23/09/2007

La desmemoria del alzheimer

La desmemoria del alzheimer

Permalink 23.09.07 @ 13:30:30. Archivado en Pragmática, Antropología, Educación, Pro justitia et libertate

El amor es la mejor clave para evitar la desmemoria. La tragedia actual de la desmemoria provocada por el alzheimer es que el amor se encuentra muy solo para poder con ella. Si la humanidad quiere superar la obstinación de esta epidemia, venciéndola mediante la alianza del amor con la ciencia médica, tiene que prestarle más atención que a las industrias de la guerra, cuyo absurdo empecinamiento puede terminar con la memoria de la humanidad. Vencer el reto del alzheimer sería devolver a la humanidad la mejor parte de su memoria perdida, que es la que anuncia para todos los humanos un futuro mejor, ese futuro que todos nos preparamos, imaginando nuestra propia longevidad y la longevidad de nuestros seres amados.

La enfermedad de Alzheimer es un proceso neurodegenerativo del tejido cerebral, que implica la pérdida progresiva e irreversible de las funciones mentales. Se caracteriza en su forma típica por una pérdida progresiva de la memoria, seguida de la de otras capacidades mentales, proceso que evoluciona a medida que las neuronas (células nerviosas) mueren y que, consecuentemente a esta muerte progresiva, diferentes zonas del cerebro se atrofian. Es la principal causa de demencia en los ancianos, con alrededor de 24 millones de enfermos a través del mundo.

Se distinguen habitualmente una “forma familiar”, llamada así por su origen hereditario, que comienza precozmente y es relativamente poco frecuente, y una “forma esporádica”, que es la que suele manifestarse en los ancianos, cuyo origen parece ser multifactorial y que es con mucho estadísticamente la más común.

Aún no se conoce bien el proceso neurodegenerativo responsable de la enfermedad. Se observan como causas aparentes probables la formación de placas amiloideas, que desencadenan una respuesta inflamatoria, y/o la aparición de filamentos proteínicos enredados dentro de los cuerpos celulares de las neuronas. La atrofia neuronal resultante afecta en primer lugarel lóbulo temporal y, en particular, el hipocampo; luego, en una fase clínica, degrada las cortezas asociativas frontales y temporo-parietales. La enfermedad suele tener una duración media aproximada de 10-12 años, aunque ésta puede variar mucho de un paciente a otro.

La causa primera exacta es aún desconocida, pero se supone que contribuyen factores genéticos y medioambientales. Se han definido cambios en al menos cuatro genes que predisponen a la enfermedad de Alzheimer (1). Las causas genéticas se cuestionan especialmente en los casos familiares con principio precoz. Para la forma más común de Alzheimer, la senil, se identificaron varios genes de susceptibilidad.

Hasta los años sesenta, se suponía que la enfermedad era rara, pero más tarde se advirtió que en muchos casos, síntomas que se habían tomado como aspectos normales de la senectud estaban incluidos en realidad en esta enfermedad.

El primer síntoma sorprendente es la pérdida del recuerdo de acontecimientos recientes (amnesia); se manifiesta inicialmente por distracciones menores, que se acentúan progresivamente con la progresión de la enfermedad, mientras que se preservan relativamente los recuerdos más antiguos. Posteriormente, los déficits cognoscitivos se extienden a los ámbitos de la lengua (afasia), de la organización de los movimientos (apraxia), del reconocimiento visual (agnosia) y a las funciones ejecutivas (como las tomas de decisión y la planificación). Estos últimos síntomas reflejan en particular el proceso patológico de dégeneración que alcanza los lóbulos frontales del cerebro. Estos cambios psicológicos influyen sobre las calidades humanas esenciales y por esta razón la enfermedad de Alzheimer se describe a veces como una enfermedad donde las víctimas sufren la pérdida de cualidades que forman la esencia de la existencia humana.

Causas, o más bien: hipótesis etiológicas actuales

Las causas de la enfermedad no han sido completamente descubiertas, aunque se han relacionado con el cúmulo anómalo de las proteínas beta-amiloide y tau en el cerebro de los enfermos. En una minoría de enfermos, la enfermedad de Alzheimer se produce por la aparición de mutaciones en los genes PSEN1, PSEN2 y APP. En este caso la enfermedad aparece en épocas tempranas de la vida y se transmite de padres a hijos (por lo que existe habitualmente historia familiar de la enfermedad de Alzheimer en edades precoces).

Recientemente un número importante de investigaciones han relacionado la enfermedad de Alzheimer con desórdenes metabólicos, particularmente con la resistencia a la insulina. La expresión de receptores de la insulina ha sido demostrada en las neuronas del sistema nervioso central como el hipocampo. En estas neuronas, cuando el receptor de la insulina se une a su receptor propio, se promueve la activación de cascadas de señalización que conducen al cambio de la expresión de genes relacionados con los procesos de plasticidad sináptica y enzimas relacionadas con el clearance de la misma insulina y del beta-amiloide. Estas enzimas degradantes de la insulina promueven la disminución de la toxicidad debida al amiloide en modelos animales. Por otra parte, la insulina actuando como factor de crecimiento promueve la supervivencia neuronal. En general un defecto de la señal de la insulina podría conducir por una parte a la muerte neuronal por apoptosis -por la falta de la señal neurotrófica- y por otra parte a la pérdida de mecanismos de eliminación de los amioloides-beta y defectos en los procesos de formación de la memoria y su potenciación a largo plazo. Este modelo de la enfermedad sugiere la posibilidad de encontrar nuevas alternativas terapéuticas que son actualmente desarrolladas, y de prevención de la enfermedad en términos de un estilo de vida saludable.

Los factores de riesgo más claramente establecidos son la edad avanzada y los antecedentes familiares de enfermedad de Alzheimer (lo que sugieren una causa genética). Otros factores de riesgo en estudio son el sexo femenino (parece ser independiente de la mayor longevidad de las mujeres), el bajo nivel educativo (se ha propuesto que es más frecuente en los grupos con menor nivel educativo, pero puede afectar a personas de todos los niveles intelectuales), el síndrome de Down y los antecedentes de traumatismo cefálico, hipotiroidismo, epilepsia y depresión. También se ha especulado con factores dietéticos (como déficits vitamínicos) y ambientales (tabaquismo, exposición al aluminio o al zinc, etc..), pero sin resultados concluyentes hasta el momento. En cuanto a los factores protectores, los más estudiados son el consumo de antioxidantes como la vitamina E, fármacos antiinflamatorios y estrógenos, pero no existen conclusiones que permitan adoptar estrategias preventivas al respecto.

Epidemiología

La edad avanzada es el principal factor de riesgo para sufrir la enfermedad de Alzheimer (mayor frecuencia a mayor edad), aunque en una minoría de casos se puede presentar en edades menores a 60 años. Entre el 2% y el 3% de los menores de 65 años muestran signos de la enfermedad, mientras sube hasta el 25% y el 50% en los mayores de 85.

La enfermedad de Alzheimer explica más de la mitad de los casos de demencia de la personas ancianas. La incidencia aumenta mucho con la edad.

En Bélgica, se estima el predominio de esta demencia en 5 a 10 % después de los 65 años, y cerca de un 20 % más allá de los 80 años.

En Francia, el estudio “PAQUID” (1988-2001) hizo ver que un 17,8% de las personas mayores de 75 años son víctimas de la enfermedad de Alzheimer o de una enfermedad emparentada. Igualmente en Francia, según las evaluaciones de 2004, alrededor de 860.000 personas estarían afectadas por la enfermedad de Alzheimer o por desórdenes vinculados a esta enfermedad. Una cifra que podría alcanzar 1,3 millón en 2020 y 2,1 millones en 2040. El número de nuevos casos es de cerca de 225.000 al año.

Diagnóstico

El diagnóstico se basa ante todo en la observación y en la historia clínica resultante. Durante una serie de semanas o meses se realizan pruebas de memoria y de funcionamiento intelectual. También se realizan análisis de sangre y escáner para descartar diagnósticos alternativos. No existe un test pre mortem para diagnosticar concluyentemente el alzhéimer. Se ha conseguido aproximar la certeza del diagnóstico a un 85%, pero el diagnóstico definitivo debe hacerse con pruebas sobre tejido cerebral, generalmente 'post mortem' en la autopsia. Las pruebas de imagen cerebral pueden mostrar (sin seguridad) diferentes signos de que existe una demencia, pero no de cuál se trata. Por tanto, el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer se basa en la presencia de ciertas características neurológicas y neuropsicológicas y en la ausencia de un diagnóstico alternativo, y se apoya en el escáner cerebral para detectar signos de demencia. Actualmente existen en desarrollo nuevas técnicas de diagnóstico basadas en el procesamiento de señales electroencefalográficas. (Wikipedia)

Síntomas

Los síntomas más comunes de la enfermedad son alteraciones del estado de ánimo y de la conducta, pérdida de memoria, dificultades de orientación, problemas del lenguaje y alteraciones cognitivas. La pérdida de memoria llega hasta el no reconocimiento de familiares o el olvido de habilidades normales para el individuo. Otros síntomas son cambios en el comportamiento, como arrebatos de violencia en gente que no tiene un historial de estas características. En las fases finales se deteriora la musculatura y la movilidad, pudiendo presentarse incontinencia de esfínteres (incontinencia urinaria y/o incontinencia fecal.

Desde el enfoque de la Neuropsicología, las alteraciones neuropsicológicas en la enfermedad de Alzheimer son:

• Memoria: deterioro en la memoria reciente, remota, inmediata, verbal, visual, episódica y semántica.

• Afasia: deterioro en funciones de comprensión, denominación, fluencia y lecto-escritura.

• Apraxia: es de tipo constructiva, apraxia del vestirse, apraxia ideomotora e ideacional.

• Agnosia: agnosia perceptiva y espacial.

Este perfil neuropsicológico recibe el nombre de Triple A o Triada afasia-apraxia-agnosia. No todos los síntomas se dan desde el principio sino que van apareciendo conforme avanza la enfermedad.

Fases sintomáticas

El Alzheimer Se caracteriza por un inicio insidioso y un curso invariablemente progresivo, con pérdida de la memoria reciente, falta de concentración, desorientación temporo-espacial, alteraciones afásicas, apráxicas y desestructuración de la personalidad, preservando las funciones motoras hasta estadios avanzados de la enfermedad. Se pueden distinguir tres fases evolutivas: fase inicial, fase intermedia y fase avanzada.

En la fase inicial predomina la pérdida de memoria reciente ("olvidos"), fallos ocasionales en la orientación temporo-espacial, alteración de la iniciativa, problemas en la utilización del lenguaje y cambios de conducta (depresión, ansiedad, rasgos obsesivos, agresividad, etc..) que pueden ser secundarios a la toma de conciencia, por parte del paciente, de la situación en la que está, pero todavía es capaz de desarrollar su actividad habitual.

En la fase intermedia se generaliza la alteración cognitiva, el lenguaje se empobrece y la comunicación con los demás se ve progresivamente reducida; tiene dificultad en la manipulación de los objetos, existe mayor desorientación y dificultades para realizar las actividades básicas de la vida diaria. El comportamiento está sometido a reacciones desmesuradas y pueden aparecer rasgos psicóticos y trastornos de la personalidad.

La fase avanzada transcurre con una afectación global severa, balbucea palabras sin comprender lo que se le dice, incapacidad para reconocer a los familiares próximos, dificultad para tragar, pierde el control de los esfínteres, pierde la capacidad de hablar y de moverse, quedando en lo que se conoce como estado vegetativo.

La evolución es inexorable hacia la invalidez y la muerte, que suele sobrevenir entre 5 y 10 años tras el inicio de la enfermedad. A los 5 años del diagnóstico, entre un 60-70% de los pacientes han ingresado en un centro asistido y entre un 24-30% han fallecido. Los exámenes de laboratorio habituales son normales, y en los estudios radiológicos se puede ver atrofia cerebral difusa.

Tratamiento

En la actualidad no existe tratamiento curativo para la enfermedad, pero sí tratamientos que intentan reducir el grado de progresión de la enfermedad y sus síntomas.

Tratamientos sintomáticos

Se están realizado múltiples ensayos de tratamientos sintomáticos, con la intención de retrasar lo más posible la evolución de la enfermedad. En este sentido son de una enorme ayuda las asociaciones de familiares y enfermos, en las que se puede encontrar soporte educacional y psicológico. Recientemente se emplean con muy buenos resultados la música, el ritmo y la danza.

Tratamientos farmacológicos

Se ha probado la eficacia de fármacos anticolinesterásicos, que tienen una acción inhibidora de la colinesterasa, la enzima encargada de descomponer la acetilcolina, el neurotransmisor que falta en el alzhéimer y que incide sustancialmente en la memoria y otras funciones cognitivas. Se han incorporado al tratamiento de la enfermedad nuevos fármacos que inciden en la regulación de la neurotransmisión glutamatérgica. Con todo esto se ha mejorado el comportamiento del enfermo en cuanto a la apatía, la iniciativa, la capacidad funcional y las alucinaciones, mejorando su calidad de vida. Sin embargo, es preciso recordar a los familiares del paciente que en la actualidad (2007) la mejoría obtenida con dichos fármacos es discreta, es decir, no se ha conseguido alterar el curso de la demencia subyacente.

El primer fármaco anticolinesterásico comercializado fue la tacrina, hoy no empleada por su hepatotoxicidad. En 2006, en España existen 3 fármacos disponibles: donepezilo (comercializado como Aricept), rivastigmina (comercializado como Exelon) y galantamina (comercializado como Reminyl). Los tres presentan un perfil de eficacia similar, con parecidos efectos secundarios. Estos últimos suelen ser alteraciones gastrointestinales, anorexia y trastornos del ritmo cardíaco.

La memantina es un fármaco con un mecanismo de acción supuestamente diferente, que tiene su indicación en estadios moderados y severos de la enfermedad de Alzheimer. Su teórico mecanismo de acción se basa en antagonizar los receptores NMDA glutaminérgicos. Al parecer, un exceso de estimulación glutaminérgica podría producir o inducir una serie de reacciones intraneuronales de carácter tóxico. Los ensayos clínicos han demostrado una eficacia moderada en estos pacientes y un perfil de efectos secundarios aceptables. En 2005 se aprobó también la indicación en estadios moderados de la enfermedad.

Tratamientos complementarios al farmacológico

Existen ciertas evidencias de que la estimulación cognitiva ayuda a ralentizar la pérdida de funciones cognitivas. Esta estimulación deberá trabajar aquellas áreas que aún conserva el paciente, de forma que este entrenamiento permita compensar las pérdidas que el paciente está sufriendo con la enfermedad.

Otros tratamientos que se están investigando

Se están realizando experimentos con vacunas. Están basados en la idea de que si el sistema inmune puede ser entrenado para reconocer y atacar la placa beta-amiloide, podría revertirse la deposición de amiloide y parar la enfermedad. Los resultados iniciales en animales fueron prometedores. Sin embargo, cuando las primeras vacunas se probaron en seres humanos en 2002, se produjo inflamación cerebral, concretamente meningoencefalitis, en una pequeña proporción de los participantes en el estudio, por lo que se detuvieron las pruebas. Se continuó estudiando a los participantes en el estudio y se observó mejora en lo que respecta a la lentitud de progreso de la enfermedad. Recientemente se ha descubierto que la inflamación cerebral estaba producida por una serie de péptidos que se incluían con la vacuna AN-179, por lo que se está investigando en la creación de una vacuna que no tenga esos péptidos en su composición.

De estar esta enfermedad relacionada a la resistencia a la insulina, se presentan múltiples alternativas terapéuticas. El uso de medicamentos empleados en el tratamiento de la diabetes es actualmente evaluado. Por otra parte el empleo de técnicas de inducción enzimática –de enzimas activas por la insulina– ha sido propuesto.

En el campo de la prevención y educación en salud, un estilo de vida saludable, la práctica regular de algún tipo de actividad física y una dieta equilibrada podrían prevenir la aparición de muchos casos de la enfermedad.

Otra de las áreas de investigación es la medicina regenerativa. Se trata de inyectar en el cerebro del paciente células madre embrionarias o adultas, para intentar detener el deterioro cognitivo. Ya se han hecho experimentos en humanos con resultados positivos.

Fuentes: Wikipedia, Enciclopedia Universal DVD © Micronet S.A., Encyclopædia Universalis, Encyclopædia Britannica.

(1) Los estudios genéticos iniciales demostraron que el gen de está enfermedad se localizaba en el cromosoma 21, pero estudios posteriores han demostrado que es una alteración genética compleja. Hasta el momento actual se han detectado 4 genes relacionados con la enfermedad. Tres de ellos (localizados en los cromosomas 21, 14 y 1) tienen relación con la enfermedad de Alzheimer de inicio precoz (antes de los 60-65 años), el otro localizado en el cromosoma 19 (gen de la apolipoproteina E) está relacionado con el inicio tardío.

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Écrit par : hetraifaer | 13/07/2010

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