18/06/2007

Comunicación glocalizada: la Web 2.0

Comunicación glocalizada: la Web 2.0

Permalink 18.06.07 @ 22:28:00. Archivado en Pro amicitia universale, Epistemología, Educación


Web 2.0 is about glocalization, it is about making global information available to local social contexts and giving people the flexibility to find, organize, share and create information in a locally meaningful fashion that is globally accessible.

Technology and experience are both critical factors in this process, but they themselves are not Web2.0. Web 2.0 is a structural shift in information flow. It is not simply about global -> local or 1 -> many; it is about a constantly shifting, multi-directional complex flow of information with the information evolving as it flows. It is about new network structures that emerge out of global and local structures. (*)

Actualmente se está haciendo cada vez más patente la existencia de una doble y simultánea tendencia de la comunicación en este nuevo siglo. Se trata del fenómeno de la globalización y de la atención a lo local, dos caras dentro del mismo mundo informativo. Lo local busca su espacio en la proximidad, mientras que la tecnología y la economía nos conducen a un escenario que cada vez tiene menos barreras. Ese proceso generalizado, con las paradojas y contradicciones que conlleva, viene siendo aquello a lo que algunos estudiosos de la comunicación hacen referencia a través del neologismo inglés glocalization.

El proceso actual de glocalización
La glocalización de la comunicación

por la Dra. Sonia Fernández Parratt
Profesora de la Universidad Carlos III de Madrid

Alvin Toffler sintetizó a principios de los años ochenta los grandes cambios sociales, que se habrían producido por oleadas, de modo que cada una de ellas sepultó a culturas y civilizaciones anteriores y las sustituyó por formas de vida inconcebibles hasta entonces. Así, la primera ola de cambio habría estado representada por la revolución agrícola y la segunda por el nacimiento de la civilización industrial. La tercera sería la que se está viviendo ahora. Además de las numerosas implicaciones sociales y económicas, Toffler estudió también el impacto de la globalidad en la civilización y sobre ello afirmó que

La tercera ola parece estar engendrando también una nueva perspectiva que es intensamente local y, sin embargo, global, incluso galáctica. Por todas partes encontramos una nueva atención a la “comunidad” y al “barrio”, a la política local y a los lazos locales, al mismo tiempo que un gran número de personas, con frecuencia las mismas que presentan una orientación más local, se interesan por asuntos mundiales y se preocupan por el hambre o la guerra que tiene lugar a diez mil millas de distancia

(16).

Como quiera que definamos el fenómeno de la globalización, los mass media juegan un importante papel en él: Los medios de comunicación del fin de milenio sirven de vehículos para la expresión de valores y la distribución de información que conecta a telespectadores, oyentes, lectores y usuarios locales con una inmediatez y flexibilidad novedosas y quizás impredecibles. Pero al mismo tiempo los medios de comunicación desempeñan roles contradictorios: son fuentes de resistencia contra la globalización, pero también son protectores del capitalismo, agentes de democratización y herramientas para la glocalización, es decir, constituyen herramientas del doble proceso de globalización de lo local y de localización de lo global que se está dando a nivel mundial y que se define con el término glocalización (17).

Manuel Castells (18) hace referencia al concepto glocalización, entendida como la articulación entre lo global y lo local desde una visión urbana, como una noción que hoy se aplica tanto a la economía (la ciudad como medio económico adecuado para la optimización de sinergias) como a la cultura (las identidades locales y su relación dialéctica con el universalismo informacional de base mediática). La glocalización supone para él destacar el ámbito urbano y el papel gestor-coordinador-promotor de los gobiernos locales para la implementación de políticas que tienen en cuenta unos referentes globales y que se posicionan respecto a ellos. En síntesis: globalización más proximidad.

Castells también observa las paradojas actuales que dificultan ese proceso de glocalización y que se ven reflejadas en continuos y diversos desajustes entre las autoridades locales y los organismos internacionales. La conclusión que se deriva de su análisis es que la glocalización es hoy una realidad escasamente institucionalizada, pero no por eso menos fuerte. Su regulación solamente es posible si actúan los únicos mediadores que tienen los medios de comunicación y la legitimidad formal para hacerlos: los gobiernos nacionales.

Por su parte, Armand Mattelart (19) alude al citado proceso de glocalización desde el punto de vista del mercado. Los ámbitos local, nacional e internacional se consideraban a principios de siglo como compartimentados, mientras que el nuevo esquema actual de representación de la empresa y del mundo asocia los tres niveles. Para Mattelart, toda estrategia de empresa en el mercado mundializado debe ser a la vez global y local, y ello se traduce en lo que los empresarios japoneses expresan a través del neologismo inglés glocalize.

Las técnicas de comunicación e información son, con los servicios que posibilitan, indiscutiblemente factores importantes para el desarrollo de las naciones y especialmente de las economías de países pequeños o periféricos. Los modernos medios de comunicación electrónicos de ámbito global que se mueven en tiempo real, suponen muchas veces el excesivo distanciamiento del mensaje del ámbito local donde es recibido. Como contrapartida están los pequeños medios locales, los lugares tradicionales de reunión y comunicación, como las iglesias, las plazas o los cafés, así como los medios de comunicación alternativos (20).

