04/01/2008

Los jesuitas elegirán su nuevo General 2/2

Los jesuitas elegirán su nuevo General 2/2

Permalink 04.01.08 @ 23:13:13. Archivado en Europa, Las Américas, Universidades, España, Sociogenética, Ética, Religiones, Educación, Pro justitia et libertate

Entrevista al Padre Peter-Hans Kolvenbach,
Superior General de la Compañía de Jesús

por Ignacio Arregui SJ
, ex jefe de informativos de Radio Vaticana.

P.1.- Padre Kolvenbach: Vd. fue elegido Prepósito General de la Compañía el 13 de setiembre de 1983. Sucedía en el cargo al P. Pedro Arrupe. Pero antes de su elección, los jesuitas vivieron unos años de transición con el Padre Paolo Dezza como Delegado de Juan Pablo II al frente de la Compañía. Una situación anómala y difícil. ¿Qué sentimientos experimentó en aquellos momentos de tensión entre la Compañía y la Santa Sede?

R.- Era consciente de las dificultades con las que se enfrentaba la Compañía y la tensión con el Vaticano. Pero basta conocer un poco la historia de la Compañía y recordar algunos episodios de los primeros años, para no extrañarse de que ocurran esos momentos de tensión, fruto frecuente y, hasta cierto punto inevitable, del celo de los jesuitas.

La decisión del Santo Padre de nombrar un Delegado personal en la persona del Padre Dezza fue ciertamente una medida extraordinaria en tiempos modernos, pero me confortó constatar cómo la habían recibido la gran mayoría de los jesuitas. En contra de muchas predicciones, y quizá para desengaño de algunos, la Compañía recibió la orden del Papa con ecuanimidad, seriedad y obediencia. No en vano hacemos un voto especial de obediencia al Vicario de Cristo. Yo creo que en aquellos momentos San Ignacio, que también había conocido dificultades parecidas, bendijo desde el cielo a la Compañía.

P.-2- El Padre Arrupe fue Superior General durante 16 años, desde 1965 hasta 1983. El día en que Vd. fue elegido nuevo Prepósito General se dice que Vd. Se acercó al Padre Arrupe y le abrazó diciéndole: Ya no le llamaré Padre General pero seguiré llamándole Padre. Después de 24 años en el cargo ¿qué valoración hace Vd. ahora del Padre Arrupe?

R.- Veinticuatro años parecen un período largo. Pero desde el punto de vista histórico, a pesar de la aceleración con que vivimos en este siglo, es preciso que transcurran más años antes de que podamos pesar el influjo del Padre Arrupe en la marcha de la Compañía. El voluminoso libro de casi mil páginas publicado recientemente ofrece pruebas inequívocas del liderazgo del Padre Arrupe dentro y fuera de la Compañía. La voz casi unánime que aclama al Padre Arrupe como “profeta” del post-Concilio Vaticano está sólidamente fundada. Un hombre de Dios que puso sus innegables talentos al servicio incondicional del Vicario de Cristo en la tierra..

P.3.- Cuando el Padre Arrupe fue elegido Prepósito General en 1965 los jesuitas eran 36.000. Según los últimos datos ahora se han reducido a 19.200 en 127 países. ¿Cómo afronta la Compañía de Jesús la escasez de vocaciones?

R.- Como Vd. Sabe, la Compañía no es la única orden religiosa que se enfrenta con una dramática disminución de sus miembros, aunque sigamos siendo la más numerosa de la Iglesia como señala un estudio recientemente publicado por un religioso que no es jesuita.

No hay duda de que nos gustaría contar con más jesuitas… con tal de que fueran auténticos jesuitas. Pero sería una temeridad querer enmendar la plana que para bien del mundo traza el Señor de la viña. Y podemos colegir que el Espíritu Santo, que dirige los destinos de la Iglesia y estuvo presente en el Concilio Vaticano, escribe derecho con líneas torcidas. Antes, la misión de la Iglesia descansaba principalmente sobre los hombros de sacerdotes y religiosos (ellos y ellas). Ahora el Espíritu ha suscitado una legión de laicos y laicas que, como nunca en la Iglesia, se ha hecho consciente de la misión recibida con el bautismo. El centro apostólico se ha desplazado hacia las comunidades cristianas en su totalidad, y de eso debemos dar gracias a Dios. Sin menoscabo de esto, no hay duda de que la vocación religiosa seguirá acogiendo a aquellos y aquellas que, como decía San Ignacio en los Ejercicios Espirituales, quieran dedicar “sus personas”, total e indivisiblemente, a proclamar el Reino de Dios. Las vocaciones son un don de Dios a la Iglesia y confiamos que, sin obsesionarnos con los números, ese don de Dios continúe a vivificar la misión de la Iglesia por el bien del mundo. A cada familia religiosa le corresponde descubrir o redescubrir lo específico de su don a la Iglesia.

P.4.- La próxima Congregación General –que será la número 35 en la historia de la Compañía- comenzará su trabajo el 7 de enero de 2008. Con la aprobación del Santo Padre elegirá un nuevo Prepósito General. Además de la elección de su sucesor ¿qué espera Vd. de la Congregación?

R.- Espero que la Congregación cumpla el objetivo que San Ignacio señala para ella: la elección de un Superior General y el “discernimiento” para poner a punto la misión de la Compañía.

Dada la estructura de la Compañía, la elección del Superior General entra en lo que San Ignacio consideraba cuestiones de mayor momento. Ignacio trazó con mano firme la línea vertical a través de la cual llega hasta el jesuita de a pie la voluntad de Dios interpretada por el Superior General.. Esta línea vertical no es dictatorial: se cruza con la horizontal en la que participan un amplio número de miembros de la Orden, desde superiores locales hasta las personas concretas a las que van dirigidas las decisiones del Prepósito General. El fin de esa conjunción vertical-horizontal es “discernir” en forma dialogada hasta encontrar juntos la voluntad de Dios. Este modo de gobierno es una alternativa ignaciana al gobierno “capitular” de las Órdenes religiosas tradicionales.

El otro punto de mayor momento es el examen de las luces y sombras que pueda haber en la Compañía, buscar su remedio y poner al día la misión a la que estamos llamados. Nadie se hace ilusiones de que a pesar de la calidad de los miembros que participan en la Congregación podamos llegar a una solución definitiva de los problemas que acucian a la Iglesia y a la Compañía. Pero, con la gracia de Dios, queremos afinar la actividad apostólica de los jesuitas. Es una misión que nosotros deseamos recibir directamente del que es Vicario de Cristo en la tierra; porque el jesuita es un hombre en misión, que se ha ofrecido para anunciar al que es el origen de toda vida humana y que es también su definitiva finalidad.

P.- 5. Se han hecho públicos, en diversas ocasiones, los problemas que han tenido algunos jesuitas con la Santa Sede o con jerarquías eclesiásticas locales por planteamientos doctrinales o pastorales. ¿Es inevitable que surjan estas incidencias?

R.- Que surjan algunas dificultades de ese tipo no debería sorprendernos si tenemos en cuenta las palabras que dirigió a la Compañía Pablo VI el 3 de diciembre de 1974, cuando exhortó a los jesuitas reunido en Congregación General, a continuar en la fidelidad de nuestros antecesores. Palabras que recibimos con humilde reconocimiento. Nos dijo el Papa en aquella ocasión: Dondequiera que en la Iglesia, incluso en los campos más difíciles y de primera línea, en los cruces de ideologías, en las trincheras sociales, ha habido o hay confrontaciones entre las exigencias del hombre y el mensaje cristiano, allí han estado y están los jesuitas.

Estar en las trincheras, en la vanguardia de la misión de la Iglesia, lleva consigo
estar expuestos a peligros que no siempre superamos con gallardía. En la línea incierta de la vanguardia se libran escaramuzas (teológicas e intelectuales) de cuerpo a cuerpo. Como Jacob salió cojeando d aquella lucha nocturna con el ángel, también algunos de los nuestros pueden salir de esas batallas cojos y heridos. Por eso tenemos que aceptar con humildad que la Iglesia restañe nuestras heridas. Heridas que en ciertos momentos son gloriosas.

P.6- Vd. Acaba de realizar una visita a Vietnam. Y en China parece que se dan importantes novedades en la normalización de las relaciones entre las dos comunidades de católicos y el gobierno de Beijing. Hay también algunos jesuitas en Afganistán…¿Está mejorando la situación de la Iglesia católica en los países asiáticos de régimen comunista?

R.-La presencia de la Iglesia en los países asiáticos está sujeta, en primer lugar, a la acción del Señor de la viña que más allá de nuestras expectativas y temores, misteriosamente abre o cierra las puertas a la acción de la Iglesia. Por el momento vemos señales esperanzadoras en lo que toca a puertas que han estado herméticamente cerradas durante años y que ahora parecen entreabrirse. Esa señal nos invita a ponernos en situación de alerta para no dejar pasar la ocasión cuando se presente. Eso es todo lo que podemos decir al mismo tiempo que procuramos desarrollar iniciativas académicas y culturales que forman parte de un plan apostólico encaminado, con la ayuda del Señor, a llevar a plenitud las aspiraciones religiosas que se encuentran en el fondo de las religiones asiáticas..

P.7.- En Bilbao nació el Padre Arrupe y aquí, en Bilbao, otro jesuita, Francisco Gárate trabajó simplemente como portero en la Universidad de Deusto durante unos 40 años. Fue beatificado en 1985, y ahora conmemoramos el 150 aniversario de su nacimiento. Junto a la enorme personalidad de Pedro Arrupe ¿qué cabe destacar en la vida de Francisco Gárate?

R.- La riqueza espiritual de la Compañía nacida al calor del carisma ignaciano. En definitiva, el Evangelio puesto al día, vivido en cualquiera y en todas las circunstancias, piedra y fundamento en los Ejercicios Espirituales: lo mismo da vida larga que corta, salud o enfermedad… una vida con resonancia de aplausos (sin que falten censuras) como la del P. Arrupe, y otra en la que resuena el timbre incesante del teléfono en una portería acosada de llamadas no siempre corteses, recibidas con inalterable serenidad por el H. Gárate . Arrupe fue heraldo del Reino poniendo a su servicio su capacidad de liderazgo, su palabra encendida, su don de gentes, sus últimos años de silencio, su humillación pública, la visitas de algunos grandes de la tierra… Con el mismo afán y dedicación, el Hermano Gárate susurraba sus palabras de bienvenida a los que llamaban a la puerta de Deusto, y trasmitía fielmente los encargos que le daban. A los ojos del Señor el óbolo de la viuda tiene un peso que se escapa a nuestras balanzas. Vivir esos valores es lo que aúna al P. Arrupe y al H. Gárate.

P.8.- A sus 79 años de edad y 24 de gobierno de la Compañía bajo dos Sumos Pontífices (Juan Pablo II y Benedicto XVI) cómo ve ahora su largo encargo al frente de la Orden más numerosa en la Iglesia?

R.- Prefiero dejar en manos de los historiadores el juicio sobre mi incidencia en el cuadro de luces y sombras que han caracterizado este período de 24 años durante el cual el Señor me llamó a cuidar de la Compañía de Jesús. Por encima de mis aciertos y deficiencias estoy seguro de que el legado de Ignacio, abierto a las necesidades del mundo y de la Iglesia, tiene la garantía de continuar en el servicio fiel al Señor y a su Esposa la Iglesia , sin descontar la flaqueza humana que siempre nos acompañará.

Ignacio Arregui SJ

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Image: Les Pères Arrupe et Kolvenbach

"Pour nous et avec nous, le Père Arrupe scrutait les signes du Royaume et de sa venue parmi nous. Il savait combien il est difficile de prophétiser, surtout, comme le dit un proverbe chinois, lorsqu'il s'agit de l'avenir. Mais il se laissait envahir par l'avenir de l'Eglise, celui de la vie consacrée, celui, surtout, de la Compagnie de Jésus".

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