23/01/2008

"El obispo de las sillas de ruedas” nos habla de Nico, su general

"El obispo de las sillas de ruedas” nos habla de Nico, su general

Permalink 23.01.08 @ 18:48:48. Archivado en Universidades, Pro amicitia universale, Ética, Educación, Migraciones, Pro justitia et libertate

Un proyecto de gran éxito del Servicio Jesuita de Camboya, (SJC) es la cirugía ortopédica.

Banteay Prieb ('la casa de la paloma') es un centro situado a 23 Km. de Phnom Pehn, sede del proyecto para discapacitados donde se trabaja en colaboración con otras ONG.

Kike Figaredo jesuita, actual Obispo de Battambang, lleva 21 años trabajando, inicialmente con los refugiados en Tailandia y Joaqui Salord, tambien jesuita español, quién coordina el proyecto para discapacitados, lleva más de 15 años en Camboya.

El proyecto para discapacitados comprende la fabricación de sillas de ruedas. En ello trabajan 20 minusválidos, todos ellos víctimas de las minas, que fabrican una media de 1000 sillas al año. Este proyecto ha tenido gran repercusión en el mundo, hasta el punto de que ha dado al hoy obispo de Battambang, Kike Figaredo, el nombre de “el obispo de las sillas de ruedas”. Se trata de sillas de ruedas fabricadas por mutilados para los propios mutilados.

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El padre Adolfo Nicolás
por
Enrique FIGAREDO ALVARGONZÁLEZ SJ, llamado familiarmente Kike,
prefecto apostólico de Battambang
(Camboya).

Los Jesuitas estamos llenos de alegría y esperanza por el nuevo padre general de la Compañía de Jesús, que es una persona excepcional. El padre Adolfo Nicolás es una persona muy unida a Dios, con gran amor y preocupación por la Iglesia y su futuro. Es inteligente, con experiencia de gobierno, con gran visión sobre el mundo y sus necesidades, a lo que se añade, y le hace más excepcional, que es una persona alegre y simpática, llena de paz, que no puede venir más que de Dios. Nico, como le han llamado hasta ahora sus amigos en la Compañía, es un conversador cercano, de trato sincero y muy profundo en su reflexión teológica.

Reúne todas las cualidades que San Ignacio le pide a un padre general, y es también un hermano jesuita muy querido, un gran compañero. En Camboya es muy estimado y, humildemente, tengo que decir que personalmente no sólo le aprecio y le estimo como amigo y compañero, le estoy muy agradecido por su cercanía y cariño a todos nosotros y a nuestra misión. Nos ha ayudado muchísimo en estos últimos 14 años, desde que la misión de Camboya se institucionalizó tras la primera presencia a través del servicio jesuita para los refugiados. Fue nuestro segundo superior mayor durante varios años, pero antes de serlo, desde el Japón, siempre fue muy cercano a nosotros, visitándonos. Nos apoyó dándonos su inspiración teológica y misionera con sus charlas y seminarios, interesándose por los pobres en Camboya, por nuestros apostolados, por nuestros retos..., y también dándonos los ejercicios espirituales anuales a nuestro equipo apostólico, que recoge tanto a jesuitas como a religiosos, religiosas y laicos.

También en mi visita a Japón no sólo nos facilitó nuestro trabajo, nos acogió en su comunidad, en una casa sencilla y pequeña de estilo japonés, símbolo no sólo de su amor y respeto a los japoneses, sino también del esfuerzo de la Iglesia en la inculturación y sensibilidad al estilo de vida y las formas culturales en Asia. Nos introdujo en su apostolado en los cuidados pastorales con emigrantes en Japón, principalmente filipinos.

He trabajado con él como superior y compañero. Su trato es siempre cercano, positivo, alegre y realista. Nunca faltan el sentido del humor ni las «chispas» de la presencia del Evangelio y de la presencia de Dios. Todo lo pone en la perspectiva primera de la relación con Dios. El Señor es lo primero.

En estos últimos años, en momentos de dificultad de nuestra misión en Camboya, siempre me he sentido animado y apoyado por él, con su espiritualidad, su trato y su visión profunda sobre las cosas. Por otro lado, si tiene que hacer alguna corrección fraterna, la hace con cariño y sin pelos en la lengua. En lenguaje directo y llamando las cosas por su nombre.

Hasta hoy era el presidente de la Conferencia de Provinciales de Asia-Pacífico, y su manera de gobernar ha sido excepcional. Hemos trabajado juntos la planificación pastoral a través del EAPI (East Asia Pastoral Centre), sus ideas son claras y el modo de proceder es delicado, abierto al diálogo, inspirado en el trato. Su preocupación por la Iglesia, la formación de los sacerdotes, la vida consagrada, el liderazgo en las comunidades y el diálogo interreligioso son parte integral de su vida.

Este último mes de julio estuvo aquí, en Battambang, de visita, como en estos últimos cinco años ha acostumbrado. Nico, como superior y compañero, como amigo y hermano, como inspiración y luz, ha visitado nuestros proyectos, interesándose mucho por nuestra marcha, por los nuevos retos, por la gente..., y en esta última visita nos dio una charla sobre el padre Arrupe, al que conoció personalmente y el que es para nosotros, que llevamos su nombre en nuestro centro para las actividades con personas con discapacidad, símbolo de la inspiración del carisma jesuita en el servicio a los niños discapacitados. Nico nos dio una visión sencilla y brillante de su personalidad, de la figura y de la visión del padre Arrupe. Luego viajamos juntos a Filipinas para nuestra reunión del Instituto Pastoral EAPI. En noviembre volvimos a estar juntos en otra reunión, muy interesante, de programación y formación pastoral en Manila. Él ya estaba muy en las preparaciones previas de la congregación general.

La Iglesia entera y los jesuitas tenemos mucha suerte de tener al padre Nicolás como nuevo superior general de la Compañía de Jesús. Creo que su manera de ser, y con su visión sobre los retos del mundo, el padre Nicolás nos ayudará tanto al cuerpo de los Jesuitas como a la Iglesia general a seguir profundizando y afinando en nuestras vocaciones personales para tener un mejor servicio al mundo de hoy en colaboración y diálogo.

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