18/03/2009

Historia de un amor conyugal demócrata-republicano

Historia de un amor conyugal demócrata-republicano

Archivado en Sociogenética, Antropología conyugal

Ella es Maria Shriver, heredera de la poderosa dinastía Kennedy, periodista, escritora, política demócrata, primera dama de California y posible candidata de este industrioso estado. Él es Arnold Schwarzenegger, inmigrante austríaco de origen humilde, deportista, actor, político republicano y gobernador de California.

Maria Shriver: "Cuando le conocí estaba segura de que acabaría casándome con él. Me encantaba su independencia y su forma de ver y conducir las cosas. Pensé que tendría una vida desafiante con él; no una vida fácil, pero una vida interesante".

Arnold Schwarzenegger vio en Maria una igual y una compañera: "Es una ventaja poder estar con alguien que es inteligente. Ella no tiene miedo de expresar su opinión, incluso cuando sabe que lo que dirá no es lo que yo quisiera escuchar. Ya tengo a mi alrededor suficientes personas que me dicen sí a todo. Esa es la ultima cosa que yo necesito en una mujer".

Como Primera Dama, María ha tomado su papel con una actitud positiva. Describiéndose como una “Primera Dama de Misión General" -tal como lo evidencian numerosos desafíos que ella aborda - sus llamados a la acción han resonado en todo el Estado, ha abordado temas críticos como la lucha de los trabajadores pobres; la obesidad infantil; la enfermedad alzheimer; la inserción social y profesionasl de las personas discapacitadas; el apoyo a las familias de los militares; la preparación preventiva de los desastres; subraya los logros de las mujeres; y promueve en el Estado la cultura, el arte y la historia. Como Presidenta de honor de CaliforniaVolunteers, ella cree que los 37 millones de californianos tienen la habilidad para servir e impactar de manera positiva en sus comunidades.

Según ha dado a entender recientemente, María está estudiando la posibilidad de presentar su candidatura como gobernadora de California. No es una desconocida, puesto que abandonó una carrera de éxito como periodista para atender sus múltiples compromisos como primera dama del Estado. Según ha declarado, la decisión de considerar su paso a la política se explica porque se ha puesto en el camino de ser ella misma.

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¿Cómo se conocieron Arnold y Maria?
por Júpiter Optimus Maximus

Arnold Schwarzenegger y Maria Shriver llevan juntos casi 30 años, que se dice pronto. Si hay dos personas hechas el uno para el otro esas son Arnold y Maria. Se conocieron en 1977, cuando él tenía 30 años y ella 21. Maria acababa de graduarse en la Georgetown University y estaba preparándose con la Westinghouse TV para ser reportera de noticias, que era su ilusión.

Como miembro de la poderosa familia Kennedy, Maria se había sumado al clan en el Robert F. Kennedy Pro-Celebrity Tennis Tournament, en Forest Hills, New York. Bobby Shriver, el hermano de Maria, había invitado a Arnold a participar en la competición de tenis. El entonces ciudadano austriaco era el mejor culturista de todos los tiempos, 6 veces Mr. Olympia en aquel momento (ganaría otro título en 1980) y sujeto reciente de unas excelentes críticas por el documental deportivo Pumping Iron (1977), que recoge diversos aspectos de su vida como culturista profesional. Además, Schwarzenegger venía de desempeñar un papel secundario pero relevante en su primera película importante, Stay Hungry (1976), protagonizada por Sally Field y la estrella Jeff Bridges.

Entonces Maria fue presentada casualmente a Arnold por Tom Brokaw, un periodista de la televisión, en la fiesta previa a la competición. Pero no fue hasta que ella le vio sobre la cancha cuando realmente se fijó en él. Arnold y el ex futbolista Rosie Grier, que nunca habían jugado al tenis, perdieron un divertido partido de dobles contra un par de chicos de 10 años.

"Tu hija es muy atractiva", le dijo tras el partido Arnold a la madre de Maria, Eunice Kennedy Shriver. "Él es muy simpático", le susurró posteriormente Eunice a su hija.

Todo el mundo notó la química instantánea en la pareja. Un romance de película daba sus primeros pero vertiginosos pasos. Aquella misma tarde una impulsiva Maria invitaba a Arnold (que ya era amigo de Bobby, el hermano de Maria) a conocer a su familia en Hyannis Port, Massachussets.

El padre de Maria, Sargent Shriver, ex embajador de los USA en Francia, siempre había sido muy protector con ella y vigilaba atentamente a todos los hombres que se le acercaban. Antes que Arnold, Maria había tenidos dos novios, pero cuando los padres de Maria conocieron a Arnold se quedaron impresionados. Aquel austríaco de orígenes humildes no se parecía en nada a los hombres que habían rondado a Maria en el pasado: Arnold era espontáneo, natural y con un peculiar y contagioso sentido del humor. Contra lo que muchos podrían haber pensado, aquel gigante les gustó de inmediato.

Maria Shriver: "Cuando le conocí estaba segura de que acabaría casándome con él. Me encantaba su independencia y su forma de ver y conducir las cosas. Pensé que tendría una vida desafiante con él; no una vida fácil, pero una vida interesante".

Arnold Schwarzenegger vio en Maria una igual y una compañera: "Es una ventaja poder estar con alguien que es inteligente. Ella no tiene miedo de expresar su opinión, incluso cuando sabe que lo que dirá no es lo que yo quisiera escuchar. Ya tengo a mi alrededor suficientes personas que me dicen sí a todo. Esa es la ultima cosa que yo necesito en una mujer".

La vida en común de la pareja comenzó con Maria trabajando para CBS News, tratando de hacerse un nombre propio antes de casarse. Su objetivo era presentar un programa antes de llegar a los 30. En 1985 Maria alcanzó su reto y presentaba un espacio en CBS Morning News.

Por su parte Arnold estaba igualmente centrado en lograr el éxito. Y fue un trabajo realizado en España el que cambió definitivamente su vida. Rodada en 1981 a las órdenes de John Milius, en localizaciones situadas en Madrid, Cuenca, Ávila y Almería, la película Conan the Barbarian (1982) convirtió a Arnold en una verdadera estrella de Hollywood. Arnold obtuvo la ciudadanía americana en 1983, y uno año después se consagraba con otra película que pasaría a la historia: The Terminator (1984), de James Cameron.

Fue ya por entonces cuando Arnold comenzó a interesarse por la política y a realizar un papel activo dentro del Republican Party. Su novia Maria, sobrina de John F. Kennedy, se inclinaba por el Democratic Party tan ligado a su familia, pero ambos respetaron siempre las ideas del otro, hasta el punto que Maria ha dicho sobre Arnold: "Lo que mucha gente no entiende es que Arnold creció en un país con gobiernos socialistas. Es natural que muchos inmigrantes que vienen a América quieran al gobierno fuera de sus vidas. Es por eso que tantos son republicanos".

Por fin, en el verano de 1986, Arnold lleva a Maria a Austria, su patria natal. Visitan la casa donde Arnold nació y creció, en el pequeño pueblo de Thal. Pasean en barca por el lago de Thal, junto al Thalersee Restaurant, en el mismo lugar donde el niño Schwarzenegger se divertía con sus amigos. Y en tan romántico lugar Arnold le pregunta a Maria si quiere ser su mujer. "¿Hablas en serio?", le responde Maria. Arnold le entrega un anillo con diamantes y le dice que naturalmente que sí. Han estado juntos 9 años y él habla muy en serio. Maria responde "Sí".

La siguiente primavera los amigos de la pareja y familiares se reúnen en Hyannis Port para la boda de la década.

El día antes, la prima de Maria, Caroline Kennedy, ofrece una comida en la casa de su madre, Jacqueline Kennedy-Onassis. Esa noche, la madre de Arnold, Aurelia, ofrece una cena de estilo austriaco en el Hyannis Port Country Club. Se intercambian regalos y Arnold ofrece a los padres de Maria un retrato de su hija, del artista Andy Warhol, presente entre los invitados. "La quiero y siempre cuidaré de ella. Que nadie lo dude", exclama Arnold.

Al día siguiente todo el tráfico hasta 2 millas de distancia del complejo de los Kennedy queda cerrado. Maria Shriver, de 30 años, y Arnold Schwarzenegger de 38, entran en la iglesia de St. Francis. El vestido de Maria está diseñado por Marc Bohan, de Christian Dior. Son muchísimas las celebridades entre los 150 invitados, pero nadie más importante para Arnold que Franco Columbu, su mejor amigo y rival en las competiciones culturistas desde que llegó a América a finales de la década de los 60.

Han pasado casi 20 años desde su boda y 30 desde que están juntos. Siguen tan enamorados como entonces. Arnold Schwarzenegger y Maria Shriver tienen hoy 4 hijos: dos chicas, Katherine y Christina, y dos chicos, Patrick y Christopher.

Ésta es la historia de cómo la providencia cruzó los caminos de dos personas, un hombre que nació sin nada y lo alcanzó todo, y una princesa americana que rechazó a sus iguales para unir su destino al del bárbaro de tierras remotas que conquistó su corazón. Por sus méritos hoy gobiernan su propio reino en la próspera California.

octopusmagnificens
viernes, noviembre 18, 2005

18:14 Écrit par SaGa Bardon dans Actualidad | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : sociogenetica, antropologia conyugal |  Facebook |

17/03/2009

Moriscos expulsados y vascos exiliados 2/5

Moriscos expulsados y vascos exiliados 2/5

Archivado en Europa, El Quijote, España, Sociogenética, Ética, Religiones, Migraciones, Pro justitia et libertate, Francia

En la expulsión de los moriscos se ha cometido una injusticia atroz con los convertidos auténticos. Tal es el caso de Ana Félix, la bella morisca capturada por la galera de Barcelona bajo la apariencia de un arráez mozo, que sintetiza simbólicamente, ante el Virrey de Barcelona, el General de la galera, Don Quijote y Sancho, las justas quejas de sus semejantes moriscos, expulsados como ella de su patria española ® morisca

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Imagen: Beatriz de Padilla fue ejecutada - relaxada - en una pira de fuego, el 13 de Diciembre de 1.598, en la Plaza Mayor de Cuenca. Su culpa, probablemente infundada: práctica del Islam. Esta culpa no se constató, sino que se supuso, puesto que su fundamento fue el resultado de la acusación bajo suplicio de una vecina. Su proceso, seguido de ejecución capital, que tuvo lugar poco después de la muerte de Felipe II (El Escorial, 13 de septiembre de 1598), se cita como modelo de un proceso inquisitorial practicado contra una morisca sospechosa de prácticas islámicas.

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El morisco Ricote, padre de Ana Félix, añade ante los mismos testigos su propio testimonio al de su hija:

«Yo salí de mi patria (España) a buscar en reinos extraños quien nos albergase y recogiese… Si nuestra poca culpa y sus lágrimas y las mías por la integridad de vuestra justicia pueden abrir puertas a la misericordia, usadla con nosotros, que jamás tuvimos pensamientos de ofenderos», QpCSGB, I.63.37.

El denominador común de ambos testimonios es que los moriscos no fueron expulsados por infieles a su nueva religión, sino por pertenecer a la nación árabe de la que los cristianos viejos desconfiaban. La desconfianza se tradujo en desprecio, el desprecio en odio y el odio en deseo de expulsión: «En la mayoría de las aldeas manchegas, y en muchos otros pueblos de España, hay gentes más abatidas y despreciadas, si cabe, que los jornaleros y campesinos pobres: los moriscos. Cervantes no parece compartir el odio que algunos profesan contra esta minoría, ni acepta los argumentos con que se justificó su expulsión; pero recoge, en algunos pasajes de sus obras, la opinión negativa que ciertos contemporáneos suyos tenían de este desdichado pueblo.», Salazar [1], 1986, p. 201.

«Cervantes debió de conocer a muchos moriscos en su dilatada vida andariega, y siguió de cerca, en Valladolid y Madrid, las discusiones y preparativos que precedieron a la expulsión. El tema era de candente actualidad en 1615, y Cervantes, aunque pone en boca de sus personajes palabras inverosímiles y alabanzas grandilocuentes en favor del destierro, expresa en la historia del morisco Ricote la tristeza y el asombro con que muchos españoles vivieron las consecuencias de la impopular medida, y reproduce además, con extraordinaria fidelidad, algunos detalles de este penoso episodio.», Salazar, 1986, p. 206.

El topónimo Ricote se transforma en onomástico por la decisiva razón de que el morisco manchego es, a su vez, un paradigma de víctima inocente: «La maravillosa realidad de Ricote contrasta con aquella caricatura antimorisca al uso y su única afinidad con ella radica en la presencia de ciertos datos sociológicos enteramente neutralizados por Cervantes. La idea de un «buen» morisco, rebosante de dignidad y propicia a ganar el respeto del presunto adversario ideológico, discrepa rotundamente de cuanto se escribía en España por aquellos años, y sólo al tomarlo en cuenta se advierte su hondo sentido. En actitud que hay que llamar quijotesca, Cervantes se opone él solo a la marejada de odios, soberbias y confusiones mentales en que naufragan sus contemporáneos. Quijotesco y aun algo temerario también, al no privarse de suscitar aquella idea clave y peligrosa de la libertad de conciencia con que entra en el grano del problema.», FMV, p. 241.

«La elección de Ricote sirve a Cervantes para demostrar que no todos los moriscos eran apóstatas o descreídos, y para socavar así uno de los principales argumentos con que se justificó la expulsión. Lo que Ricote busca no es la herejía, ni el retorno al mundo islámico, sino el lugar idóneo para practicar el cristianismo en libertad o para esperar sin angustias la luz de la verdadera fe, porque:

«...yo sé cierto que la Ricota mi hija y Francisca Ricota mi mujer son católicas cristianas, y aunque yo no lo soy tanto, todavía tengo más de cristiano que de moro, y ruego siempre a Dios me abra los ojos del entendimiento y me dé a conocer cómo le tengo de servir».
QpCSGB, II.54.22., Salazar, 1986, p. 207.

«Cervantes derriba en este breve episodio otro de los mitos que una historia apologética ha tejido en torno a la expulsión: el de su pretendida popularidad. El decreto fue obra de unos pocos y nunca contó con las simpatías y el apoyo del resto de la población: de ahí que los moriscos no estén solos el día del destierro, y que a sus lágrimas y lamentos se una, en muchos lugares, el desconsuelo de los cristianos que los ven marchar. En el pueblo de Don Quijote las relaciones entre ambas comunidades son cordiales, y el episodio de la expulsión adquiere, según el relato homodiegético de Sancho, perfiles trágicos» (Salazar, 1986, 207-208):

«...salió tu hija tan hermosa, que salieron a verla cuantos había en el pueblo, y todos decían que era la más bella criatura del mundo. Iba llorando y abrazada a todas sus amigas y conocidas, y a cuantos llegaban a verla, y a todos pedía la encomendasen a Dios y a Nuestra Señora su madre; y esto, con tanto sentimiento, que a mí me hizo llorar, que no suelo ser muy llorón. Y a fee que muchos tuvieron deseo de esconderla y salir a quitársela en el camino; pero el miedo de ir contra el mandato del Rey los detuvo. Principalmente se mostró más apasionado don Pedro Gregorio, aquel mancebo mayorazgo rico que tú conoces, que dicen que la quería mucho, y después que ella se partió, nunca más él ha parecido en nuestro lugar, y todos pensamos que iba tras ella para robarla; pero hasta ahora no se ha sabido nada» QpCSGB, II.54.38.

® centinelas de nuestra Fe ® Ricote

|| morisco aljamiado: 'morisco que hablaba castellano'.

El narrador imagina una circunstancia que habría sido mucho más probable años antes que a principios del siglo XVII. En efecto, entre 1600 y 1605 ya no era nada fácil encontrar en Toledo un morisco que al mismo tiempo leyera el árabe y redactara el castellano de la manera que se cuenta en QpCSGB, I.9.6.

Como la opinión popular asociaba la Mancha con los moriscos, ya que fue en gran parte repoblada con personas originarias del reino de Granada o de Valencia, cabe pensar que el narrador hace repetidas alusiones burlescas a esta asociación. He aquí algunas de estas alusiones: 1) el original de las aventuras del hidalgo manchego está escrito en árabe; 2) un morisco aljamiado lo traduce al castellano; 3) la señora de los pensamientos del hidalgo manchego es del Toboso, cuya población era en gran parte morisca, (Murillo). ® Ricote

|| Mezclóse con los moriscos: Ana Félix se refiere a don Gregorio, el mayorazgo que por amor de ella quiso acompañarla en su destierro al infierno de Argel:

«sólo diré cómo en nuestro destierro quiso acompañarme don Gregorio. Mezclóse con los moriscos que de otros lugares salieron, porque sabía muy bien la lengua, y en el viaje se hizo amigo de dos tíos míos que consigo me traían», QpCSGB, II.63.32.2-3.

«Cuando Cervantes prolonga la historia de Ricote en la de los amores de su hija Ana Félix con el heredero de un mayorazgo no anda a la busca de una ornamentación o episódica peripecia romántica. Por el contrario, se halla advocando no ya la asimilación, sino el cruce de la barrera de sangre como óptimo y definitivo paso hacia aquélla, es decir, la idea favorita del sector más liberal de la opinión moderada (la «permixtión» de Pedro de Valencia). No era tampoco idea nueva ni inaudita, pues en un principio la asimilación mediante matrimonios aparece formulada como política oficial en las instrucciones dadas por Carlos V en 1526 al virtuoso fray Pedro de Alba, obispo electo de Granada. La conveniencia de fomentar los matrimonios entre cristianos viejos y moriscos era puesta de relieve en 1549 por el inquisidor general don Fernando de Valdés, de nada fausta memoria. En 1598 [año de la muerte de Felipe II] el arzobispo electo de Toledo fray García de Loaysa proponía que los moriscos sólo pudieran casar en adelante con cristianos viejos.», FMV, p. 312. ® resolución del gran Filipo III ® Viedma ® arriero

morisca (de morisco) f. y adj. Aventura de la hermosa morisca: El mozo arráez capturado por la galera donde se ha hecho a la mar DQ, que resulta ser mujer cristiana disfrazada, cuyo nombre es Ana Félix, cuenta que un caballero mancebo llamado Don Gaspar Gregorio, hijo mayorazgo de un caballero que junto a su lugar otro suyo tiene, se enamoró de ella hasta el punto de querer acompañarla en su destierro como morisca expulsada de España:

«sólo diré cómo en nuestro destierro quiso acompañarme don Gregorio. Mezclóse con los moriscos que de otros lugares salieron, porque sabía muy bien la lengua, y en el viaje se hizo amigo de dos tíos míos que consigo me traían», QpCSGB, II.63.32.

En la expulsión de los moriscos se ha cometido una injusticia atroz con los convertidos auténticos. Tal es el caso de Ana Félix, la bella morisca capturada por la galera de Barcelona bajo la apariencia de un arráez mozo, que sintetiza simbólicamente ante el Virrey de Barcelona, el General de la galera, Don Quijote y Sancho las justas quejas de sus semejantes moriscos expulsados como ella de su patria española:

«—De aquella nación más desdichada que prudente sobre quien ha llovido estos días un mar de desgracias, nací yo de moriscos padres engendrada. En la corriente de su desventura, fui yo por dos tíos míos llevada a Berbería, sin que me aprovechase decir que era cristiana, como, en efecto, lo soy, y no de las fingidas ni aparentes, sino de las verdaderas y católicas. No me valió con los que tenían a cargo nuestro miserable destierro decir esta verdad, ni mis tíos quisieron creerla; antes la tuvieron por mentira y por invención para quedarme en la tierra donde había nacido, y así, por fuerza más que por grado, me trujeron consigo. Tuve una madre cristiana y un padre discreto y cristiano ni más ni menos; mamé la fe católica en la leche; criéme con buenas costumbres; ni en la lengua ni en ellas, jamás, a mi parecer di señales de ser morisca.», QpCSGB, II.62.32.1;

«en ninguna cosa he sido culpante de la culpa en que los de mi nación han caído.», QpCSGB, II.62.32.6.

«Las peripecias de la bella morisca tendrán un desenlace tan inesperadamente feliz, que el lector comienza a advertir la exageración (Ana, al fin, es perdonada y acogida en una de las mejores casas de la ciudad).

Disfrazado de peregrino, Ricote ha presenciado la escena de la detención de su hija y de su liberación. Nótese que el personaje del morisco expatriado surge dos veces en la Segunda parte: en QpCSGB, II.54 se le ha confrontado con Sancho y, ahora, se le permite reunirse con su hija, en el momento mismo en que el itinerario de DQ sufre una brusca inversión de ruta.», Georges Güntert, en Rico 1998 b, p. 225. ® morisco

|| a la morisca vestida: 'vestida a la usanza de los moriscos'. Así se presenta a Zoraida en el relato del cautivo, QpCSGB,I.37.28. «La vestimenta a la morisca había sido prohibida varias veces a lo largo del siglo XVI, por premáticas que fueron discutidas y que no siempre se cumplieron.», Risco, 439. ® almalafa

|| señales de ser morisca: Las principales señales de ser morisca eran el vestido, las costumbres y la lengua; los moriscos hablaban entre ellos el árabe con dialectalismos y giros romances. • El arráez resulta ser Ana Félix, morisca cristiana hija de Ricote:

«Criéme con buenas costumbres, ni en la lengua ni en ellas jamás, a mi parecer, di señales de ser morisca», QpCSGB, II.32.1.

[1] Salazar Rincón, El mundo social del "Quijote", Madrid, 1986.

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Fuentes:

Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid, apareció en 2005, con ocasión del 4° centenario de "El Quijote".

QpCSGB = Salvador García Bardón, El Quijote para citarlo.

16/03/2009

Moriscos expulsados y vascos exiliados 1/5

Moriscos expulsados y vascos exiliados 1/5

Archivado en Europa, El Quijote, Semántica, Pragmática, España, Sociogenética, Ética, Religiones, Educación, Migraciones, Pro justitia et libertate, Francia, Geopolítica

Con ocasión de las navidades y del año nuevo 2005, comienzo del cuarto centenario de El Quijote, dediqué un trabajo sobre los Moriscos en El Quijote a quienes piensan conmigo que no debemos repetir nuestros errores del pasado, sobre todo los que conculcan los derechos humanos fundamentales.

La coincidencia del cuarto centenario de la expulsión de los Moriscos con el trigésimo aniversario del comienzo de la salida masiva de vascoespañoles del País Vasco hacia el exilio, debida a la intolerancia de los nacionalistas separatistas, me incita a haceros ver, mediante el paralelismo de ambas injusticias históricas, la urgencia de resolver el acuciante problema actual del exilio vasco, al imaginar la formación de un nuevo gobierno en esta región autónoma del Estado Español, cuya promesa fundamental es el cambio.

Los formadores de este nuevo gobierno, quienesquiera que ellos sean, deben saber que si el cambio que prometen no permite la vuelta a su país de los exiliados vascos, su pretendido cambio no será tal, sino un nuevo engaño como el que nos ha impuesto, sobre todo a los exiliados, durante treinta años el Partido Nacionalista Vasco.

Esta vez dedico este trabajo a quienes piensan conmigo que no debemos tolerar que se sigan repitiendo y empeorando ni en el País Vasco, ni en el resto de España, ni en ningún otro rincón de Europa, por el motivo que sea, nuestros peores errores del pasado, que son precisamente los que conculcan los derechos humanos fundamentales.

El primero de estos derechos, el que yo califico como "derecho humano y divino, uno y trino", recogido en el Artículo 3 de la Declaración Universal de los Derechos humanos, es el derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad personal de todo ser humano:

"Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona."
Declaración Universal de los Derechos humanos, Artículo 3.

No podemos seguir admitiendo que este triple derecho primario sea indefinidamente conculcado en nuestro propio suelo, sin que las autoridades que deben garantizarlo cumplan con su obligación de hacerlo, invocando para no garantizarlo inadmisibles disculpas lingüísticas, culturales, étnicas, folklóricas e incluso religiosas, en contradicción flagrante con las creencias esenciales de toda civilización. El fundamento de estas disculpas es notoriamente seudocientífico, seudohistórico, anticonstitucional, sectario, heterodoxo, blasfemo, discriminatorio y contrario a los derechos humanos.

Si la expulsión de los moriscos debe seguir avergonzándonos e incitándonos a corregir en nuestra vida presente el error de nuestros antepasados; el exilio de los vascos, dramatizado hasta el absurdo de la más cruel tragedia por los incesantes crímenes terroristas, nos obliga en conciencia a salir sin más tardar del sistema mentiroso que el nacionalismo separatista vasco ha mantenido, para nuestra vergüenza colectiva, en el seno de España y de Europa, durante treinta años.

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Imagen: Leyenda de la Peña de los Enamorados de Antequera (Málaga). En esta pintura, hecha por encargo del político andalucista Blas Infante, el pintor Juan Alonso Garzón representa uno de sus recuerdos de infancia, fruto de las ensoñaciones románticas. La leyenda narra una historia de amor entre un morisco y una cristiana, que sufren los problemas de sus diferencias culturales y religiosas durante la reconquista cristiana, que termina en la trágica muerte de los enamorados.

La decoración de la Casa Museo Blas Infante, donde se encuentra esta pintura, se inspira en el arte islámico y andalusí, y en el Regionalismo sevillano de principios del siglo XX. En el edificio conviven la decoración de lacería, la epigrafía en aljamiado, la filigrana de la yesería, azulejos de factura trianera con escenas del Quijote, pinturas murales de inspiración orientalista o arcos de herradura derivados de modelos hispanomusulmanes.

En el interior pueden encontrarse una selección de motivos que se enmarcan en siete grupos: arquitectura, azulejería y cerámicas, obra pictórica, símbolos, yeserías, arqueología y otros.

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Moriscos en El Quijote, 4° centenario

Hace cuatro siglos y dos meses bien cumplidos, el Consejo de Estado votó por unanimidad el acuerdo de expulsión de los moriscos, invocando la razón de Estado. Era el 30 de enero de 1608. El 9 de diciembre de 1609 se publicó el primer bando de expulsión de los moriscos de Murcia y parte de Andalucía; el 10 de julio de 1610 el que afectaba a los de Extremadura y las dos Castillas, comprendiendo la Mancha, y todavía en 1613 aparecieron disposiciones semejantes.

La deplorable expulsión de los moriscos fue obra de unos pocos y nunca contó con las simpatías y el apoyo del resto de la población; de ahí que los moriscos no estén solos el día del destierro, y que a sus lágrimas y lamentos se una, en muchos lugares, el desconsuelo de los cristianos que los ven marchar. En el pueblo de Don Quijote las relaciones entre ambas comunidades son cordiales, y el episodio de la expulsión adquiere, según el relato testimonial de Sancho, perfiles trágicos.

Frecuencias léxicas en El Quijote: morisca: 11; moriscas: 1; morisco: 10: [alfanje morisco: 2]; moriscos: 3; morisma: 3; moro: 49; mor-1: moro

morisco (doc. 966, der. de moro ) m. y f. y adj. 'moro bautizado que se quedó en España terminada la reconquista o relativo a él'

«MORISCOS. Los convertidos de moros a la Fe católica, y si ellos son católicos, gran merced les ha hecho Dios y a nosotros también.», Cov. 815.a.1. El lexicógrafo Covarrubias expresa así el sentimiento de una minoría activista de los cristianos viejos de la época, cuyo deseo era el terminar en España con la diversidad de religiones, acogiendo a los judíos y a los moros en el seno de la iglesia católica.

Numerosos historiadores demuestran que no era una mayoría: «La expulsión no procedía de ningún clamor popular ni produjo el menor entusiasmo colectivo, contra lo que afirma una historia vindicativa y llena de mala conciencia. La España de 1610 quedaba sólo estupefacta y sumida en un penoso silencio que las vociferaciones del puñado de apologistas vuelve aún más profundo y elocuente.», FMV, p. 360. «La expulsión no procede nunca al aliento de un clamor popular, sino al de una minoría activista radicada en las más altas esferas de la política, de la Iglesia y de la Inquisición», FMV, p. 316.

Este sentimiento había provocado la expulsión de los judíos en 1492 y provoca en 1609 la expulsión de los moriscos.

«La expulsión de los moriscos no podía ser considerada por ninguna persona consciente en el mismo plano de otras importantes medidas políticas. España no podía poner su mano en aquella minoría sin tomar graves decisiones acerca de sí misma.…

[¿Cuántas expulsiones puede soportar un pueblo sin desintegrarse o sin volverse en parásito de sí mismo?] Con la expulsión se franqueaban límites de hecho y de derecho vedados hasta entonces tanto por la prudencia política como por la conciencia cristiana. Era el más firme paso por la cuesta abajo moral de la dictadura irresponsable del duque de Lerma, dispuesto ahora a probar que su poderío no aceptaba las barreras que la duda jurídico-moral había impuesto a sus antecesores en el gobierno.

Muchos españoles conscientes (y nadie lo era más que Cervantes) debieron darse cuenta de que algo irreparable se había roto para siempre y que desde aquel momento no tenían ya rey, sino amo. Cervantes entreveía tal vez un torvo futuro, preñado de infinitas exclusiones y discordias fratricidas, hacia el cual se daba un firme paso con los decretos de Felipe III y su «Atlante» el de Lerma.

El destierro de los moriscos no sólo ha puesto fin a la última presencia islámica en suelo español: ha cambiado el tono de la vida, se han vuelto ahora inconcebibles muchas cosas, y la primera de ellas es todo asomo de «política» en el manejo de los negocios públicos. De ahí el júbilo, tan justificado, del sector de opinión más inquisitorial.

El caso de Ricote es paradigma de la suerte reservada al individuo (hombre o mujer cristiano nuevo o viejo) en un mundo regido por el pragmatismo anticristiano de la razón de estado.», FMV, p. 257 & 276 & 306 & 322 & 328.

«1610 será año importante; Felipe III quiere terminar la operación destinada a la expulsión de los moriscos, completando así la tarea de los Reyes Católicos, de su abuelo Carlos I y de su padre Felipe II. El 10 de enero se dictará la real cédula por la que se ordena su apartamiento de España.», M.L., Cervantes, c.7, p. 178.

«En el capítulo II.54 del Quijote trata Cervantes un asunto de suma actualidad cuando apareció la segunda parte del Quijote: la expulsión de los moriscos. El problema venía desde que los Reyes Católicos ganaron Granada, lo que dejó en incómoda situación a los musulmanes de España, minoría difícilmente asimilable, pues persistía en la religión mahometana en usos y costumbres moros y obligada a vivir como los cristianos, sólo lo hacía en apariencia.

Tras muchos intentos de solución, y la sublevación de los moriscos de las Alpujarras en tiempos de Felipe II, el acuerdo de expulsión lo votó por unanimidad el Consejo de Estado el 30 de enero de 1608, invocando la razón de Estado, o sea, la "conveniencia" y la seguridad de la nación; también se justificó por la reciente conquista de Marruecos por Muley Cidán, enemigo de España; el 9 de diciembre de 1609 se publicó el primer bando de expulsión de los moriscos de Murcia y parte de Andalucia; el 10 de julio de 1610 el que afectaba a los de Extremadura y las dos Castillas, comprendiendo la Mancha, y todavía en 1613 aparecieron disposiciones semejantes.

El destierro de los moriscos, que de toda evidencia es sentido por el Autor como algo no sólo concreto, sino particularmente grave en uno de los pasajes en que más sentimos en filigrana la personalidad de Cervantes tras la suya, es «un asunto suyo, porque es asunto de sus vecinos inmediatos».

«Al tiempo de la expulsión salieron del Toboso cincuenta y cuatro familias de moriscos, compuestas de doscientas sesenta y nueve personas, según dice Fray Marcos de Guadalajara en su Prodición y destierro de los moriscos de Castilla, citado por Pellicer.», Clem. 1824.a.

Esta tragedia de la joven nación española, una nación que ha sacrificado a la nueva unidad católica, celosamente controlada por la Inquisición, las variedades nacionales y religiosas que la han caracterizado durante siglos, es dramatizada en el Quijote por la doble tragedia de Ricote y de su hija Ana Félix, que son presentados como paisanos y vecinos de Sancho Panza. (® Ricote ® Félix) La trayectoria del padre le lleva a países protestantes, que resultan ser mucho más liberales que los países católicos. La trayectoria de la hija, la más común de las trayectorias de los moriscos expulsados de la patria, la lleva a Argel.

Como los moros tienen prohibido por su ley el beber vino, Ricote, de vuelta en España como peregrino, muestra su condición de moro auténticamente convertido al cristianismo bebiéndolo tanto o más que lo otros peregrinos, lo cual queda significado por las dimensiones excepcionales de su bota de vino: «hasta el buen Ricote, que se había transformado de morisco en alemán o tudesco, sacó la suya, que en grandeza podía competir con las cinco.», II.54.15.

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Fuente: Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid, apareció en 2005, con ocasión del 4° centenario de "El Quijote".