18/07/2017

El neologismo cervantino "baciyelmo" en El Quijote


baciyelmo (neologismo cervantino en 1605, contracción de bacía + yelmo) m. Viendo que la 'realidad oscilante' se complica con la polionomasia, Sancho decide simplificarla mediante la composición morfológica.

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bac-: bacía: 32; bacín: 2; baciyelmo: 1

bacía (doc. 1552, ¿1368? Es verosímil que el vocablo proceda de allende el Pirineo, quizá del fr. anticuado bassie íd., que parece ser forma dialectal correspondiente a un lat. vg. *bacceata, deriv. de baccea, Cor.) f. 'Vasija cóncava con una escotadura semicircular en el borde, usada para contener líquidos, y también por los barberos para mojar la barba.': «Bacía. Vaso grande, hondo y tendido en que se suelen lavar otros vasos y derramar sobre él agua… bazín, vaso de contumelia, porque vaciamos en él los excrementos», Cov. 178.a.36.

«Adviértase que las bacías [de barbero] del tiempo de Cervantes, en que se llevaba barba larga, debían de ser de hechura más honda que las de ahora. De otro modo no era posible que una bacía se encajase y mantuviese en la cabeza como sucedía con el baciyelmo de nuestro hidalgo. No se ha tenido presente esta consideración al grabar las estampas de las diferentes ediciones del QUIJOTE. En ellas se ha representado a nuestro caballero con una bacia ordinaria de las de ahora, cuya figura haría inverosímiles todos los sucesos y circunstancias de la fábula que tienen conexión con esto.», Clem. 1197.a.

|| bacía de azófar: ® azófar

|| bacía de barbero pintiparada: El miedo de Sancho a la cólera de su amo provoca esta concesión: un yelmo que parece bacía, I.21.21. DQ admitirá el parecido: «ésta, que parece bacia de barbero, como tu dices», I.21.22. (Gaos)

|| bacía vs bacín: Don Quijote trata despectivamente al Barbero de «señor Bacía», II.1.26. Apodo dado tomando por metonimia el nombre de uno de los instrumentos más característicos de su oficio.

• El comisario de los galeotes hace un empleo despectivo de esta palabra dirigiéndose a don Quijote, que lleva sobre la cabeza la bacía de barbero que él toma por el yelmo de Mambrino: «enderécese ese bacín que trae en la cabeza», I.22.67, donde emplea "bacín" en lugar de "bacía", como si dijera hoy orinal.

• El imitador Avellaneda da prueba de su tendencia escatológica, inimaginable en Cervantes, prefiriendo bacín de barbero a bacía de barbero, en una réplica equívoca del ventero, colérico con su moza gallega: «no me la haga yo en bacín de barbero sin no me la pagaredes todo junto», DQA, 5 § 15: GªS, p. 109.

|| bacía… pieza … la … la: En la réplica donde don Quijote explica a Sancho la trasmutación del yelmo, el pronombre la repetido dos veces se refiere a pieza, mencionada al principio del período. Pero la ambigüedad del caso es tal, que a todas luces se ve que Cervantes quiso aludir con el pronombre la también a bacía, de modo que pudiera entenderse no que don Quijote dijera que Vulcano forjó un yelmo para Marte, sino que le hizo una bacía. La ambigüedad da en un desatino de lo más consciente. No existen, ni podrían existir, antecedentes para afirmar tal origen del yelmo de Marte, (Schevill y Marasso, Murillo):

«—¿Sabes qué imagino, Sancho? Que esta famosa pieza deste encantado yelmo, por algún estraño acidente debió de venir a manos de quien no supo conocer ni estimar su valor, y, sin saber lo que hacía, viéndola de oro purísimo, debió de fundir la otra mitad para aprovecharse del precio, y de la otra mitad hizo ésta, que parece bacía de barbero, como tú dices; pero sea lo que fuere, que para mí que la conozco no hace al caso su trasmutación, que yo la aderezaré en el primer lugar donde haya herrero, y de suerte que no le haga ventaja, ni aun le llegue, la que hizo y forjó el dios de las herrerías para el dios de las batallas», I.21.22

|| le dio por la bacía ocho reales: 'el cura le dio al sotobarbero por su bacía ocho reales'

• Fin del litigio por el yelmo: «en lo que tocaba a lo del yelmo de Mambrino, el cura, a socapa y sin que don Quijote lo entendiese, le dio por la bacía ocho reales, y el barbero le hizo una cédula del recibo», I.46.3.

• Es exactamente el precio que había imaginado Sancho: «Mandó a Sancho que alzase el yelmo, el cual, tomándola en las manos, dijo: —Por Dios que la bacía es buena, y que vale un real de a ocho como un maravedí», I.21.16.

|| le quitó la bacía de la cabeza: El galeote estudiante le quitó la bacía de la cabeza a don Quijote y la hizo pedazos: «fue sobre él el estudiante y le quitó la bacía de la cabeza, y diole con ella tres o cuatro golpes en las espaldas y otros tantos en la tierra, con que la hizo pedazos.», I.22.78.

|| tomándola en las manos [la bacía]: ® tomándola

bacín (doc. s. XIII, del lat. tardío bacchinon 'taza', de origen desconocido) m. 'orinal alto y cilíndrico'. «Bacín, palabra que en lo antiguo significaba bacía o palancana, y que el uso empezaba ya a hacer indecente en tiempo de Cervantes, destinándola a significar los vasos de uso preciso para la limpieza personal. Cervantes empleó agudamente esta voz, que en su tiempo era aún equívoca, para ridiculizar más el yelmo de Don Quijote.», Clem. 1221.a.

|| bacín de barbero: «Cuando un lugar es pequeño, y cualquiera cosa que se haga en él se divulga por todos los vecinos, decimos ser bacín de barbero, el cual por ser hondo, delgado y de metal sonoro, el menor golpe que se dé en una parte dél, va resonando y haciendo ecos por todo el bacín; y así fue galana la similitud de bacía y bacín.», Cov. 178.a.42. ® bacía vs bacín

baciyelmo (neologismo cervantino en 1605, contracción de bacía + yelmo) m. Viendo que la 'realidad oscilante' se complica con la polionomasia, Sancho decide simplificarla mediante la composición.

• Sobre el tema de 'la realidad problemática', ver Castro, Spitzer, y Avalle-Arce, Deslindes cervantinos, Madrid.

|•| Feliz invención de Sancho, gran «prevaricador» de la lengua y adicto al perspectivismo, que resuelve con la morfología, componiendo una palabra, lo que la realidad divide, produciendo el enfrentamiento de la venta entre partidarios del yelmo y partidarios de la bacía, I.44.56. «Sancho, al forjar este término, revela la diplomacia y habilidad de componedor con que brilla en los fallos judiciales de la ínsula Barataria. El objeto en litigio queda convertido a la vez en bacía —lo es para Sancho—y yelmo—concesión a DQ.», Gaos 1987, p. 868.

• «—Miren vuestras mercedes con qué cara podía decir este escudero que ésta es bacía, y no el yelmo que yo he dicho; y juro por la orden de caballería que profeso que este yelmo fue el mismo que yo le quité, sin haber añadido en él ni quitado cosa alguna.—En eso no hay duda—dijo a esta sazón Sancho—porque desde que mi señor le ganó hasta agora no ha hecho con él más de una batalla, cuando libró a los sin ventura encadenados; y si no fuera por este baciyelmo, no lo pasara entonces muy bien, porque hubo asaz de pedradas en aquel trance.», I.44.55-56.

• Estas reflexiones han servido de clave para lo que ha venido en llamarse el «perspectivismo» cervantino con su doble vertiente filosófica y lingüística. Fue mérito de A. Castro [1925/87:79-88] el haber iniciado la reflexión de los cervantistas sobre el tema, y de Spitzer [1948/55; 1962/80] el haber articulado su formulación actual.

• «Esta manía quijotesca de interpretar el mundo según la literatura, rechazando el parecer de otros personajes, hace que la realidad a veces se convierta en una suerte de carnaval de apariencias encontradas. Por ejemplo, en opinión de DQ, «uno de los efectos» del miedo de Sancho «es turbar los sentidos y hacer que las cosas no parezcan lo que son». Se anticipa aquí el «perspectivismo» que algunos han querido ver como uno de los grandes temas del Q. Sea lo que fuere, no hay duda que las disputas sobre la naturaleza de lo real constituyen una de las más poderosas fuentes cómicas del Q., y C., con su genial sentido narrativo, las hará culminar en la gran farsa del pleito del yelmo de Mambrino y la albarda del barbero (I.44).», Edwin Williamson, en Rico 1998 b, p. 55. «Todo el capítulo [I.44] está fuertemente marcado por la construcción de un «mundo al revés»: parte de los personajes, al hacerse cómplices de la locura de DQ, burlándose de él, anticipan ya una línea narrativa que estructurará la Segunda parte.», Jacques Joset, en Rico 1998 b, p. 99.

Imagen: Fotograma del filme "Las locuras de don Quijote", película española dirigida por Rafael Alcázar, 2006.

Argumento: Don Quijote y su fiel Sancho recorren las tierras de La Mancha en este largometraje, mezcla de ficción y documental, que busca analogías y diferencias entre la novela y la vida real de Miguel de Cervantes.

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◊ Si no fuera por este baciyelmo, no lo pasara entonces muy bien ◊

Articulación diegética: Explicación por Sancho Panza de la legitimidad del baciyelmo y alusión a su utilidad en la aventura de los Galeotes.

Texto ilustrado por el fotograma del filme "Las locuras de don Quijote"

56. —En eso no hay duda—dijo a esta sazón Sancho—porque desde que mi señor le ganó hasta agora no ha hecho con él más de una batalla, cuando libró a los sin ventura encadenados; y si no fuera por este baciyelmo, no lo pasara entonces muy bien, porque hubo asaz de pedradas en aquel trance.

Contexto del texto ilustrado:

CAPÍTULO XLIV: Donde se prosiguen los inauditos sucesos de la venta

43. Ya a esta sazón estaban en paz los huéspedes con el ventero, pues por persuasión y buenas razones de don Quijote, más que por amenazas, le habían pagado todo lo que él quiso, y los criados de don Luis aguardaban el fin de la plática del oidor y la resolución de su amo, cuando el demonio, que no duerme, ordenó que en aquél mesmo punto entró en la venta el barbero a quien don Quijote quitó el yelmo de Mambrino y Sancho Panza los aparejos del asno, que trocó con los del suyo; el cual barbero, llevando su jumento a la caballeriza, vio a Sancho Panza que estaba aderezando no sé qué de la albarda, y así como la vio la conoció, y se atrevió a arremeter a Sancho, diciendo:
44. —¡Ah don ladrón, que aquí os tengo! ¡Venga mi bacía y mi albarda, con todos mis aparejos que me robastes!
45. Sancho, que se vio acometer tan de improviso y oyó los vituperios que le decían, con la una mano asió de la albarda, y con la otra dio un mojicón al barbero, que le bañó los dientes en sangre; pero no por esto dejó el barbero la presa que tenía hecha en el albarda, antes alzó la voz de tal manera, que todos los de la venta acudieron al ruido y pendencia, y decía:
46. —¡Aquí del rey y de la justicia; que sobre cobrar mi hacienda me quiere matar este ladrón, salteador de caminos!
47. —Mentís —respondió Sancho—; que yo no soy salteador de caminos; que en buena guerra ganó mi señor don Quijote estos despojos.
48. Ya estaba don Quijote delante, con mucho contento de ver cuán bien se defendía y ofendía su escudero, y túvole desde allí adelante por hombre de pro, y propuso en su corazón de armalle caballero en la primera ocasión que se le ofreciese, por parecerle que sería en él bien empleada la orden de la caballería. Entre otras cosas que el barbero decía en el discurso de la pendencia, vino a decir:
49. —Señores, así esta albarda es mía como la muerte que debo a Dios, y así la conozco como si la hubiera parido; y ahí está mi asno en el establo, que no me dejará mentir; si no, pruébensela, y si no le viniere pintiparada, yo quedaré por infame. Y hay más: que el mismo día que ella se me quitó, me quitaron también una bacía de azófar nueva, que no se había estrenado, que era señora de un escudo.
50. Aquí no se pudo contener don Quijote sin responder, y poniéndose entre los dos y apartándoles, depositando la albarda en el suelo, que la tuviese de manifiesto hasta que la verdad se aclarase, dijo:
51. —¡Porque vean vuestras mercedes clara y manifiestamente el error en que está este buen escudero, pues llama bacía a lo que fue, es y será yelmo de Mambrino, el cual se le quité yo en buena guerra, y me hice señor dél con ligítima y lícita posesión! En lo del albarda no me entremeto; que lo que en ello sabré decir es que mi escudero Sancho me pidió licencia para quitar los jaeces del caballo deste vencido cobarde, y con ellos adornar el suyo; yo se la di, y él los tomó, y de haberse convertido de jaez en albarda, no sabré dar otra razón si no es la ordinaria: que como esas transformaciones se ven en los sucesos de la caballería; para confirmación de lo cual corre, Sancho hijo, y saca aquí el yelmo que este buen hombre dice ser bacía.
52. —¡Pardiez, señor—dijo Sancho—, si no tenemos otra prueba de nuestra intención que la que vuestra merced dice, tan bacía es el yelmo de Malino como el jaez deste buen hombre albarda!
53. —Haz lo que te mando—replicó don Quijote—; que no todas las cosas deste castillo han de ser guiadas por encantamento.
54. Sancho fue a do estaba la bacía y la trujo; y así como don Quijote la vio, la tomó en las manos y dijo:
55. —Miren vuestras mercedes con qué cara podía decir este escudero que ésta es bacía, y no el yelmo que yo he dicho; y juro por la orden de caballería que profeso que este yelmo fue el mismo que yo le quité, sin haber añadido en él ni quitado cosa alguna.
56. —En eso no hay duda—dijo a esta sazón Sancho—porque desde que mi señor le ganó hasta agora no ha hecho con él más de una batalla, cuando libró a los sin ventura encadenados; y si no fuera por este baciyelmo, no lo pasara entonces muy bien, porque hubo asaz de pedradas en aquel trance.

El Q. I.44.43-56.

Fuente: Salvador García Bardón: "El Quijote para citarlo" y "Diccionario enciclopédico de El Quijote", Skynet, 2005.

