18/07/2017

El neologismo cervantino "baciyelmo" en El Quijote


baciyelmo (neologismo cervantino en 1605, contracción de bacía + yelmo) m. Viendo que la 'realidad oscilante' se complica con la polionomasia, Sancho decide simplificarla mediante la composición morfológica.

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bac-: bacía: 32; bacín: 2; baciyelmo: 1

bacía (doc. 1552, ¿1368? Es verosímil que el vocablo proceda de allende el Pirineo, quizá del fr. anticuado bassie íd., que parece ser forma dialectal correspondiente a un lat. vg. *bacceata, deriv. de baccea, Cor.) f. 'Vasija cóncava con una escotadura semicircular en el borde, usada para contener líquidos, y también por los barberos para mojar la barba.': «Bacía. Vaso grande, hondo y tendido en que se suelen lavar otros vasos y derramar sobre él agua… bazín, vaso de contumelia, porque vaciamos en él los excrementos», Cov. 178.a.36.

«Adviértase que las bacías [de barbero] del tiempo de Cervantes, en que se llevaba barba larga, debían de ser de hechura más honda que las de ahora. De otro modo no era posible que una bacía se encajase y mantuviese en la cabeza como sucedía con el baciyelmo de nuestro hidalgo. No se ha tenido presente esta consideración al grabar las estampas de las diferentes ediciones del QUIJOTE. En ellas se ha representado a nuestro caballero con una bacia ordinaria de las de ahora, cuya figura haría inverosímiles todos los sucesos y circunstancias de la fábula que tienen conexión con esto.», Clem. 1197.a.

|| bacía de azófar: ® azófar

|| bacía de barbero pintiparada: El miedo de Sancho a la cólera de su amo provoca esta concesión: un yelmo que parece bacía, I.21.21. DQ admitirá el parecido: «ésta, que parece bacia de barbero, como tu dices», I.21.22. (Gaos)

|| bacía vs bacín: Don Quijote trata despectivamente al Barbero de «señor Bacía», II.1.26. Apodo dado tomando por metonimia el nombre de uno de los instrumentos más característicos de su oficio.

• El comisario de los galeotes hace un empleo despectivo de esta palabra dirigiéndose a don Quijote, que lleva sobre la cabeza la bacía de barbero que él toma por el yelmo de Mambrino: «enderécese ese bacín que trae en la cabeza», I.22.67, donde emplea "bacín" en lugar de "bacía", como si dijera hoy orinal.

• El imitador Avellaneda da prueba de su tendencia escatológica, inimaginable en Cervantes, prefiriendo bacín de barbero a bacía de barbero, en una réplica equívoca del ventero, colérico con su moza gallega: «no me la haga yo en bacín de barbero sin no me la pagaredes todo junto», DQA, 5 § 15: GªS, p. 109.

|| bacía… pieza … la … la: En la réplica donde don Quijote explica a Sancho la trasmutación del yelmo, el pronombre la repetido dos veces se refiere a pieza, mencionada al principio del período. Pero la ambigüedad del caso es tal, que a todas luces se ve que Cervantes quiso aludir con el pronombre la también a bacía, de modo que pudiera entenderse no que don Quijote dijera que Vulcano forjó un yelmo para Marte, sino que le hizo una bacía. La ambigüedad da en un desatino de lo más consciente. No existen, ni podrían existir, antecedentes para afirmar tal origen del yelmo de Marte, (Schevill y Marasso, Murillo):

«—¿Sabes qué imagino, Sancho? Que esta famosa pieza deste encantado yelmo, por algún estraño acidente debió de venir a manos de quien no supo conocer ni estimar su valor, y, sin saber lo que hacía, viéndola de oro purísimo, debió de fundir la otra mitad para aprovecharse del precio, y de la otra mitad hizo ésta, que parece bacía de barbero, como tú dices; pero sea lo que fuere, que para mí que la conozco no hace al caso su trasmutación, que yo la aderezaré en el primer lugar donde haya herrero, y de suerte que no le haga ventaja, ni aun le llegue, la que hizo y forjó el dios de las herrerías para el dios de las batallas», I.21.22

|| le dio por la bacía ocho reales: 'el cura le dio al sotobarbero por su bacía ocho reales'

• Fin del litigio por el yelmo: «en lo que tocaba a lo del yelmo de Mambrino, el cura, a socapa y sin que don Quijote lo entendiese, le dio por la bacía ocho reales, y el barbero le hizo una cédula del recibo», I.46.3.

• Es exactamente el precio que había imaginado Sancho: «Mandó a Sancho que alzase el yelmo, el cual, tomándola en las manos, dijo: —Por Dios que la bacía es buena, y que vale un real de a ocho como un maravedí», I.21.16.

|| le quitó la bacía de la cabeza: El galeote estudiante le quitó la bacía de la cabeza a don Quijote y la hizo pedazos: «fue sobre él el estudiante y le quitó la bacía de la cabeza, y diole con ella tres o cuatro golpes en las espaldas y otros tantos en la tierra, con que la hizo pedazos.», I.22.78.

|| tomándola en las manos [la bacía]: ® tomándola

bacín (doc. s. XIII, del lat. tardío bacchinon 'taza', de origen desconocido) m. 'orinal alto y cilíndrico'. «Bacín, palabra que en lo antiguo significaba bacía o palancana, y que el uso empezaba ya a hacer indecente en tiempo de Cervantes, destinándola a significar los vasos de uso preciso para la limpieza personal. Cervantes empleó agudamente esta voz, que en su tiempo era aún equívoca, para ridiculizar más el yelmo de Don Quijote.», Clem. 1221.a.

|| bacín de barbero: «Cuando un lugar es pequeño, y cualquiera cosa que se haga en él se divulga por todos los vecinos, decimos ser bacín de barbero, el cual por ser hondo, delgado y de metal sonoro, el menor golpe que se dé en una parte dél, va resonando y haciendo ecos por todo el bacín; y así fue galana la similitud de bacía y bacín.», Cov. 178.a.42. ® bacía vs bacín

baciyelmo (neologismo cervantino en 1605, contracción de bacía + yelmo) m. Viendo que la 'realidad oscilante' se complica con la polionomasia, Sancho decide simplificarla mediante la composición.

• Sobre el tema de 'la realidad problemática', ver Castro, Spitzer, y Avalle-Arce, Deslindes cervantinos, Madrid.

|•| Feliz invención de Sancho, gran «prevaricador» de la lengua y adicto al perspectivismo, que resuelve con la morfología, componiendo una palabra, lo que la realidad divide, produciendo el enfrentamiento de la venta entre partidarios del yelmo y partidarios de la bacía, I.44.56. «Sancho, al forjar este término, revela la diplomacia y habilidad de componedor con que brilla en los fallos judiciales de la ínsula Barataria. El objeto en litigio queda convertido a la vez en bacía —lo es para Sancho—y yelmo—concesión a DQ.», Gaos 1987, p. 868.

• «—Miren vuestras mercedes con qué cara podía decir este escudero que ésta es bacía, y no el yelmo que yo he dicho; y juro por la orden de caballería que profeso que este yelmo fue el mismo que yo le quité, sin haber añadido en él ni quitado cosa alguna.—En eso no hay duda—dijo a esta sazón Sancho—porque desde que mi señor le ganó hasta agora no ha hecho con él más de una batalla, cuando libró a los sin ventura encadenados; y si no fuera por este baciyelmo, no lo pasara entonces muy bien, porque hubo asaz de pedradas en aquel trance.», I.44.55-56.

• Estas reflexiones han servido de clave para lo que ha venido en llamarse el «perspectivismo» cervantino con su doble vertiente filosófica y lingüística. Fue mérito de A. Castro [1925/87:79-88] el haber iniciado la reflexión de los cervantistas sobre el tema, y de Spitzer [1948/55; 1962/80] el haber articulado su formulación actual.

• «Esta manía quijotesca de interpretar el mundo según la literatura, rechazando el parecer de otros personajes, hace que la realidad a veces se convierta en una suerte de carnaval de apariencias encontradas. Por ejemplo, en opinión de DQ, «uno de los efectos» del miedo de Sancho «es turbar los sentidos y hacer que las cosas no parezcan lo que son». Se anticipa aquí el «perspectivismo» que algunos han querido ver como uno de los grandes temas del Q. Sea lo que fuere, no hay duda que las disputas sobre la naturaleza de lo real constituyen una de las más poderosas fuentes cómicas del Q., y C., con su genial sentido narrativo, las hará culminar en la gran farsa del pleito del yelmo de Mambrino y la albarda del barbero (I.44).», Edwin Williamson, en Rico 1998 b, p. 55. «Todo el capítulo [I.44] está fuertemente marcado por la construcción de un «mundo al revés»: parte de los personajes, al hacerse cómplices de la locura de DQ, burlándose de él, anticipan ya una línea narrativa que estructurará la Segunda parte.», Jacques Joset, en Rico 1998 b, p. 99.

