31/03/2009

Los exiliados de 'El infierno vasco' 1/2

Los exiliados de 'El infierno vasco' 1/2

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"Los 34 protagonistas {del filme y libro El Infierno Vasco} sienten su casa marcada por los terroristas y sus cómplices, ese espeso manto de complicidades tácitas tejidas alrededor de ellos. Ver la casa propia vulnerable y frágil, sentir a la familia expuesta, ha sido el motor del éxodo para una cantidad imprecisa de vascos (alrededor de 200.000). Son muchos y ejercen todos los oficios imaginables, hasta curas, quién lo iba a decir...

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Presentación del libro 'El infierno vasco' Transcripción de las intervenciones durante la presentación del libro 'El infierno vasco', de Iñaki Arteta y Alfonso Galletero, el día 26 de febrero de 2009 en Bilbao, en un acto organizado por la Fundación para la Libertad.

Javier Elorrieta, presentador:

Presentamos un libro, ‘El infierno vasco’, que recoge los testimonios a nivel escrito del documental de Iñaki Arteta del mismo nombre. La crítica de la Sociedad de Autores cinematográficos lo ha considerado el más interesante del último año. Es absolutamente recomendable tanto la película como el libro, entre otras cosas porque el documental es un contundente diagnóstico de la realidad vasca.

No hay un protagonista pero el que podría estar es muy reciente, de ayer, de hoy, es Emilio Gutiérrez. Hay en un blog, zapateriasrimadas, un poema tremendo y una cascada argumental, matizando con mayor o menor acuerdo con el autor, Santiago González, en la txalupa de largos. Dos blogs que les recomiendo no sólo por lo que escriben sus responsables, sino por las entradas ingeniosas y espléndidas desde el punto de vista argumental. No he querido opinar sobre lo que ha hecho este chico. Sólo quiero decirles que no ha sido una venganza ni un ojo por ojo, nada parecido. Ha sido una rabia pequeñita en tiempo y resultado, que me dio una infinita tristeza, porque él cuando le detenían ni se quejaba, sólo mascullaba. La policía, a través de los autos judiciales, debería tener cerrados los locales de acción de Batasuna, que están permanentemente abiertos. Han estado acosando a través de carteles. Los policías se ponen el verduguillo y se tapan la cara para detener a este pobre hombre que sólo mascullaba. Sólo se lo han quitado una vez: cuando mataron a Miguel Ángel Blanco. Entonces estuvo en el otro lado porque hubo una auténtica rebelión social. Y ahora otra vez es igual. Creíamos que podrían quitarse el verduguillo para siempre. Entonces alguien, un ertzaina, dijo que eran una policía de mentira en un país virtual. Otra vez el verduguillo, otra vez con la cara tapada la policía, mientras el pobre muchacho se ha tenido que marchar. Ingresará sin duda en el infierno vasco.

Gonzalo Sichar, editor:

Gracias por venir a esta presentación y gracias a la Fundación por el apoyo que nos ha dado. Se presenta el libro en una semana muy movidita por esto que ha comentado Javier. Para mí fue una sorpresa, porque creía que las herriko tabernas estaban cerradas desde aquel ataque a la estructura financiera de la organización terrorista. Es una sorpresa negativa. Quiero felicitar a Iñaki y Alfonso y a los entrevistados por ser valientes ante las cámaras y en el papel, donde parece que se fija más todo lo que dicen. Cuando vi el documental, me encantó y pensaba que había que volver a escuchar algunos testimonios, que eran para releerlos. Tenía que estar en un libro porque muchos no saben lo que pasa; aquí, porque se quiere ignorar, y en Madrid pasa lo mismo. Les leo a mis alumnos en las clases de Antropología y les pregunto a quién creen que pertenecen. Ahí les explico qué es un judío para un nazi y un negro para un estadounidense de Alabama. Ninguno dice que son miembros de ETA o del PNV; dicen Franco, Falange…; alguno, que será un nacionalista, sin determinar. Os las leo para que veáis qué lejos se ve el problema vasco en España. Son un par de frases que hemos publicado en ‘El ombligo del mundo’… Esperemos que no sean estos libros tan boicoteados como ‘Extranjeros en su país’ en Cataluña. Ya hay dos librerías que nos han llamado para tener el lote completo, incluidas las memorias de Nieves Baglietto.

“Nadie fuera de los miembros de la nación podrá ser ciudadano del Estado. Nadie fuera de aquellos por cuyas venas circule nuestra sangre sea cual fuese su credo religioso podrá ser miembros de la nación”. Dicho aquí parece un trozo del ‘plan Ibarretxe’, pero es del ‘Mein Kamp’ de Hitler. Otro decía: “Los extranjeros podrán establecerse en Vizcaya bajo la tutela de sus respectivos cónsules pero no naturalizarse en la misma. Respecto de los españoles, las Juntas Generales acordarán si deben ser expulsados”. Es de Sabino Arana. Y otras frases que los alumnos de Madrid atribuían a Falange o el PP, cuando les decías que no…, era chistoso. La gente del PP aquí está sufriendo la violencia de quienes se apoyan en estas frases. Una de ellas: “Contentémonos con admitir que nosotros somos lo mismo que otros pueblos europeos, la gran familia de las razas blancas, tal es el seguro indicador de nuestra europeidad”. Es pensamiento nacional revolucionario, skin, bases autónomas. Y lo decía Joan Miranda, que escribía en una revista dirigida por un francés colaborador de la república de Vichy, un ideólogo de ETA. Un miembro de ETA hablaba de que la mezcla de elementos negríticos con su raza derivaba en algo que no era ni negro ni blanco. “Les aterra oír que a los maestros de fuera se les debe despachar de los pueblos a pedradas, ah, la gente amiga de la paz es la más digna del odio de los patriotas”. Ésta la dijo el fundador del partido que lleva treinta años gobernando en esta tierra.

Por lo tanto, me parece de una valentía tremenda publicar este libro por parte de los autores y más si cabe por los testigos que salen en el documental y en el libro, que salen sus caras. ‘El infierno vasco’ se presenta a unas jornadas de las elecciones que podrían acabar con este régimen de treinta años que llevan padeciendo ustedes. Espero que su lectura les ayude a reflexionar para ese día.

Santiago González:

La casa de un inglés es su castillo, dice un proverbio inglés que no pueden hacer suyo los protagonistas de este libro de Iñaki Arteta y Alfonso Galletero. Los 34 protagonistas sienten su casa marcada por los terroristas y sus cómplices, ese espeso manto de complicidades tácitas tejidas alrededor de ellos. Ver la casa propia vulnerable y frágil, sentir a la familia expuesta, ha sido el motor del éxodo para una cantidad imprecisa de vascos (alrededor de 200.000). Son muchos y ejercen todos los oficios imaginables, hasta curas, quién lo iba a decir. Algunos están hoy aquí: Agustín Ibarrola, Javi Elorrieta, Paco González Legarreta, Teo Santos… ‘Sabemos dónde vives’ es una amenaza sólo superable por el hecho de que los asesinos hayan hecho averiguaciones sobre la familia. ETA les ha hecho saber que tenía copias de la llave de su casa. En el caso del socialista Rodolfo Ares, se las encontraron a Susper; y en el del concejal de Andoain Vela, se las mandaron en un sobre.

A veces hay daños colaterales: son las casas de quienes viven al lado de los objetivos de los terroristas, un batzoki, una casa del pueblo, un cuartel, un juzgado, un medio de comunicación…, como antes concesionarios de coches franceses o empresas. Cuántas veces hemos visto a la gente desalojada de sus casas ennegrecidas por cócteles molotov o golpeadas por la onda expansiva de un coche bomba. Esta semana hemos conocido otro caso: el de Emilio Gutiérrez, un ex concejal socialista, que vio cómo el artefacto que arrasó la casa del pueblo de Lazkao hizo lo propio con un piso en el que acababa de invertir sus ahorros, su trabajo y el de su padre, donde pensaba vivir con su novia. Tras la concentración de protesta al día siguiente se dirigió a la ‘herriko taberna’ con una maza… Y está ya fuera de su pueblo. Es poco probable que pueda volver a vivir en él, instalarse en esa casa, volver a su trabajo de la CAF en Beasain. Desde las últimas elecciones sindicales los 23 delegados sindicales de esa empresa quedan así: LAB, 10; ELA, 9; ESK, 3, CC OO, 1. No necesitan más datos.

Una gota de ira en un océano de miedo, era el titular de El País. Y está muy bien definido porque es la primera vez que alguien harto y ofendido sustituye el miedo por la cólera y la dirige contra quien sabe cómplice del terrorista. Las ‘herrikos tabernas’ estaban afectadas por una orden de cierre emitida por Garzón, que ahora no debe tener tiempo para vigilar su cumplimiento.

Pero de ahí a convertirlo en héroe hay un trecho que el sentido común y el respeto al Estado de derecho no deberían traspasar de ninguna manera. Bautizar como justiciero de Lazkao a alguien que sólo ha expresado su indignación es un disparate. Debo confesar que soy un gran partidario de la gestión pública frente a la privada. Cuando la retribución al autor de una fechoría es cedida por la víctima a la organización social, la venganza se estiliza y ennoblece, es justicia, la expresión de la venganza en las sociedades civilizadas. En democracia los ciudadanos ofendidos ceden sus ansias de venganza a la sociedad que les garantiza, defiende, castiga a quienes les lesiona.

Hay otra razón de orden práctico para no considerar a Emilio Gutiérrez un héroe: no podemos medirnos en términos violentos con los terroristas, saldríamos perdiendo. Pero no nos hace falta. No lo necesitamos como no debiera haberlo necesitado él. Tenemos quien debe hacerlo en nuestro nombre, el Gobierno, los poderes públicos, y tendríamos que ser exigentes en esta materia. ¿Cuánto tiempo mantendrán su entusiasmo voluntarista quienes hoy jalean a Gutiérrez? ¿Bastará su espontaneidad para darle una vivienda digna y segura en otro lugar, un puesto de trabajo en entorno más seguro? También en esto soy partidario de lo público. Son responsabilidades que competen al ministro de Interior, no a particulares. Emilio ha dado un paso que tendrá repercusiones graves para él. ETA intentará hacérselo pagar. Quiere ser una versión totalitaria del Estado al que combaten y reivindican, como decía Weber, el monopolio de la violencia. El arrebato de Emilio ha debido de parecerles una provocación intolerable. No es el momento de darle más protagonismo del que él quiera, ni de ser sus portavoces ni interpretar sus acciones más allá de lo que son. Todavía no sabemos si Emilio accedería a figurar en este libro o no y eso es importante. Porque los testimonios han sido aportados de forma voluntaria.

La lectura me ha conmocionado. He podido conocer al detalle biografías de amigos, fragmentos de otras. Nombre a nombre me van golpeando y descubro varias cosas. Cómo ETA nos ha ido dejando en cuadro afectivamente al cabo de los años y cómo nos ha privado de algunas de manera definitiva, irreversible.

He leído con atención el testimonio de mi amigo Teo Santos, de profesión ertzaina. Cuando lo conocí, se me declaró orteguiano, de Ortega y Gasset, y eso me ayudó a darme cuenta de cómo nos dejamos arrastrar por los estereotipos y prejuicios. La última de las inquietudes que yo le atribuiría entonces a un ertzaina o a un guardia civil, tanto da, sería de carácter intelectual. Pero esto es sólo una curiosidad. Lo más notable del asunto son las cifras: más de 700 ertzainas viven fuera de la Comunidad Autónoma del País Vasco, cuya seguridad tiene encomendada el cuerpo al que pertenecen. Son el 10% de los efectivos y eso debería hacer avergonzarse al partido que sostiene el Gobierno. Que el cuerpo de seguridad resida fuera por razones de seguridad, me hacer sentir el mismo desconcierto que Woody Allen en ‘Coge el dinero y corre’ cuando su psiquiatra le llama llorando a las tres de la mañana. No es sólo que el psicoanalista nos pida sopitas, es que, como dijo Martin Luther King: “Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo XX no nos parecerá lo más escandaloso las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas”. Parece que en el XXI será lo mismo. Si yo me dirigiera a cualquier persona de este país y le preguntara cuántos profesores de la UPV viven amenazados, contestaría, y ya he realizado la prueba, que 50 o 100. Así empieza el testimonio del profesor Aurelio Arteta, que abre el libro. Según el rector de entonces, 10. El problema no es que haya muchos amenazados, sino que sean pocos. Apenas 10 han recibido algún tipo de atención particular por parte de ETA. Lo que prima en la UPV, como en el resto de la sociedad vasca, es el silencio, el consentimiento, el pasar por el aro… Ése es el problema.

Hay un poema que se cita mucho y según el significado erróneo del verbo citar, repetir palabras de otro: “Primero vinieron a por los comunistas, y no dije nada porque yo no era comunista. Luego se llevaron a los judíos, y no dije nada porque yo no lo era… Ahora vienen por mí y ya es demasiado tarde”. No son de Brecht, como se cree, sino de un pastor luterano, Martin Niemüller. Héroe de la primera Guerra Mundial, fue huésped de Dachau y Sachsenhausen. Cuando en uno de estos campos un cura se escandalizó y le preguntó qué había hecho para estar allí dentro, él respondió que mejor se preguntara qué hacía él para no estar allí dentro.

Este libro está lleno de testimonios conmovedores, reflexiones pertinentes de experiencias concretas y análisis de su vida. No pierdan la ocasión de leerlo porque luego se sentirán un poco mejores y sobre todo no pierdan la ocasión de comprarlo, porque para eso lo han escrito los autores.

29/03/2009

Moriscos expulsados y vascos exiliados 5/5

Moriscos expulsados y vascos exiliados 5/5

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La Diáspora Democrática Vasca:

Los responsables de la expulsión de los moriscos, en el siglo XVII, invocaron muchas menos razones que las que invocan los nacionalistas vascos, en los siglos XX y XXI, para hacerles la vida imposible a quienes disienten con su opinión política en el País Vasco. El resultado es que la tipología de los exiliados vascos es infinitamente más variada y vergozosa que la de los expulsados moriscos. Lo es en tal grado, que al establecer la lista que sigue nos quedamos con la sensación de que olvidamos algo, a pesar de que evitamos repetir categorías de exiliados mencionadas ya en los artículos precedentes de esta serie:

Tipología de los exiliados vascos

1) los amenazados directamente por ETA;
2) los empresarios cansados del pago del impuesto revolucionario;
3) los familiares de las víctimas del terrorismo que se han alejado de allí para olvidar;
4) los militares abochornados;
5) los guardias civiles hartos de vivir en ghettos;
6) los políticos que no han soportado la presión...
7) miles y miles de vascos de segunda, que no han soportado el apartheid en su propia tierra vasca.

Esta última categoría, divisible en varias más, la componen las víctimas de las variopintas políticas de los gabinetes peneuveros empeñados en montar una sociedad nazificada en la que existen vascos de primera (funcionarios nazionalistas, empresarios adictos al régimen, enchufados con carné...) y vascos de segunda, nutrida categoría que no se limita a 8) los exfuncionarios monolingües castellanos, sino que estigmatiza a 9) constitucionalistas, 10) españolistas, 11) demócratas y liberales que pasan de todas las políticas nazionalizadoras de todo lo habido y por haber: educación, deporte, sanidad, cooperativas, iglesias, ayuntamientos... Conviene recordar aquí, por si alguien lo dudara, que paradójicamente en el País Vasco no solamente no hay monolingües vascos, sino que la mayoría más que absoluta de los vascos desconoce o domina tan mal el euskera estándar, el batúa, muy diferente de los dialectos tradicionales, que prefiere no emplearlo.

Imagen: Iñaki Arteta, Autor del filme y del libro 'El infierno vasco'

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400.000 exiliados vascos, 400.000 olvidados.
Escrito por Smith en: Febrero 28, 2005 10:05 PM. Archivado en Vascongadas.

En un acto celebrado en Madrid, en el que se presentaron las Comisiones por la Diáspora Democrática Vasca, el vicepresidente del Foro Ermua, Mikel Buesa, denunció que desde el inicio de la democracia, 383.700 personas habían abandonado su residencia en el País Vasco "asfixiados por la falta de libertad". De ellos, 119.000 lo han hecho desde que Ibarretxe fue elegido lehendakari, en 1998, a quien acusan de "no haber hecho nada por impedir esta diáspora". Generosa acusación, ¿no creen?

Hay que decir que todos conocíamos la terrible tragedia que vienen protagonizando miles de familias vascas que a lo largo de tres décadas no han tenido más remedio que hacer las maletas y largarse de su propia tierra. Ahora bien, lo que más nos ha sorprendido ha sido la cifra aportada por las llamadas Comisiones por la Diáspora Democrática Vasca y que asciende a la friolera suma de 383.700. O sea, casi 400.000 vascos que han abandonado su lugar de origen por la presión de lo que desde estas páginas venimos llamando "conglomerado nazionalista", y que, desde luego, no está compuesto única y exclusivamente por ETA y sus pistolas, sino que en este proceso de limpieza étnica o sabinización de Vascongadas, el PNV y EA han tenido mucho que ver.

Porque, al margen de los amenazados directamente por ETA, los empresarios cansados del pago del impuesto revolucionario, los familiares de las víctimas del terrorismo que se han alejado de allí para olvidar, los militares abochornados, los guardias civiles hartos de vivir en ghettos, los políticos que no han soportado la presión... repetimos, al margen de toda esta gente, existen miles y miles de víctimas de las variopintas políticas de los gabinetes peneuveros empeñados en montar una sociedad nazificada en la que existen vascos de primera (funcionarios nazionalistas, empresarios adictos al régimen, enchufados con carné...) y vascos de segunda, como los exfuncionarios monolingües castellanos (no hay monolingües vascos, por si alguien lo dudaba), constitucionalistas, españolistas, demócratas y liberales que pasan de toda las políticas nazionalizadoras de todo lo habido y por haber (educación, deporte, sanidad, cooperativas, iglesias, ayuntamientos...).

La maniobra ha estado bien clarita desde el principio. Limpieza de sangre y suelo para que cuando el omeya de turno, en este caso el iluminado Ibarretxe, someta a consulta a "los vascos y las vascas" (observen la figura gramatical tan progresista de los defensores de las doctrinas más reaccionarias de Europa), el resultado quede perfectamente asegurado. Ha sido una ardua labor y ha costado mucho esfuerzo y sacrificio, pero al final se ha conseguido: una Euzkadi grande y libre con un número de maketos cada día menor. En definitiva, una Euzkadi tan descontaminada como soñaba el divino Sabino Arana, q.e.p.d. y presta al asalto final: con el censo electoral gravemente alterado por los terroristas y los peneuveros, Ibarretxe puede tratar de (en el fondo, es imposible) legitimar más fácilmente "su" plan.

Pero aún hay más. Si nos fijamos en la programación de la ETB, existen programas específicos dedicados a los protagonistas de la "diáspora" vasca. Porque para victimismo, el vasco. ¡Qué vale la diáspora judía al lado de la vasca...! Hoy mismo, podemos "disfrutar" a las 02:00 del programa CANAL VASCO NEWS, Informativo presentado por Jonan Apaolaza, Ana Urrutia y Aitzol Zubizarreta. Presta especial atención a las noticias que tienen como protagonistas a los vascos en América y a los americanos en Euskadi, en el campo de la política, la economía, la cultura y el deporte. Los estudios y revistas sobre los vascos en América son inagotables. Es curioso, porque habiendo tanto exiliado vasco en el resto del "Estado", ¿para qué preocuparse de unos cientos, acaso miles de descendientes de viejos vascongados? Extrañas solidaridades estas... ¿No será que a los exiliados actuales no les apetece precisamente tocar el acordeón ni bailar un aurresku? ¿Por qué será?

27/03/2009

Moriscos expulsados y vascos exiliados 4/5

Moriscos expulsados y vascos exiliados 4/5

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Voces del exilio vasco: "A lo largo de las tres últimas décadas, miles de vascos se han visto obligados a exiliarse. Durante años, estas personas han vivido su destierro en silencio. Ahora comienza a oírse su voz". Fundación para la Libertad, 11/4/2005.

El pasado 26 de febrero, durante la presentación en Madrid de las Comisiones por la Diáspora Democrática Vasca, el vicepresidente del Foro de Ermua, Mikel Buesa, cifró en 378.700 el número de vascos que han tenido que abandonar su tierra «asfixiados por la falta de libertad» o amenazados por ETA. La cifra de Buesa está sujeta a discusión y puede ser más o menos fiable -ciertamente, se trata de un cálculo complicadísimo de realizar-, pero su exactitud tiene un valor menor frente al peso de una realidad incuestionable: la de que, a lo largo de las tres últimas décadas, miles de vascos se han visto obligados a exiliarse. Durante años, estas personas han vivido su destierro en silencio. Ahora comienza a oírse su voz.

MARÍA JESÚS LEJARRETA

La hija del diputado general

«Nos fuimos como proscritos»

Hija mayor de Manuel Lejarreta, ex-alcalde de Vitoria y ex-diputado general de Álava entre 1972 y 1977, María Jesús Lejarreta abandonó el País Vasco en septiembre de 1980. Tenía entonces 21 años. Eran días de plomo y capillas ardientes, los más sangrientos en la historia de ETA, y sus padres no soportaron más una presión que estaba convirtiendo sus vidas en una pesadilla. Dos cartas exigiéndoles el impuesto revolucionario y el asesinato de Jesús Mari Velasco, el jefe de Miñones de la Diputación, íntimo amigo de la familia, acabaron de decidir a Manuel Lejarreta a vender Villa San Luis y llevarse a su mujer y a sus cinco hijos a Madrid. «El exilio te deja una amargura para siempre. Supongo que es la amargura de sentirte despreciado», dice María Jesús, casada con un madrileño y madre de tres hijos.

Indefensos. «Mi padre dimitió como diputado general en febrero de 1977, cuando acabó de negociar el último Concierto Económico que Álava firmó en solitario. Y lo que ocurrió es que, al dejar el cargo, le quitaron la escolta, tanto la que tenía fuera como la que teníamos en casa. Porque en casa teníamos siempre un miñón viviendo con nosotros. Vamos, que de repente nos quedamos a pelo, indefensos. Tanto es así que, al día siguiente de dimitir, vino un inspector a recoger el chaleco antibalas que usaba mi padre. Imagínate. Unos meses antes, en octubre de 1976, ETA había matado, con los escoltas y todo, a Juan María de Araluce, el diputado general de Guipúzcoa. Y al cabo de un año o así, asesinó a Augusto Uncetabarrenechea, el diputado general de Vizcaya. Sólo les faltaba el de Álava. Mi padre».

La obsesión. «La psicosis era tremenda. Nosotros vivíamos enfrente del Parque del Prado y siempre estábamos pendientes de los desconocidos que podíamos ver por allí. Mirábamos mucho por la ventana y recuerdo que nos fijábamos en la gente que llevaba bolsas o zapatillas deportivas. Una vez nos pusieron un anónimo en la puerta diciendo que iba a estallar una bomba. Mi madre era la que peor lo pasaba. Cuando mi padre venía hacia casa, ella salía al balcón y, si había notado algo raro, le hacía una seña para que pasase de largo con el coche. Era una obsesión diaria. A mi padre le dijeron que caminase por la calle en zig-zag. ¿En zig-zag! Y que cambiase de horarios, de direcciones...»

El secreter. «Recuerdo que, en un secreter de su habitación, mi madre tenía las fotos de los etarras más buscados. Las veíamos para intentar memorizar sus caras. La verdad es que haces cosas que ni tú misma te crees. Mi madre, por ejemplo, aprendió a usar pistola para poder disparar al aire en caso de peligro y avisar a la Guardia Civil, que tenía el cuartel cerca de casa. Todo era así. Parecía un poco irreal. Una vez, el miñón que estaba en casa se llevó una tarta que nos había mandado nuestra asistenta por la primera comunión de su hijo. Como no llevaba remite, pensó que era una bomba».

El tabú. «Parece que nos fuimos como quien se va al pueblo de al lado porque le han ofrecido un trabajo mejor. Nadie nos expresó la más mínima solidaridad. Y eso que mi padre era un hombre bueno y muy querido en Vitoria. Pero nos fuimos como proscritos. Así de claro. No se hizo nada para que no nos fuésemos. Al revés. Lo nuestro era un tema tabú. Y lo que me duele es que, después de 25 años, las cosas continúen igual, que se siga marchando la gente sin que se haga nada. Sinceramente, no veo solución a medio plazo. Estas elecciones, por ejemplo, no creo que sirvan para mucho. Quizás mis hijos puedan vivir en paz en el País Vasco, pero yo no creo que lo vea».

JOSÉ VIRGILIO MENÉNDEZ

Ex concejal de Getxo

«Para el Gobierno vasco no existimos»

Asturiano de nacimiento, aunque getxotarra de adopción desde niño, José Virgilio Menéndez entró en política en 1990. Lo suyo fue algo vocacional. «La verdad es que siempre me ha encantado. Hay otros que entran en política por un hecho concreto que les marca o por seguir una tradición familiar. Lo mío, en cambio, fue pura afición», reconoce este licenciado en Sociología que acabó ocupando varios cargos dentro del Partido Popular de Vizcaya. Fue secretario general de Nuevas Generaciones entre 1994 y 1997, concejal en Galdakao, asesor en el Ayuntamiento de Bilbao y edil en Getxo hasta que el 11 de enero de 2000 tuvo que abandonar Euskadi con lo puesto -«me tuvieron que mandar la ropa a Madrid en autobús», recuerda-, después de que su nombre apareciera en la documentación intervenida al comando Vizcaya. «Era una lista reducida de objetivos», explica Menéndez.

Las dos bombas. «Aguantas cosas, te resignas a llevar escolta, tratas de hacer tu trabajo... Pero llega un momento en el que empiezas a pensar en irte. En mi caso fue cuando tuve el atentado. Me pusieron dos bombas, una en el descansillo de mi casa y otra en el coche, que estaba en el garage. ¿Te acuerdas? Fue en los bloques de Lañomendi, en Algorta, el 10 de abril de 1999. La bomba del garage destrozó varios coches y provocó un incendio. Tuvieron que desalojar de madrugada a 200 vecinos. A quince o veinte, personas mayores, les tuvieron que atender por inhalación de gases. Fue muy fuerte. Me sentía fatal, angustiado. Al final, quieras que no, te sientes culpable de lo que ha ocurrido, de poner en peligro a tu familia y a todos tus vecinos».

La impunidad. «Un par de meses después del atentado salí elegido concejal en Getxo. A partir de ese momento, todas las concentraciones de los radicales se hacían debajo de mi casa. La llenaron de pintadas. Era un pasada. De todas formas, lo peor no era aguantar a esa gente durante la media hora que estaba allí insultándote y amenazándote. Lo peor, lo más indignante, era la impunidad con la que actuaban. Una vez se pusieron a hacer una pintada contra mí delante mismo de la patrulla de la Ertzaintza que les vigilaba. Recuerdo que un vecino protestó porque no hacían nada y los ertzainas le dijeron que tenían órdenes de no actuar, que sólo podían identificarles».

Malas sensaciones. «Lo pasé muy mal al irme. La primera semana no sabía ni donde estaba. La verdad es que marcharte es una decisión muy dura. Llevaba diez años en el partido y tenía la sensación de que, al irme, les estaba traicionando. En cierto modo, te sientes insolidario. Se pasa muy mal. Por eso te duele tanto que nadie se acuerde de ti. Lo del Gobierno vasco es increíble. Para ellos no existimos. ¿Que nos vamos? Pues mejor. Menos votos para la oposición. Digan lo que digan, eso es lo que piensan».

Ni una llamada. «En mi caso concreto, tampoco he existido para el Ayuntamiento de Getxo. Te pongo un ejemplo: cuando uno deja de ser concejal hay costumbre de entregarle una pequeña placa en la que se ve el molino de Aixerrota. ¿Tú crees que me la han dado? Pues eso. Bueno, ¿es que no he recibido ni una llamada de teléfono! De todas formas, di que ese ayuntamiento es muy especial. A ese alcalde hay que darle de comer aparte. Es un indeseable. Todavía me acuerdo del chorreo que le lanzó a Almansa, el portavoz del PSOE, cuando éste denunció que había sufrido un ataque de kale borroka. Vamos, como para esperar yo de Zarraoa un poco de solidaridad. Él no puede perder el tiempo con esas cosas. Está muy ocupado ordenando que persigan a las chicas que hacen 'top-less' en Azkorri».

JOAQUÍN DE PAÚL

Ex decano de Psicología de la UPV

«En estas elecciones no estamos todos»

Donostiarra de 49 años, ex-decano de la Facultad de Psicología de la UPV y una autoridad internacional en el estudio de los malos tratos a menores y en la implantación de sistemas de protección de la infancia, Joaquín de Paúl se fue de Euskadi el pasado verano. La derrota de su plancha en las elecciones al rectorado de la UPV -era candidato a vicerrector de Guipúzcoa- le acabó de convencer Era mejor irse. Se puso en el mercado y no tardó en recibir una oferta de la Universidad San Pablo-CEU de Madrid. «Mi historia no tiene nada de especial. Lo mío no es nada épico. No tiene comparación con lo que les ha ocurrido a concejales o gente a la que le han pedido el impuesto revolucionario», dice este psicólogo, que comenzó a vivir amenazado a raíz de que se hiciera visible su militancia en Basta Ya.

La paranoia. «Te vas significando y asumiendo cotas de riesgo. Sin embargo, tardas bastante en ser consciente de que puedes ser objetivo de ETA. Eso sí, llega un momento en que lo aceptas. Si matan al contable de 'El Diario Vasco', ¿por qué no me van a matar a mí? Te haces ese tipo de preguntas y empiezas a vivir con una presión muy fuerte. Yo he sido durante doce años profesor de Psicopatología y sé bien cuál es el límite entre la normal suspicacia y el delirio paranoico. Y hubo momentos en los que me preguntaba si no me estaba volviendo un poco paranoico. Antes de que me pusieran escolta, tardaba media hora en entrar en casa. A veces veía dos tíos desconocidos que me venían de frente y me decía: 'Estos son, estos son los que me van a matar'. Luego, cuando pasaban de largo, suspiraba y me decía: 'Joaquín, te estás volviendo loco'».

Por aburrimiento. «Quiero que quede claro que en estas elecciones vascas no estamos todos, que somos muchos los que nos hemos tenido que ir. Reconozco que me crea un poco de mala conciencia el haberme marchado. Quizá por eso estoy hablando contigo ahora. Tengo la sensación de que he desistido, de que ETA me ha ganado y, además, de que me ha ganado por aburrimiento. Porque yo no me he ido tanto por miedo como por hastío. Para empezar, es un coñazo vivir con guardaespaldas. Vas al cine y piensas si le aburrirá la película. Y a la noche, cuando te deja en casa, te pregunta a qué hora vas a salir al día siguiente. Y tú, que no tienes ni puta idea, le dices que a las dos. Y luego resulta que te levantas antes y que tienes que estar hasta las dos esperándole como un gilipollas. Ya te digo: lo mío ha sido, sobre todo, una cuestión de aburrimiento. Necesitaba un descanso. Todo el día hablando de que si los vascos venimos del Neolítico y de la construcción nacional. Mire, oiga, que yo no tengo que construir nada, ¿que mi país ya está construído!».

Un alivio. «Te podría decir que estoy muy jodido por haberme ido, pero no es verdad. Hombre, echo de menos a mi familia, que se ha quedado en Donosti, pero Madrid es una ciudad cojonuda. Me gusta el anonimato que tienes aquí, voy al cine dos o tres veces a la semana, no tengo que llevar escolta, me junto con compañeros y puedo hablar de cualquier cosa y no del tema de siempre. Olvidarte del nacionalismo es un alivio».

El goteo. «Ibarretxe ha recibido en Ajuria Enea a los de Aukera Guztiak. A los que se han tenido que ir, sin embargo, no se le ocurre recibirles. No sé si somos 10.000, 20.000 o 200.000. No me creo las cifras. Sé que en los setenta y ochenta se fueron muchos, calladitos, calladitos. Médicos, por ejemplo, se fueron un montón. Y ese goteo, esa pérdida, se sigue produciendo sin que el nacionalismo mueva un dedo. Yo supongo que para ellos es algo normal, que dentro del proceso de construcción nacional estas cosas suceden y no hay que darle más vueltas.

JUAN PETIT

Un profesional liberal

«Nos hicieron la vida imposible»

Asesor financiero de 48 años, casado y padre de cuatro hijos, Juan Petit Aguirre se fue de Euskadi, rumbo a Barcelona, en 1982. El motivo de su marcha fue el de tantos otros: sencillamente, no pudo seguir viviendo en su pueblo, Fuenterrabía. Hijo del director-gerente de la fábrica Peugeot de Vitoria y buen amigo de los veraneantes madrileños (los Méndez-Vigo, Ussía, Fernández-Cuesta, Baselga, etc.) que pasaban sus vacaciones en las grandes mansiones del pueblo, el nieto del futbolista René Petit fue objeto de una persecución implacable durante los primeros años de la Transición por parte de sus vecinos de la izquierda abertzale. Uno de ellos se lo explicó muy gráficamente en un bar. «Tú eres el símbolo de la sociedad que yo desprecio», le dijo, después de partirle una jarra de cerveza en la cabeza. Al final, tras varios años de amenazas, desprecios y agresiones, cuando concluyó sus estudios decidió comenzar su carrera profesional en otra parte. Lejos. También su padre, que acabó por rendirse ante la presión de los radicales, mayoría en el comité de empresa de Peugeot, acabó por irse.

La conmoción. «Fueron unos años terribles. Por un lado estaban los asesinatos de ETA. En aquella época esos tíos andaban por la frontera como Pedro por su casa. Recuerdo cuando apareció muerto Ángel Berazadi en el alto de Itziar. Fue una conmoción. Si a éste, que es del PNV, le han matado, ¿qué no intentarán con nosotros? Eso pensábamos. Y luego estaba la presión constante en el pueblo, las amenazas al estilo siciliano, los insultos en los bares y las agresiones. A raíz de que la Guardia Civil matara a Jesús Mari Zabala en el Alarde, todo se desquició. 'Vais a pagar lo que habéis hecho', me decían. A mí me dieron de ostias 15 o 20 veces. Y te aseguro que yo no era un franquista. Es más, me sentía antifranquista. Pero a ellos les daba igual. Nos odiaban por lo que representábamos, porque éramos distintos, porque no éramos como ellos, arrantzales, euskaldunes y abertzales. Nos hicieron la vida imposible».

El adoctrinamiento. «En mi época tenías que salir por piernas porque te jugabas la vida y ETA mataba a cien personas al año. Ahora la gente se sigue marchando pero la presión se ha trasladado. Ya no es tanto de ETA o de los batasunos como de la política del PNV. Ya no es el energúmeno de turno que te dice que te va a matar. Ahora te van amargando poco a poco, te van aburriendo con las dificultades que te ponen, con las trabas para acceder a esto o aquello. Lo duro ahora es aceptar el adoctrinamiento nacionalista».

Votar contra el Plan. «Estoy muy cabreado con Presidencia del Gobierno vasco. El otro día tuve una pelotera de la leche con una chica que me cogió el teléfono. Les llamé para decirles que nosotros, los que nos tuvimos que ir, tenemos derecho a votar en la consulta que se haga sobre el Plan Ibarretxe. ¿Por qué no voy a poder votar yo en algo que afecta a mi tierra? ¿Es que me parece fascista negarme ese derecho! No quieren que votemos porque saben que esos votos van en contra de sus intereses».

Nostalgia. «Con todo el tiempo que llevo fuera, sigo pensando en volver. Echo de menos aquello. La gente, la forma de ser de los vascos... ¿La sidra de Astigarraga! Je, je. La compro aquí, en la Euskal Etxea. Y también mi mujer está deseando vivir en Bilbao. Tiene muchas amigas. ¡Pero es que es muy difícil volver a empezar!».

EL CORREO, 11/4/2005