19/05/2007

Solana, la cara española de Europa

Solana, la cara española de Europa

Permalink 19.05.07 @ 20:28:00. Archivado en Europa, España, Sociogenética, Pro pace

El discurso de la personalidad distinguida con el Premio internacional Carlomagno, durante la ceremonia de entrega de este premio en Aquisgrán, es la ocasión que esta personalidad suele aprovechar para presentar su concepción personal de la Unión Europea. Es lo que ha hecho este año Javier Solana de Madariaga, Alto Representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad, con ocasión de la ceremonia de entrega de su propio Premio internacional Carlomagno en la ciudad de Aquisgrán.

El acto tuvo lugar este 17.05.2007 en la sala de la Coronación del Ayuntamiento de Aquisgrán. Solana estuvo acompañado por el Rey Juan Carlos y por el ex presidente del gobierno Felipe González, así como por su esposa y sus dos hijos. El Rey y el ex presidente del gobierno son junto a Salvador de Madariaga, tío abuelo de Javier Solana de Madariaga, los únicos españoles que comparten esta distinción con otras personalidades que han contribuido a la construcción europea y/o a la paz mundial, como son los padres fundadores de la Unión, Jean Monet y Robert Schuman, Konrad Adenauer y Alcide de Gasperi, y políticos como Winston Churchill y Bill Clinton. El premio es un reconocimiento que concede la ciudad alemana, "a partir de una iniciativa popular de los ciudadanos de Aquisgrán, que comenzó su andadura en 1950", a la contribución a la construcción europea y a la paz mundial.

Cabe destacar la presencia en la ceremonia de Hans-Gert Poettering, presidente del Parlamento Europeo; Benita Ferrero-Waldner, comisaria de Relaciones Exteriores; Jean Claude Juncker, primer ministro de Luxemburgo; Frank-Walter Steinmeier, ministro de Exteriores de Alemania; y, en representación del Gobierno español, de Alberto Navarro, secretario de Estado de Relaciones con Europa. También asistieron a la ceremonia Narcís Serra, ex vicepresidente del Gobierno, y los ex ministros Jorge Semprún y Javier Gómez Navarro.

El directorio del Premio Carlomagno ve en el diplomático español un mediador en nombre de la Unión Europea en “todos los grandes conflictos de este mundo” –también, y sobre todo, por su actuación en los Balcanes. Esto y su “impresionante biografía personal”, dado que sufrió duros golpes bajo el régimen de Franco, le hacen digno merecedor del premio. El alcalde de Aquisgrán, Jürgen Linden, también ve en él al virtuoso “trabajador en la Casa Europa”. Según Linden, Solana, profesor de física de 65 años, representa la responsabilidad de Europa en la paz mundial.

Esta valoración no es compartida por los activistas de “Premio Carlomagno a Solana No”. En marzo publicaron un anuncio de periódico declarando que el “Premio Carlomagno de Aquisgrán” no se otorgaba en su nombre. Es una de esas acciones que demuestran una vez más, la intensidad con la que se identifican la ciudad y sus habitantes con el Premio Carlomagno. La guerra contra Yugoslavia en 1999 ha servido a esta plataforma ciudadana para protestar contra la entrega del premio al Secretario General del Consejo de Ministros de la UE. Como Secretario General de la OTAN en aquella época, Solana sería corresponsable de diversas acciones “contrarias al Derecho internacional”. Asimismo, desde su actual posición defiende una “progresiva militarización de la política exterior europea”, según la crítica principal.

Contrasta con esta opinión el apoyo francamente positivo del Deutsche Welle a la distinción concedida por la ciudad de Aquisgrán a Solana, cuyos méritos sintetiza en la frase: "Un esfuerzo sin igual por la paz en el mundo":

El jefe de la Política Exterior de la Unión Europea, Javier Solana, fue galardonado en Aachen con el Premio Carlomagno por sus esfuerzos por la paz a nivel internacional.

La entrega del Premio Carlomagno al alto representante de la Política Exterior y Secretario General del Consejo de la Unión Europea es una clara demanda a Bruselas y a los 27 estados miembro de la UE, para que nombren finalmente al diplomático Solana ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Europea.

Solana fue galardonado por su labor en pro de la paz e integración en Europa y el mundo, pero especialmente por el esfuerzo en el caso de los Balcanes y la ampliación de la UE.

En su discurso laudatorio el primer Ministro luxemburgués, Jean-Claude Juncker, honró la intervención política de Solana después de la dictadura franquista como un importante aporte a la democratización de España.

También Juncker se sumó en Aachen (Aquisgrán) a la demanda de nombrar a Solana ministro de Relaciones Exteriores de la UE. Juncker subrayó la intervención de Solana en pro de la estabilización del Cercano Oriente y de África y destacó especialmente los casos de Darfur y El Congo.

Paz y estabilidad en Europa

Solana trabaja siguiendo el método de la seguridad interrelacionada. Ha ordenado catorce intervenciones militares y civiles, con lo que ha logrado evitar muchas guerras. Solana es un arquitecto de la paz, la estabilidad y la seguridad en Europa.

Solana agradeció el galardón al que calificó anteriormente como el premio más importante que ha recibido en toda su vida. Se comprometió a seguir invirtiendo toda su energía en el proyecto europeo; hizo hincapié en la responsabilidad de Europa para la paz mundial y la importancia de que en el futuro hable con una sola voz.

Somos lo que hacemos

"Lo que hacemos en el mundo es el perfecto espejo de lo que somos. Hay una forma europea de resolver los conflictos internacionales y esta es la vía del diálogo, la cooperación, la creación de puentes y dar voz a aquellos a quienes se obliga a callar", dijo el jefe de la diplomacia europea.

Solana hizo hincapié en el legado de los fundamentos europeos, las leyes e instituciones sólidas y el esfuerzo sin cuartel por buscar el consenso y el compromiso, todo lo cual crea una base incomparable para solucionar conflictos.

Deutsche Welle

Vinculación del premio con el nombre del emperador Carlomagno

El premio, con el cual la ciudad de Aquisgrán suele honrar los méritos con respecto a Europa, lleva con razón el nombre del emperador Carlomagno. En efecto, el rey de los francos, que constituyó a Aquisgrán como capital de su reino, dio una contribución esencial a los fundamentos políticos y culturales de Europa y, por tanto, mereció recibir ya de sus contemporáneos el nombre de pater Europae. La feliz unión de la cultura clásica y de la fe cristiana con las tradiciones de diversos pueblos se realizó en el imperio de Carlomagno y se ha desarrollado de varias formas como herencia espiritual y cultural de Europa a lo largo de los siglos. Aunque la Europa moderna presenta, en muchos aspectos, una realidad nueva, en la figura histórica de Carlomagno se puede ver un elevado valor simbólico.

Juan Pablo II.

Hace sólo tres años, el Miércoles 24 de marzo de 2004, el anciano Papa Juan Pablo II, muy cerca ya de su muerte, presentaba de manera particularmente incisiva su concepción personal de la Unión Europea, en el Discurso que pronunció durante la ceremonia de entrega del PREMIO INTERNACIONAL CARLOMAGNO.

¿Con cuál Europa se debería soñar hoy? Permitidme trazar aquí un rápido esbozo de la visión que tengo de una Europa unida.

Pienso en una Europa sin nacionalismos egoístas, en la que se considere a las naciones como centros vivos de una riqueza cultural que merece ser protegida y promovida en beneficio de todos.

Pienso en una Europa en la que las conquistas de la ciencia, de la economía y del bienestar social no se orienten a un consumismo sin sentido, sino que estén al servicio de todo hombre que pase necesidad y de la ayuda solidaria a los países que tratan de alcanzar la meta de la seguridad social. Ojalá que Europa, que ha sufrido a lo largo de su historia tantas guerras sangrientas, se convierta en un factor activo de la paz en el mundo.

Pienso en una Europa cuya unidad se funde en la verdadera libertad. La libertad de religión y las libertades sociales han madurado como frutos valiosos en el humus del cristianismo. Sin libertad no existe responsabilidad: ni ante Dios ni ante los hombres. Sobre todo después del concilio Vaticano II, la Iglesia ha querido dar un amplio espacio a la libertad. El Estado moderno es consciente de que no puede ser un Estado de derecho si no protege y promueve la libertad de los ciudadanos en sus posibilidades de expresión, tanto individuales como colectivas.

Pienso en una Europa unida gracias al compromiso de los jóvenes. Los jóvenes se comprenden entre sí con gran facilidad, más allá de los confines geográficos. Pero, ¿cómo puede nacer una generación de jóvenes que esté abierta a la verdad, a la belleza, a la nobleza y a lo que es digno de sacrificio, si en Europa la familia ya no se presenta como una institución abierta a la vida y al amor desinteresado? Una familia de la que también forman parte los ancianos, con vistas a lo que es más importante: la mediación activa de los valores y del sentido de la vida.

La Europa que tengo en la mente es una unidad política, más aún, espiritual, en la que los políticos cristianos de todos los países actúan conscientes de las riquezas humanas que lleva consigo la fe: hombres y mujeres comprometidos a hacer que esos valores sean fecundos, poniéndose al servicio de todos para una Europa del hombre, sobre el que resplandezca el rostro de Dios.

Este es el sueño que llevo en mi corazón y que en esta ocasión quisiera confiarle a usted y a las generaciones futuras.

Me ha parecido interesante recordar esta concepción personal de la Unión Europea de Juan Pablo II, para que mis lectores puedan compararla con la de Javier Solana de Madariaga, Alto Representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad.

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Mi Europa
por Javier SOLANA de MADARIAGA
Alto Representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad Común.

18/05/200

Nuestra tierra común está llena de contradicciones. Los europeos hemos escalado las cimas más sublimes del conocimiento y de la sensibilidad: Cervantes, Beethoven, la Ilustración, los derechos humanos, la pasión por la igualdad o el Estado del Bienestar. Pero hemos descendido también a los abismos más profundos del dolor que un ser humano pueda causar a otro. En muchos momentos no ha resultado ser descabellada la frase del escritor Amos Oz: "Europa, ese continente maravilloso y asesino".

Y es también muy ilustrativo del ser europeo que fueran los horrores de las Guerras Mundiales los que inspiraran una idea nueva y radical para la unificación del continente. Intentos había habido desde largo tiempo, pero el proyecto alumbrado tras la tragedia es decididamente nuevo y genial: la unidad en libertad; la paz a través de la apertura y la integración. La semilla dio un hermoso fruto. Ha creado una comunidad de Derecho, lo que considero nuestro mayor logro. Hace ya más de medio siglo que la paz y la estabilidad son realidades cotidianas de nuestro continente. Y no son fruto del equilibrio de poderes como antaño, sino consecuencia de normas e instituciones sólidas que se mantienen más allá de los avatares de la lucha política.

Pero eso es sólo una parte de lo que hace a la Unión Europea tan especial. La otra es los valores sobre los que se funda. La esencia de la Unión es el compromiso con un conjunto de valores compartidos. Democracia, tolerancia, derechos humanos, solidaridad y justicia social. Son esos valores los que sustentan nuestras leyes y nuestras instituciones y las hacen sólidas. Son los que nos convierten en una Unión política, más allá del vínculo económico. Es un logro, de proporciones históricas, basar un proceso de integración en un conjunto de valores. Por eso tuvo y tiene pleno sentido condicionar la entrada en la Unión a la aplicación real de esos valores y al compromiso de defenderlos. El genio de los padres fundadores fue dejar abierta, sin respuesta, la pregunta sobre el destino final de este proyecto. Políticamente esa actitud era la única posible ya que no podía haber acuerdo sobre ese estadio final. Ni tenía sentido tratar de adivinar el futuro.

Esta reflexión me lleva de los valores de Europa a Europa como valor; de su esencia a su propósito. No es difícil enunciar este propósito: si compartimos nuestros recursos y trabajamos juntos podremos moldear nuestro futuro de manera más brillante y prometedora de lo que ninguno de nosotros podría hacerlo actuando solo. Esto es aún más importante en un mundo en el que se han desencadenado fuerzas y movimientos que ningún gobierno puede controlar o detener. En el que seguimos conviviendo con la violencia, la opresión y la pobreza extrema. Un mundo en el que muchos no comparten nuestro compromiso con el multilateralismo y el Imperio de la Ley.

Estoy convencido de que debemos continuar por la senda de la construcción europea. En el pasado nos hemos apoyado en un tríptico muy particular: ampliar, profundizar, reformar. Cada uno de estos elementos ha dependido del otro para tener éxito; incluso para tener sentido. Con la ampliación hemos reunificado Europa sin imponer nada a nadie, simplemente por la enorme atracción que ha ejercido la Unión sobre el resto de los Estados europeos. Es un éxito histórico.

Pero la Unión es un proceso, una labor continua. Y precisamente por ello, albergo la convicción de que necesitamos cambios. En diversos campos: en qué cosas hacemos y en cómo las hacemos; en cómo nos comunicamos con los ciudadanos, en cómo gastamos su dinero, en cómo nos relacionamos con el mundo.

