27/10/2005

Hambre en el Quijote

 Hambre en el Quijote

El hambre atraviesa el Quijote como necesidad por antonomasia, lo cual hace que en la fraseología esté obsesivamente asociada con la muerte.

 

hambr-: hambre: 59: [grandísima hambre: 1; me muero de hambre: 1; mucha hambre: 3; muerto de hambre: 3; muertos de hambre: 1; traspasado de hambre: 1]; hambrientas: 1; hambriento: 2; hambrientos: 2

hambre (doc. ±980, del ant. fambre < lat. vg. *faminem, lat. famem.) f. 'necesidad de comer'

Refrán: «A hanbre, no ai pan duro, ni falta salsa a ninguno.», Corr. 28.a.

 «De todo hay en el mundo, y esto de la hambre tal vez hace arrojar los ingenios a cosas que no están en el mapa.», NovelEjemp., p. 1.b.

El hambre atraviesa el Quijote como necesidad por antonomasia, lo cual hace que en la fraseología esté obsesivamente asociada con la muerte.

|| la hambre y la continua necesidad: ® necesidad

|| La mejor salsa del mundo es la hambre: fr.proverb. La única salsa que se menciona en el Quijote es el hambre (dos veces); con ella aderezan sus alimentos los pobres de finales del s. XVI y comienzos del XVII, época de grandes hambres, en particular en Andalucía, como lo recuerda el refranero: «Líbrete Dios de la enfermedad ke baxa de Kastilla, i de la hanbre ke sube de la Andaluzía.», Corr. 215.b.

«Los efectos de la competencia extranjera, la disminución de la demanda, los dañinos resultados del alza de precios, se habían dejado sentir ya sobre la artesanía y el comercio castellanos durante el último tercio del siglo XVI; pero la ruina definitiva de los negocios no sobreviene hasta la última década de la centuria, cuando la peste, las malas cosechas y el hambre extienden sus efectos a las ciudades y éstas se muestran incapaces de subsistir en un país devastado.», Salazar Rincón, p. 291-292.

He aquí la traducción de esta situación sobre el privado: «Dábase muy poca limosna y no era maravilla, que en general fue el año estéril y, si estaba mala la Andalucía, peor cuanto más adentro del reino de Toledo y mucha más necesidad había de los puertos adentro. Entonces oí decir: «Líbrete Dios de la enfermedad que baja de Castilla y del hambre que sube del Andalucía… nunca pudieron ser amigos la hambre y la vergüenza» », MA, Guzmán, vol. I, p. 130 y 131.

En 1631, Miguel Caxa de Leruela señala que los labriegos: «...cuando se hallan quebrantados, y envejecidos del trabajo de la labranza, son forzados a salir de sus aldeas a mendigar por no morir de hambre en ellas».

Tras la aventura del cuerpo muerto, don Quijote y Sancho: «con la salsa de su hambre, almorzaron, comieron, merendaron y cenaron a un mesmo punto, satisfaciendo sus estómagos con más de una fiambrera que los señores clérigos del difunto—que pocas veces se dejan mal pasar—en la acémila de su repuesto traían.», I.19.47.

La glotonería de Sancho, «vicio en apariencia, es consecuencia de una alimentación deficiente, producto del hambre acumulada durante años, de lo cual da testimonio la frase lapidaria de su mujer hablando de las pretensiones de gobierno de su marido y del porvenir de sus hijos: «La mejor salsa del mundo es la hambre; y como ésta no falta a los pobres, siempre comen con gusto», II.5.12.», Salazar, c. III, p. 164 y ss. 

Pero, ¿qué decir del hambre de los hidalgos como don Quijote? Él mismo recuerda con detalles particularmente precisos las servidumbres y miserias a las que estaban sujetas las gentes de su condición, en un monólogo que le viene a los labios al soltársele los puntos de las medias en su aposento del palacio de los Duques: «¡Miserable del bien nacido que va dando pistos a su honra, comiendo mal y a puerta cerrada, haciendo hipócrita al palillo de dientes con que sale a la calle después de no haber comido cosa que le obligue a limpiárselos! ¡Miserable de aquél, digo, que tiene la honra espantadiza, y piensa que desde una legua se 1e descubre el remiendo del zapato, el trasudor del sombrero, la hilaza del herreruelo y la hambre de su estómago!», II.44.24.

