22/04/2007

El trío de solistas

El trío de solistas

Permalink 22.04.07 @ 13:03:00. Archivado en Europa, Sociogenética

Imaginen ustedes tres pescadores que acuden a pescar al mismo lugar de un río caudaloso y generalmete nervioso, donde las aguas se amansan unos cuantos metros como para brindar sus peces de paso a quien se crea capaz de pescarlos. Como los tres conocen el paraje, lo primero que hacen es discutirse el punto preciso de su mejor experiencia previa solitaria. No logrando ponerse de acuerdo sobre un reparto del sitio, llegan a la triple decisión concurrente de lanzar sus anzuelos casi pegados el uno al otro. La consecuencia inmediata es que sus hilos respectivos se enredan los unos en los otros, de manera que la pesca se transforma en la lucha encarnizada por recuperar cada uno lo que estima ser suyo, que puede que sea un solo pez cada vez, no se sabe a qué anzuelo enganchado.

Por desgracia para los tres, existe la posibilidad real de que, durante el altercado de su trío de solistas, se presente en el cielo en helicóptero como Deus ex machina, un cuarto pescador solista provisto de una amplia canasta nacionalista, capaz de capturar peces inasequibles por los anzuelos del triple enredo de los solistas de a pie.

Si los llamo a todos solistas es porque tanto los tres pescadores iniciales como el cuarto del helicóptero pretenden atraer a los peces cantándoles la Marsellesa. La enorme diferencia, puramente estratégica, en favor del cuarto, es que su helicóptero está provisto de una megafonía tan potente, que su sonido atronador ahoga completamente las voces diminutas y desacompasadas de los tres solistas de a pie.

-oOo-

La campaña presidencial francesa ha estado marcada por dos factores contradictorios, que responden perfectamente a las sensibilidades del electorado: un miedo al cambio y, al mismo tiempo, la convicción de que sólo el cambio de personas y políticas puede sacar a Francia de su marasmo. (John Vinocur y Roger Cohen, The New York Times)

"El rápido ascenso de Bayrou se debió al sentimiento, muy vivo entre los franceses, de que las categorías de su sistema político ya no se corresponden con la realidad. Votar a Bayrou será protestar contra el estado actual del sistema político. "(Alain TOURAINE 20/04/2007)

"El travestismo ideológico de los principales candidatos en busca de nuevos electores ha disparado la confusión en la mente de muchos votantes, rompiendo la tradicional frontera izquierdas-derechas que siempre funcionó en la mecánica electoral de la V República francesa.

El desconcierto lo inició en cierto modo la candidata socialista, Ségolène, cuando penetró en el terreno de la derecha en busca de votos, y -haciendo alarde de sus credenciales de hija de militar- reivindicó para el PSF, apegado aún al himno de la Internacional, nada menos que la bandera nacional, el orden y la identidad francesa." (F. DE ANDRÉS 20/04/2007)

"En la práctica, el Partido Socialista ha dejado de existir, y cuando Ségolène Royal da un mitin en una ciudad ignora completamente a los representantes electos del partido en la región. Sus equipos de trabajo no son muy conocidos, pero proceden del exterior del partido, en particular en el terreno económico, en el que cuenta con el apoyo de la nueva escuela de París, que actualmente congrega a los mejores economistas franceses. Este aislamiento voluntario la ha movido a conquistar un voto popular muy sensible al tema nacional y no menos sensible al tema del orden social y del castigo a los delincuentes. Pero quienes le reprochan la reivindicación de la bandera y La Marsellesa cometen un error. En primer lugar, porque éstos son los símbolos más fuertes de lo que fue la izquierda francesa: una lucha nacional de liberación contra la aristocracia francesa y sus aliados europeos. Y, en segundo, porque no hay que confundir la invocación de la identidad nacional con el rechazo al extranjero que practica el Frente Nacional." (Alain TOURAINE 20/04/2007)

"Sarkozy hizo también algunos escarceos piratas en el territorio de la izquierda y de la extrema derecha, pero en la última semana impuso la coherencia al subrayar en todas sus entrevistas que su programa «se apoya en los valores», cristianos en materia social y liberales en lo económico." (F. DE ANDRÉS 20/04/2007)

"Aunque todos los sondeos predicen el pase a la etapa final de los candidatos de la izquierda y la derecha mayoritarias, representadas por Royal y Sarkozy, nadie aventura un pronóstico definitivo. Hasta el punto de que algunos barones del socialismo, como Michel Rocard, han pedido una alianza de su candidata con el centrista Bayrou como medio de parar a Sarkozy. Y éste ha endurecido su discurso en la última parte de la campaña, alarmado por ese 15% de intención de voto asignado a Le Pen." (CARLOS MENDO 20/04/2007)

13:14 Écrit par SaGa Bardon dans Europa | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : sociogenetica |  Facebook |

09/04/2007

Eurofuturo mundialista

Eurofuturo mundialistaPermalink 09.04.07 @ 19:10:37. Archivado en Europa, Sociogenética[AEU] Durante su primer medio siglo de existencia, el proyecto europeo consistió fundamentalmente en ver qué hacíamos los europeos con nosotros mismos. La motivación principal de los fundadores de la UE fue alcanzar una paz duradera. Se esperaba que la integración económica condujera a un mayor entendimiento entre los europeos, apoyado por la miríada de interacciones a las que da lugar el comercio. La Unión Europea ha concretado ese sueño. En ninguna parte del mundo viven los vecinos de manera más pacífica ni se mueven las personas con mayor libertad y seguridad que en Europa, lo cual se debe, en parte, a una nueva identidad europea que no está vinculada a la ciudadanía nacional.Durante el medio siglo que empieza, el proyecto europeo consistirá sobre todo en ver qué hacemos los europeos con nuestra Unión Europea dentro de un mundo no europeo.Le corresponde a la Unión Europea el tomar la iniciativa para lograr que otro mundo sea posible. En Europa la integración económica ayudó a conseguir un conjunto de metas más amplio. Hoy en día, sólo Europa puede hablar con credibilidad sobre la cuestión de los derechos humanos. Europa ha tenido éxito en parte porque reconoce que los derechos de los individuos son inalienables y universales, y porque creó instituciones para protegerlos. Un sistema económico y social debe ser juzgado por la medida en que los individuos tienen la posibilidad de crecer y de realizar su potencial. Como individuos somos parte de un círculo de comunidades cada vez más amplio, y podemos realizar nuestro potencial sólo si vivimos en armonía los unos con los otros. A su vez, esto requiere un sentido de la responsabilidad y de la solidaridad. El éxito de Europa se debe en parte a su promoción de un conjunto de valores que, aunque esencialmente europeos, son al mismo tiempo universales. De estos valores, el fundamental es la democracia, entendida como una participación activa y significativa en la toma de decisiones.Éstas y otras ideas, francamente esperanzadoras, caracterizan la visión que tiene del futuro de Europa Joseph E. STIGLITZ, premio Nobel de Economía.-oOo-La misión global de la UEpor Joseph E. STIGLITZ (1) 08/04/2007[Stiglitz] Las recientes celebraciones que marcaron el quincuagésimo aniversario del nacimiento de la Unión Europea han estado dominadas en algunos ámbitos, triste es decirlo, por el pesimismo. Sin duda alguna, la incomodidad con respecto al futuro de la UE es comprensible, especialmente a la vista de la incertidumbre que rodea a los esfuerzos por reavivar el Tratado Constitucional. Sin embargo, el proyecto europeo ha sido un enorme éxito, no sólo para Europa sino para el mundo.Los europeos no deben desalentarse por las comparaciones entre el PIB de Europa y, digamos, el de Estados Unidos. No cabe duda de que Europa se enfrenta a grandes retos en la tarea de perfeccionar su unión económica, incluida la necesidad de