Pero por encima de todo, necesitamos salvaguardar la capacidad de Europa para actuar. El mundo está cambiando muy rápidamente. Nuevos actores se incorporan a los centros de poder y decisión; cambian también los grandes flujos económicos; las tendencias del pensamiento se alejan en muchos casos de nuestro modelo humanista; la innovación científica y tecnológica se extiende a regiones del mundo donde hubiera sido impensable encontrar ese tipo de conocimiento hace sólo unas décadas. Ante esos cambios profundos, ante esos retos de alcance impredecible, lamento tener que constatar que nuestra Unión está reaccionado con una paralizante estrechez de miras. Cuando más alerta debemos estar, cuando más demanda de Europa hay en el mundo, la Unión se ha replegado sobre sí misma en una estéril crisis institucional. No podemos continuar así. Debemos resolver esto cuanto antes, en este año 2007. Deseo por ello apoyar sin la menor reserva los esfuerzos de la canciller doctora Merkel para poner fin al paréntesis en el que nos encontramos y volver a situar a Europa sobre bases sólidas para afrontar el futuro.

Y debemos abordarlo con decisión porque Europa significa no sólo grandes ideas, sino también realizaciones concretas. Ha habido muchas, y de gran importancia: el mercado único, el euro, la ampliación, el desarrollo de capacidades para llevar a cabo operaciones militares y civiles de gestión de crisis. Pero nuestros ciudadanos quieren algo más que un mercado y un proyecto de estabilización regional. También quieren que la Unión sea un actor global. Y quieren que, al actuar globalmente, sea un factor de paz.

La política internacional sólo se puede hacer hoy en día desde plataformas continentales. Europa tiene intereses que preservar, amenazas a las que hacer frente, problemas que le afectan y debe resolver. Para cumplir estos objetivos tenemos que desarrollar una auténtica política exterior y una política de defensa y seguridad. En los últimos años hemos avanzado mucho por este camino, pero lo hemos hecho gracias a la convicción y al trabajo duro, a la buena voluntad de muchos, llegado el caso, improvisando soluciones según aparecían los problemas. Y estamos muy cerca del límite de lo que se puede conseguir por ese camino. Nadie mejor que nosotros los europeos sabe que si se quiere que las políticas duren deben sustentarse en instituciones. Sólo podremos desarrollar una auténtica política exterior si nos dotamos de las estructuras necesarias.

Hay una relación muy especial entre política exterior y construcción europea. Como ya he señalado, es evidente el interés en actuar juntos en un mundo en el que Europa sólo puede influir si actúa colectivamente. Pero ésa es sólo una parte de cómo la política exterior contribuye al proyecto europeo. La otra aparece cuando se reflexiona sobre el vínculo, sutil y fructífero, entre identidad y política exterior. Estoy profundamente convencido de la causalidad inmediata entre cómo nos definimos y cómo actuamos en el exterior. Lo que hacemos en el mundo es fiel reflejo de lo que somos. Hay una forma europea de hacer las cosas en el mundo, de abordar los problemas internacionales: dialogar, cooperar, tender puentes, y también proteger al vulnerable, hablar en nombre de aquel al que obligan a callar.

Pero la relación entre identidad y política exterior se manifiesta en los dos sentidos. Actuamos reflejando lo que somos, pero también ese "somos", ese proyecto europeo, se va moldeando según actuamos juntos. Nuestras experiencias conforman lo que queremos ser. Tenemos que actuar en un mundo cada día más complejo, y en algunos aspectos, más peligroso. Un mundo en el que asistimos a un renacimiento de políticas excluyentes, que se definen muchas veces por simple oposición al otro. Pero, y quiero subrayarlo, ninguna de esas políticas se define frente a Europa: somos vistos como parte activa pero no como factor de amenaza. Y es así por el legado de la idea inicial sobre la que nos fundamos: leyes e instituciones sólidas; búsqueda sin descanso del consenso, espíritu de compromiso. Ello nos permite jugar un papel único en la solución de muchos problemas.

Tomemos la cuestión de las armas nucleares y del desarme. El sistema instaurado para evitar la proliferación de este tipo de armas está hoy sometido a serias tensiones. Este sistema se basa en un delicado equilibrio entre tres pilares que deben progresar en paralelo: la no-proliferación, el desarme y la transferencia de tecnología. El problema es que, en estos momentos, un número importante de países, en particular entre los no alineados, consideran que hay un desequilibrio creciente entre esos tres pilares. Por esta razón, existe un riesgo cierto de que terminen abandonando este marco multilateral, como respuesta a una situación que perciben como injusta y perjudicial para su desarrollo energético. O la situación de muchos países africanos, con razón más preocupados por la proliferación de las armas ligeras que causan la muerte de miles de personas cada año y son un factor de inestabilidad permanente.

Pues bien, puedo asegurarles que la Unión Europea es, seguramente, el actor mejor situado, con el necesario capital político y acreedor de confianza entre todas las partes implicadas, para iniciar un proceso de diálogo que pueda resolver esta grave situación.

La construcción europea arranca con la voluntad de sellar la paz entre Alemania y Francia. Cuarenta años después ha sido la clave en la reunificación pacífica del continente. En Europa hemos sido capaces de abandonar el viejo y estéril concepto de basar nuestra seguridad en la debilidad del otro. Ahora sabemos que seremos fuertes y prósperos si nuestros vecinos lo son. Y debemos dar el siguiente paso: ser factor de paz en la Comunidad Internacional. La juventud europea es generosa. Participa masivamente en multitud de acciones destinadas a paliar la situación de los que más sufren. He recorrido tres continentes visitando las misiones de la Unión en las que policías, soldados, jueces, jóvenes europeos de todo origen luchan por la paz. Lo que empezó como un proyecto de paz europeo debe en el siglo XXI ser un factor de paz en el mundo. Nuestros jóvenes estarán sin dudar tras un proyecto de esta naturaleza. Porque son los principales portadores de un sueño, el sueño de un mundo así. Nuestros ciudadanos lo demandan. Es lo que se espera de nosotros fuera de Europa. Tenemos los medios: somos 500 millones, generamos un cuarto del producto bruto mundial, la primera potencia comercial, representamos la mitad de la ayuda al desarrollo. Con estos materiales se debe construir mucho y muy alto.

Europa, un actor global. Hablando con una sola voz. Factor decisivo en la paz y la estabilidad mundiales. Elemento insoslayable en la solución de cualquier conflicto o crisis internacional. Punto de referencia para un mundo basado en normas e instituciones sólidas y respetadas. Ésa es mi Europa. Y creo de todo corazón, que ese puede y debe ser el próximo logro del gran proyecto europeo. Tenemos la capacidad. Pongamos la voluntad política. Y hagámoslo realidad.

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Este texto es la parte central del discurso que Javier Solana pronunció ayer en Aquisgrán con motivo de la recepción del Premio Carlomagno.

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16/05/2007

La unidad hace la fuerza

La unidad hace la fuerza

Permalink 16.05.07 @ 17:43:00. Archivado en Europa, Sociogenética

Nicolás Sarkosy, nuevo presidente de la república francesa, ha sellado su discurso de toma de posesión abrazando y besando tiernamente a su esposa Cecilia.

Este gesto conyugal, cuyo simbolismo interpela a los franceses, amenazados por los demonios de la desunión tanto en las familias como en la sociedad, se ha transformado inmediatamente en el mejor icono de la unidad que el nuevo presidente desea para crear una Francia fuerte.

En el plano de la gestualidad, el beso conyugal, no previsto por el protocolo, da cuerpo a las frases que el presidente ha consagrado en su discurso inaugural a la prioridad del Bien Común como objetivo de los esfuerzos y de la ilusión de todos los franceses: "Estoy dispuesto a trabajar con todos los que aman el país; para mí el servicio a Francia es una fe... Para servir a Francia no hay campos, sino solamente las competencias, las ideas y las convicciones de aquellos que ponen por delante el interés general".

Es sabido que el presidente, favorable a abrir su Gobierno tanto al centro como a la izquierda, ya ha ofrecido importantes ministerios a antiguos ministros socialistas del presidente François Mitterrand. La misma voluntad de abertura ha quedado ilustrada por el gesto de haber confiado al portavoz de Mitterrand, el escritor Max Gallo, la introducción del homenaje a las treinta y cinco jóvenes resistentes víctimas de los nazis, a los que mató la Gestapo en el Bosque de Boulogne en agosto de 1944, justo antes de la liberación de París. Esta ceremonia ha tenido lugar esta tarde en el lugar de los hechos, muy cerca de la localidad de Neuilly de la que fue alcalde y diputado Nicolás Sarkozy.

Portal del escritor Max Gallo.

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08/05/2007

Ejemplaridad francesa, 2/2

Ejemplaridad francesa, 2/2

Permalink 08.05.07 @ 20:15:41. Archivado en Europa, España, Sociogenética, Pro justitia et libertate

La oposición socialista

En estas elecciones, los franceses tenían ante sí dos proyectos de sociedad completamente distintos, y han optado por el que han creído más razonable. Quien ponga en duda esta verdad es porque cierra los ojos ante la evidente seriedad con que los franceses se han tomado la doble convocatoria de esta elección presidencial.

