15/04/2008

La maternidad de la ministra de la defensa como símbolo

La maternidad de la ministra de la defensa como símbolo

Permalink 15.04.08 @ 12:30:00. Archivado en Europa, España, Sociogenética, Antropología conyugal, Ética, Educación, Pro justitia et libertate

Me encanta que el nuevo ministro de la defensa, de padre andaluz y madre catalana, no sea un varón sino una mujer y además que esta mujer, emblema de la juventud española dispuesta a crear futuro, esté embarazada; con lo cual los soldados, sobre todo los varones, tendrán claro, al admirar y seguir día a día el espléndido embarazo de su hermosa ministra:

1) que el mayor sentido de su profesión consiste en defender a quien es agredido o se encuentra amenazado y especialmente a las mujeres cuando, con enorme amor, coraje, delicadeza y generosidad, llevan en su vientre el futuro de España y de la humanidad;

2) que sin las mujeres, cuyo privilegio es el poder ser madres, ellos ni siquiera existirían;

3) que no se les ocurra concebir el ejército como un refugio ni de machistas ni de feministas masculinizadas;

4) que conciban su carrera como un compromiso con la defensa de la paz y con la disposición a proteger y ayudar a las comunidades, familias y personas, cualesquiera que ellas sean, en situación de emergencia;

5) que el ejército sea una escuela de igualdad solidaria, especialmente entre las mujeres y los varones que lo componen;

6) que las mujeres y los hombres que viven la pasión de la defensa de la comunidad humana, tanto española como universal, sepan que el machismo y el feminismo agresivos, como todos los otros extremismos dominantes y exclusivos, deben dejar de existir, para ceder su lugar a la pasión unitiva del amor entre seres complementarios;

7) que la pasión constructiva de existir juntos creando reemplace la pasión destructiva del dominio o de la explotación de los unos por los otros;

8) que la maternidad de la ministra de la defensa sea símbolo de que en España y, por consiguiente, en Europa y en el Mundo se sigue avanzando en un sentido de progreso social y político plenamente humanitario.

9) que sea una muestra visible de la integración del Ejército en nuestra sociedad y en un mundo más solidario el que una mujer dirija Defensa, asignándose como objetivos de su mandato la participación en misiones internacionales; la modernización de los ejércitos; la búsqueda de un amplio consenso social y político; y el desarrollo de la Ley de la Carrera Militar.

Dentro de este programa, sumamente simbólico, la incorporación y promoción de la mujer es un campo en el que se ha avanzado mucho, pero en el que aún se debe avanzar más, porque "la inteligencia y el valor de las mujeres se agregan al valor y a la inteligencia de los hombres; hombres y mujeres, en las fuerzas armadas como en el resto de la sociedad, no restan, suman". (Carme Chacón).

Uno de los representantes más calificados de nuestras fuerzas armadas explica la sociogenética de estos pensamientos y deseos, que experimentamos hoy muchos españoles, al contemplar con extrema satisfacción y no disimulada ternura la toma de posesión del ministerio de la defensa por Carme Chacón, cuya maternidad simboliza de manera visible la gestación del futuro solidario de España.

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Una mujer en la estela de Gutiérrez Mellado
por Alberto Piris,
General de Artillería en la Reserva

Desde aquellos tres ministerios militares (del Ejército, de Marina y del Aire) que existieron durante el régimen del general Franco, encabezados siempre por altos mandos de cada ejército respectivo, con los que a duras penas se pretendía dirigir la actividad militar española, hasta un unificado Ministerio de Defensa, regido hoy por una joven mujer procedente del socialismo catalán, se ha producido una enorme transformación cuyo valor puede resultar difuminado por el paso del tiempo, pero que no podemos ignorar los que hemos vivido la profesión militar durante varias décadas.

Durante el franquismo, bastantes éramos los militares que, habiendo efectuado cursos en el extranjero y conociendo bien el funcionamiento de los ejércitos en otros países, comprendíamos que era inviable, a corto plazo, la permanencia de aquella "trinidad ministerial" y su consiguiente dispersión de esfuerzos y tendencia a la descoordinación.

Pero grandes eran los intereses creados y las susceptibilidades enraizadas en los viejos y nuevos mandos militares —en un régimen político cuya supervivencia dependía en gran parte de los ejércitos— y muy arduos los esfuerzos tendentes a racionalizar el funcionamiento de lo militar cuando esto, además, implicaba sustituir el caduco concepto de “columna vertebral de la Patria” por el más democrático de “brazo armado del Estado”. En ese sentido trabajó, con muy duro desgaste personal, el admirable general Díaz Alegría, una de cuyas preocupaciones fue la de corregir los defectos estructurales que la Guerra de Ifni había puesto ya de relieve en 1958, pero que fueron ocultados y culpablemente ignorados durante los años posteriores.

En esa estela se movió también la actividad del general Gutiérrez Mellado, timoneando la Institución Militar en algunos de sus más difíciles momentos, tras la irrupción en ella del enfrentamiento político que afloró con violencia tras la muerte de Franco.

Una imagen, recientemente reproducida por televisión con motivo de la segunda vuelta del nombramiento presidencial en el Parlamento, puede ser el símbolo más significativo de aquellas crisis: la de Gutiérrez Mellado resistiendo en pie, el 23 de febrero de 1981, la brutal agresión del golpista Tejero, que pretendía derribarle al suelo del hemiciclo. No lo logró.

No creo exagerado afirmar que en ese, para mí, momento crucial de nuestra Historia reciente están algunas de las raíces de la legitimidad democrática con la que hoy Carme Chacón ocupa el puesto de máxima responsabilidad al frente de las Fuerzas Armadas españolas.

Los ejércitos hubieron de aceptar después lo que en un principio se consideraba aberrante: ser dirigidos por personal civil, por “paisanos”: ¿Qué saben éstos de lo que es ser militar?, se quejaban los irreductibles.

Presencié también la hostilidad con la que en 1980 se recibió al presidente Suárez en su primera visita a la Escuela de Estado Mayor del Ejército, acompañando al Rey para presidir uno de los más solemnes y tradicionales actos de este centro de enseñanza: la entrega de diplomas a los nuevos oficiales del Estado Mayor.

Para algunos, la presencia de Suárez (“el traidor”) equivalía a la abominable profanación de un sanctasanctórum militar. Como gesto de humilde desagravio, acudí, con un par de compañeros, a saludar al presidente en la copa que siguió al acto y hacerle sentir que no estaba tan solo cuando se rodeaba de militares. Agradeció, cortés y sorprendido, nuestro insólito gesto.

Las siguientes transformaciones que hubo que ir aceptando fueron el nombramiento de ministros de Defensa no militares (llamados despectivamente “políticos” por algunos profesionales que vivían en la nostalgia del pasado y añoraban su retorno) y, lo que es peor, ¡socialistas! (recuérdese el impacto de aquella fotografía de Felipe González y Narcís Serra presidiendo una misa de campaña en la División Acorazada en diciembre de 1982); la incorporación progresiva de la mujer a los ejércitos; y, sobre todo, la apertura de éstos a nuevas misiones que les abrían los ojos al exterior y acabarían por vencer la obsesiva preocupación por el enemigo interior que tanto daño había producido en la mentalidad militar en los últimos decenios del franquismo.

Aunque siempre habrá quienes se aprovechen de las circunstancias personales de la nueva ministra de Defensa para criticarla y dar salida a sus resentimientos ocultos, el solo hecho de su nombramiento es un hito notable en la progresiva transformación social y política de los españoles.

Es natural que algunos nos quejemos cuando en otros campos no se avanza con el ritmo o en el sentido que desearíamos, y a veces reprochamos al Gobierno lo que creemos ser debilidades o cambios erráticos en el rumbo político. Pero obvio es reconocer que el nombramiento para dirigir el Ministerio de Defensa de una mujer, por ende joven, socialista, catalana y embarazada, es un indicativo de que en España se sigue avanzando en un sentido de progreso social y político.

¡Que la suerte y el acierto acompañen a la nueva ministra de Defensa!

14/04/2008.

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