28/09/2011

Encuentro en el Bundestag de Benedicto XVI con la ética política Alemana

 

En su saludo al Papa y a los parlamentarios alemanes en cuyo nombre habla, el Presidente del Bundestag aboga sin ambigüedad por una nueva adhesión al ecumenismo y por la superación concreta de la escisión eclesiástica, deseando que ambas sean pilotadas por el "Papa alemán":

En Alemania mucha gente, no sólo católicos y protestantes comprometidos, siente la persistencia de la escisión eclesiástica como una contrariedad, también porque duda sinceramente que las diferencias entre las confesiones, las cuales sin duda existen, justifiquen el mantenimiento de la separación entre las Iglesias. Y anhela fervientemente que durante el pontificado de un Papa alemán, el primero desde la Reforma, se produzca no sólo una nueva adhesión al ecumenismo sino un paso claramente perceptible hacia la superación de la escisión eclesiástica.

En el mismo saludo de bienvenida al Papa, en nombre de los parlamentarios, el Presidente del Bundestag evoca sin ambages la tragedia vivida por la democracia parlamentaria alemana con el triunfo electoral del nazismo el 30 de enero de 1933:

El edificio del Reichstag es un lugar emblemático de la historia alemana. Simboliza el ascenso y la caída de una democracia parlamentaria. Una de las causas primordiales del fracaso fue la falta de tolerancia, cuyas víctimas serían, sobre todo, los conciudadanos judíos. Y fueron cristianos quienes apartaron la vista o se sumaron, difamaron, persiguieron, humillaron, mataron.

El presidente del Bundestag conjuga armoniosamente, en su agradecimiento institucional por la visita del Papa, la responsabilidad constitucional de Alemania ante Dios y ante los hombres "de servir a la paz del mundo como miembro con igualdad de derechos de una Europa unida", con su responsabilidad igualmente constitucional de defender la dignidad humana, las libertades religiosas y políticas y la tolerancia frente a convicciones y orientaciones diferentes:

Estamos agradecidos por poder ejercer de anfitriones y decididos a hacer honor a nuestra responsabilidad por la dignidad humana, la libertad de profesión religiosa y de adscripción política y la tolerancia frente a convicciones y orientaciones diferentes, "animado[s] de la voluntad" –como dice el preámbulo de la Ley Fundamental– "de servir a la paz del mundo como miembro con igualdad de derechos de una Europa unida" –"consciente[s] de [nuestra] responsabilidad ante Dios y ante los hombres"–.

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Saludo al Papa en el Bundestag, el 22 de septiembre de 2011, por el Prof. Dr. Norbert Lammert, Presidente del Bundestag Alemán:

Saludo cordialmente a todos ustedes en el Bundestag Alemán, donde no es la primera vez que hemos invitado a un huésped ilustre. Pero nunca a lo largo de la historia un Papa ha hablado ante un Parlamento alemán salido de las urnas. Y rara vez un discurso ante esta Cámara ha despertado, ya antes de ser pronunciado, tanta atención e interés –no solo en Alemania, sino mucho más allá–.

¡Santo Padre, sea usted cordialmente bienvenido a Alemania, su país de origen, y muy especialmente aquí al Bundestag Alemán!

Durante el breve pontificado del último Papa originario de tierras alemanas todavía no existía Alemania como Estado nacional sino, antes bien, el Sacro Imperio Romano Germánico, al que nosotros llamamos comúnmente "Sacro Imperio Romano de la Nación Alemana", un imperio marcado por dinastías cambiantes que tenía tanto y tan poco de romano como de alemán y que a buen seguro no era una nación y menos si cabe sacro. Alemania es un país que en el devenir de los siglos estuvo muy marcado por la religión y las guerras de religión, hasta lo que conocemos como el Kulturkampf en tiempos de la fundación del Imperio alemán. Un país cuyas tradiciones religiosas cristianas también influyeron en nuestra actual Constitución y determinaron de manera esencial la labor de sus artífices: "Consciente de su responsabilidad ante Dios y ante los hombres", según reza el preámbulo de la Ley Fundamental.

Sin embargo, nuestra comprensión actual de los derechos fundamentales, es decir la intangibilidad de la dignidad humana y las libertades públicas, está marcada asimismo por experiencias y conquistas históricas, en particular la Ilustración, a la cual debemos no sólo el reto de la fe por la razón, sino también la separación entre Iglesia y Estado, lo cual constituye uno de los avances irrenunciables de nuestra civilización.

Me gusta recordar el memorable diálogo mantenido entre el Cardenal Ratzinger, a la sazón Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y Jürgen Habermas, quienes caracterizaron y valoraron conjuntamente la fe y la razón como "las grandes culturas de Occidente".

Fe y razón. En tiempos de la globalización, de un mundo sacudido por guerras y crisis, mucha gente busca sostén y guía. La preservación de principios éticos más allá de los mercados y los poderes y el cultivo de valores y convicciones comunes también es un reto formidable precisamente para las sociedades modernas, si no quieren poner en peligro su cohesión interna.

Alemania es el país de la Reforma, iniciada aquí hace casi quinientos años –con múltiples consecuencias para la Iglesia, el Estado y la sociedad–.

En Alemania mucha gente, no sólo católicos y protestantes comprometidos, siente la persistencia de la escisión eclesiástica como una contrariedad, también porque duda sinceramente que las diferencias entre las confesiones, las cuales sin duda existen, justifiquen el mantenimiento de la separación entre las Iglesias. Y anhela fervientemente que durante el pontificado de un Papa alemán, el primero desde la Reforma, se produzca no sólo una nueva adhesión al ecumenismo sino un paso claramente perceptible hacia la superación de la escisión eclesiástica.

Santo Padre, sus conversaciones con representantes de otras religiones son un elemento esencial de la visita a Alemania. Que su encuentro con representantes de la Iglesia Evangélica tenga lugar en Erfurt, no en un sitio cualquiera, sino en el Convento de los Agustinos, es entendido y valorado, no sólo por muchos cristianos, como un gesto demostrativo –y fundamenta la esperanza de que el quinto centenario de la Reforma en 2017 pueda llegar a ser un testimonio común de fe–. Junto a su reunión con representantes de las comunidades islámicas también se reunirá usted con representantes de la comunidad judía.

El edificio del Reichstag es un lugar emblemático de la historia alemana. Simboliza el ascenso y la caída de una democracia parlamentaria. Una de las causas primordiales del fracaso fue la falta de tolerancia, cuyas víctimas serían, sobre todo, los conciudadanos judíos. Y fueron cristianos quienes apartaron la vista o se sumaron, difamaron, persiguieron, humillaron, mataron.

Por eso, Santo Padre, también es una señal especial que su encuentro con los representantes de la creciente comunidad judía en Alemania se celebre hoy a continuación de su discurso en este edificio, la sede de un Parlamento libremente elegido en la Alemania reunificada, que se reconoce parte de una Europa comprometida con valores y convicciones comunes.

Estamos agradecidos por poder ejercer de anfitriones y decididos a hacer honor a nuestra responsabilidad por la dignidad humana, la libertad de profesión religiosa y de adscripción política y la tolerancia frente a convicciones y orientaciones diferentes, "animado[s] de la voluntad" –como dice el preámbulo de la Ley Fundamental– "de servir a la paz del mundo como miembro con igualdad de derechos de una Europa unida" –"consciente[s] de [nuestra] responsabilidad ante Dios y ante los hombres"–.

Fieles a esa conciencia, nos alegramos de su visita y de su discurso.

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Temas sobresalientes del discurso papal.

Los políticos deben guardarse de ceder a la seducción del éxito y aplicarse “a servir el derecho y combatir la soberanía de la injusticia”. Es lo que afirmó Benedicto XVI frente a los diputados del Bundestag de Berlín, en la tarde del 22 de septiembre de 2011.

Para el papa, es un deber especialmente importante actualmente “cuando el hombre ha adquirido un poder hasta ahora inimaginable” y puede destruir el mundo. Sin embargo, en uno de los discursos más importantes del viaje que ha realizado en su tierra natal, Benedicto XVI ha concedido que era cada vez más difícil hoy “reconocer lo que es verdaderamente justo y servir así la justicia en la legislación”.

Los fundamentos del Estado de Derecho liberal
Ante varios centenares de diputados alemanes, y en ausencia de decenas de diputados de izquierda, el papa ha propuesto un amplio discurso sobre “los fundamentos del Estado de Derecho liberal”. A su llegada a la gran sala del Parlamento, el papa fue acogido calurosamente por una mayoría de diputados. En el lado izquierdo del hemiciclo, los diputados de izquierda presentes no aplaudían y se mantenían con los brazos cruzados. Se proponían protestar así contra la llegada de Benedicto XVI al Bundestag.

La política, afirmó Benedicto XVI en su discurso, “debe ser un compromiso por la justicia” y debe “crear así las condiciones de fondo para la paz”. “Naturalmente, concedió el papa, un político buscará el éxito que en sí le abre la posibilidad de la acción política eficaz”, pero “el éxito puede también ser una seducción y así puede abrir el camino a la falsificación del derecho, a la destrucción de la justicia”.

El derecho pisoteado durante el nazismo
Hablando sin ambigüedad de su país, el papa recordó que Alemania “había hecho la experiencia de separar el poder del derecho, de poner el poder contra el derecho, de pisotear el derecho”. En consecuencia, “el Estado se había convertido en una banda de bandoleros muy bien organizada”, añadió el papa citando una expresión de san Agustín (354-430).

“En un momento histórico en que el hombre ha adquirido un poder hasta ahora inimaginable” y en que puede destruir el mundo, es pues urgente, según Benedicto XVI, que los hombres políticos “se apliquen a servir el derecho y combatir la soberanía de la injusticia”

Si es verdad que para una gran parte de las materias que deben controlarse jurídicamente, el criterio de la mayoría puede ser suficiente, el principio mayoritario no basta para “las cuestiones fundamentales del derecho”, advirtió el papa, añadiendo que, “sobre la base de esta convicción, los combatientes de la resistencia actuaron contra el régimen nazi y contra otros regímenes totalitarios”. “Para estas personas, era evidente de manera innegable que el derecho en vigor era, realmente, una injusticia”.

Advertencia contra una soberanía del pensamiento positivista
En la última parte de su discurso en el Bundestag, Benedicto XVI puso en guardia contra los peligros vinculados a una excesiva soberanía del pensamiento positivista en la sociedad europea.

