22/06/2016

El bachiller salmantino Sansón Carrasco que, como "lector in fabula", salvó a don Quijote

 

Al bachiller salmantino Sansón Carrasco, prototipo del lector del Quijote, le cupo el honor de salvar a don Quijote, en nombre y lugar de todos los lectores que, como él, le quisieron y le quieren hasta el punto de meterse en su historia, como "lectores in fabula", para intentar salvarlo.

Sansón: 77: [(el) bachiller Sansón Carrasco: 25]; Sansonino: 1

Sansón (del lat. Samson, -onis, -onem , del hebr. Shimshon 'pequeño sol' :: 'resplandeciente') m. Uno de los jueces de Israel (Jueces, cc. XIII-XV), conocido por su fuerza prodigiosa, de donde por antonomasia: 'hombre muy forzudo'

|| ¡Aquí morirás, Sansón y cuantos con él son: Versión personalizada de un refrán: ««Akí morirá Sansón, i kuantos kon él son.» Tómase de la istoria de los XUEZES (XVI,30)», Correas. 70.b. "Moriatur anima mea cum Philistiim"

Por el testimonio de Mateo Alemán sabemos que este refrán se empleaba en situaciones de gran sorpresa, que implican una fuerte emotividad: «Veis aquí, cuando a mediodía estaba comiendo muy sin cuidado de cosa que me lo pudiera dar, donde veo entrar por mi aposento un alguacil de corte. «¡Ah cuerpo de tal! Aqui morirá Sansón y cuantos con él son. Mi fin es llegado», dije.», MA, Guzmán, p. 196-197.

Sancho grita en el momento de fingir coraje y determinación para azotarse, como si viniera a las manos con un enemigo, que no por casualidad se llama Sansón. En su grito hay referencia al gigante bíblico, terror de los filisteos, y más que probablemente al bachiller Sansón Carrasco, vencedor de don Quijote: «—¡Aquí morirás, Sansón, y cuantos con él son! » II.71.22.

No hay por qué despersonalizar la réplica de Sancho, reproduciendo el refrán como aparece en los refraneros, que es lo que hace la mayoría de los editores llevados por una suerte de furor intertextual.

|| Sansón Carrasco: su nombre alude al héroe bíblico y a las fuerzas de Hércules. Arturo Marasso sugiere que el apellido alude por alegorismo al carrasco o encina, árbol que desmochado renace con más fuerza; ya que Sansón Carrasco, tras haber sido vencido una primera vez por don Quijote, volvió a la carga y logró a su vez vencerlo y obligarlo a volver a su lugar.

Si tomamos a la letra lo que dice de él Tomé Cecial, que le sirve de escudero en la aventura desventurada del Caballero del Bosque, se le conoce en su lugar como «el atrevido y mal aconsejado»: «sin duda alguna es el atrevido y mal aconsejado, el bachiller Sansón Carrasco, nuestro compatrioto.», II.14.58. Diferentes correcciones de este pasaje de la ed. pr. tienen como efecto el hacer perder su relieve a esta caracterización del personaje, que tal como está en ella no ofrece dudas.

Hartzenbusch corrige: es el atrevido y mal aconsejado del bachiller, enmienda seguida por casi todos los editores posteriores a él, entre los cuales se encuentran Rgz Marín y los más recientes, excepto Cortazar-Lerner y Gaos, que respetan el texto. Unos cuantos prefieren emplear la goma de borrar quitando la coma y un artículo determinado: es el atrevido y mal aconsejado bachiller Sansón Carrasco. Fitzmaurice-Kelly: es atrevido y mal aconsejado el bachiller Sansón Carrasco.

He aquí la descripción que de él nos da el narrador al comienzo de la segunda parte, para significarnos la importancia que va a tener en ella, puesto que, como bachiller recién cocido de Salamanca, II.2.30, va a reemplazar al cura y al barbero en la misión de hacer volver a don Quijote a la aldea de todos ellos:

«Era el bachiller, aunque se llamaba Sansón, no muy grande de cuerpo, aunque muy gran socarrón; de color macilenta, pero de muy buen entendimiento; tendría hasta veinte y cuatro años, carirredondo, de nariz chata y de boca grande, señales todas de ser de condición maliciosa y amigo de donaires y de burlas, como lo mostró en viendo a don Quijote, poniéndose delante dél de rodillas, diciéndole:…», II.3.3.

Confiesa su condición de clérigo: «aunque no tengo otras órdenes que las cuatro primeras,», II.3.4.

Es introducido en el círculo de amigos de don Quijote por Sancho Panza, por ser éste un antiguo servidor del padre del Bachiller, lo cual explica tanto que Sancho se refiera a lo que ganaba en aquél trabajo, a la hora de acordar un salario con don Quijote, como que introduzca a Sansón en la intimidad de don Quijote: «si vuestra merced gusta que yo le haga venir aquí, iré por él en volandas.», II.2.36. Este gesto será capital para la composición de la segunda parte, puesto que Sansón es desde su comienzo el lector por antonomasia de la historia de don Quijote publicada ya, que se convertirá primeramente en el leal antagonista del caballero andante don Quijote de la Mancha, y en segundo lugar en el auténtico héroe salvador de Alonso Quijano, haciéndole renunciar definitivamente a sus quijotadas.

He aquí cómo lo percibe el propio don Quijote:

« —¿No te dije yo, Sancho, que me habían de sobrar escuderos? Mira quién se ofrece a serlo, sino el inaudito bachiller Sansón Carrasco, perpetuo trastulo y regocijador de los patios de las escuelas salmanticenses, sano de su persona, ágil de sus miembros, callado, sufridor así del calor como del frío, así de la hambre como de la sed, con todas aquellas partes que se requieren para ser escudero de un caballero andante.», II.7.38.

El ama, sabiendo que es bien hablado y amigo fresco de don Quijote, acude a él para que neutralice la influencia de Sancho Panza sobre su señor:

«Apenas vio el ama que Sancho Panza se encerraba con su señor, cuando dio en la cuenta de sus tratos, y, imaginando que de aquella consulta había de salir la resolución de su tercera salida, y tomando su manto, toda llena de congoja y pesadumbre se fue a buscar al bachiller Sansón Carrasco, pareciéndole que por ser bien hablado y amigo fresco de su señor, le podría persuadir a que dejase tan desvariado propósito.», II.7.1.

Lo que no sabe el ama es que si la tercera salida de don Quijote ha tenido lugar antes de su visita al bachiller y si ésta salida ya no es meramente manchega, sino aragonesa, se debe al consejo del lector por antonomasia de la obra de su autor verdadero, que es el propio Sansón Carrasco:

«determinó de hacer de allí a tres o cuatro días otra salida; y declarando su intento al bachiller, le pidió consejo por qué parte comenzaría su jornada; el cual le respondió que era su parecer que fuese al reino de Aragón y a la ciudad de Zaragoza, adonde de allí a pocos días se habían de hacer unas solemnísimas justas por la fiesta de San Jorge, en las cuales podría ganar fama sobre todos los caballeros aragoneses, que sería ganarla sobre todos los del mundo.», II.4.19.

El que Sansón Carrasco pusiese un epitafio a la sepultura de don Quijote, donde se declara su valentía, su inmortalidad y su desprecio del mundo, y el que Cide Hamete y el editor la conservasen (ficción de autoría), manifiesta una intención muy particular: Sansón Carrasco fue el único que, como Caballero de la Blanca Luna, lo venció y lo hizo volver a su aldea de manera digna, II.74 § 29-31. ® epitafios. Convendría apuntar aquí que si fue capaz de hacerlo es porque siendo como lo era bachiller por Salamanca, era al mismo tiempo el primero y mejor lector de la historia publicada de don Quijote:

«Admirado quedó el bachiller de oír el término y modo de hablar de Sancho Panza; que puesto que había leído la primera historia de su señor, nunca creyó que era tan gracioso como allí le pintan», II.7.40. Por eso le cupo el honor de salvar a don Quijote en nombre y lugar de todos los lectores que, como él, le quisieron y le quieren hasta el punto de meterse en su historia para intentar salvarlo. Lo cual no fue fácil, porque en apariencia tuvo que comenzar por llevarle la corriente:

«Finalmente, don Quijote y Sancho se abrazaron y quedaron amigos, y con parecer y beneplácito del gran Carrasco, que por entonces era su oráculo, se ordenó que de allí a tres días fuese su partida», II.7.41.

Sansón Carrasco extremó su complicidad con don Quijote procurándole la celada de encaje que le faltaba, y que, en la segunda parte, equivale al yelmo de Mambrino de la primera:

«en los cuales [tres días] habría lugar de aderezar lo necesario para el viaje, y de buscar una celada de encaje, que en todas maneras dijo don Quijote que la había de llevar. Ofreciósela Sansón, porque sabía no se la negaría un amigo suyo que la tenía, puesto que estaba más escura por el orín y el moho que clara y limpia por el terso acero», II.7.41.

No conviene olvidar la explicación que da Sansón Carrasco del sentido de su acción, una vez que la ha concluido felizmente, lo cual hace replicando a una pregunta de don Antonio Moreno, el huésped barcelonés de don Quijote:

«Sabed, señor, que a mí me llaman el bachiller Sansón Carrasco; soy del mesmo lugar de don Quijote de la Mancha, cuya locura y sandez mueve a que le tengamos lástima todos cuantos le conocemos, y entre los que más se la han tenido he sido yo; y creyendo que está su salud en su reposo, y en que se esté en su tierra y en su casa, di traza para hacerle estar en ella…», II.65.2.

Don Quijote confirma en su Testamento la importancia del bachiller Sansón Carrasco, poniéndole por encima del barbero, a quien retira así de la pareja de sus dos mejores amigos:

«Dejo por mis albaceas al señor cura y al señor bachiller Sansón Carrasco, que están presentes.», II.74.24.

Hatzfeld ha explicado perfectamente el papel que desempeña este personaje en la composición de la segunda parte del Q.:

«En la segunda parte hay una persona que representa particularmente el papel de elemento de unión compositiva: Sansón Carrasco. El Bachiller tiende el puente a la primera parte con su crítica de esta misma parte. Se convierte en el spiritus rector de la segunda.

Con gran asombro del Ama y la Sobrina que, según costumbre, quieren retener a su señor por medio de persuasiones o por medio de la fuerza, Sansón Carrasco no impide la salida de Don Quijote, e incluso se ofrece a acompañarle como escudero.

Comunica al Cura y al Barbero el plan de ir en busca de Don Quijote para traerlo de nuevo (II, 7).

Después intenta, como Caballero de los Espejos, hacerse con Don Quijote (II, 12), pero es vencido en la batalla.

Su "victoria" hace a Don Quijote más emprendedor, mientras que el vencido Sansón Carrasco ahora le busca no tanto por humildad, sino por rabia.

La segunda vez —la primera había Sansón simplemente seguido a Don Quijote—encuentra las huellas del hidalgo merced a la embajada de los Duques a Teresa Panza (II, 50). Del paje aprende la existencia del palacio de los Duques. De los Duques, Sansón recibe las nuevas del rumbo de Don Quijote. Así se hace capaz, como Caballero de la Blanca Luna, de vencer a Don Quijote en Barcelona (II, 64). Con su verdadera figura está rezando el breviario con el Cura, según costumbre, cuando Don Quijote vuelve a su patria y le cuenta su vencimiento como una novedad (II, 73).», Hatzfeld, p. 115-116. ® Grisóstomo

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Fuente del texto: Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid. Este artículo apareció por la primera vez en 2005 bajo el título "El lector que salvó a don Quijote".

Fuente de la imagen: Salvador García Bardón:. El Quijote ilustrado por G. Doré, 2005.

 

21.06.16 | 15:50. Archivado en Europa, España, Ética, Novela, Bélgica, Cervantes, El Quijote

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16/06/2016

Molinos en El Quijote: 2/2 de agua

 

barco : 28; de barc-: barca
barco (doc. s. XIII, debarca) m.

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→ La palabrabarco figura por la primera vez, en el corpus del castellano antiguo, publicado por la Real Academia, en un Mandamiento de Fernando III, que regula el tránsito de ganado y otras mercancías de un lado al otro del río Tajo: ←

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Ferrandus, Dei gratia rex Castelle e Toleti, omnibus hominibus regni sui hanc cartam videntibus, salutem et gratiam.

Sepades que yo fallé por pesquisa que mio avuelo mandó que nengún ganado ni otra cosa nenguna pora vender en razón de mercadura non passe Tajo en puente ni en barco fuera por la puente de Toledo, e de Alfariella e de Zorita. E pues que esta pesquisa fallo, yo mando que ni ganado ni otra cosa nenguna que por avender sea fuera conducho cada uno pora sus casas e a sos ganados e non pora vender no passe Tajo fuera por estos tres logares, e si los fraires lo fallassen en otra parte passando, mando que lo prendan por descaminado.

Otrosí fallo por pesquisa que los de Ocaña de todo lo que passaren an a dar portadgo fuera de pan, e de vino e de sal que passen pora sus casas e pora sus ganados e non pora vender. Facta carta apud reg. exp XI die julii. Era MCCLX prima. Anno regni mei.

Mandamiento de Fernando III , AÑO: 1223, [Documentos del Archivo Histórico Nacional, 10. Documentos notariales l, (a. 1200-a. 1492)], publicado por D. Pedro Sánchez-Prieto, Universidad de Alcalá, Madrid, 1999.

La palabra barca, de la cual deriva la palabra barco, figura por la primera vez, en el corpus del castellano antiguo, publicado por la Real Academia, en el párrafo que consagra el texto latino del Fuero de Miranda de Ebro al tránsito de mercancías de un lado al otro del río Ebro, precisamente el río de la aventura quijotesca del barco encantado. Concretamente se mencionan como lugares de este tránsito: Logroño, Nájera, La Rioja, Álava y Miranda:

omnes homines de terra lucronii (1), aut de nagera, aut de rioga, qui uoluerint transire mercaturas uersus alauam, aut ad aliam terram ultra ebro, aut omnes de alaua / , aut de alia terra quacumque uersus lucronium, aut ad nagaram, aut riogam, transeant per mirandam & non per alia loca; si non perdant mercaturas; & de lucronio ad mirandam non sit pons nec barca.

Fuero de Miranda de Ebro, Anónimo, Ordenamientos y códigos legales, AÑO: 1099, Francisco Cantera Burgos, Consejo Superior de investigaciones científicas (Madrid), 1945, pp. 55-56.ª.

(1) Nótese que Lucronium fue un vado en el río Ebro, entre el monte Cantabria y Varea (valia), que debido a su fácil acceso se fue convirtiendo poco a poco en un próspero mercado, hasta que surgió la ciudad de Logroño. En esta zona, en la época pre-románica/románica, La Rioja estaba dominada por dos tribus celti-ibéricas llamadas berones y pelendones; estos primeros son los que habitaban la llamada zona de Lucronium y alrededores hasta Calagurris(Calahorra) y los berones la Rioja alta y la sierra.

BARCO ENCANTADO (doc. 1516): aventura del barco encantado: Epígrafe de II.29.

Esta aventura es una parodia de un episodio frecuente en libros de caballerías; enumeran antecedentes Clemencín y otros, (Schevill-Bonilla, Cortazar-Lerner, MdRiquer 62). Ver en particular Palmerín de Ingalaterra, cuyo protagonista «vio… un batel muy grande atado con una cuerda a un álamo», II, 56. • Amadís y Grasandor «fallaron allí un barco en la ribera sin persona que lo guardasse, de que fueron maravillados», AdG, p. 1701.

Imagen: El Quijote de Sástago (Zaragoza).

Esta imagen ilustra con humor la acalorada discusión de don Quijote con los molineros, que intentan frenar con varas largas el barco que se iba a embocar por el raudal de las ruedas del molino.

Aventura del barco encantado.

" En esto, el barco, entrado en la mitad de la corriente del río, comenzó a caminar no tan lentamente como hasta allí. Los molineros de las aceñas, que vieron venir aquel barco por el río, y que se iba a embocar por el raudal de las ruedas, salieron con presteza muchos dellos con varas largas, a detenerle"

El Q. 29.29-30.

|•| En El Quijote se dice que a don Quijote «se le ofreció a la vista un pequeño barco sin remos ni otras jarcias algunas, que estaba atado en la orilla a un tronco de un árbol que en la ribera estaba.», II.29.2.

«El motivo del capítulo (sugerido por la presencia del río en la cueva de Montesinos) es uno de los más típicos de los libros de caballerías: el barco encantado que se encuentra por casualidad al lado del río o del mar y que se lleva por magia a un sitio exótico donde el caballero acaba una gran aventura (hay episodios específicos del Palmerín de Inglaterra y del Espejo de príncipes y caballeros que se han sugerido como modelos).

La 'aventura' que tiene lugar en este capítulo, que cabe denominar también aventura del molino de agua, se parece más a las de la Primera parte que a cualquier otra de la Segunda; es decir, Don Quijote transforma la realidad, emprende la aventura, fracasa, y se disculpa citando la intervención de los encantadores. Nótese en esto, como lo hemos anunciado en la primera parte de este artículo sobre los Molinos en El Quijote, la perfecta analogía estructural de esta aventura acuática con la aventura de los molinos de viento.

Pero hay diferencias importantes, sobre todo cuando Don Quijote reconoce la realidad («aunque parecen aceñas, es decir: molinos de agua, no lo son») y cuando les paga a los pescadores y molineros los estropicios provocados por su error, cosas que nunca ocurren en la Primera parte, pero que se ven cada vez con más frecuencia en la Segunda.

"Las palabras de Don Quijote en este capítulo («Dios lo remedie; que todo este mundo es máquina y trazas, contrarias unas de otras. Yo no puedo más», II.29.40.) ilustran bien su impotencia y su pesimismo y preparan la escena para la gran farsa que será la visita al castillo ducal.", Howard Mancing, en Rico 1998 b, p. 162.

|| trastornar el barco: ® trastornar

He aquí, con toda su simpatía, autenticidad y belleza, el texto original cervantino:

Imagen:Gustave Doré ilustra el salvamento de don Quijote y Sancho, náufragos, tras haber intentado sin éxito detener el barco.

26. En esto, descubrieron unas grandes aceñas que en la mitad del río estaban; y apenas las hubo visto don Quijote, cuando con voz alta dijo a Sancho:

27. —¿Vees? Allí, ¡oh amigo!, se descubre la ciudad, castillo o fortaleza donde debe de estar algún caballero oprimido, o alguna reina, infanta o princesa malparada, para cuyo socorro soy aquí traído.

28. —¿Qué diablos de ciudad, fortaleza o castillo dice vuesa merced, señor?—dijo Sancho—. ¿No echa de ver que aquéllas son aceñas que están en el río, donde se muele el trigo?

29. —Calla, Sancho, dijo don Quijote—; que aunque parecen aceñas, no lo son; y ya te he dicho que todas las cosas trastruecan y mudan de su ser natural los encantos. No quiero decir que las mudan de en uno en otro ser realmente, sino que lo parece, como lo mostró la experiencia en la transformación de Dulcinea, único refugio de mis esperanzas.

30. En esto, el barco, entrado en la mitad de la corriente del río, comenzó a caminar no tan lentamente como hasta allí. Los molineros de las aceñas, que vieron venir aquel barco por el río, y que se iba a embocar por el raudal de las ruedas, salieron con presteza muchos dellos con varas largas, a detenerle; y como salían enharinados, y cubiertos los rostros y los vestidos del polvo de la harina, representaban una mala vista. Daban voces grandes, diciendo:

31. —¡Demonios de hombres! ¿Dónde vais? ¿Venís desesperados? ¿Qué queréis? ¿Ahogaros y haceros pedazos en estas ruedas?

32. —¿No te dije yo, Sancho—dijo a esta sazón don Quijote—, que habíamos llegado donde he de mostrar a dó llega el valor de mi brazo? Mira qué de malandrines y follones me salen al encuentro; mira cuántos vestiglos se me oponen; mira cuántas feas cataduras nos hacen cocos... Pues ¡ahora lo veréis, bellacos!

33. Y puesto en pie en el barco, con grandes voces comenzó a amenazar a los molineros, diciéndoles:

34. —Canalla malvada y peor aconsejada, dejad en su libertad y libre albedrío a la persona que en esa vuestra fortaleza o prisión tenéis oprimida, alta o baja, de cualquiera suerte o calidad que sea; que yo soy don Quijote de la Mancha, llamado el Caballero de los Leones por otro nombre, a quien está reservada por orden de los altos cielos el dar fin felice a esta aventura.

35. Y diciendo esto, echó mano a su espada y comenzó a esgrimirla en el aire contra los molineros; los cuales, oyendo, y no entendiendo, aquellas sandeces, se pusieron con sus varas a detener el barco, que ya iba entrando en el raudal y canal de las ruedas.

36. Púsose Sancho de rodillas, pidiendo devotamente al cielo le librase de tan manifiesto peligro, como lo hizo, por la industria y presteza de los molineros, que oponiéndose con sus palos al barco, le detuvieron; pero no de manera que dejasen de trastornar el barco y dar con don Quijote y con Sancho al través en el agua; pero vínole bien a don Quijote, que sabía nadar como un ganso, aunque el peso de las armas le llevó al fondo dos veces, y si no fuera por los molineros, que se arrojaron al agua, y los sacaron como en peso a entrambos, allí había sido Troya para los dos.

37. Puestos, pues, en tierra, más mojados que muertos de sed, Sancho, puesto de rodillas, las manos juntas y los ojos clavados al cielo, pidió a Dios con una larga y devota plegaria le librase de allí adelante de los atrevidos deseos y acometimientos de su señor.

38. Llegaron en esto los pescadores dueños del barco, a quien habían hecho pedazos las ruedas de las aceñas; y viéndole roto, acometieron a desnudar a Sancho, y a pedir a don Quijote se lo pagase; el cual, con gran sosiego, como si no hubiera pasado nada por él, dijo a los molineros y pescadores que él pagaría el barco de bonísima gana, con condición que le diesen libre y sin cautela a la persona o personas que en aquel su castillo estaban oprimidas.

39. —¿Qué personas o qué castillo dice—respondió uno de los molineros —, hombre sin juicio? ¿Quiéreste llevar por ventura las que vienen a moler trigo a estas aceñas?

40. —¡Basta!—dijo entre sí don Quijote—. Aquí será predicar en desierto querer reducir a esta canalla a que por ruegos haga virtud alguna. Y en esta aventura se deben de haber encontrado dos valientes encantadores, y el uno estorba lo que el otro intenta: el uno me deparó el barco, y el otro dio conmigo al través. Dios lo remedie; que todo este mundo es máquinas y trazas, contrarias unas de otras. Yo no puedo más.

41. Y alzando la voz, prosiguió diciendo, y mirando a las aceñas:

42. —Amigos, cualesquiera que seáis, que en esa prisión quedáis encerrados, perdonadme; que, por mi desgracia y por la vuestra, yo no os puedo sacar de vuestra cuita. Para otro caballero debe de estar guardada y reservada esta aventura. En diciendo esto, se concertó con los pescadores, y pagó por el barco cincuenta reales, que los dio Sancho de muy mala gana, diciendo:

43. —A dos barcadas como éstas daremos con todo el caudal al fondo.

44. Los pescadores y molineros estaban admirados, mirando aquellas dos figuras tan fuera del uso, al parecer, de los otros hombres, y no acababan de entender a dó se encaminaban las razones y preguntas que don Quijote les decía; y teniéndolos por locos, les dejaron y se recogieron a sus aceñas, y los pescadores a sus ranchos. Volvieron a sus bestias, y a ser bestias, don Quijote y Sancho, y este fin tuvo la aventura del encantado barco.

Fuentes: Salvador García Bardón: Diccionario enciclopédico de El Quijote, 2005, y
El Quijote para citarlo, II.29.26-44.

 

16.06.16 | 11:45. Archivado en Europa, España, Sociogenética, Ética, Novela, Geopolítica, Cervantes, El Quijote

14:12 Écrit par SaGa Bardon dans Cervantes, El Quijote | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |

15/06/2016

Molinos en El Quijote: 1/2 de viento

En la primera parte de la fábula, don Quijote ataca un molino de viento, tomándolo por un gigante, y es vencido por sus aspas; mientras que en la segunda cae en la corriente de unas aceñas (molinos de agua) y corre peligro de ser triturado por la rueda hidráulica.

molimiento: 6; molimientos: 1; Molinera: 2; molinero: 1; molineros: 8; molino: 11; molinos: 13; molió: 4; ver: mol-: moler

molinero (doc. 1095, de molino ) m. y f. «El que tiene cargo del molino», Cov. 810.a.64. :: 'persona que trabaja en él'. • Refrán: ««¡Guai de la molinera ke al molinero el agua le lleva!» Entiende: la avenida, porke a ella, ke es más flaka, mexor la llevará; ke si el fuerte pereze, mexor perezerá el flako.», Corr. 344.b.

|•| La Molinera es una de las dos mujeres del partido que asisten al armazón de don Quijote como caballero: «Preguntóle su nombre, y dijo que se llamaba la Molinera, y que era hija de un honrado molinero de Antequera; a la cual también rogó don Quijote que se pusiese don, y se llamase doña Molinera, ofreciéndole nuevos servicios y mercedes.», I.3.20.

Rico comenta este pasaje, 61: honrado molinero era, en la tradición, una contradicción: los molineros tenían fama de ladrones, y las molineras de ser ligeras de cascos. La presencia de las dos rameras en la ceremonia de investidura confiere a la escena un carácter grotesco.

molino (doc. ±1140, del lat. vulg. molinum, del lat. molinum [saxum] '[piedra o muela] de molino', de molere 'moler') m. 'máquina de moler compuesta de una solera fija y de una muela movida por una fuerza motriz'. Covarrubias, refiriéndose al tradicional molino de agua, llamado aceña, dice: «invención ingeniosa, que excusó el trabajo incomportable de moler a fuerza de brazos y pechos de hombres, en las atahonas, o con bestias, haciéndolo todo el agua, sin tanto trabajo del molinero», Cov. 175.b.4. ® aceña

|| estar picado el molino: loc.verb. proverb. «Dízese de los ke tienen buena gana de komer, y de los ke están bien dispuestos i ganosos de hacer algo», Corr. 633.b. ««Tener pikado el molino». Lo ke: « Estar pikado el molino», por: buena gana de komer.», Corr. 732.a. • Locución adverbial de modo: ««A molino pikado.» Komer o hazer algo kon aliento i ganas.», Corr. 27.a. Metáfora tomada de los molinos de harina, que muelen mejor cuando está recien picada la piedra, (Clemencín).

«Sancho quisiera concluir [los azotes desencantadores]… cuando estaba picado el molino», II.71.33. • El primer sentido aparece en la imitación de Avellaneda: «Y con esto tiraba a cada paso a Rocinante de las riendas hacia atrás, porque se fatigaba mucho por entrar en la venta, que también tenía picado el molino, como Sancho Panza.», DQA, 4 § 38: Gª Salinero, p. 100.

|| molinos de viento: Refrán: ««Molinero de viento, poko trabaxo i mucho dinero.» Los molinos de viento no son tan trabaxosos i de kosta komo los de agua.», Corr. 558.a.

Imagen: Fotos del viaje de estudios: «La ruta del Quijote», Romanistas de la Universität Basel.

«La falta de ríos en la Mancha, una de las provincias de España más escasas de agua, produjo la necesidad de usar de los molinos de viento, que son tan frecuentes en ella; pero su introducción debió preceder poco tiempo a la edad de Cervantes. Anteriormente, la mayor parte de los pueblos no tenían sino molinos hibernizos en los arroyos que corren por sus términos durante la estación de las lluvias, y se secan en el estío. En las relaciones topográficas que se formaron por los años de 1570 a 1575 de orden de Felipe II, y de que existe parte entre los manuscritos de El Escorial, se encuentran noticias circunstanciadas de la escasez de agua que padecen los manchegos. El Záncara, uno de los arroyos o riachuelos más considerables de la provincia, no corrió desde el año 1505 hasta el de 1545 (Rel. del Campo de Criptana). Esta penuria les obligaba a acudir a los molinos de los ríos perennes, que solían estar a distancias considerables…

Esto prueba concluyentemente que entonces no se habían introducido todavía los molinos de viento. No encuentro mención de ellos más que en la relación del Pedernoso, y aun allí no bastaban para surtir de harina a la población, puesto que también iban a moler al rio Júcar, que está a distancia de nueve leguas. Posteriormente se multiplicaron prestando a la fecunda fantasía de nuestro autor el pensamiento oportuno y feliz de convertirlos en gigantes.», Clem. 1092.b-1093a. Julio Caro Baroja ha estudiado la historia del uso de molinos de viento en La Mancha.

AVENTURA DE LOS MOLINOS DE VIENTO: I.8 § 1-15 (tema de los gigantes). En la primera parte don Quijote ataca un molino de viento, tomándolo por un gigante, y es vencido por sus aspas; mientras que en la segunda cae en la corriente de unas aceñas (molinos de agua) y corre peligro de ser triturado por la rueda hidráulica.

Imagen: Gustave Doré. Foto: SGB. Gran tamaño.

En ambos casos sucede como en muchas otras percepciones de nuestra fábula cervantina, que dan lugar a muchas otras aventuras: todas comienzan confundiendo el ser con el parecer, confusión que reconocemos como el resorte narrativo más profundo del gran fabulador que es don Quijote, cualquiera que sea la importancia de su protagonismo en cada episodio de su fábula.

Este episodio «constituye una acertada parodia de uno de los motivos más frecuentes y fantásticos de los libros de caballerías: la lucha del caballero con temibles gigantes, muchas veces llamados «jayanes», (del francés antiguo jayant, moderno géant ).», MdeRiquer, Q, p. 88. ® gigante.

Es muy posible que los molinos de viento y su visión como gigantes procedan del Infierno de Dante (Avery).

De todas las aventuras del Quijote ésta es probablemente la que más repercusión ha tenido en la imaginación universal, lo cual explica que haya dado origen en diferentes lenguas a toda una familia de expresiones proverbiales. Son extraordinarias la cantidad y variedad de comentarios sobre ella y sobre su simbolismo. Su más rica interpretación literaria (Victor Hugo) e iconográfica se la dio tal vez la imaginación romántica del siglo XIX.

Nótese que don Quijote ataca torres de viento, puesto que ataca gigantes que él mismo ha armado: ««Armar torres de viento.» De los ke sin fundamento i en vanas esperanzas hazen trazas i kimeras, i aun enkarezen vanamente las kosas i linaxes.», Corr. 36.b. A este propósito conviene señalar que Francisco de Paula Marañón hizo notar en 1805 que en el escudo de armas de Alcázar de San Juan, municipio vecino del Campo de Criptana, donde se encuentran los molinos, se representa a un caballero de la orden de San Juan, con casco y coraza, que arremete contra un castillo. Cervantes pudo transformar esta personalización en la suya, cuya genialidad consiste en dar brazos y movimiento a torres estáticas, con lo cual se acercaba más a la prosopopeya.

|| llevar [molinos de viento] en la cabeza: loc.verb. proverb. 'estar loco'. • «¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no lo podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza? », I.8.12.

Fuente: Salvador García Bardón, Diccionario enciclopédico de El Quijote, 2005. Artículo publicado en El Quijote de Bruselas el 01.05.07.

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12:42 Écrit par SaGa Bardon dans Cervantes, El Quijote, España | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |