09/04/2007

Eurofuturo mundialista

Eurofuturo mundialistaPermalink 09.04.07 @ 19:10:37. Archivado en Europa, Sociogenética[AEU] Durante su primer medio siglo de existencia, el proyecto europeo consistió fundamentalmente en ver qué hacíamos los europeos con nosotros mismos. La motivación principal de los fundadores de la UE fue alcanzar una paz duradera. Se esperaba que la integración económica condujera a un mayor entendimiento entre los europeos, apoyado por la miríada de interacciones a las que da lugar el comercio. La Unión Europea ha concretado ese sueño. En ninguna parte del mundo viven los vecinos de manera más pacífica ni se mueven las personas con mayor libertad y seguridad que en Europa, lo cual se debe, en parte, a una nueva identidad europea que no está vinculada a la ciudadanía nacional.Durante el medio siglo que empieza, el proyecto europeo consistirá sobre todo en ver qué hacemos los europeos con nuestra Unión Europea dentro de un mundo no europeo.Le corresponde a la Unión Europea el tomar la iniciativa para lograr que otro mundo sea posible. En Europa la integración económica ayudó a conseguir un conjunto de metas más amplio. Hoy en día, sólo Europa puede hablar con credibilidad sobre la cuestión de los derechos humanos. Europa ha tenido éxito en parte porque reconoce que los derechos de los individuos son inalienables y universales, y porque creó instituciones para protegerlos. Un sistema económico y social debe ser juzgado por la medida en que los individuos tienen la posibilidad de crecer y de realizar su potencial. Como individuos somos parte de un círculo de comunidades cada vez más amplio, y podemos realizar nuestro potencial sólo si vivimos en armonía los unos con los otros. A su vez, esto requiere un sentido de la responsabilidad y de la solidaridad. El éxito de Europa se debe en parte a su promoción de un conjunto de valores que, aunque esencialmente europeos, son al mismo tiempo universales. De estos valores, el fundamental es la democracia, entendida como una participación activa y significativa en la toma de decisiones.Éstas y otras ideas, francamente esperanzadoras, caracterizan la visión que tiene del futuro de Europa Joseph E. STIGLITZ, premio Nobel de Economía.-oOo-La misión global de la UEpor Joseph E. STIGLITZ (1) 08/04/2007[Stiglitz] Las recientes celebraciones que marcaron el quincuagésimo aniversario del nacimiento de la Unión Europea han estado dominadas en algunos ámbitos, triste es decirlo, por el pesimismo. Sin duda alguna, la incomodidad con respecto al futuro de la UE es comprensible, especialmente a la vista de la incertidumbre que rodea a los esfuerzos por reavivar el Tratado Constitucional. Sin embargo, el proyecto europeo ha sido un enorme éxito, no sólo para Europa sino para el mundo.Los europeos no deben desalentarse por las comparaciones entre el PIB de Europa y, digamos, el de Estados Unidos. No cabe duda de que Europa se enfrenta a grandes retos en la tarea de perfeccionar su unión económica, incluida la necesidad de reducir el desempleo y de impulsar el dinamismo de la economía. Pero por más que se haya incrementado el PIB de Estados Unidos, la mayoría de los estadounidenses está peor en este momento que hace cinco años. Una economía que, año tras año, da lugar a que la mayor parte de sus ciudadanos estén peor no es un éxito.Pero lo más importante es que el éxito de la UE no debe medirse sólo por cada acto legislativo y regulador en particular, ni siquiera por la prosperidad que ha acompañado a la integración económica. Después de todo, la motivación principal de los fundadores de la UE fue alcanzar una paz duradera. Se esperaba que la integración económica condujera a un mayor entendimiento, apoyado por la miríada de interacciones a las que da lugar el comercio. El aumento de la interdependencia haría impensable el surgimiento de los conflictos.La Unión Europea ha concretado ese sueño. En ninguna parte del mundo viven los vecinos de manera más pacífica ni se mueven las personas con mayor libertad y seguridad que en Europa, lo cual se debe, en parte, a una nueva identidad europea que no está vinculada a la ciudadanía nacional. Éste es un ejemplo que el resto del mundo debe emular: compartir derechos y responsabilidades, incluida la obligación de ayudar a los menos afortunados. También en esto, Europa ha dado ejemplo al prestar más ayuda a los países en vías de desarrollo que cualquier otro país (y destinando un porcentaje más alto de su PIB que Estados Unidos).En los últimos seis años, el mundo tuvo que hacer frente a un periodo difícil. El compromiso con el multilateralismo democrático ha sido desafiado, y los derechos garantizados por las convenciones internacionales han sido suspendidos, como ocurrió con la Convención contra la Tortura. De eso han surgido muchas enseñanzas, entre las que cabe destacar los peligros del orgullo y los límites del poder militar, y la necesidad de un mundo multipolar.Europa, con mayor número de habitantes que cualquier otro país, salvo China e India, y con el mayor PIB del mundo, debe convertirse en uno de los pilares centrales de ese mundo proyectando lo que se ha dado en llamar poder blando, que es el poder y la influencia de las ideas y del ejemplo. Sin duda, el éxito de Europa se debe en parte a su promoción de un conjunto de valores que, aunque esencialmente europeos, son al mismo tiempo universales.De estos valores, el fundamental es la democracia, pero no entendida como una mera convocatoria periódica de