En el Viejo continente, constató Benedicto XVI, “muchos medios jurídicos pretenden reconocer exclusivamente el positivismo como cultura común y como fundamento común para la formación del derecho, mientras que reducen al estado de una subcultura todas las demás convicciones y los otros valores de nuestra cultura”. Benedicto XVI lanzó esta advertencia: “Europa se coloca, ante las otras culturas del mundo, en una condición de falta de cultura” y, al mismo tiempo, “se suscitan corrientes extremistas y radicales”.

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La libertad religiosa, clave para el desarrollo de los demás derechos

Discurso del Papa Benedicto XVI en su visita al Parlamento Federal Alemán, Reichtag de Berlín, 22-9-2011.

Es para mi un honor y una alegría hablar ante está Cámara alta, ante el Parlamento de mi Patria alemana, que se reúne aquí como representación del pueblo, elegida democráticamente, para trabajar por el bien común de la República Federal de Alemania. Agradezco al Señor Presidente del Bundestag su invitación a tener este discurso, así como también sus gentiles palabras de bienvenida y aprecio con las que me ha acogido.

Me dirijo en este momento a ustedes, estimados señores y señoras, ciertamente también como un connacional que está vinculado de por vida, por sus orígenes, y sigue con particular atención los acontecimientos de la Patria alemana. Pero la invitación a tener este discurso se me ha hecho en cuanto Papa, en cuanto Obispo de Roma, que tiene la suprema responsabilidad sobre los cristianos católicos. De este modo, ustedes reconocen el papel que le corresponde a la Santa Sede como miembro dentro de la Comunidad de los Pueblos y de los Estados. Desde mi responsabilidad internacional, quisiera proponerles algunas consideraciones sobre los fundamentos del estado liberal de derecho.

Permítanme que comience mis reflexiones sobre los fundamentos del derecho con un breve relato tomado de la Sagrada Escritura. En el primer Libro de los Reyes, se dice que Dios concedió al joven rey Salomón, con ocasión de su entronización, formular una petición. ¿Qué pedirá el joven soberano en este importante momento? ¿Éxito, riqueza, una larga vida, la eliminación de los enemigos? Nada pide de todo esto. Suplica en cambio: "Concede a tu siervo un corazón dócil, para que sepa juzgar a tu pueblo y distinguir entre el bien y mal" (1 R 3,9). Con este relato, la Biblia quiere indicarnos lo que debe ser importante en definitiva para un político. Su criterio último y la motivación para su trabajo como político no debe ser el éxito y mucho menos el beneficio material. La política debe ser un compromiso por la justicia y crear así las condiciones básicas para la paz. Naturalmente, un político buscará el éxito, que de por sí le abre la posibilidad a la actividad política efectiva. Pero el éxito está subordinado al criterio de la justicia, a la voluntad de aplicar el derecho y a la comprensión del derecho. El éxito puede ser también una seducción y, de esta forma, abre la puerta a la desvirtuación del derecho, a la destrucción de la justicia. "Quita el derecho y, entonces, ¿qué distingue el Estado de una gran banda de bandidos?", dijo en cierta ocasión San Agustín (1.) Nosotros, los alemanes, sabemos por experiencia que estas palabras no son una mera quimera. Hemos experimentado cómo el poder se separó del derecho, se enfrentó contra el derecho; cómo se ha pisoteado el derecho, de manera que el Estado se convirtió en el instrumento para la destrucción del derecho; se transformó en una cuadrilla de bandidos muy bien organizada, que podía amenazar el mundo entero y empujarlo hasta el borde del abismo. Servir al derecho y combatir el dominio de la injusticia es y sigue siendo el deber fundamental del político. En un momento histórico, en el cual el hombre ha adquirido un poder hasta ahora inimaginable, este deber se convierte en algo particularmente urgente. El hombre tiene la capacidad de destruir el mundo. Se puede manipular a sí mismo. Puede, por decirlo así, hacer seres humanos y privar de su humanidad a otros seres humanos que sean hombres. ¿Cómo podemos reconocer lo que es justo? ¿Cómo podemos distinguir entre el bien y el mal, entre el derecho verdadero y el derecho sólo aparente? La petición salomónica sigue siendo la cuestión decisiva ante la que se encuentra también hoy el político y la política misma.

Para gran parte de la materia que se ha de regular jurídicamente, el criterio de la mayoría puede ser un criterio suficiente. Pero es evidente que en las cuestiones fundamentales del derecho, en las cuales está en juego la dignidad del hombre y de la humanidad, el principio de la mayoría no basta: en el proceso de formación del derecho, una persona responsable debe buscar los criterios de su orientación. En el siglo III, el gran teólogo Orígenes justificó así la resistencia de los cristianos a determinados ordenamientos jurídicos en vigor: "Si uno se encontrara entre los escitas, cuyas leyes van contra la ley divina, y se viera obligado a vivir entre ellos…, con razón formaría por amor a la verdad, que, para los escitas, es ilegalidad, alianza con quienes sintieran como él contra lo que aquellos tienen por ley…" (2).

Basados en esta convicción, los combatientes de la resistencia han actuado contra el régimen nazi y contra otros regímenes totalitarios, prestando así un servicio al derecho y a toda la humanidad. Para ellos era evidente, de modo irrefutable, que el derecho vigente era en realidad una injusticia. Pero en las decisiones de un político democrático no es tan evidente la cuestión sobre lo que ahora corresponde a la ley de la verdad, lo que es verdaderamente justo y puede transformarse en ley. Hoy no es de modo alguno evidente de por sí lo que es justo respecto a las cuestiones antropológicas fundamentales y pueda convertirse en derecho vigente. A la pregunta de cómo se puede reconocer lo que es verdaderamente justo, y servir así a la justicia en la legislación, nunca ha sido fácil encontrar la respuesta y hoy, con la abundancia de nuestros conocimientos y de nuestras capacidades, dicha cuestión se ha hecho todavía más difícil.

