21/07/2010

El nuevo responsable del Secretariado jesuita para la Justicia Social y la Ecología

 

SJES gets a New Secretary

Francisco Javier Álvarez de los Mozos, known as Patxi Alvarez was born in 1967.

He joined the Loyola Province (LOY) of the Society of Jesus in 1991 and was ordained in 2000.

At present he is the coordinator of a Training course for lay people in Ignatian Spirituality and Jesuit mission. He is also the Assistant Director of Alboan, an NGO of the Loyola Province that works for the development and solidarity of the countries. He has been attached to the Social Apostolate for the last ten years, and during his regency he worked for two years in Cambodia with handicapped people and former refugees. As Asst. Director of Alboan he has also visited India a few times.

JESA wishes him All the Best in his ministry as the Secretary of SJES, Rome !

Jesuits in Social Action

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El Padre General ha nombrado al Padre Francisco Javier Álvarez de los Mozos, de la Provincia de Loyola, director del Secretariado jesuita para la Justicia Social y la Ecología. Sustituye al Padre Fernando Fernández Franco en los meses próximos.

Francisco Javier Álvarez de los Mozos, conocido como Patxi Alvarez, fue admitido en la provincia Loyola de la Compañía en 1991. Nacido en 1967, había cursado estudios de ingeniería de las telecommunicaciones, en la Universidad del País Vasco, antes de ingresar en la Compañía.

Entre 1977 y 1979 estuvo destinado como "maestrillo" en Camboya.

En 1999 volvió de Camboya, tras un periodo de dos años muy emotivos de magisterio al lado de personas discapacitadas y de refugiados y refugiadas. En la facultad teológica retomó los estudios eclesiásticos especializándose en el área de la Teología sistemática, en cuyo contexto realizó un trabajo en torno a las “Comunidades de solidaridad”, concepto pastoral que apareció en la Congregación General XXXIV (CG34). Fue ordenado sacerdote en el año 2000

Actualmente es el coordinador del Plan de Formación en su Provincia y Director Adjunto de Alboan, la ONG de los jesuitas para la cooperación con países en vía de desarrollo y de solidaridad con los pueblos.”

Patxi Álvarez, así se le conoce, se presenta a todos ustedes con sus propias palabras en los dos textos que reproducimos a continuación. El primero se refiere a sus experiencias de terreno. El segundo recoge su concepción de la investigación social al servicio del liderazgo apostólico:

"Éste es el único hilo conductor que voy a seguir en este artículo: qué lugar debe ocupar la investigación social en un cuerpo que ha hecho de la misión fe-justicia su último compromiso".

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Patxi Álvarez SJ, nuevo responsable del Secretariado jesuita para la Justicia Social y la Ecología se presenta

En 1999 regresé de Camboya a la Provincia de Loyola a la que pertenezco, después de un magisterio acompañando y sirviendo a personas discapacitadas y a antiguos refugiados. Aquel fue un tiempo de gracia: de confusión interior, al ver tanto dolor, y de consuelo al ser testigo de la esperanza de la gente y su ilusión por vivir. El equipo internacional que allí estábamos, y en el que convivíamos y trabajábamos religiosas, laicos y jesuitas, era nuestro hogar, un espacio donde sostenernos mutuamente y un lugar donde aprendíamos cada día a entregarnos con generosidad.

Regresé con el corazón cautivado y lleno de rostros. Aquellos dos años dejaron en mí una honda huella que configuró un deseo firme de ofrecer mi persona al servicio de los últimos. Retomé la teología, la licenciatura concretamente, en teología sistemática. El trabajo final se centró en las “comunidades de solidaridad”, un concepto que había aparecido en nuestra Congregación General 34 y que intuía que encerraba muchas posibilidades. Aquello me dio la oportunidad de entender mejor que el amor de Dios puede mostrarse hoy, de un modo particularmente bello y completo, en la práctica de la justicia y la solidaridad.

Después de la ordenación en el 2000, me destinaron a Alboan, una ONG de cooperación al desarrollo que colabora con instituciones de la Compañía en distintos países de Latinoamérica, de África y, en la India, en el Gujerat. Hasta hoy ha sido un ámbito donde dar cauce a ese deseo de servicio a los más pequeños.

Estos últimos años el sector social de nuestra Provincia ha experimentado un gran desarrollo. Los jesuitas éramos pocos, pero el apoyo de los provinciales ha sido decidido, y la colaboración de laicos entregados y convencidos, esencial. Hay varias comunidades que hoy acogen a inmigrantes y dos instituciones que les atienden. El trabajo ha sido muy consolador y nos ha permitido alcanzar una mayor conciencia de que el servicio de la fe y la promoción de la justicia se llaman y enriquecen mutuamente.

Durante cinco años colaboré en la planificación apostólica de la Provincia, como coordinador. Entonces pude poner en valor algo de lo aprendido en la ingeniería que estudié antes de la incorporación a la Compañía. Hemos crecido mucho en colaboración entre sectores apostólicos y entre laicos y jesuitas. Se ha fortalecido así ese “nosotros apostólico” que está al servicio de la misión.

Durante los próximos meses espero concluir una investigación sobre asociaciones de inmigrantes latinoamericanos en España, para incorporarme después al Secretariado.

Pido al Señor que este destino, que asumo con ilusión no exenta de temor, sea para mayor gloria suya y más vida de sus pequeños. Y a vosotros vuestra oración y apoyo. Muchas gracias por adelantado.

Patxi Álvarez SJ

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Fernando Franco SJ, Director Responsable
Uta Sievers, Redactora
Suguna Ramanathan, Redactora Asociada
Secretariado para la Justicia Social y la Ecología, Borgo S. Spirito 4, 00193 Roma, Italia
+39 06689 77380 (fax)

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Una investigación social al servicio del liderazgo apostólico
por Patxi Álvarez SJ

Introducción

La Misión de la Compañía hoy consiste en la defensa de la fe y la promoción de la justicia en diálogo con la cultura y con otras tradiciones religiosas. Se trata de una formulación atrevida y brillante, llena de promesas y a la que aún no hemos respondido con todas las posibilidades con que cuenta nuestro cuerpo apostólico.

Si la Compañía es misión, de tal manera que precisamente en función de la misión reciben su ubicación adecuada todas las demás componentes de la vida religiosa (comunidad, oración, coro, Eucaristía, pobreza, obediencia...), esta misma misión deberá ayudarnos a colocar en su puesto a la investigación social. Este es el único hilo conductor que voy a seguir en este artículo: qué lugar debe ocupar la investigación social en un cuerpo que ha hecho de la misión fe-justicia su último compromiso.

Daré los siguientes pasos: revisaré las fuentes ignacianas que motivan el apostolado intelectual que ha estado presente en nuestra tradición histórica; a continuación trataré de mostrar que la misión actual de la Compañía demanda un conocimiento riguroso y sapiencial de la realidad; mencionaré que este conocimiento debe estar al servicio del liderazgo apostólico; finalmente incluiré un modelo que podría vehicular las intuiciones que a lo largo del texto irán apareciendo.

1. El apostolado intelectual en nuestra historia

La investigación social forma parte de un apostolado de raigambre en la Compañía, el apostolado intelectual, que ha constituido un campo apostólico fundamental de nuestra misión desde sus inicios1. Los jesuitas han cultivado muchos campos del saber y lo continuamos haciendo a día de hoy. Es parte de una larga tradición.

Fuentes ignacianas para el apostolado intelectual

En la vida de S. Ignacio no se aprecia un interés especial por el trabajo intelectual. Su gran preocupación tras la conversión en Loyola consistió en "ayudar a las almas". Comenzó a hacerlo así desde Manresa2. Una atención que mantuvo al llegar a Tierra Santa, donde quería quedarse, pero ayudando igualmente a las personas3. Es ésta igualmente la motivación a la que alude cuando se determina a estudiar4. Irá a Barcelona a estudiar sólo con ese fin de ayudar mejor a las ánimas.

El peregrino recorrió las universidades de Alcalá, Salamanca y finalmente París, donde alcanzó el título de "maestro en artes". Todos los primeros compañeros lo eran. Algunos llegaron a ser teólogos brillantes, como Laínez o Salmerón. Pero no Ignacio. Lo suyo siguió siendo aquello de "ayudar a las ánimas" y garantizar para la Compañía esta orientación de servicio a los demás, donde más falta hiciera.

¿De dónde surge, pues, ese deseo, ese afán de conocimiento que anima a la Compañía, a la primera y a la de nuestro tiempo? ¿Se trata sencillamente de que coincidió que aquellos primeros hombres pertenecían a la intelectualidad de su tiempo e inculcaron ese interés por la cultura a generaciones sucesivas?

En realidad, las fuentes de este anhelo profundo de conocimiento se encuentran en nuestro núcleo místico, en la experiencia de Ejercicios, si bien no se trata de algo obvio. El eje medular de la tradición ignaciana se sitúa en un encuentro personal con Dios que libera, compromete y envía. Se trata de experiencia directa de lo divino, siempre tan sorprendente, desbordante y subversiva. El Dios que protagoniza e inicia este encuentro no se halla fuera de esta realidad, sino que se sitúa en el mundo. Ése fue el mayor don que recibió Ignacio en el Cardoner: ver a Dios en el mundo y al mundo en Dios.

Esto justifica que surja un ávido interés por el mundo. Para descubrir a Dios no hace falta huir del mundo, sino sumergirse en él. Y la actitud en la que queda sumida esta perspectiva es oblativa, no meramente contemplativa, sino de involucración en la dinámica del amor. Gran parte del modo de proceder de la Compañía se explica desde esta intuición que Ignacio vivió en el Cardoner.

En los Ejercicios hay dos contemplaciones que mueven a este conocimiento del mundo: en primer lugar, la Contemplación de la Encarnación (EE 101 - 109). En ella se nos pide contemplar la redondez de la tierra, con sus gentes en situaciones tan diversas... Ignacio nos invita a descubrir en el interior de la humanidad una corriente de redención que solicita colaboración humana: se trata del "hagamos redención" de la Trinidad, que llama a la puerta de María pidiendo permiso para comenzar su obra de salvación. La actitud de contemplación del mundo que subyace aquí es activa, implicativa: viendo lo que hacen las personas de la Trinidad y cómo accede María a su solicitud, se nos convoca a hacer lo mismo.

En segundo lugar, tenemos la Contemplación para alcanzar amor (EE 230 - 237), donde Ignacio quiere que alcancemos "conocimiento interno de tanto bien recibido". En uno de los puntos nos habla de un Dios que habita en los elementos, en las plantas, en los animales y en los seres humanos (EE 235). Esto va a dar pie a una actitud más contemplativa, más pasivo-receptiva. Sin embargo, en esta misma Contemplación, Ignacio habla de un Dios que labora y trabaja por mí en todas las realidades de la creación (EE 236). Nuevamente nos remite a un saber que nos involucre en la acción.

En resumen, los Ejercicios nos disponen a un conocimiento del mundo, con una doble actitud, una más activa y otra más receptiva, si bien con una preeminencia de la primera sobre la segunda.

El apostolado intelectual en nuestra tradición histórica

Más allá de las fuentes ignacianas, el apostolado intelectual ha constituido una característica esencial de la Compañía de Jesús desde sus comienzos: en su versión teológica -de manera que asomarnos a lo divino ayudara a esclarecer lo humano- y en su versión antropológica -de modo que la mirada sobre lo humano favoreciera comprender lo divino-.

a) La investigación teológica: mirar lo divino para comprender lo humano

Tal vez la mayor tarea investigadora en la Compañía haya consistido precisamente en la investigación teológica: un ejercicio de redecir a Dios y de acercar las cosas de Dios al ser humano. Si el encuentro con Dios ocupa el lugar esencial de la tradición jesuítica, la teología está dirigida a posibilitar y ganar relieve en ese encuentro con Dios. Mirar lo divino para comprender lo humano.

Con frecuencia, se trata de una teología preparada para releer las realidades humanas desde la vida de Dios. Una teología de las realidades del mundo y por eso con frecuencia de frontera. No fríamente especulativa, sino vital, que procura la "ayuda de las ánimas" y tiende puentes con la cultura de su tiempo. No es raro que esa teología sea la mayor parte de las veces de vanguardia.

La teología de la que aquí hablamos es aquella preocupada por las consecuen­cias que "lo de Dios" tiene para la vida de las personas, y no tanto aquella centrada exclusivamente en contemplar el misterio divino, y embelesada en él, más olvidada de lo que entonces suceda con los seres humanos. Esta teología engarza preferente­mente con la Contemplación de la Encarnación. Es en el discurrir de nuestra historia concreta, en los acontecimientos de la vida, donde podemos descubrir los signos de la palabra trinitaria que a día de hoy sigue diciendo "hagamos redención".

b) Investigación científica y cultural: mirar lo humano para descubrir lo divino

Desde los primeros tiempos hubo jesuitas notables que se esforzaron por esclarecer aspectos de la realidad desde un punto de vista científico. Escrutando el universo desvelaban a Dios. En ocasiones su interés científico estaba primariamente al servicio de otros fines, como pudo ser el caso de Ricci en la China. Muchos de ellos nos han ayudado a comprender que la ciencia y la fe no luchan en competencia por un mismo espacio, sino que se complementan y enriquecen mutuamente. Estos hombres han tendido puentes entre la ciencia y la fe. Su tarea ha sido crucial para que hoy podamos ser ciudadanos modernos, al tiempo que creyentes. Nos han permitido comprender que el conocimiento científico no pone en jaque nuestra fe, sino que en la profundiza y madura.

A mi entender, más relevante en la historia de la Compañía que este campo de la ciencia, es el de los estudios culturales. Ha habido muchos jesuitas que, enamorados de Dios, se enamoraron de lo humano en culturas muy distintas5. No se trataba de grandes académicos, sino de hombres apasionados por la gente, aunque su contribución a la academia haya sido muy importante. El ser humano en su diversidad, riqueza, sencillez, hondura, fragilidad, sabiduría, les hablaba con nuevos trazos del Dios que buscaban con desvelo. Descubrieron en las personas con las que se encontraban al Espíritu de Dios que, desde la noche de los tiempos, habitaba en ellas. Y amando y desentrañando aquellas culturas, adoraron al Dios que habita en todo. De ahí las gramáticas, alfabetos, estudios etnográficos... Los ejemplos son numerosísimos y muestran cómo los jesuitas creyeron de verdad que "Dios habita en las criaturas" (EE 235). Hoy esa tradición continúa presente.

En resumen, podríamos afirmar que el apostolado intelectual de la Compañía, ya sea en su versión teológica, ya en su versión científica, ha estado orientado a tender puentes entre Dios y el ser humano.

2. Nuestra misión hoy demanda investigación social

Una vez visto que nuestra propia tradición ignaciana y jesuítica han demandado un serio trabajo intelectual e investigador, habría que ir un poco más allá: nuestra actual misión fe-justicia exige de forma aún más imperiosa un sólido apostolado intelectual más orientado hacia la investigación social.

Nuestra misión fe - justicia

Cuando en 1975 se llega a formular nuestra misión en clave de defensa de la fe y promoción de la justicia, se tiene muy presente que el mundo en el que nos hallamos se debate en una lucha dialéctica entre los afanes de liberación y poderosas dinámicas de exclusión6. De ahí que se hable precisamente de "promoción". Se precisa un compromiso activo, deliberado y sostenido contra las fuerzas que generan explotación. Estamos en una lucha. Esta misión implica un posicionamiento previo en favor de los pobres. No se puede separar esta misión de la opción preferencial por los pobres, es interior a esta opción.

Por otro lado, la opción por la justicia exige muchas cosas: posicionamientos públicos, utilización de medios de comunicación, cuentas claras, interlocuciones políticas e institucionales, mucha capacidad de innovación. Eso supone que no reclama sencillamente "lo de siempre", sino un magis. Es decir, la promoción de la justicia demanda elevar nuestros perfiles apostólicos, lo cual lleva consigo una renovación integral de nuestros ministerios para que se adecuen a esta misión7. Es esta necesidad de elevar nuestro perfil apostólico la que nos exige un conocimiento más adecuado de nuestro mundo, y en consecuencia, un análisis social más agudo. Más aún en tiempos de globalización compleja.

3. Precisamos síntesis sapienciales que orienten y motiven

La investigación social está abierta a la orientación apostólica, en particular cuando desvela los aspectos creativos y esperanzadores de la realidad, cuando denuncia las fuerzas que disgregan o excluyen, cuando propone nuevos modos de abordar las problemáticas sociales... En el fondo, cuando pretende ser agente de transformación e incidir en el ámbito público.

Una vez dicho esto, también debemos afirmar que necesitamos algo más que sólo investigación social. Es preciso ubicarla en un panorama más amplio. Ignacio viene en nuestra ayuda: precisamos más conocimiento interno que exhaustividad, más saber sintético que analítico, más implicación afectiva que desasimiento aséptico, más interdisciplinariedad que fragmentación8 y dosis muy importantes de discernimiento9.

Tenemos necesidad de síntesis sapienciales10 que den cuenta de nuestro mundo, que nos permitan hacernos cargo de él para encargarnos de él. Esas síntesis tienen que ver con aquel "conocimiento interno" que Ignacio nos solicita demandar en el Ejercicio de las dos banderas. Unas síntesis que nos proporcionen conocimiento interno, lucidez ante la realidad, para descubrir en ella las dinámicas de exclusión, extorsión y muerte, a fin de que las confrontemos; y para celebrar las corrientes de vida y liberación a fin de que nos comprometamos con ellas. Hablamos, por tanto, de síntesis sapienciales o conocimiento interno o ignaciano de la realidad, comoquiera que deseemos llamarlo, pues no contamos con un vocablo acuñado que designe esta realidad de la que estamos hablando.

La investigación social se debe situar al servicio de estas síntesis. Esto significa que es más necesaria que nunca, pues cuando no hay análisis hay invención, proyección pura: vemos lo que queremos. El conocimiento sapiencial debe ser riguroso, para aportar honestidad con lo real.

Estas síntesis que elaboren un conocimiento profundo de la realidad deberán:

- Contar con un rigor atento a una multiplicidad de perspectivas,

1. basándose sobre datos e investigaciones sólidas;

2. integrando en su análisis una multiplicidad de disciplinas;

- Ser realizadas en clima de discernimiento orante en común:

3. desvelando nuestros intereses ocultos y alianzas afectivas,

4. elaboradas desde la experiencia: en contacto con los pobres y con aquellas personas e instituciones sociales que trabajan en favor de ellos;

5. dejándose afectar por la realidad;

6. incorporando una lectura teológica;

- Incluir una orientación práctica que vehicule el compromiso y la implicación:

7. generando planteamientos y propuestas;

8. elaborando modos de divulgación razonada y creíble que favorezcan la formación permanente y alimenten nuestras motivaciones y afectos alentando nuestra fe;

9. catalizando una advocacy pública, al establecer una agenda con agentes sociales, eclesiales y políticos.

En general, podemos afirmar que carecemos de -o no contamos suficientemente con- los sujetos colectivos, o comunidades de discernimiento, capaces de llevar a cabo este trabajo. Precisaremos de metodologías nuevas y de maestros que orienten este trabajo. Hay mucho por hacer.

Si la investigación encuentra su ubicación adecuada al servicio de nuestra misión, esto llevará consigo que debe reunir algunas características. En primer lugar necesitará focalizarse en algunos campos sociales, en aquellos que son más relevantes hoy para el desarrollo de nuestra misión. En segundo lugar, esta investigación social deberá preguntarse en favor de quién y en favor de qué está11. En tercer lugar, y puesto que en todos los campos no podremos contar con personas preparadas, se necesitarán las aportaciones de otros muchos investigadores, pertenezcan o no a nuestras instituciones.

Los centros sociales también deberán jugar su papel en la elaboración de este conocimiento interno de la realidad social. Si las síntesis requieren discernimiento, éste se lleva a cabo de modo más adecuado cuando estamos en movimiento y en cercanía a la realidad. Las instituciones en contacto con las realidades sufrientes del mundo tendrán mucho que decirnos.

Ahora bien, ¿basta con las síntesis? No, éstas están encaminadas a orientar mejor nuestra respuesta a la misión.

4. Al servicio del liderazgo apostólico

Sólo un conocimiento interno de la realidad puede orientar nuestro liderazgo

Cuando carecemos de ese conocimiento interno, afectivo y discernido, del que surgen llamadas apostólicas, sólo hay gestión con sentido común. No hay asunción de riesgos, hay conservación; no hay fidelidad ni creatividad, más bien reproducción degenerativa; no hay identidad, sino dilución. Las síntesis iluminarán la realidad, motivarán nuestro compromiso y orientarán la acción.

Habitualmente hay muchos conocimientos en nuestras instituciones sobre el espacio económico y legal en el que se desenvuelven. Conocen bien lo que en jerga empresarial se denomina "el negocio". Sin embargo, la misión a la que responden va mucho más allá de él: un colegio no trabaja meramente para educar, eso ya lo hace la educación pública, con más medios y al menos tan bien como nosotros. Un colegio de la Compañía trata de formar personas que deseen un mundo más justo, capaces de comprometerse en comunidades en este empeño, dispuestas a sacrifi­cios si son necesarios, que saben que la fe es un magnífico resorte de liberación integral del ser humano, para que algunas personas puedan descubrir esta fe como la fuente de sus vidas. Esa misión, como puede verse, pasa por el "negocio" de la educación, pero va mucho más allá del mismo. Sucede otro tanto con la universidad jesuítica, o con las ONGs, o... En la actualidad resulta crucial que todas nuestras instituciones respondan a la misión fe-justicia, porque en ello nos jugamos que en realidad sean instituciones jesuíticas. Pero al mismo tiempo, es muy difícil.

Porque esto significa que hoy los colegios deberían saber mucho sobre inmigración, integración, identidades cruzadas, sobre procesos de integración de la segunda generación; sobre globalización, sobre política mundial, sobre ciudadanía; sobre secularización, sobre socialización religiosa; sobre el papel que los medios y los estímulos tienen en la socialización primaria; sobre los modelos actuales de familia... Las ONGs deberían saber mucho más sobre los aspectos simbólicos y espirituales del desarrollo, sobre el ser humano y las culturas, sobre la relación entre religión y política, sobre fortalecimiento y liderazgo comunitario, formas alternativas de desarrollo económico, descentralización, ecología y tecnología... Y así podríamos seguir repasando otros campos apostólicos.

En definitiva, un conocimiento interno de nuestra realidad social, por limitado y pobre que pueda resultar, contribuirá a que nuestras instituciones puedan responder mejor a nuestra misión. En un momento como el actual, de tanta precariedad de jesuitas, si instituciones como las que regenta hoy la Compañía -grandes, dinámicas y creativas- no reciben esta ayuda, se abrirán su propio camino en la actividad que desarrollan. Pero a la larga, ¿podremos reconocerlas como jesuíticas?

Se precisa a nivel institucional

Las instituciones necesitan este conocimiento interno para poder tomar decisiones con valentía y con ciertas garantías. Porque las decisiones en favor de la justicia y de los pobres requieren un grado de clarividencia. Es ese conocimiento de calidad el que puede ubicar adecuadamente a nuestras instituciones y el que posibilite que el horizonte apostólico al que responden se eleve: con presencia pública, con advocacy, con interlocución con instituciones públicas y privadas y con ámbitos de Iglesia...

Se precisa a nivel provincial / sectorial

Este nivel es mucho más estratégico, pues los sectores y provincias tienen recursos de las que instituciones, por sí solas, carecen. Las síntesis posibilitarán que sectorial y provincialmente se puedan identificar nuevos retos, estudiar qué instituciones responderán mejor a ellos y demandarlo, incluso reflexionar si son necesarias nuevas iniciativas apostólicas, o si conviene abandonar otras.

Es obvio que la misión fe-justicia necesita interlocución política con instituciones eclesiales, con organizaciones sociales, relaciones con medios de comunicación, con financiadores... Más aún en una sociedad tan plural como la nuestra. Este tipo de relaciones es crucial. Este "conocimiento interno" discernido y consensuado será vital para tener una agenda propia en nuestras interlocuciones. Es aquí también donde se ve la importancia de que las síntesis a las que lleguemos estén orientadas a la acción e incluyan posturas, propuestas y recomendaciones. Si logramos hacer algo de esta tarea creceremos como cuerpo apostólico.

Se precisa a nivel de Compañía

También se precisa a nivel de Compañía. En tiempos pasados la reflexión de las instancias de gobierno de la Compañía han supuesto un fuerte aliento e impulso. Los Padres Arrupe y Kolvenbach han sido hombres que han ayudado muchísimo con su clarividencia, sabiduría y aportaciones. No hemos estado a su altura. Sin el apoyo de las instancias más altas del Gobierno de la Compañía y sus visiones sobre el mundo, sería muy difícil sostener nuestra misión en el conjunto de la Compañía, porque abundan en nuestro interior fuerzas disgregadoras.

5. Un posible modelo

El siguiente esbozo propone una organización posible de las diferentes piezas que hemos estado mencionando. Las tomamos primero individualmente y a continuación tratamos de incluirlas en un conjunto organizado.

La investigación social propiamente dicha

Hablamos de una investigación social llevada a cabo en universidades y algunos centros sociales. Algunos análisis necesariamente habrán de ser préstamos de otras disciplinas o procedentes de instituciones que no sean nuestras. Cuando la investigación esté realizada en nuestras instituciones deberá incluir algunos "acentos ignacianos": la explicitación de los presupuestos de los que se parte y la coherencia en el desarrollo; reconocimiento de las influencias y alianzas afectivas que subyacen; destacar en algún momento un "dejarse afectar". En estos casos, esta investigación debería considerar las experiencias realizadas en nuestros centros sociales y en instituciones de otros sectores. Es decir, la investigación social ignaciana debería incluir algunas características específicas.

La reflexión social de nuestros centros sociales

También nuestros centros sociales realizan su propia reflexión sobre la realidad. Aprenden de su experiencia, de las situaciones ante las que se encuentran y que meditan muchas veces de una forma sistemática, y en otras ocasiones, de modo más libre. También hacen uso de lecturas o aportaciones que reciben de algunos analistas sociales. Algunas características de esta reflexión de la experiencia es que es apasionada, a veces puede preferir el eslogan al rigor. Y si bien se centra en una única parcela de la realidad, ante ella su acercamiento es holístico, recogiendo una diversidad de perspectivas y disciplinas.

