31/03/2007

 

 

La terrible gente corriente

Permalink 31.03.07 @ 20:08:00. Archivado en Sociogenética, Ética, Pro justitia et libertate

Llamar a las cosas por su nombre es la mejor contribución que se puede hacer para intentar que las cosas cambien. En el País Vasco lo hacen una y otra vez dos mujeres: Rosa Díez, socialista, y María San Gil, popular. Yo he dicho repetidas veces de ellas que la una y la otra y sobre todo las dos juntas son la esperanza de la pobre ciudadanía atemorizada en su propia tierra, no solamente por ETA, sino por la terrible gente corriente que rentabiliza el terror de los etarras y la cobardía de quienes les apoyan por acción o por omisión.

A propósito de la proverbial valentía de Rosa, escribía yo el 01/11/2006: Quien conoce la vida política de Rosa Díez, como es mi caso, desde que vengo ocupándome en mi enseñanza universitaria y en mi escritura pública del problema de la Paz y las libertades en el País Vasco, sabe que las posiciones que hoy defiende en materia de lucha contra el terrorismo son las que ha defendido toda su vida. Lleva razón al decir que el Partido Socialista la puso en sus listas por pensar lo que piensa y decirlo muy alto y claro. Los artículos recopilados en su libro «Porque tengo Hijos» dan fe de su coherencia en esta materia durante los últimos 12 años. Donde otros socialistas han cambiado, hasta el punto de hacerse irreconocibles como tales, ella no.

Uno de los mayores méritos de Rosa Díez como de María San Gil, su hermana de lucha en el infernal purgatorio vasco, es que nunca juzgan las intenciones, cosa que hacemos tan fácilmente los hombres, sino que analizan con realismo femenino los hechos. Cualquiera que haya seguido durante estos últimos años su valiente actividad política en pro de la Paz y de las libertades en el País Vasco lo sabe (1)

Una vez más Rosa Díez analiza con realismo femenino los hechos, demostrando a sus colegas socialistas que su error ha consistido en dejarse engañar no solamente por las falsas promesas de los terroristas de ETA, sino también por las aviesas intenciones de la terrible gente corriente que los apoyan, que son los nacionalistas oportunistas, que consideran héroes a los etarras, asesinos a sus víctimas e indeseables en su propia tierra a los ciudadanos del mismo País Vasco que no piensan como ellos: "Esa es la gente corriente, la que se aprovecha de nuestra falta de libertad para medrar en política, y en la vida. La que nos «tolera», sin considerarnos nunca «de los suyos». La que no mueve un dedo por protegernos. La que llama presos políticos a los asesinos y clama por sus «derechos» mientras permite que nos excluyan y persigan por reivindicar los derechos fundamentales que la Constitución nos reconoce".

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Gente corriente
por Rosa Díez, Diputada socialista en el Parlamento Europeo

«Los verdaderamente malos son pocos; lo más peligroso es la gente corriente»
Primo Levi

ESTA sentencia de Primo Levi podría haber sido escrita a la luz de lo que ocurre en el País Vasco. Pero él pensaba en los campos de exterminio nazis cuando hizo esa reflexión. Levi hablaba para estudiantes, en el transcurso del periplo universitario que organizó una vez concluido su libro «Si esto es un hombre». Respondía así a la pregunta de unos alumnos sobre la maldad. Levi describía con esas palabras la falta de piedad de los alemanes corrientes, esa inmensa mayoría que veía cómo desaparecían sus vecinos sin preguntarse qué había sido de ellos.

Pensaba en la «gente de orden» que veía el humo de los crematorios y se limitaba a taparse la nariz. Pensaba en las «buenas gentes» que cruzaban de acera para no saludar a un judío con el que habían compartido celebraciones familiares unos días antes de que fueran señalados por los nazis como enemigos de la raza aria. Pensaba en todos aquellos que prohibieron a sus hijos jugar con los hijos de los «malditos judíos». Levi pensaba en la buena gente que, de repente, perdió hasta la piedad.

Si Levi hubiera vivido en Euskadi y en nuestro tiempo podría haber hecho la misma afirmación refiriéndose a los nacionalistas. En el País Vasco no hay limpieza étnica porque resultaría imposible: estamos tan mezclados, es tan mestiza nuestra sociedad, que tendrían que matarse entre ellos. Por eso aquí se puso en marcha la limpieza ideológica.

Somos tan «iguales» que tuvieron que empezar a matarnos para hacernos diferentes. Ahora ya somos diferentes. A los judíos los distinguían por su «estrella de David»; a nosotros, «los vascos diferentes», nos distinguen porque nunca vamos solos. Nosotros, «los vascos diferentes», somos los que tenemos la capacidad de movimiento restringida; ellos son los que disfrutan de todos los derechos que la Constitución española nos reconoce como ciudadanos. Nosotros, «los vascos diferentes», somos los que vivimos amenazados; ellos son los que viven en libertad.

Antonio Aguirre fue agredido por un genuino representante de la «gente corriente», de la «buena gente», de esa «gente de orden» que milita en el partido que gobierna Euskadi desde que hay democracia en España. Los dirigentes del PNV han exculpado inmediatamente al agresor: «perdió los papeles», «está apesadumbrado por la imagen del partido que ha dado, llevado por la tensión del momento», «se sintió acosado», «no quiere ensuciar el buen nombre del partido». Ni una sola palabra de disculpa hacia el agredido. El agredido es culpable; el agresor, una pobre víctima que «perdió los papeles». Buena gente.

Nada más peligroso que una situación en la que los dirigentes de un partido político de gobierno disculpan la agresión a un militante de un movimiento cívico, embozándose en la mentira y en la superioridad moral del agresor: «le conocemos de siempre...», «les provocaron...». Los «provocadores» eran siete. Los provocados, mil. Y, según se puede escuchar en los diferentes videos colgados en internet, «los mil provocados» consideraban «españoles de mierda» a esos siete magníficos que osaban enfrentarse a la «pacífica» manifestación. Bueno, también les llamaban «asesinos», y «cerdos», y «asquerosos». Pero lo que sin duda pasará a los anales de los batzoquis será cómo fue posible que siete «españoles de mierda» consiguieran acorralar a mil vascos de pura cepa...

Da miedo. Sobre todo después de escuchar a la portavoz del Gobierno vasco decir que «están planteándose denunciar al Foro Ermua por la contramanifestación (¿?)». Tiene razón Antonio Aguirre cuando dice en la entrevista publicada en El Correo que el problema ya no es que el Gobierno no te defienda; lo grave es que es el propio Gobierno el que te pone en la diana. Aunque Aguirre nos recuerda a todos que «... los primeros que nos empezaron a llamar fachas y extrema derecha fueron Odón Elorza y José Antonio Pastor. Entonces les solicité que no pusieran al Foro en el punto de mira de ETA».

Da miedo la impunidad que algunos dirigentes de los partidos democráticos prestan a la violencia y a los violentos. Da miedo porque conocemos y recordamos la historia. El «ciudadano corriente» que el lunes agredió a Aguirre no sólo no ha sido amonestado, sino que ha sido públicamente disculpado por su propia formación política y por el Gobierno vasco. El «ciudadano corriente» trabajó para el Departamento de Interior del Gobierno vasco, vamos, para la autoridad. Si lo que él hizo es comprendido y exculpado por el Gobierno vasco y por el partido que sustenta al Gobierno de España, ¿por qué razón un chaval vasco, educado en el odio y en la mentira, no va a coger primero un spray, después un cóctel molotov y finalmente, cuando se la den, una pistola para abatir a esos «españoles de mierda», «asesinos», «asquerosos», que hay que dejar morir en el suelo?

Les contaré una cosa que me sucedió hace unos cuantos años, concretamente a finales de 1998 o principios de 1999. Fue en Guernica, en el acto de juramento de Ibarretxe como lendakari, tras las elecciones de la tregua. Los socialistas habíamos abandonado el Gobierno en junio de ese mismo año; la tregua se declaró en septiembre; las elecciones se celebraron en octubre. Tal y como tenían pactado en Lizarra con ETA, los nacionalistas del PNV y EA, con la adherencia de Madrazo, constituyeron un gobierno apoyado por Ternera y los suyos. Les recuerdo que el PSE había gobernado con el PNV doce años.

Pues bien, a la entrada de la Casa de Juntas se arremolinaban los simpatizantes de las formaciones políticas nacionalistas, claramente diferenciados en bandos: los que iban a jalear a los borrokas y la «buena gente» que iba enfervorizada a aplaudir a sus líderes del PNV. Pasamos por delante de los borrokas sin ningún tipo de problema; el gesto adusto; la mirada huidiza y cobarde; el aspecto de no haberse duchado en una semana... Vamos, vestidos para ejercer de lo que son.

Unos metros por delante de mí iba Ardanza. A la entrada justo de la finca, en la verja, unas enfervorizadas emakumes le besaban y aplaudían; él les correspondía sonriente y amable. Llegamos nosotros cuando aquellas mujeres vestidas de domingo, con aspecto de madres y abuelas de familia bien, todavía estaban saboreando la emoción. Se giraron y nos vieron. Yo acababa de dejar de ser consejera, tras siete años de gobierno con Ardanza. Las miré con normalidad, diría que sonriente, y seguí hablando con mi compañero. Hasta que empezamos a pasar entre ellas: «Ala, fastídiate, se os acabó lo bueno, por fin os vais, ya estamos con los nuestros...» «Huy, que pena tendrás, eh, maja?» «Pues os fastidiáis, ya estamos juntos, que bastante habéis estado en el Gobierno...». «Hala, españoles, iros por ahí...». No nos lo podíamos creer.

Recuerdo haberme acercado a Ardanza a contárselo:

-«Oye, lendakari, tu gente nos está insultando; es como si creyeran que os hemos robado algo durante estos doce años que hemos compartido gobierno; parece que aquí no ha cambiado nada de fondo, que os habéis vuelto a asilvestrar, que estábais locos por echarnos...».
-Pero Rosa, ¿cómo dices eso? Serán de los otros...
-No lendakari, no; son de los tuyos.
-¿Pero por qué lo sabes?, ¿les conoces?
-No, pero hay signos externos inconfundibles: peinadas de peluquería, las joyas de los domingos... y los besos que te han dado. Salvo que me digas que las que te han besado eran de Batasuna...
-(...)

Esa es la gente corriente, la que se aprovecha de nuestra falta de libertad para medrar en política, y en la vida. La que nos «tolera», sin considerarnos nunca «de los suyos». La que no mueve un dedo por protegernos. La que llama presos políticos a los asesinos y clama por sus «derechos» mientras permite que nos excluyan y persigan por reivindicar los derechos fundamentales que la Constitución nos reconoce.

Levi explica en el citado libro cómo la despersonalización, la deshumanización del individuo o colectivo declarado enemigo, era vital para llegar a la solución final sin ningún tipo de remordimiento. Los judíos, los gitanos, los comunistas, los homosexuales... no eran humanos para los nazis: eran sólo enemigos de la raza aria, una amenaza para la pureza de su sangre. Estaban «obligados» a eliminarlos si querían conservar un bien mayor, la raza pura, el ideal humano. Pero al lado de esos fanáticos que teorizaban y diseñaban los planes de exterminio estaba la gente corriente. Esa «buena gente» comprendió enseguida hasta qué punto podían beneficiarse de la desaparición de tantos alemanes, o polacos..., de tantos compatriotas mejor cualificados que ellos mismos; y dejaron aflorar sus más bajos instintos. Tardaron poco en sentirse cómodos, aceptando que los nuevos excluidos, en el fondo, nunca habían sido de los suyos, que siempre les habían tenido envidia de los judíos, que llegaron de otros lugares y fueron capaces de progresar y llegar más lejos que ellos, que siempre habían temido al diferente, al de otra cultura, al de otra condición sexual... Los ideólogos de la solución final fueron pocos; los ejecutores, bastantes más, pero nada hubiera sido posible si millones de «buenos alemanes» no se hubieran comportado como los buenos vascos que siguen en Euskadi las consignas del «partido guía». Ese «partido guía» liderado por ese ejemplo de moderación, esa perla blanca llamada Josu Jon Imaz.

Tiene razón Aguirre: es el PNV quien nos pone en la diana, y nuestros dirigentes del PSE, quienes asienten con la cabeza o callan. Si a quienes discrepamos -seamos socialistas o no- nos llaman crispadores o nos invitan a irnos al PP -al que previamente han calificado como «derecha extrema»-; si el lendakari le dijo hace nada en el Parlamento vasco a María San Gil: «Ustedes representan lo peor de este país» -de un país en el que hay terroristas-, ante el silencio cómplice del PSE; si Diego López Garrido dijo hace dos días en el Congreso de los Diputados que «el PP es un arma de destrucción masiva», ¿qué pueden pensar los que tienen las pistolas y la costumbre de actuar poniendo la teoría en práctica? ¿Puede alguien extrañarse de que muchos de nosotros nos sintamos más abandonados, más solos que nunca?

No es éste un artículo optimista. No hay motivos. Llamar a las cosas por su nombre es la mejor contribución que se puede hacer para intentar que las cosas cambien. Como dijo Hanna Arendt a su vuelta del exilio norteamericano, indignada por la pasividad e indiferencia de sus compatriotas ante su responsabilidad histórica, «describir los campos de exterminio sin ira no es ser objetivo, sino indultarlos».

Valga esta reflexión y esta denuncia para que si nuestros nietos nos preguntan algún día: «¿tú qué hiciste cuando pasaba eso?», podamos darles una respuesta mirándoles a los ojos.

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(1) Rosa y María, honor y esperanza de Euskadi

20:17 Écrit par SaGa Bardon dans Etica | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : sociogenetica, tica, pro justitia et libertate |  Facebook |

30/03/2007

Periodismo judicial

 

Periodismo judicial

Permalink 30.03.07 @ 18:41:00. Archivado en Universidades, Pro justitia et libertate

El juez Javier Gómez Bermúdez publicó hace unos meses, en colaboración con la periodista judicial Elisa Beni Uzábal, el primer manual jurídico para periodistas, bajo el título: Levantando el velo.

Imagen: El juez Javier Gómez Bermúdez y la periodista judicial Elisa Beni Uzábal

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Presentación editorial

Un magistrado de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, Javier Gómez Bermúdez, y una periodista, Elisa Beni Uzábal, directora de Comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, han aunado esfuerzos, conocimientos y excelencia profesional para sacar a la calle esta obra que se configura como el primer manual existente en el mercado dirigido a los periodistas que ejercen su labor en el ámbito de la Justicia.

Este libro satisfará, sin duda alguna, las curiosidades y dudas que puedan planteársele al informador en su quehacer diario desde una exposición suficientemente sencilla y esquemática para legos en derecho, pero que, al mismo tiempo, no sacrifica un ápice el rigor que debe acompañar al tratamiento de temas jurídicos. Además, ayudará al profesional a adquirir la destreza necesaria para conseguir la información, seleccionarla, evitar manipulaciones, entender el mensaje y “traducírselo” al público sin que pierda su esencia jurídica.

Los autores, conscientes de lo inaccesible, complejo y críptico que puede resultar este mundo, también han concebido este trabajo para aquellos estudiantes de Periodismo y profesionales noveles que quieran especializarse en la información de Tribunales, así como para los periodistas de otras áreas que, por la lógica de la actualidad, tienen que vérselas con noticias generadas en órganos judiciales.

Igualmente pueden encontrar en este texto una obra de referencia los profesores universitarios que precisen de una herramienta para mostrar una visión global del sistema jurídico español a sus alumnos o, simplemente, ciudadanos que quieran conocer más de cerca la Justicia española sin las complicaciones técnicas de los manuales jurídicos.

Fieles al espíritu divulgativo que ha inspirado la realización de este libro, sus autores han decidido contribuir con su publicación al fondo del Programa de Becas de la agrupación de graduados Alumni Navarrenses de la Universidad de Navarra.

La coautora y su intención como periodista

La coautora de Levantando el velo es actualmente responsable de comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Madrid

Elisa Beni Uzábal ha sido la directora más joven de un diario español, con 23 años, cuando asumió la responsabilidad de dirigir ‘El Faro de Ceuta’. Tras su periodo ceutí esta periodista ha sido subdirectora de “Época”, redactora jefe de “Diario 16” y directora de emisoras de la Cadena. Actualmente es responsable de la comunicación de los cerca de 600 jueces que ejercen jurisdicción en la Comunidad de Madrid y distribuye la información procedente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, la Audiencia Provincial de Madrid, los juzgados de Plaza de Castilla y de todos los partidos judiciales de la Comunidad.

Esta experiencia ha sido utilizada por Elisa Beni para redactar, junto a Javier Gómez Bermúdez, magistrado de la Audiencia Nacional y presidente de su Sala de lo Penal, el primer manual de periodismo judicial: Levantando el velo, Cie Dossat 2000, 2006.

Levantando el velo es un manual dirigido a estudiantes, periodistas en ejercicio y, por qué no, a ciudadanos inquietos que siguen con atención la actualidad judicial y que desean saber más acerca de cómo ésta se produce. Este libro destaca por un contenido fácilmente comprensible para legos en la materia sin sacrificar rigor y exactitud en aras de la sencillez y la claridad. Introduce al lector en la compleja estructura de la Justicia presentándole la pirámide judicial y explicándole lo términos jurídicos básicos. Ofrece una aproximación a los actores de la Justicia y su papel como fuentes informativas, además de exponer el procedimiento en las diferentes jurisdicciones (Civil, Penal, Contencioso-Administrativa y Social) y analizar su capacidad para generar información de interés público.

Por ello, la parte que se centra en la Jurisdicción Penal es la más prolija, ya que la mayor parte de las noticias emanan de órganos jurisdiccionales pertenecientes a ella. Los juzgados de Menores y Vigilancia Penitenciaria se analizan en un capítulo aparte. Además, instituciones y órganos con jurisdicción en todo el territorio nacional se abordan en capítulos exclusivamente dedicados a la Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial y el Ministerio Fiscal. También se trata el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por el papel cada vez más relevante que desempeña. Y, aunque la parte periodística y la jurídica van de la mano a lo largo de todo el libro, se incluyen dos capítulos dedicados íntegramente a la primera, en los que se desarrolla la crónica judicial y las particularidades del tratamiento de esta información en los medios audiovisuales.

Con este manual el lector alcanzará un conocimiento general del funcionamiento de la Justicia española con sólidas bases técnicas, por lo que el periodista se verá habilitado para transmitir al público, eficazmente, la información generada por los Tribunales sin que ésta pierda su esencia jurídica. El informador encontrará en sus páginas las claves para conseguir la información, seleccionarla y evitar las posibles manipulaciones. Levantando el velo se constituye, así, en herramienta imprescindible para el profesional, avalada por la dilatada experiencia de sus autores en ambos ámbitos: el jurídico, Javier Gómez Bermúdez es Magistrado de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional; y el periodístico, Elisa Beni Uzábal es directora de Comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Madrid.

Ficha técnica

BENI UZÁBAL, Elisa y GÓMEZ BERMÚDEZ, Javier, Levantando el velo. Manual de Periodismo Judicial, Cie Inversiones editoriales Dossat 2000, S.L., Madrid, España, 2006.

ISBN: 84-96437-39-6
Tamaño: 17 x 24 cm.
Páginas: 360 págs.
Edición: 1ª (Junio de 2006)
Precio (sin IVA): 24,04 €
Precio (con IVA): 25,00 € (4.160 pesetas)

Sinopsis: Un magistrado de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, Javier Gómez Bermúdez, y una periodista, Elisa Beni Uzábal, directora de Comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, han aunado esfuerzos, conocimientos y excelencia profesional para sacar a la calle esta obra que se configura como el primer manual existente en el mercado dirigido a los periodistas que ejercen su labor en el ámbito de la Justicia.

Elisa Beni Uzabal (41 años): Periodista. Directora de Comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Actualmente es responsable de la comunicación de los cerca de 600 jueces que ejercen jurisdicción en la Comunidad de Madrid y vehicula diariamente la información procedente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, la Audiencia Provincial de Madrid, los juzgados de Plaza de Castilla y de todos los partidos judiciales de la Comunidad.

Su contacto directo con periodistas de todos los medios locales y nacionales la hace conocedora de la necesidad de especialización de éstos.

Conoce también muy bien las dificultades que en ocasiones hay en las redacciones para afrontar la información de tribunales. Ha sido subdirectora de Época, redactora jefe de Diario 16, directora de emisoras de la Cadena SER y la directora más joven de diarios que ha habido en España, ya que asumió la dirección de El Faro de Ceuta a los 23 años. Es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra.

Javier Gómez Bermúdez (43 años): Es magistrado de la Audiencia Nacional y fue nombrado presidente de su Sala de lo Penal en julio de 2004. Ha presidido algunos de los juicios de mayor dimensión mediática de los últimos tiempos, como el seguido contra la célula española de Al Qaeda que fue transmitido en tiempo real y tuvo acreditados a centenares de periodistas de los cinco continentes.

Responsable de la política informativa de transparencia seguida por la Audiencia Nacional actualmente, conoce por su trabajo diario las necesidades de los informadores y sus principales carencias en materias legales.

Dentro de su trayectoria profesional ha sido ponente de importantes sumarios contra el entramado de ETA, la cúpula de Bidart, los grupos Andalucía y Madrid, etc. Y dentro del ámbito económico actualmente preside el juicio del Caso KIO. Fue ponente de la sentencia del Caso PSV, Huarte, etc. Con anterioridad fue Juez Central de Vigilancia Penitenciaria y Juez Central de Menores, ambos en la Audiencia Nacional. Juez desde los 24 años, ha estado destinado en todos los puestos posibles dentro de la Jurisdicción Penal, excepto en la Sala Segunda del Tribunal Supremo.

Tiene una importante trayectoria como conferenciante y ha sido durante una década profesor de Derecho Mercantil de la UNED.

Más información sobre el libro

Enlaces Relacionados:

Criminal Justice Journalists (Periodistas Judiciales) (USA):

Bibliografía acerca de Periodismo, Periodistas, Medios de Comunicación o Comunicación Social

29/03/2007

Justicia y conciencia ante el 11-M

Justicia y conciencia ante el 11-M

Permalink 29.03.07 @ 17:54:06. Archivado en Sociogenética, Ética, Pro justitia et libertate

El tribunal deduce testimonio a Díaz de Mera, ex director general de la Policía, por un delito de desobediencia, al constatar que se niega a colaborar con la Justicia.

El juez ordena «deducir testimonio», esto es: abrir una nueva investigación para comprobar la posibilidad de un delito, en relación con los datos aportados por Díaz de Mera como testigo.

No se entiende que quien tanto hizo por las víctimas del 11-M, en el apoyo a sus familias y en la detención inmediata de algunos de los principales acusados, ahora amague con un supuesto informe que, si realmente es como lo pretende Díaz de Mera como testigo, tendría una incidencia directa en el resultado de las investigaciones.

Los policías apoyan a Díaz de Mera pero creen que le engañaron al relacionar ETA con el 11-M
Madrid. Agencias

El Sindicato Unificado de Policía (SUP) ha mostrado su apoyo a Agustín Díaz de Mera, ex director general de la Policía, tras haber sido sancionado por no revelar en el juicio del 11-M la fuente de un supuesto informe que relacionaría a ETA con estos atentados.

La Comisión Ejecutiva Nacional de este sindicato policial señaló, a través de un comunicado, que "Díaz de Mera sigue siendo considerado por el SUP como el mejor director general que hemos tenido los policías".
Asimismo, estos representantes de los policías añaden que tras su relevo, "la Asamblea Nacional del SUP le otorgó a Díaz de Mera la insignia de oro y brillantes del sindicato, por su honradez como persona y como gestor político". "No tenemos duda alguna", añade el SUP, "acerca de la veracidad de sus manifestaciones ante el tribunal (del 11-M). Sin embargo, estamos igualmente convencidos de que la persona o personas que en su día le informaron de un supuesto informe que relaciona a ETA con los atentados del 11-M, no le dijeron la verdad".

He aquí el momento más dramático de este caso de conciencia, al comparecer Díaz de Mera como testigo durante el juicio del 11-M:

-Gómez Bermúdez: Medite usted, mucho más allá de su postura ética y del amor que dice tener por el Cuerpo Nacional de Policía, las consecuencias para las ciudadanos y sobre todo para las partes. Y cuando digo partes me refiero a los afectados por esta causa.
-Díaz de Mera: ¿Me permite hacer una brevísima intervención?
-Gómez Bermúdez: Sí.
-Díaz de Mera: Señor, aprecio mucho, mucho más de lo que pueda pensar el tribunal, las explicaciones que usted acaba de dar. Pero, mire, estoy absolutamente persuadido de que la fuente nos está escuchando. Y también estoy persuadido de que esto lo están escuchando más policías. Si ellos quieren dar el paso adelante, serán ellos los que lo den. Pero yo no sé si aquí hay una colisión entre la ley y la moralidad de un sujeto. Y yo creo que, si tengo que optar y tengo que decidir, prefiero que las responsabilidades caigan sobre mí a que caigan sobre la fuente que me facilitó esta información.
-Gómez Bermúdez: ¿No quiere usted consultar con la fuente?
-Díaz de Mera: Ni siquiera sé si la fuente tienen el teléfono intervenido, señor.
-Gómez Bermúdez: Bien, las opciones que deja al tribunal son nulas. Por lo tanto, el tribunal deducirá testimonio para que se investigue o pida que se instruya un procedimiento por desobediencia grave a la autoridad judicial, conforme al párrafo segundo del artículo 716 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

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Deducen testimonio por desobediencia a Díaz de Mera al no colaborar con la Justicia
por N. VILLANUEVA / D. MARTÍNEZ. MADRID

Poco se imaginaba el ex director general de la Policía Agustín Díaz de Mera que entraría a la sala de vistas del 11-M como testigo y saldría de ella pagando una multa de 1.000 euros y con una deducción de testimonio por un delito de desobediencia (lleva aparejado una pena de entre seis meses y un año de prisión). El motivo de este castigo fue la negativa del máximo responsable policial en el momento de los atentados a dar el nombre del agente que le habló de la existencia de un informe que el ex comisario general de Información Telesforo Rubio habría hecho desaparecer por los vínculos entre ETA y el 11-M que, según le había dicho su fuente, dicho texto contenía.

Ni los ruegos del presidente del Tribunal, Javier Gómez Bermúdez, que le prometió la máxima discrección y protección de esa fuente (le ofreció la posibilidad de apuntar el nombre en un papel que sólo verían los tres magistrados de la Sala) ni la advertencia de que con su actitud estaba colocando el proceso en una «situación insostenible» fueron suficientes para que Díaz de Mera obedeciera a la Justicia.

Todo comenzaba cuando, tras el interrogatorio del fiscal-jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, que había transcurrido con total normalidad, llegó el turno de las acusaciones. Fue precisamente el abogado de la asociación Ayuda a las Víctimas, José María de Pablo, uno de los letrados que defiende los vínculos de ETA con el 11-M, el que, quizá sin quererlo, colocó al testigo en una de las situaciones probablemente más incómodas que ha vivido en su trayectoria personal y profesional. De Pablo preguntó al testigo por un informe del que Díaz de Mera había hablado en una entrevista en la emisora de radio que más se ha distinguido por defender teorías alternativas a la investigación policial y judicial. En ella, el ex mando policial, hoy eurodiputado del PP, había manifestado literalmente que dicho texto contenía «indicios y pruebas de las conexiones con ETA en un número significativo y preocupante». Cuando el letrado, con buena fe procesal, quiso ahondar en un aspecto que beneficiaba su estrategia de acusación, Díaz de Mera empezó a hablar del informe con tal lejanía que no sólo admitió no haberlo visto y conocer su contenido a través de referencias, sino que aseguró que tampoco conocía a sus autores ni si alguien lo había hecho desaparecer. Así transcurrió el interrogatorio de De Pablo a Díaz de Mera.

-Abogado (A): ¿A qué informe se refería en esa entrevista?
-Díaz de Mera (DdM): Al mismo que usted.
-(A): ¿Puede precisarnos qué informe es?
-(DdM): Yo conozco lo que dice, las generalidades; no conozco con precisión el contenido.
-(A): Usted habla de dos autores concretos. ¿Puede decirnos quiénes son los autores?
-(DdM): No puedo decírselo porque no lo sé y la fuente tampoco me dio el nombre completo de los autores. Me dijo que eran un hombre y una mujer.
-(A): Cuando usted dijo «de la existencia de ese informe sabemos muchos»... Eso. ¿qué quiere decir, que todos los mandos conocían la existencia de ese informe?
-(DdP): Unas 10 ó 15 personas
-(A): ¿Lo conocía el que en el momento de esa entrevista era comisario general de Información, Telesforo Rubio?
-(DdM): A mí se me dice que es el comisario general de Información quien lo encarga.
-(A): ¿Y sabe usted quién dio la orden de hacer desaparecer ese informe?
-(DdM): Yo nunca he dicho que alguien haya dado la orden de hacerlo desaparecer
-(A): ¿Cuál es esa orientación que no quisieron seguir los que elaboraron ese informe?
-(DdM): Presumiblemente la controversia falazmente establecida y con potencia reflejada en los medios entre la versión oficial y la conspirativa.
-(A): Esa orientación previa sería para reforzar esa versión oficial...
-(DdM): Así se me indica a mí
-(A): ¿Quién es la persona que le habla de este informe?

Fue entonces cuando el presidente del Tribunal ordenó a un funcionario que acercara al testigo un papel y un bolígrafo con el objeto de que consignara el nombre del policía para el que el Tribunal pudiera valorar su utilidad cara al futuro. Díaz de Mera, por tanto, no tenía que identificar al hipotético agente en público. El testigo se escudó en un primer momento en que delatarle sería poner en peligro la seguridad del agente. «Es de sentido común que la Policía es un órgano jerarquizado», dijo Díaz de Mera para justificar su negativa. «Ya, pero de proteger a la fuente ya nos encargamos nosotros», le respondió el presidente del Tribunal. Al seguir negándose, Gómez Bermúdez recordó al ex responsable policial el artículo 716 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que señala que cuando los testigos sean de referencia tendrán que identificar a la fuente. «Esto es una obligación que no tiene límites», le recordó Gómez Bermúdez.

Después de informarle de las consecuencias de su negativa (el delito de desobediencia está castigado con multa de 200 a 5.000 euros y si se persiste en dicha negativa, con prisión de seis a un año), Díaz de Mera se mantuvo firme y siguió sin soltar prenda, pese a que era perfectamente consciente, y así lo manifestó, de que estaba poniendo al Tribunal en una «situación comprometida». Tanto lo era que, para que entrara en razón, los magistrados acordaron hacer un receso de cinco minutos. No cambió la situación. «Mire, señor, la fuente es rigurosa, fiable y honesta, y yo por el Cuerpo Nacional de Policía tengo un profundo respeto. Si doy su nombre no podría ir más en vertical por la vida. Aceptaré cualquier decisión del Tribunal».

«Se lo ruego»

Fue entonces cuando Gómez Bermúdez decidió intervenir de nuevo: «El Tribunal, desde luego, también aprecia y valora el trabajo de todas las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, pero lo que no puede hacer usted es, por un lado, afirmar que su fuente es fiable y honesta y por otro negarse a identificarla, porque entonces está colocando este proceso, ya de por sí complicado, en una situación insostenible».
«Le ruego -continuó-; fíjese que le estoy rogando, que medite mucho más allá de su postura ética y del amor que dice que tiene por la Policía que consigne el nombre de la fuente, y mire las consecuencias de su decisión para los ciudadanos, las partes y las víctimas». Pero Díaz de Mera ya tenía tomada su decisión: no sería él quien colaborara para esclarecer la verdad que él mismo lleva tres años reclamando.

POOL
Javier Gómez Bermúdez, presidente del Tribunal, le comunicó al ex director de la Policía la imposición de una multa de mil euros por desobediencia grave.

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Un silencio inaceptable,
Editorial ABC
, Jueves, 29 de marzo de 2007

El ex director general de la Policía Agustín Díaz de Mera cometió ayer algo más que un error inexcusable durante su declaración en la vista oral del 11-M. No es cuestión de hacer un juicio de intenciones sobre su negativa a revelar la fuente que le comunicó la existencia de un supuesto informe policial sobre la relación de ETA con los atentados.

Las razones por las que tomó esta decisión pertenecen a su fuero interno, pero es evidente que, cualesquiera que fueran, debió anteponer su deber de colaboración con la Justicia a un muy subordinado compromiso moral con su fuente. Su testimonio ha sido un duro golpe al proceso, una generación de dudas perfectamente evitable, porque si hay alguien en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que tiene información, por mínima que sea, sobre la autoría del atentado, debe ser llamado al juicio para declarar ante el Tribunal. Es una incongruencia absoluta que adopte esta postura quien, como máximo responsable de la Policía, desempeñó sus funciones en la lucha antiterrorista. Más aún, no se entiende que quien tanto hizo por las víctimas del 11-M en el apoyo a sus familias y en la detención inmediata de algunos de los principales acusados ahora amague con un supuesto informe que, si realmente es como dice Díaz de Mera, tendría una incidencia directa en el resultado de las investigaciones.

Con toda razón, el presidente del Tribunal le pidió insistentemente que valorara «la situación en que coloca el proceso». Y con la misma razón no tuvo más remedio que imponerle una multa y deducir testimonio por un posible delito de desobediencia grave, pues como testigo tenía obligación de contestar la verdad.

La actitud del juez Gómez Bermúdez no pudo ser más ajustada a las consecuencias que se preveían si Díaz de Mera persistía en una negativa tan injustificada legalmente como incomprensible para la opinión pública y las propias víctimas. Además, Díaz de Mera no reparó en que, como primer cargo político del Gobierno del PP llamado a declarar, iba ser un objetivo seguro de interrogatorios incómodos y orientados a demostrar las supuestas mentiras u ocultaciones de la autoría islamista por parte del Ejecutivo de Aznar. Aquel Gobierno no se merecía esta impronta tan negativa que ha dejado Díaz de Mera, porque si algo está demostrando el juicio es que nadie mintió cuando señaló a ETA como probable autora del atentado y nadie ocultó información a los ciudadanos sobre los descubrimientos de las pistas que acabarían desembocando en la célula yihadista y sus cooperadores de la trama asturiana.

No hay otro momento ni otro lugar más adecuado para hablar de ETA y el 11-M que este juicio y la sala en la que se celebra. Esas llamadas «teorías de la conspiración» -de las que nadie, sea de las defensas o sea de las acusaciones, se está ocupando en el juicio- tenían en el informe aludido por Díaz de Mera una ocasión inmejorable de someterse al filtro de las pruebas ante el Tribunal. Pero la decisión del ex alto cargo del PP de hurtar al juicio la posibilidad de una nueva prueba, quizá decisiva, quizá irrelevante, sólo contribuye a mantener esas teorías en el terreno impune de la especulación incontrolada que, con total desparpajo, acusa, sin solución de continuidad, a los servicios secretos marroquíes, a ETA, a los servicios de inteligencia del Estado y a una conjura de policías y guardias civiles. Teorías hechas de forma que no admiten verificación alguna, pero que han dañado gravemente al PP al instalar en la opinión pública la falsa ecuación de que el Gobierno de Aznar salva su responsabilidad política sólo si aparece ETA por medio, como si la autoría islamista fuera en prueba de una supuesta culpa del PP por el atentado, cuando lo cierto es que gracias a su gestión policial posterior al 11-M hoy se está celebrando este juicio con la amplitud de acusados y pruebas que presenta.

En todo caso, quienes con tanto empeño reprochan a ciertos mandos policiales el miedo a que ETA aparezca en el juicio del 11-M, deberían ahora ejercer su censura con igual rigor sobre la inmoral decisión de Díaz de Mera de hacer exactamente lo mismo, es decir, evitar que la Justicia pueda saber si ETA tuvo o no algo que ver. Por cierto, que no estaría de más que Ángel Acebes, secretario general del PP y en marzo de 2004 ministro de Interior, se pronunciase sobre el inaceptable silencio del que fue responsable de la Policía bajo su mandato.

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Los sindicatos policiales defienden a Díaz de Mera
El SUP y el CEP han defendido al ex director general de la Policía

El Sindicato Unificado de Policía (SUP) ha expresado en un comunicado su convencimiento de que la persona o personas que en su día informaron al ex director general de la Policía Agustín Díaz de Mera de la existencia de un documento que recogía las supuestas vinculaciones entre ETA y el 11-M "no le dijeron la verdad".

Por otra parte, el secretario general de la Confederación Española de Policía (CEP), Ignacio López, instó a "los más altos responsables de Interior" a "investigar el contenido del informe en el que se vinculaba a ETA con el 11-M" después de escuchar las declaraciones de Díaz de Mera.
En su comunicado, el SUP señala que no tiene duda alguna acerca de la veracidad de las manifestaciones de Díaz de Mera ante el tribunal que juzga los hechos por el 11-M. Además, subraya que Agustín Díaz de Mera "sigue siendo considerado" por el Sindicato Unificado como "el mejor director general" que han tenido los policías.

"Es digno de tener en cuenta la necesidad que manifiesta el ex director de la Policía de mantener el anonimato de la fuente por el posible riesgo que pueda correr el funcionario que redactó el informe", aseguró el secretario general del CEP, que añadió que "es indigno que los profesionales de la Policía tengan que estar ocultándose como vulgares confidentes ante el temor de que sus carreras se puedan ver perjudicadas por las emisiones de informes que puedan contrariar el interés político de cada momento".

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Rajoy: "Díaz de Mera debe colaborar con la justicia"

Rajoy asegura que Díaz de Mera «debe colaborar con la justicia» en el juicio por el 11-M

18:59 Écrit par SaGa Bardon dans Etica | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : sociogenetica, tica, pro justitia et libertate |  Facebook |