27/11/2008

Ni capitalismo ni comunismo, sino cooperativismo

Ni capitalismo ni comunismo, sino cooperativismo

Permalink 26.11.08 @ 23:55:00. Archivado en Sociogenética, Pro justitia et libertate, Geopolítica

El mayor defecto del capitalismo como motor de la economía es que este motor se basa tecnológicamente en la codicia, lo que explica que su combustible sea la explotación de las personas por individuos o empresas dedicados a obtener ganancias, cuya capitalización no está sometida a la justicia distributiva, sino que privilegia personalmente a los empresarios.

La toma de conciencia universal de esta realidad socio-económica explica la crisis de confianza generalizada actual en el sistema capitalista, ya que ha transformado todos los bienes, incluidos los que condicionan la libertad y la dignidad de los seres humanos, como son emblemáticamente la educación, la vivienda y la salud, en mercancías.

Esta evolución merece unas líneas explicativas. El capitalismo, que inventó a finales del siglo XIX el colonialismo como forma de enriquecimiento rápido, colosal y seguro, cuya figura de proa es el tristemente célebre Leopoldo II de Bélgica, se vio obligado por los movimientos independentistas del tercer mundo a renunciar en los años sesenta a su especulación descarada y segregacionista. Ante esta fuerza mayor, la astucia de codicioso del imperturbable capitalismo le inspiró el paso engañoso del colonialismo hereditario al neocolonialismo. Al cambiar de nuevo de siglo, las facilidades de transporte y de telecomunicación, inspiraron al capitalismo hereditario de nuevo triufante la idea de tomar como objetivo de sustitución, tanto del colonialismo como del neocolonialismo, la mercantilización o cosificación universal, que ahora conocemos bajo el nombre de globalización.

Es muy probable que las crisis particularmente severas que sufre por el momento Bélgica -comunitarias, financieras, bancarias y socio-económico-reales- sean el castigo inmanente de la historia por los graves abusos cometidos por su capitalismo hereditario desde finales del siglo XIX hasta el momento actual. La cara escondida de estas crisis es la ruina total de un número considerable de pequeños accionistas, tránsfugas inconscientes de las cartillas de ahorros, que se habían dejado tentar por el canto de sirenas de una clase financiera hereditaria particularmente codiciosa.

El mayor defecto del comunismo como motor de la economía es que este motor se basa tecnológicamente en la negación de la libertad socio-económica personal de los productores de bienes, lo que explica que su combustible sea la explotación de las personas por un poder estatal dedicado a obtener ganancias cuya capitalización se reserva al estado y cuyos administradores pueden emplearla y de hecho la han empleado durante cerca de un siglo sin tener en cuenta las necesidades reales de los auténticos productores del sistema. La toma de conciencia de este abuso sistemático condujo, a finales del siglo pasado, a la desaparición de la mayor parte de las economías comunistas existentes en el mundo.

El Cooperativismo es una doctrina socio-económica que promueve la organización de las personas para satisfacer de manera conjunta sus necesidades. El cooperativismo está presente en todos los países del mundo. Les da la oportunidad a los seres humanos, incluso a los de escasos recursos, de tener una empresa de su propiedad junto a otras personas. Uno de los propósitos de este sistema es eliminar la explotación de las personas por individuos o empresas dedicados a obtener ganancias.

La participación del ser humano común, asumiendo un rol protagonista en los procesos socio-económicos de la sociedad en la que vive, es la principal fortaleza de la doctrina cooperativista.

El cooperativismo se rige por unos valores y principios basados en el desarrollo integral del ser humano.

¿Qué es una Cooperativa?

Una cooperativa es una asociación autónoma de personas que se han unido de forma voluntaria para satisfacer sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes mediante una empresa de propiedad conjunta y de gestión democrática.

Las cooperativas están basadas en los valores de la ayuda mutua, la responsabilidad, la democracia, la igualdad, la equidad y la solidaridad. En la tradición de sus fundadores, los socios cooperativos hacen suyos los valores éticos de la honestidad, la transparencia, la responsabilidad social y el amor al prójimo.