Imagen: Fotograma del filme "Las locuras de don Quijote", película española dirigida por Rafael Alcázar, 2006.

Argumento: Don Quijote y su fiel Sancho recorren las tierras de La Mancha en este largometraje, mezcla de ficción y documental, que busca analogías y diferencias entre la novela y la vida real de Miguel de Cervantes.

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◊ Si no fuera por este baciyelmo, no lo pasara entonces muy bien ◊

Articulación diegética: Explicación por Sancho Panza de la legitimidad del baciyelmo y alusión a su utilidad en la aventura de los Galeotes.

Texto ilustrado por el fotograma del filme "Las locuras de don Quijote"

56. —En eso no hay duda—dijo a esta sazón Sancho—porque desde que mi señor le ganó hasta agora no ha hecho con él más de una batalla, cuando libró a los sin ventura encadenados; y si no fuera por este baciyelmo, no lo pasara entonces muy bien, porque hubo asaz de pedradas en aquel trance.

Contexto del texto ilustrado:

CAPÍTULO XLIV: Donde se prosiguen los inauditos sucesos de la venta

43. Ya a esta sazón estaban en paz los huéspedes con el ventero, pues por persuasión y buenas razones de don Quijote, más que por amenazas, le habían pagado todo lo que él quiso, y los criados de don Luis aguardaban el fin de la plática del oidor y la resolución de su amo, cuando el demonio, que no duerme, ordenó que en aquél mesmo punto entró en la venta el barbero a quien don Quijote quitó el yelmo de Mambrino y Sancho Panza los aparejos del asno, que trocó con los del suyo; el cual barbero, llevando su jumento a la caballeriza, vio a Sancho Panza que estaba aderezando no sé qué de la albarda, y así como la vio la conoció, y se atrevió a arremeter a Sancho, diciendo:
44. —¡Ah don ladrón, que aquí os tengo! ¡Venga mi bacía y mi albarda, con todos mis aparejos que me robastes!
45. Sancho, que se vio acometer tan de improviso y oyó los vituperios que le decían, con la una mano asió de la albarda, y con la otra dio un mojicón al barbero, que le bañó los dientes en sangre; pero no por esto dejó el barbero la presa que tenía hecha en el albarda, antes alzó la voz de tal manera, que todos los de la venta acudieron al ruido y pendencia, y decía:
46. —¡Aquí del rey y de la justicia; que sobre cobrar mi hacienda me quiere matar este ladrón, salteador de caminos!
47. —Mentís —respondió Sancho—; que yo no soy salteador de caminos; que en buena guerra ganó mi señor don Quijote estos despojos.
48. Ya estaba don Quijote delante, con mucho contento de ver cuán bien se defendía y ofendía su escudero, y túvole desde allí adelante por hombre de pro, y propuso en su corazón de armalle caballero en la primera ocasión que se le ofreciese, por parecerle que sería en él bien empleada la orden de la caballería. Entre otras cosas que el barbero decía en el discurso de la pendencia, vino a decir:
49. —Señores, así esta albarda es mía como la muerte que debo a Dios, y así la conozco como si la hubiera parido; y ahí está mi asno en el establo, que no me dejará mentir; si no, pruébensela, y si no le viniere pintiparada, yo quedaré por infame. Y hay más: que el mismo día que ella se me quitó, me quitaron también una bacía de azófar nueva, que no se había estrenado, que era señora de un escudo.
50. Aquí no se pudo contener don Quijote sin responder, y poniéndose entre los dos y apartándoles, depositando la albarda en el suelo, que la tuviese de manifiesto hasta que la verdad se aclarase, dijo:
51. —¡Porque vean vuestras mercedes clara y manifiestamente el error en que está este buen escudero, pues llama bacía a lo que fue, es y será yelmo de Mambrino, el cual se le quité yo en buena guerra, y me hice señor dél con ligítima y lícita posesión! En lo del albarda no me entremeto; que lo que en ello sabré decir es que mi escudero Sancho me pidió licencia para quitar los jaeces del caballo deste vencido cobarde, y con ellos adornar el suyo; yo se la di, y él los tomó, y de haberse convertido de jaez en albarda, no sabré dar otra razón si no es la ordinaria: que como esas transformaciones se ven en los sucesos de la caballería; para confirmación de lo cual corre, Sancho hijo, y saca aquí el yelmo que este buen hombre dice ser bacía.
52. —¡Pardiez, señor—dijo Sancho—, si no tenemos otra prueba de nuestra intención que la que vuestra merced dice, tan bacía es el yelmo de Malino como el jaez deste buen hombre albarda!
53. —Haz lo que te mando—replicó don Quijote—; que no todas las cosas deste castillo han de ser guiadas por encantamento.
54. Sancho fue a do estaba la bacía y la trujo; y así como don Quijote la vio, la tomó en las manos y dijo:
55. —Miren vuestras mercedes con qué cara podía decir este escudero que ésta es bacía, y no el yelmo que yo he dicho; y juro por la orden de caballería que profeso que este yelmo fue el mismo que yo le quité, sin haber añadido en él ni quitado cosa alguna.
56. —En eso no hay duda—dijo a esta sazón Sancho—porque desde que mi señor le ganó hasta agora no ha hecho con él más de una batalla, cuando libró a los sin ventura encadenados; y si no fuera por este baciyelmo, no lo pasara entonces muy bien, porque hubo asaz de pedradas en aquel trance.

El Q. I.44.43-56.

Fuente: Salvador García Bardón: "El Quijote para citarlo" y "Diccionario enciclopédico de El Quijote", Skynet, 2005.

El Quijote para citarlo

 

 

17:09 Écrit par SaGa Bardon dans El Quijote | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |

02/02/2017

Amigo, Amistad, Amor, besar y besos en el DE de El Quijote

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 El prólogo al Persiles, escrito cuando estaba en su lecho de muerte y que Sánchez Ferlosio, según confesión propia, no podía leer sin lágrimas, deja constancia de la importancia capital que para Cervantes tenían la risa y la amistad. La primacía que les otorgaba se infiere del hecho de que les rinda tributo al final del texto, que es, efectivamente, su epitafio literario: «Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos, que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!» (Persiles y Sigismunda, I, f. 4v).

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amica, lat.: 1: [amicus Plato, sed magis amica veritas: 1: ® amicus ® veritas]; amicos, lat.: 1; amicus, lat.: 1

amicus (lat. amicus, -ci) m. 'amigo' || amicus Plato…: En su carta a Sancho Panza, gobernador, don Quijote cita el adagio latino: «amicus Plato, sed magis amica veritas», (Schevill-Bonilla). «Amigo Pedro, amigo Juan, pero más amiga la verdad. Imita al griego: «Amigo Sócrates, amigo Platón, pero más amiga la razón»», Corr., 75.b. ® veritas || multos numerabis amicos«Donec eris felix, multos numerabis amicos, | Tempora si fuerint nubila, solus eris.», I.Pr.13. «Mientras seas feliz, contarás con muchos amigos, pero si el tiempo se nubla, te quedarás solo» es dístico de Ovidio, Tristia, 1, elegía 9, vss. 5-6ª. • La burla cervantina de la erudición pedante, que se practica citando de memoria algunos latines, consiste en atribuir a Catón estos versos que son de Ovidio.

amig-: amiga: 25; amigablemente: 1; amigas: 9; amigo: 250 [amigo Sancho: 17 [amigo Sancho Panza: 4]; Sancho amigo: 42]; amigos: 67; amiguita: 1; √ am-: amar

amigo (doc. ±1140, lat. amicus, íd., der. de amare 'amar') m. y f. 'que tiene afecto personal desinteresado' ^ 'con afinidad' :: 'inclinado a algo'; peyorativo: 'amancebado' || amigo fresco: ® fresco || de amigo a amigo, la chinche: «Proverbio: «De amigo a amigo, chinche en el ojo»: quando uno que professa ser amigo de otro, no le haze obras de tal», Cov. 436.a.34. ««De amigo a amigo, la chincha en el oxo, el kulo te rremoxo.»  Éste es el más usado en Kastilla», Corr. 310.b. • Tras filosofar sobre la amistad entre Rocinante y el asno, el narrador evoca una canción en que figuraba este refrán: «De amigo a amigo la chinche, etc.», II.12.16. || amigo… le tengo en lugar de mi misma persona: ® persona || fuese su amigo o no [el abad de la reina Madásima]: 'fuese su amancebado o no' • Sancho se refiere al motivo del altercado de don Quijote con el loco de sierra Morena: «digo que ¿qué le iba a vuestra merced en volver tanto por aquella reina Magimasa, o como se llama? O ¿qué hacía al caso que aquel abad fuese su amigo o no? || no hay amigo para amigo: Refranes: «No ai amigo para amigo: las kañas se buelven lanzas.», «No ai amigo para amigo, ni hixo para padre, ni padre para hixo.», Corr. 240.a. • Bowle señaló que los versos «no hay amigo para amigo: | las cañas se vuelven lanzas» proceden del romance «A fuera, a fuera, a fuera...» (recogido en un pliego suelto e) inserto en Guerras civiles de Granada, (Clemencín, Schevill-Bonilla, Rgz Marín). El narrador los cita en II.12.14, tras filosofar sobre la amistad entre Rocinante y el asno. || «un amigo míogracioso y bien entendido: … ¿cómo queréis vos [amigo mío]...?», I.Pról.2: paso del estilo indirecto al directo. • «La introducción del amigo va a permitir a C. exponer sus ideas con técnica dramática: el amigo se convierte en narrador secundario y portavoz de la ruptura con respecto a lo establecido.», Rico, 10. || amigos [de don Quijote]: don Quijote pide a su sobrina que haga venir a sus mejores amigos para declararles su arrepentimiento y prepararse para morir: «Llámame, amiga, a mis buenos amigos: el cura, al bachiller Sansón Carrasco y a  maese Nicolás el barbero, que quiero confesarme y hacer mi testamento. § Pero de este trabajo se escusó la sobrina con la entrada de los tres. Apenas los vio don Quijote, cuando dijo: —Dadme albricias, buenos señores, de que ya yo no soy don Quijote de la  Mancha, sino Alonso Quijano a quien mis costumbres me dieron renombre de  Bueno.», II.73 § 7-9. • No hay que pensar que de este círculo quede excluido Sancho, a quien don Quijote ha llamado continuamente: amigo Sancho Panza, amigo Sancho, Sancho amigo, etc. La carta que le escribió a la Ínsula Barataria iba firmada: «Tu amigo DON QUIJOTE DE LA MANCHA», II.51.28. Si es verdad que la sobrina y el ama tienden a desconfiar de él y a echarlo del círculo de amigos de don Quijote, porque piensan que es la causa del desvarío de su tío y señor, Teresa Panza reintroduce con orgullo en este círculo a su propio marido, Sancho, confesando que son sus mejores amigos : «saldré yo a dar a mis vecinas las nuevas de nuestro contento, y al padre cura y a maese Nicolás el barbero, que tan amigos son y han sido de tu padre.», II.50.31.

amist-: amistad: 41; amistades: 2; √ amig-: amigo

amistad (doc. ±1140, del lat.vulg *amicitas,-atis, -atem ) f. 'confianza y afecto desinteresado entre personas' || amistad [de Rocinante y el rucio]:  se prepara la escena en que van a encontrarse dos caballeros, con una especie de disertación sobre la amistad entre los animales, II.12.13. • Los animales sirven de ejemplo a los hombres, y su amistad de término de comparación para ilustrar la amistad entre los vecinos de la aldea de don Quijote. • La amistad de Niso y Euríalo es tema de Virgilio, Eneida, IX; la de Pílades y Orestes aparece en varias obras clásicas (Clemencín)|| amistades'actos de amistad': 'favores, mercedes, obsequios' • Entrada de un personaje del apócrifo en el Quijote  verdadero. Habla don Alvaro Tarfe: « —El mismo soy—respondió el caballero—, y el tal don Quijote, sujeto principal de la tal historia, fue grandísimo amigo mío, … y en verdad en verdad que le hice muchas amistades, y que le quité de que no le palmease las espaldas el verdugo, por ser demasiadamente atrevido», II.72.15. || hacer amistades: 'hacer favores, regalos' ^ 'dar muestras de amistad': «Frase en la cual hallaría alguno que se comete un galicismo, pero no es así. Amistades son en este lugar lo mismo que obsequios o favores; y en esta acepción usó también Quevedo la palabra amistad en el Gran Tacaño (cap. XXII). Al fin me hizo amistad (por mi dinero) de alcanzar de los demás lugar para que yo fuese con ellos.», Clem. 1914.a. • Don Álvaro Tarfe, hablando con el don Quijote verdadero, se refiere al falso don Quijote de Avellaneda: «le hice muchas amistades», II.72.15. || santa amistad® santa

amor: 125: [por amor de Dios: 8]; √ am-: amar

amor (doc. ±1140, del lat. amor, -oris, -orem ) m. 'sentimiento afectivo que busca el bien y desea poseerlo' µn 'objeto del cariño de alguien' • Comparando el amor con la amistad y con la buena voluntad, Guzmán de Alfarache explicita una escala léxica cuya validez valorativa y programática queda manifiesta en el Quijote: buena voluntad < amistad < amor: «Hay diferencia entre buena voluntad, amistad y amor. Buena voluntad es la que puedo tener al que nunca vi ni tuve dél otro conocimiento que oír sus virtudes o nobleza o lo que pudo y bastó moverme a ella. Amistad llamamos a la que comúnmente nos hacemos tratando y comunicando o por prendas que corren de por medio. De manera, que la buena voluntad se dice entre ausentes y amistad entre presentes. Pero amor corre por otro camino. Ha de ser forzosamente recíproco, traslación de dos almas, que cada una dellas asista más donde ama que donde anima. Este es más perfecto, cuanto lo es el objeto; y el verdadero, el divino. Así debemos amar a Dios sobre todas las cosas, con todo nuestro corazón y de todas nuestras fuerzas, pues él nos ama tanto. Después deste, el conyugal y del prójimo. Porque el torpe y deshonesto no merece ni es digno deste nombre, como bastardo. Y de cualquier manera, donde hubiere amor, ahí estarán los hechizos; no hay otros en el mundo. § Por él se truecan condiciones, allanan dificultades y doman leones. Porque decir que hay bebedizos o bocados para amar, es falso. Y lo tal sólo sirve de trocar el juicio, quitar la vida, solicitar la memoria, causar enfermedades y graves acidentes. El amor ha de ser libre. Con libertad ha de entregar las potencias a lo amado; que el alcaide no da el castillo cuando por fuerza se lo quitan, y el que amase por malos medios no se le puede decir que ama, pues va forzado adonde no le lleva su libre voluntad.», MA, GdeA, vol. I, 37-38. || «Amor, cuando yo pienso»: El madrigalete que comienza así en II.68.16 es trad. de uno incluido en Gli Asolani de Pietro Bembo (1470-1547), «Quando io penso al martire...», Rgz Marín, Apéndice 38. 

|| amor platónico: ® platónico || «Del Amor de Dios»:  El amigo del autor se refiere irónicamente en I.Pról.14 a la obra de fray Cristóbal de Fonseca, agustino, Tratado del amor de Dios (1592). Menéndez Pelayo lo considera «farragoso». || del amor se dice que todas las cosas iguala, I.11.2. • Al invitar a Sancho a sentarse a su lado, Don Quijote alude tanto a la noción refranesca de que el amor iguala al vasallo con el señor como a San Pablo (Cor. I.13), donde 'amor' aparece por 'caridad' en algunas versiones, (Schevill-Bonilla). || el amor tiene la misma condición que la muerte: ® muerte || en buen amor y compaña: 'en buen amor y compañía de amistad': ® comer || suelen hacer el amor: 'suelen producir el amor'. • A Sancho, que no comprende cómo don Quijote ha podido enamorar a Altisidora,  puesto que no tiene hermosura ninguna, don Quijote le replica: «cuando se pone la mira en esta hermosura [del alma], y no en la del cuerpo, [todas estas partes, que caben y pueden estar en un hombre feo] suelen hacer ['producir'] el amor con ímpetu y con ventajas.», II.58.16. • Puede entenderse, como lo sugiere Murillo, que el pl. suelen  se refiere a «todas estas partes». Los eds. corrigen «suele nacer», (Schevill-Bonilla), (MdRiquer 62); «suele hacer»  con sentido de 'actuar', (Cortazar-Lerner). Nostros diríamos que el sentido es ‘producir’.

amores: 46; amoríos: 1; amorosa: 12; amorosamente: 3; amorosas: 10; amorosísimos: 1; amoroso: 7; amorosos: 10 [amorosos pensamientos: 4]; √ amor

amores: [amores de] Ginebra y Lanzarote:  Don Quijote replica al canónigo, a quien trata de hidalgo, sobre la verdad de las historias de caballerías: «Y también se atreverán a decir …  que son apócrifos los amores de don Tristán y la reina Iseo, como los de Ginebra y Lanzarote, habiendo personas que casi se acuerdan de haber visto a la dueña Quintañona», I.49.20. • Sobre la versión castellana de la leyenda de Lanzarote y Ginebra y la dueña Quintañona, ® Ginebra y ® romance [de Lanzarote]. || amores de levante: ® levante || amores platónicos: 'amores desinteresados, honestos, meramente ideales' :: 'continentes': ® platónico || ha muerto de amores: ® muerto || caballero andante sin amoresEn algunos ejemplares de los estatutos de la Orden de la Banda, se lee al artículo 31: Que ningún caballero de la banda estuviese en la corte sin servir a alguna dama, no para deshonrarla, sino para la festejar o casarse con ella, y cuando ella saliese fuera, la acompañase a pie o a caballo, llevando quitada la gorra y haciendo su mesura con la rodilla. • Don Quijote, desde el comienzo de sus aventuras, desea ajustarse a este precepto caballeresco, razón por la cual busca una dama: «no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse; porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma.», I.1.8.

amorosos pensamientos: «La posibilidad de incluir episodios e, incluso, la de centrar la fábula en asuntos amorosos fue uno de los aspectos más destacados del influjo de Heliodoro sobre la teoría literaria de la época. Aunque en la épica heroica representada por Homero y Virgilio se encuentran episodios amorosos, se trata de elementos secundarios respecto a lo que constituye el núcleo de la epopeya, mientras que en la novela helenística es ese sentimiento el que inspira toda la obra.», GlezRovira, 1996, p. 63.

|•| ELOGIO DE BARCELONA: He aquí lo que don Quijote dice en honor de Barcelona a don Álvaro Tarfe, personaje del apócrifo, a pesar de que ya ha sido vencido en la playa de esta ciudad: «me pasé de claro a Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los estranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única. Y aunque los sucesos que en ella me han sucedido no son de mucho gusto, sino de mucha pesadumbre, los llevo sin ella, sólo por haberla visto.», II.72.22. • En términos parecidos a los empleados por don Quijote con don Álvaro Tarfe, había elogiado a Barcelona el narrador de Las dos doncellas: «Admiróles el hermoso sitio de la Ciudad y la estimaron por flor de las bellas ciudades del mundo, honra de España, temor y espanto de los circunvecinos y apartados enemigos, regalo y delicia de sus moradores, amparo de los extranjeros, escuela de la caballería, ejemplo de lealtad y satisfacción de todo aquello que de una grande, famosa, rica y bien fundada ciudad puede pedir un discreto y curioso deseo.», NovelEjemp., p. 203.a. • El mismo tipo de elogio, extendido a los catalanes en general, se encuentra en la obra póstuma de Cervantes: «Los corteses catalanes, gente enojada, terrible, y pacífica, suave; gente que con facilidad da la vida por la honra, y por defenderlas entrambas se adelantan a sí mismos, que es como adelantarse a todas las naciones del mundo, visitaron y regalaron todo lo posible a la señora Ambrosia Agustina, a quien dieron las gracias, después que volvieron, su hermano y su esposo. », Persiles, L.III, c.12, p.1024. || Barcelona,… venganza de los ofendidos: Don Quijote, hablando con don Alvaro Tarfe, califica a su manera la leyenda del carácter vengativo de los catalanes; de este carácter se han dado dos ejemplos en los relatos de Roque Guinart y Claudia Jerónima. Cf. PyS, libro 3, c. 12, ed. Castalia, p. 366.  ® Playa de Barcelona: ® playa || el visorrey de Barcelona: ® visorrey

bes-: besa: 5; besaba: 4; besaban: 2; besad: 1; besado: 1; besamanos: 2; besamos: 1; besan: 2; besando: 2; besándola: 1; besándole: 2; besándoselas: 1; besar: 11; besará: 2; besarlas: 1; besarle: 3; besarse: 1; besársela: 1; besárselas: 2; besárselos: 1; besé: 1; beséis: 1; bésele: 1; beso: 4; besó: 7; besóla: 1; besóle: 3; besos: 3

besar (doc. ±1140, del lat. basiare 'besar' [A’I > E; la inicial seguida de yod se convierte en ]) v.tr. 'dar besos' || besar las manos: «Por kortesía. «Beso las manos de Vm.» «Beso las de Vm.» A varón i a muxer: «Vuestra merzed es mi señor», «Vm. es mi señora».», Corr. 696.b. • «—Corre, hijo Sancho, y di a aquella señora del palafrén y del azor que yo el Caballero de los Leones besa las manos a su gran fermosura», II.30.3. Tal cual está el texto de la ed. pr. cabe concordar el verbo besa  con la tercera persona «el Caballero de los Leones», sin que haya que pensar que el sujeto sea yo, ya que es corriente en el Quijote cambiar de régimen  cuando interviene una palabra o una frase explicativa, cual es el caso aquí, y/o cuando se explica a un mensajero en estilo indirecto lo que ha de repetir luego en estilo directo, como también es el caso aquí. || besar su [propia] mano:  Cada uno besa su propia mano antes de dársela al otro, (Clemencín). • En la visita nocturna de doña Rodríguez leemos: «Y diciendo esto, [don Quijote] besó su mano derecha, y le asió de la suya [la de doña Rodríguez], que ella le dio con las mesmas ceremonias.», II.42.20. || besarle las manos: • Es un gesto frecuente en los LC: «Madasima aviendo ya noticia de la bondad deste cavallero [don Galvanes sin Tierra] y de su grande y alto linaje, otorgándole lo que pidía, fincados los inojos le quiso por ello besar las manos. », Amadís de Gaula, p. 891. • La princesa Micomicona intenta besar las manos de don Quijote: «La menesterosa doncella pugnó con mucha porfía por besarle las manos, mas don Quijote, que en todo era comedido y cortés caballero, jamás lo consintió; antes la hizo levantar y la abrazó con mucha cortesía y comedimiento», I.29.34. • «No siempre consiguió la cortesía de los caballeros andantes que las damas dejasen de besarles las manos. Una dueña desconocida, … en la puerta de un monasterio, hincados los hinojos en tierra, pidió un don a Amadís de Gaula, luego que éste lo hubo otorgado, le trabó de las manos, e a fuerza se las besó. La dueña era la mujer de Arcalaus, y el don prometido la libertad de su marido, enemigo mortal de Amadís, que le tenía preso en una jaula de hierro. Amadís, aunque engañado, no dejó por eso de cumplir su palabra, dió libertad a Arcalaus (Amadís de Gaula, cap. CXXX). Tal era la religiosidad con que guardaban su palabra los caballeros.», Clem., 1296.a. || besárselas, en señal que la recibía por su reina: «Vasallo se puede hacer un hombre de otro segund la antigua costumbre de España, otorgándose por vasallo, e besandole la mano por reconocimiento de señorío», Partida IV, tít. XXV, ley IV. • Sancho ante Dorotea: «se hincó de rodillas ante ella, suplicándole le diese las manos para besárselas, en señal que la recibía por su reina y señora.», I.30.34. || besé la cruz: El asíndeton del período que comienza así, expresa muy bien la rapidez con que el Cautivo tuvo que realizar los actos que relata: «Besé la cruz, tomé los escudos, volvíme al terrado, hecimos todos nuestras zalemas, tornó a parecer la mano, hice señas que leería el papel, cerraron la ventana.», I.40.15. || beso a vuestra merced las manos: «Los romanos, como las demás naciones, tuvieron por cortesía y por favor el besarse, como agora de palabra se hace en España con el "beso las manos de vuesa merced"», Cov. 210.b.10. • Una de las dos compañeras de Dulcinea en la cueva de Montesinos saluda de su parte a don Quijote: «—«Mi señora Dulcinea del Toboso besa a vuestra merced las manos, y suplica a vuestra merced se la haga de hacerla saber cómo está», II.23.36. || besó su derecha mano: «Y diciendo esto, besó su derecha mano, y le asió de la suya, que ella le dio con las mesmas ceremonias.», II.48. 20. • «Si no hay aquí errata, habrá que entender que cada uno besa su mano antes de dársela al otro.», Rico, 1018. ® besar su [propia] mano

beso (doc. ±1230, del lat. basium  [A’I > E; la inicial seguida de yod se convierte en ]) m. 'el tocar o mostrar que se desea tocar con los labios en señal de afecto, haciendo al propio tiempo una pequeña aspiración': «el beso se da con la boca, y para ello la fruncimos y achicamos, lo qual se haze pronunciando la letra V o la B, y assí llamamos hazer el buz llegar a besar con grande reverencia», Cov. 209.b.26. |•| Melisendra en el Retablo de Maese Pedro: «miren cómo la da un beso en mitad de los labios, y la priesa que ella se da a escupir, y a limpiárselos con la blanca manga de su camisa», II.26.6. || beso de paz: 'el beso que se dan los fieles en la misa para mostrar la amistad, como hijos del mismo Dios' • Fin del gobierno de Sancho Panza: «llegándose al rucio, le abrazó y le dio un beso de paz en la frente, y no sin lágrimas en los ojos, le dijo:…», II.53.22.

