30/12/2008

Durante el viaje de Nazaret a Belén

Durante el viaje de Nazaret a Belén

Permalink 30.12.08 @ 10:45:23. Archivado en Sociogenética, Religiones

Jesús no nació ni en Nazaret ni en Belén, sino entre ambas localidades, durante el viaje que hicieron sus padres, para obedecer la orden imperial de inscribirse en el censo en su lugar de origen, es decir: en Belén.

El relato de Lucas, el "querido médico" de Col. 4,14 y confidente de la madre de Jesús, hace pensar que María dio a luz en un establo, en las afueras de Belén, donde había permanecido mientras José intentaba sin éxito, probablemente sin ella, encontrar albergue en la posada del pueblo:

"Todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad. También José, que era de la estirpe y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse con su esposa, María, que estaba encinta. Estando allí le llegó el tiempo del parto y dió a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no encontraron sitio en la posada".

Lc. 2,7. Traducción de Juan Mateos, con la colaboración de L. Alonso Schökel.

El carácter obligatorio del viaje, en las circunstancias de embarazo en que se encontraba María; el pesebre, que presupone la extrema modestia de un establo, compartido con animales domésticos; y la falta de sitio en la posada, a pesar del estado de urgencia de María, hacen pensar en el mensaje evangélico inequívoco que aporta el texto sobre la condición francamente humilde de los protagonistas de la acción: no se trataba de una familia acomodada, sino de una familia modesta, que vivía sin ningún privilegio social, tanto en Nazaret como en Belén, a pesar de su origen davídico. Este mensaje evangélico, y no el detallismo anecdótico del lugar preciso del parto de María, es el objetivo diegético del evangelista. Lo que a él le interesa es explicar a los creyentes la historia del nacimiento del hijo de Dios encarnado, más bien que la topografía del escenario.

El año pasado la ambientación topográfica nazarena del “nacimiento” en la plaza de San Pedro de la Ciudad del Vaticano suscitó viva polémica entre los cristianos, al dar a entender que Jesús había nacido en la casa de sus padres, donde se encontraba la carpintería de su padre putativo, y no en las afueras de Belén, en un establo de libre acceso, como lo relata la tradición icónica, popularizada por los "belenes" franciscanos de todo el mundo. Este año se ha vuelto resueltamente a Belén, aunque suprimiendo algunos detalles de la tradición iconográfica.

Sin embargo la doble localización, que está más bien presupuesta que afirmada en los mismos evangelios canónicos, ha suscitado este año una reflexión particularmente pertinente de nuestro Amigo teólogo José María Castillo sobre el mensaje evangélico común que hay detrás de los dos relatos del nacimiento de Jesús: el Nazareno y el Belenita:

La clave de todo este asunto está en que la “encarnación” de Dios, en el desconocido y humilde ciudadano Jesús de Nazaret, nos viene a decir, a quienes nos consideramos cristianos, que este mundo tiene solución y salvación, no desde arriba, sino desde abajo; no desde los primeros, sino desde los últimos. Porque los últimos no tienen –ni pueden tener– nada más que su humanidad.

Foto: BELÉN VIVIENTE: http://www.educa.madrid.org/: Los alumnos y alumnas de 3º de Primaria representaron una obra de teatro muy navideña sobre el nacimiento de Jesús en el Portal de Belén.

¿Belén o Nazaret?
por José Mª Castillo
24-Diciembre-2008

La opinión popular generalizada es que Jesús nació en Belén. Esto se dice en el capítulo 2 de los evangelios de Mateo y Lucas. Pero no se dice en ningún otro sitio del Nuevo Testamento. Mientras que de Jesús se afirma que era “Nazareno”, oriundo de Nazaret (“nazarênos”) seis veces (Mc 1, 24; 10, 47; 14, 67; 16, 6; Lc 4, 34; 24, 19). Y otras once veces se le llama “nazôraios” (Mt 2, 23; Lc 18, 37; Jn 18, 5. 7; 19, 19; Hech 2, 22; 3, 6; 4, 10; 6, 14; 22, 8; 26, 9), que corresponde, tanto en el aspecto sintáctico como semántico, al término anterior que indica de dónde era Jesús (H. Kuhli). La equivalencia de ambos términos aparece en el uso que se hace de ellos en Mc 14, 67 y Mt 26, 71. También en Mt 2, 23. Prescindo de otras precisiones técnicas que discuten los especialistas. En todo caso, está claro que, según una gran mayoría de textos del Nuevo Testamento, Jesús no era de Belén, sino de Nazaret.

Entonces, ¿por que los evangelios de la infancia dicen que Jesús nació en Belén? Porque Belén era la ciudad donde el rey David recibió la unción real (1 Sam 16, 4. 18; Rut 1, 2. 19; 4, 11). De ahí que Belén era la “ciudad de David” (Lc 2, 4. 11. 15). Y los judíos tenían la convicción de que el Mesías nacería en Belén, no en Galilea (Jn 7, 42). La relación del Mesías con el rey David ya se encuentra en Rom 1, 3-4 y en 2 Tim 2, 8. La estima que el pueblo de Israel sentía por su gran rey David se debía cumplir plenamente en el Mesías.

Lo que pretendo aclarar, al explicar todo esto, no es meramente una cuestión histórica. ¿A qué viene discutir un asunto de tan poca importancia como es saber si Jesús nació en Judea o en Galilea? ¿No da igual lo uno que lo otro?

Por supuesto, no es lo mismo. ¿Por qué? El nacimiento de Jesús en Belén no es un dato histórico, sino un “teologúmeno” (una idea teológica narrada como un dato histórico) (J. P. Meier) con el que se pretende exaltar al Mesías, al presentarlo como un ilustre descendiente de la familia del rey David. Por el contrario, si Jesús nació en la aldea de Nazaret, entonces era un “donnadie”. De Nazaret no podía salir nada bueno, se pensaba en aquel tiempo (Jn 1, 46). La ridícula vanidad de presumir de un origen ilustre, de una buena familia o de un sitio importante ya funcionaba entonces. Y es que se sabe que Galilea y los galileos tenían mala fama en tiempo de Jesús. Galilea era la región de los pobres y sus gentes eran vistas como ignorantes, poco religiosos y, a veces, como disidentes subversivos contra los romanos. En Hech 5, 27 se menciona a “Judas el Galileo” y se sabe que Pilatos ordenó una matanza de galileos (Lc 13, 1-2). Es más, a los galileos se les llegaba a considerar como ignorantes, impuros, con los que no había que relacionarse (TB Pesahim 49b). Es famosa la exclamación de Yojanán ben Zakkai: “Galilea, Galilea, tú odias la Torá” (Ley divina) (M. Pérez Fernández).

Ya se ve, pues, que si he planteado la cuestión del pueblo donde nació Jesús, no es por una simple curiosidad histórica. Y menos aún por afán de decir cosas novedosas. Se trata de un asunto muy serio. Jesús no vino a este mundo para presumir de orígenes ilustres o antepasados famosos, por más que eso se considere importante para prestigiar a un mensajero divino. Si algo hay claro en los evangelios, es precisamente lo contrario. Jesús vino a quitarnos los humos de ridículas grandezas. Porque sabía muy bien que nuestros ingenuos orgullos son una de las muchas manifestaciones de nuestros inconfesables sentimientos de omnipotencia, anhelos turbios que nos dividen, nos distancian y nos enfrentan. Con semejantes pamplinas, la convivencia se nos hace más difícil y los rechazos de unos a otros son constantes. Y lo peor de todo es cuando todo eso se reviste con argumentos religiosos que sólo sirven para hacer cada día más odiosa y detestable la dichosa religión.

A ver si de una vez nos metemos en la cabeza que el nacimiento de Jesús, en una aldea perdida, desconocida y despreciada, en una familia a la que nadie daba importancia alguna (Mc 6, 1-6), es el indicador más claro de que, cuando Dios entra en la historia, lo hace de forma que se despoja de todo su poder y su gloria, se identifica, no con las familias ilustres y los títulos famosos, sino con los últimos, los desconocidos, los “nadies”.

¿Es que era masoquista? No se trata de eso. La clave de todo este asunto está en que la “encarnación” de Dios, en el desconocido y humilde ciudadano Jesús de Nazaret, nos viene a decir, a quienes nos consideramos cristianos, que este mundo tiene solución y salvación, no desde arriba, sino desde abajo; no desde los primeros, sino desde los últimos. Porque los últimos no tienen –ni pueden tener– nada más que su humanidad. No tienen títulos, ni poderes, ni influencias. Sólo tienen su condición humana, la debilidad y las muchas carencias de los humanos. En lo poco que tienen los últimos, todos coincidimos. En eso, y sólo en eso, es donde lo que llamamos Dios se puede hacer presente. Porque Dios no viene a dividirnos. Y menos aún a enfrentarnos. Dios sólo puede estar en lo que nos une, en lo que no tenemos más remedio que coincidir todos. Dicho sin remilgos: cada día veo más claro que los “dioses” que nos dividen, nos separan, nos humillan o nos enfrentan, son “dioses de mentira”. En Jesús podemos decir que se hace presente Dios porque en Jesús Dios se despoja de las grandezas de lo divino y se funde con lo humano, con lo mínimamente humano, en lo que todos somos iguales.

11:00 Écrit par SaGa Bardon dans Actualidad | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : religiones, sociogenetica |  Facebook |

27/12/2008

Todos venimos de África 3/3

Todos venimos de África 3/3

Permalink 26.12.08 @ 23:45:45. Archivado en Europa, España, Sociogenética, Antropología, Ética, Migraciones, Pro justitia et libertate, Geopolítica

Foto: Este jueves 25 de diciembre, día de Navidad, treinta y ocho inmigrantes han sido avistados y rescatados en aguas oceánicas al sur de Gran Canaria. EFE - 26/12/2008.

Treinta y ocho inmigrantes subsaharianos han sido rescatados por Salvamento Marítimo este jueves 25 de diciembre, día de Navidad, en aguas del océano Atlántico, al sur de Gran Canaria.

Estoy seguro de que más de un cristiano ha puesto en relación esta llegada de inmigrantes, en un día tan señalado para su fe, con el nacimiento de Jesús en el Portal de Belén.

Estoy también seguro de que la mayoría de estos inmigrantes afrontan los riesgos de su odisea confiando en los valores humanos que alimentan nuestras costumbres de raigambre cristiana, nuestras constituciones democráticas y nuestra Unión Europea, cuya exigencia fundamental de admisión de un estado en su seno es el respeto de los derechos humanos.

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Todos venimos de África 3/3

Publiqué este artículo por la primera vez el 13.10.05. Lo publiqué de nuevo hace dos años. Vuelvo a publicarlo hoy con la introducción de 2007, sin cambiar una sola palabra, porque desgraciadamente la actualidad de su tema se ha transformado en urgencia de enfermo terminal, olvidado hasta hoy sin cuidados intensivos, en un rincón de los largos pasillos de nuestra burocracia europea.

Espero que la cumbre de Lisboa haya imaginado cambiar algo al ritmo de la terrible mutación estructural, que yo había anunciado como inminente en mi artículo de hace ya más de dos años, y que no ha cesado de agravarse desde entonces. Espero que los anteproyectos de educación, puestos de trabajo e infraestructuras, repetidos una vez más por nuestros políticos, no se queden en simples proyectos de formularios, que serán a su vez arrumbados en despachos euro-rutinarios, cuyas prioridades estratégicas son diferentes.

Me prohíbo el recordaros la cantidad de cadáveres y de decepciones que ha costado ya este olvido sistemático de África por nuestros ejecutivos europeos. Preguntádselo a mis amigos canarios y costasoleros, que son quienes viven el día a día de esta tragedia, que seguirá siendo vergonzosa mientras no la remediemos como cosa nuestra entre todos los europeos.

Espero que el recuerdo actual de África por Europa no sea de nuevo un rollito de buenos sentimientos, cuya eficacia se limite una vez más a hacernos creer que no somos olvidadizos, sino justos y buenos con nuestros ancestros africanos.

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La ciencia nos afirma que toda la humanidad viene de África. Así que no debemos sorprendernos de que la inmigración africana llame hoy a las puertas de Europa como lo hicieron, antes de que nuestra historia comenzara, nuestros propios ancestros.

La Unión Europea está descubriendo estos días, como ya lo hizo con ocasión del reforzamiento de las fronteras de Ceuta y Melilla, en octubre del 2005, que el drama que estamos contemplando, esta vez con visos de invasión en las islas Canarias, no es algo meramente circunstancial, sino que es el síntoma más llamativo de un cambio estructural.

Como era previsible, la relación entre nuestra familia africana y nosotros mismos, sus herederos europeos, no sólo debe cambiar sino que ya está cambiando estructuralmente. No es justo que en la nueva era de la globalización ya más que iniciada, ellos sigan siendo los familiares pobres, a pesar de sus ingentes riquezas en humanidad y en bienes naturales de todo tipo, mientras que nosotros, como niños consentidos de padres ricos, disfrutamos de todos los caprichos y juguetes de nuestra insolidaria riqueza.

¿Estamos en un recodo de la historia? Para mí no hay duda de ello. Los inmigrantes de hoy nos están recordando que si nuestra propia inmigración, reciente para algunos y atávica para todos, nos resultó benéfica, este beneficio debe favorecer a toda la familia, que sin lugar a dudas es euro-africana. También nos ayudan a recordar que buena parte de nuestros bienes actuales proceden de África como lo saben muy bien nuestros recientes colonizadores. También lo saben, aunque lo ocultan, los actuales neo-colonizadores de los ingentes recursos naturales africanos, ocultación que obedece a que estos bienes, cuyo valor incalculable tiene abierto el apetito de los mayores lobos globales, están hipotecados hoy por nuestros financieros más avaros.

Al releer los artículos que yo escribí en octubre, es muy importante tener en cuenta todas estas verdades, que con frecuencia nos ocultamos a nosotros mismos, unos por falta de cultura y otros por falta de sinceridad. Estas verdades pueden ser resumidas en una frase, que someto a la consideración de unos y otros: Tanto nuestro pasado más remoto como buena parte de nuestro futuro más inmediato están en África.

24/12/2008

Europa, ¿cesar? o ¿todavía más?

Europa, ¿cesar? o ¿todavía más?

Permalink 24.12.08 @ 13:20:02. Archivado en Europa, Universidades, Amistad Europea Universitaria, Hispanobelgas, España, Sociogenética, Convivencias europeas, Pro pace, Pro amicitia universale, Pro justitia et libertate, Geopolítica

La Fundación Luis Vives me ha propuesto oficialmente que colabore con ella en la difusión de las Consultas europeas a la ciudadanía 2009 (ECC 2009), “una campaña de participación ciudadana, que se ha lanzado en todos los países europeos, en el marco de las elecciones europeas del próximo mes de junio, con el objetivo de abrir un espacio de debate europeo, que permita a los ciudadanos debatir y hacer recomendaciones a los políticos europeos sobre el futuro de Europa”.

Estas elecciones tendrán lugar en toda la Unión Europea entre el 4 y el 7 de junio de 2009.

Conociendo como conocéis tanto mis convicciones europeístas como mi acción en pro de la Amistad Europea Universitaria, en la perspectiva universalista de la Amistad Mundial, podéis comprender que esta petición de colaboración me honra y me entsiasma y que, por consiguiente, la asumo solidariamente, en diálogo abierto con todos mis Amigos.

En un primer artículo de esta colaboración he afirmado que el futuro de Europa depende de nosotros, dejando claro, en la perspectiva de la solidaridad que representa la Unión Europea en el seno de la solidaridad mundial, que nuestro propio futuro común depende de la Europa que hayamos concebido y querido entre todos, concepción y voluntad que expresaremos democráticamete en las elecciones.

En este segundo artículo voy a intentar expresaros los argumentos que compartimos los europeístas lovanienses, cuando se nos pregunta sobre las razones que tenemos para apoyar la continuación de la solidaridad europea.

Debo indicaros que uno de los representantes más señalados de mi Universidad para razonar sobre este tema es mi venerable colega y amigo el profesor Philippe de Woot de Trixhe, maestro de innumerables generaciones de economistas europeístas. Da la casualidad que desde hace más de un cuarto de siglo yo vivo con mi familia en la casa donde nació y se educó Philippe de Woot, habiendo disfrutado, tanto él como mis hijos, en etapas evidentemente muy distintas, de la excelente enseñanza del Colegio jesuita de San Michel, que se encuentra a pocos metros de nuestro domicilio bruselense.

En mi exposición de las razones que tenemos los europeístas lovanienses para apoyar la continuación de la solidaridad europea, voy a aprovechar el punto de vista fundamental del profesor Philippe de Woot en su respuesta reciente a una pregunta clave que había planteado el periodista Thomas Ferenczi como punto de partida de un intercambio de opiniones, con ocasión de la presentación de su libro “Pourquoi l’Europe?”, Ed. André Versaille, 2008.

La pregunta del periodista era: “L’Europe, stop ou encore?”

Mi traducción, atenta al juego de sentido y de sonido del original francés, es: Europa, ¿cesar?, o ¿todavía más?

Respondo en primera persona a esta pregunta, en plena sintonía con la inspiración del profesor Philippe de Woot, adaptando y completando sus razones para un público hispanohablante:

¡Según yo, todavía más Europa, pero de manera diferente!

Creo que la Unión Europea (UE) es, de lejos, el mejor modelo de pacificación que este mundo haya conocido jamás. Por supuesto que está lejos de ser perfecta, especialmente cuando se considera la diversidad dentro de ella, entre muchas otras cosas, tanto de las economías, como de las necesidades vitales, de las culturas, de las lenguas, de las religiones, de las filosofías y de las costumbres, y esto no solamente de cada país europeo, sino incluso de cada región de Europa.

Sin embargo, el modelo de integración adoptado por la Unión Europea, que permite a economías más débiles que la suya propia el beneficiarse de un mercado y de ayudas al desarrollo, con la sola condición de adherirse a los derechos humanos, cumpliendo esta condición irrenunciable previa de manera voluntaria, este modelo tiene muchas probabilidades no sólo de mejorar la vida de muchas personas, sino también de garantizar la paz a través de la interdependencia económica.

La UE también tiene la ventaja de establecer una autoridad superior, no partidista, autoridad superior a la de los gobiernos de los países miembros, lo que podría evitar algunos abusos autoritarios en el futuro, abusos que no son la exclusiva de los países en vías de desarrollo.

Creo igualmente que la UE es un modelo que debe ser exportado a todo el mundo, con el propósito de hacer posible que otras regiones del planeta disfruten de este modelo de integración. Hay que lograr entre todos que la guerra se convierta en una imposibilidad, no a causa de una destrucción mutua como se temía en tiempos de la Guerra Fría, sino más bien como una imposibilidad económica, debida a la interdependencia económica, social y cultural.

Así que, una vez más según yo, creo que debemos continuar con la ampliación de la UE, aunque sólo sea para obligar a las naciones que deseen voluntariamente el acceso a los beneficios económicos de la UE a que adopten los principios de los derechos humanos y la democracia. Como estas naciones se beneficiarán de la ayuda económica y que como fruto de ella su nivel de vida aumentará, se les hará muy difícil el volverse atrás en el plano fundamental de los derechos humanos y la democracia.

Por supuesto que habrá que cambiar algunas cosas, por ejemplo en las instituciones como el Banco Central Europeo, porque se verá empíricamente que decidir mediante acuerdo entre 35 de la política monetaria será simplemente imposible. La experiencia nos muestra, a propósito de cuestiones tan técnicas y complicadas como ésa, que es y será siempre muy difícil “educar” a la gente para que hagan una elección racional, simplemente porque la gente vive y elige a corto plazo, mientras que las ambiciones europeas deben ser del dominio del largo plazo.

Creo que la verdadera cuestión del futuro se plantea a este nivel: ¿cómo construir una Unión Europea dedicada a pilotar las naciones que se integran en ella, para que prosperen en el largo plazo, a pesar de que en el corto plazo las medidas necesarias para lograrlo, eivitando la miopía, son a menudo contrarias, o al menos así lo parecen, a los intereses de los países? Este problema ya está planteado por más de uno, según lo vemos, por ejemplo, en las proposiciones de algunos jefes de Estado, como Nicolas Sarkozy, que quieren cambiar la política monetaria de la BCE, a fin de incluir una política de tasas de cambios, cuando sabemos que estas políticas no son probablemente óptimas a largo plazo (ver, por ejemplo, los problemas de la inflación que China está experimentando hoy en día).

En resumen, la Unión Europea no es perfecta, ni probablemente lo será nunca, pero la Unión Europea es, con mucho, la mejor arma que tenemos para protegernos contra futuros conflictos internacionales. Aún más: la esperanza de los países ribereños de incorporarse un día en esta Unión es igual de importante si no más que la propia Unión; sería un grave error el quitar esa esperanza a tantas personas que de otro modo podrían beneficiarse de las reformas necesarias para esta adhesión.

Agradezco a mi Colega y Amigo el profesor Jean-Philippe de Woot de Trixhe la extrema claridad de sus razones en pro de más Europa, razones que yo comparto y os ofrezco a mis Amigos, tanto españoles como europeos en general, para vuestra propia reflexión, discusión y votación democrática en las elecciones que tendrán lugar en toda la Unión Europea entre el 4 y el 7 de junio de 2009.

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