10/05/2007

Gustave Doré, ilustrador de El Quijote

 

Gustave Doré, ilustrador de El Quijote

Permalink 10.05.07 @ 19:42:00. Archivado en El Quijote, Pintura

Gustave Doré es un ilustrador, dibujante, grabador, pintor y escultor francés, nacido en Estrasburgo el 6 de enero de 1832, día de los Reyes Magos, en el número 5 de la Nuée-Bleue (la Nube-Azul), y muerto el 23 de enero de 1883 en París, en su hotel particular de la calle de Saint Dominique (San Domingo).

Fue reconocido internacionalmente por sus contemporáneos. Aunque su éxito como ilustrador fue inmenso y su renombre mundial, sin embargo no conoció el mismo éxito con sus pinturas. Le sucedió con su pintura lo que a Cervantes con su poesía, que a pesar de sus otros grandes méritos, no era apreciado como pintor por sus coetáneos. Este mismo desdén afectó a sus acuarelas, que sólo tendrán un cierto éxito al final de su vida.

Gustave Doré dejó a su muerte una obra considerable. Henri Leblanc, en su Catálogo de la Obra completa de Gustave Doré, publicado en 1931, contabilizó 9850 ilustraciones, 68 títulos de música, 5 carteles, 51 litografías originales, 54 agauadas, 526 dibujos, 283 acuarelas, 133 pinturas, 45 esculturas…

Donde más brilló Doré fue en la ilustración de obras literarias. Sus ilustraciones del Rabelais, en 1854, fueron un éxito extraordinario. El año siguiente, ilustró con 425 dibujos y etiquetas los Cuentos Droláticos de Balzac. En 1861, ilustró el Infierno de Dante. Siguió así, ilustrando con una imaginación fértil, más de 120 obras, entre las cuales figuran algunas de las obras maestras de la literatura: Los cuentos de Perrault (1862), Don Quijote (1863), El Paraíso perdido (1866), La Biblia (1866), Las Fábulas de la Fontaine (1867), otras dos partes de La Divina comedia de Dante.

Imagen: Don Quijote, por Gustave Doré, 1863. Grandes formatos.

Algunos trazos de su carrera de artista

Con 5 años, dibuja todo lo que ve y todo lo que oye. A los 8 años, compone su primera historia visual (un viaje a los infiernos). La familia Doré se divide a propósito de su porvenir: el padre, politécnico, sueña con estudios brillantes para sus hijos; la madre está en adoración ante el ingenio naciente de su hijo. Se llega a un compromiso: Gustave irá al colegio Charlemagne y dibujará.

Hijo de un ingeniero de Puentes y Calzadas, comienza a dibujar sus primeras litografías a la edad de trece años. Un año más tarde, se publica su primer álbum : Los trabajos de Hércules. A los quince años, Gustave Doré es contratado como caricaturista en el Diario para reir de Charles Philipon. El mismo año, en 1848, debuta en el Salón con dos dibujos a la plumilla. En 1849, a la muerte de su padre, ya se le conoce, aunque sólo tiene dieciséis años. Vive entonces con su madre.

Con 20 años, redescubre el grabado sobre madera y lo pone al gusto del día. Doré revoluciona la relación existente entre el artista y el grabador: ya no dibuja a lápiz, sino que produce su dibujo a la aguada ("à la gouache"), y pide al grabador que lo interprete, siendo fiel, no a los rasgos, sino al movimiento, a la luz, al sentido.

A partir de 1851, exponiendo al mismo tiempo sus telas, realiza algunas esculturas de temas religiosos y colabora en distintos estudios, entre los cuales el Diario para todos. En 1854, el editor José Bry publica una edición de las obras de Rabelais, ilustrada con un centenar de sus grabados. De 1861 a 1868, ilustra La Divina Comedia de Dante.

En 1868, Doré descubre Londres con motivo de la inauguración de una exposición que se le consagra. En 1869, la « Doré Galery » se traslada. Seguirá estando abierta durante 24 años y recibirá dos millones y medio de visitantes.

Abatido por las derrotas francesas contra Prusia y por los acontecimientos de la Comuna, Doré se instala en Londres, donde pasará todo el año 1871. Su madre muere en marzo de 1881. No se volverá a reponer. El 14 de enero de 1883, da a sus amigos una cena fabulosa. Sobre la mesa, hace poner rosas blancas y lilas blancos, como para una comida de luto. Al final de la comida, pronuncia una oración fúnebre. Muere 9 días más tarde, el 23 de enero de 1883, arrebatado por una crisis cardíaca.