El Quijote para citarlo

 

 

17:09 Écrit par SaGa Bardon dans El Quijote | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |

09/07/2017

Retazos de La aventura de los batanes en el DE de El Quijote

"El Quijote", aventura, batanes

Con esta aventura se introduce un cambio decisivo en la relación entre don Quijote y Sancho: «por primera vez el escudero engaña a su amo y hasta se burla abiertamente de él. Este engaño crea las posibilidades de otros engaños más graves, sobre todo los relacionados con Dulcinea (I.31; II.10), que tendrán importantes consecuencias para el desarrollo de la novela entera. El cambio también prefigura la célebre promoción de Sancho como personaje literario en la Segunda parte.

batán: 4; batanado: 1; batanee: 1; batanes: 11; bate: 1

batán (doc. ±1475, ◊ del ár. vg. battân.) m. 'máquina hidráulica provista de mazos para golpear y desengrasar los paños': «Batán. Cierta máquina ordinaria de unos maços de madera muy gruesos, que mueve una rueda con el agua, y éstos hieren a veces [i.e., alternativamente] en un pilón donde batanan y golpean los paños, para que se limpien del aceite y se incorporen y tupan». Cov. 200.b.47 

|•| aventura de los batanes: I.20. • Cabe establecer una cierta analogía paródica entre esta aventura y la del endriago del Amadís de Gaula de Garci Rodríguez de Montalvo. He aquí la versión resumida de A. Rosemblat:

«—Amigos, quiero entrar en aquel castillo, y si encuentro al endriago, combatiré con él. Si no lo encuentro, os podréis alojar en el castillo mientras se calma el mar, y yo iré a buscarlo por las montañas. Si no vuelvo, haréis lo que mejor os parezca. § Cuando lo oyeron, quedaron más espantados. El maestro Elisabat, que era hombre de letras y de misa, le dijo que las cosas que estaban fuera de la naturaleza de los hombres se debían dejar. El Caballero de la Verde Espada le contestó que si hubiese tenido eso en la memoria, le estaba excusado salir de su tierra para buscar aventuras peligrosas; y que si dejaba ésta sin comprenderla, todas las otras quedarían reducidas a nada… Todos quedaron llorando, y Ardián, el enano, mesaba sus cabellos y se golpeaba el rostro y se daba con la cabeza en las paredes por servir a un hombre que mil veces llegaba al punto de la muerte y quería poner remedio él solo en lo que no osaba el emperador de Constantinopla con todo su poder.», Amadís de Gaula, Versión de A. Rosenblat, p. 246-247.

• La analogía paródica es aún más acusada con la llegada de Amadís a la Ínsola Firme tal cual la cuenta el original:

«Amadís dixo a Grasandor:—Mi buen señor, yo quiero subir en esta roca y ver lo que el mayordomo nos dixo, si es assí verdad como lo él contó; y mucho vos ruego, ahunque alguna congoxa sintáis, que me aguardéis aquí hasta mañana en la noche, que yo podré venir o fazeros señal desde arriba cómo me va. Y si en este comedio o al tercero día no tornare, podréis creer que mi hazienda no va bien, y tomaréis el acuerdo que vos más agradare.», AdG, 1701. 

 La aventura de los batanes finaliza con el descubrimiento por don Quijote y Sancho de la causa de los ruidos: «Y eran —si no lo has, ¡oh lector!, por pesadumbre y enojo— seis mazos de batán, que con sus alternativos golpes aquel estruendo formaban.», I.20.57.

• Con esta aventura se introduce un cambio decisivo en la relación entre don Quijote y Sancho: «por primera vez el escudero engaña a su amo y hasta se burla abiertamente de él. Este engaño crea las posibilidades de otros engaños más graves, sobre todo los relacionados con Dulcinea (I.31; II.10), que tendrán importantes consecuencias para el desarrollo de la novela entera. El cambio también prefigura la célebre promoción de Sancho como personaje literario en la Segunda parte. § Por lo que se refiere a DQ, se trata una vez más de hacer que la realidad corresponda al mundo de la caballería. La noche presenta un misterio a los oídos: se oye un tremendo ruido que llena de pavor al caballero loco y su criado. Dominando su temor, DQ se prepara a probar suerte, invocando a los grandes héroes de la literatura caballeresca en un lenguaje que intenta captar el solemne estilo de la épica.», Edwin Williamson, en Rico 1998 b, p.58. 

|| ¿Qué va de yelmo a batanes?: ® yelmo

batanado (doc. s. XVI, p.p. de batanar < batán; batanar alternaba con abatanar, que significa 'golpear los mazos el paño en el batán' ) adj. Con el batanado se aprovecha el poder filtrante de la lana; también se modifica el aspecto del tejido, al cubrirse de fibras la superficie y producirse un cierto encogimiento del mismo (E.U. Micronet).

|| anascotebatanado:  Aventura de la dueña Dolorida: «Detrás de los tristes músicos comenzaron a entrar por el jardín adelante hasta cantidad de doce dueñas, repartidas en dos hileras, todas vestidas de unos monjiles anchos, al parecer, de anascote batanado», I.38.1. ® anascote

batanear (doc. 1527 'dar golpes'; neologismo de sentido en 1593 'importunar', de batán + -ear) tr.frec. 'importunar a alguien con habladurías' 

• «El propio origen de batanar tiene el frecuentativo batanear, de que usa poco después Don Quijote [tras la aventura de los batanes], y que sólo tiene significación metafórica, porque no se aplica nunca a los batanes, sino solamente a las personas que, a manera de batanes, golpean y muelen, física o moralmente al prójimo.», Clem. 1195.b.

