15/01/2007

Coalición unitaria contra el terrorismo

 

Coalición unitaria contra el terrorismo

Permalink 15.01.07 @ 09:32:00. Archivado en Semántica, Sociogenética, Ética

El gobierno pretende querer la unidad de todos los partidos democráticos contra el terrorismo. Si quiere que los demócratas no partidocráticos creamos en la sinceridad de su propósito, le pedimos que lo demuestre proponiendo inmediatamente, esta misma tarde, una coalición unitaria contra el terrorismo.

Sin este tipo de coalición, que adicionaría todas las fuerzas democráticas del país en pro del Bien Común y frente al enemigo universal actual, que es el terrorismo, el Estado sería de nuevo víctima de los sectarismos de la partidocracia que lo paralizan por el momento.

Pedir la unidad, preservando al tiempo la propia partidocracia, del color que sea, es mentir descaradamente a los ciudadanos que votamos a conciencia, cuya auténtica preocupación es el Bien Común y no el monopolio de tal o cual partido.

He aquí lo que yo escribía sobre este mismo tema el 25 de noviembre 2005:

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Diagnóstico y cura de la partidocracia

La partidocracia es una enfermedad degenerativa de la democracia. Probablemente es la más grave, porque su mal consiste en desposeer al pueblo de su soberanía. Como tal enfermedad presenta una serie de síntomas que el sociólogo-politólogo está en condiciones de interpretar, mediante un diagnóstico que reúne estos síntomas en una síntesis coherente que los hace comprensibles y curables.

Tanto la comprensión como la curación de la partidocracia, presuponen que el pueblo que sufre la enajenación de su soberanía por los partidos disfruta todavía de la lucidez y del sentido crítico necesarios, para comprender el diagnóstico y admitir la cura que se le propone. Estos presupuestos no se cumplen ni en los pueblos que se desentienden de la política, sea desconfiando visceralmente de los partidos y pasando de votar (los absentistas abstencionistas), sea confiando ciegamente en ellos y votando sus consignas como autómatas (los partidistas), ni en los que decretan como remedio su desaparición, confiando la cura de su mal a un dictador.

La única actitud que hace a un pueblo capaz de comprender el diagnóstico de esta enfermedad degenerativa de su democracia y aceptar el remedio que se le propone para curarla, es su voluntad de superar la partidocracia mediante la coalición de todas sus fuerzas democráticas vivas.

En cierta manera esto es lo que hicimos los españoles al apoyar unas cortes constituyentes cuyo mandato popular en 1978 era el redactar una constitución lo más cercana posible al ideal de nuestra reconciliación, precisamente mediante la coalición de todas nuestras fuerzas democráticas. Era la única forma de pasar sin conflicto armado de la autocracia monárquica heredada del franquismo, cuya única salida inteligente y pacífica era el renunciar en favor del pueblo como lo hizo don Juan Carlos, a la democracia coronada actual.

La paradoja que vivimos ahora consiste en que los partidos cometen el error que no cometió don Juan Carlos en 1975, queriendo arrogarse una soberanía que nos corresponde a todos como pueblo. Esto es precisamente la partidocracia, mal degenerativo mortal del que sufrimos actualmente.

Partidocracia vs. partitocracia

¿Por qué la llamo yo, con la mayoría universal de los sociólogos, partidocracia más bien que partitocracia? En primer lugar, precisamente porque esta es la denominación más universal. Verifique usted mismo: el buscador Google encuentra aproximadamente 47.000 casos de partidocracia en 0,16 segundos; mientras que sólo encuentra 11.600 de partitocracia en 0,18 segundos.

Partitocracia es un italianismo cometido en 1977 por un politólogo franquista, insensible a su cacofonía en castellano (del italiano partitocrazia), cuyo deseo era el defender lo que el franquismo llamaba la democracia orgánica: “Partitocracia es un procedimiento para intentar el ideal democrático, sólo eso, no puede ser ni un principio, ni un fin, sólo un sistema que ha venido demostrando fallos en cuantía muy considerable para que el hombre pueda identificarlo con su ideal definitivo de vida. La máxima concesión que puede hacerse a la partitocracia, es la de ser un sistema menos malo que otros. § Franco quiso la democracia, pero por vías diferentes a las partitocráticas. Consideró que la vía orgánica, desarrollada en el seno de las instituciones naturales, en las que el hombre sufre sus problemas y encuentra sus aspiraciones, era el procedimiento más adecuado para alcanzar una representatividad cierta.”, Eduardo González Ruiz, La misión del ejército en la sociedad contemporánea, Magisterio Español; Prensa Española (Madrid), 1977, p. 84.

Hoy mismo el buscador Google encuentra el término italiano partitocrazia aproximadamente 38.200 en 0,23 segundos. El Dizionario di historia define actualmente la partitocrazia como la degeneración del sistema democrático que consiste en la alteración de la naturaleza de los partidos políticos, al ocupar y usar las instituciones públicas para objetivos diversos de las finalidades para las cuales fueron creadas: “Degenerazione del sistema democratico, consistente in un'alterazione della natura dei partiti politici che da espressione della volontà dei gruppi sociali che compongono la popolazione divengono strumenti, di fatto solidali tra loro e quindi sottratti al controllo democratico, per l'occupazione delle istituzioni pubbliche e la loro utilizzazione a scopi diversi dalle finalità per cui sono sorte. Il fenomeno colpì la Repubblica italiana, fino a metterla a repentaglio, dagli anni settanta del Novecento. Le gravi distorsioni indotte dalla partitocrazia anche sul terreno economico (vedi Tangentopoli) portarono in Italia all'abrogazione referendaria della legge sul finanziamento pubblico dei partiti (1993)”.

Semántica histórica del término

partidocracia (doc. 1989, Panamá; partido + -cracia elem. compositivo que significa ‘dominio o poder’, del gr. –kratía, de la raíz de krátos ‘fuerza’) f. Denominación calificativa peyorativa y despectiva ‘fuerza, poder del partido’ ej. Bancocracia, fisiocracia. Esta denominación resulta del calco semántico del término político inglés “partyarchy”, de Michael Coppedge, 1994, derivándola de la concepción de “poliarquías” de Robert Dall, inspirado a su vez del alemán Spengler (Blankenburg 1880 - Munich 1936), autor de The Decline of the West. La traducción morfosemántica del inglés partyarchy hubiera debido ser: partidoarquía. El uso actual de partyarchy es menos frecuente que el de partycracy. Google encuentra aproximadamente 160 empleos en 0,24 segundos.

Los politólogos actuales caracterizan la partidocracia como una desviación del papel que corresponde a los partidos políticos en la democracia representativa, identificando cuatro síntomas distintivos que permiten definirla y diagnosticarla, desde el momento en que aparece. Estos mismos síntomas permiten también combatirla en sus propias raíces, cuando el pueblo que la sufre en su democracia enferma tiene la firme voluntad de curarla. Los cuatro síntomas son:

1. Monopolio de los nombramientos para cargos de elección popular

2. Control sobre los representantes electos

3. Patrimonialismo partidista

4. Partidización de la sociedad civil

A partir de aquí cedo la palabra al brillante politólogo y político salvadoreño Rubén Ignacio ZAMORA, cuya heroica lucha contra la partidocracia es bien conocida, tanto por los sociólogos como por todos los defensores de la democracia en el mundo entero. Su lectura nos advierte a todos de que este gravísimo peligro amenaza actualmente no sólo a El Salvador, a Latinoamérica, a España o a la Unión Europea, sino al mundo globalizado por entero, comenzando por la democracia hegemónica de los Estados Unidos de América, cuya partidocracia suicida amenaza con llevarnos a todos al apocalipsis.

Diagnóstico y cura de la partidocracia

12:24 Écrit par SaGa Bardon dans Semántica | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : sociogenetica |  Facebook |

10/01/2007

Mentira permanente

Mentira permanente

10.01.07 @ 11:45:00. Archivado en Semántica, Pragmática, España, Sociogenética, Ética

Como lingüista y filósofo del lenguaje, advierto con relativa frecuencia, a quienes me quieran oír, que sin compartir un diccionario común es imposible no solamente dialogar, sino incluso mantener la paz que sustenta el diálogo.

También advierto que el uso correcto de un diccionario común de un lenguaje natural, como son las lenguas ordinarias, está sometido a unas reglas de juego que llamamos pragmáticas. Cometen un error gravísimo, por no decir un atropello, quienes pretenden lo contrario.

Una de las reglas capitales pragmáticas del uso correcto de cualquier diccionario común de una lengua ordinaria es el compromiso de coherencia, que es el garante más visible de la verdad de cualquier diálogo. Conviene recordar aquí que en las lenguas ordinarias todo acto de lenguaje es dialógico, en el sentido de que no existiría si no fuera la colaboración concreta entre un locutor y un oyente, que puede ser plural y diferido, a propósito de un tema, en circunstancias bien determinadas y conocidas por ambos.

En virtud de esta regla, común a todas las lenguas naturales u ordinarias, cualquier locutor de una lengua cualquiera, sabe que hay actos de lenguaje que son mentiras manifiestas, simplemente por faltar al compromiso de coherencia. Tal es el caso de la denominación "tregua permanente", póngase en bable, en castellano, en catalán, en euskera, en gallego o en la lengua española que sea. En todas estas lenguas, quien pretende que una "tregua" entre dos enemigos es "permanente", prueba en la misma denominación que elige para decirlo que miente. Así pues, la "tregua permanente" era, es y será una "mentira permanente".

* tregua. (Del gót. triggwa, tratado). 1. f. Suspensión de armas, cesación de hostilidades, por determinado tiempo, entre los enemigos que tienen rota o pendiente la guerra. 2. f. Intermisión, descanso.
* permanente. (Del lat. permanens, -entis). 1. adj. Que permanece.
* permanecer. (Del lat. permanere). 1. intr. Mantenerse sin mutación en un mismo lugar, estado o calidad.

DRAE

11:58 Écrit par SaGa Bardon dans Semántica | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : pragmatica |  Facebook |

27/09/2006

Unamuno, Rizal y "Clarín", discípulos del helenista Lázaro Bardón

 

Unamuno, Rizal y "Clarín", discípulos del helenista Lázaro Bardón

Permalink 27.09.06 @ 18:30:00. Archivado en Semántica, España, Educación

El vasco Miguel de Unamuno, el filipino José Rizal y el zamorano Leopoldo Alas "Clarín", discípulos del helenista Lázaro Bardón y Gómez, siempre que hablaron de su maestro lo hicieron con una gran admiración y un sincero cariño.

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Cada uno de nosotros cuenta en su vida con una serie de raíces que condicionan, desde las profundidades de su subconsciente, el empuje de la planta que somos cada hijo de vecino. Aunque esto sucede sin que nos demos cuenta, en cuanto primeros interesados por la eficacia del mecanismo, no es imposible que la causa determinante del fenómeno sean nuestros padres y educadores, que se las arreglan para que nuestro subconsciente se configure y funcione como ellos lo han pretendido.

La manera más sutil de hacerlo es el transformar en emblema de la familia a uno de nuestros más ilustres antepasados. Viniendo como venimos detrás de tal o cual persona insigne, no podemos estropear nosotros el buen nombre de la familia.

Éste ha sido mi caso con la figura del helenista don Lázaro Bardón y Gómez, prestigioso paleógrafo y lexicógrafo salmanticense, catedrático de griego de las Universidades de Salamanca y de Madrid, que fue también senador republicano, durante la primera república española, y rector de la Universidad Central de Madrid (Ver el Expediente personal del Senador D. Lázaro Bardón y Gómez, por la provincia de León, en el Senado).

Confieso que su pasión por el helenismo y por la semántica me condicionó hasta tal punto, que en un momento muy importante de mi vida, cuando mis padres me preguntaron qué regalo deseaba yo que me hicieran para celebrarlo, les pedí que me procuraran una máquina de escribir que dispusiera al mismo tiempo de caracteres griegos y latinos. Como tal herramienta no existía por aquél entonces en España, era el año escolar 1956-57, mis padres me la hicieron traer de Alemania.

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En los textos de don Miguel de Unamuno, que publico a continuación, aparece con una fuerza sorprendente la admiración y el cariño que tanto él como José Rizal, padre espiritual de la república filipina, profesaban hacia el tío abuelo de mi madre. El primer texto es un retazo del "EPÍLOGO" de don Miguel a Vida y Escritos del Dr. José Rizal de W.E. Retana. El segundo, una auténtica joya del buen humor unamuniano, es la reproducción completa del artículo España-Perejil y la isla de Calipso, publicado el 27 de junio de 1902 en la revista Alrededor del Mundo.

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Epílogo

Con un íntimo interés recorría yo en el libro de Retana aquel diario que Rizal llevó en Madrid siendo estudiante. Bajo sus escuetas anotaciones palpita un alma soñadora tanto ó más que en las amplificaciones retóricas de los personajes de ficción en que encarnó más tarde su espíritu tejido de esperanzas.

Rizal estudió Filosofía y Letras en Madrid por los mismos años en que estudiaba yo en la misma Facultad, aunque él estaba acabándola cuando yo la empezaba. Debí de haber visto más de una vez al tagalo en los vulgarísimos claustros de la Universidad Central, debí de haberme cruzado más de una vez con él mientras soñábamos Rizal en sus Filipinas y yo en mi Vasconia.

En su diario no olvida hacer constar su asistencia á la cátedra de griego, á la que pareció aficionarse y en la que obtuvo la primera calificación. No lo extraño. Rizal no se aficionó al griego precisamente, puedo asegurarlo: Rizal se aficionó a D. Lázaro Bardón, nuestro venerable maestro, como me aficioné yo. En el Noli me tángere hay dos toques que proceden de D. Lázaro. Uno de ellos es el traducir el principio del Gloria como Bardón lo traducía: "Gloria á Dios en las alturas; en la tierra, paz; entre los hombres, buena voluntad". Don Lázaro fue uno de los cariños de Rizal; lo aseguro yo que fui discípulo de D. Lázaro y que he leído el diario y las obras de Rizal.

Y lo merecía aquel nobilísimo y rudo maragato (1), aquella alma de niño, aquel santo varón que fue D. Lázaro, cura secularizado. ¡Si todos los españoles que conoció Rizal hubieran sido como D. Lázaro...!

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España-Perejil y la isla de Calipso

El número de la Revue des Deux Mondes, correspondiente al 15 de mayo de este año (1902), traía un trabajo de M. Víctor Vérard sobre Los origenes de la Odisea, interesantísimo para los españoles. El tal trabajo llamó muy justamente la atención del docto y culto escritor Sr. Gómez de Baquero, que en la La Época del 10 de este mes de Junio y bajo el título de Los orígenes de la Odisea-Calipso-Perejil, da un extracto de parte de la labor de M. Bérard.

Trata este señor nada menos que de señalar la ruta y sitios de las correrías marítimas del astuto Ulises, y de probarnos que la Odisea es en buena parte una poetización de las instrucciones náuticas de los fenicios y de otros navegantes del Mediterráneo. Lleva a cabo Bérard su cometido con verdadero ingenio.

Fíjase, sobre todo, en la duplicidad de los nombres de lugares y cómo éstos se nos presentan con el nombre semítico y el que luego le dieron los griegos, traduciendo éstos el nombre que a un lugar le pusieran los fenicios a la vez que lo conservaban. Y esto me recuerda lo que en cierta ocasión nos decía mi inolvidable maestro, D. Lázaro Bardón, hablándonos del río Guadix: "Vinieron los semitas y le llamaron Ix -decía,- que significa 'río'; llefaron luego los árabes y le llamaron Wad-ix, es decir, el río río, y por último le llamanos nosotros el río Guadix, esto es, el río río río. Es como el puente de Alcántara, es decir, el puente del puente".

Volviendo a Bérard y Ulises, no puede negarse que es ingeniosísimo cuanto el erudito francés hace por determinar la posición de los parajes que recorrió el astuto heleno, sirviéndose para determinarlos de un cotejo entre el texto de la Odisea y el de las Instrucciones náuticas y Derroteros para uso de los marinos. Y no es el menos sorprendente de sus descubrimientos el de que la isla de Calipso, en que esta encantadora retuvo a Ulises, fue la actual isla del Perejil, adquiriendo así este indecente islote una importancia en que ni aún soñaba. Bien se ha dicho que Dios ensalza a los humildes.

De éste de que el islote del Perejil sea, según Bérard, la isla de Calipso, es de lo que dió cuenta el señor Baquero; pero queda otra cosa más sorprendente aún y es que, según el mismo ingenioso investigador, la tal isla es la que ha dado a España su nombre. No quiere decirse que España haya de llamarse Perejil, sino que el nombre de Hispania o Spania fue aplicado en un principio a ese islote y de él se corrió a la península toda.

Éste humilde y modestísimo peñasco está a casi igual distancia de la punta de Almanza y de la punta Leona, en el Estrecho de Gibraltar, y depende de Ceuta. Es de figura triangular, de piedra, con algunos arbustos, de una milla de bojeo y de 74 metros de altura. Es tan modesto y apocado el islote que es difícil hallarlo, pues hasta cuando está el tiempo claro no se le puede distinguir de la costa africana, uno de cuyos numerosos salientes parece. Hay en él una caverna, caverna a la que veremos adquirir, gracias a M. Bérard, una extraordinaria importancia. La tal caverna, que bien merece ser fotografiada, tiene por entrada una hendidura de 20 metros de alto por siete u ocho de ancho, componiéndose luego de dos salas, y a los diez metros, de otra de 30 o 40 metros de largo. Según el Derrotero del Mediterráneo, podrían refugiarse en tal caverna hasta 200 hombres.

Tal es, según Bérard, la isla de Calipso, es decir, del "escondrijo", derivando Calipso del verbo griego Kalypto ocultar o esconder. Según la Odisea había en ella perejil, de donde procede su nombre actual. Veamos ahora cómo este islote ha dado nombre a España, según Bérard siempre.

Dice éste: "He aquí, pues, la Isla del Escondrijo, la Isla de Kalypso, la isla de arbustos, sembrada de perejil y de violetas, alzándose sobre las ondas como un 'ombligo' sobre el escudo homérico y conteniendo dos mesetas, dos planicies, cubiertas de monte y de yerba. Que hayan conocido y frecuentado este refugio los primeros navegantes del Estrecho; que hayan adoptado esta maravillosa estación de pesca, de comercio y de piratería los tirios o cartagineses en su cabotaje por la costa africana, es cosa que podemos afirmar a priori. Con la rada al abrigo de todos los vientos que deja entre sí y la costa; con su caverna accesible a los marinos e inaccesible a los terrestres, fácil de descubrir cuando se viene del Este, imposible de ver de todos los demás tuntos, con su alta atalaya que domina el mar de Levante y de Poniente; a la entrada del Estrecho, he aquí la mejor emboscada y el mejor depósito, la verdadera escala de las barcas primitivas. Sólo la topografía nos permite imaginar cómo tuvieron en este punto los primeros exploradores de las Columnas de Hércules unas de sus etapas y después uno de sus puntos de apoyo para el descubrimiento y explotación del mar occidental. Perejil fue la Isla, el Algeciras de los primeros marinos. Pero además de los datos topográficos tenemos, según creo, un nombre de lugar o más bien un doblete".

Y entra luego el erudito francés en lo más sorprendente y curioso de su trabajo, esto es, en establecer que el nombre Calipso -nombre del islote personificado en la encantadora- es la traducción del nombre primitivo de Perejil, que debió de ser I-spania. "Un doblete greco-semítico que va a llevarnos a la comprensión más exacta de este vocablo que empleamos sin comprenderlo, porque aplicamos al presente a toda la península ibérica o española el antiguo nombre que los primeros navegantes semíticos dieron a Perejil: España, I-spania, la Isla del Escondrijo".

El nombre de España se cree sea semítico por haber conocido los romanos nuestra península merced a los cartagineses, y suele traducirse "isla del Tesoro", aludiendo a las riquezas mineras de nuestro subsuelo, de i, ai, e, 'isla' y la raíz semítica sapan, de donde se deriva sapun o sapin, 'tesoro'. Pero M. Bérard da otra etimología derivándolo de I-spanea, del sustantivo spanea, 'escondrijo'. Y añade triunfalmente. "I-spanea no es más que la Isla de Kalypso, la Isla del Escondrijo, Perejil es la que era en un principio Ispania, y no fue sino por error o por una extensión de sentido por lo que este nombre pasó al continente vecino".

No es cosa de ponderar el descubrimiento de M. Bérard, que se pondera por sí solo. No faltará lector descontentadizo y difícil que no vea claro cómo pudo extenderse el antiguo nombre de la Isla del Perejil a toda España, pero con sólo reflexionar en que aquel nombre significaba Isla del Escondrijo, se le resolverán las dudas. Por mi parte la única dificultad que encuentro para admitir el brillante invento de M. Berárd es que, según algunos paisanos míos, el nombre España deriva del vascuence ezpaña, 'labio', aludiendo a la posición que tiene nuestra península en Europa, etimología muy racional y justa, ya que saca el actual nombre de España (no Hispania) del actual nombre del labio en vascuence, pues siempre debe uno atenerse a actualidades, que es lo real, sin ir a buscar la forma antigua de nombre España y del nombre vasco ezpaña, y por otra parte es sabido que los que dieron nombre a la península tenían a la vista constantemente un mapa de Europa. Más una vez salvado este escrúpulo, no tengo inconveniente en aceptar la brillante explicación de M. Bérard. Y ¡qué prestigio no adquiere Perejil! ¡Cuán insondables son las vías de la Providencia y qué inescrutables sus designios! En ese hasta hoy humildísimo y casi olvidado islote del Estrecho, frente al ominoso y agorero Gibraltar, tenemos al padre putativo de España, al que le dio nombre y con él individualidad entre las naciones. Bien podemos llamar a nuestra Isla del Escondrijo, a nuestra emperejilada Ispania, a nuestro gran Calipso, la Península del Perejil.

19:25 Écrit par SaGa Bardon dans Semántica | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |