27/04/2007

Inconformismo judío

Inconformismo judío

Permalink 27.04.07 @ 16:00:00. Archivado en Sociogenética, Ética, Religiones, Pro justitia et libertate

En la Gran Sinagoga de Roma, al pronunciar intencionadamente mi segundo apellido separando las dos sílabas, la venerable señora que me recibió maternalmente como visitante, en el verano de 1972, me tomó por alguien de la familia. Para ella yo era un "hijo de Don". Además llevaba el nombre de un santo arzobispo alemán, que en el siglo once (982-1053) protegió a los judíos en la ciudad de Maguncia, razón por la cual más de un judío italiano da este nombre a alguno de sus hijos.

Confieso que ambas explicaciones no solamente coincidían con datos que yo conocía desde hacía ya muchos años, sino que cada vez que los recuerdo o me los recuerdan me llenan de satisfacción. Al igual que a San Ignacio, el fundador de los jesuitas, me hubiera gustado nacer judío, porque así hubiera pertenecido a la familia de Jesús y heredado como él de la fe de su pueblo el inconfundible inconformismo judío, que hace de este pequeño pueblo de creyentes en un solo Dios y enemigos acérrimos de toda idolatría un pueblo redentor para el mundo entero.

A quien dude del inconformismo de Jesús o se escandalice del mío, modesta imitación del suyo, le recomiendo que lea los evangelios. Si el que alimenta esta duda es un clérigo, me permito advertirle que su formación teológica deja mucho que desear. Si además practica el clericalismo, como le sucede ahora a demasiados clérigos tanto en la Polonia de los gemelos integristas Kaczynski como en la España de los nostálgicos del nacional-catolicismo, le recuerdo la valiente actitud de Jesús contra el clericalismo de su tiempo, que le valió el ser acusado por las autoridades del Templo de prohibir el pago de los impuestos al César y de reclamarse rey de los judíos (Luc 23:1-2), siendo puesto por estas mismas autoridades en manos del gobernador romano, que lo condenó a morir en la cruz.

Quien ahora sufre persecución por su inconformismo judío es Bronislaw Geremek, cuyo mandato de parlamentario europeo es puesto en entredicho por el actual gobierno integrista polaco. He aquí, resumida por José COMAS, la historia ejemplar de este hijo de un rabino judío

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Un historiador comprometido.
Geremek, hijo de un rabino judío, siguió una carrera política en Solidaridad

por José COMAS - Berlín - 27/04/2007

El historiador Bronislaw Geremek era en los años de la dictadura comunista un contacto casi obligado para los enviados especiales que viajaban a Polonia. Brillante analista y certero en sus diagnósticos, Geremek acudía modesto a las citas en cafés de Varsovia, donde con paciencia exponía sus ideas al periodista ignorante que trataba de desentrañar la complicada realidad polaca en vísperas del estallido que dio origen al sindicato independiente Solidaridad. Años después se invirtieron los papeles y era el periodista el que acudía a un lujoso hotel de Madrid a entrevistar al ministro de Exteriores de Polonia en su condición de presidente de turno de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa. De por medio, el derrumbe del comunismo y el fin del orden establecido en Europa por la conferencia de Yalta.

Geremek nació en Varsovia en 1932, hijo de un rabino judío. Con siete años, los invasores alemanes les internaron a él y a sus padres en el gueto de la capital polaca, de donde un día sacaron al padre para llevarlo al viaje sin retorno que conducía al campo de exterminio de Auschwitz. El joven, que fue testigo de los sufrimientos de los judíos, se salvó cuando, junto con su madre, un polaco los sacó en 1943 antes de la sublevación del gueto, ferozmente reprimida por las fuerzas ocupantes. Sobrevivió a la persecución nazi en una aldea polaca y su salvador representó el papel de padre el resto de su vida.