El lugar del monólogo no es indiferente, ya que la concentración de la propiedad territorial en manos de los grandes y caballeros (el duque lo es, mientras que don Quijote pretende serlo, pero no lo es) acabó de arruinar a estos nobles de medio pelo (Salazar) que son los hidalgos como don Quijote, cuyas propiedades habían pasado ya a estas manos o a las de los burgueses y letrados de la ciudad. «El afán de lucro de los poderosos se vio estimulado durante el siglo XVI por el alza de precios, por las crecientes posibilidades de ampliar y diversificar los negocios, y también por la merma relativa de los ingresos que podía ocasionar la inflación. Todo ello empujó a los nobles a desprenderse de escrúpulos morales, a enriquecerse con el hambre y la carestía, apropiarse de los bienes comunales de los lugareños para dedicarlos al cultivo, y a emplearse en actividades tradicionalmente incompatibles con la nobleza», Salazar, p. 30.

El Obispo de León explicaba, en una carta dirigida a Felipe III en 1602, que a la capital de su diócesis: «...acudían gran número de pobres bien nacidos, limpios y nobles, de las montañas de Asturias y Galicia, que, para no perecer de hambre, se repartían en las casas de los eclesiásticos y seglares y en monasterios. En las grandes necesidades andaban a su ventura descalzos y desnudos, durmiendo en mayor rigor del frío en las calles, con notable peligro de su salud y vidas», (Salazar).

Don Quijote tiene hambre, aunque recién salido de su lugar no se atreve a declararlo abiertamente sino con litote; así que dice a las mozas de la venta, que le han preguntado si quería comer alguna cosa: «—Cualquiera yantaría yo -respondió don Quijote-, porque, a lo que entiendo, me haría mucho al caso»,», I.2.25.

Don Quijote ya no tiene reparos en proclamar en público, aunque con eufemismo muy propio de hidalgo, que siente el hambre: «acabe presto maese Pedro; que se hace hora de cenar, y yo tengo ciertos barruntos de hambre.», II.26.48.

|| muertos de hambre: ® menesteres naturales

|| padecía hambre Sancho: El gobernador SP tiene hambre en la ínsula Barataria, porque el médico que cuida de su salud le niega la comida: «Con esta sofistería padecía hambre Sancho, y tal, que en su secreto maldecía el gobierno y aun a quien se le había dado; pero con su hambre y con su conserva se puso a juzgar aquel día», II.51.3.

Para Sancho Panza, el doctor Pedro Recio de Agüero, doctor por la Universidad de Osuna, es un médico ignorante y malo porque le hace pasar hambre; ahora bien, matar a un mal médico, verdugo de la república, es hacer servicio a Dios. En cuanto a sí mismo, Sancho Panza prefiere renunciar al gobierno, si no puede comer: «Y denme de comer, o si no, tómense su gobierno; que oficio que no da de comer a su dueño no vale dos habas.», II.47.13.

Una carta del Duque a SP le indica que han entrado en el lugar cuatro personas disfrazadas para quitarle la vida, por lo cual le aconseja: «no comáis de cosa que os presentaren», II.47.20. SP infiere que la persona que quiere matarle es el doctor Recio, su médico, puesto que le mata de hambre, y que, en consecuencia, conviene meterlo en un calabozo: «—Lo que agora se ha de hacer, y ha de ser luego, es meter en un calabozo al doctor Recio; porque si alguno me ha de matar ha de ser él, y de muerte adminícula y pésima como es la de la hambre.», II.47.23.

Hay un doble un poco más abajo, también sobre el tema del hambre: «Negociante necio… no vengas a la hora de comer ni a la de dormir; que los jueces son de carne y de hueso, y han de dar a la naturaleza lo que naturalmente les pide, si no es yo, que no le doy de comer a la mía, merced al señor Doctor Pedro Recio Tirteafuera, que está delante, que quiere que muera de hambre, y afirma que esta muerte es vida, que así se la de Dios a él y a todos los de su ralea, digo, a la de los malos médicos; que la de los buenos palmas y lauros merecen.»  II.49.2.

Sancho Panza quiere aprovechar la ausencia de su médico para comer algo de peso y substancia: «—¿Sería posible—dijo Sancho—, maestresala, que agora que no está aquí el doctor Pedro Recio, que comiese yo alguna cosa de peso y de sustancia, aunque fuese un pedazo de pan y una cebolla? », II.47.30.

El labrador que viene a visitar al Gobernador Sancho Panza mientras éste se preocupa de su hambre, le dice que a su mujer se la mató un mal médico, que la purgó estando preñada», II.47.40.

|| su mucha hambre y necesidad ® necesidad ® toros… animales inmundos y soeces

 

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Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid, aparecerá en 2005.


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Marbella en el corazón

 

Marbella en el corazón

 

  A mi compañero bloguero Carlos Díaz Ruíz, autor de "Málaga en el corazón"

 

Quien como tú, Carlos, lleva a Málaga en el corazón, es porque tiene su corazón en Málaga. Yo, por mi parte, lo tengo no sólo en Málaga, que fue donde pasé de la niñez inocente a la adolescencia responsable, sino también en Marbella, donde mi familia se afana desde hace ya medio siglo por mantener con trabajo digno a cientos de personas; donde yo mismo escogí residencia española como emigrante en Bélgica y donde tuve la suerte de colaborar con mi hermana en la creación del movimiento ciudadano y de la asociación pro juventud Horizonte, hace ya muchísimos años.

 

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Como símbolo del objetivo que nos proponíamos con la asociación Horizonte, concebí personalmente el nombre de la asociación y el icono de la paloma que logra escapar de su jaula a través de los barrotes. Dialogando con mi hermana, le añadimos al icono la frase “Hay una salida”, que sintetiza perfectamente la fe que tenemos en que los jóvenes con problema encuentren una salida en la vida. Mi sobrina Isa, que es al mismo tiempo historiadora de arte, poeta y pintora, realizó el primer dibujo del conjunto, que es el que más me gusta, porque es el más sencillo. El dibujo que se emplea ahora ha añadido dos palomas a la paloma protagonista inicial, con lo cual cualquier observador, como yo mismo, se pone a pensar cuál es el sentido del nuevo simbolismo.

He aquí tres interpretaciones que se me ocurren a mí, sin que haya consultado previamente con mi hermana, para saber si son exactamente las mismas que se le ocurren a ella.

Primera interpretación: el simbolismo primitivo quería sugerir el estado singular del joven que había caído en las redes que le tendían las mafias de la droga, y que se preguntaba si podría escapar de la cárcel en que lo habían metido. Con respecto a este simbolismo, la pluralidad de las palomas prisioneras podía significar que con el tiempo la cantidad de jóvenes atrapados por la droga se había multiplicado.

Segunda interpretación: mi hermana se dio cuenta, tras muchos años de brega con los drogadictos y tras haber traído a España el programa italiano "Proyecto Hombre", que más radical que la curación singular era la prevención plural. Este cambio de perspectiva explica que Horizonte se comprometiera de más en más con los programas educativos.

Tercera interpretación: la nueva simbología evoca el fenómeno tan actual de la presión migratoria. El grupo de palomas da a entender que ya no son individuos aislados, sino bandadas de personas las que ven en la generosidad de Marbella su salida laboral y vital. Debes saber que la mayor parte de la mano de obra Marbellí viene de fuera.

Se ha dicho más de una vez, y hoy mismo acabo de volver a leerlo, que Marbella es una estrella. Yo me atrevería a decir, si se mira al corazón de sus gentes, que es algo más que una simple estrella, y no sólo porque es bella, que rima con estrella y con Marbella, sino porque se ha ganado un puesto de capital importancia en la industria que más trabajo da en España. Marbella es el centro de un sistema solar, cuyos planetas se extienden no solamente a lo largo de toda la Costa del sol, sino a lo largo de todas las costas españolas.

 Reconozco, Carlos, que por el momento tengo el corazón en un puño por una razón muy importante: desde hace ya demasiado tiempo Marbella no tiene el gobierno responsable que se merece. Tan es así, que pienso que esta ciudad, cuyas gentes generosas llevo yo en el corazón, necesita que surja un movimiento ciudadano que dé lugar a una coalición de intereses comunales, cuyo único objetivo político no partidista sea el bien común de todos los marbellíes y de todos los marbelleros. Esta coalición tendrá que dotar a Marbella del gobierno competente y honesto que preserve y multiplique su capacidad de generar riqueza y de transformarla en seguridad y bienestar para todos.

Mi consuelo, Carlos, es que yo creo que también para Marbella “Hay una salida” y que esta salida plural puede y debe ser su horizonte común para todos.


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21/10/2005

El YO en el Quijote

 El Yo en el Quijote

 

En cierta manera el mito voluntarista de don Quijote, cuya máxima expresión es la frase “Yo sé quién soy”, inaugura la era de los anti-mitos.

 

yo: 2076: [ya yo: 16; yo no soy: 12; yo sé: 56; yo sé quién soy: 1; yo soy: 87; yo… soy: 163; yo soy don Quijote de la Mancha: 7; yo soy el que: 3; yo ya: 1; yo…yo: 11]

yo (doc. ±950, del ant. *ieo, lat. vg. eo, s. VI, nomin. lat. ego ) pron.pers. forma átona de la primera persona del singular, en función de sujeto: 'quien te habla o te escribe ahora': «IO. Latine ego, primera persona. Suele tener énfasi por la calidad del que habla, incluida en la palabra yo, como: Yo el rey, etc.», Cov. 741.a.25.

|•| Repetido por énfasis. «que yo no me tengo de tomar, yo, con los enemigos de mi amo, que deben de ser muchos y malos.», II.33.18. • Sería absurdo el enmendar la ed. pr. suprimiendo la repetición, como lo hacen muchos editores modernos, puesto que se destruiría el soporte formal de la intención enfática.

|| ya yo no soy: La cacofonía y la anáfora -el adverbio «ya» se repite cinco veces en el mismo párrafo- son empleadas aquí para llamar la atención sobre el contenido del mensaje: «—Dadme albricias, buenos señores, de que ya yo no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de Bueno. », II.74. 9. • Idéntica cacofonía sirvió para subrayar el disgusto que sentía don Quijote al mencionarle la parodia que «un tal, vecino de Tordesillas» había hecho de su historia: «Ya yo tengo noticia deste libro.», II.62.100. ® ya

|| yo y este… : «—Señor gobernador, yo y este hombre labrador venimos ante vuestra merced en razón que este buen hombre llegó a mi tienda ayer», II.45.11. • «Ahora se miraría como de mala educación decir: yo y este…, y se dice este… y yo. Entre los romanos, la costumbre era contraria a la nuestra: decían ego et hic; y, a la verdad, parece este uso más conforme a la razón.», Clem. 1781.a.

|| Yo no puedo más: ® puedo

|| yo no soy: Alonso Quijano el Bueno ha puesto fin a sus locas aventuras como don Quijote de la Mancha: «—Dadme albricias, buenos señores, de que ya yo no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de Bueno.», II.74.9. • Nótese el paralelismo de esta escena con la del Licenciado Vidriera: «—Señores, yo soy el Licenciado Vidriera, pero no el que solía: soy ahora el Licenciado Rueda. Sucesos y desgracias que acontecen en el mundo por permision del Cielo me quitaron el juicio, y las misericordias de Dios me le han vuelto.», NovelEjempl., p. 125.a. ® Yo sé quién soy

|| yo sé: «Yo sé, Olalla, que me adoras», I.11.16. • Soneto de Lotario en la novela del Curioso Impertinente: «Yo sé que muero; y si no soy creído , es más cierto el morir, como es más cierto verme a tus pies, ¡oh bella ingrata!, muerto, antes que de adorarte arrepentido.», I.34.25.

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||Yo sé quién soy: En el Amadís de Gaula se encuentra esta misma frase en forma negativa: «no sé quién soy». Hasta que le sea dado el conocer a sus padres auténticos y su propio nombre, el problema mayor del héroe es su propia identidad. Su apodo de Doncel del Mar le fue puesto por su primer padre adoptivo, el caballero escocés Gandales, porque lo encontró en el mar en un arca flotando a la deriva. Víctima de una crisis de identidad, cuando se acuerda de su amiga y amada Oriana, hija del rey Lisuarte de Gran Bretaña, comienza a decir: «—¡Ay, catiuo Donzel del Mar, sin linaje y sin bien! ¿cómo fueste tan osado de meter tu coraçón y tu amor en poder de aquella que vale más que las otras todas de bondad y fermosura y de linaje?… & yo catiuo que no sé quién so, que biuo con trabajo de tal locura que moriré amando sin jelo osar dezir.», Amadís de Gaula, p. 68, 119-121. • Versión libre de Ángel Rosenblat: «—¡Ay, Doncel del Mar, sin linaje y sin bien! ¿Cómo has osado poner tu corazón en quien vale más que las otras en bondad, hermosura y linaje? ¡Desdichado de mí que no sé quién soy y moriré amándola sin atreverme a decírselo!», Amadís, p. 33.

|•| Réplica de don Quijote a su vecino Pedro Alonso, que lo ha encontrado tendido en el camino de su primera vuelta a su aldea: «—Yo sé quién soy —respondió don Quijote—, y sé que puedo ser no sólo los que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia, y aun todos los nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron, se aventajarán las mías.», I.5.13.

Esta declaración de don Quijote, que de alguna manera parece recoger resonancias del Entremés, afirma su autonomía ante los héroes que lo enloquecen, y corrobora la dimensión artística totalmente innovadora de los desvaríos o desdoblamientos de su propia personalidad. Al erguirse sobre los héroes legendarios, el hidalgo identifica su voluntad y conciencia de «ser él quien es» en el plano y potencia de lo mítico, lo cual lo incorpora no en una mitología de lo antonomásico, sino en la de lo personal e inédito. En cierta manera el mito de don Quijote inaugura la era de los anti-mitos. (Comparar este punto de vista con el de la nota de Murillo, I.5, p. 106.)

«El famoso "Yo sé quién soy" equivale realmente, como vio Unamuno, a "yo sé quién quiero ser", y este deseo de autorrealización no es egotismo ni locura alguna, es la esencia misma de la vida humana, su propio imperativo.», Gaos 1987, III, p. 174. ® Entremés ® yo no soy 

|| yo seguro: 'yo estoy seguro'. • Preámbulo de la tercera salida: «—Yo seguro—respondió el cura—que la sobrina o el ama nos lo cuentan después», I.2.13.

|| yo soy: LC.: «Mas yo soy Tirante el Blanco, que, con la espada en la mano, rey, duque, conde ni marqués, ni otro cavallero ninguno, no puede rehusar mi batalla; esto es notorio a las gentes.», J. Martorell, Tirante el Blanco, cap. LXVII, ed. MdeRiquer, 1990, p. 132

Siete veces, todas en la segunda parte, se presenta nuestro protagonista con la frase escueta y enfática: «yo soy don Quijote de la Mancha», cap. 10, 16, 29, 38, 46, 60 y 72. Otras autopresentaciones serán menos escuetas e incluso prolijas, pero siempre enfáticas, gracias a la presencia del pronombre. Dos ejemplos:

Don Quijote se presenta a Juan Haldudo el rico: «yo soy el valeroso don Quijote de la Mancha, el desfacedor de agravios y sinrazones», I.4.22.

En el preámbulo de la aventura de los Batanes, don Quijote se presenta a Sancho como quien ha de resucitar la edad de oro: «Yo soy aquél para quien están guardados los peligros, las grandes hazañas, los valerosos hechos. Yo soy, digo otra vez, quien ha de resucitar los de la Tabla Redonda, los Doce de Francia y los Nueve de la Fama, y el que ha de poner en olvido los Platires, los Tablantes, Olivantes y Tirantes, los Febos y Belianises, con toda la caterva de los famosos caballeros andantes del pasado tiempo, haciendo en éste en que me hallo tales grandezas, estrañezas y fechos de armas, que escurezcan las más claras que ellos ficieron. », I.20.4.

|| yo soy aficionado a leer: Notese el énfasis del pronombre, presente éste en la ed. pr., que muchos editores han suprimido, «sin saber lo que hacían».

El narrador editor explica cómo encontró en uno de estos cartapacios el manuscrito del fin de su historia: «como yo soy aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación, tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía, y vile con carácteres que conocí ser arábigos.», I.9.6.

|| yo y la duquesa: no sólo no era falta de educación que el locutor se citara a sí mismo en primer lugar, sino que este uso socio-lingüístico era el que recomendaba Nebrija, contra el uso, discretamente presente en el Quijote y actual hoy en día, de posponer el yo: «en ninguna manera se puede sofrir que la orden natural de las personas se perturbe, como se hace comúnmente en nuestra lengua, que siguiendo una vana cortesía dizen: el rei ~ tú ~ io venimos, en lugar de dezir io ~ tú ~ el rei venimos"., Gramática de la lengua castellana, II, 2.

El duque aragonés invita a don Quijote: «—Digo que venga el señor Caballero de los Leones a un castillo mío que está aquí cerca, donde se le hará el acogimiento que a tan alta persona se debe justamente, y el que yo y la duquesa solemos hacer a todos los caballeros andantes que a él llegan.», II.30.29.

||…yo…|| no hay otro yo en el mundo: 'yo soy único en el mundo' . Don Quijote defiende su verdad literaria, contra la mentira del personaje de Avellaneda, revindicando su singularidad, II.70.21.

|| que yo solo sea el que me sirva: hipérbaton 'que sea yo solo el que me sirva' • Don Quijote, privado de Sancho, no quiere que nadie le sirva dentro de su aposento: «suplico a vuestra excelencia que dentro de mi aposento consienta y permita que yo solo sea el que me sirva.», II.44.13.

|| y yo y todo: 'y yo también', indicando gran encarecimiento. • Se trata de la salida de don Quijote de la jaula: «—Yo le fío de la fuga—respondió Sancho. —Y yo y todo —dijo el canónigo—, y más si él me da la palabra como caballero de no apartarse de nosotros hasta que sea nuestra voluntad.», I.49 § 6-7. ® todo: y todo  

|| ya yo: ® ya 
 

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Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid, aparecerá en 2005.



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