27/09/2009

Reflexiones tras el diluvio lácteo = Réflexions après le déluge lacté

"Millones de litros de leche europea han sido arrojados a la basura". "Un océano de leche que no será jamás bebida".

Estas dos frases o sus equivalentes surgen estos días espontáneamente tanto en las conversaciones y noticiarios como en los textos escritos de todo el mundo.

La acción, promovida por las asociaciones lecheras más reivindicativas de toda Europa, no ha tenido en cuenta el enorme impacto simbólico que esta acción destructiva podía tener, tanto en el imaginario colectivo europeo como en el sentimiento humanitario mundial, perfectamente informado de la mortandad infantil que produce el hambre a un ritmo alucinante y a escala universal, tanto en el tercer mundo de los países pobres y postergados como en el cuarto mundo de los países ricos y privilegiados.

Desgraciadamente el fenómeno ha cundido por toda Europa, probablemente por haber sido iniciado por Francia y Bélgica, es decir, por dos de los fundadores de las Comunidades Europeas, que con el tiempo dieron lugar a la actual Unión Europea compuesta por veintisiete estados soberanos.

En la Mancha francesa, ochenta productores arrojaron el primer día de huelga setenta mil litros de leche en un campo sin labrar. En Ciney, en Bélgica, proporcionalmente muchos más productores lácteos que en Francia, enardecidos por sus asociaciones, deseosas de llamar la atención superando el récord del vecino francés, tiraron en un solo día al suelo, en pura pérdida, tres millones de litros de leche, es decir: la cantidad de una jornada de producción láctea de toda Valonia, la región actualmente más pobre del país.

Por desgracia este triste espectáculo ha sido montado sobre bases sociogenéticas falsas, lo que puede dar lugar a futuras manifestaciones análogas que pueden afectar gravemente al contrato social que vincula simbólica y jurídicamente a una de las mayores comunidades de ciudadanos de todo el mundo: nuestra Unión Europea.

“Realmente, los productores lácteos no han sido víctimas de un mercado pretendidamente desregulado, sino de una caída brutal de la demanda tras la crisis económica. Nunca se ha visto una tal reducción del consumo, en particular, sobre productos de fuerte valor añadido (quesos, yogurtes, etc.) mientras que el mercado crecía regularmente hasta entonces del 1 al 2% al año”.

Os invito a analizar conmigo la explicación auténtico de los hechos tal como lã ha plasmado en su blogue "Coulisses de Bruxelles" Jean Quatremer, premio Louise Weiss de periodismo europeo; premio Konstantinos Kalligas, un premio otorgado por la prensa griega para distinguir su temática europea y su "ética periodística". Jean Quatremer es también presidente, desde septiembre de 2008, de la sección francesa de la "Asociación de Periodistas Europeos" (AJE) .

La crisis de la leche ha terminado

Los productores de leche suspendieron ayer (el 24/09/2009) la “huelga de la leche” que habían lanzado quince días antes. Curiosamente, el movimiento se endureció en el momento en que los indicadores volvían a pasar al optimismo. Para la Comisión Europea, nada de sorprendente, ya que el aumento de los precios agrícolas se refleja con retraso sobre los productores. Jean-Luc Demarty, Director General de la agricultura y el desarrollo en la Comisión Europea, analiza para nosotros este conflicto, cuyas causas no deben buscarse del lado de una probable “desregulación”, sino en el hundimiento de la demanda tras la crisis económica. Demarty ocupa su puesto desde enero de 2006. Antes ha sido director del FEOGA (organismo que administra el presupuesto agrícola), miembro de muchos gabinetes ministeriales y consejero de Jacques Delors durante diez años.

La huelga de la leche acaba de suspenderse. ¿Le sorprende a Ud?

No, ya que se nota un principio de mejora. Varios indicadores muestran una vuelta gradual a la normalidad. Los precios vuelven a subir; actualmente a 25 céntimos el litro contra 22 en el peor momento de la crisis, y la última adjudicación pública que organizamos para retirar del mercado la producción excedentaria no tuvo ningún éxito. Eso pone de manifiesto que la demanda ha comenzado a reanimarse. Estimamos que en principio a 30 céntimos el litro, los productores ganarán de nuevo correctamente su vida.

La Unión Europea ha sido acusada de no haber ayudado a los productores lácteos.

Es falso: utilizamos el conjunto de los instrumentos del mercado a nuestra disposición. Así pues, hemos readquirido en masa la producción excedentaria: actualmente, hay 280.000 toneladas de leche en polvo y 80.000 toneladas de mantequilla en las reservas comunitarias, lo que representa un 2% de la producción europea anual. Sin estas intervenciones públicas, el precio del litro de leche hubiera caído mucho más bajo. A continuación, se dijo que la caída de los cursos se debía a una subida de las importaciones, lo que es igualmente falso: el mercado europeo está protegido mediante barreras arancelarias eficaces. Actualmente importamos entre un 1 y un 2% de productos lácteos, mientras que exportamos entre el 7 y el 8% de nuestra producción. En fin, los productores omitieron recordar que cobraban ayudas directas del presupuesto comunitario por un importe de 5 mil millones de euros al año, de los cuales 875 millones para los productores franceses, y esto, cualquiera que sea su producción. Lo que representa alrededor de una renta de 3 a 4 céntimos suplementarios por litro de leche.

Los productores afirman que el responsable de la crisis es el final programado del sistema de cuotas de producción, final previsto para 2015.

Eso es igualmente inexacto: estamos todavía en el sistema de cuotas y esto hasta el 2015. Es necesario saber también que, en 2008 y 2009, la producción europea ha sido inferior en un 4% a las cuotas autorizadas. Realmente, los productores lácteos no han sido víctimas de un mercado pretendidamente desregulado, sino de una caída brutal de la demanda tras la crisis económica. Nunca se ha visto una tal reducción del consumo, en particular, sobre productos de fuerte valor añadido (quesos, yogurtes, etc.) mientras que el mercado crecía regularmente hasta entonces del 1 al 2% al año.

Los productores consideran que la desaparición de las cuotas es una catástrofe anunciada.

Cuando la Unión estableció las cuotas en 1984, los productores fueron los primeros en gritar… En aquella época, se trataba de poner fin a una superproducción crónica: había un millón de toneladas de mantequilla e igual cantidad de leche en polvo en las reservas comunitarias. ¿Por qué? Porque el sistema de apoyo al precio que habíamos establecido en 1968 (almacenamiento público a un precio garantizado, ayuda a la exportación, protección en las fronteras) impulsaba a los agricultores a producir sin preocuparse del mercado: era el contribuyente quien pagaba los excedentes. Ante tal situación se decidió limitar la producción, concediendo cuotas basadas en referencias históricas de producción. Este sistema funcionó bien, ya que limitó la producción, pero no protegió a los productores, cuyo número de explotaciones bajó en un 80% en la mayoría de los antiguos Estados miembros. Sobre todo, introdujo rigideces increíbles. Este sistema no nos permitió responder a la explosión de la demanda mundial en 2006 y 2007, lo que empeoró el alza súbita de los precios. Por eso es necesario permitir aún más flexibilidad, sin por ello renunciar a los instrumentos de regulación del mercado, que son la intervención pública o los derechos de aduana. Es necesario también reflexionar sobre otros instrumentos, como son los contratos entre los productores y los transformadores o también que se creen redes de seguridad modernas, que permitan a los productores hacer frente a la volatilidad de los mercados. Pero, en cualquier caso, las cuotas están condenadas a desaparecer: no existe una mayoría calificada de Estados miembros dispuestos a prolongar este sistema.

Fuente: Jean Quatremer, 25/09/2009.
Coulisses de Bruxelles, UE
Original francés:
La crise du lait est terminée
Traducción de Salvador García Bardón

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