• Lucas Gracián Dantisco, escribía en 1593 en su Galateo español, a propósito de los habladores:  «16 Otros hay también, tan sin provecho y cerimoniosos, que sin dezir cosa de sustancia, nunca cessan de hablar mucho y mal, aunque con mucha criança, tanto que por ella os obligan a que les estéis escuchando. Por estos tales dixo el que escrivió la Vida de la corte: § Mitridato hablador, / muy puesto en ser bien criado, / que el día que os coge el lado, / os dexa con buen sudor / del martirio que os ha dado. § [51v] 17

Éstos, pues, ponen toda su diligencia y cuidado en estar con sus maços de lenguas y muchedumbre de palabras tan impertinentes, bataneando la gente, por parecelles que con su buena criança tienen un poco de razonable muestra. Y en las cosas graves y de peso no se saben dar maña, y querrían que la conversación toda se gastasse en estas apariencias de fuera. Y si se levanta alguna plática de buen entendimiento no gustan della ni la entienden. Y destos impertinentes hombres hay infinito número que a la primera vista engañan, y a la segunda enfadan, porque luego descubren su idiotecismo.», Ed. Margherite Morreale, CSIC (Madrid), 1968, Página 140, Párrafo nº 63. 

|| que os batanee el alma: 'juro que os he de batanear el alma' • Don Quijote amenaza a Sancho, para que no siga mortificándole con la cantinela de los batanes: «—Ya os he dicho, hermano, que no me mentéis, ni por pienso, más eso de los batanes—dijo don Quijote—; que voto... , y no digo más, que os batanee el alma.», I.21.11. 'juro que os he de batanear el alma'

Fuente: Salvador García Bardón, Diccionario enciclopédico de El Quijote, Skynet, 2005.

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21/06/2017

Lengua y lenguaje en el DE de El Quijote

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Imagen: Encuentro del Cautivo con el padre de Zoraida: Texto ilustrado por Gustave Doré (dibujo) y por Salvador Tusell (pintura): «el cual me dijo en lengua que en toda la Berbería, y aun en Costantinopla, se habla entre cautivos y moros, que ni es morisca, ni castellana, ni de otra nación alguna, sino una mezcla de todas las lenguas, con la cual todos nos entendemos; digo, pues, que en esta manera de lenguaje me preguntó que qué buscaba en aquel su jardín, y de quién era.», I.41.1.

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Hiperrealismo quijotesco: Nadie más opuesto al nominalismo que don Quijote. Si el nominalista cree que los universales carecen de toda existencia tanto en la realidad donde sólo existen los objetos individuales, como en el pensamiento donde los universales no son sino meros nombres, Don Quijote cree en la realidad de los nombres, los toma por cosas. De aquí que quepa hablar no solamente de su realismo, sino de su hiperrealismo o realismo inmoderado.

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lengu-: lengua: 103: [lengua castellana: 8; lengua morisca: 2]; lenguaje: 10; lenguas: 22

lengua (doc. ±1140, del lat. lingua 'órgano humano para comer y pronunciar' µn 'lenguaje, manera de hablar') f. 'órgano del gusto, musculoso y movible, situado en el interior de la boca de la mayoría de los vertebrados. Se usa para comer y para articular las palabras.' µn 'sistema de signos orales y escritos, que se utiliza para comunicarse': «Lengua se toma muchas veces por el lenguaje con que cada nación habla, como lengua latina, lengua griega, lengua castellana, etc. Y en esta significación no hay lengua que se pueda llamar natural; pero la razón tiene fuerza en el hombre de formarla a su beneplácito. Si diéramos caso que los que se criasen o fuesen mudos o no le hablasen ninguna palabra, formaría él su lenguaje propio.», Cov. 758.b.32; por µn metafórica 'intérprete': en la aventura de los galeotes «el quinto condenado le sirvió de lengua [al cuarto]», I.22.34. ® quinto condenado.

|| está en su lengua su vida o su muerte: «Mors et vita in manu linguæ», Proverbios, 18, 21. • Un guarda de los galeotes explica a don Quijote: «los demás ladrones que allá quedan y aquí van le maltratan y aniquilan, y escarnecen, y tienen en poco, porque confesó y no tuvo ánimo de decir nones. Porque dicen ellos que tantas letras tiene un no como un sí, y que harta ventura tiene un delincuente, que está en su lengua su vida o su muerte, y no en la de los testigos y probanzas; y para mí tengo que no van muy fuera de camino.—Y yo lo entiendo así—respondió don Quijote. », I.22.28-29.

|| fundar un colegio donde se leyese la lengua castellana: ® colegio

|| lengua que mamaron en la leche: ® mamar

|| mejor y más antigua lengua: 'el hebreo' El editor, contando su búsqueda de un traductor del árabe al castellano en el Alcaná de Toledo (ficción de autoría), alude al hebreo: «no fue muy dificultoso hallar intérprete semejante, pues aunque le buscara de otra mejor y más antigua lengua, le hallara», I.9.6. • Efectivamente muchos descendientes de familias judías, y entre ellos más de un criptojudío fiel conservador de su propia lengua sagrada, comerciaban en el Alcaná de Toledo, José Gómez Menor, Cristianos nuevos y mercaderes de Toledo, Toledo. 1971.

|| mezcla de todas las lenguas: Encuentro del Cautivo con el padre de Zoraida: «el cual me dijo en lengua que en toda la Berbería, y aun en Costantinopla, se habla entre cautivos y moros, que ni es morisca, ni castellana, ni de otra nación alguna, sino una mezcla de todas las lenguas, con la cual todos nos entendemos; digo, pues, que en esta manera de lenguaje me preguntó que qué buscaba en aquel su jardín, y de quién era.», I.41.1.

• Las tres ed. de Cuesta tienen «lengua… se halla», pero nosotros adoptamos la corrección de la ed. de Bruselas «lengua… se habla», porque no hemos hallado en el resto del Quijote esta construcción, que puede deberse a errata de una letra, y porque es la construcción que encontramos un poco más adelante para repetir la misma información: «aunque ella hablaba la bastarda lengua que, como he dicho, allí se usa, mas declaraba su intención por señas que por palabras.», I.41.15.

|| morderse tres veces la lengua: 'callarse', I.30.6. «el tres es tanto una exageración como un recurso al número folclórico por excelencia.», Rico, 346.

|| poner lengua en [alguien]: loc.verb. 'hablar mal de, censurar a': ««Poner lengua en una persona.» Es murmurarla i dezir mal della.», Corr. 725.b. • Don Quijote recrimina a Sancho: «bellaco descomulgado, que sin duda lo estás, pues has puesto lengua en la sin par Dulcinea.», I.30.42.

|| saber más menear las negras que lleváis que la lengua: ® saber

|| quitar de la lengua: 'hacer callar muchos detalles' • Frase final de la historia del Cautivo: «el temor de enfadaros más de cuatro circunstancias me ha quitado de la lengua.», I.41.76.

|| servir de lengua: 'servir de intérprete' • Aventura de los galeotes: «el quinto condenado le sirvió de lengua», I.22.34.

|| tener en el pico de la lengua: loc.verb. ««Tener en el piko de la lengua». En pronto para dezir. «Tiénelo en el piko de la lengua».», Corr. 731.a. Hoy decimos: 'tener en la punta de la lengua' • Sancho pide licencia a don Quijote para hablar de nuevo: «después que me puso aquel áspero mandamiento del silencio, se me han podrido más de cuatro cosas en el estómago, y una sola que ahora tengo en el pico de la lengua no querría que se mal lograse.», I.21.37.

|| volver en lengua castellana: 'traducir en castellano': ® volver

lenguaje (doc. ±1230, del prov. lenguataje ) m. 'facultad que permite a los humanos comunicar sus pensamientos o sentimientos': 'lengua o lenguaje verbal': 'estilo propio a un grupo o persona': «Lengua se toma muchas veces por el lenguaje con que cada nación habla, como lengua latina, lengua griega, lengua castellana, etc. Y en esta significación no hay lengua que se pueda llamar natural; pero la razón tiene fuerza en el hombre de formarla a su beneplácito. Si diéramos caso que los que se criasen o fuesen mudos o no le hablasen ninguna palabra, formaría él su lenguaje propio.», Cov. 758.b.32.

|| imitando en cuanto podía su lenguaje: El narrador se refiere a don Quijote, que imita el lenguaje de los libros de caballerías, I.2.8.: «Usa Don Quijote de un idioma anticuado, lleno de las frases que había leído en los libros que tal le tenían, imitando cuanto podía su lenguaje, como antes se dijo. El estilo de nuestro hidalgo es por lo común llano y corriente, pero en las ocasiones en que se exaltaba especialmente su fantasía, era natural que se presentasen a su memoria con más viveza las expresiones de sus modelos en casos semejantes. Así se explica esta diferencia de estilos en el héroe de la fábula; diferencia que sería viciosa en otro caso, y que aquí es natural, y un nuevo manantial de donaires y chistes.», Clem. 1025.b. «Al paso se aprovecha Cervantes de esta circunstancia para poner en ridículo, conforme al propósito general de su obra, los libros de caballería, los cuales, unos por ser realmente antiguos usaban del lenguaje del siglo en que se escribieron y otros afectaban imitarlos.», Clem. 1046.b.

|| lenguaje [de don Quijote]: En una venta que toma por un castillo, don Quijote adopta el lenguaje de una corte del pasado con unas mozas del partido que toma por señoras (problema de pragmática lingüística): «El lenguaje, no entendido de las señoras, y el mal talle de nuestro caballero acrecentaba en ellas la risa y en él el enojo», I.2.14.

