25/01/2010

¿Qué será de Haití tras el terremoto?

Para comenzar, leeremos un testimonio en primera persona: Ramiro Pampols sj, Director adjunto de Fe y Alegría Haití, nos cuenta cómo vivió los minutos del terremoto y reflexiona sobre sus sentimientos en cuanto al futuro del país.

En segundo lugar ofreceremos un recuerdo histórico que puede alimentar la esperanza de los Haitianos y la nuestra en estos momentos de duelo compartido: Puerto Príncipe resucitará como resucitó Lisboa.

En tercer lugar afirmaremos que Haití será lo que tiene derecho a ser, si nuestra ayuda desinteresada global respeta el derecho local de este pueblo a existir dignamente como tal pueblo soberano.

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Una ciudad… Un País: Haití
por Ramiro Pampols sj.

Llevo cuatro años en Haití: del 2006 al 2010: dos en la frontera con República Dominicana, para acoger a los haitianos expulsados a centenares cada mes.

Este “trabajo” lo realiza el CESFRONT, una unidad militar especializada en controlar la frontera.

Los dos últimos años he vivido en la capital, como director adjunto de las escuelas Fe y Alegría (Foi et Joie), Movimiento Latinoamericano al servicio de las comunidades más pobres ubicadas en el campo, la montaña o los bidonviles, es decir, allí “donde se acaba el asfalto”.

El martes, día 12, regresaba a casa de mi trabajo. Eran cerca de las cinco de la tarde, aproximadamente. Al bajar por la acera de la calle que me conducía a casa, empezó a temblar el suelo bajo mis pies. Más que un temblor era un vaivén, como si estuviera en la cubierta de un barco. Miré las casas y paredes que estaban a mi izquierda y vi cómo un edificio de tres plantas empezaba a moverse hacia delante. Era precisamente una Funeraria. Mal presagio. Instintivamente me desplacé al centro de la calle, observando a uno y otro lado.

Veo salir algunas personas corriendo de las casas y algo más adelante, frente a mí, observo cómo varios coches van dando bandazos, chocan, se entrecruzan y quedan clavados en medio de la calzada.

Unos cien metros más allá veo una densa nube de polvo blanco: es el que acaba de levantar una casa que se ha hundido hasta el suelo. No se oyen lamentos. Luego averigüé que estaba vacía.

Sigo adelante con cuidado y piso las primeras gotas de sangre. Alguien acaba de ser introducido en una camioneta para llevarlo rápidamente al hospital. Miro mi reloj: son las 16:55.

Irrumpe desde una casa un hombre con los brazos abiertos dando gracias a Dios por estar vivo.

Los muros de las casas se derrumban en grandes pedazos. Con cuidado, llego finalmente a mi casa. Veo que sigue intacta. Sin embargo, la mujer de la casa vecina se echa al suelo dando gritos, se levanta y vuelve a echarse. Esta herida en una pierna. Su casa se ha desplomado por completo. Tan sólo queda en el fondo, una punta del alero que al caer se ha empotrado en nuestro muro.

Entonces entiendo que alguien quedó atrapado. No sabemos qué hacer, es una especie de impotencia que nos hace sentir casi indiferentes al dolor de aquella mujer: ni atinamos a preguntarle qué le pasa.Al poco rato llega su marido, sube a la cornisa del techo y se dirige al fondo de su casa, donde ha quedado abierto el boquete. Llama entonces a sus hijas de tres y siete años que han quedado atrapadas. Pasan unos segundos… y aparecen las dos pequeñas empolvadas pero intactas. No reaccionan, no lloran ni hablan. Se abrazan a su padre, sin más. La madre y nosotros mismos quedamos atónitos.

Esta escena se ha repetido, de una u otra forma, en centenares de casas. La prensa lo ha aireado hasta el límite. Sin embargo, el recuento total es abrumador. Se habla de cerca de 200.000 muertos. ¿Cuáles son en estos momentos nuestros sentimientos? El primero, ya indicado, es un fuerte sentimiento de impotencia. No tanto de cara al momento presente, sino mirando a nuestro futuro.

Un periodista español considera que “después del terremoto, Haití ha retrocedido 40 años”. Y nosotros, sin aceptarlo plenamente, de hecho no sabemos por dónde empezar y si hay que empezar, o dejar que “otros “ nos digan lo que hay que hacer.

Estamos aturdidos, desorientados, pasivos. El caos no es un frenético ir y venir sin saber por qué. Es un caos interior, una desconfianza profunda en nosotros mismos, que deja al descubierto la enorme fragilidad de un estado apenas constituido.

Otro sentimiento que va aflorando sutilmente es el de una “entrega con armas y bagajes” a quien ha venido con la mayor ayuda humanitaria que se pueda uno imaginar: doce mil militares, un portaaviones, un buque hospital, expertos para dirigir el aeropuerto internacional,…Hace algunos día oí decir algo que me pareció absurdo: que Haití se convirtiera en una especie de Protectorado. Ahora ya no me parece tan inverosímil. La mayoría nos hemos casi acostumbrado a la presencia de la Minustah.

Finalmente, aun corriendo el riesgo de caer en el tópico, se visualiza en la política diaria la enorme dificultad de buscar seriamente unir fuerzas, establecer alianzas firmes entre grupos y los llamados partidos (que apenas lo son), para sacar al país del marasmo institucional. Claro que existen otras fuerzas de hecho absolutamente desinteresadas en llevar adelante un proyecto de bien común. Estas fuerzas ya están bien con lo que hay y ojalá se pueda seguir así mucho tiempo. Viven a caballo entre los EE.UU. y Haití, sus hijos estudian allá o en República Dominicana, lejos de las incertidumbres de la vida diaria de su país.

Y no me atrevo a entrar en las consideraciones, tal vez bastante atinadas, de quien buceando en el pasado, habla de un “dualismo fundamental” que impide a dos categorías de haitianos, “vivir juntos”.

Pido disculpas por esta especie de “salto lírico” que me ha llevado a reflexionar sobre otro “terremoto” más profundo y persistente, que tal vez, ninguna solidaridad internacional, como la que se está dando tan intensamente estos días, será capaz de contribuir a resolverlo.

Acabo con un sentimiento de esperanza: que el interés manifestado por tantos países por Haití y su futuro, nos haga recuperar la confianza en nosotros mismos y apreciarnos en aquello que verdaderamente somos: hombres y mujeres amantes de su libertad y su independencia, apoyados en una forma de vida digna para todos.

Ramiro Pàmpols sj, enero 2010.

Puerto Príncipe.

Fe y Alegría: Movimiento de Educación Popular y Promoción Social.

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Puerto Príncipe resucitará como resucitó Lisboa

La resurrección de Lisboa, tras su terremoto de mediados del siglo dieciocho, es un motivo de esperanza para los Haitianos y para todos nosotros, sus Amigos de todo el Planeta.

El terrible terremoto de Lisboa tuvo lugar el 1 de noviembre de 1755, día de todos los santos, a las 09,20 horas. Los geólogos estiman hoy que su magnitud sería de un 9 en la escala de Richter, con su epicentro en el océano Atlántico a unos 200 km al sudoeste del Cabo de San Vicente. Fue uno de los terremotos más destructivos y mortales de la historia, causando la muerte de entre 60.000 y 100.000 personas. El seísmo, seguido por un maremoto y un incendio, causó la destrucción casi total de Lisboa y parcial de otras ciudades ibéricas.

El acontecimiento fue muy discutido por los filósofos, tanto de la ilustración (Voltaire) como del idealismo transcendental (Kant), provocando progresos importantes en la teodicea y en la cosmología. Al ser el primer terremoto cuyos efectos sobre un área extensa fueron estudiados científicamente, dió lugar al nacimiento de la sismología moderna.

Ver el filme Paraísos cercanos-Portugal

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Haití será lo que tiene derecho a ser si nuestra ayuda desinteresada global respeta este derecho local

Haití ha sido víctima no solamente de una tragedia y de un drama humano, sino también de la giganteca amplificación de la tragedia que sufre, por la enormidad del drama humano que le ha servido de escenario.

La tragedia ha sido un terremoto de índice 7 en la escala de Richter. El drama humano es la muerte de al menos 111.499 personas, según el balance ofrecido el viernes pasado por la Dirección General de la Protección Civil de Haití. El Gobierno de Haití teme hoy que la cifra de muertos por el terremoto supere los 150.000. Las personas que han sido rescatadas con vida de entre los escombros son en total solamente 133. Además, según datos del ministerio de Interior haitiano, citados por los medios locales, más de 193.000 personas han resultado heridas por el seísmo, unas 11.000 viviendas quedaron destruidas y otras 32.321 se han visto afectadas.

La giganteca amplificación de la tragedia es debida a la enormidad del drama humano que le ha servido de escenario. Aunque el terremoto no es imputable a la responsabilidad humana, sí lo son:

1) La falta total de previsión sismológica local, capaz de avisar con tiempo a la población de la llegada de los terremotos y de organizar estructuralmente su protección, sin pretender improvisarla.

2) La falta generalizada de respeto de las normas internacionales de construcción antisísmica, tanto en los edificios públicos como en los privados; de manera que cabe decir que el urbanismo de Haití, por contraste con el de otros países con alto riesgo sísmico, como, por ejemplo, Japón, se caracteriza por una flagrante temeridad urbanística, que debe ser calificada y condenada como delito.

3) La falta de estructuras de protección civil y sanitaria, para remediar inmediatamente, cuando se presenten, los efectos de agresiones naturales o artificiales imprevisibles.

Aunque todas estas faltas son imputables principalmente a los poderes públicos haitianos, por su incuria habitual manifiesta, también hay que reconocer la responsabilidad histórica tanto de las Naciones Unidas como de los Estados Unidos, que en sus diferentes intervenciones multilaterales y unilaterales, presentadas estas últimas como ayudas circunstanciales al pueblo haitiano, han olvidado la amenaza de los riesgos sísmicos propios al Caribe. Prueba de ello es la ruina total de la sede de las Naciones Unidas en Puerto Príncipe, ruina que contrasta con la resistencia al terremoto de las residencias de lujo de la clase acomodada de la misma ciudad.

Contrariamente a lo que ha escrito recientemente el general español Luis Alejandre, ex jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, los estragos de la naturaleza no solamente se pueden prever, echando mano de la ciencia y de la técnica, sino que se deben prever, en toda la medida de lo posible; mientras que sus efectos, como este mismo general lo reconoce, pueden y deben paliarse. Claro que esto último resulta imposible cuando no se cuenta con los medios de proteción civil y sanitaria para hacerlo a tiempo. El no llegar a tiempo, como ha sucedido en Haití, tiene como resultado la monstruosidad del número de víctimas humanas que hemos contemplado estos días, tanto mortales como heridas, con el agravante de que muchas de éstas quedarán con invalidez de por vida.

Tras constatar la enormidad del drama humano al que hemos asistido, nos toca ahora a todos los humanos, como sociedad global civilizada y por ende solidaria, el reparar los daños producidos al pueblo haitiano, por causas ajenas a su reponsabilidad como tal pueblo. La responsabilidad de la reparación recae entonces en las Naciones Unidas, que deben defender, ante sus tribunales internacionales, los derechos locales de los haitianos, depurando tanto sus propias responsabilidades en el drama, por acción o por omisión en su mandato multilateral, como las responsabilidades de los regímenes corruptos locales y de los organismos civiles y militares extranjeros que, apoyando a esos regímenes corruptos, han propiciado el drama humano al cual acabamos de asistir.

Hay que reconocer que la sociedad global se ha volcado, prestando a los haitianos apoyos puntuales e inmediatos, que son esenciales para limitar las trágicas consecuencias del drama vivido por este pueblo mal gobernado. Esperemos que la sociedad global siga haciéndolo por medio de las Naciones Unidas, sin olvidar que el derecho local de los Hatianos a obtener reparación estará vigente hasta que se les haga justicia completa por el mal infligido.

Quizás haya que deplorar el que haya habido en esta etapa de apoyos puntuales e inmediatos una tendencia excesiva al protagonismo de los diferentes gobiernos nacionales y regionales participantes en ella, con una carencia evidente de sintonía en la logística multilateral, sintonía que debieran haber asumido las Naciones Unidas; lo que ha dado lugar a que hayan sido los Estados Unidos los que hayan tenido que actuar una vez más hegemónicamente, para sacar adelante la operación de socorro urgente.

De todas formas las acciones puntuales no tienen vocación de durar, ya que por su naturaleza deben reservarse para las necesidades de urgencia extrema, que al nivel planetario aparecen con inusitada frecuencia.
Las que sí tienen vocación de durar son las acciones de paz y de reconstrucción propias de las Naciones Unidas, que en un caso como el de Haití han de durar, según los expertos, veinte años de trabajo intenso, es decir, tantos años como sus cascos azules llevan ya en la isla.

Terminemos invocando la experiencia organizativa, protocolaria y logística del general Luis Alejandre, ex jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, cuya manera de ver la vertebración de los diferentes estados que cooperarán en favor de la reconstrucción de Haití, en el seno multilateral de las Naciones Unidas, me parece realista y justa:

"Brasil y Europa –dentro de ella Francia– tienen mucho que aportar, pero –insisto– dentro del sistema de Naciones Unidas. Brasil lleva años liderando las misiones en América Latina. Estaba volcado en Haití. Europa debe aportar los medios económicos que promete y evitar recelos y protagonismos. ¿Por qué Francia? Por cultura, por lengua, por religión, por antigua metrópoli. Francia –si es capaz de dejar ciertos brotes de soberbia a un lado– debe impulsar un aspecto clave: la educación. Hay que rehacer carreteras y barrios. Hay que dotar de electricidad y agua potable a todos los rincones del pais. Pero sobre todo hay que formar, hay que educar, hay que erradicar vudús ancestrales. En resumen, hay que invertir en las nuevas generaciones, hay que inyectarles nuevos valores. Hay que «enseñarles a pescar».

El pasado es el que es. El presente es catastrófico. El futuro es de todos. Es momento de unión, no de recelos ni protagonismos. Es el gran reto de la Organización de las Naciones Unidas, es el gran reto de todos nosotros que la constituimos."

General Luis Alejandre, Haití: ayer, hoy y mañana. La Razón, 21 Enero 10.

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22/01/2010

Ya en 2008, los jesuitas haitianos denunciaban la vida cara

Haití/Vida cara/Protesta: Los jesuitas fuertemente interpelados

sábado 12 de abril de 2008

Posición de los sacerdotes jesuitas en Haití

Documento sometido a AlterPresse el 10 de abril de 2008

Nosotros, jesuitas que trabajamos en Haití en distintos ámbitos, somos testigos del drama diario que viven millones de nuestros hermanos y hermanas haitianos. Como Yahvé en el desierto, vemos la miseria de nuestro pueblo y oímos sus gritos: “Soy Yahvé, tu Dios. He visto tu miseria y oído tu grito. Conozco tus angustias. Lo que quiero para ti es la vida, y no la muerte. ¿Pero a quién enviar para liberarte? Anteriormente, Moisés fue mi mensajero, para liberar a mi pueblo y sacarlo de la esclavitud de Egipto. En mi Nombre, lo había conducido a una tierra donde fluye la leche y la miel ”. (Ex 3,7-12)

La miseria de nuestro pueblo hoy son:

Estos millones de Haitianos y de Haitianas que son víctimas de la subida vertiginosa e incesante de los precios de los productos de primera necesidad, y que son incapaces de satisfacer sus necesidades más esenciales, incluso la comida.

La reducción de la producción nacional en todos los sectores de la economía, reducción que conduce al hambre y a la indigencia más total

El empobrecimiento vergonzante e insoportable de nuestras poblaciones urbanas y rurales

La subida de la inseguridad, especialmente la violenta reaparición del fenómeno del secuestro y de la desesperación de los jóvenes

Nuestra nación, que está hundida en la vergüenza y la desesperación, con su soberanía pisoteada y la mayor parte de su población viviendo en condiciones inhumanas

La miseria de nuestro pueblo hoy son también:

La incapacidad total de la mayoría de nuestros gobernantes a encarar los problemas fundamentales de la sociedad

La ausencia total de una oposición política constructiva, susceptible de controlar y estimular la acción gubernamental en beneficio de la nación.

La aniquilación total de la función política del Parlamento, por medio de métodos malhonestos como los sobornos, la corrupción, etc.

La irresponsabilidad de la comunidad internacional, en particular de los países que se proclaman amigos de Haití, instituciones financieras internacionales (el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo, etc), que no mantuvieron sus promesas a Haití, asistiendo cínicamente a la caída en el abismo de la sociedad haitiana.

El pueblo haitiano, pueblo valiente como el que más, esta vez ya no puede más. Torturado por la miseria, grita. Su grito se convierte en llamada.

El grito del pueblo hoy son:

Estos millares de jóvenes que inundan las calles, para decir que ya no pueden más y que exigen a los responsables políticos que asuman su responsabilidad

Estos millones de parados, torturados por el hambre, que gritan su cólera a través de las calles de Port-au-Prince y las ciudades de provincias.

Estos padres y madres de familia que pasan varios días sin poder alimentarse y que están gritando su miseria en las manifestaciones callejeras, etc.

Estos niños descarnados de los barrios de chabolas y del campo, que gritan cada día porque no encuentran nada que comer y que están sin futuro.

¡Llama, grita, no bajes nunca los brazos, oh tú, pueblo, ánimo! Te toca a ti ayudarme a ayudarte. Contigo puedo hacer mucho. Sin ti no triunfaré. Me necesitas, lo sé. Soy tu Aliado irreemplazable. Pero yo también te necesito a ti, tus gritos, tu unidad, tu experiencia de pueblo enfermo, tu valor. Vamos, trabajemos juntos. La victoria será nuestra, ya que luchamos por una causa justa. Conoces mi nombre: SOY DIOS DE LA VIDA Y NO DE LA MUERTE. Conoces mi Proyecto. Jesús de Nazareth lo expresó bien en el Cuarto Evangelio: “Yo he venido para que viváis y estéis llenos de vida” (Jn 10,10)

Nos interpela brutalmente esta situación intolerable e indignante que amenaza con hundir nuestro país en nuevos dramas; nos sentimos profundamente unidos a este pueblo enfermo y sinceramente solidarios de los que son las mayores víctimas. Ésta es la razón por la que, en nombre de nuestra fe cristiana y de nuestro compromiso como religiosos jesuitas, exhortamos con fuerza a:

Los responsables políticos:

Que el Presidente de la República tome rápidamente las decisiones políticas que se imponen, para restablecer la confianza y la paz; que inicie una reforma en profundidad de las instituciones públicas, para poner por fin el país en la vía del desarrollo

Que los Altos responsables del Estado (Primer Ministro, Ministros, Secretarios de Estado y Directores Generales, los Senadores, los Diputados etc) elaboren a corto plazo y apliquen cuanto antes un programa urgente (real y eficaz) que reduzca los sufrimientos de la población; a largo plazo, que utilicen los recursos intelectuales y los conocimientos técnicos, tanto nacionales como extranjeros, con el fin de elaborar y aplicar un verdadero plan de desarrollo nacional.

Que los partidos y las organizaciones políticas asuman su responsabilidad de crítica y de control de la acciòn gubernamental; que ayuden en la búsqueda de soluciones adaptadas al drama que vive nuestra sociedad; que participen efectivamente en la reforma del Estado, para sacar por fin a nuestro país de la vergüenza y del marasmo.

Que los comerciantes, los industriales, los importadores, los banqueros y otras fuerzas vivas de la nación aporten su contribución a la reducción de los sufrimientos de nuestros conciudadanos y conciudadanas; que tomen conciencia de la necesidad de trabajar juntos, para ayudar a Haití a ponerse de pie.

Que todos los componentes de la sociedad civil: cuadros religiosos, educadores, estudiantes, responsables y miembros de asociaciones, sindicalistas y obreros, artesanos, pequeños comerciantes, agricultores, etc., nos pongamos de pie, para buscar juntos las soluciones a los problemas de nuestro pueblo.

Que la comunidad internacional, en particular los países que se proclaman amigos de Haití, que las instituciones financieras internacionales, etc., respeten sus compromisos con Haití, en particular, sus numerosas promesas de cooperación, y que ayuden efectivamente al país a salir de este cenagal.

¡O Pueblo haitiano! Sigue llamando, gritando y convocando a aquéllos y aquéllas que habías elegido para servirte. Tu fuerza será la no violencia organizada y apoyada. La violencia no es nunca eficaz. "Tú me llamas. Sí, estaré contigo y dentro de ti por la potencia de mi Espíritu".

En nombre de los jesuitas de Haití :
P. Pérard Monestime, sj
P. Derino Sainfariste sj
P. Kawas François, sj
P. André Charbonneau,sj
P. Miller Lamothe, sj
P. Claude Souffrant, sj
P. Ramiro Pampols, sj
P. Kénel Sénatus, sj
P. Gilles Beauchemin, sj
P. Gontrand Décoste sj
Hermanos: Mathurin Charlot sj
Thomas Dabady, sj
P. Godefroy Midy sj

Original del texto en francés: Haiti/Vie chère/Protestation : Les Jésuites fortement interpellés

Publié par Alterpresse: Réseau alternatif haitien d'information du Groupe Médialternatif

Traducción al español de Salvador García Bardón

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20/01/2010

FuerteHoteles crea empleos y formaciones

Fuerte Hoteles inicia cursos de Formación Profesional Ocupacional para los nuevos empleados del Fuerte-Estepona

MADRID, 18 Ene. (EUROPA PRESS)

Fuertegroup pondrá en marcha en el primer trimestre de este año tres cursos de Formación Profesional Ocupacional, subvencionados por la Junta de Andalucía, con el objetivo de formar a futuros trabajadores del Hotel Fuerte Estepona Suites. Coincidiendo con la apertura en el mes de marzo del complejo vacacional en el municipio malagueño, Fuerte Hoteles aborda por primera vez estas acciones formativas destinadas únicamente a personas desempleadas de Andalucía.

Con esta iniciativa se pretende instruir y entrenar a un total de cincuenta y cinco personas, en situación de desempleo, en las competencias necesarias para ocupar diversos puestos de trabajo en el sector hotelero. Además, mediante este ciclo formativo, el alumno obtendrá un certificado oficial que le acreditará a nivel nacional.

Fuertegroup se compromete a través de este proyecto a contratar al menos al 60% de los estudiantes que finalicen los cursos. De esta forma, la cadena hotelera andaluza creará treinta y tres nuevos puestos de trabajo directo en diferentes departamentos del Hotel Fuerte-Estepona Suites. Por otro lado, en los próximos meses se iniciará un proceso de selección para cubrir puestos de técnicos de mantenimiento, jardineros, cocineros y comerciales.

"Para nuestra empresa, esta iniciativa es una apuesta por el empleo con el fin de cubrir las necesidades de formación de los futuros empleados del hotel y atender y satisfacer las demandas de los clientes", afirma María Ceballos, directora de Recursos Humanos de Fuerte Hoteles. Estas acciones se desarrollarán durante los meses de enero a abril, previo a la apertura en Semana Santa del hotel, y para ello se impartirán más de 1.400 horas de entrenamiendo teórico-práctico.

Las clases se impartirán en el Hotel Fuerte Miramar en Marbella, donde se incluye un módulo de prácticas de nivel profesional. El proyecto consta de tres cursos presenciales basados en un programa docente desarrollado por la propia Junta de Andalucia, entre los que se encuentran:

2) un ciclo de recepción,
2) otro dedicado a las operaciones básicas en pisos de alojamiento y
3) por último, un tercer ciclo basado en las operaciones básicas en restaurante y bar.

Fuerte Hoteles, empresa andaluza líder en el sector hotelero, es reconocida por la Excelencia en la Gestión, su constante preocupación por la calidad turística, la preservación del medio ambiente y la formación de sus recursos humanos.

Sociogenéticamente es una empresa familiar con sede fundacional en Marbella, que practica una hostelería responsable, respetuosa y convivial, desde el año de su fundación, en 1957. En la actualidad cuenta con seis hoteles en Andalucía: dos en Marbella; dos en Conil; uno en Grazalema y uno en El Rompido. Sus hoteles en Estepona y La Herradura serán dentro de poco el séptimo y el octavo del grupo. Creación del grupo son también los Apartamentos Fuerte Calaceite de Torrox.

Practicar una hostelería responsable, respetuosa y convivial significa que Fuerte Hoteles se preocupa por satisfacer a sus clientes y empleados, compartiendo con ellos el respeto de su entorno social y ecológico.

Esto conlleva que la empresa Fuerte Hoteles está muy atenta al cuidado y mantenimiento de sus instalaciones y de su medio ambiente tanto social como natural, fomentando con la ayuda de su personal tanto la innovación continua de sus servicios profesionales técnico-hoteleros, como la plena sintonía con la sociedad, la cultura, las profesiones y las artes locales, prestando una atención particular a la gastronomía (1), al deporte y a la hidroterapia.

Fuerte Hoteles promueve solidariamente la vida de las economías locales, hace todo lo humana y técnicamente posible por reducir el impacto de su actividad en el entorno y colabora tradicionalmente, a través de la Fundación Fuerte, en el desarrollo de servicios sociales para los colectivos más desfavorecidos de sus lugares de implantación profesional.

Para más información, puede visitar: www.fuertehoteles.com
También puede visitar su representación en el pabellón 8 de FITUR, entre el 20 y el 24 de enero; si lo hace como profesional a partir de hoy, 20.01.10, y si lo hace a título privado a partir del viernes próximo, 23.01.10, en ambos casos de 10.00h a 20.00h.

(1) Gastronomía: Fuerte Hoteles renueva su cocina apostando por los productos locales y ecológicos.

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Contacto de prensa: Europa Press Comunicación: Tel. 91 359 26 00 Virginia García: virginiagarcia@europapress.es
Susana Sedano: susanasedano@europapress.es)

Información financiera.

Implantación geográfica de FuerteHoteles:

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