La historia del derecho siempre ha necesitado a la religión
¿Cómo se reconoce lo que es justo? En la historia, los ordenamientos jurídicos han estado casi siempre motivados en modo religioso: sobre la base de una referencia a la voluntad divina, se decide aquello que es justo entre los hombres. Contrariamente a otras grandes religiones, el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. En cambio {el cristianismo} se ha referido a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho, se ha referido a la armonía entre razón objetiva y subjetiva, una armonía que, sin embargo, presupone que ambas esferas estén fundadas en la Razón creadora de Dios. Así, los teólogos cristianos se sumaron a un movimiento filosófico y jurídico que se había formado en el siglo II a. C. En la primera mitad del siglo segundo precristiano, se produjo un encuentro entre el derecho natural social desarrollado por los filósofos estoicos y notorios maestros del derecho romano (3). De este contacto, nació la cultura jurídica occidental, que ha sido y sigue siendo de una importancia determinante para la cultura jurídica de la humanidad. A partir de este vínculo precristiano entre derecho y filosofía inicia el camino que lleva, a través de la Edad Media cristiana, al desarrollo jurídico del Iluminismo, hasta la Declaración de los derechos humanos y hasta nuestra Ley Fundamental Alemana, con la que nuestro pueblo reconoció en 1949 "los inviolables e inalienables derechos del hombre como fundamento de toda comunidad humana, de la paz y de la justicia en el mundo".

Para el desarrollo del derecho, y para el desarrollo de la humanidad, ha sido decisivo que los teólogos cristianos hayan tomado posición contra el derecho religioso, requerido de la fe en la divinidad, y se hayan puesto de parte de la filosofía, reconociendo la razón y la naturaleza en su mutua relación como fuente jurídica válida para todos. Esta opción la había tomado ya san Pablo cuando, en su Carta a los Romanos, afirma: "Cuando los paganos, que no tienen ley [la Torá de Israel], cumplen naturalmente las exigencias de la ley, ellos… son ley para sí mismos. Esos tales muestran que tienen escrita en su corazón las exigencias de la ley; contando con el testimonio de su conciencia…" (Rm 2,14s). Aquí aparecen los dos conceptos fundamentales de naturaleza y conciencia, en los que la conciencia no es otra cosa que el "corazón dócil" de Salomón, la razón abierta al lenguaje del ser. Si con esto, hasta la época del Iluminismo, de la Declaración de los Derechos humanos, después de la Segunda Guerra mundial, y hasta la formación de nuestra Ley Fundamental, la cuestión sobre los fundamentos de la legislación parecía clara, en el último medio siglo se dio un cambio dramático de la situación. La idea del derecho natural se considera hoy una doctrina católica más bien singular, sobre la que no vale la pena discutir fuera del ámbito católico, de modo que casi nos avergüenza hasta la sola mención del término. Quisiera indicar brevemente cómo se llegó a esta situación. Es fundamental, sobre todo, la tesis según la cual entre ser y deber ser existe un abismo infranqueable. Del ser no se podría derivar un deber, porque se trataría de dos ámbitos absolutamente distintos. La base de dicha opinión es la concepción positivista, adoptada hoy casi generalmente, de naturaleza y razón. Si se considera la naturaleza – con palabras de Hans Kelsen - "un conjunto de datos objetivos, unidos los unos a los otros como causas y efectos", entonces no se puede derivar de ella realmente ninguna indicación que sea de modo algúno de carácter ético (4). Una concepción positivista de la naturaleza, que comprende la naturaleza en modo puramente funcional, como las ciencias naturales la explican, no puede crear ningún puente hacia el Ethos y el derecho, sino suscitar nuevamente sólo respuestas funcionales. Sin embargo, lo mismo vale también para la razón en una visión positivista, que muchos consideran como la única visión científica. En ella, aquello que no es verificable o falsable no entra en el ámbito de la razón en sentido estricto. Por eso, el ethos y la religión se deben reducir al ámbito de lo subjetivo y caen fuera del ámbito de la razón en sentido estricto de la palabra. Donde rige el dominio exclusivo de la razón positivista – y éste es en gran parte el caso de nuestra conciencia pública – las fuentes clásicas de conocimiento del ethos y del derecho quedan fuera de juego. Ésta es una situación dramática que interesa a todos y sobre la cual es necesaria una discusión pública; una intención esencial de este discurso es invitar urgentemente a ella.