|| por Miguel de Cervantes Saavedra: durante el gran escrutinio de la librería de don Quijote, el cura resume así la vida de Cervantes: «—Muchos años ha que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos.», I.6.60. • El Cautivo evoca en su historia la personalidad de un compañero de cautiverio: «Sólo libró bien con él un soldado español llamado tal de Saavedra, el cual, con haber hecho cosas que quedarán en la memoria de aquellas gentes por muchos años, y todas por alcanzar libertad, jamás le dio palo, ni se lo mandó dar, ni le dijo mala palabra; y por la menor cosa de muchas que hizo temíamos todos que había de ser empalado, y así lo temió él más de una vez; y si no fuera porque el tiempo no da lugar, yo dijera ahora algo de lo que este soldado hizo, que fuera parte para entreteneros y admiraros harto mejor que con el cuento de mi historia.», I.40.14. • «Para conocer la personalidad de Cervantes disponemos de una serie de preciosos autorretratos: los prólogos y un dilatado poema en tercetos, el Viaje del Parnaso, mezcla de fantasía mitológica, de alegoría y de sátira. Los prólogos contienen importantes declaraciones sobre sus principios y motivaciones artísticas; el Viaje del Parnaso, entre otras cosas, recapacita sobre una de esas motivaciones, la pesadumbre producida por su falta de éxito como poeta dramático y por no haber obtenido los premios y el prestigio correspondientes a su valía. § El prólogo al Persiles, escrito cuando estaba en su lecho de muerte y que Sánchez Ferlosio, según confesión propia, no podía leer sin lágrimas, deja constancia de la importancia capital que para Cervantes tenían la risa y la amistad. La primacía que les otorgaba se infiere del hecho de que les rinda tributo al final del texto, que es, efectivamente, su epitafio literario: «Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos, que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!» (Persiles y Sigismunda, I, f. 4v). La imagen que de sí mismo proyecta en este y otros prólogos -alegre, chistoso, de condición apacible, aficionado a charlar con sus amigos- es en parte una estrategia retórica para ganarse la simpatía del lector, y, en el Quijote, atenuar el impacto de la sátira. No obstante, creo que el recurso retórico y la personalidad subyacente son una y la misma cosa, puesto que los pasajes de los prólogos en que Cervantes se retrata de tal manera corresponden a un tipo de escena reiterado en sus obras de ficción. La misma insistencia en el tema me hace sospechar otra vez que la literatura es prolongación de la vida… Cervantes apreciaba y necesitaba la amistad; dentro del Quijote, ella y la risa están íntimamente vinculadas; gracias a esa obra, se había ganado la amistad de toda España.», Anthony Close, en Rico 1998 b, p. LXXXI- LXXXII. ® Saavedra ® viejo, soldado, hidalgo y pobre

com-: comer: 99: [sin comer: 4]; comerá: 1; comerás: 1; comeré: 3; comería: 2; comeros: 2; comerse: 1; √ comilón

comer (doc. ±1140, del lat. comedere < edere  'comer') v.intr. y tr. 'masticar y tragar el alimento' :: 'alimentarse' || comer buenas migas juntos: loc.verb. 'ser buenos amigos'. Por generalización se decía también hacer en lugar de comer: «hacer buenas, o malas, migas dos o más personas fr. fig. y fam. Avenirse bien en su trato y amistad, o al contrario.», DRAE. • En boca de Sancho dirigiéndose a don Jerónimo, II.59.50. El vulgo entendía por migas «cierto guisado rústico de migas o pedazos de pan desmigajados», Cov. 804.b.60. || comer en buena paz compaña: 'en paz y compañía'; alterna con ««En amor konpaña». Estar i bivir, o tratar en buena amistad i konpañía.», Corr. 618.a. ««De amor konpaña». Para dezir ke todos estavan o ivan en buen amor i konpañía de amistad», Corr. 682.a. Esta loc.verb. aparece cuatro veces en el Quijote: dos veces con la primera forma; dos veces con la forma «en paz y compañía» y una vez con la forma «en buen amor y compaña», tras la aventura de la cueva de Montesinos: « sentados todos tres en buen amor y compaña, merendaron y cenaron, todo junto.», II.22.49 • En labios del gobernador Sancho durante la ronda de su ínsula: «no se burle nadie conmigo, porque o somos, o no somos: vivamos todos, y comamos en buena paz compaña, pues cuando Dios amanece, para todos amanece.», II.49.4; donde o somos, o no somos: fr. hecha, Acd. || comerse las manos tras  [algo]: ® manos || no comer pan a manteles: ® pan || sin comer ni beber ni dormir: «Kavallito de Banba, ke ni kome, ni beve, ni anda.», Corr. 380.a. «Bamba también quiere decir el que es necio, torpe, que sabe poco, palabra de que se usa en Andalucia », Cov. 189.b.24. • Burla de la mano atada: «creía que de aquella suerte, sin comer ni beber ni dormir, habían de estar él y su caballo, hasta que aquel mal influjo de las estrellas se pasase, o hasta que otro más sabio encantador le desencantase. », I.43.45.

enamor-: enamora: 2; enamorada: 17; enamoradas: 3; enamorado: 63; enamorados: 20; enamoran: 1; enamorar: 4; enamoraron: 1; enamorarse: 1; enamorasen: 1; enamore: 1; enamoré: 1; enamoréme: 1; enamoró: 9; enamoróla: 1; √ amor

enamorar (doc. s. XV, de en- + amor) v.try prnl. «ENAMORAR. Poner codicia a otro alguna mujer para que la quiera, con sus atavíos y halagos. ENAMORARSE. Prenderse del amor o aficionarse en buena y en mala parte.», Cov. 510.b.48. || enamorada: Hay que tener en cuenta la observación de Covarrubias, muy acorde con el antifeminismo de la época: «siempre se toma en mala parte, como mujer enamorada o amiga.», Cov. 510.b.54. Así se entienden las referencias despectivas de don Quijote a la «caterva enamorada», II.44.50, y a la «doncella enamorada (Altisidora)» (cuatro veces). || enamorado'amoroso' «enamorado de [Aldonza Lorenzo], un tiempo anduvo», I.1.10. • El narrador nos explica cómo se holgó nuestro buen caballero, recién confirmado por sí mismo don Quijote de la Mancha, cuando halló a quien dar nombre de su dama. Fue a «una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque,… ella jamás lo supo,  ni le dio cata dello ('ni él le dio a ella cuenta de ello'. Algunos editores enmiendan 'ni se dio cata dello'). Llamábase Aldonza Lorenzo», I.1.10. • Cardenio cuenta su historia personal: «la privanza que yo tenía con don Fernando dejaba de serlo, por ser amistad, todos sus pensamientos me declaraba, especialmente uno enamorado, que le traía con un poco de desasosiego.», I.24.11. • Para el don Quijote cervantino es imposible que un caballero andante no esté enamorado. Así que él se proclama repetidamente enamorado de Dulcinea, aunque confiese que este amor sólo le sirve para ser caballero andante. • Probablemente por esta razón Avellaneda, que no quiere admitir la ambigüedad (la actitud del moralista choca contra la del poeta), quiere que su don Quijote se convierta rápidamente en el Caballero Desamorado, con lo cual hace de él voluntaria y lúcidamente una paradoja ambulante, cuyo lugar natural sólo será el manicomio. Este Martín Quijada, presentado tan palmariamente como tontiloco desde un principio, continuará sin variaciones, en genio y figura, hasta la casa del Nuncio (Gª Salinero); mientras que el don Quijote verdadero, aunque corre a campo traviesa como caballero andante, está claro que reflexiona y duda, y que un día, tras descubrir su error, se convertirá y aceptará dignamente su propia muerte como hombre bueno. || enamorado de oídas: II.9.15. «Cervantes se burló en este pasaje de todos los libros de Caballería donde se habla de enamoramientos por oídas, que son muchos. Alpartacio, hijo del Rey de Sicilia, se enamoró sólo de oídas de la Infanta Miraminia, hija del Rey de Francia, como se refiere en la historia de Lisuarte de Grecia (cap. LXXIX). Lo mismo le sucedió a Brimates, hijo de don Brián de Monjaste, Rey de España, con la Infanta Lucela, hija del Rey de Sicilia, si bien antes de verla mudó de propósito y se dedicó a servir a Onoria (Amadís de Grecia, parte 1, cap. LIX).», Clem. 1560.a. || enamorados y perdidos: hendíadis 'perdidamente enamorados' • El cabrero Pedro se refiere a Marcela: «nadie la miraba que no bendecía a Dios, que tan hermosa la había criado, y los más quedaban enamorados y perdidos por ella.», I.12.21.

Eurialio: 1; Euríalo: 1

Eurialio o mejor Euríalo, forma que encontramos también una vez (doc. s. XVI, del lat. Euryalus < gr. Euríalos) m. Joven guerrero troyano, protagonista de dos episodios de la Eneida, V, vss. 286-361, cuya amistad con Niso es considerada como proverbial. |•| El cura lo menciona como Eurialio: «la amistad de Eurialio», I.47.31

lealtad: 10; √ leal

lealtad (doc. ±1230, del b.lat. legalitas, -atis, -atem < lex, legis  'ley') f. 'calidad de leal':  «De leal se dijo lealtad, fidelidad. La mujer guarda lealtad a su marido cuando es casta y honesta y no le intenta hacer alevosía ni traición.», Cov. 755.a.57. || Con ocasión del espectáculo de la amistad entre Rocinante y el rucio, el editor señala la intención del autor de recordarnos que los hombres han aprendido muchas cosas importantes de las bestias: «la lealtad, del caballo.», II.12.17.

