06/05/2016

Miguel de Cervantes y su tiempo: Crónica hispano-flamenca (1547-1617): quinquenio 06/14

 

 

 

Ilustración: Don Juan de Austria, retratado por Sánchez Coello o por su mentor Antonio Moro poco después de su victoria en Lepanto.

→ El final de sus días lo encontró don Juan de Austria en el “avispero” de los Países-Bajos, adonde fue enviado por Felipe II para intentar atajar la Rebelión comenzada en 1566. El gran hombre se mira a sí mismo con un poco de sorpresa al verse transformado de defensor de la generalidad de los cristianos en defensor de unos cristianos contra otros.←

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1572

Cervantes recibe varias sumas de dinero, en los meses de enero y marzo, para pagar sus gastos mientras dura su recuperación en Mesina.

A pesar de haber perdido el movimiento de la mano izquierda, Cervantes se incorpora en abril a la compañía de don Manuel Ponce de León, del tercio de don Lope de Figueroa, y participa, ya en calidad de "soldado aventajado", en varias campañas militares contra los turcos durante los años siguientes: Navarino (Pilos) y La Goleta son las más importantes. En los momentos de reposo permanece en los cuarteles de invierno en Sicilia, Cerdeña y Nápoles.

Pol. El 10 de mayo muere en Roma el Papa Pío V. Le sucede en el Pontificado Gregorio XIII, que no bien ocupa la silla de San Pedro estimula a don Juan de Austria para que saque la flota al mar y prosiga sus victorias. Es tal la confianza y estimación que este papa tiene de la persona de don Juan, que lo ensalza en Consistorio público llamándolo Escipión en el valor, Pompeyo en el agrado, Augusto en la fortuna; nuevo Moisés, nuevo Gedeón, nuevo Sansón, nuevo Saúl y nuevo David, sin que existan en él los defectos que existieron en estos grandes hombres. El Papa repite en público lo que ya ha escrito a don Juan privadamente: Que antes de que él muera, espera en Dios darle corona de Rey.

En los Países Bajos, los herejes se vengan sobre la Iglesia de la determinación católica a cortarles la hierba bajo los pies. No sólo dificultan o impiden la celebración del culto católico, sino que persiguen a los sacerdotes y los pasan por las armas, haciéndolos morir en medio de sufrimientos indescriptibles. El 9 de julio tiene lugar el abominable suplicio de los monjes de Gorcum.

La Saint-Barthélemy tiene lugar el 24 de agosto.

Obedeciendo al Papa, a pesar de su poca salud, el Padre Francisco de Borja, tercer General de los Jesuitas, ha viajado a Francia y Portugal, en compañía del Cardenal Alejandrino Micael Gislerio, sobrino del Papa, para tratar que los reyes de estos países entren en la Liga contra el turco. El Padre Francisco ha caído gravemente enfermo durante este viaje y fallece, a su vuelta en Roma, el día 30 de septiembre.

Enrique de Navarra abjura del calvinismo.

Campañas de Corfú y de Mondón.

Los alborotos en los Países Bajos resultan muy perjudiciales para el conjunto de la cristiandad, porque distraídas las fuerzas españolas en poner orden en Flandes, se posterga la lucha contra el turco. Las cosas llegan hasta tal punto que, temiéndose un ataque francés con ocasión de los disturbios religiosos, el 15 de octubre se obliga a Don Juan de Austria a estar disponible para aquél frente, con lo cual se deshace la liga contra el turco, privada de su carismático capitán general.

1573

Cervantes toma parte en la expedición de don Juan de Austria contra Túnez. En febrero, Cervantes y su compañía, después de haber pasado el invierno en Sicilia, volvieron a Nápoles. Allí reclamó, con éxito, varias pagas que se le debían. Está claro que se consideró que su soldada era escasa, porque al poco tiempo recibió otra gran suma de dinero.

Lit. Hurtado de Mendoza publica "Guerra de Granada".

Pol. Don Juan de Austria salió de Nápoles el 1 de agosto con la mayor parte de la flota y la infantería italiana y española, esperando recoger el resto de naos, gente, vituallas y pertrechos de guerra a su paso por Mesina, Palermo, Trápana y la isla Favignana. El día 8 de octubre, al anochecer, dieron vista a la Goleta. Toma de Túnez y Bizerte.

Mateo Vázquez, antiguo condiscípulo de Cervantes en el colegio de los jesuitas de Sevilla, es nombrado secretario de Felipe II.

Catalina de Médicis hace la paz con los protestantes.

Felipe II pone fin a la misión del duque de Alba en Flandes, nombrando el 30 de enero Gobernador de los Países-Bajos a Don Luis de Requesens, teniente general de don Juan de Austria en la mar y uno de los hombres que más confianza le merecen, por ser uno de sus compañeros desde la infancia y persona que había conseguido no verse afectada por las rivalidades de las facciones de la corte. En efecto, Don Luis es Comendador de Castilla y, sobre todo, hijo de Don Juan de Zúñiga, el sabio, escrupuloso y venerado preceptor del propio Don Felipe cuando era príncipe heredero. El Rey sabe que este hombre, que él ha conocido desde su infancia, posee un espíritu fuerte, leal, piadoso y generoso, a pesar de que su salud ha sido siempre precaria. El interesado, que tiene en el momento de su nombramiento cuarenta y seis años, sabe que con la misión que el Rey le encomienda cae sobre él, al mismo tiempo que el cargo más pesado e ingrato del momento, su condenación a muerte. Así pues, este antiguo embajador de Roma, actual Gobernador del Milanesado y exluchador de Lepanto, toma el camino de los Países-Bajos como quien toma el camino del presidio.

Los venecianos, viendo la paralización de la cristiandad ante el turco y su necesidad de continuar el comercio sin riesgo excesivo, deciden en mayo concluir confederación con el enemigo. Pagan el precio de esta paz vergonzosa la isla de Chipre y parcelas de los países eslavos, que los cristianos sacrifican a sus intereses comerciales. En moneda contante y sonante, los venecianos se obligan a pagar al turco trescientos mil ducados.

El 27 o el 29 de julio murió Ruy Gómez, príncipe de Éboli, en brazos de su antiguo y fiel amigo el Secretario Juan Escovedo, asistido por dos frailes carmelitas descalzos que vinieron de Pastrana, en su casa del callejón de Santa María de Madrid, quedando Antonio Pérez como heredero de su privanza y su poder, dueño de la confianza del Rey, y jefe de hecho del partido que capitaneaba antes el príncipe. Antonio Pérez era hijo del clérigo Gonzalo Pérez, secretario que había sido del Emperador Carlos V y luego de su hijo, el Rey Felipe II.

Entró don Juan en Nápoles, de vuelta de Túnez, el 12 de noviembre.

Don Luis de Requesens, nuevo Gobernador de los Países-Bajos, llega a Bruselas el 17 de noviembre.

El 29 de noviembre Don Francisco Álvarez de Toledo, Duque de Alba, transmite su cargo de Gobernador de los Países Bajos a Don Luis de Requesens. Siete años antes el Duque había recibido del Rey la dura misión que ahora transmite a su sucesor de proteger la iglesia católica y de asentar la autoridad real en uno de los territorios de su soberanía. En siete años, esta ingrata misión, que ha chupado a los reinos de Castilla y de Aragón más allá de diez millones de florines y miles de vidas humanas, se ha revelado no sólo contradictoria, debido a la ambigüedad del problema religioso de los Países Bajos, sino rayana con el absurdo. En efecto, los grandes beneficiarios de la acción del Duque, que son los católicos y la nobleza de los Países Bajos, van a asentar su dominación sobre el pueblo, proclamando al tiempo que el Duque, puro ejecutor de la voluntad del soberano, ha hecho más daño al país que Lutero y Calvino juntos.

Juan de Austria conquista Túnez.

1574

Los españoles emprenden el infructuoso intento de liberar la Goleta de Túnez. Tras esta expedición, Miguel de Cervantes y su hermano Rodrigo permanecen en Italia y Sicilia, donde el 30 de septiembre, los encontramos descansando en Palermo. Se le atribuyen a Miguel una amante napolitana, que por lo visto lo engaña, y un hijo bastardo habido de ella, al que no llegará a conocer nunca.

«Es posible que, a finales de la primavera, Cervantes se trasladara con el regimiento de don Lope de Figueroa a Génova, donde parecían fraguarse nuevos problemas con Francia, porque describe la ciudad con todo detalle en "El licenciado Vidriera". Si así fue, ya no estaba en Nápoles en agosto, cuando don Juan llegó allí procedente de España a fin de organizar una expedición en socorro de Túnez. Miguel y Rodrigo, así como el resto de su regimiento, zarparon con él.

El 3 de octubre, sin embargo, la noticia de la caída de la Goleta, la ciudadela de Túnez, alcanzó al ejército expedicionario, cuando se encontraba en Trapani, y se abandonó la expedición. Aquella noticia causó una penosa y honda impresión en Miguel, que había estado allí en años anteriores: la abrumadora superioridad y la ventaja de los atacantes, rodeados de playas que transformaron fácilmente en trincheras y plataformas, las terribles desgracias, todo ello aparece en la narración del cautivo en la Primera Parte de Don Quijote.», M.McK, Cervantes, p. 48.

[Es posible que uno de los ingenieros que construyeron la Goleta en tiempo de Carlos V, que tras renegar de su fe cristiana tomó el nombre de Mustafá, revelara a Selim en secreto un modo seguro de tomar la Goleta. Su nombre cristiano era Jacobo Zitolomini y parece que huyó a Argel al lado de Aluch-Alí, resentido por desprecios y negativas que recibiera de Felipe II. Aluch-Alí lo llevó a Constantinopla y lo presentó a Selim.]

El cardenal Acquaviva, probable amigo y protector de Cervantes en Italia, muere en julio.

Lit. Melchor de Santa Cruz, Floresta española.

El Brocense comenta a Garcilaso.

Pol. Apenas cuatro meses han bastado a la aristocracia y a los católicos de los Países Bajos, para rechazar con violencia, en marzo, a su nuevo defensor. Según ellos, Don Luis de Requesens desconfía de la nobleza y, aunque católico practicante y ejemplar, es excesivamente amigo de los jesuitas. Tanto los aristócratas como los eclesiásticos divulgan, llenos de despecho, que el Gobernador sólo se complace en la compañía de sus compatriotas y que se pasa el tiempo encerrado con los jesuitas.

De hecho, el Gobernador hace lo imposible por pacificar el país y curarlo, con medios suaves, de su terrorismo religioso crónico. Por desgracia, los nobles, que no cesan de intrigar y de cambiar de partido, y los eclesiásticos, que no pueden soportar la vida ejemplar de los jesuitas, optan por la insolencia y la antipatía con el abnegado Gobernador.

En el marco de su política de pacificación de los Países-Bajos, el nuevo Gobernador desea suprimir el Consejo de los Disturbios, suspender el impuesto del diezmo y proponer a los herejes la opción entre su reconciliación con la iglesia o el abandono del país, tras la venta de sus bienes.

Con fecha del 10 de marzo, el Rey otorga a sus sujetos rebeldes de los Países Bajos un perdón general y da a su Gobernador la facultad de suprimir tanto el Consejo de los Disturbios como el impuesto del diezmo. Para facilitar el trabajo del ejecutivo, el Rey remite a Don Luis cuatro redacciones diferentes del decreto de perdón, para que entre ellas escoja la que juzgue más adecuada.

Con el propósito de motivar a los naturales de los Países Bajos en pro de la defensa de su propio patrimonio espiritual, y siguiendo el ejemplo de Felipe el Bueno, que instituyó la Orden del Toisón de Oro, el Rey propone la creación de una nueva Orden Militar.

Por marzo, el papa Gregorio XIII envió a Nápoles la rosa de oro, con su Camarero mayor, para Don Juan de Austria. Según una antigua costumbre, los Papas solían enviar la rosa de oro, bendecida el Domingo de Ramos, al Rey o Reina que más gratitud había merecido de la Santa Sede durante el año. Esta distinción papal, inusitada con quien no era Rey, asustó al Cardenal Granvela, Virrey de Nápoles, nada afecto a don Juan, y apresuróse a dar aviso de ella a Felipe II. El 24 de marzo llegó a Nápoles el Camarero mayor del Papa con la rosa de oro, y el 25 hízose en la iglesia de Santa Clara la entrega solemne.

Tras haber infligido la derrota del 14 de abril a los combatientes calvinistas, los soldados españoles, sin paga desde hace meses, deciden exigir su justo salario a las ciudades que han defendido. No habiendo obtenido la más mínima atención de parte de los interesados, a pesar de que estos reconocen que si los soldados españoles fueran vencidos, los del otro lado les cortarían el cuello, las tropas deciden marchar sobre la opulenta ciudad de Amberes y exigir por la fuerza lo que se les debe. La determinación de las tropas, la mezquindad de los civiles y la falta total de medios económicos del Gobernador provocan una situación de violencia de la que puede ser víctima la ciudad de Amberes.

El único capaz de remediar a la situación inextricable en que se encuentra Amberes desde hace dos meses, dada la obstinación de las ciudades de los Países Bajos en dejar sin remuneración a las tropas que aseguran su más elemental seguridad, es precisamente el Gobernador, tan abusivamente tratado por los clericales y los aristócratas como peor bestia que el Duque de Alba. En efecto, mientras estos señores se enjuagan la boca preparando escupitajos contra Don Luís de Requesens, éste, con sus incontestables dotes de diplomático y de negociador, convence a la tropa y la induce a abandonar Amberes el 5 de junio, sin pillarla ni violentarla.

Tras el levantamiento del sitio de Amberes por las tropas españolas sin pagar, la reacción de la opinión católica, confortada en su actitud de avaricia por un clero y una aristocracia particularmente ávidos, es que la defensa de la religión la tiene que pagar el Rey y no ellos. Ahora bien, es sabido que el Rey se ha arruinado y ha arruinado a España, embarcada en otros gastos de defensa, de interés más general para la Cristiandad, precisamente porque ha añadido a sus esfuerzos gigantescos en el Mediterráneo este esfuerzo obstinado y probablemente vano de defender a los católicos de los Países Bajos.

El 7 de junio, a pesar de la incomprensión y del desagradecimiento generales, el Gobernador de los Países Bajos proclama el perdón general del Rey a sus súbditos rebeldes de los Países Bajos así como la supresión del Consejo de los Disturbios y de los diezmos.

Los turcos recuperan Túnez y Bizerte, expulsando a los españoles de la Goleta: Los turcos desembarcaron en Túnez el 14 de julio, para infligir a los cristianos una triste lección que duró sesenta y tres días: el 13 de agosto apareció en el Cabo de Cartago la temida armada turca con cerca de trescientas naves y sesenta mil hombres de desembarco, mandada aquélla por Aluch-Alí, el tiñoso, y éstos por el yerno de Selim, Sinant-Bajá, el renegado; el 22 de agosto tomaron el castillo de la Goleta, de importancia estratégica capital para guardar el Mediterráneo; veinticuatro días después se apoderaron de un baluarte y de un fuerte de Túnez en que tenían los españoles guarnición, sin que ni un solo cristiano, ni siquiera el gran Don Juan de Austria, retenido al extremo opuesto de Sicilia, estuviera en medida de acudir a su socorro.

«Túnez quedaba en poder de los turcos; tres mil soldados muertos y los restantes acribillados a heridas o cautivos. Pagano Doria degollado; Gabrio Cervelloni, don Pedro Portocarrero y don Francisco de Ávila, esclavos de Sinam. El fuerte nuevo, arrasado sin ser concluido, y la Goleta, el glorioso recuerdo de Carlos V, volada con minas, borrada para siempre del suelo africano por Aluch-Alí, como borra el simún del desierto una huella humana», Coloma.

Se echa la culpa del desaguisado al Cardenal Granvelle, llamado aquí Granvela, que tras haber dejado su puesto y muchos enemigos en Bruselas, se encontraba entonces como Virrey en Nápoles: se le acusa de no haber proveído con presteza el dinero, los soldados y las provisiones necesarias para acudir en ayuda de los pobres de Túnez. Don Juan de Austria se prometió que la negligencia no se repetiría.

Antonio Pérez, nuevo secretario de Felipe II, acusa a Don Juan de Austria de querer hacerse con el reino y quizá con la corona, por lo que encomienda a su protegido Juan de Escobedo para el cargo de secretario de Don Juan de Austria, con el propósito de vigilar sus movimientos. Muy pronto Juan de Escobedo se convertirá en fiel servidor de Don Juan.

1575

En este año Cervantes toma la decisión de abrazar definitivamente la carrera de las armas. Prefiere servir en Italia, porque es un lugar tranquilo, a diferencia de los Países Bajos, y quizás también porque es el hogar de su amante y del hijo, habido o por haber de ella. Convertido en "soldado aventajado", obtiene cartas de recomendación de don Juan de Austria, Capitán General de la Armada, y del duque de Sessa, Virrey de Nápoles. Estas cartas de recomendación y reconocimiento de sus méritos le dan la idea de volver a España, con la probable intención de que le nombren capitán; porque, como todos los solicitantes de puestos, Miguel tendrá que ir a Madrid para obtener el suyo.

Aprovechando esta ocasión, tras seis años lejos de su patria, Miguel y su hermano Rodrigo deciden cumplir su deseo de volver a España y ver a la familia. El día 20 de septiembre se embarcan en Nápoles en la galera Sol, que forma parte de una flotilla de cuatro galeras que se dirigen a Barcelona. Seis días después, durante la travesía, una tempestad dispersa las galeras, y la Sol es apresada el 26 de septiembre, cuando pasaba Les Saintes Maries, en la costa francesa, frente a las costas catalanas, por unos corsarios berberiscos al mando del renegado albanés Arnaute Mamí. Miguel es hecho cautivo junto con su hermano Rodrigo. Se inicia así su dilatado cautiverio argelino, del que intentará fugarse repetidamente aunque siempre en vano. Miguel tenía sólo veintiocho años cuando fue capturado. Tendrá treinta y tres al ser liberado.

Los cautivos son conducidos a Argel y Miguel de Cervantes cae en manos de Dalí Mamí, apodado El Cojo, quien, a la vista de las cartas de recomendación que encuentra sobre él, fija su rescate en 500 ducados de oro, cantidad prácticamente impagable tanto por su familia como por los frailes trinitarios que se encargan de redimir a los cautivos: «El negocio de los rescates entre España y Argel era muy activo: se llegaban a cobrar más de cinco mil ducados por los prisioneros más importantes. Se informaba a las familias del destino de sus parientes—los encargados de llevar los mensajes eran ex cautivos que volvían a sus casas—y de la cantidad de dinero que tenían que reunir. Los rescates se entregaban normalmente a frailes españoles de la orden trinitaria y a los mercedarios, quienes los llevaban hasta Argel y luego volvían con el prisionero o los prisioneros liberados», M.McK, Cervantes, p. 57.

Se inicia así el período más calamitoso de la vida de Miguel, que permanecerá cinco años largos cautivo en los baños argelinos, a pesar de sus numerosos intentos de fuga siempre fallidos.

“El Argel que encontró Cervantes era un lugar extraordinario. Cuartel general de los piratas y corsarios islámicos del Mediterráneo, la ciudad que Cervantes conoció había surgido como respuesta a la gran actividad marítima existente en dicho mar durante el siglo XVI, debida al comercio y a las hostilidades que creaban la política y la religión. La ciudad poseía un buen puerto, sólidas murallas, y los numerosos corsarios la utilizaban como refugio y les servía además de mercado donde vendían el producto de sus robos. Como resultado de ello, Argel se había convertido en uno de los centros comerciales más ricos del Mediterráneo, como lo demostraban su casa de la moneda, su escuela de teología, su hospital de pobres y sus espléndidos baños públicos (con agua fría y caliente). En cuanto a la política, se regía por sus propias leyes, aunque estaba sometida al poder del Imperio Otomano, por un lado, y, por otro, a Constantinopla, gozando de un grado bastante elevado de autonomía.

Desde el punto de vista cultural, la ciudad, atestada de esclavos cristianos, moros expatriados de España, renegados y aventureros, constituía una exótica mezcla. En su puerto fondeaban barcos procedentes de Francia, España, Italia, Inglaterra y Flandes, así como bajeles del este del Mediterráneo; aunque comerciar con los argelinos se consideraba ilegal en la mayoría de los países cristianos, el comercio de la ciudad era floreciente. Como toda sociedad fronteriza que vive al margen de la ley y el orden convencionales, aquel era un lugar de grandes oportunidades, de negocios fáciles y también de rápidos enriquecimientos. Había cautivos cristianos que salvaban la situación en la que se encontraban renunciando a su fe, y muchos de ellos alcanzaron la prosperidad…

Los argelinos se enriquecían gracias a la mercancía humana y la ciudad era el centro del tráfico de esclavos cristianos del Mediterráneo. Los cautivos no eran transportados a Argel por piratas que tuvieran en ella su base de operaciones, sino por corsarios de todas partes que allí los ponían en venta o los intercambian por mercancías o suministros de todo tipo. Así, los prisioneros eran una moneda y a la vez una mercancía. Su valor era doble: se les podía rescatar mediante una elevada suma de dinero y, si los ponían en venta, podían trabajar en las galeras argelinas o en la propia ciudad. Tal como se observa en un documento de 1564, “en Argel llueven cristianos”.”, M.McK, Cervantes, p. 55-56.

Los cautivos que esperaban su liberación, como era el caso de Cervantes, eran conducidos a la prisión estatal, donde eran encadenados. Estas cárceles estatales se llamaban “baños” y en ellas se encerraba por la noche a los cautivos sirvientes, para mayor seguridad.

Lit. Juan Huarte de San Juan, "Examen de ingenios".

Pol. Fundación por Felipe II de la Academia de Matemáticas.

Don Juan de Austria, vivamente indignado por la negligencia del Cardenal Granvela con respecto al peligro turco, obtiene de su hermano el rey Felipe II que lo nombre su Vicario en Italia para mantener a raya al enemigo de la cristiandad. [«El rey lo nombró, con aprobación de todo el Consejo, y secreto espanto de Antonio Pérez, su Lugarteniente General en toda la Italia con autoridad sobre todos los Virreyes y Ministros que gobernaban aquellos Estados; esta dependencia había, sin embargo, de quedar secreta por decoro y prestigio de aquellos funcionarios, y sólo había de manifestarse en caso de abuso de autoridad o alarde de independencia.», Coloma]

Dos de los valientes soldados de Don Juan, Don Miguel y Don Rodrigo de Cervantes Saavedra, obtienen cartas elogiosas de sus superiores, al embarcarse de vuelta para España, tras haber participado en la batalla de Lepanto y en las expediciones contra Túnez y la Goleta. La suerte no les acompaña en el momento de poder reintegrarse a la vida civil: la galera en que vuelven a su patria es apresada por los piratas, lo cual significa que el calor de la familia va a ser reemplazado para ellos por el frío horror de un largo cautiverio. Don Miguel va a permanecer cautivo en Argel cinco años. Cuando vuelva a España, en 1580, tendrá treinta y tres años.

Segunda bancarrota de Felipe II.

En nombre de Gregorio XIII, el Nuncio Ormanetto propuso a Felipe II que resucitara el plan de Pío V, fracasado por la muerte del duque de Norfolk, de desposeer a la reina Isabel de Inglaterra y de restaurar el catolicismo en Gran Bretaña. Gregorio XIII daría la investidura del reino de Inglaterra a su legítima heredera María Estuardo y haría que ésta se casara con don Juan de Austria, que capitanearía las huestes españolas que invadiesen la isla. El Papa había concertado ya con los partidarios del desdichado Norfolk que estuvieran prestos a secundar el nuevo movimiento. Felipe II dio gracias muy corteses al nuncio por la merced que el Papa hacía a su hermano, pero excusóse de prestar apoyo a la empresa, por la necesidad que tenía entonces de concentrar grandes fuerzas en Italia por el peligro del turco, animado con el triunfo de Túnez; y en Flandes por envalentonarse también los rebeldes con la salida de allí del Duque de Alba. Coloma

La tempestad favorece una vez más los designios de los protestantes contra la determinación de los católicos. Una flota, que el Soberano de los Países Bajos obtiene de sus súbditos castellanos, como Rey de Castilla, en ayuda de los católicos amenazados en su soberanía borgoñona, es a tal punto desquiciada por los elementos el 30 de diciembre, que sería más caro repararla que equipar nuevos navíos.

III. 1576 - 1585

1576

Primer intento de fuga de Miguel y Rodrigo de Cervantes con otros cristianos, de Argel hacia Orán por tierra, pero el moro que los guía los abandona y tienen que regresar a Argel.

Rodrigo de Cervantes padre relata la captura de sus hijos ante el Consejo de las Cruzadas, presentando las pruebas pertinentes de que los dos hermanos habían servido en Italia y de su captura a bordo de la Sol, con la esperanza de recibir el dinero para el rescate. El grado de desesperación de la familia se deduce del hecho de que doña Leonor se declaró viuda para obtener más fácilmente la suma de sesenta ducados para el rescate de sus hijos del Consejo de las Cruzadas, que era quien administraba este tipo de donativos. Se le concedió el dinero, aunque con la condición de demostrar en el momento oportuno que dicha cantidad estaba siendo utilizada para lo que había sido prestada, si no, tendría que ser devuelta.

El escritor Cervantes no renunció a su pluma durante las adversidades del cautiverio, sino que aprovechó sus raros tiempos libres para ofrecer algunas creaciones poéticas a sus amigos. Aunque, por ser quizás apócrifa, hay que descartar la Epístola a Mateo Vázquez, antiguo condiscípulo suyo del colegio de los jesuitas de Sevilla y secretario de Felipe II durante este período de la cautividad cervantina, han llegado hasta nosotros los dos sonetos que dedicó a su amigo de cautiverio Bartolomeo Ruffino di Chiambery en 1576, y las octavas asimismo circunstanciales realizadas en 1579 para otro compañero de adversidades, también italiano, el humanista siciliano Antonio Veneziano.

“La experiencia del cautiverio fue definitiva para sus creaciones literarias posteriores, como lo fue para su vida, porque en ella acrisoló, a un tiempo biográfica y literariamente, algunas de las claves más consistentes de su vivir y de su crear, como la defensa acendrada de la libertad, la paciencia en los infortunios, y el heroísmo en la derrota; y ello por no referirnos a la acentuación de su españolismo imperialista, ya que duró algo menos, y sólo marcó la primera fase de su obra.”, MdeCS, Obras completas, Micronet, 1997.

Pol. Don Luis de Requesens, Gobernador de los Países Bajos, reconoce que todos los esfuerzos que ha hecho por pacificar a las provincias y mantener su unidad, desde su advenimiento al poder el 29 de noviembre de 1573, han sido vanos. Ahora, tras la pérdida de la flota enviada por Castilla y, sobre todo tras el fracaso diplomático de los leales, la situación le parece tan desesperada a finales de enero, que lo único que desea es poder morir, para no tener que comunicar al Soberano la pérdida para su dinastía de los Países-Bajos.

El ansia de abandonar el gobierno del nido de víboras en que se han Convertido los PaísesBajos y de volver a España para reencontrar la luz del sol y la alegría de sus hijos, trabaja la salud del Gobernador con la misma obstinación que lo haría la gangrena. Don Luis estaría de acuerdo con cualquier concesión hecha a estas gentes, incluso la de constituirlos en una suerte de república, pero bajo la sola condición que queden a salvo la religión católica y el respeto de la autoridad real. El Gobernador se dirige muy religiosamente a Bruselas para ganar en la ciudad el jubileo de 1576. Allí lo espera la muerte, disimulada bajo su manto negro de ántrax. La lucha es desigual: la enfermedad es fuerte, el enfermo débil. Don Luis de Requesens muere el 5 de marzo. El Consejo de Estado se reúne este mismo día en casa de Vigilius y asume el gobierno de los Países Bajos.

Don Juan de Austria es nombrado gobernador de los Países Bajos el 4 de octubre, aunque la primera noticia de su nombramiento la recibió en carta del Rey escrita el 8 de abril de 1576, justamente cuando acababa de enviar a Roma al Secretario Juan de Escovedo, tras haber sido solicitado por las nuevas instancias de Gregorio XIII para la jornada de Inglaterra.

Muerto Requesens en Flandes, Felipe II piensa que la única manera de hacer volver estas provincias a la fe católica y a la fidelidad a su legítimo soberano, es enviarles como gobernador al héroe de la batalla de Lepanto en persona.

Don Juan de Austria no acepta con entusiasmo esta idea. La penible misión que su hermano desea confiarle le desvía de su vocación militar, tanto más valiosa ahora para el servicio de la cristiandad que, tras la muerte de la esposa inglesa del soberano, un nuevo enemigo de la religión se ha instalado sobre el trono inglés. El deseo de Don Juan es deponer por la fuerza de las armas a la hereje Isabel e instalar en el trono a María Estuardo, con la cual se podría casar él para garantizar la protección de la religión verdadera en este reino. Sólo acepta la idea de ocuparse de los Países-Bajos bajo la condición de poder poner en ejecución desde allí sus proyectos ingleses.

Saco de Amberes por los soldados españoles el 3 de noviembre. El mismo día que en Amberes la muerte cobra su cruel impuesto tanto sobre asaltantes como sobre defensores del castillo, Don Juan de Austria, vencedor de Lepanto, llega secretamente a Luxemburgo, disfrazado de criado de Don Octavio Gonzaga, para tomar en mano la defensa del catolicismo en los Países-Bajos. El gran hombre se mira a sí mismo con un poco de sorpresa al verse transformado de defensor de la generalidad de los cristianos en defensor de unos cristianos contra otros. La misma angustia que se apoderó de su padre el Emperador al verse confrontado al problema alemán, se apodera de él al verse cara a cara con el problema flamenco: le toca la misión imposible de unir por la fuerza a los que sólo por su unión pueden crear la fuerza ante el enemigo exterior.

La pacificación de Gante tiene lugar el 8 de noviembre.

Guillermo de Orange intenta lograr que los Estados Generales y el Consejo de Estado de los Países Bajos no reconozcan a Don Juan de Austria como Gobernador y, si posible, rompan sus relaciones con su soberano, el rey Felipe II.

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(1) ◊ Don Juan de Austria ◊

Autor: ¿Anónimo?, atribuido, en diferentes inventarios, a Sánchez Coello o a su mentor Antonio Moro
Título: Don Juan de Austria
Fecha: Hacia 1575
Técnica: Óleo
Soporte: Lienzo
Dimensiones: Alto: 223 cm.; Ancho: 118 cm.
Procedencia: Colección Real (Palacio Real Nuevo, Madrid, pieza triangulada, 1747, nº 505; Palacio del Buen Retiro, Madrid, galería del mediodía, 1772, nº 505; Buen Retiro, 1794, nº 926).
Localización actual: Museo del Prado
Número de catálogo: P01148

→ El final de sus días lo encontró don Juan de Austria en el “avispero” de los Países-Bajos, adonde fue enviado por Felipe II para intentar atajar la Rebelión comenzada en 1566. ←

El retrato representa una de las pocas imágenes que han sobrevivido del hijo natural de Carlos V y la alemana Barbara Blomberg, hermanastro de Felipe II y gran artífice de la victoria de Lepanto.

El general y estratega aparece vestido elegantemente y luciendo sobre su pecho el distintivo de la orden del Toisón de Oro.Tiene coraza, cota de malla, gregüescos y calzas encarnadas, bastón de mando en la diestra, apoyado en un león que está tendido a sus pies.

La primera vez que participó de forma activa en el campo de batalla fue con ocasión de la Rebelión de los moriscos, en la sierra de las Alpujarras de Granada. Allí fue donde conoció el horror y la crueldad, auténticos rostros de las guerras, que nada tenían que ver con los ideales caballerescos que hasta entonces tenía de ellas.

Pero fue en Lepanto donde don Juan se convirtió en un héroe y, tanto su participación directa como sus valientes decisiones tácticas resultaron determinantes. Recordemos que esta gran batalla naval se produjo después de que los turcos arrebataran Chipre a los venecianos, por lo que los otomanos amenazaban seriamente el sur de Europa, incluidos los territorios del Papa. Fue por esto por lo que Pío V convocó la Santa Liga, constituida en mayo de 1571. Al frente, como Generalísimo de la Armada, se acordó que estaría don Juan de Austria. La batalla tuvo lugar el 7 de octubre, y el resultado fue aplastante para los aliados cristianos, a pesar de la igualdad de fuerzas entre ambas escuadras.
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El final de sus días lo encontró don Juan de Austria en el “avispero” de los Países-Bajos, adonde fue enviado por Felipe II para intentar atajar la Rebelión comenzada en 1566. Al llegar don Juan, en 1576, la situación era crítica: los tercios hacía meses, algunos incluso años, que no cobraban, por lo que, desesperados, saquearon Amberes. Lo único que consiguieron fue que la reacción de los rebeldes se hiciera aún más cruenta, hasta el punto de que muchos católicos dejaron de ver con buenos ojos a los españoles que, finalmente, tuvieron que ceder y firmar la “Pacificación de Gante”. Esto significó la retirada de muchas tropas españolas y, por tanto, el desvanecimiento del sueño de don Juan; la imposibilidad de llevar a cabo el plan por el que, quizá, aceptó ir a los Países-Bajos. Dicho plan consistía en, una vez controlada la Rebelión, utilizar las tropas de Flandes para desembarcar en Inglaterra, destronar a Isabel I y convertirse él mismo en el rey de los ingleses, mediante su matrimonio con María Estuardo, por entonces prisionera de la Reina Virgen.

Desgraciadamente, Flandes fue una auténtica trampa para don Juan. La dureza de la guerra y la honda impresión que le produjo la muerte de su secretario, Juan de Escobedo, le fueron debilitando hasta que, en el verano de 1578 murió a las afueras de Namur, en un palomar que se acondicionó improvisadamente con tapices flamencos. Después vendría el traslado de sus restos al Escorial y unos funerales que no tuvieron nada que envidiar, por su excentricidad, a los organizados por Juana la Loca para Felipe el Hermoso.

ETIQUETAS: Óleo Lienzo Retrato real Retrato de personaje militar León (Panthera leo) 1570

Fuentes: Museo del Prado y Pedro González-Barba, este último, en su blog ESTUDIO HISTORIA, jueves, 4 de septiembre de 2014, inspirado en el libro “Don Juan de Austria” de Bartolomé Bennassar.

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Fuente: Salvador García Bardón: Miguel de Cervantes y su tiempo
Crónica hispano-flamenca cervantina
Cronología razonada y circunstanciada

Diffusion Universitaire Ciaco, Louvain la Neuve, 1988, reedición 2016 en preparación.

23:16 Écrit par SaGa Bardon | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |

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