El concepto positivista de naturaleza y razón, la visión positivista del mundo es en su conjunto una parte grandiosa del conocimiento humano y de la capacidad humana, a la cual de modo alguno debemos renunciar en ningún caso. Pero ella misma, en su conjunto, no es una cultura que corresponda y sea suficiente al ser hombres en toda su amplitud. Donde la razón positivista se retiene como la única cultura suficiente, relegando todas las otras realidades culturales a la condición de subculturas, ésta reduce al hombre, más todavía, amenaza su humanidad. Lo digo especialmente mirando a Europa, donde en muchos ambientes se trata de reconocer solamente el positivismo como cultura común o como fundamento común para la formación del derecho, mientras que todas las otras convicciones y los otros valores de nuestra cultura quedan reducidos al nivel de subcultura. Con esto, Europa se sitúa, ante otras culturas del mundo, en una condición de falta de cultura y se suscitan, al mismo tiempo, corrientes extremistas y radicales. La razón positivista, que se presenta de modo exclusivista y que no es capaz de percibir nada más que aquello que es funcional, se parece a los edificios de cemento armado sin ventanas, en los que logramos el clima y la luz por nosotros mismos, y sin querer recibir ya ambas cosas del gran mundo de Dios. Y, sin embargo, no podemos negar que en este mundo autoconstruido recurrimos en secreto igualmente a los "recursos" de Dios, que transformamos en productos nuestros. Es necesario volver a abrir las ventanas, hemos de ver nuevamente la inmensidad del mundo, el cielo y la tierra, y aprender a usar todo esto de modo justo.

Para que la razón no se deslice en lo irracional
Pero ¿cómo se lleva a cabo esto? ¿Cómo encontramos la entrada a la inmensidad, o la globalidad? ¿Cómo puede la razón volver a encontrar su grandeza sin deslizarse en lo irracional? ¿Cómo puede la naturaleza aparecer nuevamente en su profundidad, con sus exigencias y con sus indicaciones? Recuerdo un fenómeno de la historia política reciente, esperando no ser demasiado malentendido ni suscitar excesivas polémicas unilaterales. Diría que la aparición del movimiento ecologista en la política alemana a partir de los años setenta, aunque quizás no haya abierto las ventanas, ha sido y es sin embargo un grito que anhela aire fresco, un grito que no se puede ignorar ni relegar, porque se percibe en él demasiada irracionalidad. Gente joven se dio cuenta que en nuestras relaciones con la naturaleza existía algo que no funcionaba; que la materia no es solamente un material para nuestro uso, sino que la tierra tiene en sí misma su dignidad y nosotros debemos seguir sus indicaciones. Es evidente que no hago propaganda por un determinado partido político, nada me es más lejano de eso. Cuando en nuestra relación con la realidad hay algo que no funciona, entonces debemos reflexionar todos seriamente sobre el conjunto, y todos estamos invitados a volver sobre la cuestión sobre los fundamentos de nuestra propia cultura. Permitidme detenerme todavía un momento sobre este punto. La importancia de la ecología es hoy indiscutible. Debemos escuchar el lenguaje de la naturaleza y responder a él coherentemente. Sin embargo, quisiera afrontar todavía seriamente un punto que, tanto hoy como ayer, se ha olvidado demasiado: existe también la ecología del hombre. También el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo arbitrariamente. El hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza, y su voluntad es justa cuando escucha la naturaleza, la respeta y cuando se acepta como lo que es, y que no se ha creado a sí mismo. Así, y sólo de esta manera, se realiza la verdadera libertad humana.

Volvamos a los conceptos fundamentales de naturaleza y razón, de los cuales habíamos partido. El gran teórico del positivismo jurídico, Kelsen, a la edad de 84 años – en 1965 – abandonó el dualismo de ser y de deber ser. Había dicho que las normas podían derivar solamente de la voluntad. En consecuencia, la naturaleza podría contener en sí normas sólo si una voluntad hubiese puesto estas normas en ella. Esto, por otra parte, supondría un Dios creador, cuya voluntad ha entrado en la naturaleza. "Discutir sobre la verdad de esta fe es algo absolutamente vano", afirma a este respecto (5). ¿Lo es verdaderamente?, quisiera preguntar. ¿Carece verdaderamente de sentido reflexionar sobre si la razón objetiva que se manifiesta en la naturaleza no presuponga una razón creativa, un Creator Spiritus?

A este punto, debería venir en nuestra ayuda el patrimonio cultural de Europa. Sobre la base de la convicción sobre la existencia de un Dios creador, se ha desarrollado el concepto de los derechos humanos, la idea de la igualdad de todos los hombres ante la ley, la consciencia de la inviolabilidad de la dignidad humana de cada persona y el reconocimiento de la responsabilidad de los hombres por su conducta. Estos conocimientos de la razón constituyen nuestra memoria cultural. Ignorarla o considerarla como mero pasado sería una amputación de nuestra cultura en su conjunto y la privaría de su totalidad. La cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma– del encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico de Roma. Este triple encuentro configura la íntima identidad de Europa. Con la certeza de la responsabilidad del hombre ante Dios y reconociendo la dignidad inviolable del hombre, de cada hombre, este encuentro ha fijado los criterios del derecho; defenderlos es nuestro deber en este momento histórico.

Al joven rey Salomón, a la hora de asumir el poder, se le concedió lo que pedía. ¿Qué sucedería si nosotros, legisladores de hoy, se nos concediese formular una petición? ¿Qué pediríamos? En último término, pienso que, también hoy, no podríamos desear otra cosa que un corazón dócil: la capacidad de distinguir el bien del mal, y así establecer un verdadero derecho, de servir a la justicia y la paz. Gracias por su atención.

Notas

(1) De civitate Dei, IV, 4, 1.
(2) Contra Celsum GCS Orig. 428 (Koetschau); cf. A. Fürst, Monotheismus und Monarchie. Zum Zusammenhang von Heil und Herrschaft in der Antike. En: Theol. Phil. 81 (2006) 321 – 338; citación p. 336; cf. también J. Ratzinger, Die Einheit der Nationen. Eine Vision der Kirchenväter (Salzburg – München 1971) 60.
(3) Cf. W. Waldstein, Ins Herz geschrieben. Das Naturrecht als Fundament einer menschlichen Gesellschaft (Augsburg 2010) 11ss; 31 – 61.
(4) Waldstein, op. cit. 15-21.
(5) Citado según Waldstein, op. cit. 19.

Fuentes:
Deutscher Bundestag
Libreria Editrice Vaticana
Cathobel
Ecclesia digital

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24/09/2011

El Papa deplora la Shoah y celebra la fraternidad cristiano-judia

 

Más de seis décadas después del fin de la Segunda Guerra Mundial, un Papa nacido en Alemania, se reunió el jueves con líderes judíos en el edificio del parlamento alemán, en el corazón de lo que fue la capital nazi.

Dieter Graumann, jefe del Consejo central de lo Judios de Alemania, antes de su reunión con el Papa, acompañado por una docena de otros representantes judíos, declaró a "The Associated Press": "Yo creo que es un signo maravilloso el que el Papa esté tomando un tiempo para nosotros, justo en este momento, al comienzo de su supercargada agenda. Es una señal de amistad, de grandeza de corazón, y subraya que la relación entre la Iglesia católica y el judaísmo ha mejorado considerablemente en las últimas décadas".

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Imagen: Papst Benedikt XVI. (r) begrüßt am Freitag (19.08.2005) in Köln den Präsident des Zentralrates der Juden in Deutschland, Paul Spiegel.

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Temas desarrollados por Benedicto XVI

Memoria y futuro de paz

Durante mi visita a la Sinagoga de Colonia, hace ya seis años, el Rabino Teitelbaum habló de la memoria como una de las columnas necesarias para asentar sobre ella un futuro de paz. Y hoy me encuentro en un lugar central de la memoria, de una espantosa memoria: desde aquí se programó y organizó la Shoah, la eliminación de los ciudadanos judíos en Europa.

En este lugar, hay que recordar también la noche del pogromo, del 9 al 10 de noviembre de 1938. Solamente unos pocos percibieron en su totalidad la dimensión de dicho acto de desprecio humano, como lo hizo el Deán de la Catedral de Berlín, Bernhard Lichtenberg, que desde el púlpito de esa Santa Iglesia de Santa Eduvigis, gritó: "Fuera, el Templo está en llamas; también éste es casa de Dios">.

El nacionalsocialismo, prefiriendo la idolatría al Dios Bíblico, ignoró la dignidad humana

El régimen de terror del nacionalsocialismo se fundaba sobre un mito racista, del que formaba parte el rechazo del Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, del Dios de Jesucristo y de las personas que creen en él. El "omnipotente" Adolf Hitler era un ídolo pagano, que quería ponerse como sustituto del Dios bíblico, Creador y Padre de todos los hombres. Cuando no se respeta al Dios único, se pierde también el respeto por la dignidad del hombre. Las horribles imágenes de los campos de concentración al final de la guerra mostraron de lo que puede ser capaz el hombre que rechaza a Dios y el rostro que puede asumir un pueblo en el "no" a ese Dios.

Un camino irrevocable de diálogo, de fraternidad y de amistad cristiano-judía

Con vivo aprecio, quisiera aludir también al diálogo de la Iglesia católica con el Hebraísmo, un diálogo que se está profundizando. La Iglesia se siente muy cercana al Pueblo hebreo. Con la Declaración "Nostra aetate" del Concilio Vaticano II, se comenzó a "recorrer un camino irrevocable de diálogo, de fraternidad y de amistad" (cf. Discurso en la Sinagoga de Roma, 17 de enero de 2010). Esto vale para toda la Iglesia católica, en la que el beato Papa Juan Pablo II se comprometió de una manera particularmente intensa en favor de este nuevo camino. Esto vale obviamente también para la Iglesia católica en Alemania, que es bien consciente de su particular responsabilidad en esta materia. En el ámbito público, destaca sobre todo la "Semana de la Fraternidad", organizada cada año en la primera semana de marzo por las asociaciones locales para la colaboración cristiano-judía.

Afinidad interior del crisianismo con el judaísmo

Junto a estas encomiables iniciativas concretas, me parece que los cristianos debemos también darnos cuenta cada vez más de nuestra afinidad interior con el judaísmo. Para los cristianos, no puede haber una fractura en el evento salvífico. La salvación viene, precisamente, de los Judíos (cf. Jn 4, 22)... el Discurso de la montaña no deroga la Ley mosaica, sino que desvela sus recónditas posibilidades y hace surgir nuevas exigencias; nos reenvía al fundamento más profundo del obrar humano, al corazón, donde el hombre elige entre lo puro y lo impuro, donde germina la fe, la esperanza y la caridad.

Sin la común esperanza judeo-cristiana en Dios, la sociedad pierde su humanidad

El mensaje de esperanza, transmitido por los libros de la Biblia hebrea y del Antiguo Testamento cristiano, ha sido asimilado y desarrollado por los judíos y los cristianos de modo distinto. "Después de siglos de contraposición, reconozcamos como tarea nuestra el esfuerzo para que estos dos modos de la nueva lectura de los escritos bíblicos –la cristiana y la judía– entren en diálogo entre sí, para comprender rectamente la voluntad y la Palabra de Dios". En una sociedad cada vez más secularizada, este diálogo debe reforzar la común esperanza en Dios. Sin esa esperanza la sociedad pierde su humanidad.

Responsabilidad común judeo-cristiana para el desarrollo de la sociedad

Ciertamente, judíos y cristianos tienen una responsabilidad común para el desarrollo de la sociedad, que entraña siempre una dimensión religiosa. Que todos los interesados continúen juntos este camino.

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Discurso completo del Papa a los representantes de la Comunidad Judía, en el Reichstag de Berlín, 22-9-2011.

Distinguidos Señores y Señoras:

Me alegra encontrarme con ustedes, aquí, en Berlín. Agradezco de corazón al Presidente, Dr. Dieter Graumann, las amables palabras de bienvenida, que manifiestan cuánto ha crecido la confianza entre el Pueblo judío y la Iglesia católica, que tienen en común una parte nada desdeñable de sus tradiciones fundamentales. Al mismo tiempo, todos tenemos claro que una comunión amorosa y comprensiva entre Israel y la Iglesia, en el respeto recíproco de la identidad del otro, debe crecer todavía más y entrar de modo más profundo en el anuncio de la fe.

Durante mi visita a la Sinagoga de Colonia, hace ya seis años, el Rabino Teitelbaum habló de la memoria como una de las columnas necesarias para asentar sobre ella un futuro de paz. Y hoy me encuentro en un lugar central de la memoria, de una espantosa memoria: desde aquí se programó y organizó la Shoah, la eliminación de los ciudadanos judíos en Europa. Antes del terror nazi, casi medio millón de hebreos vivían en Alemania, y eran un componente estable de la sociedad alemana. Después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania fue considerada como el "País de la Shoah", en el que, en realidad, ya no se podía vivir. Al principio, casi nadie se esforzaba por refundar las antiguas comunidades hebreas, no obstante llegaran continuamente personas y familias judías del este. Muchas de ellas querían emigrar y construirse una nueva existencia, sobre todo en los Estados Unidos o en Israel.

En este lugar, hay que recordar también la noche del pogromo, del 9 al 10 de noviembre de 1938. Solamente unos pocos percibieron en su totalidad la dimensión de dicho acto de desprecio humano, como lo hizo el Deán de la Catedral de Berlín, Bernhard Lichtenberg, que desde el púlpito de esa Santa Iglesia de Santa Eduvigis, gritó: "Fuera, el Templo está en llamas; también éste es casa de Dios". El régimen de terror del nacionalsocialismo se fundaba sobre un mito racista, del que formaba parte el rechazo del Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, del Dios de Jesucristo y de las personas que creen en él. El "omnipotente" Adolf Hitler era un ídolo pagano, que quería ponerse como sustituto del Dios bíblico, Creador y Padre de todos los hombres. Cuando no se respeta a este Dios único, se pierde también el respeto por la dignidad del hombre. Las horribles imágenes de los campos de concentración al final de la guerra mostraron de lo que puede ser capaz el hombre que rechaza a Dios y el rostro que puede asumir un pueblo en el "no" a ese Dios.

Ante este recuerdo, debemos constatar con gratitud que desde hace algunas décadas manifiesta un nuevo desarrollo, que permite hablar incluso de un renacer de la vida judía en Alemania. Hay que subrayar que, en este tiempo, la comunidad judía se ha destacado particularmente por la obra de integración de los emigrantes del este europeo.

Con vivo aprecio, quisiera aludir también al diálogo de la Iglesia católica con el Hebraísmo, un diálogo que se está profundizando. La Iglesia se siente muy cercana al Pueblo hebreo. Con la Declaración "Nostra aetate" del Concilio Vaticano II, se comenzó a "recorrer un camino irrevocable de diálogo, de fraternidad y de amistad" (cf. Discurso en la Sinagoga de Roma, 17 de enero de 2010). Esto vale para toda la Iglesia católica, en la que el beato Papa Juan Pablo II se comprometió de una manera particularmente intensa en favor de este nuevo camino. Esto vale obviamente también para la Iglesia católica en Alemania, que es bien consciente de su particular responsabilidad en esta materia. En el ámbito público, destaca sobre todo la "Semana de la Fraternidad", organizada cada año en la primera semana de marzo por las asociaciones locales para la colaboración cristiano-judía.

Por la parte católica, se llevan a cabo además encuentros anuales entre obispos y rabinos, así como coloquios organizados con el Consejo central de los judíos. Ya en los años setenta, el Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK) se distinguió por la fundación de un forum "Judíos y Cristianos", que en el trascurso de los años ha elaborado competentemente muchos documentos útiles. No se debe olvidar tampoco el histórico encuentro para el diálogo judío-cristiano de marzo de 2006, con la participación del Cardenal Walter Kasper. Esta reunión ha traído muchos frutos, incluso en tiempos recientes.

Junto a estas encomiables iniciativas concretas, me parece que los cristianos debemos también darnos cuenta cada vez más de nuestra afinidad interior con el judaísmo. Para los cristianos, no puede haber una fractura en el evento salvífico. La salvación viene, precisamente, de los Judíos (cf. Jn 4, 22). Cuando el conflicto de Jesús con el judaísmo de su tiempo se ve de manera superficial, como una ruptura con la Antigua Alianza, se acaba reduciéndolo a un idea de liberación que considera la Torá solamente como la observancia servil de unos ritos y prescripciones exteriores. Sin embargo, el Discurso de la montaña no deroga la Ley mosaica, sino que desvela sus recónditas posibilidades y hace surgir nuevas exigencias; nos reenvía al fundamento más profundo del obrar humano, al corazón, donde el hombre elige entre lo puro y lo impuro, donde germina la fe, la esperanza y la caridad.

El mensaje de esperanza, transmitido por los libros de la Biblia hebrea y del Antiguo Testamento cristiano, ha sido asimilado y desarrollado por los judíos y los cristianos de modo distinto. "Después de siglos de contraposición, reconozcamos como tarea nuestra el esfuerzo para que estos dos modos de la nueva lectura de los escritos bíblicos –la cristiana y la judía– entren en diálogo entre sí, para comprender rectamente la voluntad y la Palabra de Dios" (Jesús de Nazaret. Segunda parte: Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, pp. 47-48). En una sociedad cada vez más secularizada, este diálogo debe reforzar la común esperanza en Dios. Sin esa esperanza la sociedad pierde su humanidad.

Con todo esto, podemos constatar que el intercambio entre la Iglesia católica y el judaísmo en Alemania ha dado ya frutos prometedores. Han crecido las relaciones duraderas y de confianza. Ciertamente, judíos y cristianos tienen una responsabilidad común para el desarrollo de la sociedad, que entraña siempre una dimensión religiosa. Que todos los interesados continúen juntos este camino. Que para ello, el Único y Onmipotente –Ha Kadosch Baruch Hu– otorgue su bendición.

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23:10 Écrit par SaGa Bardon dans Actualidad, Religiones | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |

06/09/2011

Les religions du monde après le 11 septembre

1) Réunion des religions pour la paix dans le monde. L'objectif de cette conférence organisé par l'Université McGill et l'Université de Montréal, qui aura lieu le 7 septembre, est de discuter de l'importance de la religion dans la construction de la paix dans le monde.

2) Les grands leaders religieux du monde réunis à Munich pour le 10ème anniversaire du 11 septembre. Les hommes et les femmes des grandes religions du monde se réuniront pour « commencer une décennie de paix ». Le meeting qui s'y tiendra entend être un moment de préparation à la rencontre d'Assise d'octobre prochain au cours de laquelle le pape Benoît XVI rencontrera les leaders des grandes religions du monde.

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1. Réunion des religions pour la paix dans le monde.

CANADA - Mercredi 7 septembre se tiendra la 2ème Conférence mondiale sur les religions du monde après le 11 septembre, au Palais des congrès de Montréal. Elle sera présidée par le Dalaï Lama, accompagné de la lauréate du prix Nobel de la paix, Shirin Ebadi. L'objectif de cette conférence est de discuter de l'importance de la religion dans la construction de la paix dans le monde.

Lors de cet événement, organisé par l'Université McGill et l'Université de Montréal, les représentants des différentes religions travailleront sur la formulation d'une Déclaration universelle des droits de la personne, telle que proposée par les religions du monde.

Les participants discuteront également des moyens de réunir les religions du monde autour d'une pensée commune. Après une première allocution du Dalaï Lama, des philosophes, savants et auteurs célèbres, prendront la parole, comme Deepak Chopra, Tariq Ramadan (islam), Robert Thurman (bouddhisme), Steven T. Katz et Gregory Baum (christianisme) et le Swami Dayananda Saraswati (Hindu Dharma Acharya Sabha), qui « présenteront chacun leur point de vue sur la paix par la religion ».

A.L/ZENIT/CTB

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2. Les grands leaders religieux du monde réunis à Munich pour le 10ème anniversaire du 11 septembre

Dix ans après les attaques terroristes contre les tours jumelles de New York, le 11 septembre prochain, les chefs de toutes les grandes religions du monde se réuniront, à l'initiative de Sant'Egidio, sur la Marstallplatz de Munich, en Allemagne, en liaison vidéo directe avec Ground Zero.

Cette cérémonie, à laquelle participera le président de la République fédérale, Christian Wulff, marquera l'ouverture de la grande rencontre mondiale « Bound to Live Together. Religions and Cultures in Dialogue », qui se tiendra dans la cité bavaroise du 11 au 13 septembre, à l'initiative de la Communauté de Sant' Egidio et de l'archidiocèse de Munich-Freising. Durant 2 jours, les hommes et les femmes des grandes religions du monde se réuniront pour « commencer une décennie de paix ».

« Un lieu symbole et carrefour de l'histoire européenne » : c'est en ces termes que les organisateurs de la rencontre définissent la ville de Munich, précisant que le meeting qui s'y tiendra entend être un moment de préparation à la rencontre d'Assise d'octobre prochain au cours de laquelle le pape Benoît XVI rencontrera les leaders des grandes religions du monde.

25 ans après la rencontre de prière pour la paix d'Assise de 1986, voulue par Jean-Paul II, celle-ci souhaite rappeler la valeur de la paix pour la coexistence humaine de toutes les religions.

06 Septembre 2011

Source: DEPECHES CATHOBEL - INTERNATIONAL

23:15 Écrit par SaGa Bardon dans Actualidad, Religiones | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |