las escuelas Fe y Alegría (Foi et Joie), Movimiento Latinoamericano al servicio de las comunidades más pobres ubicadas en el campo, la montaña o los bidonviles, es decir, allí “donde se acaba el asfalto”.

El martes, día 12, regresaba a casa de mi trabajo. Eran cerca de las cinco de la tarde, aproximadamente. Al bajar por la acera de la calle que me conducía a casa, empezó a temblar el suelo bajo mis pies. Más que un temblor era un vaivén, como si estuviera en la cubierta de un barco. Miré las casas y paredes que estaban a mi izquierda y vi cómo un edificio de tres plantas empezaba a moverse hacia delante. Era precisamente una Funeraria. Mal presagio. Instintivamente me desplacé al centro de la calle, observando a uno y otro lado.

Veo salir algunas personas corriendo de las casas y algo más adelante, frente a mí, observo cómo varios coches van dando bandazos, chocan, se entrecruzan y quedan clavados en medio de la calzada.

Unos cien metros más allá veo una densa nube de polvo blanco: es el que acaba de levantar una casa que se ha hundido hasta el suelo. No se oyen lamentos. Luego averigüé que estaba vacía.

Sigo adelante con cuidado y piso las primeras gotas de sangre. Alguien acaba de ser introducido en una camioneta para llevarlo rápidamente al hospital. Miro mi reloj: son las 16:55.

Irrumpe desde una casa un hombre con los brazos abiertos dando gracias a Dios por estar vivo.

Los muros de las casas se derrumban en grandes pedazos. Con cuidado, llego finalmente a mi casa. Veo que sigue intacta. Sin embargo, la mujer de la casa vecina se echa al suelo dando gritos, se levanta y vuelve a echarse. Esta herida en una pierna. Su casa se ha desplomado por completo. Tan sólo queda en el fondo, una punta del alero que al caer se ha empotrado en nuestro muro.

Entonces entiendo que alguien quedó atrapado. No sabemos qué hacer, es una especie de impotencia que nos hace sentir casi indiferentes al dolor de aquella mujer: ni atinamos a preguntarle qué le pasa.Al poco rato llega su marido, sube a la cornisa del techo y se dirige al fondo de su casa, donde ha quedado abierto el boquete. Llama entonces a sus hijas de tres y siete años que han quedado atrapadas. Pasan unos segundos… y aparecen las dos pequeñas empolvadas pero intactas. No reaccionan, no lloran ni hablan. Se abrazan a su padre, sin más. La madre y nosotros mismos quedamos atónitos.

Esta escena se ha repetido, de una u otra forma, en centenares de casas. La prensa lo ha aireado hasta el límite. Sin embargo, el recuento total es abrumador. Se habla de cerca de 200.000 muertos. ¿Cuáles son en estos momentos nuestros sentimientos? El primero, ya indicado, es un fuerte sentimiento de impotencia. No tanto de cara al momento presente, sino mirando a nuestro futuro.

Un periodista español considera que “después del terremoto, Haití ha retrocedido 40 años”. Y nosotros, sin aceptarlo plenamente, de hecho no sabemos por dónde empezar y si hay que empezar, o dejar que “otros “ nos digan lo que hay que hacer.

Estamos aturdidos, desorientados, pasivos. El caos no es un frenético ir y venir sin saber por qué. Es un caos interior, una desconfianza profunda en nosotros mismos, que deja al descubierto la enorme fragilidad de un estado apenas constituido.

Otro sentimiento que va aflorando sutilmente es el de una “entrega con armas y bagajes” a quien ha venido con la mayor ayuda humanitaria que se pueda uno imaginar: doce mil militares, un portaaviones, un buque hospital, expertos para dirigir el aeropuerto internacional,…Hace algunos día oí decir algo que me pareció absurdo: que Haití se convirtiera en una especie de Protectorado. Ahora ya no me parece tan inverosímil. La mayoría nos hemos casi acostumbrado a la presencia de la Minustah.

Finalmente, aun corriendo el riesgo de caer en el tópico, se visualiza en la política diaria la enorme dificultad de buscar seriamente unir fuerzas, establecer alianzas firmes entre grupos y los llamados partidos (que apenas lo son), para sacar al país del marasmo institucional. Claro que existen otras fuerzas de hecho absolutamente desinteresadas en llevar adelante un proyecto de bien común. Estas fuerzas ya están bien con lo que hay y ojalá se pueda seguir así mucho tiempo. Viven a caballo entre los EE.UU. y Haití, sus hijos estudian allá o en República Dominicana, lejos de las incertidumbres de la vida diaria de su país.

Y no me atrevo a entrar en las consideraciones, tal vez bastante atinadas, de quien buceando en el pasado, habla de un “dualismo fundamental” que impide a dos categorías de haitianos, “vivir juntos”.

Pido disculpas por esta especie de “salto lírico” que me ha llevado a reflexionar sobre otro “terremoto” más profundo y persistente, que tal vez, ninguna solidaridad internacional, como la que se está dando tan intensamente estos días, será capaz de contribuir a resolverlo.

Acabo con un sentimiento de esperanza: que el interés manifestado por tantos países por Haití y su futuro, nos haga recuperar la confianza en nosotros mismos y apreciarnos en aquello que verdaderamente somos: hombres y mujeres amantes de su libertad y su independencia, apoyados en una forma de vida digna para todos.

Ramiro Pàmpols sj, enero 2010.

Puerto Príncipe.

Fe y Alegría: Movimiento de Educación Popular y Promoción Social.

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Puerto Príncipe resucitará como resucitó Lisboa

La resurrección de Lisboa, tras su terremoto de mediados del siglo dieciocho, es un motivo de esperanza para los Haitianos y para todos nosotros, sus Amigos de todo el Planeta.

El terrible terremoto de Lisboa tuvo lugar el 1 de noviembre de 1755, día de todos los santos, a las 09,20 horas. Los geólogos estiman hoy que su magnitud sería de un 9 en la escala de Richter, con su epicentro en el océano Atlántico a unos 200 km al sudoeste del Cabo de San Vicente. Fue uno de los terremotos más destructivos y mortales de la historia, causando la muerte de entre 60.000 y 100.000 personas. El seísmo, seguido por un maremoto y un incendio, causó la destrucción casi total de Lisboa y parcial de otras ciudades ibéricas.

El acontecimiento fue muy discutido por los filósofos, tanto de la ilustración (Voltaire) como del idealismo transcendental (Kant), provocando progresos importantes en la teodicea y en la cosmología. Al ser el primer terremoto cuyos efectos sobre un área extensa fueron estudiados científicamente, dió lugar al nacimiento de la sismología moderna.

Ver el filme Paraísos cercanos-Portugal

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Haití será lo que tiene derecho a ser si nuestra ayuda desinteresada global respeta este derecho local

Haití ha sido víctima no solamente de una tragedia y de un drama humano, sino también de la giganteca amplificación de la tragedia que sufre, por la enormidad del drama humano que le ha servido de escenario.

La tragedia ha sido un terremoto de índice 7 en la escala de Richter. El drama humano es la muerte de al menos 111.499 personas, según el balance ofrecido el viernes pasado por la Dirección General de la Protección Civil de Haití. El Gobierno de Haití teme hoy que la cifra de muertos por el terremoto supere los 150.000. Las personas que han sido rescatadas con vida de entre los escombros son en total solamente 133. Además, según datos del ministerio de Interior haitiano, citados por los medios locales, más de 193.000 personas han resultado heridas por el seísmo, unas 11.000 viviendas quedaron destruidas y otras 32.321 se han visto afectadas.

La giganteca amplificación de la tragedia es debida a la enormidad del drama humano que le ha servido de escenario. Aunque el terremoto no es imputable a la responsabilidad humana, sí lo son:

1) La falta total de previsión sismológica local, capaz de avisar con tiempo a la población de la llegada de los terremotos y de organizar estructuralmente su protección, sin pretender improvisarla.

2) La falta generalizada de respeto de las normas internacionales de construcción antisísmica, tanto en los edificios públicos como en los privados; de manera que cabe decir que el urbanismo de Haití, por contraste con el de otros países con alto riesgo sísmico, como, por ejemplo, Japón, se caracteriza por una flagrante temeridad urbanística, que debe ser calificada y condenada como delito.

3) La falta de estructuras de protección civil y sanitaria, para remediar inmediatamente, cuando se presenten, los efectos de agresiones naturales o artificiales imprevisibles.

Aunque todas estas faltas son imputables principalmente a los poderes públicos haitianos, por su incuria habitual manifiesta, también hay que reconocer la responsabilidad histórica tanto de las Naciones Unidas como de los Estados Unidos, que en sus diferentes intervenciones multilaterales y unilaterales, presentadas estas últimas como ayudas circunstanciales al pueblo haitiano, han olvidado la amenaza de los riesgos sísmicos propios al Caribe. Prueba de ello es la ruina total de la sede de las Naciones Unidas en Puerto Príncipe, ruina que contrasta con la resistencia al terremoto de las residencias de lujo de la clase acomodada de la misma ciudad.

Contrariamente a lo que ha escrito recientemente el general español Luis Alejandre, ex jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, los estragos de la naturaleza no solamente se pueden prever, echando mano de la ciencia y de la técnica, sino que se deben prever, en toda la medida de lo posible; mientras que sus efectos, como este mismo general lo reconoce, pueden y deben paliarse. Claro que esto último resulta imposible cuando no se cuenta con los medios de proteción civil y sanitaria para hacerlo a tiempo. El no llegar a tiempo, como ha sucedido en Haití, tiene como resultado la monstruosidad del número de víctimas humanas que hemos contemplado estos días, tanto mortales como heridas, con el agravante de que muchas de éstas quedarán con invalidez de por vida.

Tras constatar la enormidad del drama humano al que hemos asistido, nos toca ahora a todos los humanos, como sociedad global civilizada y por ende solidaria, el reparar los daños producidos al pueblo haitiano, por causas ajenas a su reponsabilidad como tal pueblo. La responsabilidad de la reparación recae entonces en las Naciones Unidas, que deben defender, ante sus tribunales internacionales, los derechos locales de los haitianos, depurando tanto sus propias responsabilidades en el drama, por acción o por omisión en su mandato multilateral, como las responsabilidades de los regímenes corruptos locales y de los organismos civiles y militares extranjeros que, apoyando a esos regímenes corruptos, han propiciado el drama humano al cual acabamos de asistir.

Hay que reconocer que la sociedad global se ha volcado, prestando a los haitianos apoyos puntuales e inmediatos, que son esenciales para limitar las trágicas consecuencias del drama vivido por este pueblo mal gobernado. Esperemos que la sociedad global siga haciéndolo por medio de las Naciones Unidas, sin olvidar que el derecho local de los Hatianos a obtener reparación estará vigente hasta que se les haga justicia completa por el mal infligido.

Quizás haya que deplorar el que haya habido en esta etapa de apoyos puntuales e inmediatos una tendencia excesiva al protagonismo de los diferentes gobiernos nacionales y regionales participantes en ella, con una carencia evidente de sintonía en la logística multilateral, sintonía que debieran haber asumido las Naciones Unidas; lo que ha dado lugar a que hayan sido los Estados Unidos los que hayan tenido que actuar una vez más hegemónicamente, para sacar adelante la operación de socorro urgente.

De todas formas las acciones puntuales no tienen vocación de durar, ya que por su naturaleza deben reservarse para las necesidades de urgencia extrema, que al nivel planetario aparecen con inusitada frecuencia.
Las que sí tienen vocación de durar son las acciones de paz y de reconstrucción propias de las Naciones Unidas, que en un caso como el de Haití han de durar, según los expertos, veinte años de trabajo intenso, es decir, tantos años como sus cascos azules llevan ya en la isla.

Terminemos invocando la experiencia organizativa, protocolaria y logística del general Luis Alejandre, ex jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, cuya manera de ver la vertebración de los diferentes estados que cooperarán en favor de la reconstrucción de Haití, en el seno multilateral de las Naciones Unidas, me parece realista y justa:

"Brasil y Europa –dentro de ella Francia– tienen mucho que aportar, pero –insisto– dentro del sistema de Naciones Unidas. Brasil lleva años liderando las misiones en América Latina. Estaba volcado en Haití. Europa debe aportar los medios económicos que promete y evitar recelos y protagonismos. ¿Por qué Francia? Por cultura, por lengua, por religión, por antigua metrópoli. Francia –si es capaz de dejar ciertos brotes de soberbia a un lado– debe impulsar un aspecto clave: la educación. Hay que rehacer carreteras y barrios. Hay que dotar de electricidad y agua potable a todos los rincones del pais. Pero sobre todo hay que formar, hay que educar, hay que erradicar vudús ancestrales. En resumen, hay que invertir en las nuevas generaciones, hay que inyectarles nuevos valores. Hay que «enseñarles a pescar».

El pasado es el que es. El presente es catastrófico. El futuro es de todos. Es momento de unión, no de recelos ni protagonismos. Es el gran reto de la Organización de las Naciones Unidas, es el gran reto de todos nosotros que la constituimos."

General Luis Alejandre, Haití: ayer, hoy y mañana. La Razón, 21 Enero 10.

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