02/12/2016

El Yo en el Quijote © 2016

El Yo en el Quijote © 2016

02.12.16 | 11:55. Archivado en Antropología, Ética, Educación, Novela, Cervantes, El Quijote
 

En cierta manera el mito voluntarista de don Quijote, cuya máxima expresión es la frase “Yo sé quién soy”, inaugura la era de los anti-mitos.

yo: 2076: [ya yo: 16; yo no soy: 12; yo sé: 56; yo sé quién soy: 1; yo soy: 87; yo… soy: 163; yo soy don Quijote de la Mancha: 7; yo soy el que: 3; yo ya: 1; yo…yo: 11]

yo (doc. ±950, del ant. *ieo, lat. vg. eo, s. VI, nomin. lat. ego ) pron.pers. forma átona de la primera persona del singular, en función de sujeto: 'quien te habla o te escribe ahora': «IO. Latine ego, primera persona. Suele tener énfasi por la calidad del que habla, incluida en la palabra yo, como: Yo el rey, etc.», Cov. 741.a.25.

|•| Repetido por énfasis. «que yo no me tengo de tomar, yo, con los enemigos de mi amo, que deben de ser muchos y malos.», II.33.18.

• Sería absurdo el enmendar la ed. pr. suprimiendo la repetición, como lo hacen muchos editores modernos, puesto que se destruiría el soporte formal de la intención enfática.

|| ya yo no soy: La cacofonía y la anáfora -el adverbio «ya» se repite cinco veces en el mismo párrafo- son empleadas aquí para llamar la atención sobre el contenido del mensaje:

«—Dadme albricias, buenos señores, de que ya yo no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de Bueno. Ya soy enemigo de Amadís de Gaula y de toda la infinita caterva de su linaje; ya me son odiosas todas las historias profanas del andante caballería; ya conozco mi necedad y el peligro en que me pusieron haberlas leído; ya, por misericordia de Dios, escarmentando en cabeza propia, las abomino.», II.74. 9.

• Idéntica cacofonía sirvió para subrayar el disgusto que sentía don Quijote al mencionarle la parodia que «un tal, vecino de Tordesillas» había hecho de su historia:

«Ya yo tengo noticia deste libro.», II.62.100. ® ya

|| yo y este… : «—Señor gobernador, yo y este hombre labrador venimos ante vuestra merced en razón que este buen hombre llegó a mi tienda ayer», II.45.11.

• «Ahora se miraría como de mala educación decir: yo y éste…, y se dice éste… y yo. Entre los romanos, la costumbre era contraria a la nuestra: decían ego et hic; y, a la verdad, parece este uso más conforme a la razón.», Clem. 1781.a.

|| Yo no puedo más: ® puedo

|| yo no soy: Alonso Quijano el Bueno ha puesto fin a sus locas aventuras como don Quijote de la Mancha:

«—Dadme albricias, buenos señores, de que ya yo no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de Bueno.», II.74.9.

• Nótese el paralelismo de esta escena con la del Licenciado Vidriera: «—Señores, yo soy el Licenciado Vidriera, pero no el que solía: soy ahora el Licenciado Rueda. Sucesos y desgracias que acontecen en el mundo por permision del Cielo me quitaron el juicio, y las misericordias de Dios me le han vuelto.», NovelEjempl., p. 125.a. ® Yo sé quién soy

|| yo sé: «Yo sé, Olalla, que me adoras», I.11.16. • Soneto de Lotario en la novela del Curioso Impertinente:

«Yo sé que muero; y si no soy creído , es más cierto el morir, como es más cierto verme a tus pies, ¡oh bella ingrata!, muerto, antes que de adorarte arrepentido.», I.34.25.

||Yo sé quién soy: En el Amadís de Gaula se encuentra esta misma frase en forma negativa: «no sé quién soy». Hasta que le sea dado el conocer a sus padres auténticos y su propio nombre, el problema mayor del héroe es su propia identidad. Su apodo de Doncel del Mar le fue puesto por su primer padre adoptivo, el caballero escocés Gandales, porque lo encontró en el mar en un arca flotando a la deriva. Víctima de una crisis de identidad, cuando se acuerda de su amiga y amada Oriana, hija del rey Lisuarte de Gran Bretaña, comienza a decir:

«—¡Ay, catiuo Donzel del Mar, sin linaje y sin bien! ¿cómo fueste tan osado de meter tu coraçón y tu amor en poder de aquella que vale más que las otras todas de bondad y fermosura y de linaje?… & yo catiuo que no sé quién so, que biuo con trabajo de tal locura que moriré amando sin jelo osar dezir.», Amadís de Gaula, p. 68, 119-121.

• Versión libre de Ángel Rosenblat: «—¡Ay, Doncel del Mar, sin linaje y sin bien! ¿Cómo has osado poner tu corazón en quien vale más que las otras en bondad, hermosura y linaje? ¡Desdichado de mí que no sé quién soy y moriré amándola sin atreverme a decírselo!», Amadís, p. 33.

|•| Réplica de don Quijote a su vecino Pedro Alonso, que lo ha encontrado tendido en el camino de su primera vuelta a su aldea:

«—Yo sé quién soy —respondió don Quijote—, y sé que puedo ser no sólo los que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia, y aun todos los nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron, se aventajarán las mías.», I.5.13.

Esta declaración de don Quijote, que de alguna manera parece recoger resonancias del Entremés, afirma su autonomía ante los héroes que lo enloquecen, y corrobora la dimensión artística totalmente innovadora de los desvaríos o desdoblamientos de su propia personalidad. Al erguirse sobre los héroes legendarios, el hidalgo identifica su voluntad y conciencia de «ser él quien es» en el plano y potencia de lo mítico, lo cual lo incorpora no en una mitología de lo antonomásico, sino en la de lo personal e inédito. En cierta manera el mito de don Quijote inaugura la era de los anti-mitos. (Comparar este punto de vista con el de la nota de Murillo, I.5, p. 106.)

«El famoso "Yo sé quién soy" equivale realmente, como vio Unamuno, a "yo sé quién quiero ser", y este deseo de autorrealización no es egotismo ni locura alguna, es la esencia misma de la vida humana, su propio imperativo.», Gaos 1987, III, p. 174. ® Entremés ® yo no soy

Articulación diegética:

Narración de la desgracia de nuestro caballero, tras la aventura de los mercaderes toledanos.

Texto ilustrado por Gustave Doré:

"Procuró levantarle del suelo, y no con poco trabajo le subió sobre su jumento, por parecer caballería más sosegada. Recogió las armas, hasta las astillas de la lanza, y liólas sobre Rocinante, al cual tomó de la rienda, y del cabestro al asno, y se encaminó hacia su pueblo"

El Q. I.5.9.

Légende de l'édition française :

[Tome I. Première partie. Pl. en reg. p. 46 : Un laboureur ramène Don Quichotte et Rossinante au village.] Il s'achemina du côté de son village.

Contexto del texto ilustrado:

Capítulo quinto.—Donde se prosigue la narración de la desgracia de nuestro caballero.

8. —Señor Quijana —que así se debía de llamar cuando él tenía juicio y no había pasado de hidalgo sosegado a caballero andante—, ¿quién ha puesto a vuestra merced desta suerte?

9. Pero él seguía con su romance a cuanto le preguntaba. Viendo esto el buen hombre, lo mejor que pudo le quitó el peto y el espaldar, para ver si tenía alguna herida; pero no vio sangre ni señal alguna. Procuró levantarle del suelo, y no con poco trabajo le subió sobre su jumento, por parecer caballería más sosegada. Recogió las armas, hasta las astillas de la lanza, y liólas sobre Rocinante, al cual tomó de la rienda, y del cabestro al asno, y se encaminó hacia su pueblo, bien pensativo de oír los disparates que don Quijote decía; y no menos iba don Quijote, que, de puro molido y quebrantado, no se podía tener sobre el borrico, y de cuando en cuando daba unos suspiros que los ponía en el cielo, de modo que de nuevo obligó a que el labrador le preguntase le dijese qué mal sentía; y no parece sino que el diablo le traía a la memoria los cuentos acomodados a sus sucesos; porque en aquel punto, olvidándose de Valdovinos, se acordó del moro Abindarráez, cuando el alcaide de Antequera, Rodrigo de Narváez, le prendió y llevó cautivo a su alcaidía. De suerte que, cuando el labrador le volvió a preguntar que cómo estaba y qué sentía, le respondió las mesmas palabras y razones que el cautivo Abencerraje respondía a Rodrigo de Narváez, del mesmo modo que él había leído la historia en La Diana, de Jorge de Montemayor, donde se escribe; aprovechándose della tan a propósito, que el labrador se iba dando al diablo de oír tanta máquina de necedades; por donde conoció que su vecino estaba loco, y dábale priesa a llegar al pueblo por escusar el enfado que don Quijote le causaba con su larga arenga. Al cabo de lo cual dijo:
10. —Sepa vuestra merced, señor don Rodrigo de Narváez que esta hermosa Jarifa que he dicho es ahora la linda Dulcinea del Toboso, por quien yo he hecho, hago y haré los más famosos hechos de caballerías que se han visto, vean ni verán en el mundo.
11. A esto respondió el labrador:
12. —Mire vuestra merced, señor, pecador de mí, que yo no soy don Rodrigo de Narváez, ni el marqués de Mantua sino Pedro Alonso, su vecino; ni vuestra merced es Valdovinos, ni Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor Quijana.
13. —Yo sé quién soy —respondió don Quijote—, y sé que puedo ser no sólo los que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia, y aun todos los nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron, se aventajarán las mías.

El Q. I.5.8-13.

|| yo seguro: 'yo estoy seguro'. • Preámbulo de la tercera salida: «—Yo seguro—respondió el cura—que la sobrina o el ama nos lo cuentan después», I.2.13.

|| yo soy: LC.: «Mas yo soy Tirante el Blanco, que, con la espada en la mano, rey, duque, conde ni marqués, ni otro cavallero ninguno, no puede rehusar mi batalla; esto es notorio a las gentes.», J. Martorell, Tirante el Blanco, cap. LXVII, ed. MdeRiquer, 1990, p. 132

Siete veces, todas en la segunda parte, se presenta nuestro protagonista con la frase escueta y enfática: «yo soy don Quijote de la Mancha», cap. 10, 16, 29, 38, 46, 60 y 72. Otras autopresentaciones serán menos escuetas e incluso prolijas, pero siempre enfáticas, gracias a la presencia del pronombre. Dos ejemplos:

Don Quijote se presenta a Juan Haldudo el rico: «yo soy el valeroso don Quijote de la Mancha, el desfacedor de agravios y sinrazones», I.4.22.

En el preámbulo de la aventura de los Batanes, don Quijote se presenta a Sancho como quien ha de resucitar la edad de oro: «Yo soy aquél para quien están guardados los peligros, las grandes hazañas, los valerosos hechos. Yo soy, digo otra vez, quien ha de resucitar los de la Tabla Redonda, los Doce de Francia y los Nueve de la Fama, y el que ha de poner en olvido los Platires, los Tablantes, Olivantes y Tirantes, los Febos y Belianises, con toda la caterva de los famosos caballeros andantes del pasado tiempo, haciendo en éste en que me hallo tales grandezas, estrañezas y fechos de armas, que escurezcan las más claras que ellos ficieron. », I.20.4.

|| yo soy aficionado a leer: Notese el énfasis del pronombre, presente éste en la ed. pr., que muchos editores han suprimido, «sin saber lo que hacían».

El narrador editor explica cómo encontró en uno de estos cartapacios el manuscrito del fin de su historia: «como yo soy aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación, tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía, y vile con carácteres que conocí ser arábigos.», I.9.6.

|| yo y la duquesa: no sólo no era falta de educación que el locutor se citara a sí mismo en primer lugar, sino que este uso socio-lingüístico era el que recomendaba Nebrija, contra el uso, discretamente presente en el Quijote y actual hoy en día, de posponer el yo: «en ninguna manera se puede sofrir que la orden natural de las personas se perturbe, como se hace comúnmente en nuestra lengua, que siguiendo una vana cortesía dizen: el rei ~ tú ~ io venimos, en lugar de dezir io ~ tú ~ el rei venimos"., Gramática de la lengua castellana, II, 2.

El duque aragonés invita a don Quijote: «—Digo que venga el señor Caballero de los Leones a un castillo mío que está aquí cerca, donde se le hará el acogimiento que a tan alta persona se debe justamente, y el que yo y la duquesa solemos hacer a todos los caballeros andantes que a él llegan.», II.30.29.

||…yo…|| no hay otro yo en el mundo: 'yo soy único en el mundo' . Don Quijote defiende su verdad literaria, contra la mentira del personaje de Avellaneda, revindicando su singularidad, II.70.21.

|| que yo solo sea el que me sirva: hipérbaton 'que sea yo solo el que me sirva' • Don Quijote, privado de Sancho, no quiere que nadie le sirva dentro de su aposento: «suplico a vuestra excelencia que dentro de mi aposento consienta y permita que yo solo sea el que me sirva.», II.44.13.

|| y yo y todo: 'y yo también', indicando gran encarecimiento. • Se trata de la salida de don Quijote de la jaula: «—Yo le fío de la fuga—respondió Sancho. —Y yo y todo —dijo el canónigo—, y más si él me da la palabra como caballero de no apartarse de nosotros hasta que sea nuestra voluntad.», I.49 § 6-7. ® todo: y todo

|| ya yo: ® ya

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Fuente: Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid, 2005. Este artículo apareció en éste y en otros soportes virtuales el 21 de octubre 2005.

18:18 Écrit par SaGa Bardon dans Cervantes, Educación, El Quijote | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |

23/10/2016

La dolorosa conversión de Zoraida en El Quijote

 

Texto ilustrado por Gustave Doré:

Articulación diegética: Historia del Cautivo: Espanto, maldiciones, lamentos y perdón del padre de Zoraida.

" —¡Vuelve, amada hija, vuelve a tierra, que todo te lo perdono; entrega a esos hombres ese dinero, que ya es suyo, y vuelve a consolar a este triste padre tuyo, que en esta desierta arena dejará la vida, si tú le dejas!"

El Q. I.41.59.

Légende de l'édition française de cette illustration:

[Tome I. Première partie. Pl. en reg. p. 444 : Récit du captif. Agi-Morato, le père de Zoraïde, est débarqué sur le rivage.] Reviens, ma fille bien-aimée, disait-il; descends à terre, je te pardonne tout.

Contexto del texto ilustrado:

Capítulo cuadragésimo primero.—Donde todavía prosigue el cautivo su suceso.

54. Viendo esto, desatamos a los moros, y uno a uno los pusimos en tierra, de lo que ellos se quedaron admirados; pero llegando a desembarcar al padre de Zoraida, que ya estaba en todo su acuerdo, dijo:
55. —¿Por qué pensáis, cristianos, que esta mala hembra huelga de que me deis libertad? ¿Pensáis que es por piedad que de mí tiene? No, por cierto, sino que lo hace por el estorbo que le dará mi presencia cuando quiera poner en ejecución sus malos deseos; ni penséis que la ha movido a mudar religión entender ella que la vuestra a la nuestra se aventaja, sino el saber que en vuestra tierra se usa la deshonestidad más libremente que en la nuestra.
56. Y volviéndose a Zoraida, teniéndole yo y otro cristiano de entrambos brazos asido, porque algún desatino no hiciese, le dijo:
57. —¡Oh infame moza y mal aconsejada muchacha! ¿Adónde vas, ciega y desatinada, en poder destos perros, naturales enemigos nuestros? ¡Maldita sea la hora en que yo te engendré, y malditos sean los regalos y deleites en que te he criado!
58. Pero viendo yo que llevaba término de no acabar tan presto, di priesa a ponelle en tierra, y desde allí, a voces, prosiguió en sus maldiciones y lamentos, rogando a Mahoma rogase a Alá que nos destruyese, confundiese y acabase; y cuando, por habernos hecho a la vela, no podimos oír sus palabras, vimos sus obras, que eran arrancarse las barbas, mesarse los cabellos y arrastrarse por el suelo; mas una vez esforzó la voz de tal manera, que podimos entender que decía:
59. —¡Vuelve, amada hija, vuelve a tierra, que todo te lo perdono; entrega a esos hombres ese dinero, que ya es suyo, y vuelve a consolar a este triste padre tuyo, que en esta desierta arena dejará la vida, si tú le dejas!
60. Todo lo cual escuchaba Zoraida, y todo lo sentía y lloraba, y no supo decirle ni respondelle palabra, sino:
61. —Plega a Alá, padre mío, que Lela Marién, que ha sido la causa de que yo sea cristiana, ella te consuele en tu tristeza. Alá sabe bien que no pude hacer otra cosa de la que he hecho, y que estos cristianos no deben nada a mi voluntad, pues aunque quisiera no venir con ellos y quedarme en mi casa, me fuera imposible, según la priesa que me daba mi alma a poner por obra esta que a mí me parece tan buena como tú, padre amado, la juzgas por mala.

El Q. I.41.54-61.

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La dolorosa conversión de la hermosa mora Zoraida en el Quijote

“El caso de Zoraida no hace sino ilustrar a las claras lo que ocurre cuando un ser de carne y hueso se lanza a vivir no un libro de caballerías, pero sí una materia hagiográfica (leyenda argelina) harto fácil de reconocer.” (FMV)

La nueva elaboración de la fábula argelina no propone ninguna «solución» por empleo de un tópico, sino que por el contrario plantea en toda su crudeza un pavoroso problema: el de la propia libertad de cada uno a solas con su conciencia (tema de la libertad de conciencia).

Zoraida encarna dramáticamente el tema de la libertad de conciencia, ya que no lo vive sola, sino frente a su padre, que también obedece a su conciencia. Confrontados con el problema de la diversidad religiosa, se nos invita a cada uno al examen de los prejuicios, descartando salidas fáciles o violentas. Zoraida, por ser libre, será lo que ella quiera, o al menos lo intentará muy a pesar de su propio padre.

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Zoraida: 78: [hermosa mora [Zoraida]: 3; hermosa y bella Zoraida: 1; hermosa Zoraida: 1]

Zoraida (doc. 1600-1604, es el nombre Turayya) f. 'Pléyades'

La bella mora convertida al cristianismo de la Historia del Cautivo, es el personaje central de una historia de doncella fugada, donde interviene el motivo de la sarracena que traiciona a los suyos por amor. Este motivo es transformado por Cervantes en crudatraición de Zoraida a su padre, no por el amor de un hombre, sino a causa de su conversión al cristianismo.

La ceguera, o si se prefiere, por eufemismo, la insensibilidad de la conversión hace a Zoraida fría y calculadora con su padre, musulmán noble, generoso y tolerante con los cautivos cristianos.

«Las terribles incidencias de la fuga no son sino armónicos o trasfondo adecuado de otra más ceñuda tempestad de almas. Un sino despiadado, pero que no es sino el rigor de la ley física, decreta que la acción de Zoraida muestre su envés bajo forma de odiosas e irreparables violencias contra su propio padre [ser de una nobleza rayana en candidez].

No hay alternativa ni escapatoria: la realidad es un absoluto inviolable, y padre e hija tendrán que dar testimonio de sí mismos en un marco circunstancial de la mayor crudeza… los moldes convencionales han saltado en añicos: Agi Morato permanece en su fe como Zoraida en la suya. La hija labra, cual una Parca, la desgracia de su progenitor. Y la benevolencia del moro hacia los cristianos queda trágicamente malpagada. Un impulso fatal conduce a esas escenas en que Zoraida se yergue ante su padre y en que la novela alcanza su culminación y pleno sentido», FMV, p. 122 & 126

Zoraida, sarracena que hace pensar en Florinda la Cava, hembra de nombre maldito, y en la terrible Floripes, no es un personaje ideado como paradigma ejemplar, ya que es fría y calculadora hasta la traición, con el agravante de no obrar por amor. No es preciso insistir en que su naturaleza «cervantina» y su mayor mérito se halla precisamente en su no ejemplaridad.

«Toda su conducta está marcada por decidida frialdad afectiva, y su piedad filial se limita… a mirar hacia otro lado para no ver el daño infligido a su padre [musulmán afectuoso, leal y confiado hasta la candidez]…

el caso de Zoraida no hace sino ilustrar a las claras lo que ocurre cuando un ser de carne y hueso se lanza a vivir no un libro de caballerías, pero sí una materia hagiográfica (leyenda argelina) harto fácil de reconocer. La hermosa africana ha de huir a tierra de cristianos en busca de su propio ser, con la misma fatal urgencia que trueca al prosaico hidalgo de una aldea manchega en arrojado caballero andante, redivivo Amadís de Gaula.», FMV, p. 130 & 132.

Cervantes da así un giro insospechado al monótono erotismo literario de las sarracenas. Zoraida, sarracena desprovista de erotismo, no puede interpretarse como un eslabón más de la cadena temática que viene de Floripés y remata en Leandra.

La nueva elaboración de la fábula argelina no propone ninguna «solución» por empleo de un tópico, sino que por el contrario plantea en toda su crudeza un pavoroso problema: el de la propia libertad de cada uno a solas con su conciencia (tema de la libertad de conciencia).

Zoraida encarna este tema dramáticamente, ya que no lo vive sola, sino frente a su padre, que también obedece a su conciencia. Confrontados con el problema de la diversidad religiosa, se nos invita a cada uno al examen de los prejuicios, descartando salidas fáciles o violentas. Zoraida, por ser libre, será lo que ella quiera, o al menos lo intentará muy a pesar de su propio padre.

Ruy Pérez de Viedma es el capitán Cautivo que, a instancias de todos los personajes reunidos en la venta manchega, cuenta su historia en la primera parte del Quijote, donde ocupa los capítulos I.37-I.41. Este personaje es indisociable del de Zoraida, pero más como satélite que como pareja conyugal, ya que Zoraida, cuya función se reduce al de mora convertida, desea vivir el cristianismo en España casada con él. Si el Cautivo logra escapar de Argel es porque Zoraida le confía la misión de organizar su propia escapada, procurándole los medios económicos para conseguirlo.

Retrato de Zoraida por el Capitán Cautivo: En vivo contraste con el retrato que nos procura el narrador, I.37.28 y sigs., como parte del cuadro de la llegada del Cautivo y de Zoraida a la venta, el retrato que esboza el Cautivo en la historia de sus aventuras impresiona por la desproporción entre la etopeya y la prosopografía que lo componen.

La etopeya se reduce a una palabra, «gentileza», mientras que la prosopografía no sólo ocupa todo el resto del minucioso retrato, sino que no está para nada al servicio de la etopeya. Tenemos la impresión de que el cautivo cristiano sólo ve en la mora su riqueza o, a lo menos, por los datos que nos procura, parece que la riqueza es lo que más le impresiona en la mora que quiere ser su mujer para poder convertirse al cristianismo:

«Demasiada cosa sería decir yo agora la mucha hermosura, la gentileza, el gallardo y rico adorno con que mi querida Zoraida se mostró a mis ojos; solo diré que más perlas pendían de su hermosísimo cuello, orejas y cabellos que cabellos tenía en la cabeza. En las gargantas de sus pies, que descubiertas a su usanza traía, traía dos carcajes (que así se llamaban las manillas o ajorcas de los pies en morisco) de purísimo oro, con tantos diamantes engastados, que ella me dijo después que su padre los estimaba en diez mil doblas, y las que traía en la muñecas de las manos valían otro tanto. Las perlas eran en gran cantidad y muy buenas, porque la mayor gala y bizarría de las moras es adornarse de ricas perlas y aljofar, y así hay más perlas y aljofar entre moros que entre todas las demás naciones; y el padre de Zoraida tenía fama de tener muchas y de las mejores que en Argel había y de tener asimesmo más de doscientos mil escudos españoles, de todo lo cual era señora ésta que ahora lo es mía.» I.41.2.

La figura de Zoraida está elaborada sobre la misma leyenda que dramatizó Cervantes en su comedia Los baños de Argel, en que la bella mora se llama Zahara, aunque conviene notar con FMV que Cervantes abandona aquí el gracioso nombre de Zahra ('hermosa') por el altivo onomástico de Zoraida ('Pléyades'), triple signo de lejanía, frialdad y belleza (Zoraida es el nombre Turayya, 'Pléyades').

Es una leyenda de los años de su cautiverio: «Los materiales que sirvieron para la edificación del personaje también pertenecen en algo a la memoria viva del autor, que los utilizó en otras ocasiones (así en Los tratos de Argel y Los baños de Argel). Y por supuesto no contribuyen poco a mantener el equilibrio entre lo histórico y lo biográfico, junto con lo legendario y lo «novelesco», que constituye el peculiar complejo del cuento.», Michel Moner, en Rico 1998 b, p. 90.

En el Argel de 1575 a 1580 hubo de surgir entre los cautivos españoles la leyenda (para ellos hecho verdadero) de la hija de un moro principal que se había enamorado de un cautivo español y ansiaba hacerse cristiana, sintiendo una devoción especial por la Virgen María, y anhelando irse con el español a tierra cristiana. Esta leyenda se asoció a la hija de un rico renegado argelino Hayyi Murad (Agi Morato), llamada Zahra (o Záhara).

La madre de la Zahra histórica fue hija de una cristiana mallorquina, capturada en 1529 en Argel. Era Zahra, pues, nieta de cristianos. En 1574 Zahra casó con 'Abd al-Malik (nacido en 1541 y al que en la comedia se le llama Muley Maluco), que fue sultán de Marruecos en 1576 y murió en 1578, en la acción de Alcazarquivir contra los portugueses.

En la comedia de Cervantes la boda entre Zahara y Muley Maluco no se consuma, porque Zahara huye a España con el cautivo don Lope.

La Zahra histórica casó en segundas nupcias con Hasan Basa (que fue el dueño de Cervantes en Argel) y desde 1580 vivió en Constantinopla (Oliver Asín).

Probablemente el hecho de que el histórico Hayyl Murad fuera renegado (hecho sabido por Cervantes) posibilitó que se le atribuyera la leyenda a su hija, pero en el relato del capitán no aparece como renegado. Notas de Murillo, I.37, p. 463-464 y I.40, p. 485.

Nótense los paralelismos de Zoraida con Leandra. ® Cautivo ® Leandra

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Fuentes:

Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid, 2005.

Salvador García Bardón, El Quijote para citarlo, Skynet, 2005.

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19:43 Écrit par SaGa Bardon | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |

21/10/2016

Deplorable naufragio del PSOE

 

Imagen: EDUARDO ESTRADA
Detalle iconográfico: SaGaBardon

Respondo sobriamente a las inquietudes de algunos de mis antiguos alumnos de Ética que, como yo y como millones de Españoles y amigos de España, deploran la crónica del auto-naufragio anunciado del PSOE, a la cual estamos asistiendo estupefactos.

-oOo-

Miopemente liderado por Pedro Sánchez, no hubo la suficiente confianza, entre el PSOE y Podemos, como para anteponer el desalojo del PP del poder a su defensa numantina de la ya tambaleante hegemonía del PSOE sobre la izquierda.

Traicionado por su incontrolada ambición personal y por su evidente falta de visión táctica, Pedro Sánchez no quiso pactar una tregua, en su lucha por la moribunda hegemonía socialista de la izquierda, y olvidó que el desalojo del PP del poder requería numéricamente no sólo el acuerdo con Podemos sino también con Ciudadanos.

El plan conceptual, lingüístico y ético de Sánchez y de sus mediocres consejeros de una estrategia electoral "subliminal" (1) es radical y groseramente populista. Prueba de ello es su lema "No es no", que se convirtió en pandemia por obra y gracia del aprovechamiento por Pedro Sánchez de la más que deplorable ignorancia popular.

Los conceptores de la campaña confunden la repetición enfática de una prohibición, que se escribe con signos de exclamación y coma: "¡No, es no!", con una negación correctiva: "No es no", sin coma, que equivale semántica y pragmáticamente a una afirmación.

Además tuvieron y mantienen la idea indecente de secuestrar el lema de una campaña muy conocida contra la violación, incluida la falta de ortografía.

Imagen: El Colegio de Abogados de Málaga colabora en la campaña ‘No es no’ contra las agresiones sexuales. Abogacía Española, 26 julio, 2016.

El naufragio del PSOE, al cual estamos asistiendo, es deplorable porque el Bien Común de España necesita, para su buena gobernanza (2), un partido socialista no populista y fuerte cuya función sea:

- defender seriamente los derechos de los más débiles contra los olvidos o abusos de todo gobierno no socialista, cuando le toca electoralmente la función de oposición;

- defender seriamente los derechos de todos los ciudadanos, con una atención especial a los derechos de los más débiles, introduciendo las reformas necesarias contra los olvidos o abusos y fomentando la visión y programación de soluciones para las necesidades del futuro, cuando le toca electoralmente la función de gobernar.

(1) subliminal
De sub- y el lat. limen, -ĭnis 'umbral'.
1. adj. Psicol. Que está por debajo del umbral de la consciencia.
2. adj. Psicol. Dicho de un estímulo: Que por su debilidad o brevedad no es percibido conscientemente, pero influye en la conducta.

DRAE, 2016.

(2) Gobernanza

" El término gobernanza viene utilizándose desde la década de 1990 para designar la eficacia, calidad y buena orientación de la intervención del Estado, que proporciona a éste buena parte de su legitimidad en lo que a veces se define como una "nueva forma de gobernar" en la globalización del mundo posterior a la caída del muro de Berlín (1989). También se utiliza el término gobierno relacional y en muchas ocasiones, la palabra gobernancia (no recogida en el DRAE). [1] [2]

Sobre todo se emplea en términos económicos (lo que también se conoce como una de las acepciones del término quinto poder), pero también sociales o de funcionamiento institucional, esencialmente la interacción entre sus distintos niveles, sobre todo cuando se producen grandes sesiones competenciales hacia arriba (por ejemplo la integración en la Unión Europea) y hacia abajo (la descentralización territorial, lo que se ha podido designar con el término sexto poder). También, y muy especialmente, la forma de interacción de las administraciones públicas con el mercado y las organizaciones privadas o de la denominada sociedad civil (empresas, patronales, sindicatos y otras), que no obedecen a una subordinación jerárquica, sino a una integración en red, en lo que se ha denominado "redes de interacción público-privado-civil a lo largo del eje local/global".[3]"

Referencias:

↑1. Real Academia Española (2014). «gobernancia». Diccionario de la lengua española (23.ª edición). Madrid: Espasa.
↑ 2. Resultados de gobernancia en Google.
↑ 3. Joan Prats Pero ¿Qué es la gobernanza?

Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre

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 21.10.16 | 13:23. Archivado en España, Ética, Pro justitia et libertate, Geopolítica, Mujer

 

 

17:11 Écrit par SaGa Bardon dans Actualidad | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |