24/09/2012

La Fe contra la marginación de los Intocables

 

 

El padre Yesumarian ha vivido en primera persona desde su nacimiento la condición de intocable.

La intocabilidad, forma y expresión cruel del sistema de castas, le ha impedido incluso comer, cuando tenía 17 años, durante una gran sequía en la región donde vivía con su familia.

En aquél momento crucial de su vida, la intocabilidad había aumentado la pobreza de su familia y humillado a su madre en el mercado público, donde vendía la leche de su vaca, sirviendo de pretexto para no aceptar el fruto de su trabajo, el haber descubierto la clientela su condición de intocable.

Esta experiencia límite sirvió a la familia para darse cuenta, frente a la crueldad de la evidente marginación vital, de que la sociedad india no solamente no los trataba como seres humanos, sino que ni siquiera los consideraba como tales.

Las reflexiones que surgieron en el joven Yesumarian, al afrontar aquella experiencia, no le llevaron a un sentimiento de revancha, a pesar de sus lágrimas, sino que más bien alimentaron dentro de su conciencia la vocación de sacerdote jesuita, para poder trabajar con y entre las víctimas de aquella deshumanización en la perspectiva de su dignificación humana:

“quería ser sacerdote en la Compañía de Jesús para poder trabajar con y entre las víctimas de aquella deshumanización. Durante toda mi formación estuve en contacto con esas situaciones y sus víctimas para mantener vivo ese espíritu.”

-oOo-

CÓMO VIVO MI FE ENTRE LOS MARGINADOS
por L. Yesumarian, SJ

Tenía que recorrer 10 km cada día para ir al cole. En mi último año de secundaria -cuando tenía 17 años- hubo una gran sequía en la región. La gente estaba amenazada por el hambre, luchaba por conseguir agua potable y mi familia sufría las consecuencias de esta situación. Apenas comíamos una vez al día, ver el arroz en la mesa era como ver al mismo Dios y que todos pudiéramos tener una comida completa era una experiencia de su gracia.

En aquel tiempo se celebró por primera vez el ‘Mercado de fin de semana’ a tres km de mi pueblo. Nuestra vaca podía ser una fuente de ingresos para nuestra familia, así que mi madre la ordeñó para llevar la leche al mercado y venderla. En media hora vendió la leche, que gustó mucho a sus consumidores. Con el dinero que obtuvo, compró un poco de arroz y verduras frescas y, así, después de mucho tiempo, pudimos tener todos una comida completa. Aquella noche dormimos bien.

La semana siguiente mi madre preparó de nuevo la leche con más cuidado aún que la primera vez y la llevó al mercado. Por la noche esperábamos su regreso ansiosos, para poder cenar. Esperamos y esperamos, pero para nuestra decepción mi madre volvió con toda la leche que había llevado por la mañana al mercado, sin haber vendido ni siquiera un vaso. Al preguntarle qué había pasado, dijo con lágrimas en los ojos: “La semana pasada, como era el primer día que estaba allí, no me identificaron, pero ahora la gente sabe que soy una mujer intocable y nadie quiere ya la leche que vendo”. Nos bebimos la leche que había traído de vuelta y nos fuimos a la cama. Me quedé sin dormir en toda la noche. Estaba inquieto y lloraba lleno de emociones.

La intocabilidad, forma y expresión cruel del sistema de castas, me había impedido comer, había aumentado mi pobreza y humillado a mi madre. Nos dábamos cuenta de que la sociedad india no nos trata como seres humanos, ni nos considera tales. Aquella experiencia y las reflexiones que surgieron en mí no me llevaron a un sentimiento de revancha, sino que más bien alimentaron la vocación dentro de mí: quería ser sacerdote en la Compañía de Jesús para poder trabajar con y entre las víctimas de aquella deshumanización. Durante toda mi formación estuve en contacto con esas situaciones y sus víctimas para mantener vivo ese espíritu.

Después de mi ordenación empecé a vivir y a trabajar con los pobres, los marginados y los dalits, tratando de que tomaran conciencia de su situación, promoviendo y protegiendo los derechos humanos, creando redes y solidaridad con las masas de oprimidos. He puesto todo mi empeño en la construcción de iniciativas como el Movimiento Dalit, el Movimiento de los Dalits Cristianos o el Movimiento de los Trabajadores. Considero que en el contexto de la India los movimientos son un símbolo de esperanza y un signo del Amor de Dios. Me he dado cuenta y he experimentado que un movimiento social de los pobres es un canal de la gracia del Dios que salva y libera.

En una de las luchas por defender el derecho a la tierra de los dalits en que participé, me detuvieron, me desnudaron, me torturaron y me metieron en la cárcel (en realidad, varias veces he sido encarcelado por mi solidaridad con los dalits y los marginados). Durante el cautiverio uno de los policías se acercó y me dijo: “Pareces un hombre inteligente y con muchas capacidades. ¿Por qué gastas tu vida y tus talentos con esa gente -los intocables, etc.-, en lugar de fundar un colegio que podría ser útil para nosotros y por lo cual te estaríamos agradecidos?”

Aquel hombre me decía con ello que los talentos y la inteligencia debían ser puestos al servicio exclusivo de gente con privilegios e influencia. A los marginados, dalits y gente pobre, nunca debería permitírseles alcanzar lo mejor. Aquella detención fue para mí un momento de gracia que me llevó a comprometerme más a fondo con la causa de los pobres, los marginados y los dalits. Utilizar los mejores medios en su favor es un reto en el contexto cultural indio, que se rige por el sistema de castas. Me doy cuenta y experimento que la creación de movimientos populares constituye una respuesta a ese desafío.

Participar en las luchas del movimiento popular me dio una sensación de liberación, me sentí santificado. Implicarme en esa lucha dio un sentido nuevo a la lectura de la Sagrada Escritura, a los Ejercicios Espirituales y a la celebración de la Eucaristía. Me dio energía y me hizo entender mejor el universo.

En la medida en que me implico más en el movimiento popular me siento atraído hacia la oración de la generosidad: “sin medir el coste, sin reparar en las heridas, sin buscar descanso, trabajando sin pedir recompensa”. Pido al Señor que me haga capaz de entregarme del todo a los pobres por ser ellos los que me liberan y me salvan: “Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos”.

-oOo-

SJES Headlines
Patxi Álvarez SJ, Director Responsable
Xavier Jeyaraj SJ, Redactor
Secretariado para la Justicia Social y la Ecología, Borgo S. Spirito 4, 00193 Roma, Italia

-oOo-

23.09.12 | 18:00. Archivado en SociogenéticaÉticaReligionesPro justitia et libertateGeopolíticaAsiaJesuitas

09:30 Écrit par SaGa Bardon dans Actualidad, Antropología, Religiones | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |

06/04/2011

"Juventud SIN futuro" = "Humanidad SIN futuro"

 

 
 

Dejando a la juventud sin futuro, nos privamos de nuestro propio futuro.

La paradoja transgeneracional a la que asistimos, unos como agentes y otros como pacientes, es global.

Se manifiesta con particular agudeza en España, donde el colectivo más castigado por el paro es la juventud, con una tasa de paro juvenil del 40%, la más alta de la UE.

La paradoja transgeneracional es también europea y mundial, porque se manifiesta, con diferentes grados de intensidad, tanto en las prósperas Europa y Norteamérica como en el resto del planeta. Por el momento la paradoja transgeneracional es particularmente aguda en los países sometidos a dictaduras, que lo son en general los de las antiguas colonias europeas, muchas de ellas de cultura árabe y/o de religión musulmana.

La paradoja es, como recurso retórico, una "figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción". Tal es el caso de una frase o texto donde se atribuyen dos cualidades contrarias o dos proposiciones contradictorias a un mismo sujeto.

Cualidades contrarias: ‘El avaro es un rico pobre’: “Mira al avaro, en sus riquezas, pobre".
Proposiciones contradictorias: ‘El futuro de la humanidad no tiene futuro’: “La juventud, que es el futuro de la humanidad no tiene futuro”.

Solemos decir que la juventud es nuestro futuro, pero privando a la juventud de futuro, como lo hacemos al negarle sus derechos, la reducimos a la inexistencia, al mismo tiempo que nos privamos a nosotros mismos de nuestro propio futuro, tanto personal como social y mundial.

Actualmente se niegan impunemente a la juventud los siguientes derechos humanos: el trabajo en la dignidad y la justicia, garantizado por contratos no precarios; la seguridad económica durante la vida de trabajo y durante el retiro; la formación y el conocimiento no mercantilizados; la vivienda no sometida a la especulación inmobiliaria.

El Manifiesto de “Jóvenes SIN futuro” resume esta situación de injusticia intergeneracional afirmando:

“Somos las y los jóvenes a quienes las élites económicas y las políticas de nuestros gobiernos nos quieren convertir en la generación sin formación ni trabajo ni pensión digna.
Aquellos que, además, no tendremos casa en nuestra vida, desde que los especuladores hicieron del derecho a la vivienda un negocio con el que enriquecerse; un modelo de crecimiento económico que ha fracasado y ha generado esta crisis. Hemos tomado conciencia de que las medidas de salida a la crisis económica se han realizado a través de una constante socialización de las pérdidas.”

No lo olvidemos: El único futuro de la humanidad es la juventud, pero si la juventud no tiene futuro, la humanidad tampoco lo tiene.

Manifiesto: "Juventud SIN futuro"

"Nosotras y nosotros, la juventud sin futuro, nos dirigimos a la opinión pública para mostrar nuestro desacuerdo con la política de recortes sociales del Gobierno, y la consecuencia más grave y con mayor impacto en el futuro que estas medidas representan: la juventud más preparada de nuestra historia vivirá peor que sus padres.

La agresión contra el colectivo juvenil en un escenario de crisis capitalista, con una tasa de paro juvenil del 40%, la más alta de la UE, se materializa principalmente en tres medidas:
o La Reforma laboral, que aumenta la temporalidad de nuestros contratos, la flexibilidad laboral y supone la desaparición de la negociación colectiva, convirtiéndonos en trabajadores precarios/as de por vida.

o La Reforma del sistema de pensiones, que retrasa la edad de jubilación y reduce la cuantía de nuestras futuras pensiones y nos dificulta aún más encontrar un trabajo digno. Todo ello nos plantea un horizonte sin futuro.

o La mercantilización de la Educación pública, que apuesta por la rentabilidad privada, y no por la formación y el conocimiento. Una universidad de élite para una minoría y fábrica de precarios para una mayoría, con medidas que se concretan en una nueva selectividad que pone trabas al acceso a la universidad y en la degradación de la formación profesional.

Somos las y los jóvenes a quienes las élites económicas y las políticas de nuestros gobiernos nos quieren convertir en la generación sin formación ni trabajo ni pensión digna. Aquellos que, además, no tendremos casa en nuestra vida, desde que los especuladores hicieron del derecho a la vivienda un negocio con el que enriquecerse; un modelo de crecimiento económico que ha fracasado y ha generado esta crisis. Hemos tomado conciencia de que las medidas de salida a la crisis económica se han realizado a través de una constante socialización de las pérdidas.

Frente a la salida de la crisis por la derecha, nosotras y nosotros, la generación precaria, señalamos a los culpables y reivindicamos ser escuchados.

Queremos recuperar nuestra capacidad para ser actores de un motor de cambio, combatiendo un país de precariedad, desempleo y privatización de nuestra educación. Somos además conscientes de que la movilización y la lucha tienen sentido, pero sobre todo de que son necesarias. Italia, Francia, Grecia o Islandia nos enseñan que la movilización es indispensable. El mundo árabe nos demuestra que la victoria es posible.

Por eso llamamos a un ciclo de movilizaciones que recuperen la voz de la juventud en la calle, y lo hacemos extensivo a la sociedad civil. Nosotros no nos fiamos, sabemos que esto sólo lo solucionamos sin los que causaron esta crisis. Instamos a emprender la movilización colectiva, a reivindicar nuestro derecho a disentir, a reconstruir nuestro futuro.

Los abajo firmantes, estudiantes y miembros de la comunidad educativa, jóvenes trabajadoras y jóvenes trabajadores, movimientos sociales, profesionales de la ciencia, la técnica; mundo de la cultura y de las artes dan respaldo con su firma a este llamamiento a la movilización.

«Nos habéis quitado demasiado, ahora lo queremos todo»

Manifestación en Madrid: jueves 7 de abril - 19h - Pza. Antón Martín

Juventud SIN futuro

-oOo-



07/08/2010

Los Salvadores deploramos Hiroshima 2/2

 

 

La fiesta de la Transfiguración, fiesta onomástica por excelencia de los Salvadores, coincide paradójicamente con el aniversario del bombardeo de Hiroshima.

Con el sincero deseo de transformar la paradoja en símbolo, todos los seres humanos de buena voluntad del Mundo entero, prometemos unirnos en este día como salvadores del Mundo, para evitar con nuestra presencia fraternal que ningún ser de la creación, ni humano ni animal, ni vegetal ni mineral, por humilde que sea, vuelva a pasar por el horror que marcó para siempre las vidas de las víctimas de Hiroshima y Nagasaki. "Nunca más Hiroshima y Nagasaki", repetimos a coro con los supervivientes de las dos mañanas trágicas para la humanidad del 6 y del 9 de agosto de 1945.

-oOo-

Imagen: La Transfiguración, obra de Rafael Sanzio, 1520

Si tú te llamas Salvadora o Salvador, vives donde vivas en el planeta Tierra y celebras hoy, como lo hacen muchos andaluces, el día de tu santo, por ser el día de la Transfiguración, te felicito, te abrazo como tocayo y te encargo que, como mensajero de Paz que eres desde tu nombramiento, anuncies a tus semejantes del Mundo entero que su salvación no está en la destrucción mutua sino en la creación solidaria.

Para ver el sentido último de esta vida, siempre corta, por muy larga que parezca al inconsciente que la dilapida, las personas como las sociedades debemos levantarnos por encima del nivel de lo puramente sensible y utilitario. Sólo así logramos alcanzar el nivel de la razón creativa, la única salvadora, inaccesible con la simple mecánica utilitaria.

No te preguntes al hacer algo por ti y por los demás cuanto dinero o cuanto poder te va a aportar lo que hagas. Pregúntate más bien qué nivel de creación vas a lograr para ti y para los demás con tu obra, por sencilla que sea. Será creación a partir del momento que no te olvides ni de ti ni de los demás ni de la obra total que construimos entre todos: tu ciudad, Andalucía, España, Europa, el Mundo, la solidaridad universal que nos salvará a todos.

¡Felicidades, Salvadores!

Los salvadores del planeta Tierra la transfigurarán, porque desean un Mundo donde nunca más pueda repetirse el horror vivido por Hiroshima y Nagasaki.

-oOo-

La 'Transfiguración' de Rafael
por William F. Wertz

En 1517 el cardenal Giulio de Medici le encargó a Rafael Sanzio su pintura "La Transfiguración". Según Vasari, cuando Rafael murió el Viernes Santo de 1520 se colocó la pintura, aún inconclusa, "a la cabeza del difunto, en el cuarto donde trabajaba". Giulio Romano terminó la pintura.

Esta pintura de Rafael refleja las ideas de Nicolás de Cusa, expresadas, entre otras obras, en su De visione Dei, De coniecturis, y De filiatione Dei. La pintura se divide verticalmente en tres secciones que representan los tres niveles de la conciencia humana. Mediante el uso de la luz y la sombra, Rafael logra transmitir la cadena de sucesos representados en las tres secciones, como si existiesen simultáneamente en un solo momento eterno.

La sección inferior muestra una escena agitada: una madre y su familia traen a un niño poseído por el demonio, para que lo curen, pero los nueve apóstoles no lo pueden curar. Se muestra a los apóstoles perdidos en la oscuridad, incapaces de curar al niño porque les falta la fe en Cristo en tanto Palabra o Logos encarnado. Al mismo tiempo, una luz divina emana de la figura de Cristo en la sección superior; una luz que, al iluminar la escena inferior, predice la capacidad de Cristo de curar al niño cuando descienda de la montaña, y también las futuras capacidades de los apóstoles. Comparte esta capacidad, en potencia, el espectador, cuya atención está dirigida a Cristo, representado como la solución por los dos apóstoles que lo señalan y por el gesto del niño y otro apóstol, que extienden sus manos hacia Él. Así, Rafael muestra que la fe en el poder de la razón y del amor vence al mal, que no tiene existencia positiva.

En la sección del medio, los tres apóstoles que ascendieron con Cristo al Monte Tabor están cegados por la luz, y retroceden por temor a las repercusiones de la Transfiguración de Cristo y Su identificación como el Hijo de Dios. Sus acciones posteriores demostrarán, sin embargo, que también ellos, al igual que todos nosotros, podemos ser hijos adoptivos de Dios, si armonizamos nuestras mentes con la palabra de Dios.

Rafael muestra a Cristo transfigurado en una nube radiante, elevado para sugerir su posterior resurrección y ascención. La presencia de esta luz divina confirma que Cristo es la Palabra o Logos, mientras que Moisés y Elías aparecen a Su lado para sugerir que Cristo es el Mesías, que ha venido a cumplir la Ley con amor.

Mediante esta extraordinaria composición, Rafael plantea al espectador el reto de que, para ver a Dios, uno debe elevarse por encima del reino de la percepción sensorial y de la lógica deductiva, para entrar en el "tercer cielo" de Cusa, de la razón creativa. Este es el significado de ser hijo adoptivo de Dios.

Fuente: Salvador GARCIA BARDON, Los Salvadores de Marbella deploramos Hiroshima, Qué!, 05/08/2005. 17:27

-oOo-

06.08.10 @ 23:58:45. Archivado en Europa, Las Américas, España, Sociogenética, Antropología, Pro pace, Educación, Pro justitia et libertate, Pintura, Geopolítica, África, Asia, Oceanía 

00:07 Écrit par SaGa Bardon dans Actualidad, Antropología, Educación | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |