06/04/2011

"Juventud SIN futuro" = "Humanidad SIN futuro"

 

 
 

Dejando a la juventud sin futuro, nos privamos de nuestro propio futuro.

La paradoja transgeneracional a la que asistimos, unos como agentes y otros como pacientes, es global.

Se manifiesta con particular agudeza en España, donde el colectivo más castigado por el paro es la juventud, con una tasa de paro juvenil del 40%, la más alta de la UE.

La paradoja transgeneracional es también europea y mundial, porque se manifiesta, con diferentes grados de intensidad, tanto en las prósperas Europa y Norteamérica como en el resto del planeta. Por el momento la paradoja transgeneracional es particularmente aguda en los países sometidos a dictaduras, que lo son en general los de las antiguas colonias europeas, muchas de ellas de cultura árabe y/o de religión musulmana.

La paradoja es, como recurso retórico, una "figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción". Tal es el caso de una frase o texto donde se atribuyen dos cualidades contrarias o dos proposiciones contradictorias a un mismo sujeto.

Cualidades contrarias: ‘El avaro es un rico pobre’: “Mira al avaro, en sus riquezas, pobre".
Proposiciones contradictorias: ‘El futuro de la humanidad no tiene futuro’: “La juventud, que es el futuro de la humanidad no tiene futuro”.

Solemos decir que la juventud es nuestro futuro, pero privando a la juventud de futuro, como lo hacemos al negarle sus derechos, la reducimos a la inexistencia, al mismo tiempo que nos privamos a nosotros mismos de nuestro propio futuro, tanto personal como social y mundial.

Actualmente se niegan impunemente a la juventud los siguientes derechos humanos: el trabajo en la dignidad y la justicia, garantizado por contratos no precarios; la seguridad económica durante la vida de trabajo y durante el retiro; la formación y el conocimiento no mercantilizados; la vivienda no sometida a la especulación inmobiliaria.

El Manifiesto de “Jóvenes SIN futuro” resume esta situación de injusticia intergeneracional afirmando:

“Somos las y los jóvenes a quienes las élites económicas y las políticas de nuestros gobiernos nos quieren convertir en la generación sin formación ni trabajo ni pensión digna.
Aquellos que, además, no tendremos casa en nuestra vida, desde que los especuladores hicieron del derecho a la vivienda un negocio con el que enriquecerse; un modelo de crecimiento económico que ha fracasado y ha generado esta crisis. Hemos tomado conciencia de que las medidas de salida a la crisis económica se han realizado a través de una constante socialización de las pérdidas.”

No lo olvidemos: El único futuro de la humanidad es la juventud, pero si la juventud no tiene futuro, la humanidad tampoco lo tiene.

Manifiesto: "Juventud SIN futuro"

"Nosotras y nosotros, la juventud sin futuro, nos dirigimos a la opinión pública para mostrar nuestro desacuerdo con la política de recortes sociales del Gobierno, y la consecuencia más grave y con mayor impacto en el futuro que estas medidas representan: la juventud más preparada de nuestra historia vivirá peor que sus padres.

La agresión contra el colectivo juvenil en un escenario de crisis capitalista, con una tasa de paro juvenil del 40%, la más alta de la UE, se materializa principalmente en tres medidas:
o La Reforma laboral, que aumenta la temporalidad de nuestros contratos, la flexibilidad laboral y supone la desaparición de la negociación colectiva, convirtiéndonos en trabajadores precarios/as de por vida.

o La Reforma del sistema de pensiones, que retrasa la edad de jubilación y reduce la cuantía de nuestras futuras pensiones y nos dificulta aún más encontrar un trabajo digno. Todo ello nos plantea un horizonte sin futuro.

o La mercantilización de la Educación pública, que apuesta por la rentabilidad privada, y no por la formación y el conocimiento. Una universidad de élite para una minoría y fábrica de precarios para una mayoría, con medidas que se concretan en una nueva selectividad que pone trabas al acceso a la universidad y en la degradación de la formación profesional.