Que las consecuencias sean muy importantes, cabe deducirlo de la importancia y el poder que la Constitución vigente atribuye al presidente, cuya legitimidad deriva directamente del voto directo de su pueblo: se trata de la suprema instancia de la jerarquía política en Francia, cuyo poder es superior al de todas las monarquías costitucionales existenes actualmente en Europa.

No exageran quienes estos días recuerdan un tópico de la politología a propósito de los presidentes franceses de la V República: Luis XIV, conocido como El Rey Sol, es el arquetipo ideal al que quieren parecerse todos los presidentes de la «République», no por simple egolatría, que también, sino sencillamente porque así lo quiere el pueblo que los elige. Paradógicamente este pueblo, cuyos antepasados guillotinaron a su monarca hereditario, borrando explícitamente su derecho divino, quiere que su presidente sea por un tiempo determinado monarca elegido de derecho democrático.

"No tardarán mucho los ideólogos de guardia de la izquierda en empezar a advertir que los ciudadanos se han equivocado y que esta decisión llevará a Francia a la catástrofe, o a la violencia, como llegó a decir la candidata socialista, Ségolène Royal, en el debate televisivo de hace unos días. Más les valdría a los socialistas empezar a pensar en resolver antes sus propios problemas, porque, en efecto, para el PS empieza una larga travesía del desierto, y no cualquier desierto: si no resuelven sus querellas fratricidas, aclaran sus ideas y piensan en una refundación, corren el riesgo de quedarse dando vueltas entre las dunas, esperando el maná de una casualidad". (ABC)

Dominique Strauss-Khan dijo ayer ante las cámaras de televisión: "Es la tercera derrota consecutiva de la izquierda, es una catástrofe que viene del hecho de que este partido no ha sabido hacer su renovación... Y yo estoy dispuesto a hacerla".

Nótese que Dominique Strauss-Khan no ha perdido tiempo para declarar que ésta ha sido una gran derrota de la izquierda, la tercera, y que él está decidido a luchar por el liderazgo de un PSF que debe girar de manera definitiva hacia la socialdemocracia y también hacia la modernidad: «Hemos sufrido un inmenso fracaso. Es nuestra tercera gran derrota en una elección presidencial. Jamás en la historia política reciente han estado tan hundidas todas las izquierdas. La izquierda socialista no ha sabido renovarse. El PS debe afrontar con urgencia la gran renovación socialdemócrata que no hemos sabido realizar hasta ahora".

Confesiones de otro importante dirigente socialista: "La posibilidad de que el partido se rompa, aunque no de forma inmediata, no es descartable. Esta campaña ha puesto en evidencia que la izquierda ha adelgazado sensiblemente en Francia. No sólo los partidos de la izquierda radical, sino en su conjunto. Las llamadas que en la última fase de la campaña hicieron algunas figuras históricas del PS, como Michel Rocard o Bernard Kouchner, hacia un pacto con el centrista François Bayrou, siguen resonando, aunque en la sede parisiense de la calle Solferino no se las quiera escuchar".

Este dirigente socialista añade: "En cuanto a Ségolène Royal, todo depende de cómo se valore el resultado y de la correlación de fuerzas que quede en el partido". Strauss-Khan, agregaba la citada fuente, "intentará controlar el partido".

Son muchos los cuadros del partido socialista que ahora, tras la derrota, lamentan haber realizado las elecciones primarias que el pasado otoño supusieron la elección de Ségolène Royal como candidata a la presidencia: "Las heridas de aquella guerra interna, con sus golpes bajos y sus inevitables agresiones, no habían tenido tiempo de cicatrizar cuando arrancó la campaña electoral", apuntaba un antiguo ministro del presidente socialista François Mitterrand. Y matiza que el supuesto boicot, o al menos un cierto desinterés de los derrotados durante la campaña electoral no fue premeditado. "No fue tanto ella la que no abrió la puerta de su equipo de campaña a los derrotados, sino también ellos quienes se sintieron cohibidos cuando todavía se lamían las heridas". Y añade: "Conclusión: no celebraremos más elecciones primarias en el futuro".

El aparato del PS está manifiestamente dividido. Hay, al menos, tres grandes corrientes: la derecha socialdemócrata representada por Dominique Strauss-Khan; el centro, encabezado por Hollande, y la izquierda ortodoxa del ex primer ministro Laurent Fabius.

