08/08/2006

Sin niños no hay futuro

 

Sin niños no hay futuro

Permalink 07.08.06 @ 21:00:00. Archivado en Pro pace

La manera más eficaz de poner fin a la aventura humana consiste en privarnos de nuestros hijos a quienes los hemos engendrado. Eso es lo que hacen los partidarios de la guerra, cada vez que ponen en marcha su siniestra manera de arreglar los conflictos: se matan entre ellos y, con los daños colaterales de la guerra, matan a los ancianos, a los enfermos, a las mujeres y a los niños.

Matando a los niños, matan nuestro futuro.

Frente a ellos, nosotros, los partidarios de la cultura de paz, levantamos nuestras manos desarmadas, con los brazos bien abiertos, protegiendo a nuestros seres queridos, y con el corazón dispuesto a saludar y abrazar a todo aquél que arrojando las armas decida pasarse a nuestro campo de la paz, del lado del futuro que son los niños.

Nuestra divisa es muy simple: "perdonad nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores".

En caso de conflicto, es preferible perdonarse mutuamente a matarse el uno al otro, obstinándose en defender que todo el acierto es nuestro y que todo el error es del otro.

Hay que estar completamente loco para defender que las culpas no están compartidas en la mayor parte de nuestros conflictos. Si esto es verdad para nuestros asuntos personales, lo es en mayor grado para nuestos asuntos colectivos, que son los que afrontamos supuestamente para defender a nuestras familias y a nuestro pueblo, frente a otras familias y otros pueblos.

La mayor de las locuras consiste en preferir la razón de la fuerza a la fuerza de la razón. Éste es uno de los conceptos más fundamentales de la ética universal que promueve a través del mundo el gran paladín de la Paz que es nuestro amigo Federico Mayor Zaragoza. Así se lo oi proclamar en Lovaina la Nueva, al comenzar el milenio (8 de febrero de 2000), cuando lo invité a animar nuestro coloquio universitario sobre "la coopération entre l'Union européenne et l'Amérique latine dans la perspective de l'année de la culture de paix", y así se lo sigo oyendo proclamar, por los cuatro puntos cardinales, cada vez que toma la palabra para defender la cultura de Paz.

Federico Mayor Zaragoza escribe hoy "En nombre de los niños muertos".

Un día y otro y otro, hasta hacerse rutina y dejar, por tanto, de ser noticia. Niños muertos como "efectos colaterales" de las acciones bélicas, de los "asesinatos selectivos" de Israel, de las reacciones terroristas de las milicias palestinas o los cohetes de Hezbolá. Niños muertos en Irak por los "insurgentes", por las fuerzas armadas propias o invasoras.

¿Cómo podríamos, por fin, detener la locura de la guerra e iniciar el siglo XXI sustituyendo la fuerza por el diálogo? Las emociones que he sentido y observado frente a la imagen de una niña acribillada me han hecho pensar que quizás sólo invocando a los niños muertos podría lograrse que todos, de un lado y otro, de una y otra creencia o ideología, estarían dispuestos a deponer las armas y sentarse alrededor de una mesa para intentar hallar soluciones pacíficas a sus conflictos.

En nombre de los niños muertos, pensando que podrían ser los nuestros. Quizás sólo así es posible que la sed de venganza, la animadversión, el rencor y el odio cedan espacio y voluntad a la conciliación. Sólo así las turbias manos que empujan la inmensa maquinaria bélica comprenderían que su tiempo ha terminado, que ya hemos pagado -en víctimas y divisas- el precio terrible de la guerra.

En nombre de los niños muertos. Hace unos días, Save the Children publicaba que en la actualidad hay 50 millones de niños afectados por conflictos armados. Y Unicef informaba sobre los miles que mueren diariamente de hambre, de desamor, de olvido. ¿Serán estas cuentas, estos datos, el recuerdo horrendo de niños esqueléticos o destrozados por la metralla, los que podrán movilizar a la gente, abriéndole los ojos y propiciando resueltamente la acción?

Acostumbrados a aceptar resignadamente "lo que pasa", atemorizados y esperando "a ver qué hacen" (los gobernantes, las instituciones nacionales e internacionales), solemos despertar de nuestro letargo únicamente cuando sucede algo realmente excepcional. Entonces la reacción está a la altura de la dignidad humana, del destino común. Miles y miles ofrecen ayuda generosamente, y otros, con las manos embadurnadas de chapapote del Prestige, facilitando los primeros auxilios a los damnificados del huracán Mitch o del tsunami del Índico, nos dan la medida de la solidaridad humana, de la capacidad de abnegación y desprendimiento. Y nos llenamos otra vez de esperanza.

Ha llegado el momento de no descansar. De no ser espectadores hasta que otro aldabonazo nos incite a saltar al escenario. Presencial o virtualmente, tenemos que movilizarnos para proclamar un no rotundo a la guerra, a la violencia. Y reclamar la rápida interposición de cascos azules y, todos sin excepción respetando la tregua, empezar a construir la paz bajo la tutela de las Naciones Unidas.

Transitar desde una cultura de imposición y fuerza a una cultura de conversación y entendimiento es más desacostumbrado que difícil. Porque desde hace siglos nos hemos dejado guiar -insisto siempre en ello- por una recomendación perniciosa aunque muy apreciada (en todas las acepciones) por los grandes consorcios armamentísticos: "Si quieres la paz, prepara la guerra". Y, como es lógico, hacemos aquello para lo que estamos preparados, dando la vida con frecuencia por causas bien ajenas a las nuestras.

No estamos acostumbrados a la paz, a construir la paz, a hacer la paz, las paces. Quizás si pensamos en los niños muertos seremos capaces de vencer la inercia de tantos años belicosos y beligerantes, y nos incorporemos a la construcción cotidiana de la concordia, de la paz.

Al iniciarse un proceso de paz, a veces interrumpido y casi siempre discurriendo por caminos tortuosos, he pensado en los centenares o miles de víctimas que se hubieran evitado si hubieran decidido -teniendo presentes a sus hijos- sentarse a dialogar mucho antes. Cuanto más pronto mejor, auxiliados por una Comisión de Conciliación que, dependiente del secretario general de las Naciones Unidas, debería hallarse permanentemente disponible. Es un sentimiento agridulce, porque este pesarha ido siempre acompañado de la expectativa de que la andadura que comienza llegará un día a buen destino.

Israelíes y palestinos decidieron vivir juntos pacíficamente. Recuerdo cuando, en noviembre de 1987, visité a Yasir Arafat en la OLP cobijada en Túnez. "Debemos aprender a vivir juntos", repitió. Unos meses después, Simón Peres me decía con su contundente voz en Tel Aviv: "No hay otra opción: convivir en paz". Luego me reuní varias veces con Isaac Rabin. Era el que más decididamente promovía los Acuerdos de Oslo, incluida la cocapitalidad de Jerusalén. Se avanzaba en el proceso hasta que, un día aciago, una mano asesina le segó la vida. Como a John y Robert Kennedy. Como a Anuar el Sadat. Murió hablando de paz, no haciendo la guerra. En el recinto de la Unesco en París ubicamos la Plaza de la Tolerancia Isaac Rabin, con el monumento-olivo del gran escultor israelí Dani Karavan. Ojalá un día no muy lejano se pose en las ramas de su olivo la paloma de la paz que tanto anheló y procuró.

La inmensa mayoría de los palestinos y de los israelíes desean vivir en paz. Una sola condición: que todos los seres humanos valgan lo mismo. Esta radical igualdad en dignidad es el único requisito para la convivencia. En el hospital Haddasa, en Jerusalén, en una de mis visitas, alguien preguntó al director, en el departamento de neurología: "Aquella mujer a la que están tratando allí es palestina, ¿verdad?". El director respondió: "No sé. Aquí todos son pacientes".

Pues bien: todos iguales. Toda vida, toda muerte, el mismo valor. Para garantizarlo, unas Naciones Unidas reforzadas y dotadas de los recursos humanos, financieros y técnicos necesarios. Es la mejor garantía de futuro. Ya está claro que un grupo de países -G-7 o G-8- no puede encargarse de la gobernación del mundo. Y menos todavía, un poder hegemónico. Todos son necesarios, en cambio, para asegurar la eficacia del multilateralismo.

Ahora, ahora mismo, en nombre de los niños muertos, de los que se están matando o muriendo, parar de inmediato esta locura de los unos, de los otros y de los de más allá.

Cesar todo acto de violencia para detener esta infernal espiral de acción y reacción. "Los pueblos", a los que alude la Carta de Naciones Unidas en la primera frase de su preámbulo, no deben permanecer silenciosos por más tiempo, ni conformados, porque se trata del destino común de sus descendientes. Bien mirado, todos los niños del mundo son nuestros niños. No hay distinciones ni preeminencias. Cada niño vale lo mismo. Vale todo. Y, como en el hospital de Jerusalén, los niños no tienen nacionalidad ni color de piel.

Cuando todos los llamamientos a la mesura y a la conciliación han fracasado, tengamos la valentía de pensar en los niños muertos y en los nuestros, para que no muera ni uno más. Hay que movilizarse todos, utilizando todos los medios a nuestro alcance. Que nadie permanezca de espectador. Que nadie siga callado. Si no actuamos, si las asociaciones, ONG, instituciones de la sociedad civil no se implican decididamente y logran, en un gran clamor popular, parar la locura de la lógica de guerra -aunque les duela a los fanáticos, a los extremistas y a los que siguen beneficiándose de la ley del más fuerte-, habremos defraudado a los niños que confiaban en nosotros cuando les quitaron la vida.

-oOo-

Federico Mayor Zaragoza fue director general de la UNESCO entre 1987 y 1999; actualmente es presidente de la Fundación Cultura de Paz y copresidente del Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones.

10:06 Écrit par SaGa Bardon dans Educación | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : pro pace |  Facebook |

21/07/2006

Diplomacia "tuteante y amenazante"

 

Diplomacia "tuteante y amenazante"

Permalink 21.07.06 @ 10:49:41. Archivado en Pro amicitia universale, Educación

Nuestra estimada colega bloguera Alicia de la Hoz ha demostrado esta mañana muy temprano, a las 00:31:21, en su chispeante blog, que ESPAÑA está GOBERNADA POR EL SUPER, MORTADELO, FILEMÓN Y OFELIA.

Yo me permito añadir a su inteligente análisis que los españoles tenemos también, para nuestra suprema vergüenza, desde ayer y en directo por TVEI, una diplomacia socialista "tuteante y amenazante". Es decir, una diplomacia partidista y nada diplomática.

Con razón sus colegas, sorprendidos e indignados, apodan "Desatinos" a Moratinos. Con razón el pueblo ha hecho suyo el apodo tan bien colocado.

Su múltiple desatino de ayer fue:

* el ser más zapateril que Zapatero, justificando más que disculpando a su amo, por una serie de piciazos diplomáticos de bulto;

* el confundir el gobierno de España con la partidocracia socialista, subordinando la nación a su partido;

* el tutear y amenazar, en directo por TVEI, a un prestigioso empresario judío español, ex presidente de la Federación sefardita de España y miembro de la Comisión Internacional del Oro nazi, Mauricio Hatchwell, que tenía toda la razón del mundo en sus quejas;

* el haber provocado la más dolorida constatación que admite el lenguaje diplomático en la boca del embajador de un país amigo;

* el emplear un tono y una mímica totalmente inaceptables en un diplomático de carrera;

* el haber sido incapaz de corregir sobre el terreno esta multitud de piciazos diplomáticos.

He aquí el relato del incidente, tal como acaba de publicarlo ATB:

Moratinos reprocha a un miembro de la comunidad judía española que llamó "antisemita" a Zapatero

MADRID, 20 (ATB Y AGENCIAS)

El ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, Miguel Ángel Moratinos, reprochó esta mañana con dureza que el ex presidente de la Federación sefardita de España y miembro de la Comisión Internacional del Oro nazi, Mauricio Hatchwell (en la imagen), afirmase que las declaraciones del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de ayer en Alicante fueron "anti Israel y antisemitas".

Moratinos participó en un desayuno informativo organizado por Nueva Economía Fórum y Hatchwell fue uno de los invitados en tomar la palabra, quien le criticó que diga que Israel va en esta crisis en la dirección equivocada.

"¿Qué piensas cuando tienes 12.000 misiles que están agrediendo constantemente a Israel?. Quiero manifestar nuestra gran preocupación como comunidad judía española, nuestra profunda indignación con las declaraciones ayer del presidente Zapatero. Son declaraciones anti Israel y antisemitas y no lo podemos aceptar", indicó el miembro de la comunidad judía española.

Hatchwell insistió en rechazar las palabras de Zapatero. "En la comunidad internacional, jamás un jefe de Gobierno occidental en este conflicto habló como ayer habló el presidente Zapatero. Lo rechazamos duramente y enérgicamente", aseveró.

Moratinos subrayó a continuación que no podía tolerar sus palabras. "No voy a tolerar como Gobierno socialista y Gobierno español el que indiques públicamente que el presidente del Gobierno es antisemita", le espetó.

El jefe de la Diplomacia constató el "grave error" que representantes del mundo judío cometen muchas veces. "No tiene nada que ver la crítica leal, comprometida de acciones del Gobierno de Israel con tener actitudes contra el pueblo judío o el mundo semita. Que sea la última vez que públicamente denuncies, condenes y te expreses de esa manera sobre el carácter antisemita de un Gobierno de España", prosiguió.

Moratinos no aceptó que le den "lecciones de antisemitismo" y advirtió de que si el Gobierno de Israel comete actuaciones que la mayoría del pueblo español considera que son erróneas, los judíos españoles tendrían que "agradecer" esa preocupación y compromiso.

"¿Crees que Israel se siente seguro ahora, más seguro por haber lanzado esta operación militar? Yo te digo que no. Desgraciadamente, las acciones unilaterales no han aportado más seguridad a Israel. La mayor seguridad es cuando ha negociado política y diplomáticamente, se ha retirado de los territorios ocupados como es el caso de Egipto o Jordania", indicó el ministro.

Así, constató que cuando Israel se retiró de Gaza y del Líbano en los últimos años, lo hizo "unilateralmente" y sin acuerdo de paz ni negociación política, lo que dio alas en ese sentido a Hezbolá y Hamás ya que han considerado que la resistencia es la única manera de lograr la paz y la forma de acabar con la ocupación israelí.

"Ese es el sentido y orientación de las palabras del presidente del Gobierno como amigo de Israel, como amigo del mundo judío y como un Gobierno que está trabajando para acercar precisamente a esa zona del mundo la paz definitiva y permanente en la región", hizo hincapié.

Moratinos subrayó que los judíos españoles y europeos deben sentirse representados por sus Gobiernos democráticamente elegidos. "Aquí represento a todos, incluido la comunidad judía en España, a la que he defendido, he trabajado y he tratado de considerar fundamental para la vertebración política, social y económica de España y de Europa. No acepto que me des lecciones de antisemitismo. Ni yo, ni este Gobierno, ni ningún Gobierno español", dejó claro.

12:35 Écrit par SaGa Bardon dans Educación | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |

02/07/2006

Sabiduría vasca

 

Sabiduría vasca

02.07.06 @ 23:27:31. Archivado en Pro pace, Ética, Educación

Somos muchos quienes reconocemos la deuda inmensa que tiene el cristianismo, por no decir la humanidad, con una pléyade innumerable de sabios vascos. Quiero referirme aquí a dos de ellos, cuya disciplina ha sido la educación, es decir, el dominio privilegiado de la sabiduría humana, sin que mi atención a ellos dos implique el olvido de todos los demás. Se trata de Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, y de Pedro Arrupe, el fiel heredero de su ingente obra educativa en el contexto apocalíptico del siglo veinte.

Considero al primero como el mejor intérprete de las necesidades educativas de su tiempo, al abandonar su profesión de militar, en uno de los momentos más conflictivos y paradójicamente más brillantes de nuestra historia occidental, para sentarse en los bancos de la escuela, y transformarse así, tras largos años de humildad en el estudio, en el más eficaz de los educadores. La historia es testigo de la inmensa obra educativa a que dio lugar su fundación de la Compañía de Jesús, desde entonces hasta ahora.

Considero a Pedro Arrupe como el mejor intérprete, en cuanto general de los jesuitas actuales, del espíritu ignaciano, en el contexto del siglo que ha hecho posible la autodestrucción física de la humanidad por la energía nuclear, al mismo tiempo que su mayor envilecimiento, al negar sus derechos más sagrados a las personas y a pueblos enteros. Uno de sus méritos incontestables ha consistido en llevar la obra educativa de los jesuitas a los medios más olvidados y menos favorecidos de la familia humana actual.

Quienquiera conozca las personalidades de estos dos grandes hombres, sabe perfectamente que una parte importantísima de sus valores morales e intelectuales procede de su propia educación vasca. Esto explica el afecto que une tanto a los jesuitas como a sus antiguos alumnos con Loyola y con las tierras vascas. Prueba de ello son las celebraciones de este año.

Quisiera que mi lector compartiera conmigo un momento de placer esperanzado, saboreando una de las múltiples pruebas de la sabiduría vasca, en relación con el tema que nos preocupa a todos por el momento: el tema de la Paz. Verá, por poco que preste atención a los autores vascos de hoy, que esta sabiduría sigue ofreciéndose generosamente a nuestros espíritus, como lo hiciera antaño con Ignacio de Loyola y con Pedro Arrupe.

Con-vencedores y con-vencidos
por Mikel Aguirregabiria Aguirre

Algunos prefieren ser vencedores con-vencidos. Muchos preferimos que todos pasemos de vencidos en la violencia a convencidos en la paz.

Es eterno el tema de vencedores y vencidos. La ley del universo y de la historia es contundente: ¡Ay de los vencidos! Pero los vencedores más célebres parece que se sorprendieron de lo que significa vencer sin convencer. Napoleón señaló: “Lo que más me extraña de este mundo es la impotencia de la fuerza. De los dos poderes, fuerza e inteligencia, a la larga el sable siempre es vencido por el espíritu” o “Un gobierno que sólo se sostiene en las bayonetas es un gobierno vencido”. Su gran adversario, el Duque de Wellington, también opinaba que “Únicamente una batalla perdida puede ser más triste que una batalla vencida”.

Más recientemente otros han hablado de vencedores y vencidos. Pinochet se delató cuando declaró: “Aquí no hay ni vencedores ni vencidos, pero sepan estos últimos”... Más cercanamente, Fraga Iribarne declaró: “La victoria en la guerra sólo se consigue cuando se hace ganar también a los vencidos”,… en la etapa de la transición. El mismo Juan Carlos I recordaba que “No quería, a ningún precio, que los vencedores de la guerra civil fueran los vencidos de la democracia”. Pero la mejor cita es la de un clásico (Lucano): “¡Tan miserable es salir vencedor en una guerra civil!”.

La humanidad no ha conocido hasta la fecha sino una historia de odio, donde no cabían más que dos héroes: Hamlet, el impotente, y Macbeth, el vencedor. Y ambos son atormentados por espectros. Con ese maniqueo esquema bipolar, de buenos y malos, de vencedores y vencidos,… hemos crecido. Los filósofos lo mitigaron, pero no lo superaron. Nietzsche sugirió “También los vencedores son vencidos por la victoria”, o Maquiavelo creyó “Los pueblos sométense voluntariamente al imperio de quien trata a los vencidos, no como enemigos, sino como hermanos”.

Son insuficientes consejos como éstos, porque suponen que debe haber vencidos: “Con la misma mano con que vence, protege a los vencidos. El vencedor siempre honra al que ha vencido. Es perdonar al vencido, el triunfo de la victoria. La mayor satisfacción del vencedor consiste en perdonar al vencido. La paz es conveniente al vencedor y necesaria al vencido”. Ya no queremos victorias, ni victorias ni victoriosos que impliquen vencidos. La concordia crea invencibles, invencibles convencidos y sin vencidos. Quien domina por la fuerza no ha vencido a su enemigo. Preferimos el amor, en cuyas contiendas es indiferente vencer o ser vencido, porque siempre se gana.

Quizá, en ocasiones, la vida nos vence, y el sentimiento de vencidos se mantiene. Pero no es vencido sino quien cree serlo. Ya no aspiramos a ser vencedores de otros, sino de nosotros mismos como Buda predica: “vencedor es quien se vence a sí mismo”. Sin necesidad de que nos enfrentemos los unos con los otros, la vida nos somete a una escuela de adversidad, frente a la desigualdad, frente a la enfermedad, frente a la muerte. La naturaleza humana nos orienta hacia la solidaridad con las víctimas, con quienes generosamente no buscan revancha sino el fin del infortunio para todos.

El concepto vencer es propio del caduco lenguaje militar: en una civilización madura el gran verbo es convencer. En la guerra, sea quien sea el que se pueda llamar vencedor, no hay ganador, sólo perdedores, sólo hay vencidos; en la paz, todos somos ganadores y vencedores de nosotros mismos. Una sana democracia no acoge vencedores y vencidos, sino que sólo caben convencedores y convencidos. Pidamos a nuestros dirigentes que se transmuten, y convirtámonos cada uno de nosotros, en vendedores de paz ante nuestros convecinos.

23:34 Écrit par SaGa Bardon dans Educación | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : paz, pro pace |  Facebook |