• «Este es el sistema expresivo con que se caracteriza al hidalgo en lo que muy bien pudiera ser el primer proyecto cervantino: arcaísmos apiñados al principio, que luego se entreveran en una elocución de léxico más llano, pero muy retorizada. Cuando don Quijote habla descuidado de su condición de héroe, su idioma pierde tales rasgos y deja paso a una espontaneidad coloquial que puede recaer en la vulgaridad, contrastando cómicamente con el énfasis anterior. Frecuentemente, el narrador avisa de las circunstancias de la enunciación que van a condicionar la expresión del personaje: «Con gentil talante y voz reposada les dijo...» (I.2.10); «Don Quijote alzó los ojos al cielo y, puesto el pensamiento -a lo que pareció- en su señora Dulcinea, dijo...» (I.3.11); «Levantó don Quijote la voz y con ademán arrogante dijo… » (I.4.33). Este acomodar lo que se dice a la manera como se enuncia, es ya completamente moderno.», F.L. Carreter, en Rico 1998 a, p. XXIX.

• Esta escena con unas mozas del partido es la primera ocasión en que se hace explícito uno de los grandes temas del Quijote: el problema de la comunicación humana en cuanto puesta en común de la verdad. La transmisión de la verdad es enojosa entre personas de mundos diferentes, debido a la diversidad de opiniones y de intenciones de los hablantes, que cristaliza en la equivocidad del lenguaje tanto a nivel léxico como a nivel morfosintáctico y pragmático. El mismo tema reaparece en la venta de Juan Palomeque el Zurdo, tomada igualmente por un castillo: «Confusas estaban la ventera y su hija y la buena de Maritornes oyendo las razones del andante caballero, que así las entendían como si hablara en griego, aunque bien alcanzaron que todas se encaminaban a ofrecimiento y requiebros; y, como no usadas a semejante lenguaje, mirábanle y admirábanse y parecíales otro hombre de los que se usaban», I.15.16.

• Si Cervantes hizo caballero andante a su héroe en una época en que los caballeros andantes ya no se usaban, era porque la literatura caballeresca se prestaba mejor que cualquier otra a ilustrar el problema de la diferencia entre ficción (la caballeresca) y realidad (la de la gente de finales del siglo XVI y comienzos del XVII). Bajo este problema aparece en filigrana el problema de la verdad histórica: don Quijote es un iluso y su ilusión es doblemente anacrónica; en primer lugar porque jamás hubo caballeros andantes de verdad, tal como los pintan los libros de caballerías; y en segundo lugar, porque aunque los hubiera habido, ya pasó esa época (Gaos).

• Tras el problema de la verdad histórica emerge el problema propiamente metafísico de la capacidad de conocimiento de la verdad por el hombre: «Negar que el tema central del Quijote es el tema de la razón y la realidad, el del conocimiento de la verdad, es trivializar a Cervantes. Por esquivo que sea el autor, no puede dudarse de que el tema está planteado en la dirección crítica del idealismo metafísico, según el cual no hay conocimiento objetivo de la realidad: las cosas no son en sí, sino en el sujeto… El relativismo, subjetivismo, perspectivismo de la verdad alcanzada por el hombre dependen, por lo pronto, de que el ser humano no se limita a pensar la realidad, sino que la transforma a impulsos de su voluntad y de su afectividad. La realidad no sólo se da en el sujeto, sino para el sujeto.», Gaos, Q. III, p. 185.

Hiperrealismo quijotesco: Nadie más opuesto al nominalismo que don Quijote. Si el nominalista cree que los universales carecen de toda existencia tanto en la realidad donde sólo existen los objetos individuales, como en el pensamiento donde los universales no son sino meros nombres, Don Quijote cree en la realidad de los nombres, los toma por cosas. De aquí que quepa hablar no solamente de su realismo, sino de su hiperrealismo o realismo inmoderado. Don Quijote cree que basta con inventar un nombre para dar existencia a una cosa, con lo cual le es fácil dar existencia a lo que no la tenía. También cree que basta cambiar el nombre de una cosa por el de otra, para que una cosa se transforme en otra, lo cual equivale a darle otra existencia diferente de la que tenía:

«Una de las fuentes de los malentendidos que se prodigan en el Quijote es de orden linguístico. Su protagonista cree, por ejemplo, que basta con cambiar el nombre de Aldonza Lorenzo por el de "Dulcinea" para conferirle existencia. Don Quijote propende a pensar en términos caballerescos. Toda la aventura de los galeotes está montada sobre el carácter equívoco del lenguaje. En este capítulo, como en tantos otros pasajes de la obra, Cervantes plantea el problema del lenguaje como instrumento de comunicación y entendimiento entre los hombres. Problema que consiste no sólo en la imperfección del lenguaje mismo como vehículo de comunicación, sino también en que no sabemos o no queremos escuchar, por lo que en el fondo todo diálogo es más bien un monólogo, un monodiálogo en que sólo oímos nuestra propia voz, en que traducimos las palabras del otro a nuestro propio idioma percibiendo no lo que se nos dice, sino lo que queremos escuchar. La conversación de don Quijote y Sancho a propósito de Dulcinea (I, 31) es un buen ejemplo de este fenómeno. », Gaos, Q. III, p.164-165.

• En consecuencia: «El estrato más profundo de los "trabajos" de don Quijote, su radical heroísmo, no consiste en combatir con gigantes (para él lo son), sino en crearlos, en transformar la realidad mediante un constante esfuerzo agotador [de lenguaje]… La locura del caballero no estriba en desdeñar la experiencia, sino en querer desdeñarla.», ibíd. p. 169-170. También en querer que los otros la desdeñen. Así, por ejemplo, cuando Sancho no puede echar mano del testimonio de sus propios sentidos de hombre cuerdo para decidir qué realidad esconde el polvo de las manadas de ovejas y carneros, entra en juego un factor importante para el conocimiento de la verdad: el testimonio ajeno. Pero este testimonio es según don Quijote: su oratoria produce en la cordura de Sancho el mismo efecto que la lectura en su locura: «con tanto ahínco afirmaba don Quijote que eran ejércitos, que Sancho lo vino a creer.», I.18.12.

• «Don Quijote, nuevo Midas, lo quijotiza todo a su contacto: personas y cosas. Las armas de que está revestido no son las de sus bisabuelos, sino las que ha forjado con su firme voluntad de ser quien es y de permanecer abroquelado en su propio mundo, impermeable a las insidiosas asechanzas del entorno, inmune a todo ataque desde el exterior. Para poder burlarse de don Quijote, combatirle o vencerle, previamente hay que aceptar sus leyes de juego. Su locura es enormemente contagiosa. La "quijotización" de Sancho es el caso más notorio, pero en modo alguno el único. El cura y el barbero, Dorotea, Sansón Carrasco, los duques y tantos otros se ven arrastrados por el vendaval de la enajenación quijotesca.», Gaos, Q. III, p. 173-174.

||…lenguaje…|| el lenguaje es aragonés: don Quijote ha hallado tres cosas dignas de reprehensión en el autor apócrifo; la segunda es «porque tal vez escribe sin artículos»:II.59.37. • Sobre este juicio y el estilo del libro imitador, Riquer, Introd., ed. Clás. Cast., I, p. iii y ss (214)

|| lisura del lenguaje castellano: El licenciado Márquez Torres, por comisión del señor Doctor Gutierre de Cetina, vicario general de la villa de Madrid, corte de Su Majestad, aprueba con entusiasmo no disimulado de lector experto la Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha, por Miguel de Cervantes Saavedra: «hallo en él… mucha erudición y aprovechamiento… en la lisura del lenguaje castellano, no adulterado con enfadosa y estudiada afectación, vicio con razón aborrecido de hombres cuerdos», II.Aprob.1.

• Al igual que su entusiasta censor, Cervantes es un obseso de la palabra clara, perfectamente adaptada a su tiempo: sabemos que, según él, el mal empleo del lenguaje, por confusión y anacronismo, contribuye a la demencia del caballero, cuyos primeros síntomas de demente cristalizan en el lenguaje inadaptado que emplea. La intención burlesca del Autor, que consigna minuciosamente las extravagancias lingüísticas de su héroe, patentiza la intención primaria con que afronta su tarea. No hay duda de que pretende hacer parodia linguística de todos los géneros literarios, caballeresco, pastoril, epistolar y teatral incluidos, que transforman a los lectores en seres inadaptados:

«La necesidad de usar un lenguaje actual, que ya habían sentido los autores de los primeros relatos picarescos, es en él agudísima y no sólo en el Quijote, sino en obras como el Rinconete o El rufián dichoso. El rigor con el que asume la propiedad del idioma es patente, por ejemplo, cuando libra del fuego el Palmerín de Inglaterra, porque, entre sus virtudes, el cura estima «las razones, cortesanas y claras, que guardan y miran el decoro del que habla, con mucha propiedad y entendimiento» (I.6.35).», F.L. Carreter, en Rico 1998 a, p. XXVII. ® decoro.

• Angel Rosenblat sostiene en La lengua de Cervantes que el estilo del Quijote presenta una armoniosa síntesis de lo culto y lo popular que afirma su propia individualidad jugando burlonamente con los elementos trillados o fosilizados de la lengua, sea cual sea su nivel de procedencia: chistes y cuentecillos, el lenguaje comercial, la germanía, juramentos e imprecaciones, los lugares comunes del habla cotidiana, el lenguaje notarial, el lenguaje litúrgico, fórmulas epistolares, el lenguaje rústico, el refranero, términos del juego.

Fuente: Salvador García Bardón: Diccionario enciclopédico de El Quijote, Skynet, 2005.

 

19:31 Écrit par SaGa Bardon | Lien permanent | Commentaires (0) |  Facebook |