De regreso a Varsovia, en 1950, con 18 años, Geremek ingresó en el Partido Obrero Unificado Polaco (POUP, comunista), en el que militó hasta 1968, y lo abandonó tras las persecuciones antisemitas y la invasión de Checoslovaquia por las fuerzas del Pacto de Varsovia. Mientras tanto, ya había estudiado historia y especializado en la Edad Media, viajado a Francia, donde trabajó en la Sorbona. Vio quebrada su carrera académica en Polonia, el nombramiento para una cátedra, como castigo por su salida del partido comunista.

Al regreso de una estancia de estudios en Estados Unidos en 1978 se sumó al Comité de Protección de los Obreros (KOR), donde coincidió con otras dos figuras de la oposición polaca con similares antecedentes de judíos y comunistas, Jacek Kuron y Adam Michnik.

Cuando estalló la huelga del Báltico todos ellos se sumaron al equipo de asesores de Lech Walesa y de Solidaridad. Como consecuencia de ello, con la declaración de ley marcial el 13 de diciembre de 1981 el régimen internó a Geremek durante un año. En 1983 lo detuvieron de nuevo y las autoridades le sugirieron que abandonase Polonia, posibilidad que se negó a aceptar. En 1985 le expulsaron de su cargo docente en la universidad.

Tras la caída del comunismo siguió una carrera política que le llevó a altos cargos. Lech Walesa quiso encargarle la formación de Gobierno, pero el plan fracasó en parte por prejuicios antisemitas que ya se habían manifestado en forma vergonzante en los días de asesor del sindicato. Estos prejuicios eran del todo injustificados, porque no lo educaron en la religión, historia o cultura judías.

Con su negativa a someterse a la lustración o caza de brujas que pretenden imponer los Kaczynski, Geremek no hace sino mantener la coherencia intelectual que ha caracterizado toda su vida.

Información complementaria: BRONISLAW GEREMEK - Eurodiputado liberal polaco, ENTREVISTADO por ANA CARBAJOSA:
"Polonia se mueve en un universo que recuerda al de George Orwell"

"En mi país se está poniendo en peligro el funcionamiento de las instituciones"

"Varsovia utiliza el conflicto y la división de la sociedad como forma de gobierno"

Ha sido el eurodiputado liberal polaco Bronislaw Geremek el encargado de levantar la espita de la olla de presión polaca, al boicotear la ley con la que Varsovia pretende que en los centros de poder político e intelectual del país no quede ni rastro del pasado comunista. Con este fin, el Gobierno conservador de los gemelos Kaczynski ha puesto en pie una ley que obliga a políticos, periodistas y académicos a dejar por escrito que no fueron informantes del régimen comunista. Geremek (Varsovia, 1932), ex ministro de Exteriores y antiguo activista de Solidaridad, el sindicato que contribuyó a la caída del régimen hace 17 años, se ha negado a firmar la declaración.

Su boicoteo le puede costar el puesto de eurodiputado, pero según explicó ayer en una entrevista telefónica con este diario {El País}, Geremek pretende que su acción propicie "la movilización de la opinión pública" contra "una ley antidemocrática que vulnera los derechos de los ciudadanos, la libertad de expresión de los medios de comunicación y la de cátedra". Y dice que ha decidido dar un paso adelante, porque "hace un tiempo que en Polonia se está poniendo en peligro el funcionamiento de las instituciones democráticas..."

16:17 Écrit par SaGa Bardon dans Etica | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : religiones, sociogenetica |  Facebook |

19/04/2007

Preocupante xenofobia electoral

 

Preocupante xenofobia electoral

Permalink 19.04.07 @ 20:12:00. Archivado en Universidades, Sociogenética, Ética, Pro justitia et libertate

La fotografía que ilustra este artículo prefigura lo que puede ser la elección presidencial francesa del próximo fin de semana.

Sarkozy se frota con fuerza las narices e incluso parece que se las va a tapar, porque del electorado le llega un tufo que personalmente le resulta asfixiante. Su imagen de amenazado por la asfixia puede que sea ya el prólogo de la crónica que el electorado neofrancés está escribiendo de su muerte política anunciada.

Detrás de él Azouz Begag (Lyon, 1957), que fue ministro para la Igualdad de Oportunidades del Gobierno de Dominique de Villepin, sonríe, no porque le guste ese tufo que molesta a su antiguo colega de gobierno, sino porque constata muy a su pesar que sus peores previsiones se van a cumplir. Si él dimitió del gobierno, para apoyar la candidatura a la presidencia del centrista François Bayrou, es porque veía venir lo que ya se ve llegar.

La actitud de este brillante economista, sociólogo y escritor, de origen magrebí, no es baladí. Nacido en un suburbio desfavorecido de Lyon, el ex pometedor ministro de la Igualdad de Oportunidades Azouz Begag, hoy desencantado, encarna a un tiempo para muchos nuevos franceses hijos de la inmigración, tanto el sueño de la ascensión social, que proclama el modelo republicano francés, como la decepción de quienes se han topado en su penosa ascensión social con las fieras furias de la xenofobia, del racismo y de la intolerancia.

He aquí el pronóstico clarividente de nuestro colega Azouz Begag sobre la preocupante xenofobia electoral que detecta como clima de la elección presidencial francesa del próximo fin de semana.

En este clima lo peor que podría suceder es que Sarkozy ganara las elecciones.

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ENTREVISTA: Elecciones presidenciales en Francia: AZOUZ BEGAG Ex ministro para la Igualdad de Oportunidades
"Si Sarkozy gana las elecciones, será la guerra anunciada"

por J. M. MARTÍ FONT
- París - El País 18/04/2007

Azouz Begag (Lyon, 1957) fue ministro para la Igualdad de Oportunidades del Gobierno de Dominique de Villepin hasta que dimitió, hace unas semanas, para apoyar la candidatura a la presidencia del centrista François Bayrou. Economista, sociólogo y escritor, este hombre de origen magrebí, nacido en un suburbio desfavorecido de Lyon, encarna en sí mismo el ascensor social que proclama el modelo republicano francés. Pero su paso por el Ejecutivo conservador explica mejor que nada la discriminación que sufren los franceses de origen inmigrante frente a las clases dirigentes. En su libro Un cordero en la bañera -se han agotado siete ediciones en dos semanas- detalla el desprecio que le dedicaron Nicolas Sarkozy y su gente durante los dos años que compartió con ellos el Consejo de Ministros por criticar los comentarios insultantes del titular de Interior respecto a los jóvenes de las barriadas. Sarkozy no puede pisar el 30% del territorio francés, apunta Begag, y si gana las elecciones será "la guerra anunciada".

"En este país incluso da miedo pronunciar la palabra judío o árabe, es peyorativo"

Pregunta. ¿Quién pasará a la segunda vuelta?

Respuesta. Los sondeos no reflejan la realidad. Habrá una gran sorpresa. Todos los árabes y todos los negros cuando me ven por la calle me felicitan. Detestan a Sarkozy. Este país tiene necesidad de una reorganización política estructural; necesidad de creer en la clase política.

P. ¿Cuál fue su relación con el ministro del Interior?

R. Sarkozy tenía mucho poder. Demasiado. Mis divergencias con él surgieron en el momento de las violencias en las barriadas, cuando pronunció aquellas palabras, insultantes, chocantes; cuando llamó basura a los jóvenes y dijo que limpiaría las calles con mangueras de presión. Yo, que vengo de la inmigración, me vi obligado a salir al paso y decir que no podía aceptar ese lenguaje. Me amenazó y utilizó todo su poder político y mediático para hacerme desaparecer. Azouz Begag no existe, era la consigna. Me silenciaban los periódicos y todas las grandes cadenas de televisión. Me parece normal que lo hiciera la prensa de izquierdas, porque finalmente yo no era más que un árabe en un Gobierno de derechas, y los árabes son de izquierdas, para la izquierda.

P. ¿Es usted partidario de la discriminación positiva?

R. No, por el momento. En Francia hay que empezar por poder decir las cosas claras; poder decir que un blanco es un blanco, que un árabe es un árabe y que un negro es un negro. Hay que poder decir, sin que se considere racista, que en el equipo nacional de fútbol hay un 80% de negros. Porque es así. En este país incluso da miedo pronunciar la palabra judío o árabe; es peyorativo. Es una herencia de la Revolución Francesa, pero estamos en el siglo XXI y hay un 50% de desempleo entre los franceses de origen árabe y un 60% de árabes en las prisiones francesas. Hay que hacer la banalización de la diversidad, hacerla visible.

P. ¿Qué piensa usted de la propuesta de Sarkozy de crear un ministerio de la inmigración y la identidad francesa?

R. Me gustaría decirle que les debe un respeto a estos chavales árabes o negros cuyos padres murieron por Francia en las dos guerras mundiales. Hemos dado nuestra sangre por Francia. Cuando busco en los archivos de las bajas francesas encuentro miles de nombres árabes, incluidos muchos de mi familia. Cuando busco los apellidos de Sarkozy no aparece nadie. Nos debe respeto, incluso a los gamberros. Utiliza este discurso nacionalista para hacerse con el electorado de extrema derecha. Orgulloso de ser francés, dicen. ¿Quién no está orgulloso de ser francés en este país? Todos los negros, todos los árabes lo están.

P. ¿Cree que Sarkozy puede ganar con el discurso de Le Pen?

R. Cuando Sarkozy, delante de 11 millones de espectadores, dice "la inmigración es los corderos degollados en la bañera", con la sangre que corre por los pasillos, está claramente insultando a los musulmanes y a los árabes. Es un regalo a los electores del Frente Nacional. Es la guerra de civilizaciones, la guerra de religiones lo que nos propone. Es la guerra prometida. Sarkozy sabe muy bien que él no puede presentarse en los suburbios de las grandes ciudades, donde viven un 30% de los franceses. Estoy orgulloso de que Bayrou puede ir a las barriadas.

20:32 Écrit par SaGa Bardon dans Etica | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : pro justitia e libertate, universidades |  Facebook |

31/03/2007

 

 

La terrible gente corriente

Permalink 31.03.07 @ 20:08:00. Archivado en Sociogenética, Ética, Pro justitia et libertate

Llamar a las cosas por su nombre es la mejor contribución que se puede hacer para intentar que las cosas cambien. En el País Vasco lo hacen una y otra vez dos mujeres: Rosa Díez, socialista, y María San Gil, popular. Yo he dicho repetidas veces de ellas que la una y la otra y sobre todo las dos juntas son la esperanza de la pobre ciudadanía atemorizada en su propia tierra, no solamente por ETA, sino por la terrible gente corriente que rentabiliza el terror de los etarras y la cobardía de quienes les apoyan por acción o por omisión.

A propósito de la proverbial valentía de Rosa, escribía yo el 01/11/2006: Quien conoce la vida política de Rosa Díez, como es mi caso, desde que vengo ocupándome en mi enseñanza universitaria y en mi escritura pública del problema de la Paz y las libertades en el País Vasco, sabe que las posiciones que hoy defiende en materia de lucha contra el terrorismo son las que ha defendido toda su vida. Lleva razón al decir que el Partido Socialista la puso en sus listas por pensar lo que piensa y decirlo muy alto y claro. Los artículos recopilados en su libro «Porque tengo Hijos» dan fe de su coherencia en esta materia durante los últimos 12 años. Donde otros socialistas han cambiado, hasta el punto de hacerse irreconocibles como tales, ella no.

Uno de los mayores méritos de Rosa Díez como de María San Gil, su hermana de lucha en el infernal purgatorio vasco, es que nunca juzgan las intenciones, cosa que hacemos tan fácilmente los hombres, sino que analizan con realismo femenino los hechos. Cualquiera que haya seguido durante estos últimos años su valiente actividad política en pro de la Paz y de las libertades en el País Vasco lo sabe (1)

Una vez más Rosa Díez analiza con realismo femenino los hechos, demostrando a sus colegas socialistas que su error ha consistido en dejarse engañar no solamente por las falsas promesas de los terroristas de ETA, sino también por las aviesas intenciones de la terrible gente corriente que los apoyan, que son los nacionalistas oportunistas, que consideran héroes a los etarras, asesinos a sus víctimas e indeseables en su propia tierra a los ciudadanos del mismo País Vasco que no piensan como ellos: "Esa es la gente corriente, la que se aprovecha de nuestra falta de libertad para medrar en política, y en la vida. La que nos «tolera», sin considerarnos nunca «de los suyos». La que no mueve un dedo por protegernos. La que llama presos políticos a los asesinos y clama por sus «derechos» mientras permite que nos excluyan y persigan por reivindicar los derechos fundamentales que la Constitución nos reconoce".

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Gente corriente
por Rosa Díez, Diputada socialista en el Parlamento Europeo

«Los verdaderamente malos son pocos; lo más peligroso es la gente corriente»
Primo Levi

ESTA sentencia de Primo Levi podría haber sido escrita a la luz de lo que ocurre en el País Vasco. Pero él pensaba en los campos de exterminio nazis cuando hizo esa reflexión. Levi hablaba para estudiantes, en el transcurso del periplo universitario que organizó una vez concluido su libro «Si esto es un hombre». Respondía así a la pregunta de unos alumnos sobre la maldad. Levi describía con esas palabras la falta de piedad de los alemanes corrientes, esa inmensa mayoría que veía cómo desaparecían sus vecinos sin preguntarse qué había sido de ellos.

Pensaba en la «gente de orden» que veía el humo de los crematorios y se limitaba a taparse la nariz. Pensaba en las «buenas gentes» que cruzaban de acera para no saludar a un judío con el que habían compartido celebraciones familiares unos días antes de que fueran señalados por los nazis como enemigos de la raza aria. Pensaba en todos aquellos que prohibieron a sus hijos jugar con los hijos de los «malditos judíos». Levi pensaba en la buena gente que, de repente, perdió hasta la piedad.

Si Levi hubiera vivido en Euskadi y en nuestro tiempo podría haber hecho la misma afirmación refiriéndose a los nacionalistas. En el País Vasco no hay limpieza étnica porque resultaría imposible: estamos tan mezclados, es tan mestiza nuestra sociedad, que tendrían que matarse entre ellos. Por eso aquí se puso en marcha la limpieza ideológica.

Somos tan «iguales» que tuvieron que empezar a matarnos para hacernos diferentes. Ahora ya somos diferentes. A los judíos los distinguían por su «estrella de David»; a nosotros, «los vascos diferentes», nos distinguen porque nunca vamos solos. Nosotros, «los vascos diferentes», somos los que tenemos la capacidad de movimiento restringida; ellos son los que disfrutan de todos los derechos que la Constitución española nos reconoce como ciudadanos. Nosotros, «los vascos diferentes», somos los que vivimos amenazados; ellos son los que viven en libertad.

Antonio Aguirre fue agredido por un genuino representante de la «gente corriente», de la «buena gente», de esa «gente de orden» que milita en el partido que gobierna Euskadi desde que hay democracia en España. Los dirigentes del PNV han exculpado inmediatamente al agresor: «perdió los papeles», «está apesadumbrado por la imagen del partido que ha dado, llevado por la tensión del momento», «se sintió acosado», «no quiere ensuciar el buen nombre del partido». Ni una sola palabra de disculpa hacia el agredido. El agredido es culpable; el agresor, una pobre víctima que «perdió los papeles». Buena gente.

Nada más peligroso que una situación en la que los dirigentes de un partido político de gobierno disculpan la agresión a un militante de un movimiento cívico, embozándose en la mentira y en la superioridad moral del agresor: «le conocemos de siempre...», «les provocaron...». Los «provocadores» eran siete. Los provocados, mil. Y, según se puede escuchar en los diferentes videos colgados en internet, «los mil provocados» consideraban «españoles de mierda» a esos siete magníficos que osaban enfrentarse a la «pacífica» manifestación. Bueno, también les llamaban «asesinos», y «cerdos», y «asquerosos». Pero lo que sin duda pasará a los anales de los batzoquis será cómo fue posible que siete «españoles de mierda» consiguieran acorralar a mil vascos de pura cepa...