Conocimiento ignaciano de la realidad

El conocimiento ignaciano de la realidad debe partir de los dos elementos anteriores para alcanzar sus propias síntesis. Será realizado en una comunidad de discernimiento, en la que habrán de participar personas que realizan el análisis de la realidad y aquéllas que parten de las experiencias de los centros sociales.

Ya hemos señalado algunos cometidos de este conocimiento ignaciano: recoger análisis interdisciplinares; construirse también desde la experiencia; dejarse afectar por la realidad; incorporar una lectura teológica... También hemos indicado que necesitará de metodologías adecuadas y de maestros que dirijan los procesos de búsqueda.

Al servicio del liderazgo apostólico

Presentamos a continuación cómo quedaría un esquema final organizado con todos los elementos que hemos mencionado:

Un aspecto que debería quedar subrayado en el esquema: el conocimiento ignaciano debe ayudar a un mejor liderazgo apostólico. Esto significa que los ámbitos de liderazgo se han de sentir interpelados por las lecturas de la realidad que broten del conocimiento ignaciano. Si esto no sucede, el esquema se desinflaría pronto por no adquirirse compromisos. Así, el elemento tractor del proceso debe ser el ámbito de liderazgo apostólico. Es el que tiene la capacidad para organizar agendas, solicitar estudios y tomar decisiones a partir de ellos. Sin él el esquema no funciona.

Podríamos preguntarnos: ¿para qué tanto montaje? ¿No basta con un buen equipo de liderazgo apostólico, que conozca la realidad y tome decisiones? En realidad esto es cierto. Probablemente así se haya hecho durante mucho tiempo. Pero hoy este es un ideal inalcanzable. No hay personas que conozcan los estudios y las experiencias, sean capaces de valorar y discernir su importancia y después tengan la potestad de tomar decisiones sobre obras y personas. Pensar que esto es factible es ilusión. Sin embargo, esta reflexión sí da pie a pensar que habría personas que deberían estar en varios de estos ámbitos. Con ello se lograría empatar mucho más el engranaje.

En resumen, la investigación social constituye un elemento vital hacia las síntesis sapienciales sobre la realidad que hoy necesitamos para responder de forma adecuada a nuestra misión fe-justicia. En definitiva, un análisis social al servicio del liderazgo en nuestra misión por la fe y la justicia.

Fuente: Promotio justitiae

Notas:

1. CG 35, d.3, n. 39 (iii)

2. San Ignacio, Autobiografía, n. 26.

3. Ibid. n. 45.

4.Ibid. n. 50.

5.CG 34, d. 4, n. 10.

6. CG 32, d. 4, n.6.

7. CG 32, d. 4, nn. 9 y 76.

8. CG 34, d. 17, n. 10.

9. CG 32, d.4, n. 10.

10. Kolvenbach P. H., Selección de escritos (1991-2007), Conferencia en la Universidad de Santa Clara (6 de octubre de 2000), p. 305: "...lo que está en juego es... un diálogo interdisciplinar sostenido de investigación y reflexión, un continuo poner en común los conocimientos de todos. Su intención es asimilar las experiencias y las intuiciones de las diferentes disciplinas en 'una visión del conocimiento que, muy consciente de sus limitaciones, no se satisfaga con los fragmentos, sino que intente integrarlos dentro de una síntesis sabia y verdadera' de la realidad de nuestro mundo. Desgraciadamente muchos profesores no se sienten todavía, académica, humana y, me atrevería a decir, espiritualmente, preparados para un intercambio de tal envergadura".

11. Kolvenbach P. H., Selección de escritos (1991-2007), Conferencia en la Universidad de Santa Clara (6 de octubre de 2000), p. 305: "...todo el conocimiento que se adquiere en la universidad es valioso en sí mismo, pero es además un conocimiento que tiene que preguntarse a sí mismo, "en favor de quién y en favor de qué" está".

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21.07.10 @ 23:15:32. Archivado en Europa, Las Américas, Universidades, Religiones, Migraciones, Pro justitia et libertate, África, Asia, Oceanía