Cada vez más reconocido, a la vez autodidacta y exuberante, Gustave Doré ilustró entre 1852 y 1883 más de ciento veinte volúmenes, que aparecieron no solamente en Francia, sino también en Inglaterra, en Alemania y en Rusia. Como consecuencia de estas publicaciones, Gustave Doré influyó muy pronto sobre numerosos ilustradores de toda Europa.

Con todo, según los críticos actuales, que difieren en esto de sus coetáneos, sus obras principales las realizó como pintor: El Enigma (hoy en el Museo de Orsay) y El Cristo que deja el pretor (1867-1872), un cuadro que mide 6 metros de alto y 9 metros de ancho. Este cuadro se restauró entre 1998 y 2003 en el Museo de arte moderno y contemporáneo de Estrasburgo, en una sala de gan altura, que le está dedicada.

Imagen: L'énigme (El enigma), de Gustave Doré. Grandes formatos.

En 1931, Henri Leblanc publicó un catálogo razonado, que contabiliza 9.850 ilustraciones, 68 títulos de música, 5 carteles, 51 litografías originales, 54 aguadas, 526 dibujos, 283 acuarelas, 133 pinturas y 45 esculturas.

El ilustrador de la literatura universal

Gustave Doré ilustró más de cien obras maestras de la literatura universal

· La Biblia : Traducción de Bourassé y Janvier, llamada también Biblia de Tours, 1843
· François Rabelais : Obras, 1851, 104 Ilustr.
· Condesa de Ségur : Nuevos cuentos de hadas, 1857, 20 viñ.
· Hippolyte Taine : Viaje a los Pirineos, 18581858
· Dante Alighieri : La Divina Comedia, 1861, 136 Ilustr. y El Infierno
· Gottfried August Bürger : Münchhausen, Frune, 1862, 158 Ilustr.
· Miguel de Cervantes : Don Quijote, 1863, 377 Ilustr.
· Sinbad el marinero, 1865
· Théophile Gautier : El Capitán Fracasse, 1866, 60 Ilustr.
· Victor Hugo : Los Trabajadores del mar, 1867, 22 Ilustr.
· Jean de la Fontaine : Fábulas, 1868, 248 Ilustr.
· Samuel Coleridge : The Rime of the Ancient Mariner, 1876
· Lord Byron : Obras.
· Charles Perrault : Cuentos (Barbe-Bleue, Cendrillon, Le Chat botté, Le Petit Chaperon rouge, Le Petit Poucet, Riquet à la houppe).

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09/05/2007

Molinos en El Quijote, 2/2

Molinos en El Quijote, 2/2

Permalink 09.05.07 @ 19:27:00. Archivado en El Quijote

barco : 28; de barc-: barca
barco (doc. s. XIII, de barca) m.

La palabra barco figura por la primera vez, en el corpus del castellano antiguo, publicado por la Real Academia, en un Mandamiento de Fernando III, que regula el tránsito de ganado y otras mercancías de un lado al otro del río Tajo:

"Ferrandus, Dei gratia rex Castelle e Toleti, omnibus hominibus regni sui hanc cartam videntibus, salutem et gratiam. Sepades que yo fallé por pesquisa que mio avuelo mandó que nengún ganado ni otra cosa nenguna pora vender en razón de mercadura non passe Tajo en puente ni en barco fuera por la puente de Toledo, e de Alfariella e de Zorita. E pues que esta pesquisa fallo, yo mando que ni ganado ni otra cosa nenguna que por avender sea fuera conducho cada uno pora sus casas e a sos ganados e non pora vender no passe Tajo fuera por estos tres logares, e si los fraires lo fallassen en otra parte passando, mando que lo prendan por descaminado. Otrosí fallo por pesquisa que los de Ocaña de todo lo que passaren an a dar portadgo fuera de pan, e de vino e de sal que passen pora sus casas e pora sus ganados e non pora vender. Facta carta apud reg. exp XI die julii. Era MCCLX prima. Anno regni mei.

Mandamiento de Fernando III , AÑO: 1223, [Documentos del Archivo Histórico Nacional, 10. Documentos notariales l, (a. 1200-a. 1492)], publicado por D. Pedro Sánchez-Prieto, Universidad de Alcalá, Madrid, 1999.

La palabra barca, de la cual deriva la palabra barco, figura por la primera vez, en el corpus del castellano antiguo, publicado por la Real Academia, en el párrafo que consagra el texto latino del Fuero de Miranda de Ebro al tránsito de mercancías de un lado al otro del río Ebro, precisamente el río de la aventura quijotesca del barco encantado. Concretamente se mencionan como lugares de este tránsito: Logroño, Nájera, La Rioja, Álava y Miranda:

"omnes homines de terra lucronii (1), aut de nagera, aut de rioga, qui uoluerint transire mercaturas uersus alauam, aut ad aliam terram ultra ebro, aut omnes de alaua / , aut de alia terra quacumque uersus lucronium, aut ad nagaram, aut riogam, transeant per mirandam & non per alia loca; si non perdant mercaturas; & de lucronio ad mirandam non sit pons nec barca".

Fuero de Miranda de Ebro, Anónimo, Ordenamientos y códigos legales, AÑO: 1099, Francisco Cantera Burgos, Consejo Superior de investigaciones científicas (Madrid), 1945, pp. 55-56.ª.

(1) Nótese que Lucronium fue un vado en el río Ebro, entre el monte Cantabria y Varea (valia), que debido a su fácil acceso se fue convirtiendo poco a poco en un próspero mercado, hasta que surgió la ciudad de Logroño. En esta zona, en la época pre-románica/románica, La Rioja estaba dominada por dos tribus celti-ibéricas llamadas berones y pelendones; estos primeros son los que habitaban la llamada zona de Lucronium y alrededores hasta Calagurris(Calahorra) y los berones la Rioja alta y la sierra.

BARCO ENCANTADO (doc. 1516): aventura del barco encantado: Epígrafe de II.29.

Esta aventura es una parodia de un episodio frecuente en libros de caballerías; enumeran antecedentes Clemencín y otros, (Schevill-Bonilla, Cortazar-Lerner, MdRiquer 62). Ver en particular Palmerín de Ingalaterra, cuyo protagonista «vio… un batel muy grande atado con una cuerda a un álamo», II, 56. • Amadís y Grasandor «fallaron allí un barco en la ribera sin persona que lo guardasse, de que fueron maravillados», AdG, p. 1701.

Imagen: El Quijote de Sástago (Zaragoza). Grandes formatos.

|•| En El Quijote se dice que a don Quijote «se le ofreció a la vista un pequeño barco sin remos ni otras jarcias algunas, que estaba atado en la orilla a un tronco de un árbol que en la ribera estaba.», II.29.2.

«El motivo del capítulo (sugerido por la presencia del río en la cueva de Montesinos) es uno de los más típicos de los libros de caballerías: el barco encantado que se encuentra por casualidad al lado del río o del mar y que se lleva por magia a un sitio exótico donde el caballero acaba una gran aventura (hay episodios específicos del Palmerín de Inglaterra y del Espejo de príncipes y caballeros que se han sugerido como modelos).

La 'aventura' que tiene lugar en este capítulo, que cabe denominar también aventura del molino de agua, se parece más a las de la Primera parte que a cualquier otra de la Segunda; es decir, Don Quijote transforma la realidad, emprende la aventura, fracasa, y se disculpa citando la intervención de los encantadores. Nótese en esto, como lo hemos anunciado en la primera parte de este artículo sobre los Molinos en El Quijote, la perfecta analogía estructural de esta aventura acuática con la aventura de los molinos de viento.

Pero hay diferencias importantes, sobre todo cuando Don Quijote reconoce la realidad («aunque parecen aceñas, es decir: molinos de agua, no lo son») y cuando les paga a los pescadores y molineros los estropicios provocados por su error, cosas que nunca ocurren en la Primera parte, pero que se ven cada con vez más frecuencia en la Segunda.

"Las palabras de Don Quijote en este capítulo («Dios lo remedie; que todo este mundo es máquina y trazas, contrarias unas de otras. Yo no puedo más», II.29.40.) ilustran bien su impotencia y su pesimismo y preparan la escena para la gran farsa que será la visita al castillo ducal.", Howard Mancing, en Rico 1998 b, p. 162.

|| trastornar el barco: ® trastornar

He aquí, con toda su simpatía, autenticidad y belleza, el texto original cervantino:

26. En esto, descubrieron unas grandes aceñas que en la mitad del río estaban; y apenas las hubo visto don Quijote, cuando con voz alta dijo a Sancho:

27. —¿Vees? Allí, ¡oh amigo!, se descubre la ciudad, castillo o fortaleza donde debe de estar algún caballero oprimido, o alguna reina, infanta o princesa malparada, para cuyo socorro soy aquí traído.

28. —¿Qué diablos de ciudad, fortaleza o castillo dice vuesa merced, señor?—dijo Sancho—. ¿No echa de ver que aquéllas son aceñas que están en el río, donde se muele el trigo?

29. —Calla, Sancho, dijo don Quijote—; que aunque parecen aceñas, no lo son; y ya te he dicho que todas las cosas trastruecan y mudan de su ser natural los encantos. No quiero decir que las mudan de en uno en otro ser realmente, sino que lo parece, como lo mostró la experiencia en la transformación de Dulcinea, único refugio de mis esperanzas.

30. En esto, el barco, entrado en la mitad de la corriente del río, comenzó a caminar no tan lentamente como hasta allí. Los molineros de las aceñas, que vieron venir aquel barco por el río, y que se iba a embocar por el raudal de las ruedas, salieron con presteza muchos dellos con varas largas, a detenerle; y como salían enharinados, y cubiertos los rostros y los vestidos del polvo de la harina, representaban una mala vista. Daban voces grandes, diciendo:

31. —¡Demonios de hombres! ¿Dónde vais? ¿Venís desesperados? ¿Qué queréis? ¿Ahogaros y haceros pedazos en estas ruedas?

32. —¿No te dije yo, Sancho—dijo a esta sazón don Quijote—, que habíamos llegado donde he de mostrar a dó llega el valor de mi brazo? Mira qué de malandrines y follones me salen al encuentro; mira cuántos vestiglos se me oponen; mira cuántas feas cataduras nos hacen cocos... Pues ¡ahora lo veréis, bellacos!

33. Y puesto en pie en el barco, con grandes voces comenzó a amenazar a los molineros, diciéndoles:

34. —Canalla malvada y peor aconsejada, dejad en su libertad y libre albedrío a la persona que en esa vuestra fortaleza o prisión tenéis oprimida, alta o baja, de cualquiera suerte o calidad que sea; que yo soy don Quijote de la Mancha, llamado el Caballero de los Leones por otro nombre, a quien está reservada por orden de los altos cielos el dar fin felice a esta aventura.

35. Y diciendo esto, echó mano a su espada y comenzó a esgrimirla en el aire contra los molineros; los cuales, oyendo, y no entendiendo, aquellas sandeces, se pusieron con sus varas a detener el barco, que ya iba entrando en el raudal y canal de las ruedas.

36. Púsose Sancho de rodillas, pidiendo devotamente al cielo le librase de tan manifiesto peligro, como lo hizo, por la industria y presteza de los molineros, que oponiéndose con sus palos al barco, le detuvieron; pero no de manera que dejasen de trastornar el barco y dar con don Quijote y con Sancho al través en el agua; pero vínole bien a don Quijote, que sabía nadar como un ganso, aunque el peso de las armas le llevó al fondo dos veces, y si no fuera por los molineros, que se arrojaron al agua, y los sacaron como en peso a entrambos, allí había sido Troya para los dos.

37. Puestos, pues, en tierra, más mojados que muertos de sed, Sancho, puesto de rodillas, las manos juntas y los ojos clavados al cielo, pidió a Dios con una larga y devota plegaria le librase de allí adelante de los atrevidos deseos y acometimientos de su señor.

38. Llegaron en esto los pescadores dueños del barco, a quien habían hecho pedazos las ruedas de las aceñas; y viéndole roto, acometieron a desnudar a Sancho, y a pedir a don Quijote se lo pagase; el cual, con gran sosiego, como si no hubiera pasado nada por él, dijo a los molineros y pescadores que él pagaría el barco de bonísima gana, con condición que le diesen libre y sin cautela a la persona o personas que en aquel su castillo estaban oprimidas.

39. —¿Qué personas o qué castillo dice—respondió uno de los molineros —, hombre sin juicio? ¿Quiéreste llevar por ventura las que vienen a moler trigo a estas aceñas?

40. —¡Basta!—dijo entre sí don Quijote—. Aquí será predicar en desierto querer reducir a esta canalla a que por ruegos haga virtud alguna. Y en esta aventura se deben de haber encontrado dos valientes encantadores, y el uno estorba lo que el otro intenta: el uno me deparó el barco, y el otro dio conmigo al través. Dios lo remedie; que todo este mundo es máquinas y trazas, contrarias unas de otras. Yo no puedo más.

41. Y alzando la voz, prosiguió diciendo, y mirando a las aceñas:

42. —Amigos, cualesquiera que seáis, que en esa prisión quedáis encerrados, perdonadme; que, por mi desgracia y por la vuestra, yo no os puedo sacar de vuestra cuita. Para otro caballero debe de estar guardada y reservada esta aventura. En diciendo esto, se concertó con los pescadores, y pagó por el barco cincuenta reales, que los dio Sancho de muy mala gana, diciendo:

43. —A dos barcadas como éstas daremos con todo el caudal al fondo.

44. Los pescadores y molineros estaban admirados, mirando aquellas dos figuras tan fuera del uso, al parecer, de los otros hombres, y no acababan de entender a dó se encaminaban las razones y preguntas que don Quijote les decía; y teniéndolos por locos, les dejaron y se recogieron a sus aceñas, y los pescadores a sus ranchos. Volvieron a sus bestias, y a ser bestias, don Quijote y Sancho, y este fin tuvo la aventura del encantado barco.

El Quijote para citarlo, II.29.26-44.

20:01 Écrit par SaGa Bardon dans El Quijote | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |

01/05/2007

Molinos en El Quijote, 1/2

 

Molinos en El Quijote, 1/2

Permalink 01.05.07 @ 18:15:00. Archivado en El Quijote, Sociogenética

En la primera parte de la fábula, don Quijote ataca un molino de viento, tomándolo por un gigante, y es vencido por sus aspas; mientras que en la segunda cae en la corriente de unas aceñas (molinos de agua) y corre peligro de ser triturado por la rueda hidráulica.

Imagen: Fotos del viaje de estudios: «La ruta del Quijote», Romanistas de la Universität Basel.

molimiento: 6; molimientos: 1; Molinera: 2; molinero: 1; molineros: 8; molino: 11; molinos: 13; molió: 4; ver: mol-: moler

molinero (doc. 1095, de molino ) m. y f. «El que tiene cargo del molino», Cov. 810.a.64. :: 'persona que trabaja en él'. • Refrán: ««¡Guai de la molinera ke al molinero el agua le lleva!» Entiende: la avenida, porke a ella, ke es más flaka, mexor la llevará; ke si el fuerte pereze, mexor perezerá el flako.», Corr. 344.b.

|•| La Molinera es una de las dos mujeres del partido que asisten al armazón de don Quijote como caballero: «Preguntóle su nombre, y dijo que se llamaba la Molinera, y que era hija de un honrado molinero de Antequera; a la cual también rogó don Quijote que se pusiese don, y se llamase doña Molinera, ofreciéndole nuevos servicios y mercedes.», I.3.20.

Rico comenta este pasaje, 61: honrado molinero era, en la tradición, una contradicción: los molineros tenían fama de ladrones, y las molineras de ser ligeras de cascos. La presencia de las dos rameras en la ceremonia de investidura confiere a la escena un carácter grotesco.

molino (doc. ±1140, del lat. vulg. molinum, del lat. molinum [saxum] '[piedra o muela] de molino', de molere 'moler') m. 'máquina de moler compuesta de una solera fija y de una muela movida por una fuerza motriz'. Covarrubias, refiriéndose al tradicional molino de agua, llamado aceña, dice: «invención ingeniosa, que excusó el trabajo incomportable de moler a fuerza de brazos y pechos de hombres, en las atahonas, o con bestias, haciéndolo todo el agua, sin tanto trabajo del molinero», Cov. 175.b.4. ® aceña

|| estar picado el molino: loc.verb. proverb. «Dízese de los ke tienen buena gana de komer, y de los ke están bien dispuestos i ganosos de hacer algo», Corr. 633.b. ««Tener pikado el molino». Lo ke: « Estar pikado el molino», por: buena gana de komer.», Corr. 732.a. • Locución adverbial de modo: ««A molino pikado.» Komer o hazer algo kon aliento i ganas.», Corr. 27.a. Metáfora tomada de los molinos de harina, que muelen mejor cuando está recien picada la piedra, (Clemencín).

«Sancho quisiera concluir [los azotes desencantadores]… cuando estaba picado el molino», II.71.33. • El primer sentido aparece en la imitación de Avellaneda: «Y con esto tiraba a cada paso a Rocinante de las riendas hacia atrás, porque se fatigaba mucho por entrar en la venta, que también tenía picado el molino, como Sancho Panza.», DQA, 4 § 38: Gª Salinero, p. 100.

|| molinos de viento: Refrán: ««Molinero de viento, poko trabaxo i mucho dinero.» Los molinos de viento no son tan trabaxosos i de kosta komo los de agua.», Corr. 558.a.

«La falta de ríos en la Mancha, una de las provincias de España más escasas de agua, produjo la necesidad de usar de los molinos de viento, que son tan frecuentes en ella; pero su introducción debió preceder poco tiempo a la edad de Cervantes. Anteriormente, la mayor parte de los pueblos no tenían sino molinos hibernizos en los arroyos que corren por sus términos durante la estación de las lluvias, y se secan en el estío. En las relaciones topográficas que se formaron por los años de 1570 a 1575 de orden de Felipe II, y de que existe parte entre los manuscritos de El Escorial, se encuentran noticias circunstanciadas de la escasez de agua que padecen los manchegos. El Záncara, uno de los arroyos o riachuelos más considerables de la provincia, no corrió desde el año 1505 hasta el de 1545 (Rel. del Campo de Criptana). Esta penuria les obligaba a acudir a los molinos de los ríos perennes, que solían estar a distancias considerables… Esto prueba concluyentemente que entonces no se habían introducido todavía los molinos de viento. No encuentro mención de ellos más que en la relación del Pedernoso, y aun allí no bastaban para surtir de harina a la población, puesto que también iban a moler al rio Júcar, que está a distancia de nueve leguas. Posteriormente se multiplicaron prestando a la fecunda fantasía de nuestro autor el pensamiento oportuno y feliz de convertirlos en gigantes.», Clem. 1092.b-1093a. Julio Caro Baroja ha estudiado la historia del uso de molinos de viento en La Mancha.

AVENTURA DE LOS MOLINOS DE VIENTO: I.8 § 1-15 (tema de los gigantes). En la primera parte don Quijote ataca un molino de viento, tomándolo por un gigante, y es vencido por sus aspas; mientras que en la segunda cae en la corriente de unas aceñas (molinos de agua) y corre peligro de ser triturado por la rueda hidráulica.

Imagen: Gustave Doré. Foto: SGB. Gran tamaño.

En ambos casos sucede como en muchas otras percepciones de nuestra fábula cervantina, que dan lugar a muchas otras aventuras: todas comienzan confundiendo el ser con el parecer, confusión que reconocemos como el resorte narrativo más profundo del gran fabulador que es don Quijote, cualquiera que sea la importancia de su protagonismo en cada episodio de su fábula.

Este episodio «constituye una acertada parodia de uno de los motivos más frecuentes y fantásticos de los libros de caballerías: la lucha del caballero con temibles gigantes, muchas veces llamados «jayanes», (del francés antiguo jayant, moderno géant ).», MdeRiquer, Q, p. 88. ® gigante.

Es muy posible que los molinos de viento y su visión como gigantes procedan del Infierno de Dante (Avery).

De todas las aventuras del Quijote ésta es probablemente la que más repercusión ha tenido en la imaginación universal, lo cual explica que haya dado origen en diferentes lenguas a toda una familia de expresiones proverbiales. Son extraordinarias la cantidad y variedad de comentarios sobre ella y sobre su simbolismo. Su más rica interpretación literaria (Victor Hugo) e iconográfica se la dio tal vez la imaginación romántica del siglo XIX.

Nótese que don Quijote ataca torres de viento, puesto que ataca gigantes que él mismo ha armado: ««Armar torres de viento.» De los ke sin fundamento i en vanas esperanzas hazen trazas i kimeras, i aun enkarezen vanamente las kosas i linaxes.», Corr. 36.b. A este propósito conviene señalar que Francisco de Paula Marañón hizo notar en 1805 que en el escudo de armas de Alcázar de San Juan, municipio vecino del Campo de Criptana, donde se encuentran los molinos, se representa a un caballero de la orden de San Juan, con casco y coraza, que arremete contra un castillo. Cervantes pudo transformar esta personalización en la suya, cuya genialidad consiste en dar brazos y movimiento a torres estáticas, con lo cual se acercaba más a la prosopopeya.

|| llevar [molinos de viento] en la cabeza: loc.verb. proverb. 'estar loco'. • «¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no lo podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza? », I.8.12.

18:26 Écrit par SaGa Bardon dans El Quijote | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : sociogenetica |  Facebook |