01/04/2009

Los exiliados de 'El infierno vasco' 2/2

Los exiliados de 'El infierno vasco' 2/2

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"Hemos hecho una película que supongo que la mayoría de ustedes saben de qué va, de las personas que se tuvieron que marchar de esta tierra. Y un libro...

más de 700 ertzainas viven fuera de la Comunidad Autónoma del País Vasco, cuya seguridad tiene encomendada el cuerpo al que pertenecen. Son el 10% de los efectivos y eso debería hacer avergonzarse al partido que sostiene el Gobierno.

Que el cuerpo de seguridad resida fuera por razones de seguridad, me hace sentir el mismo desconcierto que Woody Allen en ‘Coge el dinero y corre’ cuando su psiquiatra le llama llorando a las tres de la mañana. No es sólo que el psicoanalista nos pida sopitas, es que, como dijo Martin Luther King: “Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo XX no nos parecerá lo más escandaloso las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas”. Parece que en el XXI será lo mismo. Si yo me dirigiera a cualquier persona de este país y le preguntara cuántos profesores de la UPV viven amenazados, contestaría, y ya he realizado la prueba, que 50 o 100.

Así empieza el testimonio del profesor Aurelio Arteta, que abre el libro. Según el rector de entonces, 10. El problema no es que haya muchos amenazados, sino que sean pocos. Apenas 10 han recibido algún tipo de atención particular por parte de ETA. Lo que prima en la UPV, como en el resto de la sociedad vasca, es el silencio, el consentimiento, el pasar por el aro… Ése es el problema".

Imagen: Un niño charla con dos ertzainas junto a una fotografía del etarra fallecido Pelopintxo, durante la concentración realizada en Amorebieta.
EFE , | 13/08/2007

Alfonso Galletero:

Como no tengo tantas tablas en esto de los bolos, me escribo siempre el texto, que es la mejor manera de improvisar. Lo he llamado ‘Consideraciones sobre el infierno’. No es que nuestra película haya provocado reacciones desmedidas. Los que compartían las tesis se han contentado con asentir y felicitarnos y darnos las gracias, y los otros nos han ignorado, que es lo que habitualmente hacen y no lo hacen mal. Entre estos últimos, esa voz con talento que es Efrén Vázquez, que dice que deberían ponerse trabas en Euskadi a quien no hable euskera. Y tiene talento porque hace esta afirmación tras reconocer que él no lo domina. No soy irónico: sabe que apellidándose Vázquez y no hablando euskera, lo mejor es defenderlo a ultranza para seguir perteneciendo a la tribu y que algún día pueda fundar la escuela vasca de motociclismo, con su gran cantera vasca. Es evidente que el amigo Efrén no sabe o no quiere saber nada del infierno, que vive en el paraíso. No sabe nada de Emilio Gutiérrez. Perdonen el inciso.

Aunque el contenido de la película no suscitó grandes reacciones, sí lo hizo el título. “Igual os habéis pasado un poco con lo del infierno”, nos dijeron algunos amigos, aunque si es por provocar… La elección del título no fue producto de la improvisación ni de la provocación, aunque no habría estado mal que provocara un poco más. Al buscar título se me ocurrió uno muy redondo, perdonen la inmodestia: ‘Amarga patria’. No es malo, pero después de haber escuchado todos los testimonios, la calificación antepuesta y explicativa tenía dos fallos. Que era demasiado poético y que era injusto porque ponía el acento de la causa de la amargura en la patria y eso nos hacía admitir la tesis que sobre la patria tiene los nacionalistas. Muchos de nuestros entrevistados también usaban el concepto de patria y en su explicación del término, patria iba unida a amigos, infancia, recuerdos. Lo dice F. G. de manera clara cuando decide volver de ese pueblo en que se ha expatriado voluntariamente: “Volví porque mis células sólo se encuentran a gusto en los paisajes de mi infancia”. No es la patria así entendida la que los llevó a la amargura y por eso acabamos desechando el título.

Otro posible, irónico, era de Xavier Arzalluz. En cierta entrevista sale a relucir el tema de los cientos y miles de vascos que se han tenido que ir de su tierra por motivos políticos y él, siempre tan generoso y tan caritativo, opinó que ancha es Castilla. No me digan que no es genial el título, que no trasmite empatía, solidaridad, amor al prójimo. Pero el problema era traducirlo a otros idiomas. A otras realidades nacionales, que diría Santiago. Sería muy cansino andar todo el día explicando el título. Y nos encontramos con nuestro querido Daniel Múgica, a través de una entrevista de hace unos años para ‘Voces en libertad’. Decía: “Lo único que yo deseo es poder vivir como vive un nacionalista y que ningún nacionalista tenga que vivir como vivo yo”. Oyéndolo, mi mente viajó a mi antigua juventud, a los años del bachillerato, cuando me daba religión don Jesús Ellacuría en el Instituto de Getxo. A don Jesús, hermano del desgraciadamente asesinado jesuita Ignacio Ellacuría, estábamos intentando volverle loco con el tema del infierno: que si las calderas, que si la eternidad, la simbología cristiana. Y cansado de nuestras estupideces nos dijo que el infierno no era lo que nos habían contado. Que el infierno era la ausencia de Dios y aquí nos quedamos todos callados. Como comprobó que entonces no parecía asustarnos mucho, nos dijo que era semejante al que siente alguien que vive muy mal cuando los demás viven muy bien. Recordando eso se produjo la conexión porque de ese infierno van el libro y la película, ése en el que viven muchos, como el chico de Lazkao, mientras que otros creen vivir en el cielo.

Y aquí acaba mi escrito. Pero no quiero acabar sin decir que el amigo Arteta y un servidor andamos desde hace tiempo tras otra historia de lo que llamamos la cosa vasca. Tenemos cosas ya muy meditadas pero no quiero que echemos en saco roto el concepto de simbología. Aquí en el País Vasco nos han gustado mucho desde siempre los símbolos como forma de interpretar la realidad; algunos son clásicos: el tal García que iba en bici con el lehendakari, símbolo de integración; o el de la partida de cartas más reciente. Qué puedo decir. Yo tengo el mío particular: el de la mesa. Hace unos años me visitaron una pareja de amigos valencianos. Tenían ilusión por venir a Euskadi. Les habían dicho que aquí se comía mucho mejor que en Chirivella, donde ellos viven. Cuando hablaban conmigo, yo les ponía la cosa muy malita…, ya saben cómo somos los militantes de la cosa vasca. No me hacían mucho caso y yo no quería insistir para que no pareciera que no quería que vinieran. Total, que vinieron. Era Navidad. Les llevé a mi casa, en Urduliz, y los de la ‘kale borrika’ tienen allí por costumbre poner una mesa de restaurante con su mantel a cuadros, estilo sidrería, los platos, la botella de vino llena; sobre la mesa, las fotos de los etarras del pueblo encarcelados…, las criaturas. A los que somos de allí no nos impacta y no tenemos huevos para cortar aquello, no vaya a ser que nos llamen crispadores. Pasamos por delante de la mesa y mi amigo me pregunta: ¿Y esa mesa no la roba nadie? ¿Y quién lo iba a hacer?, le respondo. Joder, en Chirivella esto dura tres minutos. Le miro y le digo si se acercaría a robarla. No me contestó. La miró, me miró, y en ese momento me di cuenta de que lo había entendido todo. Que todo lo que no fui capaz de meter en su mollera dándole largas explicaciones, lo había logrado una imagen. Iñaki, majo, igual eso es lo que tenemos que lograr: una imagen contundente para romper con este infierno. ¿Qué te parece una maza?

Les dejo con el líder.

Iñaki Arteta:

Hemos hecho una película que supongo que la mayoría de ustedes saben de qué va, de las personas que se tuvieron que marchar de esta tierra. Y un libro. Y se preguntarán por qué ambas cosas, si no se vende ninguna. No son best-sellers. En la película contamos las historias que requieren ritmo, la contemplación de los rostros, es lo que tiene la imagen. Gente que ha sufrido. Es un acercamiento al sufrimiento, a sentir la injusticia en propia carne y a través de ese matiz del rostro acortar la distancia moral que tenemos con las víctimas. El libro puede dar más detalles. Además, incluimos entrevistas que por cuestión de metraje no pudieron aparecer en la película. Nos adentramos en los pequeños detalles que nos ayudan a dibujar mejor el panorama vital de la gente. Contamos sus aventuras, cómo tienen que cambiar el ritmo de su vida, por el impulso totalitario. Todas estas historias son muy distintas y tiene algo de común. Son personas corrientes que querían hacer su vida con su familia, progresar en el trabajo, participar en una vida social tranquila. Pero en un momento dado se han visto en la encrucijada de tomar una decisión que en ninguno de los casos es acertada. Viven con la sensación de no haber acertado, de que deberían haberse quedado y no abandonar, seguir luchando por un entorno más libre. Es la decisión con la que uno nunca se siente a gusto. Eso nos provoca interés y es lo que intentamos transmitir. Qué hay tras cada historia para que decidan cambiar el rumbo de su vida. No son personas aventureras, vinculadas a la mafia ni a una actividad ilegal que se vean perseguidas por ello. Casi sobra que diga que son inocentes. Pero ni siquiera han participado en nada que se merezca amenaza.

Si nos abstraemos de que todos los que estamos aquí conocemos y empalizamos con historias parecidas, si nos abstraemos de que vivimos en este país tan extraño, podríamos darnos cuenta de que esto es bastante anormal en este siglo en una sociedad democrática. Pensamos que más allá de nuestro pequeño círculo y nuestro pequeño país habrá personas interesadas en acercarse a estas historias y que consigan aprender algo más de lo que ocurre aquí y del comportamiento humano. Hablamos de alguien que cogió anteayer una maza como reacción a un ataque violento y en estos años no se han conocido casos iguales. Las personas que hemos entrevistado han tomado la decisión valiente de enfrentarse a la presión y un buen día decidieron marcharse de manera tranquila y serena, a sitios donde no han intentado formar ningún grupo parapolicial, que han optado por creer en la democracia y en la justicia a pesar de lo que sufrieron.

La película y el libro complementan otras cosas que hemos hecho y tratan de no dejar ningún formato en el que puedan ser contadas estas historias para que queden como se merecen en la memoria de todos. Dentro de unos años no se podrá decir que no existió mientras haya documentos de quienes nos hemos empeñado en contar esta realidad. Esta es nuestra maza; nuestra maza es el libro, la película, las mazas son los libros, los artículos de quienes escribimos aquí, el arte de Agustín, y sobre todo debe ser la voz de cada uno de nosotros. Tenemos la oportunidad de utilizar esa maza que es la voz, nuestro intento de ganar espacios de libertad. Cada uno debe utilizar esa maza en su círculo para que el espacio en el que vivimos sea cada vez más libre pase lo que pase a nuestro alrededor, pase lo que pase en las elecciones.

Coloquio

Público: Ante este agobio y esta presión nacionalista, ustedes que han estudiado la realidad social de nuestro pequeño país, ¿qué es lo que pasa para que no haya una reacción ciudadana normal cuando se le oye a Ibarretxe que está en peligro el autogobierno si ganan los otros, cuando resulta que los otros, los constitucionalistas, nosotros, hemos logrado el autogobierno, la Constitución? ¿Qué pasa si gracias a Dios la mayoría de la gente no es etarra? ¿El Athletic vale para todo? ¿Cómo pueden este individuo y su partido estar 30 años, con todas sus chapuzas, seguir ahí?

Javier Elorrieta: Es una acumulación de cosas. Haber pensado, los partidos nacionales, que dando un plus al nacionalismo vasco institucional se iba a solucionar. Podía haber sido razonable pero ya no. No son parte de la solución, sino del problema. El chiste de que peligra el autogobierno no deja de ser simpático, porque conseguir con su índice de representación nacional un poder casi omnímodo parece un tanto paradójico. Tanto que la única vez que en el País Vasco, sin un soporte historicista que permita argumentar el derecho de autodeterminación, la única vez que hay unidad territorial como comunidad autónoma, el que más se beneficia de ello lo cuestiona. En plan chistoso, Ibarretxe es un autogolpista. Nadie cuestiona más el marco a lo que debe el poder, eso contado por ahí es muy chistoso. Pero en torno a ello hay una violencia, un terrorismo que ha ido ganando miedo. No lo combaten, sólo lo condenan. Es la estrategia del nacionalismo. La prueba está en una policía políticamente paralizada. Lo denuncia Gil Robles en el informe de la ONU. La impunidad ha ido tomando cuerpo y no hay mayor enemigo para la libertad que la impunidad, la no aplicación de la ley. Esa es una parte de la respuesta.

Público: ¿Cómo se siente uno al escribir este tipo de libros?

Alfonso Galletero: Es mi hijo. Uno se siente bien, es duro pero se siente bien cuando tiene la esperanza de que con los años sus hijos puedan leerlos y sentirse orgullosos de que su padre lo hiciera. Sobre todo por eso.

Público: No soy Basurko y no me pagan un barco; no soy Efrén y no me pagan una moto. La bici con la que salgo en la película me la pagué yo. Gracias, es un honor tener a Agustín a Ibarrola y a gente muy capaz. No sale en el libro el final de una historia que quiero terminar de contar aquí. El compañero al que le tiraron los cócteles en Lejona se acabó ahorcando. Ahorcando. No es broma. Enrique, me alegro de verte.

Alfonso, Iñaki, una pregunta que nunca os he hecho directamente. Como creadores, sois conscientes que este libro no estará en la feria del libro de Bilbao ni de Durango. ¿Cómo vivís la castración intelectual a la que se somete a todo aquel que no entra por el aro?

Alfonso Galletero: Quisiera hacer una aclaración. En este caso, nosotros más que creadores somos escribidores, es una frustración reconocer que la realidad me proporciona mejores historias de las que soy capaz de imaginar, y mira que le echo imaginación. Cuando presentamos ‘Olvidados’, Santiago nos dijo “qué historias más buenas os han dado”. Es así. Lo de creador os lo dejo a Agustín y a ti.

En esto pasa como en Cataluña con los autores catalanes: como no somos escritores en lengua propia… Pero es curioso, porque grandes escritores que han tenido éxito en vasco donde le sacan provechito es en castellano. Atxaga, Elorriaga. Al final siempre tiramos de que podemos vender en Madrid.

Gonzalo Sichar: A veces se nos dice que nos quejamos como estrategia de ventas. Pero el libro ‘Extranjeros en su país’, que habla de la limpieza lingüística en Cataluña y está escrito por un diputado de Ciudadanos, fue boicoteado en las librerías de Cataluña, nadie lo llevó a San Jordi para firmar libros, y cuando consulté para ver en qué librerías se podía conseguir, sólo había una en Barcelona, y no quería que la nombraran porque si lo hacíamos retiraba el libro. Y eso que en Cataluña no hay demasiada violencia, aunque está habiendo una batasunalización de la izquierda independentista. Al presidente de Ciudadanos le mandaron una bala en un sobre. Aquí me llevé una alegría muy grande ayer cuando me llamaron, vi que era un 94, pensé que sería Iñaki, y era de una librería de San Sebastián para pedir el libro de Nieves Baglietto. Me chocó tanto que le dije que presentábamos hoy éste y la semana que viene sacábamos El ombligo del mundo’. Los pedirá. Al menos sabemos que existen otras dos en Bilbao, pero como no les he pedido permiso para decir su nombre, prefiero no nombrarlas, porque a saber quién puede haber aquí…, que no les conozco. El boicot a los libros existe y el mundo de la cultura está totalmente manipulado por el nacionalismo vasco. Ustedes lo saben mejor que yo. No me atrevo a pedirle al distribuidor que mueva en las ferias de Durango o de Bilbao porque me va a decir que estoy loco. Me ha extrañado que me acompañe mañana de librerías con estos tres títulos…

Arteta: Este país es un país castrado intelectualmente. Se ha permitido el lujo de ignorar a Agustín, a Juaristi, a Azurmendi, a Savater, parece que no son de aquí. No tienen presencia en lo público, en lo que pagamos todos. Ha podido expulsar a los mejores, a los que podían expresar mejor lo que estaba ocurriendo y con más calidad intelectual. Nuestros trabajos son un homenaje continuo a las víctimas, a los que sufren, a los perseguidos, y también a todos los que nos han sensibilizado y nos han enseñado la verdad de lo que ocurre aquí. En esa castración estamos nosotros probablemente, pero con orgullo, en el mejor sitio que puede estar alguien que quiere dejar una huella intelectual, jugándose lo que sea por decir de la mejor de las maneras algo parecido a la verdad.

Público: Se ha dicho con relación al suceso del chico indignado, ciego de indignación al punto de olvidar su seguridad personal, lo ha dicho hasta Santiago González, que no le parece bien. Que hay que confiar en la justicia. Pero para confiar en la justicia actual… Ese chico a la indignación le ha echado valor. Aquí hay mucha gente valiente. Toda esta primera fila, desde Pilar hasta Vidal de Nicolás, Ibarrola, éstos unen la declaración abierta de su tendencia crítica al nacionalismo vergonzante su notoriedad, lo cual aumenta el peligro en que se meten. Hacen un balance del tipo ‘antes de pie que de rodillas’. Y saben que es un riesgo. Los de la mesa ya es de sobresaliente, porque encima de tener una notoriedad estáis todo el día cogiendo de las solapas a ver si despertamos. ¿Por qué se le critica a ese chico que no ha confiado en la Justicia? No hay quien confíe. Suponemos un escenario en que 200 o 300 como él se conjuran para que haya un día D hora H; y a una señal hacen lo que él. Como una gran ruleta rusa con balas muy repartidas. Seguramente 300 tíos significarían un cambio, sería una rebelión cívica…
(–O una guerra civil.)
Yo estoy dispuesto a considerar ese escenario. Yo sería de los 300.

Santiago González: Vamos a ver si precisamos un poquito. Respondo por alusiones. De la comprensión de su estado de cabreo, a considerarlo modelo de imitación hay un trecho. El sentido común y el realismo no deberían franquearlos. Como ejemplo pongo que hace unos diez años un grupo de HB se concentró ante la casa del presidente de PP en Portugalete, Iturgaiz. Soportó el acoso durante una hora, los carteles de torturador, carcelero y fascista. Al día siguiente puso denuncia y dio a conocer el hecho. Y salió Egibar, portavoz del PNV, para decir que otros –por ellos– en situaciones como ésa habían salido a la calle a dar la cara. La posición de Iturgaiz tenía para mí un par de peldaños más de civilización, porque salir a la calle a embraguetarse y a romperse la cara con quien te señala la casa es el primer escalón de una carrera que puede conducir a cosas como el GAL. Por mucho que yo comprenda toda indignación humana, y comprendo muchas, no me suscitan admiración ni ganas de imitación. Si esos 300 se juntaran tendríamos, efectivamente, una venganza con los canallas que hacen eso, pero no un embrión de una mejor convivencia democrática. Eso sin duda. Sería algo perverso. No expreso confianza ilimitada en la justicia: la ‘herriko taberna’ debería estar cerrada desde hace seis años, como instrumento de financiación de la banda terrorista. El estado de la justicia es mejorable, pero los ciudadanos debemos exigirle que funcione. Conozco el proceso de paz al detalle; pero no establezco la relación causal que me lleve a pensar que un señor que ha agarrado una maza merezca mi admiración; mi comprensión, sí, como todo aquel que está sufriendo una injusticia. La ley debe organizar la sociedad, desincentivar la venganza. Lo grande de la democracia es que es perfectamente compatible con la cobardía, no hace falta ser un héroe para merecerla, y yo reivindico mi derecho a ser cobarde, aunque sólo sea porque yo arremangado y dispuesto a darme bofetadas con alguien pierdo mucho, no me acabo de encontrar. El deber de los ciudadanos es exigirle a la democracia que nos proteja, pero no tomar vías alternativas.

Editores, 10/3/2009

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