reducir el desempleo y de impulsar el dinamismo de la economía. Pero por más que se haya incrementado el PIB de Estados Unidos, la mayoría de los estadounidenses está peor en este momento que hace cinco años. Una economía que, año tras año, da lugar a que la mayor parte de sus ciudadanos estén peor no es un éxito.Pero lo más importante es que el éxito de la UE no debe medirse sólo por cada acto legislativo y regulador en particular, ni siquiera por la prosperidad que ha acompañado a la integración económica. Después de todo, la motivación principal de los fundadores de la UE fue alcanzar una paz duradera. Se esperaba que la integración económica condujera a un mayor entendimiento, apoyado por la miríada de interacciones a las que da lugar el comercio. El aumento de la interdependencia haría impensable el surgimiento de los conflictos.La Unión Europea ha concretado ese sueño. En ninguna parte del mundo viven los vecinos de manera más pacífica ni se mueven las personas con mayor libertad y seguridad que en Europa, lo cual se debe, en parte, a una nueva identidad europea que no está vinculada a la ciudadanía nacional. Éste es un ejemplo que el resto del mundo debe emular: compartir derechos y responsabilidades, incluida la obligación de ayudar a los menos afortunados. También en esto, Europa ha dado ejemplo al prestar más ayuda a los países en vías de desarrollo que cualquier otro país (y destinando un porcentaje más alto de su PIB que Estados Unidos).En los últimos seis años, el mundo tuvo que hacer frente a un periodo difícil. El compromiso con el multilateralismo democrático ha sido desafiado, y los derechos garantizados por las convenciones internacionales han sido suspendidos, como ocurrió con la Convención contra la Tortura. De eso han surgido muchas enseñanzas, entre las que cabe destacar los peligros del orgullo y los límites del poder militar, y la necesidad de un mundo multipolar.Europa, con mayor número de habitantes que cualquier otro país, salvo China e India, y con el mayor PIB del mundo, debe convertirse en uno de los pilares centrales de ese mundo proyectando lo que se ha dado en llamar poder blando, que es el poder y la influencia de las ideas y del ejemplo. Sin duda, el éxito de Europa se debe en parte a su promoción de un conjunto de valores que, aunque esencialmente europeos, son al mismo tiempo universales.De estos valores, el fundamental es la democracia, pero no entendida como una mera convocatoria periódica de elecciones, sino también como una participación activa y significativa en la toma de decisiones, lo cual exige una sociedad civil comprometida, una gran flexibilidad de las normas que regulan la información, y unos medios de comunicación vivos y diversificados que no estén sometidos al control ni del Estado ni de un reducido grupo de oligarcas.El segundo valor en importancia es la justicia social. Un sistema económico y social debe ser juzgado por la medida en que los individuos tienen la posibilidad de crecer y de realizar su potencial. Como individuos somos parte de un círculo de comunidades cada vez más amplio, y podemos realizar nuestro potencial sólo si vivimos en armonía los unos con los otros. A su vez, esto requiere un sentido de la responsabilidad y de la solidaridad.La UE demostró ese sentido de manera rotunda con su ayuda a los países de la Europa poscomunista. La transición del comunismo a la economía de mercado no ha sido fácil, pero la generosidad sin precedentes de Europa ha merecido la pena: los países que se han adherido a la UE han superado a todos los demás, y no precisamente por haber accedido a los mercados europeos. Todavía más importante que eso fue la infraestructura institucional, que comprende el compromiso vinculante con la democracia y la vasta serie de leyes y reglamentos que a menudo no sabemos valorar.Europa ha tenido éxito en parte porque reconoce que los derechos de los individuos son inalienables y universales, y porque creó instituciones para protegerlos. En cambio, Estados Unidos ha sido testigo de un asalto a gran escala a esos derechos, incluso el del hábeas corpus, el derecho a recusar la propia detención ante un juez independiente. Se han hecho, por ejemplo, sutiles distinciones entre los derechos de los ciudadanos y de los no ciudadanos.Hoy en día, sólo Europa puede hablar con credibilidad sobre la cuestión de los derechos humanos. Para bien de todos nosotros, Europa debe seguir haciéndolo, incluso con más contundencia que en el pasado.De igual modo, mientras que el proyecto europeo trata de fomentar la "armonía" para que la gente pueda vivir junta y en paz, todos nosotros debemos, también, vivir en armonía con el medio ambiente, el más escaso de todos nuestros recursos. También en este ámbito se ha puesto Europa a la cabeza, especialmente en lo que respecta al calentamiento global, demostrando que se pueden dejar de lado los pequeños egoísmos para conseguir un bien común.En el mundo actual hay muchas cosas que no funcionan bien. Mientras que la integración económica ayudó a conseguir un conjunto de metas más amplio en Europa, en otras partes la globalización económica ha contribuido a ensanchar la brecha que separa a los ricos de los pobres dentro de cada país y la que existe entre países ricos y países pobres.Otro mundo es posible. Pero le corresponde a Europa tomar la iniciativa para lograrlo.Traducción del inglés: Emilio G. Muñiz. © Project Syndicate, 2007.-oOo-(1) Joseph Eugene Stiglitz (Gary, Indiana, 9 de febrero 1943). Economista, escritor y Premio Nobel de Economía (2001). Es uno de los economistas más famosos del mundo, a partir de la publicación de libros de divulgación masiva y de las críticas a los organismos internacionales de crédito.Estudió entre 1960-1963 en el Amherst College, donde pasó al MIT como estudiante de pregrado, para proseguir con trabajos de postgrado. Entre 1965-1966 trabajó en Chicago junto a Hirofumi Uzawa. En los años siguientes obtuvo su doctorado en el MIT y una beca Fulbright de investigación. Enseñó en el MIT y en la Universidad de Yale. En la actualidad dicta clases en el Graduate School of Business de la Universidad de Columbia.Además de hacer influyentes y numerosas contribuciones a la microeconomía, Stiglitz ha participado en números puestos públicos. Desempeñó labores en la administración del presidente Clinton como la de presidente del Consejo de Consejeros Económicos (1995-1997). En el Banco Mundial, sirvió como primer vicepresidente y economista jefe (1997 - 2000), antes de que el Secretario del Tesoro de los EE.UU. (Lawrence Summers) lo forzara a renunciar.La investigación más famosa de Stiglitz es sobre el screening, una técnica usada por un agente económico para extraer la información privada de otro. Esta importante contribución a la teoría de la asimetría de la información le valió compartir el premio del Banco de Suecia en memoria de Alfred Nobel con George A. Akerlof y Michael Spence. En el marco de las teorías económicas Stiglitz formaría parte de la escuela neokeynesiana.Además de sus publicaciones técnicas de economía, Stiglitz es el autor de Whither Socialism, un libro no técnico que proporciona una introducción a las teorías detrás del fracaso de las economías socialistas en Europa del Este y al rol de la información imperfecta en los mercados. En 2002, escribió El malestar en la globalización, donde afirma que el Fondo Monetario Internacional se pone al interés de su accionista más grande, los Estados Unidos, sobre el de las naciones más pobres para las cuales fue diseñado servir. Stiglitz ofrece algunas razones por las cuales la globalización ha engendrado la hostilidad de manifestantes, tales como las ocurridas en Seattle y Génova. Joseph E. Stiglitz ha sido reconocido en los cinco continentes por su prestigiosa trayectoria y es uno de los economistas más leídos del mundo.fuentes:* Wikipedia* Joseph E. StiglitzThe Sveriges Riksbank Prize in Economic Sciences in Memory of Alfred Nobel 2001Autobiography

19:20 Écrit par SaGa Bardon dans Europa | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |

26/03/2007

Por una Europa mundialista

Por una Europa mundialista

Permalink 26.03.07 @ 21:36:00. Archivado en Europa, Sociogenética, Ética, Pro justitia et libertate

La "Amistad Europea Universitaria" profesa desde su nacimiento en 1961 un europeísmo mundialista, lo cual explica que su nombre completo indique su finalidad mediante la frase subordinada: "por y para la Amistad mundial".

El mundialismo, expresado mediante esta frase subordinada, es un amor indiscriminado, a escala mundial, de la humanidad y del mundo que la sustenta.

El amor es indiscriminado cuando no da trato de inferioridad ni a personas ni a colectividades por motivos raciales, religiosos, políticos, etc. (DRAE). En cuanto tal se opone al amor discriminado (insoportable paradoja), cuyo ejemplo más flagrante lo encontramos en las llamadas, con desdén, "relaciones paternalistas". Como cualquier otra relación humana, el amor es discriminado cuando "Da trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc" (DRAE). Éste es, por desgracia, el tipo de relación histórica que la mayor parte de los colonizadores han mantenido con los países colonizados y con sus pobres gentes.

En contraposición con el racismo, el nacionalismo, el patriotismo, el regionalismo o cualquier otro tipo de localismo o segregacionismo, el mundialismo rechaza la idea de que una persona sea más digna que otra por haber nacido en un determinado lugar del mundo o por pertenecer a un determinado grupo étnico, social, cultural o religioso, etc. En lugar de estos apoyos puramente circunstanciales, la dignidad de cada persona se funda en que todo ser humano conlleva en sí mismo como ser racional, libre y responsable una dignidad única e inalienable que puede y debe ser plasmada socialmente en forma de obligaciones y de derechos que le permitan realizar plenamente su condición humana en cualquier parte del mundo.

Históricamente este valor ético fue introducido en el mundo, sin ninguna restricción, por el ejemplo y las enseñanzas de Jesucristo, que nos consideró a todos como hijos de Dios, lo cual explica que en ocasiones, para defender las ideas mundialistas auténticamente cristianas frente a su adulteración oportunista, se plasmen frases como: "Dios creó el mundo sin fronteras y el hombre lo llenó de fronteras, banderas e himnos", o "Mi patria no pertenece a mis compatriotas sino a la Humanidad cual Dios la creó".

El mundialista no siente desprecio ni odio por la patria propia o por el lugar o grupo donde ha nacido o reside. Lo que le ocurre es que su aprecio y su amor de los suyos no se agota en ellos, sino que los sobrepasa, porque cree que la mejor forma de apreciarlos, amarlos y conseguir su prosperidad, en la patria chica en que viven, es consiguiendo aprecio, amor y prosperidad en el mundo, que es la patria grande de todos, de forma que la patria chica será apreciada, amada y próspera si el mundo lo es. Esta ambición e intención activa de arreglar el mundo como la única manera justa y completa de arreglar los problemas individuales, grupales o locales es la que hace que los objetivos del mundialismo sean muy difíciles de alcanzar si se mantiene una visión individualista o localista de la sociedad humana.

Muchos mundialistas se llaman a sí mismos "ciudadanos del mundo" (Wikipedia).

Entre los numerosos artículos que han aparecido estos días sobre el objetivo que ha de movilizarnos a los europeos como característico de nuestra renovada identidad europea, me ha parecido que el que mejor expresa este objetivo lo ha escrito nuestro colega portugués Álvaro Vasconcelos, justamente porque defiende las tesis mundialistas que nosotros defendemos: "Muchos europeos se preguntan cuál es hoy -cuál debe ser- el nuevo gran designio de la construcción europea... el gran objetivo de la Unión, hoy, debe ser el de la Europa mundo. Para cumplirlo, tiene que vencer una nueva xenofobia: la del nacionalismo identitario... La nueva etapa de la construcción europea pasa precisamente por la necesidad de profundizar en la diversidad, haciendo de todos los que aquí viven ciudadanos de pleno derecho, independientemente de sus creencias religiosas, culturas o tradiciones. Sólo siendo mundo podrá la Unión seguir siendo Europa... Para concretar tal designio, con todo, hay que vencer el nacionalismo identitario que corrompe las democracias europeas... En la era de la globalización, al combate contra la "nueva" xenofobia no puede dejar de dársele la más alta prioridad... A sus cincuenta años, contemplando su propio futuro, la Unión no tiene apenas que reafirmar los valores fundamentales que la cimientan, sino darles sobre todo una traducción práctica con la aprobación de una carta europea contra la xenofobia y el racismo, capaz de sancionar a los prevaricadores. Además, la Unión tiene que promover en su actuación internacional exactamente los mismos valores que defiende y aplica en su ordenamiento interno... Tiene que ser una activa promotora de un civismo planetario"

-oOo-

Una Europa mundo
por Álvaro VASCONCELOS
director del Instituto de Estudios Estratégicos e Internacionales de Portugal.
Traducción de Carlos Gumpert.
25/03/2007

La nueva etapa de la construcción europea pasa por la necesidad de profundizar en la diversidad

La Comunidad Europea hizo impensables las guerras fratricidas europeas, y gracias a su progresiva expansión extendió el espacio democrático casi hasta la propia dimensión del continente: el gran objetivo de la Unión, hoy, debe ser el de la Europa mundo. Para cumplirlo, tiene que vencer una nueva xenofobia: la del nacionalismo identitario.

Muchos europeos se preguntan cuál es hoy -cuál debe ser- el nuevo gran designio de la construcción europea. Para sus fundadores, con la memoria viva de las terribles guerras fratricidas, la paz perpetua entre los Estados europeos era la razón de ser primordial de la Comunidad. El nacionalismo, el gran enemigo de las sociedades abiertas, quedó deslegitimado por las decenas de millones de muertos en las dos guerras mundiales, en tanto que europeas, en el horror de la barbarie del nacionalismo extremista y del holocausto. Los que vinieron después, casi intuitivamente y a veces sin gran entusiasmo, hicieron de la democratización del continente, por los caminos de la inclusión y del ensanchamiento, un proyecto sin paralelo en la historia.
Ambas vías demostraron tener éxito en sus objetivos, más allá de cualquier quimera visionaria. La guerra entre los enemigos de ayer se volvió impensable. Hoy, la Unión está a punto de coincidir con el continente europeo y se celebran elecciones libres desde Portugal hasta las fronteras de Rusia. Más de 600 millones de europeos viven en democracia.

Cuando la Unión cumple cincuenta años y los mercados experimentan un proceso de mundialización, es bueno recordar que el doux commerce nunca fue una finalidad, ni mucho menos una ideología, sino un mero instrumento. Para la Unión Europea, más que para cualquier Estado, lo interior coincide con lo exterior. Su poder de atracción se deriva principalmente de haber construido para los europeos un espacio supranacional de unidad en la diversidad. Es ese modelo europeo de asociación de Estados, una construcción asentada en los valores fundamentales y en la solidaridad, lo que el mundo admira.

La nueva etapa de la construcción europea pasa precisamente por la necesidad de profundizar en la diversidad, haciendo de todos los que aquí viven ciudadanos de pleno derecho, independientemente de sus creencias religiosas, culturas o tradiciones. Sólo siendo mundo podrá la Unión seguir siendo Europa. La Constitución fue un paso importante para mantener desterradas las definiciones culturales y religiosas de la identidad europea, que algunos, en vista del impasse actual, intentan imponer de nuevo. Acoger a Turquía cuando allí se consolide la democracia es un test decisivo que significará una auténtica prueba, ante los ojos de los países de mayoría musulmana, de que la Unión no es un club de civilizaciones sino que es de facto mundo. Para concretar tal designio, con todo, hay que vencer el nacionalismo identitario que corrompe las democracias europeas.

Hoy, el nacionalismo identitario y la intolerancia asumen formas insidiosas. Atributos ayer de la extrema derecha tradicional, están corrompiendo hoy a algunos partidos democráticos.

Europa ha vivido, en los últimos años, una fase de acentuada transformación: las grandes ciudades se han vuelto mucho más cosmopolitas, y el Islam es una gran religión europea, que tiene en la Unión muchos millones de practicantes. Esa fuerte diversidad supone una enorme riqueza, que contribuye a que se produzca una identificación con la Unión en muchos lugares del mundo. Frente a este cambio inexorable, ha surgido la oposición de algunos sectores de la sociedad europea, principalmente en momentos de crisis social, políticamente explotados por corrientes populistas. Los inmigrantes se ven señalados como una amenaza para la identidad nacional y el rechazo hacia el otro se trivializa.

El culturalismo, al identificar la democracia con una determinada religión y una cultura, en la que procura situar razonadamente su origen, y al negar su compatibilidad con otras, principalmente el Islam, se erige como paradigma para explicar divergencias y conflictos; y precisamente quienes niegan su fundamento a la tesis tan en boga del "choque de civilizaciones", ven en ello la explicación plausible de la fractura social que se manifiesta en tantas ciudades europeas.

En la era de la globalización, al combate contra la "nueva" xenofobia no puede dejar de dársele la más alta prioridad. En primer lugar, hay que dejar definitivamente de ver en la inmigración un problema -¡y mucho menos un riesgo para la seguridad!-, y hacer de los inmigrantes ciudadanos, y de sus descendientes, actores plenos de la construcción de la acción internacional de la Unión. Hay que aplicar el concepto de hospitalidad tal y como lo definió Jacques Derrida, que considera que cada persona forma parte de la misma casa humana y debe ser respetada como tal, y reconoce después al Otro, no como diferente, sino como intrínsecamente igual.

A sus cincuenta años, contemplando su propio futuro, la Unión no tiene apenas que reafirmar los valores fundamentales que la cimientan, sino darles sobre todo una traducción práctica con la aprobación de una carta europea contra la xenofobia y el racismo, capaz de sancionar a los prevaricadores. Además, la Unión tiene que promover en su actuación internacional exactamente los mismos valores que defiende y aplica en su ordenamiento interno. Es la propuesta de una actuación internacional regida por los valores y no por una política de gran potencia lo que hace de la Unión un "bien público internacional", en feliz expresión de Celso Lafer. Pero para eso la Unión tiene que intervenir decisivamente en los grandes problemas mundiales -desde la guerra y la opresión hasta la pobreza o el cambio climático-. Tiene que ser una activa promotora de un civismo planetario, de esa propuesta de "sociedad mundo" de la que habla Edgar Morin.

Esta orientación debe materializarse antes que nada en su relación con sus vecinos, los del Mediterráneo y los del Este, a quienes la Unión debe extender la lógica de inclusión, poniendo el énfasis, como hizo en fases anteriores, en los objetivos de la democracia y de la cohesión social, empleando el libre mercado como un instrumento y nunca como un fin. Debe significar, también, una intervención decisiva para acabar con el genocidio de Darfur, para derrotar allí la manifestación más extrema del nacionalismo identitario que, después de las tragedias de Bosnia y de Ruanda, la comunidad internacional afirmó que "nunca más" volvería a tolerar.

En definitiva, mirando hacia el futuro, y en estos tiempos de conmemoración, la Unión debe hacer de la Europa mundo su nuevo gran proyecto, que tiene en el combate contra la intolerancia y contra el racismo, en la adhesión de Turquía y en la inclusión de los países vecinos sus próximas grandes etapas.

21:46 Écrit par SaGa Bardon dans Europa | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : europa, sociogenetica, tica, pro justitia et libertate |  Facebook |