Los agentes de localización están formados por los movimientos y líderes nacionalistas, religiosos y culturales que dan voz a los intereses de las periferias, y la idea de medios de comunicación locales o regionales se asocia normalmente a la idea de comunidad, que a su vez se asocia con ideales de integridad territorial y cultural. El nuevo orden de los medios de masas supone procesos contradictorios y conflictivos, ya que ponen en duda cualquier sentido de unidad y, en consecuencia, las escalas geográficas se hacen difíciles de separar. Especialmente en el caso de los medios audiovisuales, se está dando una tendencia a la ruptura de viejas líneas y fronteras de culturas nacionales, que son vistas como obstáculos para la expansión de los mercados de los media. Las geografías audiovisuales están siendo separadas de los espacios simbólicos de culturas nacionales y realineadas en base a principios demográficos simbólicos de consumo más universales y a segmentos de mercado. Obviamente, estos procesos que se están produciendo a nivel mundial tienen consecuencias e implicaciones en los pequeños espacios regionales y locales, hecho que obliga cada vez más a los medios de estos espacios a reconfigurarse y reimaginarse a sí mismos dentro del contexto de un emergente orden global de los medios de comunicación.

En el caso de Europa, se están produciendo paralelamente grandes cambios en la economía y en la organización de los medios de comunicación: por una parte, los proveedores de contenidos (prensa y sector audiovisual) europeos aún están actuando en el ámbito de los mercados nacionales con fragmentaciones hechas por líneas nacionales y barreras lingüísticas. Por otra, los mercados del hardware, software, servicios telefónicos y aplicaciones enlínea como Internet se están haciendo cada vez más globales.

A pesar de la creciente globalización, en Europa existen iniciativas creadas con el fin de impedir que esa globalización ahogue al localismo. El Libro Blanco de la Unión Europea señala que el desarrollo de la sociedad de la información será un fenómeno global, pero fija los siguientes objetivos (obsérvese el segundo):

1. Establecer desde el principio pautas globales. Las empresas y los actores económicos europeos deben desarrollar sistemas abiertos y elaborar unas estrategias internacionales que les permitan aliarse. El objetivo final es la apertura de un tercer mercado y la supresión de todo tipo de discriminación.

2. Al mismo tiempo, asegurar que estos sistemas den cabida a las características peculiares de Europa, como el plurilingüismo, la pluralidad de las culturas y de las economías, y que contribuyan a salvaguardar el modelo social de Europa.

3. Crear las condiciones necesarias para el desarrollo de las técnicas básicas europeas y una industria eficiente y competitiva (21).

En definitiva, resulta cada vez más evidente la existencia de una doble y simultánea tendencia de la comunicación en este nuevo siglo. Estamos hablando de la globalización y de la atención a lo local, dos caras dentro del mismo mundo informativo. Lo local busca su espacio en la proximidad, mientras que la tecnología y la economía nos conducen a un escenario que cada vez tiene menos barreras.

Sin embargo, aunque las autopistas de la información todavía no lleguen a todos los hogares inmediatamente, ni siquiera en los países ricos, no dejarán de incrementar la afluencia de servicios y de diferentes tipos de mensajes a las casas, y en el ciberespacio creado por los diferentes medios es posible estar en contacto con los amigos y conocidos a través de combinaciones de sonido, imagen y texto. Pero es posible que nos tengamos que enfrentar también con el problema de un nuevo tipo de soledad, ya que los medios pueden imitar bien al hombre y a la naturaleza, pero nunca podrán sustituir el verdadero contacto físico del ser humano.

Todo ello lleva a reflexionar sobre la necesidad de analizar los mitos de la globalización críticamente, porque, como asegura Tapio Varis, “incluso el concepto de aldea global es equívoco, puesto que en una aldea todas las personas se conocen, mientras que en la comunidad mediática global el contacto se simula a través de los medios y unidireccionalmente”(22).

-oOo-

(*)

Web 2.0 est un terme souvent utilisé pour désigner ce qui est perçu comme une transition importante du World Wide Web, passant d'une collection de sites Web à une plate-forme informatique à part entière, fournissant des applications Web aux utilisateurs. Les défenseurs de ce point de vue soutiennent que les services du Web 2.0 remplaceront progressivement les applications de bureau traditionnelles.

Dans sa conception originale, le Web (nommé dans ce contexte le « Web 1.0 ») comprenait des pages Web statiques qui étaient rarement mises à jour, voire jamais. Les succès de solution se basant sur un Web dynamique (parfois appelé « Web 1.5 »), où des systèmes de gestion de contenu servaient des pages Web dynamiques, créées à la volée à partir d'une base de données en constant changement. Le Web était considéré principalement comme un outil de diffusion et de visualisation de données, où des aspects comme le nombre de pages vues et l'esthétique revêtaient une très grande importance.

Les partisans de l'approche Web 2.0 pensent que l'utilisation du Web s'oriente de plus en plus vers l'interaction entre les utilisateurs, et la création de réseaux sociaux rudimentaires, pouvant servir du contenu exploitant les effets de réseau, avec ou sans réel rendu visuel et interactif de pages Web. En ce sens, les sites Web 2.0 agissent plus comme des points de présence, ou portails Web centrés sur l'utilisateur plutôt que sur les sites web traditionnels.

Wikipedia

(16) TOFFLER, Alvin: La tercera ola, Ed. Plaza y Janés, Barcelona 1980, p. 21.

(17) HALLORAN, James: “International Communication Research: Opportunities and Obstacles”, en MOHAMMADI, Ali (ed.): International Communication and Globalization, Ed. SAGE, Londres, 1997, p. 21.

(18) CASTELLS, Manuel: La era de la información. Economía, sociedad y cultura, Alianza Editorial, Madrid, 1999.

(19) MATTELART, Armand: “Una comunicación desigual”, O Correo da Unesco nº 115, marzo 1995, Santiago de Compostela.

(20) VARIS, Tapio: Os medios na era do coñecemento, Ed. Lea, Santiago de Compostela, 1998, p. 33.

(21) Op. cit., p. 82.

(22) Op. cit., p. 121.

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