28/06/2010

La alegría infinita de Díez-Alegría

Los días de duelo que compartimos a través del mundo los antiguos alumnos del padre José María Díez-Alegría, me brindan la ocasión de recordar mi deuda de reconocimiento por la orientación que tomó mi vida a causa de mi relación intelectual y académica con él.

Durante el año escolar 1959-60 tuve el privilegio de compartir muchos ratos de conversación con el padre José María Díez-Alegría, mi profesor de Ética en la Facultad filosófica complutense.

Explico las razones de este privilegio, tal como yo lo viví subjetivamente, con la seguridad de que cada uno de los antiguos alumnos del padre José María Díez-Alegría puede explicar el privilegio vivido en su caso propio. Lo mismo puedo decir de los muchos colegas y amigos que ha tenido durante toda su vida: el privilegio que les reservaba a todos y a cada uno derivaba de sus ilimitadas sencillez, bondad y generosidad. Estas virtudes suyas, compañeras inseparables de su excepcional inteligencia, las descubrimos muchos de sus discípulos de la facultad filosófica complutense tanto en sus clases como al lavar y secar los platos con él en la cocina de la comunidad jesuita.

Siguiendo una tradición ancestral de las facultades jesuitas, una de las disciplinas de cada curso del programa académico debía organizar el solemne acto público "mensualis". Éste acto consistía en la defensa de un importante conjunto de tesis por un estudiante-defensor, frente al ataque, lo más severo y formal posible de las tesis, en primer lugar por dos estudiantes-adversarios de la misma clase que el defensor, con facultad de atacar las tesis de su elección, y luego por los profesores de la facultad e invitados del exterior. La frecuencia de este acto solemne, a pesar de su nombre, no era de una vez al mes, sino de una vez al año.

Aquel año escolar 1959-60 la disciplina escogida para los cursos de licenciatura fue la Ética. El padre Díez-Alegría, responsable de la materia, me designó a mí como defensor de las tesis presentadas ya por él hasta ese momento del año. Nos encontrábamos hacia la mitad del año escolar. La preparación de mi defensa para el acto público, me ofreció la ocasión de trabajar en estrecha colaboración con él, motivando, estructurando, profundizando y argumentando las tesis a defender.

Recuerdo que al abordar la tesis sobre la propiedad privada me hizo observar el derecho que tenían los habitantes de las cuevas inhospitalarias, que había muy cerca de la facultad, de venir a ocupar las dependencias vacías de nuestro edificio... Su derecho de extrema necesidad era natural mientras que el nuestro era solamente positivo y limitado por el primero.

Imagino que me designó como defensor de sus tesis, preparando el paso siguiente de su atención por mi carrera académica como filósofo más bien que como electrónico -materia en que era conocida mi pasión tanto teórica como práctica-, puesto que unos meses después, recién obtenida mi licenciatura en filosofía, las autoridades de la provincia jesuita andaluza, informadas por mis profesores de la facultad complutense, me nombraron profesor de Ética y de Metafísica en el Seminario mayor de Córdoba, dependiente por aquél entonces de la Compañía.

Es muy posible que la investigación y la enseñanza de la electrónica me hubieran reservado una vida mucho más divertida y apacible que la de profesor de filosofía, que entre otras cosas me obligó a expatriarme y a asumir la dureza del exilio, pero siempre me ha consolado y servido de apoyo la reserva de infinita alegría que me procuraron mis maestros de Alcalá, entre los cuales destacaron para mí los padres Hellín, Caffarena y Díez-Alegría.

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José María Díez-Alegría ha sido al mismo tiempo valiente y sencillo, creyente y crítico, rebelde y fiel, cordial y contundente, afable y molesto, demoledor y constructivo, anti-institucional y eclesial, poeta e intelectual, humorista y comprometido, no marxista y "anti-anti-marxista", obediente y desobediente, intelectual y asequible, erudito y popular, maduro y enfant terrible, jesuita y jesuita (aunque sin papeles), y sobre todo y en una palabra, un hombre bueno.

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La alegría infinita de Díez-Alegría
por Pedro Miguel lamet

Publicado en Junio 25th, 2010

Esta madrugada se nos ha ido a punto de cumplir los 99 años de edad José María Díez-Alegria, un hombre libre, un gran cristiano, un personaje singular y un referente de la Iglesia española del siglo XX. Tuve la suerte de escribir su biografía, lo que me permtió largas horas de sabrosa charla con aquel conversador genial y ameno que era y aprender de él grandes lecciones vivas de cristianismo. En ese libro, "Un jesuita sin papeles", está cuanto sé de él. Aquí, a vuelapluma, una síntesis de su personalidad:

Decía, el genio de nuestra Literatura Baltasar Gracián, jesuita que tuvo problemas con la censura que “No hay en el mundo señorío como la libertad de corazón”. Algo en que curiosamente viene a coincidir el Concilio Vaticano II, cuando define la conciencia como “ese núcleo más secreto y sagrado del hombre en que está a solas con su Dios y cuya voz resuena en la intimidad” para poder elegir.

Su peripecia humana se puede dividir en tres partes. Como de la Virgen María se habla de antes del parto, en el parto y después del parto, la vida de Díez-Alegría podemos hablar de alguna manera antes del libro, en el libro y después del libro. Y cuando me refiero al libro hablo de "Yo creo en la esperanza", la obra que provocó el famoso escándalo en 1973.

1. Antes del libro. Es el periodo que va de su nacimiento al momento en que Alegría sufre una operación que le hace sentirse en peligro de muerte. Dentro de este periodo otros tres: su infancia y juventud, su formación en la Compañía de Jesús y su etapa de profesor.

22 de octubre de 1911, nace en Gijón, lo que quiere decir que José María es asturiano, lo cual ya es decir mucho.

“Yo nací en un banco”. La sucursal del Banco de España en Gijón. Familia católica tradicional. Excelentes padres, sencillos, cultos y buenos. Cuatro hermanos. Manuel y Luis llegarían a ser tenientes generales. Calle Santa Elena. Instituto Jovellanos. Gerardo Diego y congregante mariano.

Excelente estudiante de Derecho en Madrid y joven católico de derechas. Después de unos Ejercicios siente la vocación más al seguimiento del Jesús del Evangelio que al sacerdocio como tal. Ingresa en la Compañía y cuando estaba en el noviciado de Aranjuez en 1931 se produce la quema de conventos. Exiliado a Bélgica estudia filosofía junto a su gran amigo José María de Llanos. Allí comienza su crisis de fe los 25 años a partir de la duda filosófica de si el hombre puede tener certezas absolutas. Descubre que la fe es una gracia.

En 1937, destinado como maestrillo al Colegio de Villafranca, donde falto de paz duda de si debe dejar la Compañía, pero decide esperar. La luz se producirá en Granada donde con la lectura de San Juan de la Cruz y el estudio de la teología recupera la paz. Los superiores le destinan a profesor de Filosofía. Viaja a Oña y Portugal para preparar su tesis sobre la Ley Natural en Luís de Molina y los maestros de la Universidad de Evora. Que defiende en Roma en la Gregoriana en 1946.

De regreso a España hará otro doctorado en Derecho civil y ejercerá como profesor en la facultad de filosofía de los jesuitas de Chamartín en Madrid. Será un profesor modelo, cercano, humano y humorista que irá descubriendo el sentido social de los Padres de la Iglesia y un rector diferente. Tanto que a los tres años de superior es destituido y enviado a completar estudios durante un semestre sabático en Alemania. Aires nuevos. A su vuelta el contacto con el P. Llanos y el Pozo del Tío Raimundo será un revulsivo importante en su evolución posterior. Comienza a pronunciar conferencias de contenido social osada para aquellos años de franquismo y a convertirle en un posconciliar antes del Concilio. Durante el Vaticano II tendrá aportaciones importantes sobre la libertad de conciencia y la no violencia. En 1961 destinado a Roma. Su postura ante la ley del divorcio y otros problemas de la Iglesia italiana crean escándalo.

2. El libro: En 1971 mientras daba una conferencia en Lisboa cae enfermo. Mielopatía por espondelosis vertical. Operado en Madrid y convencido de que puede morirse decide escribir un libro en el que exponer sin rodeos todo lo que piensa sobre la fe, la Iglesia, el celibato, el marxismo. etc. Se lo comunica al general P.Arrupe, haciendo de objeción de conciencia a la censura. Al final el libro aparece en España y se convierte en un escándalo internacional. En nuestro país el escándalo es doble por la situación política y por sus dos hermanos, jefe del Estado Mayor y de la Casa Militar de Franco. Destituido como profesor de la Universidad Groriana vuelve exclaustrado a Madrid y se aloja en el Pozo del Tío Raimundo.

3. Después del libro. Junto con Llanos se convierte en un referente de la lucha por las libertades y el compromiso con los más pobres. En 1975 termina su periodo de exclaustración y dadas las circunstancias decide abandonar la SJ. Pero Arrupe le ofrece vivir de por vida en casas de la Compañía.

Tras esta azarosa vida cabe hacerse dos preguntas. ¿Quién es realmente Alegría? Y ¿qué significado tiene su figura para el mundo de hoy?

El día que recibió la medalla del trabajo, entre su amigo el hermano Burguillos (que le prestó el traje de su cuñado para el evento) y el autor de este blog.

I. ¿Quién era Díez-Alegría?

1. Todos los amigos de Alegría coincidimos en que tratar con él era además de un placer relacionarse con una rara avis en los tiempos que vivimos. Frente a los clichés preestablecidos de intelectual petulante, “cura comunista” y enfant terrible, el padre Díez-Alegría es un hombre sencillo, que como buen profesor matiza con exquisitez académica y al que además ni los más finos inquisidores han conseguido hallarle ni la más mínima herejía o heterodoxia en sus escritos. Pero sobre todo que es un hombre de fe, que se ha identificado con los pobres y marginados del Evangelio de Jesús. Un creyente que yo diría paradigmático, catalizador de una forma de entender la fe en nuestro tiempo. Es incluso un hombre piadoso, devoto de María de Nazaret, a la que sigue rezando el rosario diariamente. Y sobre todo es un hombre de esperanza.

2. Humanamente hablando era un hombre cercano, excelente conversador, amigo de sus amigos y que nunca ha perdido el sentido del humor. Hoy más que nunca nos conviene no olvidar que el humor es una forma de amor, un sonreír entre lágrimas que permitió a Cervantes encumbrar un loco y a Charles Chaplin convertir en héroe a un vagabundo marginal.

3. Es un hombre de Iglesia, a la que quiere en su sentido más original de koinonía, comunidad que pretende seguir a Jesus, pero no infantilmente, sino como hijo adulto y crítico, purificándola de la ganga que arrastra por los siglos. Una Iglesia “semper reformandam”, una Iglesia madre y santa pero también “casta meretrix”, como la llamaban los antiguos, que necesita hijos rompedores y críticos como José María.

4. Es un profesor y un pedagogo, dimensión que han mantenido siempre, no sólo cuando enseñaba Ética y Ciencias Sociales, sino cuando escribe sus libros o incluso artículos en los periódicos. Ha sabido expresar claramente su pensamiento sin pelos en la lengua y sin miedo, pero al mismo tiempo con tolerancia, respetando el pluralismo y el modo de pensar de los demás, con rigor de pensamiento y coherencia absoluta entre lo que ha dicho y lo que ha puesto en práctica toda su vida.

5 Alegría era un gran jesuita. Quiero subrayar esto porque es verdad. Él está jurídicamente fuera de la Compañía de Jesús, como sabéis, pero ha seguido viviendo como tal. Con un concepto dinámico de su pertenencia, donde los hombres y el amor hacia ellos es algo más importante que la institución. Paradójicamente, el P.Arrupe, antagonista en un periodo muy a pesar de ambos, también ponía a la persona por encima de lo institucional. De aquí que me haya resultado apasionante seguir el obligado enfrentamiento entre ellos –como biógrafo de los dos-, cuando en el fondo estaban mucho más cerca de lo que parece.

6. Y por último Alegría fue un hombre que se adelantó a su tiempo. Por eso Alegría nunca ha dejado de ser joven, porque ha perforado siempre los acontecimientos hasta tocar lo más nuclear de la vida, aunque esto le costara aparecer como inconformista y revolucionario. Esa valentía le permitió convertirse en uno de esos hombres “bisagra” que contribuyeron a que las puertas de este país y más en concreto los creyentes se abrieran a la transición democrática. De mano del gran P. Llanos, del que el año pasado celebrabamos sus cincuenta años de su desembarco en el Pozo del Tío Raimundo.

Por todo ello escribir su biografia ha sido una gran experiencia, pues nadie puede negar que José María Díez-Alegría ha sido al mismo tiempo valiente y sencillo, creyente y crítico, rebelde y fiel, cordial y contundente, afable y molesto, demoledor y constructivo, anti-institucional y eclesial, poeta e intelectual, humorista y comprometido, no marxista y anti-anti-marxista, obediente y desobediente, intelectual y asequible, erudito y popular, maduro y enfant terrible, jesuita y jesuita (aunque sin papeles), y sobre todo y en una palabra, un hombre bueno

II. ¿Qué significado tiene la vida de Díez-Alegría en el momento que estamos viviendo en el mundo y en nuestro paìs?

1. En tiempos tumultuosos de crisis de valores y con la libertad muy diezmada por los condicionamientos económicos, mediáticos y sociopolíticos es defender que la libertad es un derecho de la persona que nos hace superar las ataduras de la economía de mercado, el consumo, la publicidad, el pensamiento único e incluso la propia religión.

2. En tiempos de enfrentamientos políticos partidistas, donde parece que lo único importante es el provecho de tal o cual partido, más que la justicia social; cuando ponemos nuestro bienestar por encima de la justicia, el hambre de los pobres, y nuestra sociedad del confort frente a los inmigrantes de las pateras, el éxito del mercado y las audiencia más que el respeto a la verdad y la honradez, necesitamos un baño de coherencia. Y eso es Alegría, coherencia con el mensaje troncal del Evangelio.

3. Cuando la guerra y la violencia deterioran la convivencia internacional en la medida en que todos sabemos, el pensamiento ético antiviolento de Díez-Alegría sigue siendo una bocanada de aire fresco.

4. Cuando nuestra Iglesia vive un poco a la defensiva y como refugiada en los castillos de la ortodoxia hacen falta hombres de frontera y diálogo que den credibilidad al cristianismo en esa tierra común y difícil donde agnósticos e increyentes encuentren al menos una mínima zona de diálogo.

5. Y (como se ha dicho), en un momento en que algunos parecen querer hacer resucitar las dos Españas, identificando de nuevo la fe y el compromiso social con la derecha o con la izquierda, vale la pena dar vueltas a la moviola para intentar regresar a los intentos de reconciliación y superación del clericalismo y el anticlericalismo de la transición, porque nadie tiene la exclusiva del Evangelio, el Espíritu sopla donde quiere y la Iglesia debe ser al mismo tiempo crítica, libre y alejada de todas las formas de poder.

6. Y sobre todo necesitamos ese optimismo, el talante de humor y el distanciamiento que Díez-Alegría aportó en tiempos de radicales enfrentamientos.

Quizás por eso uno de los textos bíblicos preferidos de José María es el que nos narra el momento en que Elías sube a la montaña en que Dios se había manifestado a Moisés. Allí se va a hacer presente el Dios de Abraham. Vino un huracán violento, pero no estaba Dios en el viento. Después vino un terremoto, pero Dios no estaba en el terremoto. Después un fuego, pero no estaba Dios en el fuego. Después del fuego se oyó una brisa tenue. Allí estaba Dios.

Yo veo a Alegría como una brisa tenue entre tanto huracán, fuego ira, dogmatismo y terremoto. Ni siquiera quiso ser enterrado, sino que dio su cuerpo a la Facultad de Medicina. Como si quisiera decirnos con ese gesto que ahora goza de la libertad y alegría infinitas sobre las que tanto predicó. Gracías por ser, José María. Ruega por nosotros a Dios, buen amigo.

Pedro Miguel Lamet
Publicado en Junio 25th, 2010.

“Yo siento que lo más supremo de lo humano es el verdadero amor”

“El cristianismo histórico es lo contrario de lo que fue Jesús.”

“Reafirmo que mi fe en la resurrección se refiere con toda rotundidad y con íntimo gozo a Jesús. Se refiere también con fuerza a los pobres y marginados injustamente oprimidos.”

J.M. Díez-Alegría

28.06.10 @ 12:30:00. Archivado en Sobre el autor, Europa, Universidades, Amistad Europea Universitaria, Hispanobelgas, España, Sociogenética, Ética, Religiones, Ecumenismo, Bélgica

23/06/2010

Beso nupcial de Victoria de Suecia con corona

La princesa heredera Victoria de Suecia, ciñendo la corona de una de sus antepasadas más ilustres, aunque desgraciada en amor por razones dinásticas, la emperatriz Josefina de Francia, estrecha con fuerza y besa emocionada la mano de su esposo, Daniel Westling. Apenas había terminado la ceremonia de su boda, celebrada en la catedral de San Nicolás de Estocolmo, tras ocho años de fiel e interminable noviazgo, precisamente interminable por razones dinásticas.

Fuente de la foto: El País, Gestos, 19-06-2010.

Victoria de Suecia declaró llena de emoción desde el balcón del palacio real de Estocolmo:

“Soy increíblemente feliz. Quiero dar las gracias al pueblo sueco por haberme dado a mi príncipe”.

Una vez llegados al balcón del palacio real, tras su recorrido en carroza por Estocolmo, la princesa Victoria y su marido, convertido ya en príncipe Daniel, saludaron a los centenares de suecos que se concentraron en los alrededores del palacio para felicitarles por su boda.

Victoria tomó la palabra, para expresar su alegría y agradecerles las felicitaciones por su matrimonio, riendo satisfecha al referirse con énfasis por la tan esperada primera vez a Daniel como su "esposo". Lo hizo jugando con los pronombres personales y posesivos como se juega con el agua compartiendo el placer de refrescarse juntos bajo un surtidor común:

"Queridos, queridos amigos: en primer lugar, quiero dar las gracias al pueblo sueco por haberme dado a mi Príncipe... Nosotros, mi esposo y yo... estoy increíblemente feliz y muy agradecida de que muchos queráis estar aquí y celebrar con nosotros. Es una enorme experiencia. Este día es, hasta ahora, el más importante en nuestras vidas, y contar con vuestro apoyo significa más para nosotros de lo que podáis imaginar. Es algo increíble. Hoy es un día que llevaremos en nuestros corazones por el resto de nuestras vidas. Gracias"

El simbolismo de la corona

La princesa ceñía, durante su boda y durante el recorrido del cortejo nupcial por Estocolmo, la corona de su antepasada la emperatriz Josefina, regalo de su marido el emperador Napoleón Bonaparte. No es una simple diadema, sino una robusta corona que ciñe bien la cabeza, porque Napoleón quiso que su mujer compartiera con él la gloria del coronamiento papal. Ella, por su parte, obtuvo que la presencia del Papa en París sirviera para formalizar ante la Iglesia su vida de pareja con el emperador.

¿Forma parte Victoria de esta saga imperial francesa, que tanto ha condicionado la historia europea?

En efecto, Victoria es varias veces heredera de estos ancestros imperiales franceses, entre los cuales destacan la primera pareja real de su dinastía, Juan Bautista con su esposa Désirée, y la abuela materna de Óscar, el rey de la segunda pareja, que era precisamente la emperatriz Josefina.

El patronímico de la actual familia real de Suecia es Bernadotte, por su primer ancestro francés, Juan Bautista Bernadotte, cuyo nombre dinástico como soberano de Suecia es Carlos XIV. Este primer rey francés de la nueva dinastía sueca fue adoptado por el rey Carlos XIII de Suecia, tras haber sido elegido por el Riksdag sueco. La nueva dinastía desciende también, desde su segunda generación, de la primera esposa de Napoleón, la emperatriz Josefina de Beauharnais, por su hijo Eugenio de Beauharnais, hijo adoptivo de Napoleón, que siempre lo trató como tal, y padre de la princesa Josefina de Beauharnais-Leuchtenberg. Esta princesa, nieta de la emperatriz Josefina, vínculo familiar que recuerdan su nombre y su primer apellido, se casó con Óscar Bernadotte, hijo y heredero de Juan Bautista Bernadotte con el nombre dinástico de Óscar I.

La sorprendente elección por el Riksdag sueco de este general de división, mariscal del imperio francés y príncipe de Pontecorvo, casado con Désirée Clary, la primera novia de Napoleón, gran amigo del por entonces emperador y cuñado de su hermano mayor, José Bonaparte, parece que se debió a que un sector influyente del ejército sueco, previendo futuras tensiones con Rusia, quería que el sucesor de la dinastía sueca, por entonces sin heredero ni crédito dinástico, fuera un soldado de conocido prestigio como lo era Bernadotte. Otro motivo que invocan los historiadores, para explicar esta adopción, es que Bernadotte era muy popular en Suecia, debido a la caballerosidad con la que había tratado a los prisioneros suecos durante la última guerra con Dinamarca.

El 21 de agosto de 1810, Juan Bernadotte fue elegido Príncipe de la Corona por el Riksdag. El 02 de noviembre del mismo año hizo su entrada solemne en Estocolmo, y el 05 de noviembre fue adoptado por el Rey Carlos XIII bajo el nombre de “Carlos Juan”.

A pesar de las reticencias de la corte y dinastía reinante de Holstein-Gottorp, cuyo penúltimo rey Gustavo IV Adolf había sido destronado y reemplazado por su tío Carlos XIII, el nuevo Príncipe francés fue pronto muy popular, convirtiéndose en el hombre más poderoso de Suecia, no precisamente por su empleo de la fuerza militar -que también cuando fue necesario, incluso contra Napoleón-, sino por su enérgico apoyo a una política de paz: desarrolla la instrucción pública, la agricultura, la industria y el comercio. Su política de « reformas conservadoras » le permite el ponerse al servicio de sus súbditos. En el mismo sentido, durante su reinado se abre, en 1832, el Canal Göta que comunica el Océano con el mar Báltico. Su divisa como rey sería: « L'amour de mon peuple est ma récompense », una divisa que parece haber inspirado a Victoria su agradecimiento al pueblo sueco por haberle dado el príncipe de su elección.

No es de extrañar que la nueva dinastía sueca, de origen francés, se haya distinguido desde entonces por su decidido apoyo a la paz mundial, uno de cuyos símbolos más conocidos y apreciados actualmente es el Premio Nobel de la Paz, que los reyes de esta dinastía Bernadotte entregan cada año solemnemente en Estocolmo a los laureados por su Real Academia Sueca.

22.06.10 @ 23:58:19. Archivado en Europa, Sociogenética, Antropología conyugal, Geopolítica

05/06/2010

London Jesuit Volunteers (LJV )

Jesuit Volunteering
Love, self-awareness, ingenuity and courage

London Jesuit Volunteers is part of the Mount Street Jesuit Centre in Central London. LJV began in early 2007 as an opportunity for busy adults to give direct service for a few hours a week with people who are materially poor, vulnerable and marginalized in our society, integrating action with reflection.

LJV provides a suitable placement in discussion with each volunteer, and also a peer group where volunteers can share experiences and reflect prayerfully on their service in terms of justice and faithfulness to God.

LJV volunteers work with commitment and compassion in a way that respects human dignity, promotes justice and has hope for the future.

London Jesuit Volunteers (LJV) is now operating, offering flexible volunteering opportunities among those in need anywhere in London. Placements sought to suit volunteers circumstances and skills. There is also an Ignatian reflective component, to assist volunteers to focus on the presence of God in their volunteering and the rest of their lives.

Narrativas jesuitas: London Jesuit Volunteers
por Danny Daly,
Londres, Reino Unido

London Jesuit Volunteers es una iniciativa que el Centro Mount Street de los jesuitas en Londres acaba de empezar. Los miembros se comprometen a trabajar como voluntarios de 2 a 8 horas semanales con presos, con enfermos ingresados en hospitales y con los sin techo. Además trabajan con gente que tiene dificultad de aprendizaje, en general debido a incapacidades físicas o mentales, y con organizaciones que se ocupan de refugiados y marginados. Además los miembros se comprometen mensualmente a asistir a reuniones de grupo para reflexionar y compartir con otros voluntarios sus experiencias. La reflexión está basada en la búsqueda de Dios en todas las cosas.

Cuando a finales de 2006 volví a conectar con la Iglesia católica, después de haber ‘descansado’ durante unos años, decidí que no me iba a limitar a aprender más sobre mi fe. Lo que quería era seguir la llamada de Santiago, quien en su carta (2, 14-18) dice que “la fe que no va acompañada de obras, es una fe muerta". Me impliqué en una asociación que se llama Emmaus South Lambeth, y que se ocupa de los sin techo, para poner a servicio de otros mis conocimientos en el ámbito administrativo y financiero. Pero me daba cuenta de que no era suficiente, y que quería involucrarme más en algo práctico.

En 2008 descubrí el Mount Street Jesuit Centre, que ofrecía numerosos cursillos y talleres. Participé en algunos de ellos, que me ayudaron a comprender y profundizar mi fe. En septiembre de 2008, gracias al Centro, supe que iba a tener lugar una reunión para gente interesada en ser miembro del grupo de los London Jesuit Volunteers (LJV). Y justamente lo que iba buscando era poder hacer obras de voluntariado y ayudar a los marginados por la sociedad, teniendo al mismo tiempo el apoyo de una reflexión espiritual ignaciana mensual con un grupo de gente de mi edad. Antes de empezar mi servicio como voluntario en Urban Table, me encontré con Martín en Dorothy Day House en la localidad de Hackney. Martín y yo tenemos casi la misma edad, y nos pasamos muchos ratos juntos intercambiando muchas ideas sobre la Iglesia, la política y el football.

Urban Table se encuentra en la que se llama la Capilla Redonda en Hackney. Los domingos por la tarde los voluntarios preparamos sopa caliente y bocadillos que se distribuyen a los huéspedes, añadiendo bebidas calientes y postre. Muchos de los huéspedes vienen de países europeos (Polonia, Lituania) pero los hay también que son de Hackney. Algunos duermen por la calle, otros viven en casas ‘okupa’. Y otros sencillamente tratan de sobrevivir.

Al final de la tarde, los voluntarios se encuentran para comentar cómo ha ido el día, y normalmente sigue un rato de lectura, reflexión y oración. En la sala donde nos reunimos hay, sacada de un periódico, la imagen de “Cristo que hace la cola para recibir un trozo de pan”, obra de Fritz Eichenberg. Allí se ven hombres y mujeres que hacen la cola, acurrucados en su ropa, que no los repara del frío. En el centro está Cristo, de pie, que irradia luz y calor en medio de las tinieblas. Se una imagen que me dice mucho, que tiene mucha fuerza para mí. Expresa visualmente las palabras de Cristo: “Tuve hambre… tuve sed…estaba desnudo…era extranjero… estuve en la cárcel”.

A veces, durante este rato de reflexión y oración, hay voluntarios que piden perdón por haber pasado mucho tiempo en las mesas con los huéspedes y por no haber ayudado en la cocina. Es una excusa innecesaria, porque compartir la comida, sentarse a charlar con los huéspedes constituye realmente el objetivo prioritario del Catholic Worker.

LJV y Urban Table han enriquecido realmente mi vida y lo han hecho tanto, que considero mi implicación hasta la fecha como la fase inicial de mi servicio. Quiero continuar el camino y, si fuera posible, hacer más.

Jesuit Volunteering

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Fernando Franco SJ, Director Responsable
Uta Sievers, Redactora
Suguna Ramanathan, Redactora Asociada
Secretariado para la Justicia Social y la Ecología, Borgo S. Spirito 4, 00193 Roma, Italia
+39 06689 77380 (fax)

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05.06.10 @ 21:02:42. Archivado en Europa, Religiones, Migraciones, Pro justitia et libertate, Ecumenismo