elecciones, sino también como una participación activa y significativa en la toma de decisiones, lo cual exige una sociedad civil comprometida, una gran flexibilidad de las normas que regulan la información, y unos medios de comunicación vivos y diversificados que no estén sometidos al control ni del Estado ni de un reducido grupo de oligarcas.El segundo valor en importancia es la justicia social. Un sistema económico y social debe ser juzgado por la medida en que los individuos tienen la posibilidad de crecer y de realizar su potencial. Como individuos somos parte de un círculo de comunidades cada vez más amplio, y podemos realizar nuestro potencial sólo si vivimos en armonía los unos con los otros. A su vez, esto requiere un sentido de la responsabilidad y de la solidaridad.La UE demostró ese sentido de manera rotunda con su ayuda a los países de la Europa poscomunista. La transición del comunismo a la economía de mercado no ha sido fácil, pero la generosidad sin precedentes de Europa ha merecido la pena: los países que se han adherido a la UE han superado a todos los demás, y no precisamente por haber accedido a los mercados europeos. Todavía más importante que eso fue la infraestructura institucional, que comprende el compromiso vinculante con la democracia y la vasta serie de leyes y reglamentos que a menudo no sabemos valorar.Europa ha tenido éxito en parte porque reconoce que los derechos de los individuos son inalienables y universales, y porque creó instituciones para protegerlos. En cambio, Estados Unidos ha sido testigo de un asalto a gran escala a esos derechos, incluso el del hábeas corpus, el derecho a recusar la propia detención ante un juez independiente. Se han hecho, por ejemplo, sutiles distinciones entre los derechos de los ciudadanos y de los no ciudadanos.Hoy en día, sólo Europa puede hablar con credibilidad sobre la cuestión de los derechos humanos. Para bien de todos nosotros, Europa debe seguir haciéndolo, incluso con más contundencia que en el pasado.De igual modo, mientras que el proyecto europeo trata de fomentar la "armonía" para que la gente pueda vivir junta y en paz, todos nosotros debemos, también, vivir en armonía con el medio ambiente, el más escaso de todos nuestros recursos. También en este ámbito se ha puesto Europa a la cabeza, especialmente en lo que respecta al calentamiento global, demostrando que se pueden dejar de lado los pequeños egoísmos para conseguir un bien común.En el mundo actual hay muchas cosas que no funcionan bien. Mientras que la integración económica ayudó a conseguir un conjunto de metas más amplio en Europa, en otras partes la globalización económica ha contribuido a ensanchar la brecha que separa a los ricos de los pobres dentro de cada país y la que existe entre países ricos y países pobres.Otro mundo es posible. Pero le corresponde a Europa tomar la iniciativa para lograrlo.Traducción del inglés: Emilio G. Muñiz. © Project Syndicate, 2007.-oOo-(1) Joseph Eugene Stiglitz (Gary, Indiana, 9 de febrero 1943). Economista, escritor y Premio Nobel de Economía (2001). Es uno de los economistas más famosos del mundo, a partir de la publicación de libros de divulgación masiva y de las críticas a los organismos internacionales de crédito.Estudió entre 1960-1963 en el Amherst College, donde pasó al MIT como estudiante de pregrado, para proseguir con trabajos de postgrado. Entre 1965-1966 trabajó en Chicago junto a Hirofumi Uzawa. En los años siguientes obtuvo su doctorado en el MIT y una beca Fulbright de investigación. Enseñó en el MIT y en la Universidad de Yale. En la actualidad dicta clases en el Graduate School of Business de la Universidad de Columbia.Además de hacer influyentes y numerosas contribuciones a la microeconomía, Stiglitz ha participado en números puestos públicos. Desempeñó labores en la administración del presidente Clinton como la de presidente del Consejo de Consejeros Económicos (1995-1997). En el Banco Mundial, sirvió como primer vicepresidente y economista jefe (1997 - 2000), antes de que el Secretario del Tesoro de los EE.UU. (Lawrence Summers) lo forzara a renunciar.La investigación más famosa de Stiglitz es sobre el screening, una técnica usada por un agente económico para extraer la información privada de otro. Esta importante contribución a la teoría de la asimetría de la información le valió compartir el premio del Banco de Suecia en memoria de Alfred Nobel con George A. Akerlof y Michael Spence. En el marco de las teorías económicas Stiglitz formaría parte de la escuela neokeynesiana.Además de sus publicaciones técnicas de economía, Stiglitz es el autor de Whither Socialism, un libro no técnico que proporciona una introducción a las teorías detrás del fracaso de las economías socialistas en Europa del Este y al rol de la información imperfecta en los mercados. En 2002, escribió El malestar en la globalización, donde afirma que el Fondo Monetario Internacional se pone al interés de su accionista más grande, los Estados Unidos, sobre el de las naciones más pobres para las cuales fue diseñado servir. Stiglitz ofrece algunas razones por las cuales la globalización ha engendrado la hostilidad de manifestantes, tales como las ocurridas en Seattle y Génova. Joseph E. Stiglitz ha sido reconocido en los cinco continentes por su prestigiosa trayectoria y es uno de los economistas más leídos del mundo.fuentes:* Wikipedia* Joseph E. StiglitzThe Sveriges Riksbank Prize in Economic Sciences in Memory of Alfred Nobel 2001Autobiography

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26/03/2007

Por una Europa mundialista

Por una Europa mundialista

Permalink 26.03.07 @ 21:36:00. Archivado en Europa, Sociogenética, Ética, Pro justitia et libertate

La "Amistad Europea Universitaria" profesa desde su nacimiento en 1961 un europeísmo mundialista, lo cual explica que su nombre completo indique su finalidad mediante la frase subordinada: "por y para la Amistad mundial".

El mundialismo, expresado mediante esta frase subordinada, es un amor indiscriminado, a escala mundial, de la humanidad y del mundo que la sustenta.

El amor es indiscriminado cuando no da trato de inferioridad ni a personas ni a colectividades por motivos raciales, religiosos, políticos, etc. (DRAE). En cuanto tal se opone al amor discriminado (insoportable paradoja), cuyo ejemplo más flagrante lo encontramos en las llamadas, con desdén, "relaciones paternalistas". Como cualquier otra relación humana, el amor es discriminado cuando "Da trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc" (DRAE). Éste es, por desgracia, el tipo de relación histórica que la mayor parte de los colonizadores han mantenido con los países colonizados y con sus pobres gentes.

En contraposición con el racismo, el nacionalismo, el patriotismo, el regionalismo o cualquier otro tipo de localismo o segregacionismo, el mundialismo rechaza la idea de que una persona sea más digna que otra por haber nacido en un determinado lugar del mundo o por pertenecer a un determinado grupo étnico, social, cultural o religioso, etc. En lugar de estos apoyos puramente circunstanciales, la dignidad de cada persona se funda en que todo ser humano conlleva en sí mismo como ser racional, libre y responsable una dignidad única e inalienable que puede y debe ser plasmada socialmente en forma de obligaciones y de derechos que le permitan realizar plenamente su condición humana en cualquier parte del mundo.

Históricamente este valor ético fue introducido en el mundo, sin ninguna restricción, por el ejemplo y las enseñanzas de Jesucristo, que nos consideró a todos como hijos de Dios, lo cual explica que en ocasiones, para defender las ideas mundialistas auténticamente cristianas frente a su adulteración oportunista, se plasmen frases como: "Dios creó el mundo sin fronteras y el hombre lo llenó de fronteras, banderas e himnos", o "Mi patria no pertenece a mis compatriotas sino a la Humanidad cual Dios la creó".

El mundialista no siente desprecio ni odio por la patria propia o por el lugar o grupo donde ha nacido o reside. Lo que le ocurre es que su aprecio y su amor de los suyos no se agota en ellos, sino que los sobrepasa, porque cree que la mejor forma de apreciarlos, amarlos y conseguir su prosperidad, en la patria chica en que viven, es consiguiendo aprecio, amor y prosperidad en el mundo, que es la patria grande de todos, de forma que la patria chica será apreciada, amada y próspera si el mundo lo es. Esta ambición e intención activa de arreglar el mundo como la única manera justa y completa de arreglar los problemas individuales, grupales o locales es la que hace que los objetivos del mundialismo sean muy difíciles de alcanzar si se mantiene una visión individualista o localista de la sociedad humana.

Muchos mundialistas se llaman a sí mismos "ciudadanos del mundo" (Wikipedia).

Entre los numerosos artículos que han aparecido estos días sobre el objetivo que ha de movilizarnos a los europeos como característico de nuestra renovada identidad europea, me ha parecido que el que mejor expresa este objetivo lo ha escrito nuestro colega portugués Álvaro Vasconcelos, justamente porque defiende las tesis mundialistas que nosotros defendemos: "Muchos europeos se preguntan cuál es hoy -cuál debe ser- el nuevo gran designio de la construcción europea... el gran objetivo de la Unión, hoy, debe ser el de la Europa mundo. Para cumplirlo, tiene que vencer una nueva xenofobia: la del nacionalismo identitario... La nueva etapa de la construcción europea pasa precisamente por la necesidad de profundizar en la diversidad, haciendo de todos los que aquí viven ciudadanos de pleno derecho, independientemente de sus creencias religiosas, culturas o tradiciones. Sólo siendo mundo podrá la Unión seguir siendo Europa... Para concretar tal designio, con todo, hay que vencer el nacionalismo identitario que corrompe las democracias europeas... En la era de la globalización, al combate contra la "nueva" xenofobia no puede dejar de dársele la más alta prioridad... A sus cincuenta años, contemplando su propio futuro, la Unión no tiene apenas que reafirmar los valores fundamentales que la cimientan, sino darles sobre todo una traducción práctica con la aprobación de una carta europea contra la xenofobia y el racismo, capaz de sancionar a los prevaricadores. Además, la Unión tiene que promover en su actuación internacional exactamente los mismos valores que defiende y aplica en su ordenamiento interno... Tiene que ser una activa promotora de un civismo planetario"

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Una Europa mundo
por Álvaro VASCONCELOS
director del Instituto de Estudios Estratégicos e Internacionales de Portugal.
Traducción de Carlos Gumpert.
25/03/2007

La nueva etapa de la construcción europea pasa por la necesidad de profundizar en la diversidad

La Comunidad Europea hizo impensables las guerras fratricidas europeas, y gracias a su progresiva expansión extendió el espacio democrático casi hasta la propia dimensión del continente: el gran objetivo de la Unión, hoy, debe ser el de la Europa mundo. Para cumplirlo, tiene que vencer una nueva xenofobia: la del nacionalismo identitario.

Muchos europeos se preguntan cuál es hoy -cuál debe ser- el nuevo gran designio de la construcción europea. Para sus fundadores, con la memoria viva de las terribles guerras fratricidas, la paz perpetua entre los Estados europeos era la razón de ser primordial de la Comunidad. El nacionalismo, el gran enemigo de las sociedades abiertas, quedó deslegitimado por las decenas de millones de muertos en las dos guerras mundiales, en tanto que europeas, en el horror de la barbarie del nacionalismo extremista y del holocausto. Los que vinieron después, casi intuitivamente y a veces sin gran entusiasmo, hicieron de la democratización del continente, por los caminos de la inclusión y del ensanchamiento, un proyecto sin paralelo en la historia.
Ambas vías demostraron tener éxito en sus objetivos, más allá de cualquier quimera visionaria. La guerra entre los enemigos de ayer se volvió impensable. Hoy, la Unión está a punto de coincidir con el continente europeo y se celebran elecciones libres desde Portugal hasta las fronteras de Rusia. Más de 600 millones de europeos viven en democracia.

Cuando la Unión cumple cincuenta años y los mercados experimentan un proceso de mundialización, es bueno recordar que el doux commerce nunca fue una finalidad, ni mucho menos una ideología, sino un mero instrumento. Para la Unión Europea, más que para cualquier Estado, lo interior coincide con lo exterior. Su poder de atracción se deriva principalmente de haber construido para los europeos un espacio supranacional de unidad en la diversidad. Es ese modelo europeo de asociación de Estados, una construcción asentada en los valores fundamentales y en la solidaridad, lo que el mundo admira.

La nueva etapa de la construcción europea pasa precisamente por la necesidad de profundizar en la diversidad, haciendo de todos los que aquí viven ciudadanos de pleno derecho, independientemente de sus creencias religiosas, culturas o tradiciones. Sólo siendo mundo podrá la Unión seguir siendo Europa. La Constitución fue un paso importante para mantener desterradas las definiciones culturales y religiosas de la identidad europea, que algunos, en vista del impasse actual, intentan imponer de nuevo. Acoger a Turquía cuando allí se consolide la democracia es un test decisivo que significará una auténtica prueba, ante los ojos de los países de mayoría musulmana, de que la Unión no es un club de civilizaciones sino que es de facto mundo. Para concretar tal designio, con todo, hay que vencer el nacionalismo identitario que corrompe las democracias europeas.

Hoy, el nacionalismo identitario y la intolerancia asumen formas insidiosas. Atributos ayer de la extrema derecha tradicional, están corrompiendo hoy a algunos partidos democráticos.

Europa ha vivido, en los últimos años, una fase de acentuada transformación: las grandes ciudades se han vuelto mucho más cosmopolitas, y el Islam es una gran religión europea, que tiene en la Unión muchos millones de practicantes. Esa fuerte diversidad supone una enorme riqueza, que contribuye a que se produzca una identificación con la Unión en muchos lugares del mundo. Frente a este cambio inexorable, ha surgido la oposición de algunos sectores de la sociedad europea, principalmente en momentos de crisis social, políticamente explotados por corrientes populistas. Los inmigrantes se ven señalados como una amenaza para la identidad nacional y el rechazo hacia el otro se trivializa.

El culturalismo, al identificar la democracia con una determinada religión y una cultura, en la que procura situar razonadamente su origen, y al negar su compatibilidad con otras, principalmente el Islam, se erige como paradigma para explicar divergencias y conflictos; y precisamente quienes niegan su fundamento a la tesis tan en boga del "choque de civilizaciones", ven en ello la explicación plausible de la fractura social que se manifiesta en tantas ciudades europeas.

En la era de la globalización, al combate contra la "nueva" xenofobia no puede dejar de dársele la más alta prioridad. En primer lugar, hay que dejar definitivamente de ver en la inmigración un problema -¡y mucho menos un riesgo para la seguridad!-, y hacer de los inmigrantes ciudadanos, y de sus descendientes, actores plenos de la construcción de la acción internacional de la Unión. Hay que aplicar el concepto de hospitalidad tal y como lo definió Jacques Derrida, que considera que cada persona forma parte de la misma casa humana y debe ser respetada como tal, y reconoce después al Otro, no como diferente, sino como intrínsecamente igual.

A sus cincuenta años, contemplando su propio futuro, la Unión no tiene apenas que reafirmar los valores fundamentales que la cimientan, sino darles sobre todo una traducción práctica con la aprobación de una carta europea contra la xenofobia y el racismo, capaz de sancionar a los prevaricadores. Además, la Unión tiene que promover en su actuación internacional exactamente los mismos valores que defiende y aplica en su ordenamiento interno. Es la propuesta de una actuación internacional regida por los valores y no por una política de gran potencia lo que hace de la Unión un "bien público internacional", en feliz expresión de Celso Lafer. Pero para eso la Unión tiene que intervenir decisivamente en los grandes problemas mundiales -desde la guerra y la opresión hasta la pobreza o el cambio climático-. Tiene que ser una activa promotora de un civismo planetario, de esa propuesta de "sociedad mundo" de la que habla Edgar Morin.

Esta orientación debe materializarse antes que nada en su relación con sus vecinos, los del Mediterráneo y los del Este, a quienes la Unión debe extender la lógica de inclusión, poniendo el énfasis, como hizo en fases anteriores, en los objetivos de la democracia y de la cohesión social, empleando el libre mercado como un instrumento y nunca como un fin. Debe significar, también, una intervención decisiva para acabar con el genocidio de Darfur, para derrotar allí la manifestación más extrema del nacionalismo identitario que, después de las tragedias de Bosnia y de Ruanda, la comunidad internacional afirmó que "nunca más" volvería a tolerar.

En definitiva, mirando hacia el futuro, y en estos tiempos de conmemoración, la Unión debe hacer de la Europa mundo su nuevo gran proyecto, que tiene en el combate contra la intolerancia y contra el racismo, en la adhesión de Turquía y en la inclusión de los países vecinos sus próximas grandes etapas.

21:46 Écrit par SaGa Bardon dans Europa | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : europa, sociogenetica, tica, pro justitia et libertate |  Facebook |

25/03/2007

Documento UE del 50 euroaniversario

 

Documento UE del 50 euroaniversario

Permalink 25.03.07 @ 17:37:00. Archivado en Europa, Pro justitia et libertate

He aquí algunas de las ideas que expresa este documento, empleando la primera persona del plural, para dar a entender que cada una de sus frases expresa el sentimiento unánime de los cuatrocientos cincuenta y cinco millones de personas que constituyen la ciudadanía europea.

Hemos logrado cambiar el curso de la historia: "Con la unificación europea hemos demostrado haber aprendido la lección de las confrontaciones sangrientas y de una historia llena de sufrimiento."

La Unión Europea completa y garantiza nuestras estructuras de solidaridad: "Hay muchas metas que no podemos alcanzar solos, pero sí juntos. Las tareas se reparten entre la Unión Europea, los Estados miembros, sus regiones y sus municipios."

La realización de nuestro ideal de sociedad requiere nuestra unidad: Sólo unidos podemos preservar en el futuro nuestro ideal europeo de sociedad, en beneficio de todos los ciudadanos y las ciudadanas de la Unión Europea.

Nos oponemos a la guerra, al terrorismo y a todo tipo de violencia: Defendemos que los conflictos del mundo se resuelvan de forma pacífica y que los seres humanos no sean víctimas de la guerra, el terrorismo y la violencia.

Queremos promover la libertad y el bienestar a escala mundial: La Unión Europea quiere promover en el mundo la libertad y el desarrollo. Queremos hacer retroceder la pobreza, el hambre y las enfermedades. Para ello vamos a seguir ejerciendo nuestro liderazgo.

Deseamos preservar la viabilidad de nuestro planeta como casa común de la humanidad: Queremos llevar juntos la iniciativa en política energética y protección del clima, aportando nuestra contribución para contrarrestar la amenaza mundial del cambio climático.

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El texto íntegro del documento aprobado por los 27 países miembros de la Unión Europea (UE) con motivo del 50 aniversario de la firma de los Tratados de Roma es el siguiente:

"Durante siglos Europa ha sido una idea, una esperanza de paz y entendimiento. Esta esperanza se ha hecho realidad. La unificación europea nos ha procurado paz y bienestar, ha cimentado nuestra comunidad y superado nuestras contradicciones.

Cada miembro ha contribuido a unificar Europa y a fortalecer la democracia y el Estado de Derecho. Gracias al ansia de libertad de las gentes de Europa Central y Oriental, hoy se ha superado definitivamente la división artificial de Europa.

Con la unificación europea hemos demostrado haber aprendido la lección de las confrontaciones sangrientas y de una historia llena de sufrimiento. Hoy vivimos juntos, de una manera que nunca fue posible en el pasado.

Los ciudadanos y ciudadanas de la Unión Europea, para fortuna nuestra, estamos unidos.

I

En la Unión Europea estamos haciendo realidad nuestros ideales comunes; para nosotros el ser humano es el centro de todas las cosas. Su dignidad es sagrada. Sus derechos son inalienables. Mujeres y hombres tienen los mismos derechos.

Nos esforzamos para alcanzar la paz y la libertad, la democracia y el Estado de Derecho, el respeto mutuo y la responsabilidad recíproca, el bienestar y la seguridad, la tolerancia y la participación, la Justicia y la solidaridad.

En la Unión Europea vivimos y actuamos juntos de manera singular, y esto se manifiesta en la convivencia democrática entre los Estados miembros y las instituciones europeas.

La Unión Europea se funda en la igualdad de derechos y la convivencia solidaria. Así hacemos posible un equilibrio justo entre los intereses de distintos Estados miembros.

En la Unión Europea preservamos la identidad de los Estados miembros y la diversidad de sus tradiciones. Valoramos como una riqueza nuestras fronteras abiertas y la viva diversidad de nuestras lenguas, culturas y regiones.

Hay muchas metas que no podemos alcanzar solos, pero sí juntos. Las tareas se reparten entre la Unión Europea, los Estados miembros, sus regiones y sus municipios.

II

Nos enfrentamos a grandes desafíos que no se detienen en las fronteras nacionales. La Unión Europea es nuestra respuesta a ellos.

Sólo unidos podemos preservar en el futuro nuestro ideal europeo de sociedad, en beneficio de todos los ciudadanos y las ciudadanas de la Unión Europea.

Este modelo europeo aúna el éxito económico y la responsabilidad social. El mercado común y el euro nos hacen fuertes.

Con ellos podemos amoldar a nuestros valores la creciente interdependencia mundial y la cada vez más intensa competencia que reina en los mercados internacionales.

La riqueza de Europa se basa en el conocimiento y las capacidades de sus gentes; ésta es la clave del crecimiento, el empleo y la cohesión social.

Vamos a luchar juntos contra el terrorismo, la delincuencia organizada y la inmigración ilegal. Y lo haremos defendiendo las libertades y los derechos ciudadanos incluso en el combate contra sus enemigos. Nunca más debe dejarse una puerta abierta al racismo y a la xenofobia.

Defendemos que los conflictos del mundo se resuelvan de forma pacífica y que los seres humanos no sean víctimas de la guerra, el terrorismo y la violencia.

La Unión Europea quiere promover en el mundo la libertad y el desarrollo. Queremos hacer retroceder la pobreza, el hambre y las enfermedades. Para ello vamos a seguir ejerciendo nuestro liderazgo.

Queremos llevar juntos la iniciativa en política energética y protección del clima, aportando nuestra contribución para contrarrestar la amenaza mundial del cambio climático.

III

La Unión Europea se nutrirá también en el futuro de su apertura y de la voluntad de sus Estados miembros de consolidar, juntos y acompasadamente, el desarrollo interno de la Unión Europea.

Ésta seguirá promoviendo también la democracia, la estabilidad y el bienestar allende sus fronteras.

Con la unificación europea se ha hecho realidad un sueño de generaciones anteriores. Nuestra historia nos reclama que preservemos esta ventura para las generaciones venideras.

Para ello debemos seguir adaptando la estructura política de Europa a la evolución de los tiempos.

Henos aquí, por tanto, cincuenta años después de la firma de los Tratados de Roma, unidos en el empeño de dotar a la Unión Europea de fundamentos comunes renovados de aquí a las elecciones al Parlamento Europeo de 2009.

Porque sabemos que Europa es nuestro futuro común."

20:41 Écrit par SaGa Bardon dans Europa | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : europa, pro justitia et libertate |  Facebook |