20/12/2011

No podemos callar tras 500 años del sermón de fr. Antón de Montesinositre de la note

 

 

Autoría: Material preparado por fr. Juan Manuel Pérez, O.P., de la casa de Santiago de los Caballeros (República Dominicana).

Montesinos, dominico

Son pocos los datos que tenemos de la vida de Antón de Montesinos antes de su famoso sermón. Profesó como fraile dominico en el convento de san Esteban de Salamanca en 1502. Como Pedro de Córdoba, también Antón Montesinos, en 1507 y 1508, está de estudiante en San Pablo de Valladolid. Entonces comienza su contacto con Domingo de Mendoza y Pedro de Córdoba sobre la posible misión en las Indias. De Valladolid el capítulo provincial de 1509, siendo ya sacerdote, lo asigna al convento de Santo Tomás de Ávila, para que termine su carrera teológica.

Su llegada a Santo. Domingo

En octubre de 1510 llegará a la isla de la Española, actual Santo Domingo, junto con otros tres frailes dominicos: Pedro de Córdoba, Bernardo de Santo Domingo y el hermano cooperador Domingo de Villamayor. Serán los primeros dominicos en pisar el Nuevo Mundo.

A lo largo de quince meses (septiembre de 1510-diciembre 1511), los dominicos denunciaron en privado a las autoridades de España y La Española –D. Diego Colón y al mismo rey Fernando– la situación intolerable en que se encontraban los naturales, así como la urgencia inaplazable del cambio. Pero, no sacaron nada en limpio.

El Sermón

De poco sirven sus sabias advertencias, de modo que, la comunidad decide comenzar un tiempo de ayunos, vigilias y oraciones para que Dios les iluminase en materia tan grave. Reunidos en capítulo, la comunidad prepara y firma un “Sermón”, que Fr. Pedro de Córdoba encargará que predique fray Antón Montesino “bajo precepto formal y en virtud de santa obediencia”. Pero, aunque lo predica Montesinos, el sermón expresa el parecer de toda la comunidad (para entonces ya eran 15 frailes). En proclamas y en denuncias que se hacen en nombre de una institución o de unos principios es muy importante la conciencia comunitaria.

El 21 de diciembre de 1511, 4° domingo de Adviento en una iglesia de paja, la voz de los profetas se alzó clara y rotunda para cambiar el rumbo de la historia.

No podemos callar. Sobre el sermón de fr. Antón Montesinos
por Fr. Juan Manuel Pérez O.P.

Los primeros dominicos habían llegado a esta Isla un año antes, en 1510. Traían la misión de “predicar la Palabra de Dios a los nativos de estas tierras”. Pero, al entrar en contacto con la realidad, se dieron cuenta que era un contrasentido predicar la buena nueva del evangelio a los indios que estaban siendo explotados y sometidos a tratos inhumanos precisamente por los que se declaraban cristianos. Tuvieron que escoger entre ser capellanes de los opresores o defensores de los derechos de los indios.

No dudaron un momento. “Por honor del nombre de Dios, para no hacer inútil la pasión de Cristo y por la profesión de frailes predicadores” deciden denunciar públicamente los abusos contra los indígenas. Sabían que la denuncia iba a crearles muchos problemas y dificultades. Pero no pueden callar, porque se trata de “la verdad evangélica, necesaria para la salvación de todos: los españoles y los indios”.

“Los religiosos, asombrados de ver y oír obras tan contrarias a la humanidad y a las costumbres cristianas, tomaron mayor ánimo y, encendidos del celo por la honra divina, doliéndose de las injurias que se les hacían a los indios y compadeciéndose de la miseria padecida por tan gran número de personas, suplicando, se encomendaron a Dios en oraciones y vigilias para que les iluminase a fin de no errar en cosa que tanto iba”(Bartolomé de las Casas)

Teniendo en cuenta la repercusión que iba a tener la denuncia de los abusos cometidos, preparan a fondo y con todo cuidado lo que van a decir. El sermón lo predicó Montesinos, pero era el parecer de todos los frailes de la comunidad. Estaba escrito y firmado por todos.

Escogieron el cuarto domingo de adviento para predicar la denuncia, aprovechando la frase del profeta Isaías -“Voz que clama en el desierto”- que recoge el evangelio que se leía en la misa de aquel domingo.

“Llegado el domingo y la hora de predicar, subió en el púlpito fray Antón de Montesinos y tomó como tema y fundamento de su sermón, que llevaba escrito y firmado por los demás, voz que clama en el desierto”.

“Esta voz dice que todos ustedes están en pecado mortal y en él viven y mueren por la crueldad y tiranía que usan con estas inocentes gentes.

Digan, ¿con qué derecho y con qué justicia tienen en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Con qué autoridad han hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muertes y estragos nunca oídos, ustedes han masacrado?

¿Cómo los mantienen tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades, en que incurren por los excesivos trabajos que ustedes les ponen y se les mueren, y por mejor decir, los matan ustedes, por sacar y adquirir oro cada día?

¿Y qué cuidado tienen de quien los doctrine, y conozcan a su Dios y creador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen almas racionales? ¿No están ustedes obligados a amarlos como se aman a ustedes mismos? ¿No entienden esto? ¿Es que no tienen sentimientos? ¿Cómo están dormidos en un sueño tan letárgico?

Tengan por cierto que en el estado en que están no se pueden salvar".

No es de extrañar que las autoridades y todos los españoles que asistieron a la misa hayan salido escandalizados de la predicación. Las Casas hace este comentario: el sermón “los dejó atónitos, a muchos como fuera de sentido, a otros más empedernidos y a algunos algo compungidos, pero a ninguno convertido”.

“En cosa que tanto iba”. El sermón de Montesinos va en contra de la opinión entonces generalizada y tenida como irrefutable sabre temas muy delicados.

* Dignidad de la persona y derechos de los indios. Los colonizadores consideraban a los nativos seres inferiores por estar menos desarrollados y también por no estar bautizados. Pero la doctrina del sermón de Montesinos no califica a las personas con notas altas o bajas. Es falsa también la opinión de que los no bautizados o los herejes han perdido sus derechos como seres humanos. Para los frailes todo ser humano obtiene la máxima nota: es persona humana y tiene derechos inviolables. Fue ahí la pregunta clave: ¿estos no son hombres? ¿no tienen almas racionales? Por otra parte, el bautismo no da privilegios frente a los no bautizados; al contrario impone deberes: ¿no están obligados a amarlos, a enseñarles a conocer a Dios…?

* Autoridad terrenal del Papa. Entonces se creía que el Papa, por ser el vicario de Cristo, era el dueño de toda la tierra y podía donar las tierras de paganos a quien quisiera. El sermón de Montesinos no alude directamente a la donación del Papa –sería abrir otro frente en la controversia -, pero afirma que estas gentes “estaban mansas y pacíficas en sus tierras”. Los taínos eran los dueños de la tierra, de los bienes que producía y del oro que sacaban de las minas.

* Soberanía de los Reyes Católicos sobre estas tierras “descubiertas”. En virtud de la donación del Papa, los Reyes Católicos y sus sucesores tenían derecho a ocupar las tierras“descubiertas” y a someter a sus habitantes. Montesinos les pregunta: "Díganme, ¿con qué derecho, con qué autoridad, con qué justicia han declarado la guerra a estas gentes?”

* El comportamiento de los “cristianos” es contrario a la fe cristiana. En consecuencia, la voz que clama en el desierto afirma: “todos ustedes están en pecado mortal y en ese estado no se pueden salvar”.

En el monumento a Montesinos la figura del predicador tiene la mano formando pantalla para que el contenido de su sermón, predicado hace 500 años, siga resonando hoy con la misma fuerza.

Seguiremos.

Fr. Juan Manuel Pérez O.P.

Fuente: Material preparado por fr. Juan Manuel Pérez, de la casa de Santiago de los Caballeros (República Dominicana).

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23:33 Écrit par SaGa Bardon dans Actualidad, Las Américas | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |

No podemos callar tras 500 años del sermón de fr. Antón de Montesinositre de la note

 

 

Autoría: Material preparado por fr. Juan Manuel Pérez, O.P., de la casa de Santiago de los Caballeros (República Dominicana).

Montesinos, dominico

Son pocos los datos que tenemos de la vida de Antón de Montesinos antes de su famoso sermón. Profesó como fraile dominico en el convento de san Esteban de Salamanca en 1502. Como Pedro de Córdoba, también Antón Montesinos, en 1507 y 1508, está de estudiante en San Pablo de Valladolid. Entonces comienza su contacto con Domingo de Mendoza y Pedro de Córdoba sobre la posible misión en las Indias. De Valladolid el capítulo provincial de 1509, siendo ya sacerdote, lo asigna al convento de Santo Tomás de Ávila, para que termine su carrera teológica.

Su llegada a Santo. Domingo

En octubre de 1510 llegará a la isla de la Española, actual Santo Domingo, junto con otros tres frailes dominicos: Pedro de Córdoba, Bernardo de Santo Domingo y el hermano cooperador Domingo de Villamayor. Serán los primeros dominicos en pisar el Nuevo Mundo.

A lo largo de quince meses (septiembre de 1510-diciembre 1511), los dominicos denunciaron en privado a las autoridades de España y La Española –D. Diego Colón y al mismo rey Fernando– la situación intolerable en que se encontraban los naturales, así como la urgencia inaplazable del cambio. Pero, no sacaron nada en limpio.

El Sermón

De poco sirven sus sabias advertencias, de modo que, la comunidad decide comenzar un tiempo de ayunos, vigilias y oraciones para que Dios les iluminase en materia tan grave. Reunidos en capítulo, la comunidad prepara y firma un “Sermón”, que Fr. Pedro de Córdoba encargará que predique fray Antón Montesino “bajo precepto formal y en virtud de santa obediencia”. Pero, aunque lo predica Montesinos, el sermón expresa el parecer de toda la comunidad (para entonces ya eran 15 frailes). En proclamas y en denuncias que se hacen en nombre de una institución o de unos principios es muy importante la conciencia comunitaria.

El 21 de diciembre de 1511, 4° domingo de Adviento en una iglesia de paja, la voz de los profetas se alzó clara y rotunda para cambiar el rumbo de la historia.

No podemos callar. Sobre el sermón de fr. Antón Montesinos
por Fr. Juan Manuel Pérez O.P.

Los primeros dominicos habían llegado a esta Isla un año antes, en 1510. Traían la misión de “predicar la Palabra de Dios a los nativos de estas tierras”. Pero, al entrar en contacto con la realidad, se dieron cuenta que era un contrasentido predicar la buena nueva del evangelio a los indios que estaban siendo explotados y sometidos a tratos inhumanos precisamente por los que se declaraban cristianos. Tuvieron que escoger entre ser capellanes de los opresores o defensores de los derechos de los indios.

No dudaron un momento. “Por honor del nombre de Dios, para no hacer inútil la pasión de Cristo y por la profesión de frailes predicadores” deciden denunciar públicamente los abusos contra los indígenas. Sabían que la denuncia iba a crearles muchos problemas y dificultades. Pero no pueden callar, porque se trata de “la verdad evangélica, necesaria para la salvación de todos: los españoles y los indios”.

“Los religiosos, asombrados de ver y oír obras tan contrarias a la humanidad y a las costumbres cristianas, tomaron mayor ánimo y, encendidos del celo por la honra divina, doliéndose de las injurias que se les hacían a los indios y compadeciéndose de la miseria padecida por tan gran número de personas, suplicando, se encomendaron a Dios en oraciones y vigilias para que les iluminase a fin de no errar en cosa que tanto iba”(Bartolomé de las Casas)

Teniendo en cuenta la repercusión que iba a tener la denuncia de los abusos cometidos, preparan a fondo y con todo cuidado lo que van a decir. El sermón lo predicó Montesinos, pero era el parecer de todos los frailes de la comunidad. Estaba escrito y firmado por todos.

Escogieron el cuarto domingo de adviento para predicar la denuncia, aprovechando la frase del profeta Isaías -“Voz que clama en el desierto”- que recoge el evangelio que se leía en la misa de aquel domingo.

“Llegado el domingo y la hora de predicar, subió en el púlpito fray Antón de Montesinos y tomó como tema y fundamento de su sermón, que llevaba escrito y firmado por los demás, voz que clama en el desierto”.

“Esta voz dice que todos ustedes están en pecado mortal y en él viven y mueren por la crueldad y tiranía que usan con estas inocentes gentes.

Digan, ¿con qué derecho y con qué justicia tienen en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Con qué autoridad han hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muertes y estragos nunca oídos, ustedes han masacrado?

¿Cómo los mantienen tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades, en que incurren por los excesivos trabajos que ustedes les ponen y se les mueren, y por mejor decir, los matan ustedes, por sacar y adquirir oro cada día?

¿Y qué cuidado tienen de quien los doctrine, y conozcan a su Dios y creador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen almas racionales? ¿No están ustedes obligados a amarlos como se aman a ustedes mismos? ¿No entienden esto? ¿Es que no tienen sentimientos? ¿Cómo están dormidos en un sueño tan letárgico?

Tengan por cierto que en el estado en que están no se pueden salvar".

No es de extrañar que las autoridades y todos los españoles que asistieron a la misa hayan salido escandalizados de la predicación. Las Casas hace este comentario: el sermón “los dejó atónitos, a muchos como fuera de sentido, a otros más empedernidos y a algunos algo compungidos, pero a ninguno convertido”.

“En cosa que tanto iba”. El sermón de Montesinos va en contra de la opinión entonces generalizada y tenida como irrefutable sabre temas muy delicados.

* Dignidad de la persona y derechos de los indios. Los colonizadores consideraban a los nativos seres inferiores por estar menos desarrollados y también por no estar bautizados. Pero la doctrina del sermón de Montesinos no califica a las personas con notas altas o bajas. Es falsa también la opinión de que los no bautizados o los herejes han perdido sus derechos como seres humanos. Para los frailes todo ser humano obtiene la máxima nota: es persona humana y tiene derechos inviolables. Fue ahí la pregunta clave: ¿estos no son hombres? ¿no tienen almas racionales? Por otra parte, el bautismo no da privilegios frente a los no bautizados; al contrario impone deberes: ¿no están obligados a amarlos, a enseñarles a conocer a Dios…?

* Autoridad terrenal del Papa. Entonces se creía que el Papa, por ser el vicario de Cristo, era el dueño de toda la tierra y podía donar las tierras de paganos a quien quisiera. El sermón de Montesinos no alude directamente a la donación del Papa –sería abrir otro frente en la controversia -, pero afirma que estas gentes “estaban mansas y pacíficas en sus tierras”. Los taínos eran los dueños de la tierra, de los bienes que producía y del oro que sacaban de las minas.

* Soberanía de los Reyes Católicos sobre estas tierras “descubiertas”. En virtud de la donación del Papa, los Reyes Católicos y sus sucesores tenían derecho a ocupar las tierras“descubiertas” y a someter a sus habitantes. Montesinos les pregunta: "Díganme, ¿con qué derecho, con qué autoridad, con qué justicia han declarado la guerra a estas gentes?”

* El comportamiento de los “cristianos” es contrario a la fe cristiana. En consecuencia, la voz que clama en el desierto afirma: “todos ustedes están en pecado mortal y en ese estado no se pueden salvar”.

En el monumento a Montesinos la figura del predicador tiene la mano formando pantalla para que el contenido de su sermón, predicado hace 500 años, siga resonando hoy con la misma fuerza.

Seguiremos.

Fr. Juan Manuel Pérez O.P.

Fuente: Material preparado por fr. Juan Manuel Pérez, de la casa de Santiago de los Caballeros (República Dominicana).

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23:32 Écrit par SaGa Bardon dans Actualidad, Las Américas | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |

30/03/2011

Al teólogo Joseph Comblin le dolía su Iglesia

 

 
 

Al teólogo Joseph Comblin (1923- + 27.03.2011) le dolía su Iglesia, porque constataba su desmembramiento como cuerpo social y místico, por culpa del clericalismo, incapaz de reconocer la necesidad de la corresponsabilidad  de los laicos tanto en los deberes como en los poderes del conjunto del cuerpo eclesial.

Entonces, ¿quién va a evangelizar el mundo de hoy, cuando faltan y fallan los clérigos, tanto en cantidad, por su envejecimiento y por la falta de vocaciones, como por la inaceptable calidad de su concepción de la Iglesia?

Desde el punto de vista de Joseph Comblin, son los laicos.  “Ya han surgido muchos grupos pequeños de jóvenes que practican justamente un modo de vida mucho más pobre {que los clérigos}, independientes de cualquier organización externa, en contacto permanente con el mundo  de los pobres. Ya existen, y habría más si fueran más conocidos.

Esta podría ser una tarea auxiliar de la teología: hacer saber lo que sucede en la realidad, descubrir dónde se encuentra en este momento  el evangelio vivido, para que se sepa, para que estos grupos se conozcan mutuamente, porque de otra manera pueden desalentarse o carecer de perspectivas. Una vez reunidos, que formen asociaciones, en el respeto de las tendencias, de los modelos espirituales.

No espero mucho de los clérigos. Estamos, por consecuencia, en una nueva situación histórica.”

Nacido en Bruselas en 1923, ordenado sacerdote en 1947 y doctorado en Teología por la Universidad Católica de Lovaina poco tiempo después, Comblin se formó en el clima de abertura teológica pre-conciliar, la teología renovada del norte europeo de Yves Congar, Karl Rahner y Henri de Lubac, profesor este último de toda una generación, entre ellos, Michel De Certeau.

Emigró a Brasil en 1958, trabajando en Campinas (SP) como profesor de escuela. Se convirtió en asesor de la juventud obrera católica (JOC), movimiento con fuertes repercusiones en la cultura obrera y en la movilización sindical. Más tarde fue profesor de la escuela de teología de los dominicos en San Pablo, donde fue profesor de Fray Betto hasta 1961. Fue también profesor del Instituto de Teología de Recife (Pernambuco) por invitación del Obispo de esa ciudad, D. Helder Câmara. Participó en la creación de seminarios rurales en el nordeste brasilero con un modelo pedagógico de avanzada.

Fue expulsado de Brasil en 1971 por la dictadura militar y residió en Chile, donde dirigió el seminario de Talca y escribió contra la ideología de seguridad nacional. La dictadura de Pinochet lo expulsó en 1980 y retornó al Brasil.

De vuelta en el nordeste brasilero fundó un seminario rural de formación de animadores de comunidades eclesiales de base, y varios movimientos asociados a la herencia de la Teología de la liberación.

Biografía e ideas no siempre van de la mano. Y no está mal que así sea, a fin de cuentas lenguaje y mundo, tal vez por suerte, tal vez por maldición, siguen manteniendo una relación compleja. La biografía de Joseph Comblin responde a un mundo que ajustó la brecha entre el cielo y tierra, y tal vez por ello dibuje un recorrido tan íntimo entre obra y vida

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"Hay una Iglesia paralela, sin poder, y que no busca el poder. ¿Qué va a pasar? ¿Un día tendrá la palabra? Eso es difícil preverlo, porque si no hay cambio en el Vaticano es muy difícil.

El sistema católico está de tal modo centralizado que todo depende de una sola persona. Y es claro que en Roma van a hacer todo lo posible para que no aparezca un nuevo Juan XXIII. Han tenido una lección ya... Han visto en Rusia qué pasó con Gorbachov, un hombre cambió y todo cayó.

O sea, cuando se produce una concentración de poder así, tan fuerte, tan radical, está todo el episcopado aniquilado, no tiene voz, no tiene iniciativa, no pueden decir nada, no pueden hacer nada, nada más reproducir lo que el Papa dice y manda hacer. Pero todo depende de un hombre.

¿Un día se puede imaginar que venga otro Juan XXIII? No hay ninguna previsión posible por el momento. El que está ahora dijo en Colonia a los seminaristas que tienen que entregar a la Iglesia su vida, su inteligencia y su libertad. ¡Entregar su libertad! Los soldados del papa. Pueden suceder situaciones catastróficas.

¿Qué pasa en la Iglesia? En ese momento, en diez años más, ya no habrá sacerdotes en Europa porque el promedio de edad actualmente es 65-70 años. Entonces, en diez años más habrá unos viejitos. Los institutos religiosos existirán en África, en Asia.

¿Estos grupos fundamentalistas no están aportando también seminaristas?

Ahí ni el poder de los fundamentalistas va a continuar. No. Van a aparecer escándalos. Porque hay cosas incomprensibles. Los Legionarios de Cristo, ¿cómo es que pueden mantener 4000 seminaristas de todas las diócesis del mundo? ¿De dónde viene la plata? ¿Contribuciones de quién? ¿Y cuánta plata viene de las drogas? Y las maniobras del Opus, todas maniobras financieras. Un día algo aparece y la verdad empieza a manifestarse."

¿Cuáles serían las orientaciones nuevas con relación al poder en la Iglesia hoy día?

1. En primer lugar se necesita reconocer el poder de los laicos, basado en los carismas y dones espirituales que recibieron, las responsabilidades evangelizadoras que asumen, etc.

2. En todas las instancias, desde el concilio ecuménico hasta los consejos parroquiales los laicos deben tener voz deliberativa y pueden decidir con el clero en todo lo que no se refiere a la doctrina definida definitivamente.

3. Los laicos deben tener voz activa en las elecciones en todos los niveles desde la elección del Papa hasta la elección de los párrocos.

4. Los laicos deben tener voz deliberativa en lo que se refiere a la liturgia, a la catequesis y la organización de la Iglesia.

5. El principio básico es que el poder no puede ser concentrado en una sola persona.

6. La base de toda la reforma del sistema de poder es la publicidad. La preparación de las decisiones debe ser abierta, publicada y los documentos necesarios deben estar a disposición de todos. No puede haber secreto de los nombramientos, ni de las decisiones prácticas tomadas por una sola autoridad.

7. Es necesario crear una instancia jurídica independiente en la que las personas que se sienten víctimas de injusticia puedan recurrir. En la actualidad, un laico no tiene defensa frente al clero o a los religiosos; las religiosas no tienen defensa frente al clero; los sacerdotes no tienen defensa frente al obispo; y los obispos no tienen defensa frente al Papa.

El principio básico es que el poder está en todos los cristianos aunque en grados distintos y que la estructura debe reconocer esta situación.

El segundo principio es que ninguna persona humana representa sencillamente el poder de Dios y por lo tanto puede ser corregido en todo lo que no es poder de Dios, sino afirmación de sí mismo. Para eso debe haber una corrección fraterna que debe ser pública.

El poder de Dios crea, construye, edifica, aumenta, confiere más libertad. Todos los poderes eclesiásticos que no actúan en ese sentido, no son poder de Dios y deben ser contenidos, limitados, corregidos estructuralmente. Las estructuras deben sacar las oportunidades de abusos de poder. Pues, en la Iglesia hay abusos de poder como en cualquier sociedad, y para disminuirlos es necesario que haya normas que equilibran los poderes de todos.

Fuentes:

1) LA CIUDAD DE JOSEPH COMBLIN: ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA
Por Nicolás Viotti1

2) Joseph Comblin: "L’Église : crise et espérance"

3) Joseph Comblin, memoria viva (1923-2011). El poder en la Iglesia
Xavier Pikaza, teólogo

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