Orestes: 1: [Pílades y Orestes: 1]

Orestes (doc. s. XIII, del lat. Orestes < gr. Oréstes) m. Hijo de Agamenón y de Clitemnestra, este personaje mitológico griego, presente en las tragedias de los tres grandes dramaturgos clásicos, es evocado en el Q. como un héroe sobre todo como amigo de Pílades, en cuyo lugar se presentó para salvarle la vida, a pesar de que fué también el asesino de su propia madre. |•| Para ilustrar la amistad de Rocinante y el rucio, se evocan lo amigos por antonomasia: «Digo que dicen que dejó el autor escrito que los había comparado en la amistad a la que tuvieron Niso y Euríalo, y Pílades y Orestes», II.12.13.

|| he de ser otro como él: «Aunque a menudo se ha visto en estas palabras la ambición caballeresca de Sancho, el escudero también puede estar manifestando la amistad (amicus, alter ego) hacia DQ», Rico, 891. «Yo me he arrimado a buen señor, y ha muchos meses que ando en su compañía, y he de ser otro como él, Dios queriendo», II.32.5

pala: 1; der. paleta: 1

pala (doc. 1335, del lat. pala; íd. y  'azada') f. 'herramienta con lámina adaptada a un mango largo': «Llamamos pala el instrumento con que se recoge el trigo y se revuelve, que se llama traspalar. Pala, con la que meten el pan en el horno. Pala de hierro, la que usa el cocinero para revolver la lumbre», Cov. 844.b.44. |•| Altisidora se refiere a las manos de los diablos en su visión del infierno: «en las cuales tenían unas palas de fuego», II.70.18. || suceso de la pala y azadón: por µn 'la sepultura' µn 'la muerte', eufemismo refiriéndose a la apertura de la fosa: ««Apartarnos á la pala i la azada; [o] Apartarnos á el azadón i la pala.» Dízese de los ke se kasan i ligan kon el iugo del matrimonio; i varíase.», Corr. 71.b. «Una amistad tan arraigada, que es tenida por dificultosa de disolverse, decimos que no la apartará sino la pala y el azadón, que significan la muerte, porque son los instrumentos para abrir y cerrar la sepultura.», Cov. 35.b.30. • Sancho se proclama ante la duquesa inseparable de DQ: «es imposible que nos pueda apartar otro suceso que el de la pala y azadón.», II.33.7.

|| dar paz en el rostro [a alguien]: loc.verb. 'saludarle, besándole en el rostro, en señal de amistad': «El día mesmo que se baptizó fue armado caballero por el conde de Castilla Garci Femández, y su madrastra, determinada de tomarle por su hijo, le metió por la manga de una muy ancha camisa y sacóle la cabeza por el cabezón, diole paz en el rostro, con que le pasó a su familia y recibió por su hijo.», Cov. 251.a.36. • Relato del caballero en la corte: «[el rey] le dará paz, besándole en el rostro», I.21.40. • Don Quijote imagina al caballero andante ideal recibido en la corte: «[el rey] le dará paz, besándole en el rostro», I.21.40. • Don Quijote se muestra celoso con el sol, refiriéndose a Dulcinea: «no le des paz en el rostro», I.43.28. 'no la beses en la cara’.
 
|| Pero Pérez: (nótese que el apellido es derivado del nombre) cura del lugar de don Quijote, con el cual y con cuya familia tiene una relación de amistad tan fuerte, que se siente obligado a correr tras don Quijote, para hacerlo volver al pueblo. El narrador lo mantiene anónimo hasta el final del capítulo 5° de la primera parte. Hacia 1529 hubo en la iglesia parroquial de Esquivias un teniente de cura que se llamaba igual que éste. ® Cura: el cura [del lugar de don Quijote]
 

platónico: 0; platónicos: 3; √ Platón

platónico (doc. 1458, del lat. platonicus ) adj. y s. 'seguidor de la filosofía de Platón' µ 'dícese del amor desinteresado, puro e imposible y de las personas que lo sienten' || amor platónico: loc.nom. 'amor desinteresado, honesto, meramente ideal' :: 'continente': adaptación del amor cortés a la filosofía platónica, obra principalmente de León Hebreo, autor de los Dialogui d'amore, Roma, 1535: «amores platónicos son los intelectuales puros despojados de la parte grosera conforme a las máximas y doctrina de Platón de donde les vino el nombre.», Clem., 1699. • Don Quijote declara a Sancho: «[Dulcinea] en toda su vida ha visto letra mía ni carta mía, porque mis amores y los suyos han sido siempre platónicos, sin estenderse a más que a un honesto mirar.», I.25.45. • Don Quijote declara al eclesiástico del castillo ducal: «no soy de los enamorados viciosos, sino de los platónicos continentes», II.22.2. ® Hebreo


reconcili
-: reconciliado: 1; reconcilian: 1; reconciliar: 1; √ concili-: conciliar; Concilio; concej-:  concejo

reconciliar (doc. 1449, de re- + conciliar 'componer, concertar opiniones opuestas'1495, del lat. conciliare, propiamente, 'unir, asociar') v.try prnl. 'renovar la amistad entre los que estaban desunidos': «Reconciliar, volver en amistad y gracia, aunque los amigos reconciliados no suelen ser firmes, si la causa de discordia fue con lástima o menoscabo de alguno. Reconciliado, el penitenciado por el santo Oficio, que fue recibido a gracia y misericordia.», Cov. 346.a.51; puede ser también intensivo de 'conciliar' || reconciliarse con la Iglesia: loc.verb. 'volver al seno de la iglesia católica una persona que se había separado de ella' • Al volver a España todo renegado debía presentarse a la Inquisición, para reconciliarse con la Iglesia, sin que se le hiciera daño; el Cautivo alude a ello, I.40.15.


rind-
: rinda: 3; rindan: 1; rinde: 2; rinden: 1; rindiera: 1; rindieron: 4; rindiese: 4; rindiesen: 2; rindió: 3; rindióse: 2; rindo: 2; √ rend-: rendir

rindióse (de rendirse ) indef. Caída en la tentación de la esposa del curioso impertinente: «Rindióse Camila; Camila se rindió; pero ¿qué mucho, si la amistad de Lotario no quedó en pie?», I.34.5. • Obsérvese el quiasmo, cuya repetición fuertemente apoyada sirve para ponderar la consecución de algo que parecía imposible. • Esta caída recuerda la de Leonora, la esposa del celoso Carrizales: «En fin: tanto dijo la dueña, tanto persuadió la dueña, que Leonora se rindió, Leonora se engañó y Leonora se perdió, dando en tierra con todas las prevenciones del discreto Carrizales, que dormía el sueño de la muerte de su honra.», El celoso extremeño, OC, ed. VP, II, p. 171.b. || rindióse a partido: rendirse a partidoloc.verb. 'rendirse mediante convenio' ® partido ® rendirse.

sant-: santa: 50: [Santa Hermandad: 19; ¡Santa María!: 3]; Santángel: 1; santas: 5; Santiago: 5; santidad: 4; santiguada: 5: [para mi santiguada: 5]; santiguarnos: 1; santiguaron: 3; santiguarse: 2; santísima: 2; santísimo: 2; santo: 15: [Santo Oficio: 3]; santos: 17; santuarios: 1

santa amistad: Si traicionar la amistad es profanarla, la amistad es santa, porque sólo se profana lo santo. • Soneto de Cardenio, cuya amistad por don Fernando ha sido traicionada: ««Santa amistad, que con ligeras alas… no permitas | que el engaño se vista tu librea.»», I.27.17-18. • Este soneto tuvo la popularidad suficiente para ser recogido como anónimo en el manuscrito 3985 de la Biblioteca Nacional de Madrid (Avalle-Arce). • «25. La amistad a la que se dedica este soneto está en correlación con el amor que se glosa en los ovillejos anteriores y con el juego de los dos sentimientos en la Primera parte del Q. 26. 'La amistad verdadera, que con alas ligeras, junto con las almas benditas subió alegre al más alto cielo presidido por Dios (impíreas salas), dejando en la tierra (en el suelo) un doble, una falsa verdad (apariencia)'.», Rico, 303. || Santa Hermandad (de Toledo): ® Hermandad || gente non santa:® gente

suert-: suerte: 143: [buena suerte: 15; mala suerte: 6; toda suerte de: 5]; suertes: 6; √ sort-: sortija

suerte (doc.  fin s. X, del lat sors, -tis, -tem 'suerte') f. 'concatenación de acontecimientos con carácter fortuito' µn 'circunstancia favorable o adversa' :: 'azar': «AZAR. Es lo mesmo que estorbo, desvío, mala suerte; algunos quieren sea francés, del nombre hazard, que vale peligro, y hazarden la mesma lengua franesa vale  suerte, dado, sors, alea.», Cov. 172.b.42. || echaremos suertes a quién: 'a ver quién' • Se trata de ir al entierro de Grisóstomo: «echaremos suertes a quién ha de quedar a guardar las cabras de todos.», I.12.5-6. || la suerte se muestra en favor mío: Así el cura en I.29.11; la ed. de Bruselas, 1607, corrigió nuestro, que siguen algunos editores, (Rgz Marín). || suerte [de don Quijote]: Sansón expresa veladamente su intención de seguir de cerca a don Quijote, desde el momento de su despedida, para hacerle volver a su lugar: «Abrazóle Sansón, y suplicóle le avisase de su buena o mala suerte, para alegrarse con ésta o entristecerse con aquélla, como las leyes de su amistad pedían.», II.7.43. || Adj. + suertes de: 'clases de, especies de' «cuatro suertes de linajes», II.6.13.

testigo: 14; testigos: 14; testimonio: 13; testimonios: 2; √ test-1: testamento

testigo (doc. 1148. < ant. testiguar 'atestiguar', SS. XIII-XV, por vía semiculta del lat. testificare íd. < cpt. de testis 'testigo' y facere 'hacer'.) m. «el hombre o la mujer que hace fe y da testimonio de alguna cosa. Testigo falso, el que jura mentira a sabiendas. Proverbio: "Los testigos matan al hombre", porque conforme a lo alegado por las partes y probado con los testigos, juzga el juez la causa», Cov. 960.a.46. || ¡Famoso testigo!: 'testigo digno de fama' ^ 'buen testigo' • Don Quijote se refiere al jumento de Sancho, que ha caido en la sima con él: «—¡Famoso testigo! —dijo don Quijote—. El rebuzno conozco, como si le pariera, y tu voz oigo, Sancho mío.», II.55.21.  || por [no] me hacer testigo: 'por no hacerme testigo • Lotario no quiere ser testigo contra su amigo Anselmo, como si lo disuadiera el refrán: «El peor testigo, el ke fue tu amigo.», Corr. 107.b. «porque no digas que no respondo a tus preguntas, digo que conozco a tu esposo Anselmo, y nos conocemos los dos desde nuestros más tiernos años; y no quiero decir lo que tú tan bien sabes de nuestra amistad, por [no] me hacer testigo del agravio que el amor hace que le haga, poderosa disculpa de mayores yerros.», I.34.63. || testigo será la firma que hiciste: ® firma

usque, lat.: 1: [usque ad aras: 1]

usque ad aras (lat. 'hasta el altar') Este adagio latino llegó a ser refrán castellano: «Amigo hasta el altar, es amistad.», Corr. 76.a. |•| Empleado en la novela el Curioso Impertinente por Lotario, indica, como lo aclara el propio Lotario, que la fuerza de la amistad sólo debe ceder ante Dios: «los buenos amigos han de probar a sus amigos y valerse dellos, como dijo un poeta, usque ad aras;  que quiso decir que no se habían de valer de su amistad en cosas que fuesen contra Dios.», I.33.11. • Plutarco no atribuyó la frase a un poeta, como lo cree Lotario, sino a Pericles, el orador ateniense, (Rgz Marín, Cortazar-Lerner). • Este adagio se explica también en El viejo celoso, Entremeses. ed. Castalia, p. 210.

veritas: lat. 'la verdad' • Carta de don Quijote al gobernador Sancho Panza: ««amicus Plato, sed magis amica veritas». Dígote este latín porque me doy a entender que después que eres gobernador lo habrás aprendido.», II.51. Traducción: 'Amigo es Platón, pero más amiga la verdad'. Sentido: mi amistad por ti no puede hacerme olvidar la verdad: «Amigo Pedro, amigo Xuan, pero más amiga la verdad. • Imita al griego: «Amigo Sókrates, amigo Platón, pero más amiga la rrazón».», Corr. 75.b. ® amicus Plato.

 

vista 2 (de vestir) subj. se vista tu librea: 'lleve tus colores, sea tu lacayo' « Deja el cielo, ¡oh amistad!, o no permitas | que el engaño se vista tu librea, | con que destruye a la intención sincera», I.27.18.

19:09 Écrit par SaGa Bardon dans Cervantes, El Quijote | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |

02/12/2016

El Yo en el Quijote © 2016

El Yo en el Quijote © 2016

02.12.16 | 11:55. Archivado en Antropología, Ética, Educación, Novela, Cervantes, El Quijote
 

En cierta manera el mito voluntarista de don Quijote, cuya máxima expresión es la frase “Yo sé quién soy”, inaugura la era de los anti-mitos.

yo: 2076: [ya yo: 16; yo no soy: 12; yo sé: 56; yo sé quién soy: 1; yo soy: 87; yo… soy: 163; yo soy don Quijote de la Mancha: 7; yo soy el que: 3; yo ya: 1; yo…yo: 11]

yo (doc. ±950, del ant. *ieo, lat. vg. eo, s. VI, nomin. lat. ego ) pron.pers. forma átona de la primera persona del singular, en función de sujeto: 'quien te habla o te escribe ahora': «IO. Latine ego, primera persona. Suele tener énfasi por la calidad del que habla, incluida en la palabra yo, como: Yo el rey, etc.», Cov. 741.a.25.

|•| Repetido por énfasis. «que yo no me tengo de tomar, yo, con los enemigos de mi amo, que deben de ser muchos y malos.», II.33.18.

• Sería absurdo el enmendar la ed. pr. suprimiendo la repetición, como lo hacen muchos editores modernos, puesto que se destruiría el soporte formal de la intención enfática.

|| ya yo no soy: La cacofonía y la anáfora -el adverbio «ya» se repite cinco veces en el mismo párrafo- son empleadas aquí para llamar la atención sobre el contenido del mensaje:

«—Dadme albricias, buenos señores, de que ya yo no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de Bueno. Ya soy enemigo de Amadís de Gaula y de toda la infinita caterva de su linaje; ya me son odiosas todas las historias profanas del andante caballería; ya conozco mi necedad y el peligro en que me pusieron haberlas leído; ya, por misericordia de Dios, escarmentando en cabeza propia, las abomino.», II.74. 9.

• Idéntica cacofonía sirvió para subrayar el disgusto que sentía don Quijote al mencionarle la parodia que «un tal, vecino de Tordesillas» había hecho de su historia:

«Ya yo tengo noticia deste libro.», II.62.100. ® ya

|| yo y este… : «—Señor gobernador, yo y este hombre labrador venimos ante vuestra merced en razón que este buen hombre llegó a mi tienda ayer», II.45.11.

• «Ahora se miraría como de mala educación decir: yo y éste…, y se dice éste… y yo. Entre los romanos, la costumbre era contraria a la nuestra: decían ego et hic; y, a la verdad, parece este uso más conforme a la razón.», Clem. 1781.a.

|| Yo no puedo más: ® puedo

|| yo no soy: Alonso Quijano el Bueno ha puesto fin a sus locas aventuras como don Quijote de la Mancha:

«—Dadme albricias, buenos señores, de que ya yo no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de Bueno.», II.74.9.

• Nótese el paralelismo de esta escena con la del Licenciado Vidriera: «—Señores, yo soy el Licenciado Vidriera, pero no el que solía: soy ahora el Licenciado Rueda. Sucesos y desgracias que acontecen en el mundo por permision del Cielo me quitaron el juicio, y las misericordias de Dios me le han vuelto.», NovelEjempl., p. 125.a. ® Yo sé quién soy

|| yo sé: «Yo sé, Olalla, que me adoras», I.11.16. • Soneto de Lotario en la novela del Curioso Impertinente:

«Yo sé que muero; y si no soy creído , es más cierto el morir, como es más cierto verme a tus pies, ¡oh bella ingrata!, muerto, antes que de adorarte arrepentido.», I.34.25.

||Yo sé quién soy: En el Amadís de Gaula se encuentra esta misma frase en forma negativa: «no sé quién soy». Hasta que le sea dado el conocer a sus padres auténticos y su propio nombre, el problema mayor del héroe es su propia identidad. Su apodo de Doncel del Mar le fue puesto por su primer padre adoptivo, el caballero escocés Gandales, porque lo encontró en el mar en un arca flotando a la deriva. Víctima de una crisis de identidad, cuando se acuerda de su amiga y amada Oriana, hija del rey Lisuarte de Gran Bretaña, comienza a decir:

«—¡Ay, catiuo Donzel del Mar, sin linaje y sin bien! ¿cómo fueste tan osado de meter tu coraçón y tu amor en poder de aquella que vale más que las otras todas de bondad y fermosura y de linaje?… & yo catiuo que no sé quién so, que biuo con trabajo de tal locura que moriré amando sin jelo osar dezir.», Amadís de Gaula, p. 68, 119-121.

• Versión libre de Ángel Rosenblat: «—¡Ay, Doncel del Mar, sin linaje y sin bien! ¿Cómo has osado poner tu corazón en quien vale más que las otras en bondad, hermosura y linaje? ¡Desdichado de mí que no sé quién soy y moriré amándola sin atreverme a decírselo!», Amadís, p. 33.

|•| Réplica de don Quijote a su vecino Pedro Alonso, que lo ha encontrado tendido en el camino de su primera vuelta a su aldea:

«—Yo sé quién soy —respondió don Quijote—, y sé que puedo ser no sólo los que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia, y aun todos los nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron, se aventajarán las mías.», I.5.13.

Esta declaración de don Quijote, que de alguna manera parece recoger resonancias del Entremés, afirma su autonomía ante los héroes que lo enloquecen, y corrobora la dimensión artística totalmente innovadora de los desvaríos o desdoblamientos de su propia personalidad. Al erguirse sobre los héroes legendarios, el hidalgo identifica su voluntad y conciencia de «ser él quien es» en el plano y potencia de lo mítico, lo cual lo incorpora no en una mitología de lo antonomásico, sino en la de lo personal e inédito. En cierta manera el mito de don Quijote inaugura la era de los anti-mitos. (Comparar este punto de vista con el de la nota de Murillo, I.5, p. 106.)

«El famoso "Yo sé quién soy" equivale realmente, como vio Unamuno, a "yo sé quién quiero ser", y este deseo de autorrealización no es egotismo ni locura alguna, es la esencia misma de la vida humana, su propio imperativo.», Gaos 1987, III, p. 174. ® Entremés ® yo no soy

Articulación diegética:

Narración de la desgracia de nuestro caballero, tras la aventura de los mercaderes toledanos.

Texto ilustrado por Gustave Doré:

"Procuró levantarle del suelo, y no con poco trabajo le subió sobre su jumento, por parecer caballería más sosegada. Recogió las armas, hasta las astillas de la lanza, y liólas sobre Rocinante, al cual tomó de la rienda, y del cabestro al asno, y se encaminó hacia su pueblo"

El Q. I.5.9.

Légende de l'édition française :

[Tome I. Première partie. Pl. en reg. p. 46 : Un laboureur ramène Don Quichotte et Rossinante au village.] Il s'achemina du côté de son village.

Contexto del texto ilustrado:

Capítulo quinto.—Donde se prosigue la narración de la desgracia de nuestro caballero.

8. —Señor Quijana —que así se debía de llamar cuando él tenía juicio y no había pasado de hidalgo sosegado a caballero andante—, ¿quién ha puesto a vuestra merced desta suerte?

9. Pero él seguía con su romance a cuanto le preguntaba. Viendo esto el buen hombre, lo mejor que pudo le quitó el peto y el espaldar, para ver si tenía alguna herida; pero no vio sangre ni señal alguna. Procuró levantarle del suelo, y no con poco trabajo le subió sobre su jumento, por parecer caballería más sosegada. Recogió las armas, hasta las astillas de la lanza, y liólas sobre Rocinante, al cual tomó de la rienda, y del cabestro al asno, y se encaminó hacia su pueblo, bien pensativo de oír los disparates que don Quijote decía; y no menos iba don Quijote, que, de puro molido y quebrantado, no se podía tener sobre el borrico, y de cuando en cuando daba unos suspiros que los ponía en el cielo, de modo que de nuevo obligó a que el labrador le preguntase le dijese qué mal sentía; y no parece sino que el diablo le traía a la memoria los cuentos acomodados a sus sucesos; porque en aquel punto, olvidándose de Valdovinos, se acordó del moro Abindarráez, cuando el alcaide de Antequera, Rodrigo de Narváez, le prendió y llevó cautivo a su alcaidía. De suerte que, cuando el labrador le volvió a preguntar que cómo estaba y qué sentía, le respondió las mesmas palabras y razones que el cautivo Abencerraje respondía a Rodrigo de Narváez, del mesmo modo que él había leído la historia en La Diana, de Jorge de Montemayor, donde se escribe; aprovechándose della tan a propósito, que el labrador se iba dando al diablo de oír tanta máquina de necedades; por donde conoció que su vecino estaba loco, y dábale priesa a llegar al pueblo por escusar el enfado que don Quijote le causaba con su larga arenga. Al cabo de lo cual dijo:
10. —Sepa vuestra merced, señor don Rodrigo de Narváez que esta hermosa Jarifa que he dicho es ahora la linda Dulcinea del Toboso, por quien yo he hecho, hago y haré los más famosos hechos de caballerías que se han visto, vean ni verán en el mundo.
11. A esto respondió el labrador:
12. —Mire vuestra merced, señor, pecador de mí, que yo no soy don Rodrigo de Narváez, ni el marqués de Mantua sino Pedro Alonso, su vecino; ni vuestra merced es Valdovinos, ni Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor Quijana.
13. —Yo sé quién soy —respondió don Quijote—, y sé que puedo ser no sólo los que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia, y aun todos los nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron, se aventajarán las mías.

El Q. I.5.8-13.

|| yo seguro: 'yo estoy seguro'. • Preámbulo de la tercera salida: «—Yo seguro—respondió el cura—que la sobrina o el ama nos lo cuentan después», I.2.13.

|| yo soy: LC.: «Mas yo soy Tirante el Blanco, que, con la espada en la mano, rey, duque, conde ni marqués, ni otro cavallero ninguno, no puede rehusar mi batalla; esto es notorio a las gentes.», J. Martorell, Tirante el Blanco, cap. LXVII, ed. MdeRiquer, 1990, p. 132

Siete veces, todas en la segunda parte, se presenta nuestro protagonista con la frase escueta y enfática: «yo soy don Quijote de la Mancha», cap. 10, 16, 29, 38, 46, 60 y 72. Otras autopresentaciones serán menos escuetas e incluso prolijas, pero siempre enfáticas, gracias a la presencia del pronombre. Dos ejemplos:

Don Quijote se presenta a Juan Haldudo el rico: «yo soy el valeroso don Quijote de la Mancha, el desfacedor de agravios y sinrazones», I.4.22.

En el preámbulo de la aventura de los Batanes, don Quijote se presenta a Sancho como quien ha de resucitar la edad de oro: «Yo soy aquél para quien están guardados los peligros, las grandes hazañas, los valerosos hechos. Yo soy, digo otra vez, quien ha de resucitar los de la Tabla Redonda, los Doce de Francia y los Nueve de la Fama, y el que ha de poner en olvido los Platires, los Tablantes, Olivantes y Tirantes, los Febos y Belianises, con toda la caterva de los famosos caballeros andantes del pasado tiempo, haciendo en éste en que me hallo tales grandezas, estrañezas y fechos de armas, que escurezcan las más claras que ellos ficieron. », I.20.4.

|| yo soy aficionado a leer: Notese el énfasis del pronombre, presente éste en la ed. pr., que muchos editores han suprimido, «sin saber lo que hacían».

El narrador editor explica cómo encontró en uno de estos cartapacios el manuscrito del fin de su historia: «como yo soy aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación, tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía, y vile con carácteres que conocí ser arábigos.», I.9.6.

|| yo y la duquesa: no sólo no era falta de educación que el locutor se citara a sí mismo en primer lugar, sino que este uso socio-lingüístico era el que recomendaba Nebrija, contra el uso, discretamente presente en el Quijote y actual hoy en día, de posponer el yo: «en ninguna manera se puede sofrir que la orden natural de las personas se perturbe, como se hace comúnmente en nuestra lengua, que siguiendo una vana cortesía dizen: el rei ~ tú ~ io venimos, en lugar de dezir io ~ tú ~ el rei venimos"., Gramática de la lengua castellana, II, 2.

El duque aragonés invita a don Quijote: «—Digo que venga el señor Caballero de los Leones a un castillo mío que está aquí cerca, donde se le hará el acogimiento que a tan alta persona se debe justamente, y el que yo y la duquesa solemos hacer a todos los caballeros andantes que a él llegan.», II.30.29.

||…yo…|| no hay otro yo en el mundo: 'yo soy único en el mundo' . Don Quijote defiende su verdad literaria, contra la mentira del personaje de Avellaneda, revindicando su singularidad, II.70.21.

|| que yo solo sea el que me sirva: hipérbaton 'que sea yo solo el que me sirva' • Don Quijote, privado de Sancho, no quiere que nadie le sirva dentro de su aposento: «suplico a vuestra excelencia que dentro de mi aposento consienta y permita que yo solo sea el que me sirva.», II.44.13.

|| y yo y todo: 'y yo también', indicando gran encarecimiento. • Se trata de la salida de don Quijote de la jaula: «—Yo le fío de la fuga—respondió Sancho. —Y yo y todo —dijo el canónigo—, y más si él me da la palabra como caballero de no apartarse de nosotros hasta que sea nuestra voluntad.», I.49 § 6-7. ® todo: y todo

|| ya yo: ® ya

-oOo-

Fuente: Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid, 2005. Este artículo apareció en éste y en otros soportes virtuales el 21 de octubre 2005.

18:18 Écrit par SaGa Bardon dans Cervantes, Educación, El Quijote | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |