24/08/2007

Hacia el turismo convivencial del sentido común

Hacia el turismo convivencial del sentido común

Permalink 24.08.07 @ 12:18:33. Archivado en España, Sociogenética, Antropología, Pro amicitia universale, Turismo cultural, Turismo lingüístico, Educación, Migraciones, Turismo universitario, Turismo convivencial

Más de uno ha visto en la profunda crisis que ha vivido Marbella, por abusar hasta el delirio de un modelo arriesgado de turismo, el cumplimiento de algunas de las advertencias que yo había hecho en mi artículo "Qué pasa con el turismo" del 03/08/2005.

Para responder a la demanda de muchos de mis lectores, vuelvo a publicarlo hoy aquí, aunque anunciando con un nuevo título el horizonte de esperanza que yo veo para esta industria esencial de la hospitalidad y de la convivencialidad.

Es innegable que algo, quizás muy importante, está pasando con el turismo. La mejor prueba de ello es que desde hace algún tiempo, como pasó a principios del siglo XX con las matemáticas, se ha llegado a plantear el típico problema de los fundamentos, que en el caso del turismo español se ha dado en llamar el “modelo turístico de sol y playa”.

Quien desee hacer la prueba por Internet, puede hacer la siguiente experiencia. Basta con pedir al buscador Google que encuentre las páginas que contienen esta frase, para que en 0,30 segundos encuentre 316. Si en lugar de la frase global entre comillas dobles se introduce la frase partida en dos y conectada mediante el operador de conjunción, “modelo turístico” & “sol y playa”, el buscador Google encuentra 549 páginas en 0,05 segundos.

{El mismo tipo de búsqueda realizado hoy, 24.08.07, a las 11:33, arroja los siguientes resultados:

“modelo turístico de sol y playa”: Résultats 1 - 10 sur un total d'environ 886 pour “modelo turístico de sol y playa” (0,31 secondes)
“modelo turístico” & “sol y playa”: Résultats 1 - 10 sur un total d'environ 13 400 pour “modelo turístico” & “sol y playa” (0,13 secondes)}

Más de uno pretende argumentar, a priori, aunque cree que lo hace a posteriori, que no se trata de una crisis del modelo, puesto que España sigue siendo el segundo país del mundo en número de visitantes y que en ingresos sólo le gana Estados Unidos. Los mismos profetas del optimismo quietista, es decir los defensores a ultranza del modelo existente, completan su cuadro esperanzador recordando que España dispone de un aporte de cuarenta y tres millones de turistas nacionales, que en cierta manera sirven de seguro de subsistencia para la industria turística.

La consecuencia de esta actitud es que la oferta turística, tanto privada como subsidiada, sigue afinando los instrumentos de su concierto, con frecuencia hasta la saturación, con la nota única de este modelo. Le sucede algo así como a los músicos, que desde hace siglos vienen pidiendo la nota “la”, como si fuera imposible acordarse sobre otras notas.

La diferencia entre los músicos y los inversores españoles es que los primeros no ponen en peligro la economía nacional, mientras que los segundos sí, porque en más de una de nuestras autonomías, por no decir en la mayor parte del país, el turismo es considerado como un monocultivo e incluso como una monocultura. Piénsese en nuestras costas, tanto mediterráneas como cantábricas y atlánticas, y en nuestras islas Baleares y Canarias.

Ahora bien, el primer peligro de los monocultivos, dondequiera que se encuentran, es que no responden a la gama completa de las necesidades vitales de los ciudadanos del país, ni siquiera cuando se trata de un producto alimenticio. Todos sabemos que en los países cafeteros, como Colombia, el monocultivo del café no resuelve sino que complica los problemas alimenticios del país, ocupando el lugar de otras culturas.

El segundo peligro es que, en general, los monocultivos sólo son rentables mientras la demanda viene del exterior. Lo cual significa que cualquier problema de seguridad, incluso un miedo infundado o desproporcionado, puede dar al traste con esta demanda.

También hay que pensar que los monocultivos del capricho, como lo es el del turismo de sol y playa, visto del lado de la demanda, está más sujeto que cualquier otro a las irracionalidades de la moda.

El tercer peligro es que se agoten en el monocultivo los recursos privados y de subsidio que tendrían que destinarse a otros menesteres.

El máximo peligro de los monocultivos, su peligro fundamental, es que se transformen en monoculturas. Me explico: como sucede con las drogas, quien es incapaz de ver la diversidad de las necesidades humanas, se convierte en víctima de una de ellas. En un caso como en el otro la sensación de omnipotencia oscurece el sentido común.

No puedo disimular que una de las mayores impresiones que yo tengo, cuando visito las ciudades entregadas de cuerpo y alma a la industria del turismo de sol y playa, ignorando por completo el resto de las necesidades humanas, es que en ellas se ha perdido completamente el sentido común y que en su lugar imperan como príncipes de la noche la avaricia de los especuladores y la soberbia del puro cuento.

Pero olvidemos por un momento estas preocupaciones de filósofo en torno a las locuras de la oferta, que por cierto sigue engordando y proliferando como un cáncer con metástasis, para enfrentarnos con los síntomas de la demanda.

No cabe duda que la demanda está transformándose a gran velocidad.

Según acabamos de verlo, todo monocultivo depende en primer lugar de la demanda extranjera. El sesenta por ciento de esta demanda para el turismo de sol y playa español procede de Alemania, Francia, y Reino Unido. Ahora bien, tanto la coyuntura política como socioeconómica de estos países, sin hablar de sus cambios de gusto, influidos en gran parte por la información sanitaria, nos inclina a pensar que su demanda de turismo de sol y playa irá descendiendo en un futuro relativamente cercano.

Para quien intente consolarse, recordándonos que la mitad del negocio corresponde al turismo nacional, conviene señalar que tanto la demanda extranjera como la nacional presentan un conjunto de síntomas que hay que tener muy en cuenta, para no engañarse con el cuento de la lechera:

1) Los turistas tienden a ser menos fieles en la elección de sus destinos de vacaciones.

2) Los turistas tienden a decidir más tarde que antes.

3) Los turistas tienden a contratar individuamente sus viajes y estancias.

4) Los turistas tienden a distribuir sus vacaciones en varios períodos del año.

5) Los turistas tienden a reducir el tiempo de estancia en un mismo lugar.

6) Los turistas tienden a segmentar progresivamente sus preferencias.

7) Los ciudadanos cultos tienden a diversificar el disfrute de sus vacaciones, desconfiando progresivamente del “turismo de sol y playa”, que muchos juzgan malsano, y orientándose de más en más hacia la cultura.

8) Como en todos los dominios comerciales, los clientes del turismo practican una exigencia creciente en la relación calidad precio.
¿Cómo tratar la dolencia que revelan estos síntomas?

A mi entender, el remedio principal consiste en volver a la cultura del sentido común, que es lo más opuesto a la monocultura del turismo de sol y playa, porque ataca la raíz monocultural que produce la dolencia, dando una prioridad absoluta a los servicios que responden a la gama completa de las necesidades vitales de los seres humanos.

Mientras no se pruebe lo contrario, todos, tanto los ciudadanos del país como los extranjeros, consideramos como necesidades vitales la salud, el descanso, la comunicación, la lengua, la ciencia, la creatividad artística, la trascendencia, la historia, el deporte, la cultura propia conectada con la universal, etc. Si nuestro turismo atiende a estas necesidades, satisfará tanto a los españoles como a los extranjeros. Su demanda, al proceder de cada persona, viene tanto del interior como del exterior. Ninguna de estas necesidades está sometida a las veleidades de la moda. Nadie protestará porque se agoten ciegamente en un monocultivo los recursos privados y de subsidio que tendrían que destinarse a otros menesteres.

Veamos más concretamente por qué estamos interesados todos en que se supere el modelo de turismo de sol y playa:

El turismo de sol y playa comporta daños colaterales muy importantes tanto para las personas como para las comunidades locales. Entre los daños personales los hay sanitarios, como por ejemplo el terrible melanoma, y los hay morales, cuyo principal exponente es la alienación moral de quien reduce sus vacaciones a tomar pasiva y peligrosamente el sol, olvidando que hay múltiples maneras de emplear su tiempo libre para cubrir necesidades vitales que tiene descuidadas e insatisfechas. Entre los daños para las comunidades locales cabe destacar la ignorancia e incluso el desprecio del turista de sol y playa por la cultura y por el entorno que lo acoge. La consecuencia de esta actitud es la pérdida de estima de nuestro pueblo por su propia cultura y la ignominiosa depredación de la naturaleza, que tenemos todos la obligación de preservar.

La fidelidad en la demanda turística se obtiene únicamente de parte de quienes quieren a España por sus valores humanos, culturales y lingüísticos. No hay que esperarla de quienes reducen España al sol y a las playas. El olvido de este principio es el error más grosero que cometen los promotores de nuestro turismo.

Es ruinoso intentar competir con los países que comienzan ahora con el modelo turístico de playa y sol, porque sus precios son más baratos que los españoles para calidades comparables e incluso superiores.

Muchas de nuestras ciudades playeras han perdido todo encanto natural, por haber cometido errores urbanísticos capitales que han hecho de ellas lugares muy poco atractivos para la vida normal de la gente normal, en sus casas normales y en su medio ambiente normal. Todos tendríamos que sentirnos avergonzados por las anormalidades que hemos permitido que se cometan con los medios privados y sociales de que disponíamos para cubrir nuestras necesidades vitales.

Buena parte de la oferta actual española del modelo turístico de playa y sol tendrá que desaparecer, porque la falta de especialización y sobre todo de sentido común de sus equipos no le permitirá operar la necesaria transformación de modelo.

Lo que más necesitamos para pilotar el nuevo modelo son personas que tengan ante todo el sentido común de comprender que el turismo ha de ser la versión ampliada de la hospitalidad. Esta virtud, característica de todas las auténticas civilizaciones monoteístas, ofrece al viajero la ocasión de encontrarse en su propia casa, cuando de hecho se encuentra en la ajena. Las civilizaciones monoteístas no enajenan como las idolatrías, que se ponen a adorar cualquier cosa, sino que transfiguran en familiar al extranjero.

Pasado mañana muchas personas celebrarán en Andalucía el día de los Salvadores. A mí me gusta celebrar el día de mi santo con mi familia precisamente ese día, el 6 de agosto, porque de pequeño aprendí que el 6 de agosto era el día de la Transfiguración. Lo aprendí en Estepa, el pueblo duro, entrañable, laborioso y dulce en que nací, durante nuestra deplorable guerra fratricida, con peligro de muerte de mi madre y mía.

¿Por qué no llamar el modelo transfigurado “turismo de la hospitalidad”?

Foto: María, hospitalera del albergue de Azofra, muestra a Brigitte (de Colonia, Alemania) el libro de visitas del albergue que regenta con dedicación y cariño. Agosto 2002.

Esta foto ilustra el artículo: LA HOSPITALIDAD Y EL HOSPEDAJE EN EL CAMINO DE SANTIAGO
de Luis Martínez García
Universidad de Burgos:
http://www.geocities.com/urunuela25/santiago/hospitalidad.htm

23/08/2007

Crítica textual del Quijote e intertextualidad

Crítica textual del Quijote e intertextualidad

Permalink 23.08.07 @ 17:50:50. Archivado en El Quijote, Semántica, Pragmática, Morfosintaxis, Poética, Hispanobelgas, España, Sociogenética, Novela

El Quijote para citarlo es solamente la punta visible del iceberg (1) textual, cuya parte invisible está constituida por una considerable masa de documentos, cuidadosamente seleccionados y comparados, que lo justifican intertextualmente en todas sus opciones de lectura, tanto en sincronía como en diacronía.

Convencionalmente he denominado Taller cervantino del Quijote, esta masa invisible a primera vista, orgánicamente articulada con la visible mediante el Diccionario enciclopédico del Quijote, que le sirve de andamiaje, armazón y escalera múltiple, para evocar el trabajo exigente de crítica textual que caracteriza su metodología de restablecimiento del texto cervantino más auténtico.

El texto cervantino aparece así, en la parte visible del iceberg textual, lo más fiel posible a la intención editora de su Autor, tras haber sido justificado punto por punto en esta instancia fundante del taller, instancia eficaz, aunque modesta e invisible a primera vista.

El Taller cervantino del Quijote (2) ha requerido un enorme esfuerzo de investigación intertextual, que hemos llevado a cabo durante quince años (1990-2005), elaborando y explotando numerosas concordancias electrónicas. Para la creación de cada una de estas concordancias, hemos numerizado personalmente las mejores ediciones críticas existentes de las obras referidas a continuación.

El programa informático que empleamos, un concordanciador multiventanas, lo compusimos nosotros mismos en lenguaje Hypertalk en 1990, partiendo de los recursos Z, que en aquella época ponía generosamente a la disposición de los programadores Mark Zimmermann. Desde aquí le expresamos una vez más nuestro agradecimiento.

Presentamos el corpus del que proceden los testimonios que empleamos en nuestra enciclopedia, distinguiendo los que provienen de nuestras concordancias propias, de los que provienen de concordancias ajenas:

I) Testimonios de primera mano, obtenidos durante quince años mediante concordancias electrónicas propias:

1) de la obra cervantina completa;
2) de La Celestina, 1507, de Fernando de Rojas;
3) del Amadís de Gaula, 1508, de Garci Rodríguez de Montalvo;
4) del Tirante el Blanco, 1511, de Joanot Martorell;
5) del Diálogo de la lengua, 1535, de Juan de Valdés;
6) de las Poesías, 1543, de Garcilaso de la Vega;
7) del Examen de ingenios, 1575, del doctor Huarte de San Juan;
8) de la Historia de la Orden de San Jerónimo, 1595-1605, de Fray José de Sigüenza;
9) de la Filosofía antigua poética, 1596, del tratadista Alonso López Pinciano;
10) del Guzmán de Alfarache, 1599, de Mateo Alemán;
11) del Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, 1614, de Alonso Fernández de Avellaneda;
12) de la Historia de la Florida, 1605, del Inca Garcilaso;
13) del Tesoro de la lengua castellana o española, 1611, del lexicógrafo Sabastián de Covarrubias y Horozco;
14) del Vocabulario de refranes y frases proverbiales, 1627, del paremiólogo Gonzalo Correas, etc.

II) Testimonios de segunda mano, obtenidos estos últimos años mediante concordancias electrónicas ajenas.

Los hemos empleado sobre todo para verificar nuestras propias dataciones, que procedían en parte de los trabajos de Joan Corominas. Debemos confesar que tanto nuestras propias concordancias como las concordancias ajenas nos han demostrado que muchas de las dataciones de nuestro gran maestro de la Etimología deben ser corregidas. He aquí las tres concordancias ajenas que hemos empleado con mayor frecuencia.

1) Real Academia española, Corpus diacrónico del español. CORDE:

El interés de este generador de concordancias es la ambición del corpus empleado; la posibilidad de visualizar para cada consulta un contexto superior a una línea, aunque no superior a una página; y las precisiones tanto de las citas como de la datación.

Inconvenientes: el haber mezclado en el corpus los títulos en castellano actual de los documentos, títulos que sirven de metalenguaje documental, con los textos de la época, lo cual afecta gravemente a la estadística y a la datación léxica; la lentitud del motor de búsqueda; la imposibilidad de navegar libremente por la totalidad de cada una de las obras numerizadas y la ausencia en el corpus de dos textos capitales del siglo XVII: el Tesoro de la lengua castellana o española, 1611, del lexicógrafo Sebabastián de Covarrubias y Horozco, y el Vocabulario de refranes y frases proverbiales, 1627, del paremiólogo Gonzalo Correas, etc.

Al mismo tiempo que expresamos nuestro agradecimiento a la Academia por la oferta gratuita de este instrumento de investigación, le suplicamos que introduza cuanto antes estos dos textos en su corpus, y que aumente sensiblemente la velocidad de su motor de búsqueda.

2) Prof. Mark Davies, Corpus del español

El mayor mérito de este simpático generador de concordancias es la velocidad de su motor de búsqueda. El investigador echa de menos los textos anteriores al siglo trece, la posibilidad de obtener un contexto superior a una línea y la precisión en la datación.

3) Prof. Francisco Rico, Ed. de Don Quijote de la Mancha del Instituto Cervantes, Banco de datos textual en DBT, versión Beta, al cuidado de Joan Torruella, 1998.

Hemos frecuentado desde su aparición en 1998 esta magnífica concordancia electrónica, para contrastar los resultados de la nuestra propia. Nos ha sido especialmente provechosa en el estudio formal y estadístico de la sintaxis en general y de las giros y locuciones en particular.

Nota editorial: Lo esencial de este artículo apareció precedentemente en Qué Diario, el 31/08/2005, y en Periodista digital, el 09.02.06
____________

(1) Iceberg (Voz inglesa procedente del neerlandés ijsberg 'montaña de hielo'); sust. m. [Nota: En español resulta habitual su pronunciación /izebérg/. El plural es icebergs.]

1. Bloque de hielo procedente de la fragmentación de un glaciar que flota a la deriva en las aguas polares: los icebergs constituyen un peligro constante para la navegación.

2. [Uso figurado] Persona de gran frialdad que no muestra sus emociones: esa chica era un iceberg sin sentimientos.

Modismos

La punta {o poporcionalmente pequeña parte visible} del iceberg. [Uso figurado] Parte pequeña de una cosa o un asunto de mayor importancia: aquella estafa era sólo la punta del iceberg de un enorme escándalo de corrupción.

Enciclopedia Universal DVD © Micronet S.A. 1995-2002

(2) Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid, 2005.

22/08/2007

Conjeturar no es ni obligar ni aconsejar

Conjeturar no es ni obligar ni aconsejar

Permalink 22.08.07 @ 09:25:12. Archivado en Semántica, Pragmática, Morfosintaxis, Periodismo

Con mucha frecuencia se confunde en la prensa la expresión de la ‘conjetura’ con la expresión de la ‘obligación’. En ambas expresiones se emplea el verbo deber, pero en el caso de la ‘conjetura’ el verbo deber cumple el oficio de auxiliar dentro de la perífrasis deber de. Si privamos esta perífrasis de la preposición de, la expresión de ‘conjetura’ se transforma en expresión de ‘obligación’.

Como este solecismo (1) es muy corriente en el lenguaje periodístico, me ha parecido útil reproducir actualizándolo un artículo mío de hace más de un año y medio, que apareció en la prensa virtual el 12.02.06 bajo el título: "Conjeturar vs. Obligar"

Cuando un médico dice a su paciente: Usted debe comer menos, lo dice para imponerle la obligación dietética de que coma menos que lo que suele hacer. Si, por el contrario, le dice: Usted debe de comer menos, lo que hace es conjeturar, por los síntomas que descubre en su paciente, por ejemplo, por su peso, que le parece que come menos que antes.

El resultado de esta transformación es con frecuencia fatal para el sentido que el locutor ha deseado dar a su enunciado, ya que su interlocutor lo interpretará con la fuerza vinculante de la ‘obligación’, cuando el locutor se mantenía en la fuerza no vinculante de la ‘conjetura’. Con lo cual se interpreta como imposición lo que es solamente una sugerencia.

Entendemos por ‘conjetura’ el ‘juicio que se forma de las cosas o acaecimientos por indicios y observaciones’, DRAE.

Entendemos por ‘obligación’ el ‘vínculo que sujeta a hacer o abstenerse de hacer algo, establecido por precepto de ley, por voluntario otorgamiento o por derivación recta de ciertos actos.’, DRAE.

Para expresar la ‘conjetura’ disponemos en castellano de la perífrasis deber de. En esta perífrasis el verbo transitivo deber funciona como auxiliar, añadiendo una nota de inseguridad o probabilidad al verbo principal. Si decimos: Debe de hacer frío, queremos dar a entender: ‘no estoy seguro de lo que digo, pero tengo la impresión de que hace frío’. Si decimos: Debieron de salir a pelear, queremos dar a entender: ‘no estoy seguro de lo que digo, pero tengo la impresión de que salieron a pelear’.

En las frases que siguen, el autor ha querido expresar la conjetura, pero de hecho, al olvidar o suprimir la preposición de, lo que ha expresado es la obligación:

«Alguien debe saber sobre el terrorismo etarra lo que los demás ignoramos. Alguien debe tener unas claves decisivas que, en su día, explicarán los comentarios del jefe del Gobierno respecto al hipotético final de la violencia.»

Paradigma morfosintáctico:

Debes de saber que... + INFINITIVO {Conjetura}.
Debes saber que... + INFINITIVO {Obligación, Consejo}.

En las frase que sigue, el autor ha querido expresar la obligación, pero de hecho, al añadir la preposición de, lo que ha expresado es la conjetura:

"El programa de vuelos de los transbordadores es muy apretado debido a que deben de finalizar la construcción de la estación antes de su retirada en 2010". Malen RUIZ DE ELVIRA. El 'Endeavour' vuelve hoy a la Tierra sin haber reparado su cubierta térmica - El País. Madrid - 21/08/2007.

Pablo Sebastián titulaba el 05.03.07 en ABC: "Rajoy debe de pasar el Rubicón hacia la moción de censura". La sintaxis de esta frase expresa la 'conjetura'. Sin embargo, al leer el cuerpo del artículo, comprendemos inmediatamente que su Autor no ha tenido la intención de expresar una 'conjetura', sino más bien un 'consejo', que es la manera educada y repetuosa de recordarle a un adulto una 'obligación'. La correcta morfosintaxis del título que corresponde a la semántica y a la pragmática de esta intención es: "Rajoy debe pasar el Rubicón hacia la moción de censura".

El resultado de esta transformación es fatal para el sentido que el escritor ha deseado dar a su enunciado, ya que su lector lo interpretará con la fuerza no vinculante de la ‘conjetura’ cuando el escritor pretendía imprimirle la fuerza vinculante de la ‘obligación’. Con lo cual se interpreta solamente como una 'sugerencia' lo que es un 'consejo' o una 'obligación moral' formulada educadamente.

-oOo-

(1) solecismo (Del lat. soloecismus, y este del gr. soloikismós).

1. m. Gram. Falta de sintaxis; error cometido contra las normas de algún idioma.

09:41 Écrit par SaGa Bardon dans Actualidad | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : periodismo, semantica, pragmatica, morfosintaxis |  Facebook |