15/04/2009

Amistad, Enciclopedias y Knol 2/2

Amistad, Enciclopedias y Knol 2/2

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La esencia misma de un proyecto enciclopédico actual "enredado" de interés general, es la transmisión de los conocimientos fundamentales, en una sociedad que depende de ellos para subsistir. Una de las iniciativas más acertadas de los colaboradores-expertos de Knol será el limitar la ambición de la nueva enciclopedia al horizonte más modesto de los diccionarios-enciclopédicos, dejando para los diccionarios especializados el resto de la tarea enciclopédica.

Diccionario vs. Enciclopedia

Los diccionarios de lengua eran hasta hace muy poco recordatorios léxicos relativamente útiles para los nativos cultos, pero extremadamente inútiles tanto para los nativos menos cultos e incultos como para los locutores extranjeros. La razón de estas deficiencias era que este tipo de diccionarios carecían del componente enciclopédico que los podían convertir en útiles para todos los usuarios.

La diferencia de calificación entre los nativos cultos y los otros usuarios se debía a que los nativos cultos disponían por su cultura de un saber enciclopédico, que suplía las carencias del diccionario, saber enciclopédico del que carecían tanto los nativos menos cultos e incultos como los locutores extranjeros.

Sin ser exhaustivos, podemos recordar siete componentes del saber enciclopédico del que carecían los diccionarios tradicionales, ajenos a la necesaria preocupación enciclopédica que los podría haber convertido en útiles para todo tipo de usuarios.

Estos componentes enciclopédicos ausentes son:

1) la falta de un tratamiento suficiente de la multisemia de la mayoría de los vocablos;
2) la falta de tratamiento adecuado de las locuciones idiomáticas;
3) la falta de información sociolingüística, tanto diacrónica como sincrónica, esencial para el uso correcto tanto de los vocablos como de sus diferentes acepciones y de las locuciones idiomáticas;
4) la falta de información pragmática sobre las reglas del juego interactivo y referencial del discurso;
5) la falta de información referencial sobre personajes, instituciones, objetos, lugares y hechos concretos, tanto del presente como del pasado, cuyo conocimiento es determinante para la comprensión de las referencias comunes de la comunidad lingüística de los usuarios;
6) la falta de la información icónica necesaria para identificar los personajes, instituciones, objetos, lugares y hechos concretos mencionados en 5).
7) la falta de independencia política e ideológica, para no transformar el diccionario en un instumento de dominación ideológica, al servicio de una partidocracia, cualquiera que esta fuera.

Nacimiento del enciclopedismo laico

Hasta el siglo XVIII el enciclopedismo fue una preocupación eminentemente clerical, en el sentido de que la practicaban personalidades del clero, movidas por su deseo de contribuir a la educación religiosa de sus fieles propios. El mérito de esta preocupación es el haber existido, en lugar de nada, dando ocasión al nacimiento de la lexicografía. Su inconveniente fue el haber obstaculizado la eclosión del enciclopedismo laico, cuyo mayor enemigo fue precisamente la existencia de la censura eclesiástica. Recordemos como máximos exponentes del enciclopedismo clerical, limitándonos a la tradición hispánica, la obra de Isidoro de Sevilla, durante la época visigótica, y la de Sebastián de Covarrubias, durante los siglos de oro. para sacarlas de sus ignorancias absolutas

El enciclopedismo laico nació como reacción universalista y librepensadora frente al enciclopedismo clerical, dogmáticamente ortodoxo y censurado. Muy a pesar de sus pretensiones universalistas, el enciclopedismo clerical, al ser incompatible con la existencia de otras ortodoxias, es constitutivamente inconsistente.

Es bastante conocida la actitud militante de Diderot y d'Alembert en favor de una Enciclopedia cuyo objetivo fundamental fuera el desarrollo de sistemas de referencia que propusieran unas nuevas formas de pensar y de hacer pensar, que capacitaran al usuario para luchar contra los prejuicios y la tradición acrítica del dogmatismo.

Es menos conocido que el primer proyecto concreto de los franceses Diderot y d'Alembert se concretizó en su intento de traducir la enciclopedia publicada en Londres en 1728 por el francófilo inglés Efraín Chambers. Su título era: « Cyclopædia: or, A Universal Dictionnary of Arts and Sciences », London, 1728, en folio, 2 vols. Tradución castellana de este título: ‘Ciclopedia: o, un Diccionario Universal de las Artes y las Ciencias’.

La enciclopedia del autodidacta Efraín Chambers (c.1680-15 mayo 1740) fue no solamente publicada por él en Londres, en 1728, sino también reimpresa en numerosas ediciones durante todo el siglo XVIII. La Cyclopaedia fue una de las primeras enciclopedias generales que se producirían en Inglés. El epígrafe de 1728 ofrece un resumen de los objetivos del autor:

Cyclopaedia, or, A universal dictionary of arts and sciences : containing the definitions of the terms, and accounts of the things signify'd thereby, in the several arts, both liberal and mechanical, and the several sciences, human and divine: the figures, kinds, properties, productions, preparations, and uses, of things natural and artificial; the rise, progress, and state of things ecclesiastical, civil, military, and commercial: with the several systems, sects, opinions, &c; among philosophers, divines, mathematicians, physicians, antiquaries, criticks, &c: The whole intended as a course of ancient and modern learning”.

En contraste con las dimensiones relativamente modestas de la “Cyclopaedia” de Efraín Chambers, la “Encyclopédie” de Diderot y de d’Alembert se compone de veintiocho volúmenes, que aparecen durante varios años, a partir de 1750, bajo el título de Encyclopédie ou Dictionnaire universel des Arts et des Sciences. Otra diferencia importante es que esta Enciclopedia o Diccionario de las Artes y las Ciencias, ya no es obra de un solo hombre, sino que la realizan muchos coautores, invitados por Diderot y de d’Alembert y que comparten sus ideales universales como enciclopedistas. Entre ellos figuran emblemáticamente: el jurista Montesquieu, el pedagogo Rousseau y el filósofo Voltaire.

Recordemos que este trabajo es innovador porque marca el advenimiento de una enciclopedia laica, obra de autores seculares.

Advenimiento de los diccionarios enciclopédicos

Si Efraín Chambers era un autodidacta inglés que comprendió a principios del siglo XVIII la necesidad de abrir el diccionario general de su lengua a la enciclopedia, el autor francés que cumplió este propósito en su propia lengua fue el médico Pierre Larousse, que publicó, a finales del siglo XIX, su “Grand Dictionnaire Universel du XIXe siècle” (‘Gran Diccionario Universal del siglo XIX’). Este diccionario enciclopédico tiene el mérito de haber moderado la ambición excesiva de los enciclopedistas del siglo XVIII, renunciando al propósito de abarcar exhaustivamente los saberes de todas las artes y las ciencias y limitándose a los fundamentos de cada uno de ellos. Para ello obedece estrictamente a objetivos educativos, destinándose a un público menos cultivado, con el propósito de transformarlo en usuario culto.

Es de notar este cambio de perspectiva en relación con la Ilustración: no se trata de destinar el diccionario enciclopédico a intelectuales ilustrados, con el propósito de especializarlos en todas y en cada una de las ramas del saber, sino de ofrecerlo al mayor número posible de personas, para sacarlas de sus ignorancias absolutas o relativas, transformándolas en usuarios cultos capaces de comprender los fundamentos de cada uno de los saberes que condicionan el buen funcionamiento del mundo en que participan. Se ha dicho con razón que los objetivos de Pierre Larousse coinciden con los objetivos pedagógicos de la democratización de la enseñanza humanista.

Persistencia del modelo de los enciclopedistas franceses

En el siglo XX se publican muchas enciclopedias fieles al modelo de los enciclopedistas franceses del siglo XVIII. Su éxito editorial demuestra una afición real de los lectores más cultos por este tipo de publicaciones, a pesar de su elevado coste y del gran espacio que ocupan en las bibliotecas. Los ejemplos más emblemáticos son la Enciclopedia Espasa, en lengua española; la “Encyclopaedia Britannica”, en lengua inglesa, e inspirada por ella, la “Encyclopaedia Universalis”, su homóloga en lengua francesa.

La llegada de las enciclopedias informatizadas

En el decenio de 1990 aparecen las primeras versiones de las enciclopedias en CD-ROM. Se caracterizan, además de por su poco peso físico y espacio ocupado, en relación con su contenido, su estructura sináptica (o relacional) y su navegabilidad, por su incipiente interactividad. En virtud de esta última característica, el lector se transforma en actor-coeditor de la Enciclopedia, al poder crear archivos.

Las enclopedias “enredadas”

El lector pilota en persona sus investigaciones en la Red como nunca antes, excepto en su cerebro, beneficiándose de los numerosos enlaces que la misma red le procura. Si en el fondo el juego que se podía jugar con un CD-ROM seguía siendo la transmisión de conocimientos por el autor o los autores que escribieron los textos, limitándose al escenario de los modestos enlaces mediterráneos del propio CD-ROM, las enciclopedias “enredadas” le ofrecen la ocasión de navegar siguiendo los rumbos transoceánicos de múltiples autores. Aquí se ha repetido la epopeya del “plus ultra” de finales del siglo XV y comienzos del XVI, al descubrir empíricamente la redondez de nuestro Planeta Tierra.

Ante las posibilidades abiertas por las enciclopedias “enredadas”, podemos plantearnos con serenidad y lucidez el problema de la contribución abierta de los autores-lectores del tipo bloguero, por definición no remunerados, a empresas colaborativas del tipo de la enciclopedia Wikipedia.

Profesionalmente: ¿Los autores son realmente fiables? ¿Existe un verdadero peritaje, como es el caso en las versiones enciclopédicas impresas y en las numerizadas sobre CD-ROM?

Económicamente: ¿No hay, por debajo de la ejemplar gratuidad de los trabajadores, una acción especulativa secreta de ocultas motivaciones comerciales de los editores capitalistas, acción del tipo de las que motivaban la explotación de los negros por los negreros?

No soy el primero en invocar la experiencia desdichada de Nupedia, para recordarnos que hay que evitar el repetir ciertos errores cometidos ya en el novísimo continente de las enciclopedias “enredadas”. Esta enciclopedia, creada por Jimmy Wales en 2000, era una enciclopedia libre, disponible en Internet. Se diferenciaba de la Wikipedia por una política estricta para la integración de los nuevos artículos, siendo el propósito del Comité Científico el hacer una enciclopedia de calidad comparable a la de las enciclopedias profesionales presentes en el mercado. A menudo se la describía como más seria. Ahora bien, la escasez de los colaboradores le resultó mortal. Nupedia fue cerrada definitivamente en 2003, tras tres años cortos de existencia. La contribución de los expertos exteriores, que sopesaban la calidad de los artículos, era demasiado costosa económicamente.

Perspectivas para la Enciclopedia Knol

El deseo de crear una enciclopedia contando con la buena voluntad de eminentes blogueros no remunerados, por muy noble que parezca, no es suficiente. Lo afirmo yo con la autoridad que me procura mi larga experiencia de bloguero “pro Deo”. El tiempo de los intelectuales dedicados en cuerpo y alma al conocimiento a cualquier precio, es decir, olvidando el precio de su propia vida sacrificada, es agua pasada.

El promotor de este tipo de enciclopedia debe pensar que hoy en día la única manera de garantizar la sostenibilidad de su empresa es el remunerar de la manera más justa posible el trabajo de sus expertos-colaboradores interiores, que no exteriores. Creo que es el punto de vista de Google. Sería absurdo el volver a la época de los censores mejor remunerados que los Autores.

La apuesta de la calidad sostenible, mantenida por este tipo de colaboradores-expertos, tiene prioridad para garantizar la esencia misma del proyecto enciclopédico, a saber: la transmisión de los conocimientos en una sociedad que depende de ellos para subsistir. Una de las iniciativas más acertadas de estos colaboradores-expertos será el limitar la ambición de la nueva enciclopedia al horizonte más modesto de los diccionarios-enciclopédicos, dejando para los diccionarios especializados el resto de la tarea enciclopédica.

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