El cooperativismo ante el Tercer Milenio
por Aníbal Escribano Arbona

El cooperativismo se encuentra en un momento crucial para su futuro. Con la desaparición de los regímenes comunistas y la consolidación seguida de crisis funcional y estructural grave del sistema capitalista como sistema imperante a escala mundial, las posibilidades de sistemas opcionales tienen necesariamente que definir su posición en el sistema y actuar con esas reglas del juego. El desafío fundamental es la integración en todos los niveles, económicos, sociales y políticos. La necesidad de actuar de forma eficiente en un sistema competitivo globalizado requiere especialización y profesionalización con altos niveles de eficiencia y sin perder la identidad de los valores cooperativos. La necesidad de mantener los principios cooperativos con la participación de todos los socios, así como de no adoptar sistemas de gestión verticalistas o piramidales requiere un elevado grado de integración social de todos los miembros, en el que el cambio necesario para alcanzar economías de escala y representatividad no distorsione el fundamento solidario de los participantes.

Su fuerte presencia local, los sistemas de organización autogestionarios en los que el apoyo de otros agentes económicos es inexistente y una sólida creencia en los valores cooperativos constituyen los valores para asegurar su futuro. Es difícil que haya un avance significativo de las cooperativas de producción en los países desarrollados, aunque son viables en aquellos países cuya industrialización es incipiente.

Principios del movimiento cooperativo

Los principios cooperativos recogen los valores del movimiento. Son conocidos como Principios de Rochdale en honor al lugar donde nacieron. La ACI ha realizado tres declaraciones formales: en 1937, 1966 y la más reciente, la realizada en el congreso de Manchester (Inglaterra), en 1995, en la que además de los principios se contemplaron la definición y los valores de las cooperativas. A la vista de los cambios producidos a escala mundial en la segunda mitad del siglo XX, especialmente en Asia, África y Latinoamérica, los cooperativistas contemplaron la necesidad de reconsiderarlos y actualizarlos frente al nuevo milenio. La heterogeneidad del movimiento, inmerso en sociedades diferentes bajo el punto de vista moral, ético, cultural, económico y político, requirió un esfuerzo considerable para sintetizar cuáles son los valores universales que defiende el movimiento cooperativo.

1. Adhesión voluntaria y membresía abierta

Este principio ha tenido pequeñas modificaciones desde la versión de 1966. Las cooperativas son organizaciones voluntarias, en las que el ingreso de los socios debe basarse en la adopción de los principios cooperativos y hacer suyos esos valores. La membresía abierta indica que pueden aceptarse nuevos socios de acuerdo con las necesidades de la cooperativa y de poder aprovechar todos los servicios ofrecidos, sin discriminaciones de índole sexual, racial, social, política o religiosa. La adición del aspecto Género de forma expresa es uno de los logros del Comité de Mujeres de la ACI. Por tanto, la afiliación es libre y voluntaria siempre que se cumplan los reglamentos y requisitos. De esta forma se asegura la participación de todos los miembros en la gestión, con la opción de poder ser elegidos como directivos y gerentes que deben defender los intereses, no sólo la opinión, de todos los asociados. Por otra parte, también permite que las cooperativas sólo acepten aquellos socios que participan a determinado grupo o ramo de actividad, por ejemplo, cooperativas de agricultores, o limiten el número sólo a los socios que puedan atender de forma eficaz.

2. Control democrático de los socios (un miembro, un voto)

Este principio indica que las cooperativas son gestionadas democráticamente y todos sus socios tienen los mismos derechos y obligaciones sin importar su aportación; asimismo, pueden participar activamente en la fijación de políticas, la toma de decisiones y fijación de objetivos y actividades. Está estrechamente relacionado al principio de "un socio, un voto" revisado en 1966. En las cooperativas de primer grado, todos los socios tienen los mismos derechos de voto. Idéntico sistema regía para las cooperativas de segundo grado o superior, en los que cada cooperativa miembro tiene un voto, independientemente de los socios que tenga, por lo que la revisión de este principio permitió la posibilidad de sistemas alternativos de votos o distribución de los mismos para evitar inequidades.

3. Participación económica de los miembros

El capital de las cooperativas es aportado por los socios en efectivo, bienes, derechos o trabajo. En general, parte de este capital es propiedad común de la cooperativa, para mantener el principio de que la fuerza de la organización proviene de aunar esfuerzos solidarios y de la ayuda mutua. Una de las premisas básicas del movimiento ha sido el considerar el capital como un instrumento al servicio de la sociedad y de sus socios. Este planteamiento ha llevado a plantearse la manera de hacer frente a grandes necesidades de recursos para poder acometer proyectos en gran escala, o la manera de mantener el existente en caso de períodos inflacionarios, sin acumular el capital en mano de inversores o especuladores. Las retribuciones al capital aportado por los socios se hacen de forma limitada (en torno a un 6%) y el excedente, en caso de existir es distribuido según los estatutos. Generalmente son empleados para el desarrollo de la cooperativa mediante el establecimiento de reservas, el pago de dividendos a los socios proporcionalmente a las operaciones realizadas con la cooperativa y el desarrollo de otras actividades autorizadas.

4. Autonomía e independencia

Las cooperativas son organizaciones autónomas cuyo control depende exclusivamente de sus socios. En muchos países el Estado se ha servido de las cooperativas para ejecutar sus planes de desarrollo, especialmente en los Países Menos Avanzados (PMA) o aquellos que tenían economías centralizadas. Aunque, en muchos casos, la experiencia ha resultado fructífera, generalmente han servido para convertirse en apéndices burocráticos del aparato estatal con una pésima administración. De este principio se deriva el que cualquier acuerdo con otras organizaciones gubernamentales o no, deben asegurar el control democrático de los socios y mantener la autonomía cooperativa.

5. Educación, entrenamiento e información

Desde el nacimiento del cooperativismo la educación ha sido uno de los pilares básicos del movimiento, dándole continuidad y asegurando que los cooperativistas sean individuos orientados y conscientes. Todos los socios, los líderes elegidos, los directivos y los trabajadores se deben encontrar en procesos de formación permanente para poder desarrollar su actividad cooperativa eficazmente en la economía de mercado predominante. Este principio contempla la educación, entrenamiento y formación desde una perspectiva técnica y humanística orientada a la responsabilidad social, la preocupación ecológica, el desarrollo cultural y la solidaridad. Una de las modificaciones a la revisión de este principio insiste en la necesidad de informar a la sociedad, en especial a los jóvenes y a los líderes de opinión, de la naturaleza y beneficios de la cooperación.

6. Cooperación entre Cooperativas

Este principio no ha tenido ninguna modificación desde 1966. La cooperación entre cooperativas es una de las fortalezas básicas del movimiento. En un mundo globalizado en el que los Estados pierden la capacidad de controlar la economía internacional, las asociaciones de cooperativas tienen la oportunidad de proteger y ampliar sus intereses en las transacciones internacionales. Los cooperativistas se pueden agrupar libremente en federaciones, uniones o cualquier otra figura asociativa reconocida legalmente que garantice el respeto a todos los asociados y su patrimonio. Igualmente importante es la consecución de economías de escala que permitan abordar eficazmente los modernos métodos de producción y de trabajo, fortalecer sus organizaciones y estructurar grupos de presión frente a las grandes estructuras multinacionales, sean o no gubernamentales.

7. Compromiso con la comunidad

Debido al ideario ideológico del movimiento, este principio contempla la necesidad de conseguir el desarrollo sostenido de sus comunidades, mediante políticas aprobadas por sus socios como opción estratégica para conseguir una sociedad mejor. Aunque no recogido explícitamente en el articulado, las cooperativas han sido desde sus comienzos un elemento importante en el progreso de las naciones. Este planteamiento tiene aun vigencia, y constituyen un autentico motor del desarrollo en los Países Menos Avanzados, donde las dificultades de conseguir economías de escala suficiente para potenciar zonas o actividades económicas empresariales son abordadas por cooperativas, organizaciones campesinas o asociaciones similares.

Los símbolos del cooperativismo

La ACI adoptó la bandera del cooperativismo en su asamblea mundial de 1923 en Gante, Bélgica. La iniciativa partió del francés Charles Gide, quien aseguraba que la idea primigenia era de Charles Fourier.

Tiene los siete colores del arco iris y su significado simbólico es la alianza de los cooperativistas de cuya unión fructificarán las transformaciones sociales que aseguren una convivencia más justa.

Miembros de la Alianza Cooperativa Internacional (ICA)

Portal de la Alianza Cooperativa Internacional (ICA)

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