09/12/2007

Armas de fuego en El Quijote

Armas de fuego en El Quijote

Permalink 08.12.07 @ 23:58:06. Archivado en Europa, El Quijote, España, Sociogenética, Pro pace, Ética, Educación, Pro justitia et libertate
La Amistad Europea Universitaria está con El Tiemplo por la paz, la libertad y la derrota de ETA.

Ofrecemos esta reflexión a quienes piensan como nosotros que el terrorismo es incompatible con el honor personal y con el amor de su pueblo, porque los terroristas prefieren el malvivir destruyendo al bienvivir conviviendo, y el hacer morir o el no dejar vivir al pervivir sirviendo y defendiendo a la humanidad como la mejor manera de vivir y morir heroicamente por su propio pueblo.

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La condena de la artillería (1) es constante en la literatura épica y moralista de nuestra edad de Oro; su expresión más incisiva y acabada quizá se encuentre, a mediados del siglo XVII, bajo la pluma del jesuita Baltasar Gracián (1601-†1658), autor de El Criticón, 1651-1657, de cuya sátira nada ni nadie se librará (Blecua).

Para comprender la actitud de don Quijote con respecto a la artillería, hay que prestar atención a la mala fama que tenían entre la gente de honor, en la época de Cervantes, las armas de fuego, contra las que nada valía el denuedo personal del caballero (antes Petrarca, 1304-†1374, y Ariosto, 1474- †1533, que puede ser la fuente inmediata de Cervantes, Orlando furioso, IX, 91, y XI, 23 ss. o, para ambos escritores, los diálogos del Arte della guerra de Maquiavelo.; después Quevedo, 1580-†1645)

Esta mala fama es tal, y en particular con respecto al arcabuz, que el lexicógrafo Covarrubias declara:

«Arma forjada en el infierno, inventada por el demonio… », Cov. 139.a.23 y 140.a.39.

Esta misma actitud aparece en el concierto de Diego Pérez con un cosario francés, su enemigo, tal cual El Inca Garcilaso la explica:

«Y para adelante, pusieron treguas sobre sus palabras, que no se ofendiessen ni fuessen enemigos de noche sino de día, ni se tirasen con artillería, diziendo que la pelea de manos con espadas y lanças era más de valientes que las de las armas arrojadizas, porque las ballestas y arcabuzes de suyo davan testimonio aver sido invenciones de ánimos cobardes o necessitados, y que el no ofenderse con la artillería, demás de la gentileza de pelear y vencer a fuerça de braços y con propria virtud, aprovecharía para que el vencedor llevasse la nao y la presa que ganasse, de manera que le fuesse de provecho sana y no rota. Las treguas se guardaron inviolablemente, mas no se pudo saber de cierto qué intención huviessen tenido para no ofenderse con la artillería, si no fue el temor de perecer ambos sin provecho de alguno dellos.», La Florida, p. 127.

He aquí el texto fundamental de don Quijote sobre la artillería:

«Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería, a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que, sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala, disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar de la maldita máquina, y corta y acaba en un instante los pensamientos y vida de quien la merecía gozar luengos siglos.», I.38.2.

Es lógico que, en consonancia con esta actitud, don Quijote sienta temor por su vida ante los artilleros del pueblo del rebuzno y sus armas de fuego:

«viendo que … le amenazaban mil encaradas ballestas y no menos cantidad de arcabuces, volvió las riendas a Rocinante, y a todo lo que su galope pudo, se salió de entre ellos, encomendándose de todo corazón a Dios, que de aquel peligro le librase, temiendo a cada paso no le entrase alguna bala por las espaldas y le saliese al pecho, y a cada punto recogía el aliento, por ver si le faltaba.», II.27.19.

«La huida ante las armas de fuego (única amenaza ante la cual un caballero podía retroceder sin deshonra) no era considerada en la época como signo de cobardía», Ignacio Arellano, en Rico 1998 b, p. 159. ® arcabuz.

|| la artillería gruesa: En su fonografía (descripción sonora) del puerto de Barcelona, el narrador se sirve de la aliteración consonántica para evocar el horror que le inspira la artillería gruesa («las piezas gruesas cañones », Cov.), la más traidoramente mortífera:

«la artillería gruesa con espantoso estruendo rompía los vientos, a quien respondían los cañones de crujía de las galeras. », II.61.3.

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(1) artillería (doc. ±1430, del fr. artillerie del fr. ant. artillier 'preparar' del lat. vulg. *apticulare del lat. aptare 'adaptar') f. 'arte de construir y emplear máquinas y municiones de guerra'; por metonimia: 'conjunto de estas armas'

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Fuente: Este artículo forma parte de: Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid, 2005-2006. Publicación precedente por la AEU: el 10.03.06.

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