Da miedo. Sobre todo después de escuchar a la portavoz del Gobierno vasco decir que «están planteándose denunciar al Foro Ermua por la contramanifestación (¿?)». Tiene razón Antonio Aguirre cuando dice en la entrevista publicada en El Correo que el problema ya no es que el Gobierno no te defienda; lo grave es que es el propio Gobierno el que te pone en la diana. Aunque Aguirre nos recuerda a todos que «... los primeros que nos empezaron a llamar fachas y extrema derecha fueron Odón Elorza y José Antonio Pastor. Entonces les solicité que no pusieran al Foro en el punto de mira de ETA».

Da miedo la impunidad que algunos dirigentes de los partidos democráticos prestan a la violencia y a los violentos. Da miedo porque conocemos y recordamos la historia. El «ciudadano corriente» que el lunes agredió a Aguirre no sólo no ha sido amonestado, sino que ha sido públicamente disculpado por su propia formación política y por el Gobierno vasco. El «ciudadano corriente» trabajó para el Departamento de Interior del Gobierno vasco, vamos, para la autoridad. Si lo que él hizo es comprendido y exculpado por el Gobierno vasco y por el partido que sustenta al Gobierno de España, ¿por qué razón un chaval vasco, educado en el odio y en la mentira, no va a coger primero un spray, después un cóctel molotov y finalmente, cuando se la den, una pistola para abatir a esos «españoles de mierda», «asesinos», «asquerosos», que hay que dejar morir en el suelo?

Les contaré una cosa que me sucedió hace unos cuantos años, concretamente a finales de 1998 o principios de 1999. Fue en Guernica, en el acto de juramento de Ibarretxe como lendakari, tras las elecciones de la tregua. Los socialistas habíamos abandonado el Gobierno en junio de ese mismo año; la tregua se declaró en septiembre; las elecciones se celebraron en octubre. Tal y como tenían pactado en Lizarra con ETA, los nacionalistas del PNV y EA, con la adherencia de Madrazo, constituyeron un gobierno apoyado por Ternera y los suyos. Les recuerdo que el PSE había gobernado con el PNV doce años.

Pues bien, a la entrada de la Casa de Juntas se arremolinaban los simpatizantes de las formaciones políticas nacionalistas, claramente diferenciados en bandos: los que iban a jalear a los borrokas y la «buena gente» que iba enfervorizada a aplaudir a sus líderes del PNV. Pasamos por delante de los borrokas sin ningún tipo de problema; el gesto adusto; la mirada huidiza y cobarde; el aspecto de no haberse duchado en una semana... Vamos, vestidos para ejercer de lo que son.

Unos metros por delante de mí iba Ardanza. A la entrada justo de la finca, en la verja, unas enfervorizadas emakumes le besaban y aplaudían; él les correspondía sonriente y amable. Llegamos nosotros cuando aquellas mujeres vestidas de domingo, con aspecto de madres y abuelas de familia bien, todavía estaban saboreando la emoción. Se giraron y nos vieron. Yo acababa de dejar de ser consejera, tras siete años de gobierno con Ardanza. Las miré con normalidad, diría que sonriente, y seguí hablando con mi compañero. Hasta que empezamos a pasar entre ellas: «Ala, fastídiate, se os acabó lo bueno, por fin os vais, ya estamos con los nuestros...» «Huy, que pena tendrás, eh, maja?» «Pues os fastidiáis, ya estamos juntos, que bastante habéis estado en el Gobierno...». «Hala, españoles, iros por ahí...». No nos lo podíamos creer.

Recuerdo haberme acercado a Ardanza a contárselo:

-«Oye, lendakari, tu gente nos está insultando; es como si creyeran que os hemos robado algo durante estos doce años que hemos compartido gobierno; parece que aquí no ha cambiado nada de fondo, que os habéis vuelto a asilvestrar, que estábais locos por echarnos...».
-Pero Rosa, ¿cómo dices eso? Serán de los otros...
-No lendakari, no; son de los tuyos.
-¿Pero por qué lo sabes?, ¿les conoces?
-No, pero hay signos externos inconfundibles: peinadas de peluquería, las joyas de los domingos... y los besos que te han dado. Salvo que me digas que las que te han besado eran de Batasuna...
-(...)

Esa es la gente corriente, la que se aprovecha de nuestra falta de libertad para medrar en política, y en la vida. La que nos «tolera», sin considerarnos nunca «de los suyos». La que no mueve un dedo por protegernos. La que llama presos políticos a los asesinos y clama por sus «derechos» mientras permite que nos excluyan y persigan por reivindicar los derechos fundamentales que la Constitución nos reconoce.

Levi explica en el citado libro cómo la despersonalización, la deshumanización del individuo o colectivo declarado enemigo, era vital para llegar a la solución final sin ningún tipo de remordimiento. Los judíos, los gitanos, los comunistas, los homosexuales... no eran humanos para los nazis: eran sólo enemigos de la raza aria, una amenaza para la pureza de su sangre. Estaban «obligados» a eliminarlos si querían conservar un bien mayor, la raza pura, el ideal humano. Pero al lado de esos fanáticos que teorizaban y diseñaban los planes de exterminio estaba la gente corriente. Esa «buena gente» comprendió enseguida hasta qué punto podían beneficiarse de la desaparición de tantos alemanes, o polacos..., de tantos compatriotas mejor cualificados que ellos mismos; y dejaron aflorar sus más bajos instintos. Tardaron poco en sentirse cómodos, aceptando que los nuevos excluidos, en el fondo, nunca habían sido de los suyos, que siempre les habían tenido envidia de los judíos, que llegaron de otros lugares y fueron capaces de progresar y llegar más lejos que ellos, que siempre habían temido al diferente, al de otra cultura, al de otra condición sexual... Los ideólogos de la solución final fueron pocos; los ejecutores, bastantes más, pero nada hubiera sido posible si millones de «buenos alemanes» no se hubieran comportado como los buenos vascos que siguen en Euskadi las consignas del «partido guía». Ese «partido guía» liderado por ese ejemplo de moderación, esa perla blanca llamada Josu Jon Imaz.

Tiene razón Aguirre: es el PNV quien nos pone en la diana, y nuestros dirigentes del PSE, quienes asienten con la cabeza o callan. Si a quienes discrepamos -seamos socialistas o no- nos llaman crispadores o nos invitan a irnos al PP -al que previamente han calificado como «derecha extrema»-; si el lendakari le dijo hace nada en el Parlamento vasco a María San Gil: «Ustedes representan lo peor de este país» -de un país en el que hay terroristas-, ante el silencio cómplice del PSE; si Diego López Garrido dijo hace dos días en el Congreso de los Diputados que «el PP es un arma de destrucción masiva», ¿qué pueden pensar los que tienen las pistolas y la costumbre de actuar poniendo la teoría en práctica? ¿Puede alguien extrañarse de que muchos de nosotros nos sintamos más abandonados, más solos que nunca?

No es éste un artículo optimista. No hay motivos. Llamar a las cosas por su nombre es la mejor contribución que se puede hacer para intentar que las cosas cambien. Como dijo Hanna Arendt a su vuelta del exilio norteamericano, indignada por la pasividad e indiferencia de sus compatriotas ante su responsabilidad histórica, «describir los campos de exterminio sin ira no es ser objetivo, sino indultarlos».

Valga esta reflexión y esta denuncia para que si nuestros nietos nos preguntan algún día: «¿tú qué hiciste cuando pasaba eso?», podamos darles una respuesta mirándoles a los ojos.

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(1) Rosa y María, honor y esperanza de Euskadi

20:17 Écrit par SaGa Bardon dans Etica | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : sociogenetica, tica, pro justitia et libertate |  Facebook |