Somos las y los jóvenes a quienes las élites económicas y las políticas de nuestros gobiernos nos quieren convertir en la generación sin formación ni trabajo ni pensión digna. Aquellos que, además, no tendremos casa en nuestra vida, desde que los especuladores hicieron del derecho a la vivienda un negocio con el que enriquecerse; un modelo de crecimiento económico que ha fracasado y ha generado esta crisis. Hemos tomado conciencia de que las medidas de salida a la crisis económica se han realizado a través de una constante socialización de las pérdidas.

Frente a la salida de la crisis por la derecha, nosotras y nosotros, la generación precaria, señalamos a los culpables y reivindicamos ser escuchados.

Queremos recuperar nuestra capacidad para ser actores de un motor de cambio, combatiendo un país de precariedad, desempleo y privatización de nuestra educación. Somos además conscientes de que la movilización y la lucha tienen sentido, pero sobre todo de que son necesarias. Italia, Francia, Grecia o Islandia nos enseñan que la movilización es indispensable. El mundo árabe nos demuestra que la victoria es posible.

Por eso llamamos a un ciclo de movilizaciones que recuperen la voz de la juventud en la calle, y lo hacemos extensivo a la sociedad civil. Nosotros no nos fiamos, sabemos que esto sólo lo solucionamos sin los que causaron esta crisis. Instamos a emprender la movilización colectiva, a reivindicar nuestro derecho a disentir, a reconstruir nuestro futuro.

Los abajo firmantes, estudiantes y miembros de la comunidad educativa, jóvenes trabajadoras y jóvenes trabajadores, movimientos sociales, profesionales de la ciencia, la técnica; mundo de la cultura y de las artes dan respaldo con su firma a este llamamiento a la movilización.

«Nos habéis quitado demasiado, ahora lo queremos todo»

Manifestación en Madrid: jueves 7 de abril - 19h - Pza. Antón Martín

Juventud SIN futuro

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30/03/2011

Al teólogo Joseph Comblin le dolía su Iglesia

 

 
 

Al teólogo Joseph Comblin (1923- + 27.03.2011) le dolía su Iglesia, porque constataba su desmembramiento como cuerpo social y místico, por culpa del clericalismo, incapaz de reconocer la necesidad de la corresponsabilidad  de los laicos tanto en los deberes como en los poderes del conjunto del cuerpo eclesial.

Entonces, ¿quién va a evangelizar el mundo de hoy, cuando faltan y fallan los clérigos, tanto en cantidad, por su envejecimiento y por la falta de vocaciones, como por la inaceptable calidad de su concepción de la Iglesia?

Desde el punto de vista de Joseph Comblin, son los laicos.  “Ya han surgido muchos grupos pequeños de jóvenes que practican justamente un modo de vida mucho más pobre {que los clérigos}, independientes de cualquier organización externa, en contacto permanente con el mundo  de los pobres. Ya existen, y habría más si fueran más conocidos.

Esta podría ser una tarea auxiliar de la teología: hacer saber lo que sucede en la realidad, descubrir dónde se encuentra en este momento  el evangelio vivido, para que se sepa, para que estos grupos se conozcan mutuamente, porque de otra manera pueden desalentarse o carecer de perspectivas. Una vez reunidos, que formen asociaciones, en el respeto de las tendencias, de los modelos espirituales.

No espero mucho de los clérigos. Estamos, por consecuencia, en una nueva situación histórica.”

Nacido en Bruselas en 1923, ordenado sacerdote en 1947 y doctorado en Teología por la Universidad Católica de Lovaina poco tiempo después, Comblin se formó en el clima de abertura teológica pre-conciliar, la teología renovada del norte europeo de Yves Congar, Karl Rahner y Henri de Lubac, profesor este último de toda una generación, entre ellos, Michel De Certeau.

Emigró a Brasil en 1958, trabajando en Campinas (SP) como profesor de escuela. Se convirtió en asesor de la juventud obrera católica (JOC), movimiento con fuertes repercusiones en la cultura obrera y en la movilización sindical. Más tarde fue profesor de la escuela de teología de los dominicos en San Pablo, donde fue profesor de Fray Betto hasta 1961. Fue también profesor del Instituto de Teología de Recife (Pernambuco) por invitación del Obispo de esa ciudad, D. Helder Câmara. Participó en la creación de seminarios rurales en el nordeste brasilero con un modelo pedagógico de avanzada.

Fue expulsado de Brasil en 1971 por la dictadura militar y residió en Chile, donde dirigió el seminario de Talca y escribió contra la ideología de seguridad nacional. La dictadura de Pinochet lo expulsó en 1980 y retornó al Brasil.

De vuelta en el nordeste brasilero fundó un seminario rural de formación de animadores de comunidades eclesiales de base, y varios movimientos asociados a la herencia de la Teología de la liberación.

Biografía e ideas no siempre van de la mano. Y no está mal que así sea, a fin de cuentas lenguaje y mundo, tal vez por suerte, tal vez por maldición, siguen manteniendo una relación compleja. La biografía de Joseph Comblin responde a un mundo que ajustó la brecha entre el cielo y tierra, y tal vez por ello dibuje un recorrido tan íntimo entre obra y vida

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"Hay una Iglesia paralela, sin poder, y que no busca el poder. ¿Qué va a pasar? ¿Un día tendrá la palabra? Eso es difícil preverlo, porque si no hay cambio en el Vaticano es muy difícil.

El sistema católico está de tal modo centralizado que todo depende de una sola persona. Y es claro que en Roma van a hacer todo lo posible para que no aparezca un nuevo Juan XXIII. Han tenido una lección ya... Han visto en Rusia qué pasó con Gorbachov, un hombre cambió y todo cayó.

O sea, cuando se produce una concentración de poder así, tan fuerte, tan radical, está todo el episcopado aniquilado, no tiene voz, no tiene iniciativa, no pueden decir nada, no pueden hacer nada, nada más reproducir lo que el Papa dice y manda hacer. Pero todo depende de un hombre.

¿Un día se puede imaginar que venga otro Juan XXIII? No hay ninguna previsión posible por el momento. El que está ahora dijo en Colonia a los seminaristas que tienen que entregar a la Iglesia su vida, su inteligencia y su libertad. ¡Entregar su libertad! Los soldados del papa. Pueden suceder situaciones catastróficas.

¿Qué pasa en la Iglesia? En ese momento, en diez años más, ya no habrá sacerdotes en Europa porque el promedio de edad actualmente es 65-70 años. Entonces, en diez años más habrá unos viejitos. Los institutos religiosos existirán en África, en Asia.

¿Estos grupos fundamentalistas no están aportando también seminaristas?

Ahí ni el poder de los fundamentalistas va a continuar. No. Van a aparecer escándalos. Porque hay cosas incomprensibles. Los Legionarios de Cristo, ¿cómo es que pueden mantener 4000 seminaristas de todas las diócesis del mundo? ¿De dónde viene la plata? ¿Contribuciones de quién? ¿Y cuánta plata viene de las drogas? Y las maniobras del Opus, todas maniobras financieras. Un día algo aparece y la verdad empieza a manifestarse."

¿Cuáles serían las orientaciones nuevas con relación al poder en la Iglesia hoy día?

1. En primer lugar se necesita reconocer el poder de los laicos, basado en los carismas y dones espirituales que recibieron, las responsabilidades evangelizadoras que asumen, etc.

2. En todas las instancias, desde el concilio ecuménico hasta los consejos parroquiales los laicos deben tener voz deliberativa y pueden decidir con el clero en todo lo que no se refiere a la doctrina definida definitivamente.

3. Los laicos deben tener voz activa en las elecciones en todos los niveles desde la elección del Papa hasta la elección de los párrocos.

4. Los laicos deben tener voz deliberativa en lo que se refiere a la liturgia, a la catequesis y la organización de la Iglesia.

5. El principio básico es que el poder no puede ser concentrado en una sola persona.

6. La base de toda la reforma del sistema de poder es la publicidad. La preparación de las decisiones debe ser abierta, publicada y los documentos necesarios deben estar a disposición de todos. No puede haber secreto de los nombramientos, ni de las decisiones prácticas tomadas por una sola autoridad.

7. Es necesario crear una instancia jurídica independiente en la que las personas que se sienten víctimas de injusticia puedan recurrir. En la actualidad, un laico no tiene defensa frente al clero o a los religiosos; las religiosas no tienen defensa frente al clero; los sacerdotes no tienen defensa frente al obispo; y los obispos no tienen defensa frente al Papa.

El principio básico es que el poder está en todos los cristianos aunque en grados distintos y que la estructura debe reconocer esta situación.

El segundo principio es que ninguna persona humana representa sencillamente el poder de Dios y por lo tanto puede ser corregido en todo lo que no es poder de Dios, sino afirmación de sí mismo. Para eso debe haber una corrección fraterna que debe ser pública.

El poder de Dios crea, construye, edifica, aumenta, confiere más libertad. Todos los poderes eclesiásticos que no actúan en ese sentido, no son poder de Dios y deben ser contenidos, limitados, corregidos estructuralmente. Las estructuras deben sacar las oportunidades de abusos de poder. Pues, en la Iglesia hay abusos de poder como en cualquier sociedad, y para disminuirlos es necesario que haya normas que equilibran los poderes de todos.

Fuentes:

1) LA CIUDAD DE JOSEPH COMBLIN: ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA
Por Nicolás Viotti1

2) Joseph Comblin: "L’Église : crise et espérance"

3) Joseph Comblin, memoria viva (1923-2011). El poder en la Iglesia
Xavier Pikaza, teólogo

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28/03/2011

El respeto a la libertad religiosa en Marruecos

 

 

Fr. Santiago Agrelo, Arzobispo de Tánger, nos envía el artículo que publicamos a continuación, de Zouhir Louassini, sobre el respeto a la libertad religiosa en Marruecos. Lo hace este 25 de marzo de 2011, “en memoria de un hombre de Dios”, su predecesor como arzobispo de Tánger, con  un escrito “que no sabe de dónde lo ha recibido, pero que representa un homenaje a Monseñor Antonio Peteiro Freire, hermano de todos”, en el primer aniversario de su muerte.

Foto: Monseñor Antonio Peteiro Freire, predecesor de Fray Santiago Agrelo como Arzobispo de Tánger.

Como el artículo nos ha llegado sin título, hemos escogido para encabezarlo una frase del texto que sintetiza perfectamente su tema.

En la introducción de su artículo, Zouhir Louassini  recuerda las conversaciones que él tenía con Monseñor Antonio Peteiro Freire durante las clases de árabe que, siendo él un joven veinteañero, le daba casi a diario al arzobispo en el patio de la Catedral tangerina. Una de estas conversaciones tuvo una influencia fundamental en su vida. En ella aparece de forma diáfana el principio de la coexistencia ecuménica de las religiones, amparadas por la libertad que Dios garantiza a todos los creyentes de practicar cada uno en conciencia su fe propia:

“-Debes orar. La oración te mostrará el camino.
-¿Qué oración? –le espeté un tanto provocativo-: ¿la vuestra o la nuestra?

Me había entendido perfectamente. Volvió a reirse y añadió, ya serio:
-También vuestra oración alcanza a Dios. Lo importante es orar...
Aquel hombre tuvo, junto al Padre Lourido, una influencia fundamental en mi vida. Con ambos aprendí lo que significa respetar a todos los seres humanos con independencia de sus ideas y creencias. Ambos tenían fe en que la misericordia y el amor divinos son tan inmensos, que no pueden constituir el monopolio de ninguna religión o pueblo.”

Zouhir Louassini:  Periodista marroquí de la RAI (Radiotelevisión Italiana). Editorialista en varios periódicos árabes e italianos. Doctor en Literatura por la Universidad de Granada (España) y profesor de Árabe en la Universidad Roma III. Colabora en varias facultades italianas especializadas en Medios de Información. Ha publicado numerosos artículos en periódicos árabes y estudios especializados en revistas españolas e italianas. Es autor de La identidad del teatro marroquí (Granada: Universidad de Granada, 1992), y de Qatl al-arabi. Sura al-arab fiwasail al-iilam al-garbiyya (Tánger: Shiraa, 1998), traducido al español Matar al árabe. Imagen del árabe en los medios de comunicación occidentales. En MISCELÁNEA DE ESTUDIOS ÁRABES Y HEBRAICOS. Sección Árabe-Islam, 2002 v. 51 y 2003, v.52.

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El respeto a la libertad religiosa en Marruecos
por Zouhir Louassini

Andaba yo por los veintitantos cuando conocí a Monseñor Antonio Peteiro, Arzobispo de Tánger. Por aquel entonces le daba clases de árabe. En el patio de la Catedral, casi a diario, dejábamos vagar nuestra conversación por los más diversos derroteros: filosofía, historia de Marruecos, costumbres populares y, cómo no, religión. La plática terminaba siempre a la deriva sin otro propósito que el de hacerle hablar, y escuchar, en árabe.
En cierta ocasión se me quedó mirando de repente, muy fijo.

- Va para cinco años que te conozco -dijo con toda calma-. Hablamos de todo un poco y a las claras, lo cual no me ocurre con otros marroquíes. ¿Me permites, pues, que te pregunte por tu relación con la religión?
- Monseñor –le respondí, pues así me dirigía a él siempre-, no quisiera incomodarle, pero lo cierto es que me considero más bien ateo.

Mi respuesta le hizo soltar una risotada mientras cierta incredulidad se transparentaba en su mirada.
- Cualquier cosa me hubiera esperado menos que me respondieras eso.

Añadió algún comentario más en el tono jocoso que lo caracterizaba para terminar con uno de aquellos consejos “paternales” con que solía dispensarme:
-Debes orar. La oración te mostrará el camino.
-¿Qué oración? –le espeté un tanto provocativo-: ¿la vuestra o la nuestra?
Me había entendido perfectamente. Volvió a reirse y añadió, ya serio:
-También vuestra oración alcanza a Dios. Lo importante es orar...

Aquel hombre tuvo, junto al Padre Lourido, una influencia fundamental en mi vida. Con ambos aprendí lo que significa respetar a todos los seres humanos con independencia de sus ideas y creencias. Ambos tenían fe en que la misericordia y el amor divinos son tan inmensos, que no pueden constituir el monopolio de ninguna religión o pueblo.

Les pido disculpas. Sé que he comenzado estas líneas con una experiencia tan personal, que acaso no revierta trascendencia alguna para nadie más. Sin embargo para mí fue cardinal: desde entonces comencé a esforzarme por entender mejor mi propia religión, y aunque he seguido considerando que el laicismo constituye una mejor garantía de convivencia civilizada para los seres humanos, mi relación con la religión islámica ha terminado siendo más tolerante y más comprensiva de lo que otrora fue.

Y esta misma experiencia me hace aún más difícil entender la actitud de Marruecos hacia ciertos cristianos en los últimos tiempos. Expulsar a un grupo de ellos por tratar de evangelizar a los musulmanes sólo puede enmarcarse en ese conjunto de decisiones incomprensibles con que Marruecos nos tiene acostumbrados en los últimos años; decisiones que una vez más vienen a demostrar que a los musulmanes marroquíes no se les alcanzan conceptos tan básicos como los de libertad o democracia.

¿Decisiones incomprensibles? Digamos más bien que el avezado en las cosas de Marruecos sabe que para analizar la realidad marroquí es preciso a veces atender en mayor medida a lo que se calla que a lo que se dice. En realidad, esas decisiones no son importantes en sí mismas: lo importante es el mensaje que pretenden transmitir. Existen mil formas de abordar la “cuestión de la evangelización”, y Marruecos esta vez ha escogido la más virulenta. Y ello a pesar de haber optado por no proceder judicialmente, por lo dura que habría resultado la reacción de los paises occidentales en caso de aplicarse el procedimiento y la consiguiente privación de libertad previstos para el condenado por delito de evangelización. Para quienes la adoptaron, la expulsión pareció una solución intermedia.

En definitiva, aquella decisión tenía un destinatario básico: el consumo interno. Cuanto guarda relación con la religión tiene una ingente capacidad para mover a las masas y crear consenso; un consenso nacional que en ocasiones se diría que pierde fuelle. No debemos olvidar que todas las dinastías que han regido y rigen los destinos de Marruecos obtienen su fuente de legitimidad de la religión; y que el Rey porta el título de Miramamolín: el Príncipe de los Creyentes. Una medida así resiste diferentes lecturas simbólicas entre las que se destaca el afán de constituirse en protector de la religión islámica frente a toda suerte de profanación. Palacio hace frente de este modo a quienes utilizan la religión para frenar todo intento de cambio. Así se explica, también, la carta de apoyo a la medida dirigida por siete mil ulemas marroquíes, cómo no, al “Príncipe de los Creyentes”.

Este tipo de medidas otorgan a los partidos políticos marroquíes, especialmente a los de corte religioso, su razón de ser suprema, pues contribuyen a mostrarlos como instrumentos de presión capaces de “obligar” a Palacio a adoptar iniciativas de ese tipo. Además, son importantes en cuanto que mantienen a la opinión pública interna distraída de los verdaderos problemas del país: la inflación y el agravamiento de las diferencias sociales, por sólo poner algún ejemplo.

Los responsables de la decisión saben perfectamente que las críticas vendrían del exterior. Eso no les preocupa demasiado. Primero, porque de cara al consumo interno serán instrumentalizadas para probar la “unidad de acción frente al ataque occidental” (que revestirá así un carácter religioso). Por otra parte, la opinión pública internacional cristiana, donde podría concentrarse el peligro, ha demostrado una vez más a los responsables marroquíes su afonía. El único que no parece haberse mordido la lengua es el embajador norteamericano en Rabat, pero los responsables políticos marroquíes saben que incluso en este caso sólo se enfrentan a comentarios de un día que no vendrán acompañados de ninguna medida seria.

Un último punto en todo este asunto que debe ser analizado fríamente. Marruecos ha tomado esta decisión justo después de firmar en Granada un acuerdo que lo convierte en socio preferente de la Unión Europea. ¿Es esta la reacción de los marroquíes después de que el belga Herman van Rompuy, Presidente de la Comisión Europea, anunciara que la Unión seguirá de cerca todo lo relativo al respeto a los derechos humanos en Marruecos? La cosa puede parecer extraña, pero quien conoce la historia moderna de Marruecos sabe que en este país no pocas decisiones se adoptan en virtud de una lógica trascendental que sólo los muy versados en los arcanos de las herméticas ciencias del Majzén son capaces de desentrañar.

Y es en este punto donde realmente debemos detenernos a reflexionar con el mayor detenimiento. La expulsión de cristianos podría, en efecto, constituir un punto cardinal en el tránsito de Marruecos hacia una verdadera democracia. Los marroquíes nos enfrentamos a decisiones de futuro que sólo nosotros, los marroquíes, podemos tomar. Somos un país que tiene que madurar, y que tiene que hacerlo pronto. Nada de lo avanzado durante los últimos diez años a fin de afianzar los principios democráticos y el respeto a los derechos humanos habrá servido de nada si se deja de lado el respeto a la libertad religiosa. Marruecos y los marroquíes deben mirarse en el espejo de la historia y definir sus opciones: ¿Cuál es el país que quieren? ¿Un Marruecos democrático en el que se respeten los derechos de todos o continuar atados a una tradición medieval? En la vida no hay opción sin riesgo o inconveniente. A fin de cuentas, todo se resume en saber hasta qué punto Marruecos es capaz de asumir una verdadera democracia. Este es el auténtico reto.

Mirar hacia atrás es la opción más fácil para una sociedad, como la marroquí, conservadora por naturaleza y educación. Mirar hacia atrás es encerrarse en uno mismo. La otra opción consiste en avanzar hacia el futuro con una confianza que no es imaginable en una sociedad “temerosa” de unos cristianos que lo que hacen es defender sus creencias. Son los riesgos de la libertad. Y la libertad es, o no es.

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Fr. Santiago Agrelo Martínez, Arzobispo de Tánger, evocaba hace un año la personalidad y el ministerio de su predecesor en la sede arzobispal tangerina: Es tiempo de pasión y de esperanza,  Tánger, 28 de marzo de 2010, Domingo de Ramos en la Pasión del Señor.

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