Lo que ya ayer noche aparecía como evidente era que no había salido ningún acuerdo de la reunión del Consejo Nacional del PS, que había tenido lugar a las siete de la tarde, cuando ya estaba clara la derrota de su candidata. "Mañana tendremos la revancha del aparato", señalaba un militante. "Entraremos en una crisis", añadía. "Hay varios dirigentes que quieren acabar con el partido tal como existe y construir un nuevo partido de izquierdas, abierto a las tendencias postsocialistas y parasocialistas: tendremos este debate", apuntaba un miembro del Consejo.

Ségolène Royal se ha presentado como una socialista moderada. Su única opción, para intentar ganar las elecciones, estaba en abrirse al centro, pues la reserva de votos a su izquierda era casi inexistente. Ayer, en un ejemplar reconocimiento de su derrota, un minuto después de cerrados los colegios electorales y anunciarse el resultado de los sondeos, llamó a "renovar la izquierda, más allá de sus fronteras actuales". Ségolène Royal piensa ya, con un realismo muy propio de su talante, en las elecciones legislativas de junio, viendo un más allá de ayer, y haciendo ver a sus partidarios que no le falta coraje para emprender un nuevo camino sembrado de sangrientas espinas más bien que de rosas rojas.

La participación, que rozó el 85%, la más alta desde 1981, muestra que pese a la claridad de su victoria, el nuevo presidente francés no puede prescindir de los millones y millones de franceses que votaron por Ségolène Royal, y concretamente en contra suyo. Por eso, Nicolas Sarkozi, en su primer discurso de presidento electo, se dirigió nominalmente a la derrotada candidata socialista -con la que ya había hablado por teléfono- y a sus numerosos electores. "Le quiero decir a Royal que tengo respeto por ella y por sus ideas con las que tantos franceses se han identificado", dijo. Y a los exaltados que silbaron desde un lado de la sala, al oír la referencia a la oposición, les replicó: "Respetar a Royal es respetar a los millones de franceses que han votado por ella. Un presidente de la República debe serlo de todos los franceses. Hay una sola Francia. Seré el presidente de todos los franceses. Ésta no es la victoria de una Francia contra otra; es la victoria de la democracia".

Errores estratégicos

Los socialistas han cometido errores muy graves de estrategia en su campaña electoral. El error original fue el frentismo a la española que, desde el comienzo de la campaña, concibió un estéril frente anti-Sarkozy. Además, en las fechas inmediatas a la segunda vuelta, han jugado con la amenaza de una rebelión popular en los barrios periféricos en los que ya explotó la violencia cuando el presidente electo era ministro del Interior. Han exagerado, asimismo, con las propuestas del programa de Sarkozi acerca de la seguridad, como si ésa fuese la única cuestión que le preocupa o como si la candidata socialista no deseara un país más seguro. La candidatura de Sarkozi ha tenido el mérito de ser la única que se ha presentado como un programa positivo, no contra los demás o contra el adversario como lo ha hecho la socialista.

El supremo error fue el insoportable tono de arrogancia moral exhibido por Ségolène Royal, durante El Debate televisivo de la segunda vuelta. Esta arrogancia, tan rutinaria en España durante la presente legislatura, es ya casi un tic socialista, copiado por los franceses de los socialistas españoles que, carentes de razones, acuden sistemáticamente a la descalificación de la oposición, acusando por sistema a su adversario de «inmoralidad política» como si ellos fueran los depositarios de la corrección moral. Actitud zapateril que redondeó anteayer al asegurar que con Sarkozy la democracia «está amenazada» y su triunfo provocará «violencia y brutalidades». En el climax del Debate y muy en el tono de la perfecta «Zapatera», sacrificó el talento en aras del talante.

Hoy sabemos que las llamadas al miedo se han vuelto contra quienes las lanzaron, y esperamos que la irresponsable y desestabilizadora incitación al desorden callejero que lanzó una irreconocible Ségolène Royal, en las últimas horas, no sea tampoco atendida por sus propios seguidores inoportunemente exaltados.

Finalmente es de destacar como error anticonstitucional la tentación socialista de echarle la culpa al sistema existente, proponiendo nada menos que una refundación del Estado, casi a la manera populista latinoamericana. Mientras Sarkozy pretende jugar de la manera más realista posible dentro del marco constitucional de la V República, Ségolène Royal, de nuevo siguiendo ejemplos tercermundistas, sugiere la refundación de una VI República.

Los centristas

François Bayrou se presentó como «juez centrista» contra la tentación del «poder absoluto». La emergencia de este candidato centrista podría contribuir a la ruptura de un Partido Socialista que deberá preguntarse cuál es su lugar en Francia. "El poder absoluto puede ser muy confortable", dijo ayer Bayrou, "se puede hacer lo que se quiere, no hay oposición. Pero es sólo apariencia, porque tampoco hay nadie que pueda impedir equivocarse. Hay que equilibrar el poder. Éste es el envite de las legislativas".

Los cerca de siete millones de electores que votaron por el centrista François Bayrou en la primera vuelta, que interiorizaron el mensaje de la necesidad de un centro político escorado hacia la izquierda, y que ayer, según las distintas encuestas, se dividieron casi a partes iguales por uno y otro candidato, pueden acabar forzando al PS a hacer la siempre aplazada transición hacia la socialdemocracia, o pueden acabar provocando una ruptura en el partido.

Incidentes deplorables

Al menos 270 personas detenidas y 367 coches quemados. Es el saldo de la primera noche de incidentes en varias ciudades de Francia en protesta por la victoria del candidato conservador, Nicolas Sarkozy. Las protestas han comenzado en París, en la plaza de la Bastilla, el lugar donde tradicionalmente la izquierda celebra sus victorias, y se ha extendido a otras ciudades por todo el país.

El primer secretario del Partido Socialista (PS) y compañero sentimental de Ségolène Royal, François Hollande, ha hecho un llamamiento "a la calma y a la coherencia". Hollande ha invitado a los 18 millones de franceses que han votado por la candidata socialista a que "se traguen su ira, su frustración" y que dirijan toda su "energía" a las elecciones legislativas del próximo mes de junio.

Identidad: heredero, por su madre, de una familia hispano-judía

Los ciudadanos han elegido como su presidente a un hijo de emigrantes, lo que representa una señal que no puede dejar de ser tenida en cuenta en momentos en que el fenómeno de la inmigración está poniendo a prueba la capacidad de absorción de una sociedad que había hecho blasón de su generosidad y apertura al mundo. Francia demuestra que sigue estando abierta para los que quieren ser franceses y trabajar para este país, ya sea en la selección nacional de fútbol o en el Elíseo. Pero también, como Sarkozy recordaba ayer mismo en su primera alocución, tras su triunfo electoral, que la integración exige al inmigrante que esté dispuesto a agradecer con su propia resiprocidad generosa lo que la sociedad de acogida le ha entregado.

Nadie le puede negar a este político conservador, parisiense de 52 años, su determinación. Es la primera vez que alguien con orígenes extranjeros llega a la presidencia de la República francesa: su padre era un exiliado húngaro que huyó del comunismo tras la II Guerra Mundial y su abuelo, Benedicte Mallah -una persona que tuvo una enorme influencia en su formación después de que su padre les abandonase-, un judío sefardí de Salónica.

Aunque procede de una familia burguesa y se crió en barrios acomodados, no estudió, como muchos dirigentes franceses, en las grandes écoles o en la ENA (Escuela Nacional de la Administración), que ha formado generaciones de políticos y funcionarios; sino en la Universidad París X, donde cursó Derecho, tras no poder entrar en Ciencias Políticas.

Es, como escribió recientemente en The International Herald Tribune el gran columnista estadounidense afincado en París William Pfaff, "una figura digna de Balzac": "Un aventurero devorado por la ambición que se abre camino en la ciudad y que, gracias a una gran habilidad y una energía inagotable, llega hasta el objetivo que ha perseguido toda su vida. Podría ser un hombre de derechas o de izquierdas, porque su compromiso es con el éxito", prosigue Pfaff. "Es hiperactivo, es ambicioso, es un trabajador inagotable, un workalcoholic que nunca descansa", ha escrito la periodista Anita Hausser, autora de una biografía de Sarkozy.

La victoria de Sarkozy, por contraste con la de Chirac frente a Le Pen, ha sido fruto de una larga batalla en la que el candidato de la UMP ha tenido que luchar contra todo tipo de conspiraciones, incluyendo muchas dirigidas desde el entorno del propio Chirac. Tal vez a causa de esta hostilidad, Sarkozy ha sido capaz de hacer llegar a los votantes el mensaje de que su candidatura representaba el cambio regenerador que el país necesita, a pesar de que lo decía como miembro del actual Gobierno y como presidente del partido político que ha apoyado a Chirac durante sus dos mandatos.

20:38 Écrit par SaGa Bardon dans Europa | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : espa a, sociogenetica, pro justitia et libertate |  Facebook |