20/11/2005

Bandoleros en el Quijote

 

Bandoleros catalanes en el Quijote

 

Mientras Cervantes estaba escribiendo la segunda parte del Quijote, o sea en diciembre de 1613, una facción de bandoleros catalanes había asombrado a toda España por su audacia y su fuerza.

bandolero (doc. 1542, entonces también banderizo, del cat. bandoler íd., como consecuencia del gran desarrollo de las banderías y luchas civiles en la Cataluña de los ss. XV-XVII, que degeneraron en bandolerismo; el cat. bandoler, 1455, deriva de bùndol 'facción, tomado a su vez del cast. o arag.. bando, Cor.) m. ‘persona que roba en los despoblados’; por extensión y metáfora: ‘persona perversa’

Testimonio de Covarrubias: «Vandolero. El que se ha salido a la montaña llevando en su compañía algunos de su bando. Estos suelen desamparar sus casas y lugares por vengarse de sus enemigos, los cuales, siendo nobles, no matan a nadie de los que topan, aunque para sustentarse les quitan parte de lo que llevan. Otros bandoleros hay que son derechamente salteadores de caminos, y éstos no se contentan todas veces con quitar a los pasajeros lo que llevan, sino maltratarlos y matarlos. Contra los unos y los otros hay en los reinos de Castilla y de Aragón gran solicitud para prenderlos y castigarlos», Cov. 993.b.12.

El bandolerismo catalán gozó de cierta boga en la literatura castellana, como se puede ver en la novela de Tirso de Molina El bandolero, en la comedia El catalán serrallonga, escrita en colaboración por Antonio Coello, Francisco de Rojas y Luis Vélez de Guevara, etc. Era, en realidad, un mal endémico en Cataluña, contra el cual luchaban con poco éxito los virreyes. Y precisamente mientras Cervantes estaba escribiendo la segunda parte del Quijote, o sea en diciembre de 1613, una facción de bandoleros catalanes había asombrado a toda España por su audacia y su fuerza: al mando de un tal Pere Barbeta había asaltado en el camino real entre Hostalets de Cervera y Montmaneu (en el itinerario que forzosamente hubo de seguir don Quijote) las ciento once cargas de plata que, procedentes de Indias, se enviaban a Italia, como puede comprenderse bajo muy buena custodia. La partida de Elarbeta se apoderó de plata por valor de 180.000 ducados (el ducado valía once reales)

El bandolerismo catalán mantenía estrechas relaciones con los hugonotes franceses, lo que daba a este fenómeno, en parte derivado de luchas feudales medievales, un actualísimo matiz político que explica la intranquilidad y las severas medidas tomadas por los virreyes de Cataluña. ® ahorcado Es significativo que un famoso bandido fuera conocido por el mote de «Lo Luterà». En las filas del bandolerismo militaba buen número de gascones en clara relación con Francia y con los hugonotes y en este aspecto no hay que olvidar que Cervantes afirma de los bandoleros de Roque Guinart que «los más eran gascones, gente rústica y desbaratada». Quevedo, hablando de los bandoleros de Cataluña, dice que la mayoría eran «gabachos y gascones y herejes delincuentes de la Languedoca», (La rebelión de Barcelona). MdeRiquer.

Roque Guinart era un bandolero del primer tipo. ® Guinart: Roque Guinart

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Guinart: 11: [Roque Guinart: 11: el gran Roque Guinart: 1]

Guinart (doc. s. XVI, cat. Guinarda, Guinard < germ. Winhard 'amigo audaz'< win 'amigo' + hard 'audaz'). Apellido.

|| El sentido histórico del apellido le va bien al personaje Roque Guinart: Cervantes castellaniza el nombre de Roca Guinarda, al igual que otros más adelante, v.g., Fort, Claudi (Cortejón).

Cervantes retrata en II.60 y ss a este famoso personaje histórico, según lo conoció la leyenda popular que circulaba por España en los años en que escribía su segunda parte: Pedro Roca Guinarda, en catalán: Pere Rochaquinarda, pues, son muy comunes en Cataluña los apellidos compuestos del nombre del lugar en que están situadas las casas solares, y del apellido de la familia que las posee. «La casa (o Masía, como se dice en Cataluña) Rochaguinarda existe aún en la parroquia de Oristá, en la diócesis de Vich: en el campo. De ella fué hijo dicho Pedro; es antiquísima y de labradores que viven según la partida de bautismo sacada de los libros parroquiales de Oristá, que dice así: A 19 de dit mes (diciembre de 1582) fonch batejat Pere, fill de Johan Rochaquinarda y de Caterina, muller sua: foren padrins lo Reverent Senyor Mossent Arxer, Rector de San Feliú Sacerra, y padrina Beneta Bach de dita parroquia. En los mismos libros se hallan las partidas de otros hermanos de Pedro. § De los documentos consultados resultan algunos de los crímenes cometidos por éste desde el año 1607, en que empezó la vida airada, según el primer pregón que se publicó en dicho año, separándole de paz y tregua al estilo de Cataluña, hasta 1610, en que ya no suena más su nombre, ni se halla comprendido en las listas publicadas para persecución de bandoleros», Clem. 1860.a.

También lo retrata Cervantes por boca del Estudiante en la Cueva de Salamanca: «Vine solo, determiné volverme a mi tierra: robáronme los lacayos o compañeros de Roque Guinarde en Cataluña, porque él estaba ausente; que, a estar allí, no consintiera que se me hiciera agravio, porque es muy cortés y comedido, y además limosnero.», Entremeses, p. 241-242.

Consta que Perot Roca Guinarda (1582- ?) había cumplido los treinta y dos años en 1614. Hacía tres que se había pasado a Nápoles (allí nombrado capitán de un tercio de tropas regulares), habiéndose acogido al indulto ofrecido por el virrey de Cataluña.

El retrato que de él hace Cervantes es sumamente favorable e idealizado: nobleza de espíritu, valor caballeresco, audaz, cortés, con una aureola de gallardía y generosidad; y motivos políticos subordinados a los personales... Cervantes se adelantó a retratarlo en el apogeo de su prestigio y poder (1610) —pero expresando intentos de dejar aquella vida tan peligrosa— porque sabía que el bandolero había aceptado el destierro en Italia.

En este episodio interesa a Cervantes enlazar a su héroe fantástico con un asunto de vivo interés, tanto político para el momento histórico como de interés puramente dramático. En los años 1611-1615 (los del virreinato del marqués de Almazán), el bandolerismo en Cataluña tomó un aspecto bastante serio para el poder real. Hacía más de un siglo que habían venido agravándose las luchas y riñas civiles en Cataluña, tanto, que en el reinado de Felipe III buena parte de la población se hallaba dividida en bandos (sus seguidores llamados ® bandoleros), siendo los bandos de nyerros y cadells  los más importantes. Los jefes de los bandos contaban con la amistad y protección de la nobleza y gente de la Iglesia, y, por otro lado, se ganaban el amparo, la admiración y la simpatía del pueblo —admiración que compartieron poetas y escritores de la época. En esta turbulenta situación la rapacidad de los bandoleros llegó a extremos inconcebibles; desafiaban la autoridad real, cometían asaltos, robos y delitos horrorosos, incendios, secuestros y sacrilegios. Tan apoderados estaban de los caminos, que en 1613 una facción de ellos asombró a toda España robando, en la misma carretera real, una cantidad de plata, procedente de Indias, que el Rey enviaba a Italia. Además, el bandolerismo mantenía estrechas relaciones con los hugonotes franceses y estaban sus partidas infiltradas de gascones, lo que explica las medidas severas que tomó la autoridad real para extirpar a los bandoleros [1].

Hijo de labradores acomodados, Roca Guinarda pasó su juventud agitada en el ambiente de rivalidades y recelos de la comarca de Vich, entonces hervidero de luchas enconadas entre los bandos Nyerro y Cadell. En 1602 fue herido en una emboscada (aludida en «el agravio» de que habla a don Quijote), hecho que le decidió a lanzarse al campo y a una vida al margen de la ley, recorriendo pueblos y masías, reclutando cuadrillas y asaltando los caminos, sembrando el pánico y el terror entre sus adversarios y perseguidores. A la edad de veintiún años, su carácter indómito, intrepidez e innegables dotes de mando le pusieron al frente de un partido de los nyerros, partido engrosado por buen número de gascones, o sea bandoleros vasco-franceses. En los años de su poderío contó con una hueste de cuadrillas que hacía irrisorias las medidas tomadas contra él por los virreyes. Tanto creció su poder, que en 1610—el mismo año en que llegó hasta las puertas de Barcelona— se atrevió a hacer frente y derrotar a una fuerza de mil hombres, mandada en su persecución. Protegido por la nobleza y hasta por los familiares del Santo Oficio, amparado por el pueblo, recibido en castillos y monasterios como un héroe popular, llenaba a toda Cataluña con el clamor de sus hazañas y la leyenda de su atrocidad, crueldades y, también, de su liberalidad, cortesía y ternura. Se sabe que aún vivía, en Italia, por 1630; tal vez llegaría a leer las páginas del Quijote en que Cervantes lo retrataba, e inmortalizaba. (Soler y Terol).

Los comentarios de Martín de Riquer resumen una profusión de datos: «El Roque Guinart que aparece en el capítulo II.60 del Quijote es un personaje rigurosamente histórico y contemporáneo no tan sólo de los sucesos que se narran en el Quijote sino del momento en que Cervantes está escribiendo. Ya en el entremés La cueva de Salamanca había mencionado con gran simpatía a este bandolero al hacer decir a un estudiante: «Robáronme los lacayos o compañeros de Roque Guinarde en Cataluña porque él estaba ausente; que a estar allí no consintiera que se me hiciera agravio porque es muy cortés y comedido y además limosnero». En las páginas del Quijote el histórico y real Perot Rocaguinarda se introduce con su mismo nombre (de hecho Roqueguinard, más fielmente conservado en el entremés). Con su misma fisonomía (como se advierte por las descripciones de los bandos de la justicia cuando se le buscaba) y su edad, pues habiendo nacido en l582 el bandolero tenía treinta y tres años al publicarie la segunda parte del Quijote. Hacía muy poco, en 1611, Rocaguinarda tras haber dominado con sus bandoleros el Montseny, la Segarra y las cercanías de Barcelona se había acogido al indulto ofrecido por el virrey de Cataluña don Pedro Manrique, y el 30 de junio de aquel año obtuvo la remisión a cambio de comprometerse a servir al Rey durante diez años en Italia o Flandes; y realmente pasó a Nápoles como capitán de un tercio de tropas regulares. No era la primera vez que ello ocurría, pues en 1588 don Luis de Queralt había reclutado un tercio entre bandoleros catalanes, que constó de tres mil hombres y que se distinguió en Flandes con el nombre de «Tercio negro de los valones de España», llamado así por donaire a causa de que sus componentes apenas sabían hablar castellano. (® bandolero)

Las partidas de bandoleros que merodeaban por lugares montañosos de Cataluña tenían sus amigos y valedores en Barcelona donde Rocaguinarda estuvo un tiempo escondido; y ello explica que el Roque Guinart del Quijote recomiende el hidalgo manchego a un su amigo don Antonio Moreno, residente en la ciudad.[2]», MdeRiquer, Q., 1975, p. 1036-1037.

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[1] F. Soldevila, Hist. de Catalunya (Barcelona, 1962). II, p. 962-974

[2] Para este capítulo véase el libro de L. Soler Terol, Perot Rocaguinarda, Manresa, 1910; y en general para los bandoleros catalanes en tiempos de Cervantes los de J. Reglá Felip II i Catalunya, Barcelona, 1956, y Els virreis de Catalunya, Barcelona, 1956.

 

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Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid, aparecerá en 2005.


13:16 Écrit par SaGa Bardon | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |

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